La
personificación del Estado
Benjamín
Fernández Bogado *
Casi
de manera imperceptible pero machacona, de forma
poco convencional pero constante, las dictaduras
moldean el carácter de un pueblo y lo someten a
simplificaciones gravosas y a repetir sin saberlo
los códigos que impiden entender el Estado como
pertenencia de todos y no de los ocasionales
funcionarios públicos que lo administran.
Una prueba de
ello es como la información en dictaduras
y luego en democracia- inicia cualquier
historia con el "quién" y no
con el "qué" o el "para
qué". Las obras públicas que son
construidas con el aporte de todos pasan a ser la
obra de gobierno de tal o cual presidente,
gobernador o intendente. Los hechos públicos se
suscitan entre funcionarios y no entre lo que los
administran y los intereses de la ciudadanía. La
prensa de forma imperceptible en muchos lugares
de América Latina repite el formato sin
detenerse a pensar en sus efectos en el
subconsciente del lector u oyente.
Una
forma de dominación
Simplemente como
ejemplo, en cualquier diario de un país
latinoamericano que haya vivido periodos largos
de dictadura o en naciones donde se vive una
democracia de baja intensidad verá que los
"lead" de las historias están siempre
en el protagonista publico del servicio que debe
darse o prestarse. Así cuando se trata de una
obra publica que costara una cifra determinada y
cuyos beneficiados serán más de 10 mil
personas, la historia siempre se inicia con que
el ministro tal que dispuso la construcción de
tal obra y que el mismo ministro entiende que la
obra es necesaria y que dicho ministro sabe de
las ventajas que ello supone a la población. Esa
simplificación de las cosas publicas en la
persona de quien administra los bienes de todos
no es una cuestión casual. Si uno observa en los
manuales de la propaganda nazi o de los gobiernos
corporativos de corte fascista como los de Franco
y Mussolini en Europa, se puede traslucir con
claridad que era esa una forma de catecismo
oficial que debería repetirse y buscar que los
medios lo cumplieran a través de sus mecanismos
de censura. Lo más gravoso sin embargo es que
luego del advenimiento democrático en mucho de
nuestros piases el "quién"
sigue siendo más importante que el "qué",
el "para qué", y el "con
qué". Nuestros medios repiten quizás
sin saberlo o sin evaluar los costos que ello
supone en la conciencia de los lectores un
formato y un estilo más cercano a las dictaduras
que a las democracias.
Esta forma de
redacción que es muy fácil determinarla
también reduce el debate publico a dos o más
actores enfrentados por un tema determinado y
así la historia en los medios no pasa de ser una
lucha entre sujetos políticos que dominan sobre
la razón de los cargos y las
responsabilidades que ocupan. La prensa exacerba
esos conflictos de exprofeso a veces o los
reproduce porque simplemente dicen que ello
"vende". Pero si analizáramos en
verdad cuanto de esa malentendida mercancía
sirve para que el ciudadano decida de manera más
informada sobre un hecho verá que lo único que
consigue es desencantar a muchos de la democracia
que es un sistema político basado
fundamentalmente en la participación consciente
e informada del ciudadano en los asuntos
públicos de los que los funcionarios son
participantes ocasionales.
Tenemos así
muchas veces una democracia basada en el
escándalo en la polémica, en los sujetos que
impiden profundizar los hechos y cribarlos cuando
sea necesario. La discusión sobre el quién le
saca sustancia a la democracia y mucho más
cuando sólo repite los insultos y los agravios
de un sector sobre el otro.
Volver por lo
tanto a reescribir el articulo de la democracia
debe ser una tarea consciente y constante de
todos los medios de prensa. Desactivar la sobre
simplificación del quién que hace que el
Estado se personalice en algunos y no en la
ciudadanía y en su prensa debe ser una tarea de
los periodistas en democracia. Si se profundizara
más el "qué" sobre el "quién"
y si se pudiera dar los elementos que hacen que
eso que es noticia sea importante para el
ciudadano el propio funcionario buscaría adaptar
su conducta y su función al tema central que
importa a todos y sobre el que se le demandara su
cumplimiento a futuro. Por el contrario la
repetición del debate sobre el "quién"
hace que nuestras democracias dependan casi
siempre de los lideres predestinados que sólo
encuentran razones y argumentos para mantener a
la democracia sin ciudadanos informados.
No es una
cuestión sencilla ni menos simple el
desprogramar una forma de ver la información en
democracia cuando se ha padecido por muchos anos
periodos autoritarios. La prensa paraguaya es un
buen ejemplo aun de eso, a pesar de los 10 años
de democracia vemos aún que los hechos públicos
son protagonizados y reducidos al debate de un
político que agravia al otro un día para que el
siguiente el agraviado responda con los mismos
argumentos dejando a un lado la razón que los
llevo a la polémica. La prensa encuentra así
personajes fáciles de explotar que mantienen una
comunicación pobre en calidad y simplista en su
concepción. Los personajes públicos sólo se
justifican en función de los hechos que
administran. No en relación a los hechos que
suscitan sus comentarios o afirmaciones. Los
políticos han entendido muy bien este juego y no
paran de reproducir en la prensa sus miserias e
inquinas para reducir en su camino a la
democracia a un juego donde sólo el político
gana y la ciudadanía pierde.
Construir
ciudadanía en nuestros países pasa por saber
cuales son los hechos que importan al ciudadano y
muy especialmente hacerle entender que él es el
principal beneficiario de una prensa responsable
que ausculta más allá de la polémica estéril
o del agravio de ocasión. Muchas veces la prensa
ha sido cómplice de estas democracias de baja
intensidad algunas veces por pereza y otras por
desconocimiento. Ella no ha hecho otra cosa que
seguirle el juego de los políticos en las
galerías y no bajar los temas que fuercen a los
mismos a debatir en favor del ciudadano que los
voto. La prensa es en cierta forma culpable por
acción u omisión de un debate carente de ideas
y en donde la democracia pierde fuerza
argumentativa para reducirse al enfrentamiento
estéril entre los políticos.
Una
ciudadanía más activa
Volver el
"qué" de las cosas publicas sobre el
"quién" lo administra temporalmente
hará que el ciudadano se haga parte de la
democracia, se involucre de forma consciente y
promueva desde esa posición una mayor riqueza en
el análisis y en la corrección de los hechos
que se producen en democracia. Las cosas publicas
son de la gente y cuando se hace una obra la
hacen los ciudadanos pagando sus impuestos y los
que los administran sólo responden a los
mandatos que recibieron de sus votantes y de
aquellos que no lo votaron incluso pero que
pudieron colocar el "qué"
democrático en la agenda de los políticos. Esa
es la democracia que promueve la participación y
enriquece al ciudadano. Lo otro, es apenas
comadrerío estéril que sólo produce
descontento y distancia de los temas
democráticos.
Desprogramar a
quienes hoy administran noticias en varias partes
de nuestra América es una tarea de largo plazo
donde deben intervenir de forma más radical las
escuelas de comunicación en sus programas de
redacción donde se debería insistir en los
hechos por sobre los protagonistas. Estos son
sólo cabeza de una historia cuando ellos por una
acción determinada se convierten en tales pero
en la generalidad de los hechos son estos lo que
determinan el curso del debate en democracia.
Debe ser también el compromiso de las
redacciones donde un énfasis en los hechos
producirá una mayor riqueza participativa de los
ciudadanos con gran beneficio incluso para la
propia prensa. Incluso en el estilo podrían
combinarse ambas cosas como ha sido la historia
de "El País" de Madrid que en los
comienzos de su publicación establecía los
hechos informativos y en recuadro bien apartado
daba una descripción de los protagonistas de la
historia. Fue un proceso gradual pero claramente
didáctico porque permitió separar el "qué"
del "quién".
Tampoco es
recomendable el otro extremo en el que caen
varios medios de prensa de los Estados Unidos
cuando se trata de coberturas en el exterior de
hechos complejos y las historias se reducen a la
conversación que mantuvo el enviado especial con
una persona cuya vida explica todo el "qué"
de la cuestión. Esa tendencia recurrente a la
simplificación es tan gravosa como la reducción
que hacemos en la prensa latinoamericana de los
hechos que discutimos a diario. Puede ser un
elemento graficador pero no pueden reducirse
hechos tan complejos a uno u otro personaje de
ocasión encontrado en el taxi de ida al hotel o
con el conserje a la salida del mismo. Estos
extremos del "quién" le sacan
profundidad al análisis de los hechos y vuelven
el trabajo periodístico notablemente
"light" ante los lectores u oyentes.
No
a una prensa paparazzi
Buscar más
allá de los protagonistas de la historia, darle
contexto a los hechos, buscar entender porque el
mismo es gravitante para el ciudadano e
involucrarlo cifras, hechos y elementos que
demuestren esa importancia son razones
fundamentales para el trabajo de una prensa
responsable que huya de la tentación de entender
los sucesos a través de las personas que
circunstancialmente son sus protagonistas. Esa
prensa paparazzi que sólo toma flashes de
los protagonistas y luego huye del lugar de los
sucesos no le hace mucho favor a la democracia en
el sentido de profundizar la toma de conciencia
de hechos y circunstancias que hicieron que algo
fuera noticia y otra no. Los políticos por este
medio han acaparado el debate democrático
sustituyendo en algunos países a los personajes
de la farándula donde su compartimento
sobreactuado incluso forma parte del marketing al
que les somete la profesión que abrazaron. Pero
en algunas de nuestras democracias esta actitud
ha vuelto más distante y desconfiado al
ciudadano de la política. Ellos ven que eso es
patrimonio de los políticos de los que el
ciudadano por carencia de información o porque
no se resalta su rol como activo partícipe de
los sucesos han dejado que el debate democrático
estuviera hoy monopolizado por el "quién"
al que se le confía la solución de todos los
problemas o se lo entroniza en el cargo con
similares deseos. Esto hace que la democracia de
baja intensidad como la que se vive en buena
parte de nuestra América no gane en protagonismo
ciudadano.
Hay que hacerlo
retomar al votante su rol activo y eso en mucho
pasa por una descripción más amplia de los
sucesos. El debate ciudadano debe establecer la
agenda informativa y no las polémicas de los
políticos que sólo sirven para distraer y
descreer en la democracia.
Por eso
tampoco ninguno hecho publico es siempre debido a
tal o cual personaje sino que el mismo es
subsirviente del hecho publico determinado como
tal por el debate ciudadano. Enriquecer la
democracia y elevarla de intensidad por lo tanto
es una responsabilidad de la prensa en nuestro
continente y para ello debemos de terminar de
sacralizar el "quién" para
profundizar el "qué". Las
historias de los políticos y sus afirmaciones no
deben tener más espacio que aquello que sirva
para entender porque discuten y en que contexto y
si hace falta separarlos en la redacción seria
bueno hacerlo de forma a hacer pedagogía a
través de la prensa de que es aquello que forma
parte de lo curioso o anecdótico y que es la
parte sustancial que interesa a todos y que por
lo tanto hace más activo al ciudadano en
democracia.
Comenzar por
escribir historias donde el "quién"
sea protagonista del "qué" y
en donde podamos sentir que los hechos mandan por
sobre sus ocasionales articuladores es un buen
paso para establecer una agenda democrática más
sólida en el continente. De paso se borrara una
herencia autoritaria que sólo sirve para
simplificar el Estado en unas cuantas personas
que en realidad como mandatarios son los
sirvientes de sus mandantes en este caso el
ciudadano informado. No es una cuestión
solamente de estilo por lo que se puede apreciar
es algo todavía más amplio que de replantearse
y corregirse se verá con el paso del tiempo una
mayor riqueza en el análisis de los hechos, una
ciudadanía más informada y activa y, unos
políticos más conscientes de su rol en la
sociedad.
Enriquecer el
debate de los hechos por sobre los protagonistas
en también despersonalizar el rumbo y el destino
de nuestras democracias y hacerlas participe de
la voluntad de los ciudadanos y de su capacidad
de argumentarla a través de la prensa. Una justa
reivindicación del "qué" es
también como no: una apuesta democrática de los
medios.
*
Benjamín Fernández Bogado es un periodista y abogado paraguayo,
fundador y presidente del "Instituto Prensa
y libertad" de Asunción, organización
dedicada a la reflexión del rol de los medios en
democracia. Actualmente es becario Nieman en la
Universidad de Harvard en Cambridge (USA). Esta
es su primera colaboración para Sala de Prensa.
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