Ética y
sensacionalismo en el periodismo digital
Mauro Cerbino
*
1.
INTRODUCCIÓN
Este
trabajo parte de una pregunta: de qué modo
relacionamos la ética y el sensacionalismo con
el periodismo digital, o por qué estas
problemáticas se plantean cuando reflexionamos
sobre el periodismo digital. Podríamos pensar
que el periodismo digital es, por sus condiciones
particulares, un territorio en disputa entre
potencialidades éticas, como espacio de lo
común, es decir como espacio de escritura de las
"singularidades cualquiera", y el
desarrollo de un sensacionalismo basado en la
tecnofascinación. En esta perspectiva, este
trabajo apunta a discutir las nuevas formas para
una ética del texto, pensada como
despersonalizada y desindividualizada en función
de la constitución compleja de "identidades
anónimas" en la configuración del espacio
virtual. Se intenta pensar el tema de la
responsabilidad en las actuales condiciones de
socialización y quehacer periodístico. Dado que
el espacio virtual se caracteriza por ser el
lugar de la construcción de "lo
común" en el ejercicio y la puesta en
escena de la inteligencia colectiva, el papel del
periodista digital se plantea desde una cierta
contigüidad con el "lector" y ya no en
la separación tradicional. Por otro lado, el
lector se convierte a su vez, no solo en actor de
una interacción permanente, sino en un sujeto
del saber que explora y contribuye a crear los
universos de significación en los que participa.
La responsabilidad del decir periodístico reside
en las huellas de sentido del texto que
interrogan tanto al periodista como al lector. Es
así que los textos periodísticos deben ser
pensados de tal modo que alimenten el deseo de
saber del lector. El no tener conciencia de esa
responsabilidad (que en este sentido es
compartida) significa contribuir a producir un
periodismo y una circulación de textos en el
ciberespacio de tipo sensacionalista, en los que
prima un goce irreflexivo, de fascinación y
vaciamiento de la subjetividad. El
sensacionalismo en la red se configuraría en la
pretensión de que los textos (verbales, sonoros
y visuales) están desprovistos de las huellas de
la mediación cumplida por el periodista, es
decir de que los textos (sobre todo los visuales)
"hablarían por sí solos". De ahí la
necesidad de concebir una información que
sugiera noticias indexadas y referenciadas, capaz
de estimular en el lector la creación de
hipertextos, esto es, un conjunto de estrategias
e itinerarios que permitan la articulación de
las noticias y la información y que viabilicen
el sentido.
2.
DE LA ÉTICA PERSONAL A LA ÉTICA DEL TEXTO
Cuando
decimos "ética y sensacionalismo" no
estamos oponiendo dos términos, no se trata de
una ética entendida como la simple aplicación
de normas y códigos que limitan el
sensacionalismo y lo condenan, sino de una
reflexión sobre la propia práctica
periodística. Esas normas y códigos
responderían a una ética trascendental y a una
deontología profesional: se trataría de una
ética que no establece una relación directa con
la práctica particular del periodista. En
cambio, necesitamos pensar desde el periodista en
lugar de pensar desde un ideal periodístico, desde
el mismo lugar del periodista y no desde un
afuera en base a modelos aplicables. Esto
implicaría el poder hacer un análisis de casos
particulares con la participación directa del
periodista, que no vamos a desarrollar en este
trabajo. Sin embargo, podemos ubicar una serie de
elementos teóricos que permitan desarrollar una
reflexión más compleja sobre las relaciones
entre ética y sensacionalismo en el periodismo
digital y que den lugar al concepto de "
ética periodística".
Si
hacer periodismo es saber comprender distintos
lenguajes y traducirlos en relatos, el periodista
debe asumir que los relatos, los textos que él
produce, representan un material altamente
sensible para el lector. Es decir que los
lectores (de cualquier medio) trabajan los textos
emitidos por el periodista. En el caso del tipo
de comunicación instaurado por la red, que
permite el intercambio de "muchos con
muchos" a diferencia de los modelos
tradicionales de comunicación mediática, se
tiende a estructurar un escenario en el que se
redefinen los limites y el rol de quien produce
las noticias y quien las consume. Así, es
probable que el periodista sea absorbido en la
horizontalidad y fragmentación que caracteriza a
Internet, de tal forma que no sea posible
identificarlo claramente como productor autónomo
de noticias. Si el periodista tradicional tenía
que asumir la influencia de su decir sobre el
lector, el periodista digital tiene que estar
conciente de la afectación que el lector puede
producir en él, volviéndolo lector a su vez y
al mismo tiempo permitiendo que el lector se
transforme en periodista. Este panorama
confirmaría lo que desde hace tiempo es una
convicción aunque no siempre conscientemente
asumida: que es muy difícil decir que hay una
distinción entre comunicación1 e
información2.
La
figura del "lector" adquiere
dimensiones distintas. Se trata de un lector
"generador", posible por un
potenciamiento de condiciones ya existentes en el
periodismo tradicional y en la comunicación en
general, pero que se actualiza de modo especial,
en el territorio por excelencia hipertextual del
Internet. Encontramos en el pensamiento de Roland
Barthes una excelente y temprana definición del
hipertexto, que según él es:
"un texto ideal en el que
las redes son múltiples y juegan entre ellas
sin que ninguna pueda cubrir a las otras;
este texto es una galaxia de significantes,
no una estructura de significados; no tiene
inicio; es reversible; se accede a él desde
múltiples entradas de las cuales ninguna
puede ser decretada con certeza como la
principal; los códigos que moviliza se
perfilan a pérdida de vista, son
indecidibles (...); de este texto
absolutamente plural los sistemas de sentido
pueden sí adueñarse, pero su número no es
nunca cerrado, midiéndose sobre la infinitud
del lenguaje3."
El
hipertexto se articula principalmente a través
de tres mecanismos: la interactividad, la
posibilidad de ir directamente a las fuentes y a
una pluralidad de textos &ndashnoticias-, y
el acceso a archivos o artículos ya publicados.
La interactividad permite no solo poder
participar de la producción noticiosa a través
del envío de e-mails, sino de hacer un recorrido
o una selección noticiosa a partir de
necesidades particulares. Se podría pensar la
información no solamente desde un ámbito
puramente cognitivo, dado a partir de una demanda
del lector por estar informado, sino de desde una
ampliación pragmática del ámbito informativo
en el que el lector demanda un saber-hacer, es
decir el acceso a una práctica, en miras a un
empoderamiento de la información que le permita
tener incidencia en la vida pública. Pensar la
interactividad de este modo significa ubicar las
condiciones para una intercreatividad, es decir,
un crear en común o crear común de la
información-texto. Esto es posible en Internet
por la interacción de muchos con muchos, que
configura lo que podemos llamar con Pierre Lévy
el despliegue de la "inteligencia
colectiva"4, sostenida por esos
"muchos" o "singularidades
cualquiera"5 que devienen
"seres en el lenguaje". Según Pierre
Lévy, la inteligencia colectiva es
"una inteligencia
distribuida por doquier, continuamente
valorizada, coordinada en tiempo real, que
lleva a una movilización efectiva de las
competencias."6
El
territorio de Internet puede significar un
potencial para la expresión de competencias y
subjetividades no inscritas en los modos
tradicionales de la experticia o de la
especialidad; es como el territorio de
"lugares comunes" en los que cada
sujeto esta presente con lo que tiene por decir y
no con lo que debería tener que decir.
El
segundo mecanismo del hipertexto reside en la
posibilidad de acceder directamente a las
fuentes: el cyberlector o el usuario del
ciberespacio puede consultar la misma
documentación primaria e incluso las mismas
notas de agencias de las que se sirve el
periodista. Esto, además de otras
consideraciones, nos lleva a cuestionar o a
plantear un redimensionamiento de la autoridad
del periodista y del aura de la firma. La cadena
que sostiene la credibilidad se ve
desestabilizada:
autor-autoría-autoridad-legitimidadcredibilidad
no funcionan ya como interdependientes ni como
jerarquía. Se abre de pronto la posibilidad de
que la credibilidad se dé sin autoría, ya que
de algún modo las fuentes están abiertas a
todos. El periodista ya no es el único mediador
del acontecer noticioso, sino que cualquier
singular puede cumplir con esa función y
establecer subjetivamente una serie de relaciones
entre noticias. Estas relaciones se producen con
textos-noticias que adquieren un "valor por
sí mismos", es decir que funcionan de modo
independiente a sus marcos referenciales
previamente establecidos, al nombre de la
agencia, del diario, o del noticiero. Esto no
quiere decir que el cyberlector ignore la
tendencia o discurso del diario o sitio
electrónico que consulta, no sería pensable que
se trate de una descontextualización que anula
la posición del medio de comunicación, sino que
se trata de un uso de la noticia que permite una
recontextualización de los discursos y de los
hechos por parte del mismo cyberlector. Esto
implica el desarrollo de destrezas en función de
una ampliación de la credibilidad del texto y no
del autor. Es en este punto que el texto adquiere
una importancia máxima: es aquel en el que va a
residir la credibilidad. Alrededor de él se
articulan creer y saber. El lector desarrolla un
creer en el texto en función de un saber que
también ha tenido que desarrollar. Sus
competencias para creer deben ser comparables a
sus competencias para saber. Saber, significaría
tener la capacidad de haber construido y
recorrido itinerarios de sentido en base a los
contenidos del texto7.
El
tercer mecanismo del hipertexto que es el acceso
directo a archivos y artículos ya publicados,
permite reconstruir el sentido de la noticia de
un modo diacrónico. Esos archivos no
corresponden a una actualidad, y ello significa
poder romper con lo que normalmente viene
asociado al ciberespacio que es la rapidez, el
cortoplacismo o el consumo inmediatista de la
noticia. Esta ya no es solo el relato de un
acontecimiento que tiene valencia exclusivamente
mientras se mantenga la coyuntura. Dado que
Internet viabiliza la digitalización del
conocimiento y la información, el cyberlector
pueda sumergirse en aquellos temas que
almacenados en una memoria digital, le interese
volver a tratar y así poder reconstruir nuevos
caminos del sentido sobre estos mismos temas.
En
este panorama, el planteamiento de la ética
surge desde la pregunta de cómo pensar la
responsabilidad en el periodismo digital. La
ausencia de firma, nombre propio o cualquier
elemento del territorio identitario, que hacen
del periodista una persona
"reconocible", implica pensar una
responsabilidad desde otras complejas
perspectivas en el ámbito de lo virtual cuya
caracterización es la de ser un espacio de
anonimato. Desde el psicoanálisis, podemos
extraer la noción de "ética del bien
decir" que se aplica al trabajo de la
clínica analítica y que tiene que ver
directamente con la responsabilidad del decir
expresado por el sujeto analizante. Es necesario
aclarar que no se trata de decir "el
bien" sino de "decirlo
bien". Esto es, decir bien lo que se quiere
decir que no es otra cosa que asumir la
responsabilidad por las consecuencias producidas
por este decir, que es uno entre
otros posibles. La responsabilidad a la que
hacemos referencia es la que tiene que ver con su
etimología: la responsabilidad como responsum,
respuesta. Hay que poder responder por lo que se
dice en tanto que todo decir acarrea
consecuencias y produce actos. Ese decir es
producido por un singular cualquiera, pero una
vez que se desprende de él, deviene.
Devenir significa que adquiere nuevos sentidos
incesantemente. He aquí la necesidad de una
reflexión ética marcada por la impermanencia
del devenir del texto y en la que el sujeto
podría "no estar" ahí donde el otro
lo reclama o el texto lo reclama. El periodista
asume la responsabilidad del texto no como
persona social y jurídica, sino a través de las
marcas que ubica en él y frente a las cuales
esta llamado a responder aunque estás sean
impermanentes o precisamente por esto mismo. El
periodista es aquel que de manera especial
reflexiona sobre las condiciones de desarrollo
del hipertexto, definiendo las marcas para
estimularlo. Esas marcas se podrían presentar
como formas gramaticales o dispositivos
semióticos que hagan visible un cuestionamiento
por parte del periodista, como interrogaciones,
puntos suspensivos u otras formas en función de
lo que él considere pertinente. Se las podría
pensar también como recursos polifónicos, o de
una pluralidad representacional referida a un
mismo sujeto, o como un sujeto que se multiplica
y propone la desestabilización de la noción de
verdad o de objetividad y fomente la duda. Esas
marcas permiten configurar desde donde habla el
periodista y condicionan a ese como un lugar
susceptible de ser cuestionado, en tanto que las
marcas devienen en herramientas, recursos o
mecanismos que permiten contrastar ese decir
con otros decires.
Esto
significa que lo que acontece se da en el texto y
no por fuera de él, condición que es entendida
y asumida por el periodista. La mediación que
este hace lo ubica en la condición de
constructor o sostenedor de discursos y
representaciones que son asumidas por él a
través de esas marcas que aparecen en el texto y
que abren su sentido. La presencia de marcas
garantiza la apertura de sentido del texto y
apela al devenir, en cambio la ausencia de marcas
apela a una normatividad capaz de hacer
abstracción de los contenidos de ese decir,
impidiendo así el devenir del sentido. En las
marcas reside fundamentalmente la consideración
y el respeto del periodista por el otro, por el
lector, y la dimensión ética se traduce en el
hecho de "tener al otro junto a él".
Esta idea se refuerza si pensamos que el texto es
siempre el espacio de una intersubjetividad en el
que, según Bajtín:
"nuestra voz está hecha
de las voces de los otros, nuestra palabra,
de la palabra de los otros: nosotros
entretejidos con todos, texto entre
textos."8
Ese
"estar juntos" es para el periodista la
condición para poder desarrollar un arte de la
implicación con el lector quien a su vez la
realiza con el periodista. En el ciberespacio
creado por Internet es posible pensar, en formas
nuevas, un sujeto que participa de los otros como
uno entre muchos y en el que se plantea la
noción de una ética de lo común, a
partir de la cual el sujeto encuentra en el otro
su horizonte de incompletud, la imposibilidad de
un "no todo" para él, y la fundamental
garantía para renovar el compromiso con el otro
y para asumir el desafío permanente de un
trabajo común para la "creación
compartida" de textos. En efecto, haber
trasladado la responsabilidad de la persona al
texto significa también que es necesario
plantear la responsabilidad del cyberlector, ya
que como señala Ramonet "los ciudadanos
también tienen su responsabilidad, pues
informarse es una actividad, no una recepción
pasiva."9 Esta es la
responsabilidad compartida, que es posible en el
periodismo digital, en la medida en que el texto
asume aquí una centralidad de algún modo
inédita.
La
reflexión ética que hemos conducido hasta aquí
se vincula directamente con una dimensión
estética entendida como la expresión de un
estilo. El estilo es la puesta en forma y la
creación del "sí mismo" del
periodista a través de la generación de un
texto particular. Es una forma de decir, entre
otras formas, que se hace particular frente a una
normatividad entendida como formato (lo ya
formado o dado) de la racionalidad positivista y
objetivante. La dimensión estética consiste en
la formulación de un lenguaje digital, en el
espacio visual e infográfico de Internet, que el
periodista debe considerar en la negociación del
sentido con el cyberlector. Como ya sabemos, lo
que se genera y circula en Internet no son solo
textos escritos que pueden ser ilustrados por
imágenes, sino que los textos digitales son la
conjunción significativa de escritura verbal,
visual y sonora. El texto digital es de algún
modo un texto sensible, en el que el uso de
recursos verbales, visuales y sonoros debe
justificarse por el sentido del enunciado. El
reconocimiento de un estilo, en un texto
periodístico digital, permite ubicar, desde un
inicio, los indicios de una cierta reflexión -o
su ausencia- sobre el sentido que puede tener ese
texto. Por otra parte, la pretensión de un uso
"inmediatista" y "mecánico"
de las herramientas visuales, en particular de
las imágenes, reduce las posibilidades
reflexivas inscritas en los textos sensibles de
las superficies digitales de Internet, en
pantallas sensacionalistas.
3.
EN TORNO AL SENSACIONALISMO
El
riesgo del sensacionalismo, en el periodismo en
general, se anida en la proliferación de
imágenes puestas en circulación en las que
muchas veces no aparece la mediación del
periodista. Para poder funcionar así, la puesta
en circulación de estas imágenes hace uso de
tres discursos principalmente: el de la
autenticidad, el de la neutralidad y el de la
objetividad. Estos discursos son rezagos del
periodismo tradicional y se asientan en la
creencia de que ciertos dispositivos
tecnológicos, como la cámara fotográfica o de
video, dan pruebas fieles de la realidad
auténtica y objetiva. No se considera que sus
productos son posibles porque estas cámaras son
operadas por periodistas desde un cierto punto de
vista, que debe ser analizado, expuesto y mediado
por el mismo periodista que presenta la imagen.
De allí que siga funcionando el tradicional
"ver para creer" y por extensión
"ver para saber".10
Lo
que se ve en la televisión aparece en muchos
casos como una verdad, aunque esta tenga una
cantidad de versiones como de noticieros que la
presentan, los hechos captados por las cámaras
aparecen como verdaderos. En muchos casos, la
repetición incesante de la misma imagen o
secuencia de imágenes, logra anular la
diversidad de los comentarios que se generan en
torno a ella.
Estas
consideraciones son válidas también para el
periodismo digital, cada vez que no se cuestiona
el modo en que se ha producido una determinada
imagen, ni la manera en que se la muestra y se la
presenta como documento autónomo y
autosostenido. Esta pretensión debe ser
desmontada por un propuesta analítica que afirme
la necesidad de visibilizar las marcas de la
mediación cumplida por el periodista en el
establecimiento de las formas de representación
de las imágenes, de lo contrario se puede abonar
a la ilusión de que estás se constituyen y
desarrollan automáticamente. Utilizar o
aprovecharse de este desencadenamiento
sensacionalista por parte del periodista hace que
éste sostenga su práctica en un goce
inmediatista e irreflexivo, un goce determinado
por la pérdida de interrogación por el sentido
que siempre deviene por una interrogación. El
goce es la permanencia inmóvil en un estado de
cosas, una adhesión a las imágenes, en la que
el sujeto perceptor no logra establecer una
mínima distancia con el objeto tratado y queda
atrapado en él. La no distancia es la
fascinación, la ausencia de condiciones para
entrar a un plano de conciencia. El
sensacionalismo se presta para la fascinación
porque trabaja y se despliega en un plano en el
que no existe una distancia del goce que lo ha
producido.
El
sensacionalismo puede alojarse en un texto fijo,
cuando éste pretende mostrar la totalidad de
algo, como una imagen que se resuelve en sí
misma y que no permite ni la movilidad del sujeto
percipiente, ni un proceso de construcción del
sentido a partir de marcas o índices dejadas por
el periodista. El sensacionalismo es la
repetición, exacerbada e insistente de un texto
con el que se tiende a clausurar el sentido del
tema que se quiere tratar y en el que el texto
mismo queda atrapado y se reproduce en un
circuito cerrado. En otras palabras será
sensacionalista toda noticia, texto o imagen que
no deja espacio a la reflexión, y que más bien,
dada su "crudeza" o insistencia juegue
a neutralizar el deseo de profundización e
inhibe el desarrollo de la duda.
En
todo caso, hay que aclarar, que el problema del
sensacionalismo en el ciberespacio no reside en
la proliferación de imágenes-simulacros, es
decir de imágenes que sin referentes en la
"realidad" los construyan en la
simulación virtual (Baudrillard), sino en la
pérdida de los "momentos mágicos"11
de la apariencia, en el venir menos de la
"eficacia simbólica" como posibilidad
de nombrar o apalabrar las imágenes12.
Finalmente,
para entender el sensacionalismo referido a los
textos periodísticos y distinguirlo de una
producción noticiosa que más que al goce apunte
al deseo de saber tanto del periodista como del
lector, es útil hacer referencia a la
distinción que existe entre pornografía y
erotismo. Si con la pornografía, nos encontramos
ante el intento de "mostrarlo todo"
partiendo de la convicción de una
"autorepresentación" del "sexo
real" al que no hay que agregar o quitar
nada porque todo esta dado, con el erotismo nos
enfrentamos al reto de establecer un libre juego
por constituir las formas de la representación
de la sexualidad, en una dinámica de
intercambios y retiradas, de manifestación y
ocultamiento. Es, en una "dimensión
erótica" o si se quiere de seducción, que
el periodismo en el mundo digital, podrá evitar
el fácil sensacionalismo y contribuir a
alimentar el deseo de saber, como condición
necesaria para la generación y el acceso a una
información significativa y relevante.
4.
BIBLIOGRAFÍA
- Agamben G.,
(2001) La comunitá que viene, Bollati
Boringhieri, Torino, Italia.
- Bajtín M., (1975) Rabelais y la cultura
popular en el renacimiento, Barral,
Barcelona, España.
- Barthes R., (1973) S/Z, Einaudi, Torino,
Italia.
- Greimas A.J., (1985) Del senso 2.
narrativitá, modalitá, passioni, Bompiani,
Milano, Italia.
- Lévy P., (1996), L´intelligenza colletiva,
per un´antropología del cyberspazio,
Feltrinelli, Italia.
- Ramonet I., (2002) La tiranía de la
comunicación, Debate, España.
- Zizek S., (2001) Il godimento come fattore
politico, Raffaello Cortina, Italia.
_____
Notas:
1 Entendida
como proceso intersubjetivo de exploración de
los caminos del sentido.
2 Entendida como proyección hacia el
exterior de una serie de enunciados o mensajes
bien definidos.
3 Barthes R., (1973) S/Z,
Einaudi, Torino, Italia.
4 Lévy P., (1996) L´intelligenza
colletiva, per un´antropología del cyberspazio,
Feltrinelli, Italia.
5 El de "Singularidad
cualquiera" es un concepto desarrollado por
Giorgio Agamben (2001) La comunitá que viene,
Bollati Boringhieri, Italia.
6 Lévy P., op.cit. p.34.
7 Según A. J. Greimas " el creer
y el saber parecen pertenecer a una estructura
elástica que, en el momento de la extrema
tensión, polarizándose, produciría una
oposición categórica, mientras que en cambio
cuando la tensión se relaja, se llegaría hasta
a confundir los dos términos", en Greimas
A.J. (1985) Del senso 2. narrativitá,
modalitá, passioni, Bompiani, Milano. De
acuerdo a esta definición entenderíamos el uso
que hace la televisión de esta oposición
volviéndola una fusión entre creer y saber.
Esta idea la retomaremos en el momento de ubicar
las problemáticas y límites del sensacionalismo
en Internet en relación al sensacionalismo
televisivo.
8 Bajtín M., (1975) Rabelais y la
cultura popular en el renacimiento, Barral,
Barcelona, España.
9 Ramonet I., (2002) La tiranía de
la comunicación, Debate, España, p.68.
10 Con respecto a este punto Ignacio
Ramonet dice: "poniéndose a la cabeza en la
jerarquía de los media, la televisión impone a
los otros medios de información sus propias
perversiones. En primer lugar, su fascinación
por la imagen. Y esta idea fundadora: solo lo
visible merece información. Lo que no es visible
y no tiene imagen no es televisable, por tanto,
no existe.", op.cit., p 193. Cabe señalar
aquí, que también el Internet podría ser
víctima del fenómeno de televisación que
han padecido los otros medios. Si esto sucede,
habría un dominio de las imágenes sobre el
texto escrito, lo que tendría unas consecuencias
nefastas si pensamos en el Internet como un
espacio en el que la participación es posible
para un sujeto que escribe y su escritura se
conecta con lo visual y lo sonoro estableciendo
una sintaxis y una retórica nuevas.
11 Zizek S., (2001) Il godimento
come fattore politico, Raffaello Cortina,
Italia, p.151. 12Zizek S. lo plantea
así : "en el problema del ciberespacio o de
la realidad virtual, lo que es amenazado por la
realidad virtual no es la "realidad",
que se disuelve en una multiplicidad de
simulacros, sino al contrario, la apariencia
misma. Para decirla con las palabras de Lacan: el
simulacro es imaginario (ilusión), mientras que
la apariencia es simbólica (ficción).",
op.cit. p.151.
* Mauro
Cerbino es profesor investigador y coordinador
del Programa de Comunicación de la Facultad Latinoamericana
de Ciencias Sociales (FLACSO), sede Ecuador; ha colaborado a
la redacción de la ponencia Ana Rodríguez,
profesora investigadora de la Pontificia
Universidad Católica del Ecuador PUCE.
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