La prensa
de papel frente a los nuevos medios:
revisión crítica del futuro del periodismo
Ma. del Carmen Fernández
Chapou *
Resumen: En
este ensayo se hace una revisión
crítica de distintas consideraciones en
torno a la crisis del periodismo impreso
ante el auge de Internet y las nuevas
tecnologías de información. Se hace un
repaso de algunos nuevos retos del siglo
XXI en torno a la prensa: su calidad, su
carácter de industria y negocio, su
poder como eje de las sociedades
democráticas y su responsabilidad como
profesión de servicio público.
Asimismo, se contrastan las visiones
polarizadas en torno al futuro del
periodismo en papel: su desaparición
frente a su transición a nuevas formas
más poderosas y efectivas. Esto con el
fin de acercarnos a una forma equilibrada
de entender la transición del periodismo
tradicional hacia los nuevos medios.
Palabras clave: prensa, internet,
periodismo digital, nuevos medios
Introducción
El periodismo
escrito, se dice, está en crisis. Por un lado,
se afirma que va a desaparecer el diario en
papel; incluso, que el periodista profesional es
una "especie en extinción". Los más
optimistas afirman que el poder ha sido
arrebatado de los medios para tenerlo en sus
manos, al fin, el ciudadano. Ante las nuevas
tecnologías e Internet, en torno al periodismo
se ha reunido un buen puñado de apocalípticos y
visionarios que sustentan sus sendas posturas, si
bien con base en estudios, a veces también en la
prueba y el error.
Estamos en un punto,
pues, en el que pareciera que nadie sabe a
ciencia cierta hacia dónde dirigirse, si bien no
faltan los experimentos: inundar la red de nuevos
blogs y publicaciones en línea, convertir a los
reporteros en "multiusos postmodernos",
invitar a los lectores a las redacciones. No
contamos aún con modelos ni tendencias ni
fórmulas claras para "salvar" al
periodismo del naufragio, ni tampoco para
terminar de sepultarlo en la arena de los nuevos
tiempos. Quizá, como ha dicho recientemente el
periodista español Juan Luis Cebrián, "los
medios enfrentan un cambio de modelo, no una
crisis" (Cebrián, J.L: 2009).
Ya
en el XVIII Encuentro sobre la edición,
celebrado en Santander en 2002, periodistas y
editores alertaban de una actual crisis de la
lectura de periódicos: sólo 35,9 por ciento de
la población compra diarios, casi la misma cifra
que en 1997. La audiencia total de la prensa
diaria es de aproximadamente 12,5 millones de
personas, con una difusión real de poco más de
4 millones de ejemplares diarios en el conjunto
del sector, muy por debajo de otros países como
Japón o Alemania. Asimismo, hay un progresivo
envejecimiento de la población lectora, que ha
pasado de los 41,2 años a los 41,9. El lector
medio es el varón de clase media que vive en una
ciudad de más de 50 mil habitantes, con nivel
medio de estudios. La audiencia entre la
población femenina se ha estancado y hay un
retroceso entre los jóvenes entre 14 y 25 años
que leen el periódico. (Asociación de Editores
de Diarios Españoles (AEDE): 2003).
Ante
esta situación, los editores proponían una
prensa más esmerada en cuanto a calidad,
credibilidad y contenidos: "Estamos haciendo
periódicos clónicos, todos damos las mismas
noticias que, además, los medios audiovisuales e
internet dieron ya 24 horas antes", se
lamentaba Lluís Bassets, director adjunto de El
País (2002:31).
Así,
la apuesta por una labor periodística centrada
en "la investigación de temas propios, una
valoración propia y honesta de la actualidad y
que predomine la veracidad y la calidad de la
lectura"; en suma, "una prensa de
lectura" se erige aún como una de las
asignaturas pendientes del periodismo de hoy y,
sobre todo, una de las metas más apremiantes
para dotar a la profesión de las herramientas
que más que nunca le hacen falta.
El
grito de auxilio lleva a recuperar formas
estilísticas del periodismo tradicionales:
"La literaturalización del periodismo es
positiva y el columnismo un factor importante
para atraer lectores", ha sentenciado
Bassets (2002:31). Y es que en España, como ha
dado cuenta de ello el catalán Albert Chillón
(1999:358),
ni la industria ni el mercado
periodístico suelen promover la realización
de reportajes elaborados: los periódicos
tienden a publicar piezas cortas, a menudo
simples informaciones alargadas, y en el
mejor de los casos los reporteros no disponen
de tiempo ni de medios suficientes para
investigar. Tampoco hay en nuestro país
revistas y magazines de calidad, salvo
contadísimas excepciones: la mayor parte de
las publicaciones no diarias sobreviven
reduciendo el presente a política
institucional y a economía de la empresa, o
bien, de manera muy acusada en los últimos
años, a simple cotilleo disfrazado de
información relevante sobre la feria de las
vanidades de los ricos y famosos.
De
modo que, en el contexto actual, un nuevo
periodismo se hace necesario.
Acercamiento contextual
Vivimos
en la era de la información y, no obstante los
grandes avances de los medios y las nuevas
tecnologías, así como las cada vez mayores
posibilidades de comunicarnos de manera global,
el contexto contemporáneo parece no ser
favorable para el periodismo escrito. En el
panorama actual se observa un retroceso en la
libertad de expresión y el pluralismo
informativo, además de una supeditación cada
vez más marcada entre los medios y el poder.
La
tendencia en la información ha apuntado cada vez
con mayor ahínco hacia la comercialización, la
banalización y la homogenización. Los márgenes
de acción de la prensa hoy en día son marcados
por los propios empresarios de los medios
quienes, a su vez, están supeditados a los
intereses del poder económico y político.
Conceptos como independencia, libre expresión,
profundización, análisis, denuncia,
originalidad o creatividad pierden cada vez mayor
sentido y relevancia en un sistema de
información regido por las leyes del mercado, la
publicidad y la inmediatez de los medios
electrónicos e internet. En este contexto, el
periodismo analítico y de calidad parece no
tener cabida cuando se piensa en las grandes
masas.
Incluso
la fórmula periodística empresarial basada en
la publicidad y la competencia tampoco ha dado
resultado. Los datos arrojados en los últimos
tiempos apuntan más bien hacia una crisis de
lectura y de credibilidad en el periodismo
escrito que lo sitúa en una posición en la que
necesita reencontrarse a sí mismo; armarse de
nuevas herramientas para poder subsistir. Como ha
apuntado Ben H. Bagdikian, "un periódico
puede ser sano financieramente si consigue muchos
anuncios, pero perderá lectores si no tiene nada
que decir" (1975:76).
El
periodista Gabriel García Márquez (Abello, J.
2008:19) ha dicho que "el mundo se le está
escapando al periodismo". Jaime Abello así
lo resume:
Gabo nos manifestaba su
preocupación por la extraordinaria marea de
cambios que afectan al periodismo en estos
tiempos, mientras que medios y periodistas
parecen andar a la saga. La realidad está
desbordando la capacidad de los medios
informativos, cada día se hace más difícil
la pretensión de los periódicos o de los
noticieros de televisión de recopilar toda
la información relevante y ofrecer a su
público un concepto redondo sobre el día
del mundo que se vive. Es como si el
periodismo quisiera explicar y contar con
fórmulas caducas un mundo nuevo que está
emergiendo y que tiene como partera la
dinámica de la globalización. (&hellip)
Internet está trastornando las reglas de
juego de la práctica y la economía del
periodismo, minando al menos, hasta ahora,
las bases económicas del periodismo de
calidad que todavía es orgullo de los
grandes periódicos. (2008:19)
Todas
las revoluciones tecnológicas han estimulado, de
algún modo, una renovación de la creatividad de
quienes tratan de evadir la censura. Las nuevas
tecnologías, como señala el Informe mundial
sobre la comunicación y la información (2000:84),
han producido una profusión y diversificación
sin precedentes de los medios de comunicación, y
constituyen en muchos casos un instrumento de
libertad y una herramienta útil en la apertura
de nuevos campos comunicacionales e informativos.
No obstante, han dado lugar también a diversas
paradojas, como las referentes a la competencia
despiadada entre los medios más poderosos, la
cual genera el riesgo de que los más débiles
sean aplastados o marginados.
Asimismo,
las nuevas tecnologías como Internet ejercen un
efecto no siempre positivo en la libertad de
expresión. "Los nuevos medios ofrecen
también nuevos métodos de manipulación de la
información, lo que constituye otra cara de la
censura" (2000:85).
Hoy
en día, las compañías poderosas de medios de
comunicación, e incluso los líderes
empresariales, son también los principales
dueños de los nuevos medios, lo que ha
ocasionado que se pierda la oportunidad de que
las nuevas tecnologías introduzcan
personalidades e ideas frescas al sector.
Porque
la otra cara más de la censura, no siempre a
todas luces vista, es el control comercial de los
medios de comunicación por parte de monopolios
empresariales y la fuerte competencia que
sostienen entre sí. En este contexto de
globalización, estamos bajo el dominio de una
información mundial homologada y uniformada,
dirigida por los grandes grupos mediáticos, que
impide en realidad que el pluralismo prospere.
Como
explica Bagdikian, ningún grupo, ya sea pequeño
o representado por las grandes compañías, que
en general presentan una gran uniformidad en
cuanto a puntos de vista, "puede ser lo
suficientemente abierto y flexible como para
reflejar en toda su plenitud los valores y deseos
de toda la sociedad" (1975:238). Se hace
necesario, por tanto, la distribución equitativa
del poder; que los gigantes renuncien a su
gigantismo, lo cual hasta ahora no ha sido
posible.
A
medida que los cambios se aceleran se vuelve
urgente la necesidad de contar con fuentes de
información pública más amplias y
diversificadas; pero lo que ocurre ahora mismo es
justamente lo contrario. Según el Informe
mundial sobre la comunicación y la información,
en los últimos años los grupos mediáticos
poderosos se han vuelto aún más poderosos;
asimismo, el número de grupos, con sus
diferentes niveles de influencia, está
decreciendo año tras año como resultado de
fusiones, absorciones y alianzas. En múltiples
casos, un mismo grupo controla distintos medios,
desde televisión, prensa, revistas y cine, hasta
libros, entretenimiento, parques de diversión y
líneas de productos varios. Esta tendencia se ha
reproducido en las empresas de servicios
digitales, como Google. De igual forma, se ha
llevado a cabo la integración de todas las
actividades empresariales implicadas, desde la
producción hasta la distribución, en un mismo
monopolio, lo que limita las posibilidades de
pluralismo y desacuerdo.
Según
los norteamericanos Peter Phillips e Ivan
Harslof, "la concentración en los medios
estadounidenses representa una grave amenaza para
la libertad de expresión". El propio Ted
Turner, el fundador de la CNN, ha reconocido que
la concentración de los medios "es una cosa
temible: dos de las cuatro redes más importantes
son propiedad de empresas que tienen grandes
inversiones en energía nuclear y en armas
nucleares: G. E. y Westing-house. ¿Cómo van a
ofrecer información imparcial sobre temas
nucleares?" (D. Hazen y Winokur. 1997: 8)
La
censura está atravesando también por un periodo
de privatización. E incluso esta misma
monopolización contribuye al deterioro en la
calidad de las informaciones. Por una parte, la
concentración consagra una convergencia de
contenidos y tecnologías, de modo que el mismo
contenido alimenta simultáneamente a la prensa
escrita, el sector audiovisual e Internet. Por
otra parte, se da el rezago del periodismo de
investigación e incluso político en aras de la
cobertura de noticias chatarra al estilo de la
industria del espectáculo.
Y
es que han sido las leyes del mercado las que han
determinando los contenidos informativos, e
Internet no ha escapado a ello. Al mismo tiempo,
el quehacer del medio dominante arrastra a los
demás medios: cambia la idea de actualidad, las
noticias se eligen en función de su capital
visual, el lenguaje periodístico se devalúa y
la veracidad pasa a ser lo que todos los medios
dicen que es verdad aunque no sea cierto.
Sostiene
el Estado de la prensa:
Las influencias de unos medios
sobre otros han dado lugar a un proceso de
transformación ininterrumpida, cuyo fin
último es, con frecuencia, la conquista de
mayores audiencias. La información se
sopesa, se transforma, se interpreta y hasta
se maquilla para ser consumida por el
lector-espectador (El País. 7 de
diciembre de 2003: 32).
Las
características de los mensajes emitidos por la
comunicación mercantil de masas, teniendo
siempre en cuenta las excepciones pertinentes, se
resumen en ser superficiales y anodinos, emotivos
en grado sumo, pues persiguen provocar el
sentimentalismo con fines comerciales; carecer de
imaginación e ingenio; girar en torno al sexo y
el espectáculo; favorecer el narcisismo y el
afán de notoriedad de cualquiera; contener
frases reiterativas y absurdas y remitirse a
situaciones inverosímiles, así como llevar
consigo la proyección, más o menos explícita
de arquetipos culturales y mercantiles (Reig, R.
2002:35).
Según
alertan los investigadores estadounidenses Bill
Kovach y Tom Rosentiel, en su estudio Elementos
de periodismo (2007), la situación
cualitativa de la prensa hoy en día se centra en
la autocensura y el amarillismo, como
consecuencia del efecto contagio de los medios
audiovisuales con los que compiten, así como el
número creciente de periodistas que recibe
gratificaciones en función de los beneficios de
sus compañías y no de la calidad del trabajo. A
su vez, crece la desconfianza del ciudadano en la
profesión periodística.
La
lucha por la supervivencia no había sido nunca
tan dura. La feroz competencia de la televisión,
la radio e Internet a la que se enfrenta la
prensa escrita, la ha llevado incluso a sufrir
"una verdadera crisis de identidad".
Cada vez se hace más difícil el equilibrio
entre negocio e información y a veces la
dependencia de la prensa a la publicidad la ha
llevado a aquélla a tambalearse.
En
su misión primordial de servir a los anunciantes
en lugar de a los lectores, la tendencia en el
contenido de los periódicos se dirige cada vez
más a los comentarios intrascendentes o material
de relleno, lo que se ha visto reflejado, según
ha registrado Bagdikian, en el descenso de la
circulación: "ninguna de las terapias
institucionales en contra del aburrimiento del
lector se ha ocupado del enorme incremento de
material de contenido frívolo y mínimo interés
para los lectores, aunque máximo para los
anunciantes" (1975:212).
Abunda
el norteamericano:
A primera vista, el periódico
norteamericano moderno parece ser producto de
editores irracionales. Enfrentados al
tremendo competidor que es la televisión, le
han concedido la mayor importancia al relleno
o al contenido de esparcimiento ligero, que
la televisión puede comunicar más vívida y
eficazmente que cualquier otro medio de
difusión impreso. En cambio, han restado
importancia a las noticias locales y
pormenorizadas, que es lo que desean los
lectores y que para la televisión no es tan
fácil ofrecer. Además, este hincapié en el
material intrascendente tiene como telón de
fondo una historia, la cual demuestra que los
periódicos que por propia iniciativa se han
establecido como portadores de noticias
serias obtienen rendimientos estables y a
largo plazo, mientras que los cementerios del
oficio están rebosantes de periódicos que
trataron de buscar lectores con juegos,
material de relleno, gacetillas y noticias
breves (1975: 214).
Pero
además, con el cambio de forma de propiedad, se
modifica también la estrategia de operación y
la economía de los periódicos, de tal forma que
son sometidos a toda clase de presiones para que
rindan beneficios máximos. Eso pone en peligro
la estabilidad del medio. Según el Estado de
la prensa, "la crisis de la publicidad,
iniciada en 2000 ha dado un golpe brutal a los
diarios, ya de por sí de difusión minoritaria
en muchos países" (El país. 7 de
diciembre de 2003: 32). Y viceversa. A decir del Informe
mundial, "el impacto de las recientes
crisis financieras ha sido tal que los grandes
economistas están culpando en alguna medida a la
censura, el secretismo de los gobiernos y a la
manipulación, por no hablar de la euforia
conformista de cierta clase de periodismo"
(2000:85).
La
carrera por ser el primero en presentar las
últimas noticias ha generado una nueva forma de
periodismo centrada en lo inmediato, y esta
tendencia se afirma en detrimento de un
periodismo analítico en declive, sin contar con
que la saturación de noticias que genera este
sistema informativo produce desinformación.
La
vertiginosidad de las noticias disuade la
reflexión, la investigación y el análisis que
exigen tiempo que las redacciones no pueden
disponer. El resultado es con frecuencia un
periodismo disociado de la historia y su
contexto, olvidando que el medio más lento puede
ser el más eficaz.
"El
número de reportajes originales ha disminuido
sensiblemente. Los editores de noticias están
también reticentes para enviar a sus propios
periodistas, fotógrafos y cámaras a cubrir un
suceso y prefieren en cambio reescribir los
despachos de las agencias de prensa y
aprovisionarse de imágenes de las grandes
agencias de noticias para televisión".
(2000:84).
De
este modo, la exactitud de la información se ha
visto mermada; la reducción de recursos
destinados a la investigación y la verificación
de los hechos conduce a menudo a difundir
informaciones que no son del todo fiables.
Asimismo, el periodista, obligado a manejar un
instrumento que evoluciona a velocidad
vertiginosa y a funcionar con extraordinaria
celeridad, se arriesga a descuidar su código
ético. Víctimas de ello han sido tres de los
más importantes diarios a nivel internacional: The
New York Times, Le Monde y la BBC,
quienes han perdido credibilidad desde el 2003.
Algunos datos en torno a la
falta de credibilidad de los medios
A
la creciente pérdida de credibilidad de los
medios han contribuido escándalos en los que
algunos de los diarios más importantes a nivel
mundial se han visto involucrados. Los más
sonados son el caso del reportero del New York
Times Jayson Blair, que tuvo que ser
desmentido y despedido luego de un fraude
informativo; el reportero argumentó que se
encontraba bajo la fuerte presión del medio por
conseguir la mayor inmediatez y competitividad.
El otro es el de la BBC, implicada en el caso
Kelly, el científico que se suicidó
después de haber hecho ciertas confidencias a
sus reporteros acerca de la no existencia de
armas nucleares en Irak; un caso muy polémico
desde el punto de vista ético.
Dice
Jaime Abello:
Un efecto de Internet es que
ha hecho a los lectores cada vez más
desconfiados; con todas las posibilidades de
acceso directo a los más diversos flujos de
información que permiten comprar versiones,
los públicos se hacen cada vez más
exigentes y más intolerantes ante la
sospecha de parcialidad o de falla humana tan
frecuentes en un oficio esencialmente
falible. Por poner sólo un ejemplo, un
verdadero caso de laboratorio es el de Le
Monde, que de alguna manera vio minado ese
pactote confianza con el público. Siendo una
institución francesa de buena reputación a
escala mundial, se vio perjudicada por la
publicación de un libro que cuestionaba su
arrogancia y supuestas faltas de ética y que
generó una serie de ataques posteriores a su
credibilidad. Hubo proceso de difamación,
las ventas del periódico impreso bajaron, se
generaron cambios dentro de la
infraestructura; en cambio, Le Monde
Interactif es una de las operaciones de
Internet más exitosas del mundo (2008:20).
Si
bien "el periodismo en tiempo real está
vendiendo cada vez más suscripciones y
publicidad" y quizá "está
contribuyendo a salvar esa empresa tradicional de
periódicos (Abello, J. 2008:20), la rapidez, la
saturación, la privatización y la masificación
son factores que afectan también la práctica de
los periodistas, al menos, en cuanto a audacia,
independencia y capacidad crítica. Hoy en día
son muy pocos los periodistas cuya función se
centra en señalar las injusticias fundamentales
del propio sistema. Y la ética se redefine en el
cruce de intereses públicos y privados a los que
está supeditada.
Un
caso mexicano de años recientes lo ilustra:
El
jueves 28 de agosto de 2008 salió publicada en
el diario El Universal una inusual
editorial en la que el periódico se disculpaba
con la familia del empresario Nelson Vargas por
la información imprecisa que ha difundido en
torno al caso del secuestro de Silvia, la hija
del ex presidente de la Conade. El secuestro
había permanecido oculto a la luz pública
durante 11 meses hasta que la madre de la joven
de 18 años inició hace una campaña para
recuperar a su hija secuestrada, de la que dio
cuenta el "gran diario de México". La
información, como es de esperar en estos casos,
causó tal indignación que suscitó las
reacciones del presidente del Gobierno del DF
Marcelo Ebrard y del cardenal Norberto Rivera
Carrera. No obstante, tres días después de que
el caso ocupara un lugar primordial en la agenda
de los medios, la familia Vargas Escalera se
lamentó del mal manejo que habían hecho éstos
de los datos. "Lamentablemente en los
últimos días se ha dado a conocer información
errónea e imprecisa", dijo Silvia Escalera,
por lo que solicitó a las autoridades y a los
medios que sean responsables al manejar
información, pues se habían dado a conocer
datos que debían permanecer en absoluta
confidencialidad.
Los
medios, si no son responsables con la
información que manejan, pueden entorpecer la
justicia, en lugar de facilitarla, como debiera
ser. Al menos, en ese caso, El Universal
se disculpó: "La cobertura periodística de
secuestros y las negociaciones que incluyen
siempre es una de las más complicadas, tanto por
la emotividad que incorpora corno por la
posibilidad de caer en imprecisiones. Y ese es el
caso: nos equivocamos al publicar el martes un
reporte sobre las negociaciones para e! rescate
de Silvia Vargas Escalera y hoy, públicamente,
presentamos disculpas a su familia". Y
justificaba: "Nuestros sistemas de
recolección y verificación de información
fallaron el lunes" (El Universal.
agosto 28:2008).
Otro
caso a ejemplificar: El lunes 25 de agosto de
2008 salió publicada por unos minutos una falsa
nota en torno al fallecimiento del líder
perredista Andrés Manuel López Obrador, en el
portal del periódico Milenio:
"Fractura en el PRD tras fallecimiento de
AMLO: Acosta Naranjo", y continuaba:
"El dirigente de la corriente perredista
Nueva Izquierda llamó a una lucha contra la
extrema derecha yunquista tras el asesinato de
AMLO". La información se atribuía a
Notimex, quien se deslindó de haber difundido
tal falsedad, aunque la entrevista al secretario
general del PRD sí tuvo lugar. Este caso nos
alerta de la vulnerabilidad de los ponderados
sitios de Internet y de la ausencia de reacción
ante este tipo de situaciones que reflejan
intolerancia y falta de respeto.
Así,
l a búsqueda de exactitud en la información se
ha descuidado; la reducción de recursos
destinados a la investigación y la verificación
de los datos ha conducido a difundir
informaciones que no son fiables. Además de que
el periodista, obligado a manejar un instrumento
que evoluciona a velocidad vertiginosa y a
funcionar con extraordinaria celeridad, cae en la
tentación de descuidar su código ético.
Así,
se ha dado un desplazamiento del concepto
original de la deontología periodística de la
esfera pública a la privada, lo que por demás
tiene repercusiones en el ámbito de las
relaciones entre democracia y medios de
comunicación. Si la ética de la comunicación
descansaba sobre el principio de que "la
información concebida como bien social concierne
a toda la sociedad, a la que corresponde
establecer normas morales que rijan la
responsabilidad de los medios de comunicación
colectiva" (Fraerman. A. 1998:93), ahora los
estamentos éticos serán respetados mientras no
representen una amenaza al poder de las
compañías propietarias de los medios de
difusión.
En
realidad, en la carrera por las ganancias a corto
plazo, los periódicos no difieren de otras
grandes compañías de giro distinto. Sin
embargo, como subraya Bagdikian, "los
periódicos representan una institución que, a
diferencia de las fundiciones de acero y las
fábricas de automóviles, sí afecta a las
raíces de la democracia" (1975:215).
La
crisis actual del periodismo de investigación es
un indicador &ndashapunta de Informe
mundial-"de la voluntad de no alterar un
consenso cómodo y de reducir al mínimo
los costes. Sin embargo, este tipo de periodismo
es la base de toda misión de servicio público y
del contrapoder de los medios en un sistema
democrático" (2000:85).
A
las crisis de credibilidad, contenidos e
independencia se suma en nuestro contexto una
crisis institucional. "¿Pueden las
sociedades &ndashse pregunta el Estado de
la prensa-, sean democráticas o no,
prescindir de los medios de comunicación serios?
¿Se puede prescindir de los medios
independientes y poderosos cuando nos enfrentamos
a potencias todo poderosas?" Responde:
"La prensa quiere mantener una cierta idea
de democracia y de la libertad en un mundo
tecnológico y económico enteramente
renovado" (El País. 2003, diciembre
13: 32).
Lo
cierto es que la prensa aún se enfrenta, además
de a los desafíos de orden ético y económico,
a una asignatura pendiente como institución
democrática, representada por ese "cuarto
poder", a menudo incontestado y no sometido
a ningún tribunal. Al respecto, Bagdikian
concluye:
El producto de los medios de
difusión de noticias, cuyo contenido no
está proyectado ante todo para servirle al
lector sino para complacer a un tercero, ha
empezado a perder su vigor como institución.
Cuando las noticias se proyectan para excluir
a la tercera parte o a la mitad de la
población, esto significa que se ha
sacrificado gran parte de su reputación de
mecanismo democrático. Y si lo que entrega
son descripciones de acontecimientos
desconectados del mundo real, esto significa
que los medios de difusión de noticias han
empezado a desvanecerse como fuerza
importante, en cualquier sociedad (1975:220)
Los
medios de comunicación están convirtiéndose en
los primeros poderes de influencia pública, al
punto de que para algunos estudiosos nos
dirigimos hacia la mediacracia o telecracia
(Sartori, Ramonet, e.g.) que podría sustituir a
la democracia; pero existe una complicidad con
los poderes políticos al grado de que los medios
de comunicación se convierten en los únicos
poderes sin control democrático. De modo que lo
que es inaplazable es el tratamiento jurídico y
ético de los medios, e Internet representa un
nuevo y fuerte reto en este sentido.
Los discursos hegemónicos
sobre internet
El
periodismo está en transición una vez más. Ya
ha vivido otras entre el siglo XIX y el XX, con
la profesionalización de los medios y su
comercialización. "El siglo XXI despunta
&ndashapunta Jaime Abello-- con los
periodistas empujados a convertirse en gestores
de contenido en la era de Internet":
Del ideal profesional del
reportero que investiga o denuncia, o que se
sumerge a una región o acontecimiento para
contarlo luego en magníficos reportajes,
estamos pasando a la propuesta del media
worker que debe dominar las tecnologías
y lenguaje multimedia, manejar bases de
datos, hacer los talleres de periodismo
asistido por computadora o informar cada vez
más en tiempo real.
Pero más allá del desafío de dominar las
nuevas técnicas, observamos que el sentido
mismo del oficio está cambiando y que
todavía, como bien nos lo recuerda don José
Salgar constantemente, no sabemos cómo será
el periodismo del futuro (2008:20).
Si
bien fuertes corrientes de pensamiento apuntan
hacia el periodismo digital como el futuro del
medio en el nuevo siglo, también hay otras que
lo plantean como una reacción sobrestimada ante
la novedad; incluso un mito.
En
torno al oficio de informar se han manejado a lo
largo de la historia al menos tres mitos: el de
la objetividad, pues todo periodismo contiene
.una carga ideológica, misma que se refleja, en
la serie de decisiones valorativas que conducen
su diario ejercicio; el del periodismo puro, pues
no existe una forma única que podamos llamar
profesional de ejercer el periodismo, cuando
éste pende de la política; y el de la
tecnología que, al incorporarse al periodismo
para dar como resultado lo que se conoce como
ciberperiodismo, lo ha dotado de un halo místico
que lo sublima y encumbra como una de las más
grandes utopías contemporáneas.
Sobre
esto último se ocupan a cabalidad los
investigadores catalanes Nuria Almiron y Josep
Manuel Jarque, para quienes "los avances
tecnológicos sólo tienen efectos verdaderamente
generalizados y beneficiosos sobre la sociedad
cuando dejan de mitificarse" (2008:1).
Así,
en su reciente libro El mito digital.
Discursos hegemónicos sobre Internet y
periodismo deshilvanan las falsas creencias
en torno a los avances tecnológicos y los
desmitifican para dotarlos, quizás, de su justa
dimensión.
Los
mitos -entendidos éstos como narraciones que no
implican pruebas, y en consecuencia se basan en
creencias- ofrecen una explicación a cuestiones
complejas, son también instrumentos de poder, y,
por tanto, pueden llegar a ser peligrosos. Los
autores así lo explican: "El mito es un
tipo de discurso público con una estructura
típica e iterativa, con diferentes funciones y
utilidad de acuerdo a las necesidades, el poder o
estatus de quienes lo emiten o reciben, y con
significaciones sociales diferentes."
(Almirón, N. y Jarque. 2008:7). Se trata de una
visión obtusa de la realidad en la que se mira
sólo una parte de ésta y no la totalidad.
Se erige -dicen los
académicos- en un discurso totalizador, en
una ideología con vocación hegemónica y
dominadora que dificulta y obstaculiza un
contacto complejo con los procesos sociales
de los que informa.
Así, en lo relativo al periodismo, los
discursos hegemónicos sobre su relación con
las tecnologías digitales han hilvanado una
narrativa mítica que mantiene poco contacto
con la praxis que pretendidamente
describen." (Almirón, N. y Jarque.
2008:13,14).
Según
esta postura, basta recuperar la memoria
histórica para caer en la cuenta de las
reiteradas promesas universales que cada nueva
tecnología ha traído consigo sin que se
hicieran realidad. Las mismas esperanzas de
cambio, de revolución social, política,
económica y subjetiva que se atribuyen hoy a la
digitalización fueron atribuidas en su momento
al ferrocarril, al telégrafo, la electricidad,
el teléfono, la radio, la televisión, sin que,
en realidad, hayan sido éstos causas autónomas
de los cambios.
Parece
que reiterar tal suerte de promesas sólo puede
hacerse negando la historia. "Jamás ha
existido nada parecido a una lógica interna de
la tecnología; todo lo contrario la invención,
el desarrollo y la aplicación de las nuevas
tecnologías de la comunicación y la
información suelen estar influidos por el
contexto económico, político y social",
apuntan los autores. Y añaden: "El discurso
digitalista genera falazmente las expectativas de
cambio que los ciudadanos desean oír -más
igualdad, más democratización, más seguridad,
mejor educación... El mito digital se constituye
así en la última versión del mito
tecnológico-determinista y de sus diversas
utopías." (Almirón, N. y Jarque. 2008:19).
Incluso, al contrario de lo que se pudiera
pensar, es ideológicamente conservador.
El
estudio de los académicos catalanes resulta
provocativo tanto para los que ven, ante la nueva
realidad digital, la amenaza de una crisis del
periodismo como negocio y como profesión, como
la promesa de un oficio periodístico más
solidario, más abierto y más democrático. Como
reconocen los autores, todas las actitudes
críticas han sido sistemáticamente acusadas de
tecnófobas, mientras el discurso dominante de
los últimos 30 años es regido por el mito de
CiberPrometeo: Internet es el fuego que el
Prometeo moderno entrega a los hombres de hoy
para dotarlos del poder con el cual satisfacer
sus ambiciones. Y el mito tiene profusos
seguidores: tecnoutopistas, ciberpreofetas,
ciberiluminados, gurús cósmicos; muy pocos se
arriesgan a contradecirlos.
Aun
así, entre los que se oponen a dar como hecho la
muerte de los impresos está, por citar otro
ejemplo, la World Association of News Papers, que
ha realizado foros en los que se analiza el
futuro de los periódicos en papel como
prometedor; defiende el poder de la prensa y
emprende estrategias para impulsar su defensa y
desarrollo en medio de la supuesta crisis.
"We&rsquove done the search. You only
have to turn the pages", es uno de sus
slogan.
Newspapers represent an
industry that connects with 1.7 billion
people of all ages, all creeds and all races
each and every day. We produce strongly
branded products of different shapes and
sizes, of varying quality, of different
political hues, and deliver those products in
various guises. Global sales of paid-for
newspapers are growing (up nearly 10 percent
over the last five years), our $190 billion
industry is expected to grow its advertising
by 17 percent over the next five-years, or at
a faster rate than the preceding five years.
Print is the world&rsquos largest
advertising medium (with a 42 percent share),
and advertising revenues in newspapers alone
exceed the combined total of radio, outdoor,
cinema, magazines and, yes, the internet.
(www.wan-ifra.org)
Asimismo,
Paul Starr advierte, en un amplio ensayo sobre el
tema, que decir adiós a la prensa puede
significar dar la bienvenida a una nueva era de
corrupción. Ante el "rumor en torno a que
los diarios impresos están en crisis y sólo
unos pocos soportarán los desafíos que implica
Internet", se cuestiona qué hay de cierto
en ello y advierte que podría afectar a la vida
democrática:
Los medios informativos
emergentes también parecen fragmentarse por
intereses y filiaciones. Así como la prensa
nacional de los países europeos se divide
típicamente por líneas ideológicas,
nuestros nacientes medios nacionales están
adquiriendo perfiles ideológicos bien
definidos. Conforme un gran número de las
funciones tradicionales de los periódicos se
escinda hacia sitios de Internet separados,
una mayor parte de las noticias que leamos
será obra de redes descentralizadas antes
que de organizaciones individuales de gran
escala. (Letras libres. 2009: 26)
Internet
aún no es un medio totalmente expandido y
democratizado, sobre todo en los países en vías
de desarrollo. Una de las consecuencias de esto
es que, si bien se cuenta con mayor acceso a una
gama de publicaciones y debates más amplia que
nunca, al mismo tiempo muchas personas sabrán
menos sobre lo que sucede en el mundo. "La
cobertura informativa no es todo lo que nos han
dado los periódicos. Estos también han brindado
al público un poderoso medio de ventaja sobre el
Estado, y hoy esta ventaja está en riesgo"
(Starr, P. 2009:26). Y cocluye el experto:
Si tomamos en serio la noción
de los periódicos como el cuarto poder, el
fin de la era de los periódicos implica un
cambio en el sistema político mismo. Los
periódicos han ayudado a controlar las
tendencias a la corrupción tanto en el
gobierno como en los negocios. Si queremos
evitar una nueva era de corrupción, habremos
de reunir ese poder por otros medios.
Nuestras nuevas tecnologías no nos despojan
de nuestras viejas responsabilidades.
(2009:26)
La
World Association of News Papers ha afirmado la
ironía que la manía digital ha traído consigo:
en realidad Internet está contribuyendo también
al crecimiento de la industria de los
periódicos, con nuevas formas y contenidos e
información que se intercambia más rápido que
nunca. Pero el reto de mantener los principios
tradicionales de la profesión aún continúa.
Ser críticos ante el futuro
del periodismo
Como
ha afirmado Gideon Lichfield, "Internet ha
provocado severos problemas en la actividad de
los diarios: caída de las ventas, desgaste de la
autoridad de los viejos periodistas, crisis del
reportaje de investigación. Esto puede ser bueno
o no; lo cierto es que nos obligará a ser
inventivo y buscar nuevos modelos" (Letras
libres. 2009:28).
Juan
Luis Cebrián, fundador del periódico español El
País, ha coincidido con esta misma idea. El
director de uno de los diarios más importantes
de habla hispana ha reconocido que no volvería a
fundar nunca un periódico en papel, pero que eso
no significa que se dedicara a otra cosa que no
fuera el periodismo. Sus consideraciones en torno
al futuro de esta apasionante profesión son
interesantes por equilibradas, como podemos
juzgar a continuación
(http://knightcenter.utexas.edu/. 2008):
1.
¿Víctimas o victimarios? La disyuntiva entre
comercio e información, entre independencia y
poder, entre información y entretenimiento, no
es nueva. "El Watergate es una desgracia
para todos los periodistas occidentales, pues a
partir de éste pareciera que uno no llega a ser
buen periodista si no logra que caiga el poder.
El periodismo como contrapoder no ha sido
beneficioso para el ejercicio de la profesión,
sobre todo cuando se atribuye a sí mismo la
arrogancia y los excesos del poder."
2.
Hagamos historia. "El periodismo de la era
digital tiene que partir de una consideración
del periodismo como lo ha sido siempre. Este
oficio pertenece a la historia de las
revoluciones industriales de principios del siglo
XIX, y desde entonces forma parte de las
instituciones democráticas; tiene un origen
canalla y al mismo tiempo noble. Al mismo tiempo
ha formado parte del entretenimiento, el ocio y
el placer. Ante la revolución de las nuevas
tecnologías, el cambio se acentúa, mas Internet
no es de sustitución, sino de cambio. La
tecnología sólo nos lleva a hacer las cosas
diferentes".
3.
Ni todo el conocimiento, ni todo el poder.
"Es probable que todo el conocimiento esté
en la red, pero no así la discriminación entre
verdad y mentira. Estamos perdiendo capacidad de
abstracción, y por lo tanto de conocimiento.
Nuestro saber es un saber mentiroso, engañoso;
estamos ante información comodina. En la
realidad virtual lo importante no es la verdad
sino lo que la gente cree que es verdad. Las
mentiras que se cuentan en la web tienen más
credibilidad que las verdades que se cuentan en
papel. Pero si bien todo mundo tiene la
información, no todo mundo tiene el poder. El
poder está en el conocimiento, no en la
información. Hay un terror ante la pérdida de
prestigio de la autoridad; mientras que el mundo
en que vivimos es jerarquizado; y en este
sentido, la sociedad digital es
paradójica."
4.
Vale más lo local que lo global. "Se dice
que la nueva sociedad digital es global, pero hay
mucha gente que no se comporta deforma global.
¿Hasta qué punto todos somos globales? ¿Y
convergentes? En la red todo vale para todo y
para nada. Hay una falta de comprensión del
comportamiento de los usuarios y de la
plataforma. Hoy en día es una marca global, pero
no sabemos cómo se utiliza, cómo se interpreta,
ni para qué se usa. Los periódicos generan
comunidades de lectores, una identidad bajo el
brazo; la prensa digital u otras como la
gratuita, no tienen que competir porque al
dirigirse al mundo al final no se dirige a
nadie."
5.
Vender o contar. "La competencia en la red
no es igual que en el kiosco. En la web vale más
la demanda que la oferta. Por lo tanto, no
estamos seguros de que el tráfico sea lo
importante, sino los valores, la forma de ver las
cosas, el rigor, la comprobación. ¿Queremos
vender o contarle a la gente lo que le pasa a la
gente? Deberíamos dejarnos de obsesionar en la
cantidad y no descuidar la calidad de los
contenidos. Lo importante es saber qué queremos
contar y a quién se lo queremos contar."
A
final de cuentas, los periódicos son un reflejo
de la sociedad en la que se hacen. No importa si
desaparecen los diarios de papel, mientras no se
esfume la información que nutre a la sociedad
democrática.
En
suma, en nuestros días, dadas las necesidades,
retos y desafíos que el contexto actual demanda,
cabría replantearse las posibilidades que
ofrecen los viejos preceptos del periodismo:
independencia, credibilidad, denuncia,
investigación, estilo; recuperar las cualidades
y virtudes del periodismo de calidad de antaño,
que no ha perdido vigencia y actualidad aun con
el paso de los años.
Así,
en el campo de los retos se erigen dos grandes
esferas: la que concierne a las propuestas que
implican una acción pública y jurídica de
control, de límites legales al poder
empresarial, de modernización de las leyes
antimonopolio y las políticas impositivas,
adecuándolas a las realidades contemporáneas;
un uso responsable de los nuevos medios
entendiéndolos siempre como un bien público al
servicio de la sociedad. Y la que concierne a los
esfuerzos individuales de los propios hacedores
del periodismo, quizá de los minoritarios,
nuevos o alternativos medios. Como dice
Bagdikian: "en la política, como en el
arte, los conceptos y los valores nuevos suelen
provenir de las tenues voces marginales". El
decir que las cosas son como son porque no hay
otra salida, suele ser una gran falacia.
Referencias
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desarrollo profesional de los periodistas de
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digital. Discursos hegemónicos sobre Internet y
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comunicación y la información. Madrid:
UNESCO/CINDOC
World Association of News Paper. (2009) NP
Tabloid / Good News. Recuperados el 5 de
enero de 2010 en www.wan-ifra.org
* Ma.
del Carmen Fernández Chapou es doctora en Ciencias
de la Información por la Universidad Complutense
de Madrid.
Directora de la licenciatura en Periodismo y
Medios de Información del Tecnológico de
Monterrey,
Campus Ciudad de México, y profesora del
Departamento de Estudios Culturales. Este texto
fue publicado en el No. 1 de la revista Virtualis.
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