El
periodismo participado en el paradigma de la
transición
Roberto
Igarza *
¿Qué
análisis puede realizar sobre la historia del
periodismo digital? ¿Cuáles fueron los
principales cambios que se produjeron dentro de
la profesión?
Partamos del
periodismo de prensa gráfica. El periódico ha
sido el emblema de una sociedad que hace más de
un siglo asume que la divulgación del
conocimiento es el principal factor de cohesión
social, que la información es vital para la toma
de decisiones de todo ciudadano y que la calidad
de las instituciones de gobierno está
recíprocamente determinada por la calidad de los
medios de información a los que accede la
mayoría de la sociedad. El diario es el único
texto al que la amplia mayoría de las personas
en los países latinoamericanos podía acceder
todos los días. No es necesario argumentar a
favor del efecto democratizador de esta lectura.
Personas que jamás han leído libros fuera de la
escuela, pueden acceder a los textos de los
diarios cotidianamente. Aunque el fenómeno de
los diarios gratuitos todavía no se ha
desarrollado en nuestros países, cumple un rol
central en la dinámica del sistema de la prensa
gráfica en la actualidad a nivel global. La
prensa a nivel mundial sería ampliamente
deficitaria sin los periódicos gratuitos, sobre
todo de Europa, y sin las nuevas audiencias de
los países emergentes de gran potencial
sociodemográfico, como India y China, pero sobre
todo India dado que es la mayor
democracia del mundo, dónde la clase
media ve en la lectura del periódico impreso un
emblema de su nuevo status social. Tanto la
prensa gratuita como la llegada de nuevos
territorios son desafíos y oportunidades para el
desarrollo de la profesión.
El siglo que
instaló la democracia como la forma de
convivencia pacífica de mayor cohesión social
fue el siglo de las mayores atrocidades cometidas
por el Hombre en la Historia de la Humanidad, y
también el siglo que nos dejó la lectura del
periódico como una práctica social relevante,
como la forma más difundida de compartir
información. Qué paradoja, ¿verdad? En la
actualidad, una pregunta que deberíamos hacernos
es ¿estamos viviendo la última fase de
desarrollo de la ilusión democratizadora del
siglo XX?
Adentrados en el
nuevo siglo, decididos a integrarnos
críticamente en la era digital, lo que menos
debe importarnos es el soporte. Insisto siempre
en que, en lugar de preguntarnos si tiene futuro
el periódico, deberíamos preguntarnos qué
periódico tiene futuro. Entre las Industrias de
Contenidos, categoría que los medios
tradicionales evitan, el complejo
industrial-periodístico ha sido lento para
reconocer el impacto de las nuevas formas de
consumo cultural y de los cambios ambientales en
la concepción misma de lo que significa leer. El
complejo editorial, en su conjunto, libros,
revistas y periódicos, se aferró al soporte
papel en lugar de activar sus saberes para
actualizar los modos de producir nuevo
conocimiento y de distribuir sus contenidos.
Sabemos que los prejuicios le han costado caro.
Prejuicios hacia lo digital, hacia los nuevos
lenguajes, los nuevos soportes, los nuevos
usuarios. Si el cambio no se produce
rápidamente, el crecimiento de la publicidad y
el factor de influencia social (construcción de
agenda pública, desarrollo de estrategias de lobbying
mediatizado) no van a poder compensar los
efectos devastadores de los agentes globales como
Google, ni la avasalladora tendencia a la lectura
promiscua.
El diario
impreso, tal vez más que los otros medios de
comunicación tradicionales, pero menos que las
revistas, responderá cada vez más a otros
criterios de uso. Tal vez, incluso, se
transformará en un bien meritorio, un producto
de prestigio social, que es bueno tener, regalar
y recibir, al igual que un libro. Imaginemos
algunos pocos lectores pertenecientes a un
segmento socioeconómico y de consumo cultural
elevado leyendo el periódico impreso en
confortables sillones como antes leían libros.
Es probable o, al menos posible, que el
periódico impreso de los sábados y domingos que
puede pesar más de un kilogramo, termine
teniendo un precio prohibitivo o inhibitorio para
la amplia mayoría de la población. ¿La
unidad-producto actual puede mantenerse en el
tiempo? Para responder, aun con la prudencia que
requiere comparar lo incomparable, sería de
interés leer con detenimiento la experiencia de
la industria discográfica. Sabemos que las
unidades-producto tal cual las hemos conocido
hasta ahora, se modifican en el pasaje al on
line. Se compra un periódico entero porque
el quiosquero no vende unidades menores a la
unidad-periódico. Lo mismo sucede con las
revistas y los libros. La distribución minorista
se limita en este caso a intermediar por la
localización, la proximidad a los usuarios.
Ningún eslabón de la cadena de distribución
off line se encarga de desagregar lo que en la
red se distribuye, sin cuestionamientos, en
unidades-producto más pequeñas. Se consumen
títulos (GoogleNews), páginas de Último
momento y artículos sueltos a la unidad.
Para casi todos
los usos cotidianos, la forma de distribuir los
contenidos es obsoleta. El sistema mediático en
general se ha vuelto poco práctico frente a la
movilidad de los usuarios, los ritmos de las
actividades comunes y las expectativas de
creatividad. Ya nada sorprende a los lectores.
Las notas periodísticas han dejado de ser
historias atractivas, historias que logran
involucrar al lector emocionalmente.
Por otra parte,
se están produciendo constantemente nuevas
tensiones entre la producción por soporte y la
capacidad de difusión y recepción ubicua. La
información tiende a estar disponible para todos
los soportes, inmediata y simultáneamente, lo
que impone la introducción de saberes y
tecnologías que permitan hacerlo lo más
automáticamente posible para ajustar los costos
a los precios que el usuario está dispuesto a
soportar. Esto concierne tanto el terreno de la
producción como de la distribución de
contenidos. Al mismo tiempo, impulsa una
revisión en profundidad del marco normativo.
Pero la ubicuidad es el único foco de tensión.
Entre la autoría centralizada y, lo que
denomino, autoría participada, se exacerba
debido a la incorporación creciente de
contenidos producidos por los propios usuarios
del sistema.
Si nos detenemos
sobre las etapas mas recientes, podríamos
distinguir grosso modo dos períodos. El primero,
que en gran medida acompañó la web 1.0, en el
que los medios digitalizaron parte de su
producción y de su distribución, evitando
sacrificar audiencias y replicar contenidos.
Prejuiciosamente, se mantuvieron distantes de
todo aquello que la Convergencia proponía. Tan
distantes como estuvieron distantes cultural e
incluso físicamente las dos redacciones. La
segunda, más reciente, en la que la relación
entre las dos culturas se encaminó al diálogo
en el que estamos actualmente,
multimediatización, polivalencia y flexibilidad
mediante. Sumidos en la perplejidad de una
Convergencia que no los esperó, los medios se
suman de a pie a un tren en movimiento. Sin duda,
el problema es cultural y no tecnológico.
Tal vez lo más
importante sea las carencias para entender el
contexto cambiante en el que nos movemos. La
década que está por terminar, se ha
caracterizado por la aparición de una economía
de grupos, emergente de lo que es una verdadera
reorganización de la sociabilidad, por el
alivianamiento de las infraestructuras que ha
llevado a repensar los flujos de intercambio
físico y simbólico, por una creciente carencia
de significatividad en la comunicación y, como
consecuencia de ello, una resignificación de los
medios, por una desterritorialización virtual
creciente como una de las múltiples
transformaciones que produce la globalización, y
por una brecha alarmante en la forma de
informarse y de apropiarse de los medios de
comunicación entre, por un lado, las nuevas
generaciones, la generación del pulgar, del undo,
los nativos digitales, y por otro, las
generaciones X y los babyboomers. Todo
esto vulnera los principios sobre los cuales se
fundó el desarrollo y crecimiento de los grandes
medios del siglo XX.
¿Qué
características emitiría en una descripción de
la actualidad del periodismo digital y sobre su
futuro?
Como dice
William Mitchell, las prácticas creativas de la
era digital se enfrentan a las instituciones de
la época industrial por las diferencias
principales en la naturaleza del producto
creativo. La desmaterialización propia de la
cultura digital hace que los productos de la
creatividad interactúen de manera diferente con
el contexto social (cultura, valores y
creencias), con el contexto material (formas
materiales espacio-temporales y medioambientales)
y el contexto institucional (instituciones
políticas, marco normativo).
Los productos de
la cultura industrial se caracterizan por ser
inanimados, lineales, bidimensionales, anclados
territorial y cronológicamente, por provenir de
fuentes autorizadas, legitimadas
socialmente. En la era industrial los productos
eran finitos, acabados. En la era de la
desmaterialización, los productos son, ex
profeso, inacabados, abiertos, comentados,
remixados, son no lineales, hipervinculados, de
acceso inmediato, antecronológicos, mestizos. En
la era de la desmaterialización, los productos
son votados y ordenados por los usuarios. Los
blogs, los wikis y los RSS son propios de la
nueva era.
Si las
redacciones se fusionan no es porque el tiempo de
la reflexión se terminó, concluyó, hubo
definiciones claras de hacia dónde ir. Es sólo
porque estamos frente a la situación límite de
la que ninguna industria que gestione creatividad
está exenta. Es indispensable pasar a la acción
con un plan, lo que llamo, el paradigma de
transición, que a diferencia de otros
paradigmas no es socialmente reconocido, probado,
instalado, conclusivo. Es solo eso, un paradigma
de transición. Se trata de integrarse
decididamente a la era de la desmaterialización
teniendo en cuenta la mejora (capacidad,
polivalencia, ergonomía) de las tecnologías y
las nuevas competencias profesionales de quienes
pueden no ser centrales, pero son indispensables:
los periodistas.
Para que esta
integración crítica se produzca
satisfactoriamente, falta resolver muchos
aspectos estructurales y culturales. Aun falta,
por ejemplo, aceptar que el producto
no es lo que resulta (texto) del trabajo
periodístico. El texto que producen está lejos
de ser el producto que consume la audiencia. Los
públicos consumen una imagen de marca, una
línea editorial, un envase con un formato
exterior e interior, un contenido que es el
resultado del ensamble equilibrado o, al menos,
se supone apropiado para sus públicos, de un
conjunto de textos de origen periodístico con
información explícitamente publicitaria, más
un conjunto de servicios, a un precio
determinado. Y que todo eso, además, está
cambiando porque el paradigma de acceso al
contenido (contenido para todos por igual,
empaquetado en unidades grandes y fijas, precio
fijo, soporte único) y de lectura (contexto
dado, horario predominante de lectura,
dedicación suficiente para el consumo), están
siendo reemplazados por nuevos paradigmas.
El rendimiento
del medio no se relaciona del mismo modo con el
trabajo periodístico como lo hacía hace veinte
años. Tampoco la relación del periodista con el
medio es de la misma naturaleza, mientras que la
lógica empresarial que anima al medio ha
derivado hacia una posición difícil de entender
desde la perspectiva de los lectores
tradicionales que lo adoptan como el medio para
informarse. En ese contexto, es muy difícil hoy
realizar la práctica periodística sin que ésta
se funde en el consumo y la integración de
tecnologías digitales y contenidos distribuidos,
almacenados e integrados digitalmente. Desde ese
punto de vista, solo podemos hablar de un
periodismo.
¿Cuáles
son las competencias que tendría que tener un
periodista digital?
Ya es una
realidad aceptada por la amplia mayoría que los
periodistas deben expandir las capacidades
tradicionales hacia nuevos dominios.
Polivalencia, flexibilidad, transmediatización
(capacidad para desplazarse multisectorialmente,
es decir, con comodidad de un medio impreso a un
medio audiovisual y viceversa),
innovación-creatividad, emprendedorismo
(capacidad para desarrollarse de manera
independiente y de gestionar una factoría de
contenidos).
Son escasas las
certezas respecto de cómo la profesión
saldrá del proceso de Convergencia de
Medios. De lo que podemos estar seguros es que la
profesión debe ajustarse a los parámetros
fijados por un nuevo concepto-producto de Medio
de Comunicación: un espacio de encuentro de
audiencias, una plataforma de intercambio de
saberes y bienes simbólicos, extensivos y
compartidos (sinergias, alianzas) servicios de
valor agregado y mucho marketing. No todos los
lectores serán usuarios del nuevo sistema y
seguirán consumiendo el producto como lo hacían
antes en un nuevo soporte, si se ven obligados a
hacerlo por cuestiones de costos o
disponibilidad. No todos los lectores se
convertirán en usuarios del nuevo ecosistema ni
querrán consumir ese tipo de medios de
comunicación que acabo de definir, pero es
probable que pronto sean la mayoría.
En ese contexto,
si debe destacarse una competencia profesional
entre todas las necesarias, esta es la capacidad
de gestionar contenidos. Entender la gestión en
todas sus dimensiones: organizacional, cultural,
tecnológica, normativa (derechos), financiera.
Entender cómo gestionar el talento colectivo.
Entender el modelo del negocio en el que se
mueve. Entender los Medios de Comunicación como
una metared de ciclo combinado (periodistas
profesionales más periodismo-ciudadano) que
pertenece al universo de las Industrias de
Contenidos y que se desarrolla en un mercado
hipercompetitivo donde todos los medios,
independientemente de su naturaleza de origen,
ofrecen información y entretenimiento.
¿Qué
impacto produjeron los nuevos medios en las
formas y en los lenguajes de producción de la
información?
Los nuevos
medios implican cambios en muchos paradigmas en
los que la profesión se reconfortaba. El primero
de ellos, tal vez el más importante y que
debería desvelarnos cada noche, es la
traslación de un modelo autoritativo de
distribución del conocimiento a un modelo
social. De un modelo vertical y asimétrico,
dónde pocas personas sabían mucho a un modelo
que reconoce que la suma de lo poco que saben
muchas personas, saberes que muchas personas
están dispuestas a compartir, representa en su
conjunto un saber mucho más extenso y profundo
que el conocimiento que posee el que más conoce.
Lo más importante es que con los nuevos medios,
ese saber distribuido, inteligencia de
muchedumbre, conforma una metared de conocimiento
que se derrama con facilidad en Internet. Una
metared que no posee centro, aunque en ciertas
actividades algunos nodos sean más determinantes
que otros.
Hasta poco
tiempo atrás, los profesionales y los medios
tradicionales estaban legitimados socialmente
para ejercer, de manera no exclusiva pero
predominantemente, como críticos y prescriptores
simultáneamente. En un mercado de la
información tan competitivo y globalizado,
sujeto a una crisis de credibidilidad de la que
el aumento exponencial de la publicidad below-the-line
no es ajena, el valor legitimado, la imagen
de marca-editorial, la reputación por la calidad
de sus contenidos, así como la marca-autor de
algunos periodistas notables, no alcanza como
puente para llevar al usuario de la nota papel a
la versión online. En la traslación, se pierden
muchos lectores. Habrá que ver cuántos usuarios
encontramos en la otra orilla. Es probable que
haya un puñado de usuarios por cada
contenido-servicio. En la travesía, la audiencia
masiva se fragmenta en n porciones. Sin
dejar de ser populares, los medios dejan de ser
masivos. Popular y masivo son categorías que
deben revisadas a la luz de los nuevos
paradigmas. Habrá que ver entonces si el número
de los usuarios que provienen de otros
territorios (nuevos usuarios), más los servicios
de valor agregado para cada microsegmento,
alcanzan a cubrir los costos del nuevo sistema
mediático.
Cómo
será el ecosistema mediático-cultural al
que nos dirigimos, no lo sabemos. Pero sí
sabemos que nos trasladamos hacia un espacio
mucho menos autoritativo. Un modelo
que combina la difusión vertical y la
comunicación horizontal. Un modelo que, al menos
en la transición, podríamos llamar modelo
social, construido con una mayor influencia de
los más jóvenes. Un modelo sustentado en los
contenidos compartidos cuyo valor es
personalizado y dónde la lectura se realiza en
comunidades. En él, el periodista tiende a
funcionar como un curador, dispone de los
componentes de la muestra de forma inteligente,
sensible, apropiada para que el público entienda
mejor el conjunto de la obra. La completa con
explicaciones, fija el rumbo de la navegación.
Por ejemplo, The Guardian, sustenta su
estrategia de reputación en la web ejerciendo el
rol de curador. Promueve la ampliación de la
lectura hacia dónde existe contenido de calidad,
no importándole si éste se encuentra más allá
de sus fronteras virtuales. Lo importante es que
se posiciona como el curador de la red para sus
usuarios que reconocen la calidad de su trabajo
en la selección, en la manera de organizar y
presentar las posibilidades de ampliación y
contraste. Las formas de fidelizar el consumidor
y construir reputación en la red son de otra
naturaleza. Las maneras de hacerse notable son
muy diferentes. El modelo social es mucho más
adolescente, en todos los sentidos
del término. Es transicional, difícil de fijar,
muy orientado a los pares. De ahí que las
herramientas con las que se construyen las
estrategias participativas faciliten la
comunicación interpersonal, procuren el
compromiso del lector, hagan de la transparencia
el valor principal de su política de securitización
(trust). Herramientas que vienen a
complementar las actividades tradicionales de
comunicación periodística. Géneros, formatos y
lenguajes que reconocen las características
sociales de una efectiva comunicación. El nuevo
ecosistema mediático-cultural se basa en el
compromiso y la participación, que lo distancian
del modelo anterior manifiestamente orientado a
transmitir y recepcionar.
Se pierde la noción de centro, de control o
gobierno en el intercambio comunicativo. La
autoridad ya no se funda en un mandato social
histórico que legitima la tarea del crítico
profesional. Ahora, se gana con argumentación,
influencia y persuasión, en conversaciones
múltiples y simultáneas, dónde el saber se
comparte más informalmente que
institucionalmente. La capacidad de la red para
convertir anónimos en estrellas en un lapso de
tiempo tan breve demuestra su impacto social, al
menos, en algunos segmentos etáreos. Lo formal,
instructivo y asimétrico empieza a ceder a favor
de la construcción de comunidades, redes de
relaciones y conocimiento compartido.
Seguirá siendo
muy importante el conocimiento tal cual lo hemos
entendido y transmitido durante siglos. Pero el
conectivismo (Siemens, 2004), como práctica
psicosocial, aumenta su influencia. Siempre ha
sido importante la capacidad de la persona para
ampliar sus conocimientos. Si eso es ahora
relevante se debe a que las herramientas
disponibles facilitan la posibilidad de
establecer relaciones, analogías, intercambios y
construir nuevo y mayor conocimiento de forma
casi exponencial, en un lapso de tiempo muy
breve. Del conexionismo de Fodor y Pylyshyn
(1988), Churchland y Sejnowsky (1990), Rumelhart
(1992) y de los estudios de Francisco Varela,
próximo a Humberto Maturana, podemos extraer que
es necesario nutrir y mantener las conexiones
para facilitar el aprendizaje continuo. Es
imposible hoy ser conclusivo respecto de la
eficacia del aprendizaje de nuevo conocimiento
mediante las estrategias cognoscitivas de las
nuevas generaciones. Por el momento constatamos
que las formas de conocer difieren como nunca
antes entre las generaciones recientes y la
generación X y más aun respecto de los babyboomers.
Lo más
relevante hoy es la habilidad para ver y hacer
conexiones pertinentes y contextualizadas entre
las ideas y conceptos. Lo que el usuario busca es
información actualizada, pertinente y precisa.
El problema es que necesita colaboración en el
proceso de toma de decisiones que, más que
antes, requiere capacidades para saber elegir
qué leer, en qué participar, con quienes
relacionarse. Allí, la función
curaduría es significativa. Aun
cuando la web se transforme y se semantice,
apropiarse dinámicamente (significado apropiado
y contextualizado) de la información entrante de
una realidad cambiante exige capacidades que el
usuario solo no puede realizar. En una Sociedad
Red, donde el conectivismo se ha vuelto una
práctica social tan difundida, continuamente los
nodos se revalorizan como resultados de las
operaciones en las que participan. Para una
situación problemática nueva, el valor de los
nodos de la red se modifica. Esto se debe a que,
en un entorno cambiante, la respuesta actual a un
problema actual puede estar errada mañana a la
luz de nueva información o estímulo. De ahí la
significancia actual del axioma planteado por
Stephenson (1998) Yo almaceno mi
conocimiento en mis amigos, aunque debería
decirse en mis amistades, entendiendo
amistad como el conjunto de amigo
más las relaciones dinámicas que tengo
con el amigo.
En este
contexto, los ciudadanos tienden a seguir con
más facilidad la opinión de los pares que la
opinión de los antiguos hacedores de
opinión pública. Los comentarios de
lectores-usuarios a las notas periodísticas
pueden, incluso, ser más saborosas que las notas
mismas. Otras (muchas) veces carecen de
originalidad, son superficiales, desestructuradas
al máximo, inoportunas, inconsistentes. Algunas
veces, el lector puede entretenerse leyéndola,
pero no informarse o enriquecer el parecer del
periodista. En otras, lo que realmente es
novedoso reside en los comentarios. A la hora de
escoger entre los miles de libros nuevos que se
publican por año, las recomendaciones de los
usuarios resultan más prácticas, aunque no
siempre creíbles. La tendencia es que el crossing
up del marketing cultural actual se funda
más en el click-through, las
estadísticas de compras y las recomendaciones de
usuario-a-usuario que en lo que dictamina el
especialista o crítico.
En
el contexto actual, ¿cuál en su análisis sobre
la convergencia de medios?
La Convergencia
de Medios ha tenido un impacto diferente hasta el
momento para cada complejo industrial. Los medios
de comunicación tienen mucho que aprender de los
cambios de comportamiento de los usuarios y de
las transformaciones en profundidad que se han
producido en otros complejos industriales. Por
ejemplo, debemos aprender las lecciones y
antilecciones que deja la (pésima)experiencia de
las discográficas, la industria creativa más
adelantada en el proceso de cambio. Debemos
aprender que respecto del contenido, la cadena de
valor debe digitalizarse totalmente, que debe
estar fragmentado en unidades-productos más
pequeños que guarden sentido y sean
significativos para el usuario. Debemos aun
asimilar que la audiovisualización es un hecho y
que la era presenta rasgos de una videomanía
colectiva. Nunca en la historia de la Humanidad
se ha registrado tanto la vida en sociedad como
ahora. En la amplia mayoría de los casos, este
registro es audiovisual. Todo lo que pueda ser
audiovisual lo será. Todo registro de la vida
social que pueda estar en una plataforma de videosharing
(YouTube u otra), lo estará. Ese fenómeno que
la industria discográfica debió haber entendido
mejor y antes que cualquier otra y que comenzó
con la multiplicación de los canales de cable de
videoclips musicales, se profundizará. La
experiencia de las discográficas nos muestra que
todo contenido puede ser más multisoporte de lo
que pensamos hoy. Aunque para el caso de la
música podría haber sido más fácil de
entender que para los medios de comunicación
masiva, no fue así. En la era de la ubicuidad,
el multisoporte y los derivados son factores
claves en cualquier estrategia de difusión. La
experiencia de la Industria de la Música
también nos puede ayudar a entender el producto
de nuestro trabajo en su pluralidad contextual.
El consumo de contenidos nunca fue tan
dependiente del contexto de uso como ahora, y de
él depende, entre otros, el dispositivo que el
usuario elegirá para acceder al contenido. Los
nuevos soportes en los que están disponibles los
contenidos musicales son reproductores
polivalentes, móviles y en línea. Se usan para
audio y video, para registrar la voz y escuchar
radio. Del viejo sistema de reproducción
(¿quien se recuerda ahora del
tocadiscos?), no ha quedado nada.
Mientras tanto, otros sistemas de recepción, el
soporte papel para el diario es uno entre muchos,
no ha cambiado nada, salvo en el formato y
diseño exterior, en algunos casos. Con la
versión 2.0 de los periódicos, la situación
empieza a cambiar. Además, debemos ser capaces
de imaginarnos con más facilidad el universo
periodístico compartiendo el espacio con los
contenidos de entretenimiento. Los telenoticieros
tienen cierto expertise. Desde hace años
que se incluyeron las noticias
ficcionadas en la TV y los
periodistas de espectáculos sobreabundan (habrá
que seguir con atención a donde llevan la
profesión). Les precede y son seguidos de
ficción en la grilla de programación. Compiten
en horario con una
espectacularización creciente de la
pantalla. Lo que verdaderamente cambia es que las
versiones on line de los medios
tradicionales ofrecen sus contenidos en una red
multitudinaria, en la que los nodos mantienen
relaciones dinámicas sin muchas lealtades y los
cruces de géneros y formatos son disruptivos,
histriónicos y disparatados.
Ganarán
aquellos que anticipen (detección temprana) los
efectos de las crisis sucesivas, crisis que
continuarán mientras dure el cruce de un lado a
otro del turbulento río de la Convergencia. Es
más probable que la corriente impulse el navío
hacia un desembarco en tierras desconocidas, aun
para aquellos que hayan hecho un uso intensivo
del catalejo y de la prospectiva, que a una
tierra en la que podamos hacer pie con confianza
y concluir que se trata del paradigma de destino.
Adoptar un paradigma de transición
en la Convergencia es algo que compete a todos y
cada uno, en todos los niveles. Cada
organización deberá plantear su paradigma,
analizar cómo hacer evolucionar la relación del
negocio-producto-servicio con cada uno de los
principales actores del sistema, comenzando por
la relación clave producto-prospecto-lector y
siguiendo por la relación servicio-usuario, 24
horas, 7 días a la semana, 365 días al año.
Las preguntas
que subsisten son más profundas que las
respuestas que podemos ofrecer. ¿Es factible
obtener un rendimiento económico positivo
mientras aplicamos y nos movemos bajo el
paradigma de transición? La crisis mundial ¿es
una oportunidad? ¿Cuánto acelerará la crisis
la traslación del off al on line? En otra
dirección, ¿qué sucederá con el consumo
cultural de la Generación Y y Z? Ante tantas
preguntas, todas las respuestas son parciales y
provisionales. En todos los casos, no existe un
único paradigma de transición. Las formas que
adopta una organización deben ser acordes con
sus posibilidades, su punto de partida, sus
fuentes de financiamiento. Es difícil aceptar
que al trasladarse los usuarios a la red, los
medios de comunicación masivos tradicionales se
transforman en medios nichos. Deberíamos tener
en cuenta que más de la mitad de las ventas de
Amazon corresponden a libros que no están entre
los 130.000 más vendidos. Si la teoría de la
Cola Larga es correcta, la estrategia de las
editoriales de publicar más novedades que nunca
tiene sentido si están pensando en un mercado
dominado por las ventas a través de Internet.
Si nos remitimos
a la primitiva definición de medio como el
encuentro de un contenido con una tecnología
(dispositivo de recepción) que facilita su
acceso a otros lectores además de su autor,
debemos resaltar la existencia de una corriente
hacia una exponencial polivalencia de los
dispositivos. Los teléfonos móviles sirven
también para mantener una conversación oral,
además de muchas otras disposiciones que la
ergonomía acompaña de manera limitada. La PC se
ha alivianado y hecho móvil. Hace tiempo que
abandonó la función utilitaria y se incorporó
vigorosamente al terreno de la fruición y su
centralidad en los tiempos de ocio no cesa de
crecer. Mas aun si se tiene en cuenta que, como
soporte de los sistemas productivos, el usuario
la tiene a mano durante todo su día laboral,
navega en las pausas y se entrevera en diálogos
intermitentes y simultáneos con pares,
colaboradores jerárquicos, clientes y amigos.
Los dispositivos de base computacional (el
televisor y la radio tradicional podrían serlo,
lo serán, pero no lo son en su amplísima
mayoría) se hacen cada vez más polivalentes,
han agregado más valor a la experiencia del
usuario y permiten compartirla con cierta
facilidad entre pares, y son más ecológicos
(consumen menos energía) por el mismo precio.
Detengámonos en
la situación de la prensa gráfica. ¿Por
qué pensar que el diario debe seguir siendo
sólo un diario? ¿Por qué no aceptar que
la práctica de consumo social nos induce a la
polifuncionalidad, a lo ecosistémicamente más
eficiente, a lo más sensorialmente inmersivo?
Por qué pretender que, en un mundo donde casi
todo ha cambiado, la forma de informarse,
entretenerse y educarse siga siendo la misma.
Estamos aprendiendo que se trata de reencauzar la
relación con el cliente (no está mal que el
periodista se acostumbre al enfoque cliente)
desde un lugar diferente, principalmente como
proveedor de contenidos, entre muchos otras
funciones sociales posibles. ¿Serán los
contenidos 2.0 y las estrategias de
participación las herramientas para restaurar la
relación tan deteriorada entre los medios de
comunicación tradicionales y sus usuarios? Tal
vez, los contenidos 2.0 no sean la solución para
restablecer plenamente la confianza y pautar una
nueva relación con el lector-usuario. Pero no
intentarlo podría ser mas perjudicial aun. Es
verdad que el usuario usa poco las herramientas
participativas que se le ofrecen, y muchos no
usan ninguna. Pero ¿cuándo y cuánto se
modificará este comportamiento colectivo con la
llegada de nuevas generaciones, capaces de
aceptar muchas herencias pero no la herencia del
pacto de lectura? De abuelos a padres funcionó,
con defecciones, pero subsistió. Con las nuevas
generaciones, acostumbradas a la diversidad de la
red, esto ya no funcionará de la misma manera.
Sin embargo, sería imprudente concluir en un
sentido o en otro, por o contra. Sería también
imprudente no ensayar alguna combinación de
estrategias, aceptando por cierto que, más allá
del origen, la audiovisualización de los
contenidos es una tendencia que parece
consolidarse. Las nuevas generaciones entrarán
en Youtube como nosotros entramos a Google. Las
redes sociales se han audiovisualizado
completamente. Los videos circulan por los medios
sociales produciendo un gigantesco efecto viral.
Es en las redes sociales como Facebook donde una
amplia mayoría de las personas descubren los
videos del momento.
Estas nuevas
formas de distribuir y consumir se caracterizan
por la disponibilidad inmediata. Como plataformas
de distribución de contenidos, los nuevos medios
están todo el tiempo disponibles, actualizados,
interactivos, sincrónicos. Ofrecen la
oportunidad de participar con estrategias
colaborativas (blogs, wikizonas, folsonomías)
diversas para que el usuario se sienta más
cómodo, se sienta parte. Su elasticidad les
permite expandir las posibilidades de
profundización y ampliación. En oposición a
los medios tradicionales off line, son mucho más
porosos. Son no lineales. La secuencialidad es
moderada. Los contenidos están disponibles en
todas las pantallas (ubicuidad), todos los
universos de dispositivos, móviles y fijos.
Desintermedian el proceso informativo, incluso el
proceso de compra, y promueven el encuentro
conversacional entre autor y lector, y entre
lectores. El valor del nuevo medio, en términos
de negocios, equivale al valor de las comunidades
que aglutina. Dime con quienes (cantidad,
calidad) estás conectado y te diré quien
eres.
El mayor
desafío reside en cómo monetarizar esas
comunidades. En eso, los medios tradicionales
tienen una práctica anterior que debería
ayudarles si consiguen descubrir cuáles son sus
ventajas competitivas. Sabemos, por ejemplo, que
los usuarios consultan cada vez más la red antes
de comprar y compran aquellos productos que los
propios usuarios recomiendan, los que han tenido
votos positivos, muchos comentarios o reseñas.
Nunca como ahora, el concepto Red sustentado en
la equipotencialidad de sus nodos, fue tan
importante. Demoró nueve años después de la
explosión de la burbuja de Internet en marzo de
2000 en hacerse realidad para una parte
significativa de la sociedad. Pero la Red hoy
existe para amplios sectores sociales.
¿Cómo son
afectadas las teorías de recepción y consumo
cuando el ecosistema mediático más que
expandirse se desplaza a territorios que
conocemos tan poco? ¿Qué ajustes deben
realizarse en la transposición editorial cuando
la tecnología realiza muchas de las operaciones
cognitivas que antes debían realizar los
lectores? El ecosistema ya no es lo que era. Ya
son mayoría las personas del segmento ABC1
residente en las principales ciudades del país
que no ven TV abierta y el porcentaje de las que
no ven TV paga aumenta sin cesar. No ven TV
abierta ni paga en el televisor, pero ven
contenidos audiovisuales en la red. Puede
tratarse de capítulos de la serie favorita,
videos en un portal de periodismo ciudadano o
contenidos de usuario en una red social. Lost tiene
más 5000 millones de fragmentos en YouTube que
son vistos mensualmente por más de 90 millones
de usuarios. Más de 120 millones de personas
conectadas a Internet consumieron más de 9.000
millones de videos on line. El 75% de los
usuarios que acceden a Internet vieron videos on
line. El posicionamiento de la computadora en
el tiempo de la fruición ociosa es el resultado
de su conectividad a través de Internet. La
reconversión de la computadora de lo funcional a
lo ocioso es uno de los factores determinantes
del cambio de comportamiento de los usuarios
frente al sistema mediático.
Lo que sucede es
paradojal y reafirma que nuestra visión no es
equivocada cuando decimos que la Convergencia no
es solo un fenómeno tecnológico, sino que es,
sobre todo, un fenómeno cultural y
transmediático, es decir, que desborda
ampliamente las fronteras de los medios, aun
considerando sus versiones on line. Al mismo
tiempo que los dispositivos computacionales
(celulares, PCs, notebooks, netbooks) ganan
centralidad en el dominio del ocio y el
entretenimiento, la tecnología pierde el
liderazgo que se le adjudicó en la convergencia
1.0. La web 2.0 pertenece al modelo social no al
modelo autoritativo de la era industrial. Ahora
se hace más evidente que nunca el hecho de que
el liderazgo tecnológico se ha extinguido
gracias a tecnologías más transparentes y la
llegada de usuarios con más competencias de uso
intensivo. El crecimiento de las nuevas
prácticas sociales se funda en un crecimiento
exponencial de la capacidad del usuario de
experimentar con y apropiarse de la tecnología.
La cuarta
pantalla ya es la segunda en términos de
recepción de contenidos de ocio y
entretenimiento. El ocio se ha vuelto
intersticial. Se inserta con facilidad en las
micropausas laborales y en los intercambios
comunicativos. Pequeños espacios de ocio que, en
su conjunto, vulneran tanto las formas conocidas
de consumo cultural como las formas de producir y
de relacionarse, dentro y fuera de los contextos
productivos. Un desplazamiento entre algunas
estaciones de subterráneo, una espera prolongada
en el consultorio médico, una pausa entre muchas
otras (las generaciones jóvenes multiplican las
pausas en lugar de hacer pausas mas prolongadas
como las generaciones anteriores), todas
oportunidades para consumir una brevedad, un
video corto, compartir un mensaje en alguna red
social o en una plataforma de microblogging.
Todo estos
fenómenos se amplifican con la recepción en la
movilidad. Desde que el walkman nació en
1979 (Listen music of your choice,
wherever and whenever you like, decía
Sony) ha corrido mucha agua debajo del puente,
pero nada es igual al encuentro de la movilidad
con Internet. Notebooks y netbooks, teléfonos
móviles 3G, reproductores MP3 y MP4. El
teléfono móvil es capaz ahora de transformarse
en una MusicStation, dejando de ser un
dispositivo-producto para convertirse en un
servicio de descarga ilimitado por abono semanal
(p.e., los móviles vendidos por Vodafone en Gran
Bretaña con un servicio de descarga por £1.99
incluyendo gastos de transferencia de datos). La
movilidad tiene un valor transitivo que impacta
en todas las actividades humanas.
Nunca antes un
periódico pudo ser mucho más que un periódico
como lo puede ser en la etapa actual de la
Convergencia. Puede ser un canal de video en
YouTube, un grupo en Facebook, una plataforma de
blogs de autor, una Wiki, un paseo virtual por la
ciudad
Si ya fue también una plataforma
lúdica, un concurso y un juego, nunca antes como
ahora pudo ser también y, sobre todo, una
experiencia de usuario. Y todo eso
simultáneamente.
¿Qué
cuestiones no se deberían obviar para
desarrollar un modelo de comunicación de un
nuevo medio?
El nuevo
ecosistema se parece mucho más a un focus
group gigante, dinámico y global, que al
sistema cerrado, vertical y basado en mandatos
sociales jerarquizados en dónde quien está
habilitado se expresa y los demás consumen. Es
un espacio de compromisos mutuos con millones de
nanoaudiencias. Un suma de canales
complementarios de relación con consumidores que
navegan promiscuamente entre n fuentes de
información y, raramente, pero de manera
creciente, alternan entre el rol tradicional de
consumidor y el de productor de conocimiento. El
nuevo ecosistema es una red de conexiones para
desarrollar influencias. Una forma asequible de
empoderamiento de las audiencias, una forma
genuina y novedosa de construir comunidades.
En ese nuevo
contexto, deberíamos acostumbrarnos a que los
contenidos de los nuevos medios sean elaborados
por una combinación inteligente y apropiada al
negocio mediático, de periodistas profesionales
y no-profesionales. En definitiva, de ello
depende el futuro de la profesión. Los
profesionales, creciendo en el rol de
curadores, los segundos cumpliendo un
rol de periodismo de proximidad, de
periodismo-ciudadano o, mejor dicho, de ciudadano
en rol periodístico. Es lo que llamo un
periodismo participado. En todos los
sentidos de la práctica periodística, esta
nueva etapa se caracteriza por la capacidad
interactiva de los modelos de comunicación para
promover la inclusión de los usuarios en el
proceso de producción del discurso, un nivel
superior de interactividad que facilita al lector
la intervención sobre lo que se publica. Vota,
establece rankings, hace socialbookmarking.
Comparte mucho, a veces comenta, algunas veces remixea,
la amplia mayoría de las veces navega fuera del
microuniverso de las versiones on line de
los medios tradicionales.
Por cada minuto
que los usuarios pasan en Google y otros
buscadores, pasan 5 o más en los medios sociales
nativos como las redes. Es similar la distancia
entre el consumo de redes sociales y consumo de
versiones on line de medios tradicionales.
Los tiempos de ocio siempre fueron
horizontalmente compartidos. Familia, amigos,
nuevos conocidos. Es natural entonces que en los
entornos mediatizados se replique el fenómeno.
En todos los casos, la hiperconectividad
amplifica el fenómeno. Para algunas personas,
esto implica más contacto (escrito, oral e
incluso visual, p.e., via Skype) y, para otras,
más retraimiento, al menos aparente, respecto de
lo conocido, aunque no es seguro que sea así
respecto de los mundos distantes, de los mundos
por conocer. Al comando de sus máquinas
comunicantes, las personas viven hiperconectados.
El ocio y la fruición se hacen participativos.
El contexto espacio-temporal del ocio y el
entretenimiento ha cambiado. Todo se comparte
virtualmente, todo el tiempo, desde cualquier
lugar.
En especial
entre los jóvenes, en los tiempos de ocio y
entretenimiento se produce una alternancia
incesante entre modos de comunicación
interpersonal multisoporte, utilizando
dispositivos (PCs, celulares) y plataformas
diversas (redes sociales, chats), y el consumo de
contenidos en nuevas formas y lenguajes
provenientes de los nuevos medios, ya sean
versiones on line de los medios tradicionales o
medios sociales, como los blogs y otras fuentes
de información que son nativas digitales y que
nunca tuvieron una versión off line.
¿Cuál
es la relación entre medios y usuarios en la
actualidad?
Los productos
informativos siempre produjeron una activación
de las audiencias. Siempre las interpelaron, les
sirvieron para construir una agenda pública,
aquello de lo que la gente habla. Algunos
lectores escribían cartas, otros llamaban a los
programas de radio y, más recientemente,
enviaban c.e. y mensajes de texto a los plateaux
de televisión. Lo disruptivo reside en el salto
cualitativo y cuantitativo de esta interacción.
La interacción vertical (interacción
usuario-medio) y horizontal (entre usuarios)
alcanza un público mucho más extenso y el tipo
de comunicación involucra los interlocutores en
una forma más próxima a la comunicación
interpersonal que a la comunicación de masas.
Al mismo tiempo,
los productos mediáticos dejaron de consumirse
en determinadas horas del día (p.e. el
periódico por la mañana) para competir todo el
tiempo con todos los productos informativos y de
entretenimiento que, en la red, olvidan sus
orígenes y gracias a una multimediatización
creciente, se muestran homogéneos, similares.
Todos se parecen en la red, radios, canales de tv
y periódicos. Las curvas de consumo de
periódicos se extendieron gracias a la red. El
usuario-lector entra a su periódico varias veces
en el día, aunque generalmente lo hace para
actualizarse (página Último momento), con una
navegación breve entre titulares de las
principales páginas del diario. Son cada vez
más numerosas las personas que consultan varias
veces al día GoogleNews para informarse
mediante los titulares. Ni siquiera hacen click-through
para acceder al contenido completo de la nota en
el medio que la produjo. Les basta con saber
cuáles son los títulos principales de los
principales medios que a ellos le interesan.
Antes pensábamos en quienes nos podían quitar
lectores, televidentes u oyentes, según
correspondiese al medio en el que nos
desempeñábamos. Para los diarios eran otros
diarios, para los canales de tv eran otros
canales de tv. Ahora, todos son multisector.
Ahora, hay que pensar en quienes nos quitan
usuarios. Si las curvas de consumo de cada uno de
los medios se han estirado, es porque todos, en
la red, compiten contra todos. Todos deben
actualizarse las 24hs, 7días, 365 días al año.
Deben comprometer al usuario a través de
estrategias de participación diversas y permitir
la ampliación fuera del propio medio.
En ese contexto,
es natural que se produzcan tensiones, por
ejemplo, a la hora de la desintermediación. Es
esperable que la oferta acentúe la especulación
del usuario que, inmerso en su pensamiento
postformal, busque construir su propia opinión
navegando promiscuamente entre tanta incerteza y
ambigüedad, producto de la forma que en que los
contenidos de la red están accesibles a través
de los buscadores. Esto implica aceptar que la
promiscuidad tiende a reemplazar los pactos de
lectura. En casa seguimos comprando el periódico
impreso, pero son escasos los momentos que
pasamos leyendo la versión impresa mientras que,
reiteradas veces al día, consultamos la versión
on line. Sin las promociones y los servicios de
afiliación ¿qué sería de los periódicos
impresos? El mayor activo de La Nación
(Argentina) son sus periodistas. En segundo
lugar, el Club de servicios y los Gaturros
(cheques de descuento), dos salvavidas mientras
dure la travesía. El consumo se ha trasladado a
la red. El usuario usufructúa de una diversidad
de fuentes por un precio asequible. Aun cuando
los mejores periódicos cobren por sus
contenidos, siempre va a existir alguien en la
red que ofrezca algo de conocimiento acerca del
tema sin cobrar por ello. Por eso, la diferencia
reside y residirá en cinco factores: lenguajes
(géneros y formatos), calidad, curaduría,
promociones y servicios.
El nuevo precio
habrá uno, tarde o temprano- deberá ser
equilibrado teniendo en cuenta los componentes
del verdadero capital del medio (periodistas,
servicios, promociones). Deberá ser un costo
ecológico. Es lo que espera el usuario. En
definitiva, un periódico que todavía pesa un
kilogramo cada sábado, tiene un costo ecológico
de alto impacto que, para una economía
medioambientalista como lo será la que vendrá
después de la crisis global, será imposible
aceptar. En las nuevas generaciones, el precio
seguirá nuevas reglas propias de los nuevos
soportes, ajustadas a las nuevas unidades de
comercialización (unidades más pequeñas) y a
los costos reales de su impacto ecológico.
Aunque no está probado que el costo
medioambiental del viejo sistema sea en su
conjunto mucho más elevado que el costo del
nuevo. En el viejo sistema, coexistían muchos
medios audiovisuales con muchos medios impresos.
Pero en el nuevo, basado en componentes
plásticos de diferentes naturalezas y orígenes,
no está asegurado que el balance medioambiental
sea positivo respecto del anterior. Con el mismo
dispositivo lector tipo Kindle o Sony
Reader- el usuario podrá leer millones de
noticias y miles de libros, con un impacto
ecológico muy reducido respecto del costo de los
soportes anteriores. Pero el dispositivo lector
habrá sido producido a partir de recursos
naturales escasos y fungibles.
¿Qué marcará
entonces la diferencia? Lo que ofrecen los medios
ya no es un producto, es un servicio que se
presta a n usuarios simultáneamente, todo
el tiempo, accesible desde cualquier lugar y que
tiene la intención de involucrar emocionalmente
y participativamente a su audiencia. Sabe que
compite todo el tiempo por un escaso tiempo de
atención. La Economía de la Atención Escasa
exige que los contenidos sean competitivos, es
decir, capturen durante un lapso tiempo lo más
prolongado posible la atención del usuario.
Recordemos que uno de los principios básicos de
la publicidad indica que es el cruce de cantidad
de impactos con el tiempo de exposición al
mensaje lo que se traduce en una mayor
efectividad de la inversión. Para ello, el
contenido debe seguir reglas incómodas para el
periodismo tradicional. Hemos perdido la
facilidad de contar historias que a los
ciudadanos les interese. En lugar de preguntarnos
cómo nos afecta el periodismo
ciudadano debemos recordar que somos
ciudadanos que prestamos un servicio a otros
ciudadanos, que debemos atención a las
necesidades de la Sociedad. Si por razones
propias a la lógica empresarial resulta
imposible el periodismo de proximidad, habrá que
encontrar fórmulas combinadas para cubrir
aquello que interesa a pocos junto a servicios
que conciernen e interesan a muchos, como las
promociones y los servicios de valor agregado.
En ese contexto,
para el ejercicio del periodismo, es condición
necesaria pero no suficiente centrarse en la
calidad de los contenidos y seguir ocupándose de
producir historias que comprometan sus lectores.
Pero eso ya no alcanza. Las industrias de
contenidos requieren de los periodistas algo más
y, a la vez, algo diferente, como vocación por
la innovación, espíritu emprendedor y
capacidades para gestionar el talento compartido.
*
Roberto Igarza es
graduado de la Lausanne School of Engineering y doctor en Comunicación Social de la Universidad Austral. Es además egresado del Institut
Federal dEnseignement de lInformatique
de Gestion (1985) y Auditor Líder de Sistemas de
Calidad (Istituto Italiano de Marchio di
Qualitá, 1998). Esta es su primera colaboración
para Sala
de Prensa.
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