Nueva ley
de medios: entre la aldea global y la aldea
tribal
Víctor
Flores Olea *
Se
ha repetido: sin maíz no hay país. Otros han
dicho: sin cultura y educación no hay nación.
Ahora enfocamos el papel decisivo que juegan los
medios masivos de comunicación como formadores
de opinión pública y, más profundamente, como
aspecto absolutamente esencial de la educación y
la cultura de la amplia sociedad.
En este campo, como sabe la
mayoría de compatriotas, México se encuentra en
la miseria, en un plano de gran vergüenza. La
calidad de nuestras comunicaciones, me refiero
sobre todo a la sustancia de la
"comunicación masiva" que recibimos,
en prácticamente todas las materias y las 24
horas del día, resulta un tremendo agravio para
la inteligencia, el buen gusto e inclusive la
moral de los receptores. Por supuesto que no es
la excepción ni el único país: los medios de
comunicación y su contenido ("el mensajero
y el mensaje": Marshall McLuhan, y en sus
propios términos: "el medio es el
mensaje") han sido devorados por las leyes
del mercado, por el negocio y el afán de lucro,
por los números pintados de negro que suponen
una acumulación impresionante de riqueza que es
escándalo público. Inteligencia, buen gusto y
moral barridos del horizonte humano por los
medios masivos de comunicación y sus
incontenibles afanes de ganancia.
Vivimos la
oposición entre una aldea global y una aldea
tribal (otra vez MacLuhan), ahora entendida esta
última (originada por los medios electrónicos)
en su sentido de miseria espiritual, degradación
e ignorancia. Y lo anterior, porque somos capaces
de imaginar (soñando un poco) lo que sería una
sociedad que recibiera en un sentido
verdaderamente constructivo, en lo educativo y
cultural profundo, las posibilidades abiertas por
las recientes revoluciones científica y
tecnológica. Causa pena tanto desperdicio y
tanta basura que llega a nuestros hogares (con
las debidas excepciones), y la abismal distancia
entre el potencial existente y la realidad
lamentable que vivimos.
Cuando en
México se habla del duopolio de la Tv, y más
exactamente de un monopolio que se amplía
brutalmente (ya contiene además a los cableros
de la República), hablamos exactamente de esta
situación dramática, que se ha resbalado y
dejado arrastrar por ignorancia y/o corrupción
rampante, de todos lados, sin que se excluya a
los gobiernos que se han sucedido durante
décadas.
Uno de los actos
más venales fue por ejemplo la privatización de
Canal 13 y anexos que ahora forman Tv Azteca, con
el ridículo pretexto de que no resultaba
"indispensable" para el gobierno porque
de todos modos Televisa difundiría los hechos
que le importaban y los defendería llegado el
caso.
En perspectiva,
no sólo cortedad de miras y
"aldeanismo", sino seguramente afán de
embolsarse algunos millonejos extras. Por eso no
deja de resultar admirable que un conjunto de
circunstancias ponga en situación de corregir,
al menos en parte, el pasado y actual desastre,
al haberse unido integrantes de los principales
partidos políticos de México y presentar la
iniciativa de una nueva Ley Federal de
Telecomunicaciones y de Contenidos Audiovisuales,
encabezados por el diputado del PAN Javier
Corral, que se propone resolver, en la mejor
perspectiva, muchas de las más
notorias aberraciones en las más recientes
décadas, que son también causa indudable de la
descomposición de la República.
La convergencia
de legisladores de prácticamente todos los
partidos, y también el vergonzoso hecho de la
llamada ley Televisa que se aprobó en
2006 como en un albazo, y que posteriormente fue
declarada inconstitucional por la Suprema Corte
en un buen número de aspectos, entre otros por
los privilegios ilegales que concedía al
duopolio, son algunas de las causas de esta nueva
iniciativa.
No hay lugar
para hablar de los abundantes aspectos positivos
que entraña: fomentar la competencia, la
diversidad entre los prestadores de servicio,
apoyar fuertemente a la educación, a la salud, a
la cultura y a la seguridad pública, fortalecer
el derecho a la libre expresión de las ideas,
ampliar la cobertura de los medios a la
población de escasos recursos y a los pueblos
indígenas, garantizar el derecho de réplica
ciudadana, etcétera. Se establece la rectoría
del Estado en materia del espectro
radioeléctrico y las posiciones de órbitas
satelitales asignadas al país, siendo tal
dominio inalienable e imprescriptible. El Estado
podrá permitir su "aprovechamiento y
explotación bajo las modalidades que establece
esta ley".
La iniciativa en
cuestión contiene una excepcional promesa de
futuro que no puede desaprovecharse. Por
supuesto, existen ya observaciones válidas que
los legisladores deberán tomar en cuenta: como
muy importante señalaré la de Porfirio Muñoz
Ledo, quien ve la necesidad de refomar al mismo
tiempo varios artículos constitucionales que
darían a la nueva ley, y a los medios masivos de
comunicación, una fundamentación y un alcance
mucho más sólido que el actual, incluso con la
nueva ley. Y otras que proponen profundizar la
participación ciudadana en el manejo de los
medios (contenidos y otorgamiento de permisos),
no a través de un órgano descentralizado del
poder Ejecutivo, como propone la iniciativa, sino
de un organismo plenamente autónomo. En todo
caso hay enormes avances, pero ojalá los
legisladores sean más radicales, como ya han
sido en otros países (por ejemplo en Argentina).
Recordemos
todavía la frase de Karl Popper: "o el
Estado regula efectivamente a las televisoras o
éstas aniquilarán nuestras democracias".
*
Víctor Flores Olea
es abogado, ensayista,
narrador, autor de libros en materia política e
internacional, diplomático y fotógrafo
mexicano. Fue director de la Facultad de Ciencias
Políticas y Sociales de la UNAM (1970-1975). Este artículo lo publicó
en el diario La Jornada.
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