A 30 años de "Un solo
mundo, voces múltiples"
Entre
la exaltación y la inquietud
Sean
MacBride *
En
junio de 1977 pasaba unos días de vacaciones en
las Landas (...). Tenía que pronunciar un
discurso importante unos días después, en el
que quería abordar el papel y la importancia de
la prensa. Durante las discusiones Eric Laurent
sugirió que debería remarcar especialmente su
fragilidad y vulnerabilidad, y señaló las
extraordinarias presiones económicas,
financieras y políticas a las que estaban
sometidos los medios de comunicación: dominados
por los intereses de las multinacionales de
importantes órganos de prensa, fruto del
reagrupamiento y de la concentración.
En
Gran Bretaña, el gran rotativo The Observer,
creado tras la Revolución Francesa, ha estado
bajo control de una sociedad petrolera
estadunidense, igual que The Times. Una
sociedad multinacional inglesa, Lonhro, descrita
por el Primer Ministro británico como la
"cara inaceptable del capitalismo",
está a punto de adquirir otros órganos
importantes de la prensa británica, como ya
había hecho en África. En Alemania el monopolio
de Springer controlaba el 30% de la prensa,
mientras que en Italia el importante diario La
Stampa es propiedad de la Fiat. Finalmente,
en Francia hay actividades dirigidas al control
de numerosos rotativos de la prensa francesa.
Mi
intervención se centró en este tema, y sugerí
que quizá había llegado el momento de que una
organización como la UNESCO estudiara el
problema y propusiera un objeto de declaración o
incluso de convención para salvaguardar el
derecho a la libertad de información. "Es
importante, añadí, que no seamos manipulados
por los gobiernos ni por la conjura de intereses
económicos".
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el libro Un solo mundo,
voces múltiples. Comunicación e información en
nuestro tiempo
Algunos
meses más tarde, el director general de la
UNESCO, M.M'Bow, me propuso la presidencia de una
comisión internacional de estudio de los
problemas de la comunicación que agrupaba a
dieciséis personalidades de primer orden como el
fundador de Le Monde, Hubert Beuce-Mery,
el escritor colombiano Grabiel García Márquez,
el portavoz del gobierno soviético Leònidas
Zamiatine y el sociólogo canadiense Marshall
MacLuhan.
Los
trabajos comenzaron en diciembre de 1977 y
duraron tres años. Experimenté, en el inicio de
nuestro periplo por el mundo de la comunicación,
un sentimiento de exaltación y también algunas
inquietudes. Exaltación ante la oportunidad que
se me brindaba de estudiar un sujeto tan
importante para la paz y la expansión del
hombre, e inquietud ante la amplitud del sujeto y
del carácter crucial de los problemas.
Las
circunstancias que rodeaban la creación de esta
comisión no me inspiraban el más mínimo
optimismo. En los años 70 las discusiones
internacionales sobre el problema de la
comunicación habían llegado, en numerosos
puntos, y después de muchos esfuerzos, al
estadio del enfrentamiento directo. Las protestas
que levantaba el tercer mundo contra el flujo
invasor de las informaciones procedentes de los
países industrializados eran a menudo
interpretadas como atentados a la libre
circulación de la información. Aquellos que
defendían la libertad de prensa eran acusados de
atentar contra la soberanía nacional.
La
discordia que reinaba en el inicio de nuestros
trabajos era tal que quise que llegásemos
urgentemente a un análisis equilibrado, no
partidista. Publicando nuestro informe no
pretendíamos poner punto final a una cuestión
tan gigantesca como la comunicación. Queríamos
únicamente que nuestro trabajo no se quedara en
la búsqueda y en la difusión de la
información, sino que se situara en una
perspectiva más amplia, histórica, política y
sociológica.
Dado
que, por otro lado, la comunicación está en el
centro de todas las actividades humanas, diría
parafraseando a H.G. Wells que la historia de la
humanidad es cada vez más una carrera de
velocidad entre la comunicación y la
catástrofe. La utilización completa de la
comunicación, en toda su diversidad, es vital si
queremos que la humanidad sea algo más que una
historia... En otras palabras, si queremos
asegurar un porvenir a la infancia.
Algunos
hechos me tenían particularmente preocupado. En
mi opinión, era imposible seguir confrontándose
en un mundo en el que el 6% de la población
consume el 60% de los productos básicos, y donde
la desviación entre los países situados en los
dos extremos de la escala de desarrollo es de 1 a
100.
Los mass
media internacionales describen con
frecuencia, de manera contundente, las miserias,
las inundaciones, las epidemias y otros desastres
de los cuales son víctimas los países en
desarrollo. Ayudan a desencadenar la asistencia y
la intervención de los gobiernos y de las
organizaciones privadas. Pero sería necesario
que los mass media superasen el estadio de
los primeros auxilios y de la reconstrucción
para contribuir al desarrollo y al cambio, y para
adentrarse en el análisis de las causas.
En
ese momento me acordé de una teoría
periodística, expresada por el magnate de la
prensa americana W. Randolph Hearst, que me
asusta: "Las noticias son aquello que es
interesante, no necesariamente aquello que es
importante". De la misma manera, en el curso
de nuestras encuestas, hemos tenido que acoger la
constatación siguiente: "Desde el momento
en que las noticias no se ocupan más que de
aquello que es extraordinario, aquello que es
ordinario se hace invisible a los mass media
y a su público. Desgraciadamente, estamos
habituados culturalmente a las noticias
espectaculares, y encontramos molestas las
noticias que no lo son".
Asimismo,
defendí hasta el final la "necesidad de una
protección a los periodistas", que a menudo
son testimonios molestos y constituyen por esta
razón un blanco privilegiado. Están expuestos a
daños físicos en períodos de conflicto o de
guerra, igual que cuando trabajan en un reportaje
sobre reuniones o manifestaciones reprimidas por
las fuerzas del orden. Esta profesión tiene
buenas razones para recordar los 28 periodistas
que han desaparecido en Camboya sin dejar rastro,
o el reportero de televisión abatido a sangre
fría por un oficial de la llamada guardia
nacional de Nicaragua. En 1977 Amnesty contó 104
corresponsales de prensa desaparecidos o
encarcelados en 25 países. Las informaciones
recogidas por el Instituto Internacional de la
Prensa sobre un período de veinticinco meses,
entre 1977 y 1978, señalaban las cifras
siguientes: 24 periodistas muertos; 57 heridos,
torturados o secuestrados; y 13 diarios víctimas
de atentados.
Finalmente
recomendé el desarrollo del "investigate
reporting" (periodismo de
investigación) al estilo anglosajón. Su
importancia había surgido durante y después de
la guerra del Vietnam, y había llegado al punto
álgido con la revolución de la administración
Nixon. El periodismo de investigación había
jugado también un papel importante en la
denuncia de la tortura y de los maltratos.
Igualmente había descubierto numerosos casos de
corrupción y de operaciones financieras
deshonestas. En conclusión, revestía una gran
importancia para la protección del público
contra la explotación comercial sin escrúpulos.
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voces múltiples. Comunicación e información en
nuestro tiempo
* Sean
MacBride,
presidente de la Comisión Internacional para el
Estudio de los Problemas de la Comunicación.
Este texto se publicó originalmente en MACBRIDE,
S. Lexigència de la llibertat.
Barcelona: Editorial Claret,1981.206 p.
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