Internet:
el vértigo de su laberinto
Umberto
Eco *
ENCICLOPEDIA
BARROCA
El sueño de toda filosofía y de
toda ciencia, desde los orígenes griegos, ha
sido el de conocer y definir las cosas por su
esencia, y desde Aristóteles, la definición por
esencia es la que es capaz de definir algo
determinado como individuo de una especie, y
ésta a su vez como elemento de un determinado
género. Definir al hombre como animal racional
mortal significa verlo como especie de los
animales mortales (a la que pertenecen también
el asno y el caballo), que son a su vez especies
vivientes.
ARBOR
PORPHYRIANA
El
defecto del Arbor Porphyriana es que los
conceptos que están en sus nudos son primitivos
y no se pueden analizar de otra forma (¿qué
significa viviente o animado?) y que no se puede
distinguir al hombre del caballo o el caballo del
asno, porque se requieren tales cambios que la
estructura -como he demostrado en otra ocasión-
explota en una lluvia de diferencias específicas
que ya no tiene una relación ordenada.
A
pesar de que, como diremos, el sistema de las
clasificaciones modernas tiene características
parecidas a las de un Árbol de Porfirio, en el
sentido de que en su sistema de clases y
subclases, el tigre pertenecería a la especie
Felinos Tigris, del género Felino, familia de
los Felinos, suborden de los Fisípedos, orden de
los carnívoros, subclase de los Placentarios,
clase de los mamíferos. De la misma forma, el
ornitorrinco pertenecería a una familia de
mamíferos monotremos.
Pero
¿qué quiere decir que el ornitorrinco es un
mamífero monotremo? Dicha definición no parece
responder a las exigencias del lenguaje
cotidiano, que tendría que servirnos no sólo
para indicar las cosas que ya conocemos, sino
para identificar las cosas que no conocemos
todavía. De hecho cuando el ornitorrinco fue
descubierto en Australia, pasaron más de ochenta
años antes de definirlo como mamífero
monotremo, en el curso de los cuales se tuvo que
definir cómo y dónde clasificarlo, y hasta ese
momento había sido definido en términos de
propiedades que parecían absolutamente
incoherentes. Era grande como un topo, con ojos
pequeños, las patas delanteras con cuatro uñas
unidas con una membrana, más grande de la que
unía las uñas de las patas traseras, tenía
cola, el pico de una oca, las patas con las que
nadaba y que usaba también para excavar su
guarida, la capacidad de poner huevos y de
alimentar sus cachorros con leche de sus mamas.
Hay que notar que en esta descripción (por otro
lado incompleta), por la lista de las
propiedades, alguien podría ser capaz de
distinguir un ornitorrinco de un buey, mientras
diciendo que es un mamífero monotremo nadie
lograría hacerse una idea de cómo reconocerlo
en el caso de que se encontrara con él.
Por
otro lado, si un niño le pregunta a su madre
qué y cómo es un tigre, la madre difícilmente
respondería que es un mamífero de los
placentarios o un carnívoro fisípedo, sino que
diría más bien que es un animal feroz que se
parece a un gato, pero más grande, muy ágil,
amarillo y con rayas negras, que vive en la
jungla, y que cuando se tercia come a los
hombres, y todo lo demás. Es una buena
descripción para reconocer, y si fuera el caso,
evitar encontrarse con un tigre. A la pregunta de
qué es el agua, la madre no responde a su hijo
que es H2O, sino que le indica el líquido que
sale del grifo y le dice que es ese líquido
trasparente que se bebe y con el que se lava la
cara.
La
definición por propiedad es la que usa cuando no
se tiene una definición por esencia, o la
definición por esencia no nos satisface. Por lo
tanto, es típica de la una cultura primitiva,
que no ha llegado todavía a constituir
jerarquías de género o de especie, o de una
cultura muy avanzada (y quizás en crisis), que
pretende poner en duda todas las definiciones
anteriores.
Una
definición por propiedad es, según
Aristóteles, una definición por acidentes. Si
la definición por esencia toma en consideración
las sustancias, y se presume de saber cuáles y
cuántas son (por ejemplo, viviente, animal o
vegetal), una definición por propiedad toma en
consideración todo posible accidente: y de un
tigre tiene que saber decir, no sólo que es un
cuadrúpedo, parecido a un gato grande, de rayas,
sino también que un tigre que se llama Shere
Khan es el enemigo de Mowgli en El libro de la
Jungla, y que hay diferencias entre el tigre real
de Bengala y el tigre chino, el tigre indonesio y
el tigre malasio (quizás incluso que un cierto
tigre se encontraba en el Coliseo en un día
determinado en tiempos de Nerón, con el morro
orientado hacia el oeste, que un mayor inglés,
que se llamaba Ferguson, mató a otro tigre el 24
de mayo de 1846, y así prosiguiendo).
La
realidad es que nosotros raramentedamos
definiciones por esencia, sino más bien por
lista de propiedades. Y por lo tanto, todas las
listas que definen algo a través de una serie
infinita de propiedades, aunque aparentemente
vertiginosas, parecen aproximarse más a la forma
en que en la vida cotidiana (y no los
departamentos científicos) definimos y
reconocemos las cosas.
Ahora,
una de las épocas en la que, por primera vez,
entra en crisis la definición esquemática por
esencia, típica de la cultura escolástica, fue
el periodo del Barroco. Lo fue porque en poesía,
el cúmulo de detalles y de propiedades que
todavía no se habían considerado servía para
crear el sentido del asombro, que era para Marino
el fin mismo de la poesía. Véase con cuanto
gusto por el exceso, el mismo Marino (Adone 10,
136-138) para celebrar las artes humanas dirá:
Mira intorno astrolabi ed
almanacchi,
trappole, lime sorde e grimaldelli,
gabbie, bolge, giornee, bossoli e sacchi,
labirinti, archipendoli e livelli,
dadi, carte,
pallon, tavole e scacchi
e sonagli e carrucole e succhielli,
naspi, arcolai, verticchi ed oriuoli,
lambicchi, bocce, mantici e crocciuoli,
mira pieni di vento otri e vessiche
e di gonfio sapon turgide palle,
torri di fumo, pampini d'ortiche,
fiori di zucche e piume verdi e gialle,
aragni, scarabei, grilli, formiche,
vespe, zanzare, lucciole e farfalle,
topi, gatti, bigatti e cento tali
stravaganze d'ordigni e d'animali;
tutte queste che vedi e d'altri estrani
fantasmi ancor prodigiose schiere,
sono i capricci degl'ingegni umani,
fantasie, frenesie pazze e chimere.
V'ha molini e palei mobili e vani
girelle, argani e rote in più maniere;
altri forma han di pesci, altri d'uccelli,
vari sicome son vari i cervelli.
Esta
misma curiosidad por las propiedades inauditas se
encuentra a nivel científico, porque el fin del
hombre de ciencia es, desde Galileo en adelante,
el de no fiarse de las definiciones canónicas,
para observar y describir las infinitas
propiedades de las cosas. Hay que considerar que
encontrar nuevos fenómenos significa también
sufrir de lo que los medievales llamaban penuria
nominum, y en su caso decidir describir las cosas
a través de semejanzas, similitudes, metáforas.
Esta
intranquilidad por la infinidad de aspectos
visibles y tangibles, en muchos autores implica
rehacer también la organización del mundo, que
se aprende en la escuela, la que Lovejoy ha
llamado la Gran Cadena del Ser, para proponer en
su lugar enormes listas de nociones, abstractas o
concretas, que en apariencia pueden parecer un
repertorio organizado del universo, pero en
realidad son una masa de fenómenos y propiedades
que podrían continuar potencialmente al
infinito.
Hemos
visto que una representación semántica por
esencia presupone, como base un árbol porfiriano
de tipo genealógico, clases y subclases que se
encajan, y la construcción de una estructura
portante que precede a la identificación de los
individuos, de los géneros y de las especies,
que pueden tener una identidad sólo gracias a la
estructura. Volviendo al ornitorrinco, durante
ochenta años ha sido conocido descubriendo
nuevas propiedades aparentemente contradictorias
(como poner huevos y dar de mamar a sus crías),
hasta que las taxonomías científicas no han
encontrado (casi ad hoc) la subclase de
mamíferos monotremos. En semiótica éstas se
llaman definiciones de diccionario: se define un
perro de diccionario si se dice que es una animal
de la familia de los canidos, que son mamíferos
placentarios carnívoros y fisípedos.
En
efecto, ningún diccionario en "carne y
hueso" (delos que se usan normalmente) está
hecho como un diccionario: además de
proporcionar la definición de arriba (pero,
raramente lo hace con una tal precisión),
añadiría otras propiedades que caracterizan a
los perros como cuadrúpedos, amigos del hombre,
omnívoros y todo lo demás, y probablemente
haría mención de las razas más importantes. Un
representación por acumulación presupone, no un
diccionario, sino una especie de enciclopedia en
acto, sin terminar y sin la rigidez del árbol.
La
inmensidad de la enciclopedia ha asustado a los
redactores de los primeros diccionarios: a
principios del siglo XVII el célebre Diccionario
de la Crusca, no pudiendo todavía servirse de
las taxonomías científicas elaboradas más
tarde, definía el perro como "animal
conocido". Sólo la mentalidad barroca, con
su gusto por lo desmedido y lo extraordinario,
podía concebir estructuras enciclopédicas que
nombrasen propiedades infinitas.
La
enciclopedia renacentista y barroca es un
proyecto ideal que evita el
"completamiento", porque si se agota el
contenido de cada disciplina clasificada se
obtendría todavía un saber incompleto, como lo
es el saber de lo individual. Con respecto a la
enciclopedia (recuerda Alsted en laAdmonitio que
abre su Encyclopedia), los individuos
"resultan como si fueran envases", cada
uno de ellos capaz de encerrar un contenido
adecuado a su propia actividad receptiva, ninguno
es capaz de contener en sí el entero
saber".
Precisamente
porque el saber no es nunca completo, por eso
desde Ramo se inicia a concebir una enciclopedia
que pueda considerar también laconstitución de
disciplinas que todavía no se conocen, ni están
definidas. Será con Francis Bacon que se abrirá
camino la idea de una enciclopedia basada en
datos derivados de la experiencia científica y
sobre una crítica de las falsas opiniones del
pasado (los Idola), repertorio abierto y en
continuo desarrollo. En la Novum Organunde Bacon
(1620) aparece un apéndice titulado Parasceve ad
historiam naturalem et experimentales, en donde,
después de haber aclarado que se trata de evitar
el recurso a la autoridad de los antiguos, para
evitar informaciones inciertas, se traza un
índice ideal que contempla, según un orden
bastante lógico, cuerpos celestes, fenómenos
atmosféricos, la tierra, los cuatro elementos,
las especies naturales (minerales, vegetales y
animales), el hombre, la enfermedad y las
enfermedades, las artes, incluida la culinaria,
la hípica y los juegos. Un museo enciclopédico
es la Casa de Salomón que aparece en la Sylva
Sylvarum (1626) donde,tomando en cuanta sólo la
primera centuria de la Tabla de los Experimentos,
encontramos juntos consideraciones sobre la llama
y sobre cómo teñir de forma diferente plumas y
cabellos.
La
metáfora de la selva es significativa. Una selva
no está ordenada para aclarar oposiciones
binarias de senderos, sino es más bien un
laberinto. El laberinto es nombrado
específicamente en la Instauratio Magna (1620):
El edificio del universo aparece al intelecto que
lo contempla como un laberinto que contiene una
cierta cantidad de caminos ambiguos, de parecidos
engañosos de cosas y signos, de espirales y
nudos enredados y complicados, y veremos
después, a propósito de la naturaleza
rizomática de una enciclopedia, cómo esta
visión de obliquae et implexae naturarum spirae
et nodise anticipaba de forma asombrosa.
En
este laberinto que se presenta, no ya como
repartición lógica, sino como conglmerado
retórico de nociones y argumentos recogidos in
situ, dar con algoya no significa encontrar algo
que ya se conocía, colocado en su lugar
correspondiente, para utilizarlo con fines
argumentativos, sino verdaderamente descubrir
algo, o la relación entre dos o más de cosas
que antes se desconocía. Esto representaba el
rechazo neto y radical de toda jerarquía
establecida entre los seres. Con una idea que
retomará después Leibniz, Bacon en Advancement
of Learning recuerda que, si un secretario de
estado tiene que recoger varios documentos en su
despacho, los agrupará según su naturaleza
(tratados, instrucciones), pero en su estudio
privado colocará juntos los documentos de usa
inmediato, aunque sean de naturaleza diferente.
No existirá ya la gran cadena del Ser, pero toda
subdivisión será siempre contextual y dirigida
a un determinado fin.
Con
Bacon la noción de inventio cambia, y de
búsqueda de lo que se sabía ya, se trasforma en
descubrimiento de lo no se sabe todavía. Pero en
este sentido, ojear el repertorio del saber es
como revolver en un inmenso almacén del que no
se sabe todavía la extensión, y rebuscar no
sólo para utilizar lo que se encuentra por lo
que es, sino por decirlo de alguna forma, hacer
un bricolage y encontrar nuevas posibilidades de
fusión, relación, encajonamiento entre cosas
que, en principio non mostraban ninguna relación
racíproca.
Paradójicamente,
un modelo enciclopédico nos lo ofrece el
Cannocchiale aristotelico de Emanuele Tesauro
(1665). Digo paradójicamente porque Tesauro,
precisamente en el siglo en el que se afirma el
modelo del catalejo de Galileo como instrumento
indispensable para el desarrollo de las ciencias
naturales, propone un catalejo dedicadoA
Aristóteles, y como medio para renovar de lo que
hoy llamaríamos ciencias humanas, dado que el
instrumento que ofrece es el de la metáfora.
Tesauro propone el modelo de la metáfora como
forma de descubrir relaciones todavía inéditas
entre los datos del saber, aunque a diferencia de
Bacon, el interés de Tesauro, no es científico
sino retórico.
Para
poder constituir un repertorio de cosas
conocidas, recorriendo el cual la imaginación
metafórica pueda descubrir relaciones
desconocidas, Tesauro elabora la idea de Índice
Categórico. Presenta su Índice (con
complacencia barroca por el descubrimiento
maravilloso), como "un secreto
verdaderamente secreto", una mina llena de
infinitas metáforas e ingeniosos conceptos,
visto que el ingenio no es otra cosa que la
capacidad de "penetrar los objetos
completamente aplastados bajo diferentes
categorías y de verificarlos entre ellos"
&ndash o bien la capacidad de encontrar
analogías o parecidos que pasarían inobservadas
si cada cosa quedase clasificada bajo su
categoría.
Se
trata de señalar en un libro las diez
categorías aristotélicas, Sustancia y nueve
Accidentes, de listar bajo cada categoría sus
Miembros y bajo cada miembro, las Cosas que
están debajo de él.Aquí no se puede más que
ofrecer pocos ejemplos del Catálogo que Tesauro
nos ofrece (entre otras cosas, también
susceptible de ser ampliado), pero hete aquí que
bajo la categoría de la Sustancia se tienen que
listar como miembros las Divinas Personas, las
Ideas, los Dioses Fabulosos, los Ángeles, los
Demonios, y los Duendes, por lo tanto, bajo el
miembro del Cielo y las Estrella Errantes, el
Horóscopo, los Vapores, el Aire, las Metáforas,
las Cometas, las Lamas, los Rayos y los Vientos y
después, bajo Tierra, los Campos, las Soledades,
los Montes, las Colinas y Promontorios, bajo los
Cuerpos y las Piedras, las Genmas, los Metales,
las Hierbas, bajo la Matemática, los Globos y
los Mapamundi, los Compás y las Escuadras, y
así sucesivamente.
De
la misma manera bajo la categoría de la
Cantidad, en la Cantidad de Mole se listan lo
Pequeño, lo Grande, lo Largo y lo Corto, bajo
Cantidad de Peso se recogen lo Pesado y lo
Ligero, por la Calidad, pertenecen al Ver, lo
Visible y lo Invisible, lo Aparente, lo Bello y
lo Deforme, lo Claro y lo Oscuro, el Blanco y el
Negro, bajo el Olor, el Aroma y el malolor
&ndash procediendo de esta forma con las
categorías de la Relación, de la Acción y la
Pasión, de la Colocación, del Tiempo, del Lugar
y del Tener.
Cuando
después se van a buscar las cosas que subyacen a
dichos miembros, encontramos que bajo la
categoría de la Cuantidad, en el miembro
Cantidad de Mole, entre las cosas Pequeñas
encontraremos el ángel, que está en un punto,
las formas incorpóreas, el polo como punto
inmóvil de la esfera, zenit y nadir; entre las
Cosas Elementales la chispa del fuego, la gota de
agua, la lámina de piedra, el grano de arena, la
genma del átomo; entre las cosas Humanas el
embrión, el aborto, el pigmeo y el enano, entre
los Animales la hormiga y la pulga; entre las
plantas la semilla de mostaza y la miga de pan;
entre las Ciencias el punto matemático, en
Arquitectura la punta de la pirámide, en la
producción de la Lana el cordón y así continua
una lista de dos páginas.
No
tenemos que preguntarnos si esta lista es
coherente. La incoherencia parece típica de
todos los intentos realizados en el periodo
barroco para dar cuenta del contenido global de
un saber y es también típico de muchos
proyectos de lenguas artificiales del siglo XVII.
Gaspar Schott en Technica Curiosa (1664) y en
Joco-seriorum naturae et artis sive magiae
naturalis centuriae tres (1655), daba noticia de
una obra de 1653, de un autor cuyo nombre dice ha
olvidado. En efecto, el anónimo sería Pedro
Bermudo (1610-1648), un jesuita español que
habría pensado en Roma un Artificium o bien un
Arithmeticus Nomenclator, mundi omnes naciones ad
linguarum et sermones unitaten invitans. Authore
linguae (quos mirare) Hispano quídam, vere ut
dicitur muto. Las últimas palabras del título
representan un juego de palabras, porque según
Schott este autor era mudo y Bermudo se pronuncia
casi como Ver-ver-daderamente mudo.No sabemos si
la descripción de Schott es fiel, pero la
cuestión es irrelevante porque, aunque si Schott
hubiera reelaborado el proyecto a su manera, nos
interesa la incongruencia de su lista. Y el
Artificio contemplaba 44 clases fundamentales,
que vale la pena de listar, dando entre
paréntesis sólo algunos ejemplos:
1.Elementos
(fuego, viento, humo, cenizas, infierno,
purgatorio y centro de la tierra). 2. Entidades
celestes (astros, rayos, arco Iris, etc.). 3.
Entidades intelectuales (dios, Jesús, discurso,
opinión, sospecha, alma, estrategia, espectro).
4. Estados seculares (emperador, barones,
plebeyos). 6.Estados eclesiásticos. 6.
Artífices (pintor o marinero). 7. Instrumentos.
8. Afectos (amor, justicia, lujuria). 9.
Religión.10.Confesión sacramental. 11.
Tribunal. 12.Ejercito. 13. Medicina (médico,
hambre, lavativa). 14. Animales brutos.
15.Pájaros.16. Rectiles y peces. 17. Partes de
animales. 18.Decoraciones.19. Comidas. 20.Bebidas
líquidas (vino, cerveza, agua, mantequilla, cera
y resina). 21. Vestidos. 22.Tejidos de seda. 23.
Lanas. 24. Telas y otros tejidos. 25. Náutica y
aromas (nave, canela, ancla, chocolate). 26.
Metales y monedas. 27. Artefactos varios. 28.
Piedras. 29. Joyas. 30 Árboles y frutas. 31.
Lugares públicos. 32. Pesos y medidas. 33.
Numerales. 39. Tiempo. 40. Adjetivos. 41.
Adverbios. 42. Preposiciones. 43. Personas
(pronombres, apelativos como Eminentísimo,
Cardenal). 44. Ambulantes (Heno, caminos,
ladrones).
En
torno a 1600 Athanasius Kircher había escrito un
Novum hoc inventum quo Omnia mundi idiomata ad
unum reducuntur, que se encuentra sólo como
manuscrito, que contemplaba una gramática muy
elemental y un diccionario de 1600
"palabras", en donde se intentaba
establecer una lista de 54 categorías
fundamentales, que pudieran ser representadas
través de iconogramas. Los iconogramas recuerdan
los que se usan hoy en los aeropuertos y
estaciones-a veces hacen referencia a un objeto,
como un pequeño cáliz, a veces son geométricos
(rectángulo, triangulo, círculo) y algunos de
ellos se inspiran vagamente en los jeroglíficos
egipcios. Sin detenernos demasiado en este
proyecto, recordamos sólo que las 54 categorías
del Novum Inventum constituyen también una lista
notablemente incoherente, que comprende entidades
divinas, angelicales y celestiales, elementos,
seres humanos, animales, vegetales, minerales,
las pertenencias y otros conceptos abstractos del
ars lulliana, bebidas, vestidos, pesos, números,
horas, ciudades, comidas, familia, acciones, como
ver o dar, adjetivos, adverbios, meses del año.
Tesauro
sigue la moda de su tiempo. Pero la que nos
parece carencia de espíritu sistemático es, al
contrario, una prueba del esfuerzo que el
enciclopedista hace para huir de la árida
clasificación por géneros o especies. El
cúmulo todavía desordenado (a penas ordenado,
como hace Tesauro, bajo la rubrica de las diez
categorías y de sus miembros), que permitirá
después la invención (en el sentido Baconiano,
no como hallazgo, sino como descubrimiento), de
relaciones inopinadas e inéditas entre los
objetos del saber. Ser farragoso es el precio que
se paga, no para conseguir el completamiento,
sino para evitar la pobreza de toda
clasificación a árbol.
De
hecho hay que notar que Tesauro saca notable
partido de su almacén de nociones. Si se
quisiera encontrar una buena metáfora para un
enano (para Tesauro encontrar metáforas es,
aristotélicamente, conocer nuevas
determinaciones de las cosas, o bien todo se
podría decir de un determinado objeto), se
podría ya de este repertorio extraer las
definiciones de Mirmidones, o Ratoncito nacido de
la montaña. Pero a este índice se añade otro
que por cada cosa pequeña, según se considere
una otra de las diez categorías, decide, por la
Cantidad, con qué se tiene que medir la pequeña
cosa o qué partes tiene, por la Calidad, si es
visible o cuál deformidad manifiesta, por la
Relación, con quién o con que se emparienta, si
es material y qué forma tiene, por la Acción y
Pasión, lo que puede o no puede, y así
sucesivamente. Cuando nos preguntamos con qué se
mide la pequeña cosa, el Índice debería
remitirnos, por ejemplo, a la medida Geométrica.
Procediendo
así con cada categoría, hete aquí que el enano
(y la lista ocupa tres páginas del
Cannocchiale), se podría decir que es más breve
que su nombre, que es más embrión que hombre,
fragmento humano, más pequeño que un dedo, de
tan poca sustancia que no tiene color, que
sucumbiría en un combate con una mosca, de forma
que no se puede entender si está sentado, de pie
o tendido&hellip
El
Índice, y en virtud de su naturaleza
laberíntica, permite establecer conexiones entre
todas las cosas y entre cualquier otra &ndash
tal parece que las metáforas de Tesauro no hagan
otra cosa, y en otra cosa no se complazcan, que
en extraer nuevos conocimientos de la
deconstrucción de un árbol de Porfirio.
Si
por amor del maestro de los que saben, Tesauro ha
querido llamar "categórico" a su
Índice, de hecho, nos ofrece un procedimiento
para recorrer los itinerarios infinitos de un
laberinto, donde las subdivisiones por
categorías no son otra cosa que construcciones
provisionales y bastante artificiales para poder
contener, de cualquier forma, un material en
pleno fermento.
El
momento más tirante de la rivalidad entre el
árbol y el laberinto se manifiesta en la
Inglaterra del siglo XVII, en torno al ambiente
de la Royal Society, cuando nacen diferentes
proyectos de lengua filosófica a priori (como A
common Writting de Lodwick, The Universal
Character de Beck, el Ars signorum de Dalgarno, o
el Essay Toward a Real Character de Wilkins).
En
estos sistemas se debate la posibilidad de
representar los significados de cada término, a
través de un sistema jerárquico de
encajonamientos de género a especie
(escrupulosamente exhibido), pero al mismo tiempo
se quiere rendir cuentas de la multiplicidad
no-reglamentable de nociones de las que un
hablante dispone. El problema con el que estos
sistemas se enfrentan es que, si se clasifica a
árbol, según un modelo de diccionario, no se
logra explicar ni el significado de los
términos, ni la naturaleza de las cosas
designadas y, por lo tanto, los nudos de toda
clasificación a árbol tienen que ser
completados con especificaciones enciclopédicas,
es decir, con unasuma de propiedades que no
pueden ser ni definidas ni clasificadas a árbol.
Limitémonos
a considerar brevemente An essay torrad a real
carácter and a philosphical language de Wilkins
(1668), que entre todos parece el proyecto más
completo y articulado. Wilkins elabora una
especie de colosal reseña del saber y establece
una tabla de 40 Géneros mayores, para después
subdividirlos en 251 Diferencias peculiares y
derivar de ellas 2030 Especies (que se presenta
nen pareja). La tabla de los 40 géneros parte de
conceptos muy generales como Creador y Mundo y, a
través de una división entre sustancias y
accidentes, sustancias animadas e inanimadas,
creaturas vegetativas y sensitivas, llega a
Piedras, Metales, Árboles, Pájaros, o bien
accidentes, como Tamaño, Espacio, Cualidades
sensibles, Relaciones Económicas.
WILKINS
1
Más
detalladas son las tablas que permiten llegar a
las especies individuales, en donde Wilkins
pretende clasificar, por ejemplo, también
bebidas como la cerveza, de forma que se pueda
representar todo el universo nocional de un
ciudadano ingles del siglo XVII. Con respecto a
este sistema de ideas (que Wilkins presume igual
para todos los hombres, pecando obviamente de
etnocentrismo), Wilkins elabora un sistema de
escritura de "caracteres reales", que
asumen tanto una forma escrita, casi
jeroglífica, como una forma pronunciada, y
transcrita en caracteres latinos pronunciables.
Pero
aquí no nos interesa la escritura de Wilkins
(por otra parte esencial para su proyecto de
lengua universal), más bien sus criterios de
organización de las nociones. Incluso llegando a
la definición de las especies individuales se
obtienen divisiones por las que, dados los
Animales Vivíparos Dotados de Patas, que se
distinguen en Rapaces y no Rapaces, entre los
Rapaces tenemos el cat-kind y el dog-kind, este
último dividiéndose en Europeos y Exóticos,
los Europeos en Anfibios y Terrestres, los
Terrestres en "más grandes"
(Perro/lobo) y "más pequeños" (Zorro
y Tejón).
WILKINS
2
Ahora
sólo queda la imposibilidad de distinguir el
perro del lobo, pero también la información que
"los caracteres del alfabeto de Wilkins
trasmiten" es solamente que el perro es
"el primer miembro de la primera pareja
específica de la quinta diferencia del género
animales".
Sólo
leyendo las muy densas tablas enciclopédicas que
Wilkins coloca después de las clasificaciones,
podemos saber que los vivíparos con las patas
tienen pies con dedos, los rapaces tiene
normalmente seis incisivos afilados y dos largos
colmillos para agarrar a su presa, i dog-kind
tiene la cabeza redonda, y por eso se distingue
de los cat-kind que, en cambio, la tienen
alargada, los más grandes entre los caninos se
subdividen en "domésticos-dóciles" y
"salvajes-hostiles a las ovejas": y
sólo así se comprende la diferencia entre el
lobo y el perro.
La
lengua filosófica de Wilkins hace una
taxonomía, pero no define. Para definir, el
sistema tiene que recurrir a una recogida de
información que se expresa en lengua natural
que, precisamente,tiene el formato de una
enciclopedia.
La
duda que se deja entrever en el fracaso de
Wilkins es la misma que mina toda noción
rigurosa de diccionario. Para que un diccionario
sea completamente independiente de cualquier otro
conocimiento del mundo es necesario que sus
términos sean primitivos, que no puedan
definirse ya más, de otra forma, el árbol
perdería su naturaleza de dispositivo capaz de
garantizar la exactitud de las definiciones que
genera. Pero en Wilkins aparece claro que la masa
de información enciclopédica que está debajo
de la organización de las tablas por supuesto
primitivos niega, en el fondo, el carácter de
composición a trazos que parecía haberse
realizado en su lengua
"característica". Los primitivos no
son tales. Las especies de Wilkins no sólo
esconden la composición de géneros y
diferencias (punto débil típico de un árbol de
Porfirio, visto que las diferencias son
accidentes que no siguen una jerarquía), pero
además son nombres usados como perchas para
colgar en ellos descripciones enciclopédicas.
Sin
embargo, precisamente porque impuro, el sistema
wilkinsiano permitiría otra lectura, no ya como
diccionario, sino más bien como hipertexto,
entendido en el sentido actual del término. Si
un hipertexto une todo nudo o elemento del propio
repertorio, a través múltiples referencias
internas, a otros múltiples modos, se puede
concebir un hipertexto sobre los animales que
introduzca perro como una clasificación general
de los mamíferos, en un árbol de taxa, que
contiene también gato, buey y lobo. Pero si en
este árbol se punta sobre perro (precisamente en
el sentido de clicar del ordenador actual, es
decir, se hace clic encima), se nos remite a un
repertorio de informaciones a cerca de las
propiedades del perro y sus costumbres.
Seleccionando otro orden de conexiones se puede
acceder a una reseña de los diferentes funciones
del perro en diferentes épocas históricas o
bien a una lista de las imágenes del perro en la
historia del arte. Y quizás es esto a lo que
Wilkins pretendía cuando creía que se podía
considerar la Defensa, tanto en relación con los
deberes de los ciudadano, como en relación con
la estrategia militar.
En
el curso de su desarrollo sucesivo, la ciencia
moderna se ha impuesto la vuelta a una
clasificación binaria, simplemente multiplicando
géneros y especie en familias, órdenes,
subórdenes, etc.
IMAGEN
TAXA
Pero
al mismo tiempo ha enriquecido su clasificación,
dando por descontado la idea de que el nombre de
cada subdivisión de la clasificación no es un
primitivo que pueda definirse de otra forma, sino
representa, por así decirlo, el puntero que
remite a una sección más amplia de
enciclopedia, en el sentido de que el término
mamífero remite a una serie de propiedades que
constituyen, más allá del convencionalismo de
la clasificación, una verdadera y propia red o
laberinto de propiedades enciclopédicas.
Ahora
mi relación se dedicaba de forma optimista a las
relaciones entre la enciclopedia barroca y Word
Wide Web. El tiempo no me consiente tratar el
segundo tema del título, pero espero que quienes
me escuchan ya hayan intuido las posibilidades a
las que se abre mi discurso. El WWW no es
ciertamente un sistema ordenado de géneros y
especies, sino una lista infinita, o por lo menos
indefinida de fenómenos, definiciones,
descripciones de propiedades. Es la imagen misma
de la enciclopedia, que caracteriza la imagen de
la cultura occidental moderna (excluyo los sitios
descritos en lenguas orientales). Y sin embargo
la cultura barroca, al poner en crisis las
clasificaciones esquemáticas y ordenadas, ya
había emprendido la búsqueda de improvisaciones
sistemáticas, aunque fueran flexibles, para
reducir el caos a nuevas formas de orden. La Web
es incapaz de reducir al orden su propia
multiplicidad, ni nos ofrece instrumentos para
crear, desde su caos, un orden posible. Queriendo
utilizar los términos del Tesauro, es un
índice, pero no categórico. Cualquier orden
posible de nuestros conocimientos tendrá que ser
elaborado usando la enciclopedia infinita de la
web, pero sin sucumbir al vértigo de su
laberinto.
(Traducción Mercedes Arriaga
Flórez)
*
Umberto Eco es
semiólogo, ensayista y novelista, director de la
Escuela Superior de Estudios Humanísticos de la Universidad de Bolonia. Este texto es su discuro al recibir el
doctorado honoris causa en la Universidad de Sevilla, el 18 de febero de 2010.
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