Caída de publicidad y ventas,
despidos, cierres en el mundo: la tormenta llegó
a México
Periodo
especial para la prensa escrita
Rogelio
Hernández López *
Una
tempestad asola a la prensa de Europa, Estados
Unidos y del resto de América: ocurre un severo
ajuste en el mercado de la información y en la
estructura del modelo de la industria de las
noticias. Arreció en 2008 y aún siguen sonando
las alarmas por las quiebras, clausuras de
ediciones, los despidos masivos y cierres de
plazas laborales.
En México,
aunque apenas asoma como noticia, los efectos del
fenómeno ya son como de una tormenta que impacta
a los medios de todos los tamaños. Y, para
enfrentarla se busca el ahorro, bajar costos,
suspender inversiones, se hacen recortes de días
y prestaciones laborales, disminución de
salarios, despidos y cierres definitivos de
empresas.
Así, allá
y aquí, los periodistas son los primeros
damnificados de la tempestad. Pero en México,
esta afectación sucede sin que tengan mecanismos
mínimos para su defensa y, peor aun, se suma al
ciclo iniciado en el año 2000de
crecimiento geométrico de agravios y asesinatos,
para el que tampoco encuentran quien los proteja.
La búsqueda de
soluciones no encuentra formulas comunes para
todos los países. Pero poco a poco las miradas
se encaminan a que se conciba como un problema de
Estado porque perjudica, por efecto colisión, a
los públicos consumidores de la información
periodística y afecta los equilibrios de la
democracia.
En nuestro país
ya hay voces todavía muy
pocasresaltantes de que los medios de
prensa debe ser considerados jurídicamente como
entidades de interés público amparados en la
necesaria reglamentación de los artículos 6° y
7° constitucionales; y por tanto, sean
declarados como sujetos de la protección y
garantías, para su ejercicio, por parte de los
órganos del Estado.
Pero como en
este país se han empalmado dos fenómenos de
extrema gravedad: la crisis del modelo industrial
de las noticias, que apenas comienza, con el
largo ciclo de inseguridad para el ejercicio,
entonces se hace necesario promover una respuesta
del tamaño de ambos problemas.
Una propuesta,
difícil de alcanzar pero no imposible es que los
poderes de la unión declaren un periodo especial
de protección y estímulos para que los medios
de prensa y los periodistas pueden superar la
emergencia económica y sienten mejores bases
para su desarrollo profesional con garantías
estatales y seguridad.
La
tempestad
Los reportes
más acabados sobre la magnitud del ajuste que
padece la prensa en varios países fueron
sucediéndose paulatinamente desde principios de
2009. Y, por sus efectos medibles se empezó a
calificar como gran crisis,
tragedia, debacle,
la prensa diaria de muere...
Uno de los
estudios más completos se originó en Estados
Unidos porque allí se magnificó la crisis
(Columbia Journalism Review, marzo de 2009),
luego, la elaboración pasó a Chile porque
derivó en un debate nacional (Ernesto
Carmona de la Federación Latinoamericana de
Periodistas en abril de 2009) y en Francia se
concentraron los informes de lo que ocurría en
Europa (Ignacio Ramonet, director de Le Monde
Diplomatique en Español, en octubre de 2009).
De la cuantía
de los datos de todos ellos destacan:
En Estados
Unidos han cerrado más de 120 medios de prensa,
decenas de ellos después de haber sido
declarados en quiebra. Las plantillas laborales
se han reducido, desde enero de 2008, en más de
21 mil posiciones.
En España sólo
de junio de 2008 a abril de 2009, fueron cesados
en sus empleos en medios de prensa 2 mil, 221
personas, un porcentaje demasiado elevado en
proporción a su población y trabajadores
ocupados en el medio.
Los ajustes en
Francia y otros países de Europa han conducido a
que los gobiernos diseñen, anuncien u ofrezcan
medidas especiales de rescate.
Ningún medio
importante se salva. Ramónet
describió así, escenas del fenómeno:
- El
siniestro es descomunal. Decenas de
diarios están en quiebra. Y el tsunami
golpea ahora a Europa. Ni siquiera se
salvan los otrora "rotativos de
referencia": El País en
España, Le Monde en Francia, The
Times y The Independent en el
Reino Unido, Corriere della Sera y La
Repubblica en Italia, etc. Todos
ellos acumulan fuertes pérdidas
económicas, derrumbe de la difusión y
hundimiento de la publicidad.
- El
prestigioso New York Times tuvo
que solicitar la ayuda del millonario
mexicano Carlos Slim; la empresa editora
de The Chicago Tribune y Los
Angeles Times , así como la Hearst
Corporation, dueña del San Francisco
Chronicle, han caído en bancarrota; News
Corp, el poderoso grupo multimedia de
Rupert Murdoch que publica Wall Street
Journal , ha presentado pérdidas
anuales de 2.500 millones de euros...
- Para
recortar gastos, muchas publicaciones
están reduciendo su número de páginas;
el Washington Post cerró su
prestigioso suplemento literario Bookworld
; el Christian Science Monitor decidió
suprimir su edición de papel y existir
sólo en Internet; el Financial Times propone
semanas de tres días a sus redactores y
ha cercenado drásticamente su plantilla.
Para América
Latina, el dirigente de Federación
Latinaoamericana de Periodistas (Felap) Ernesto
Carmona ya había advertido desde principios de
2009 lo que ocurría. Calificó al fenómeno como
tragedia.
Lo hizo después
de ofrecer datos precisos de los despidos
escalonados en Chile de la empresa editora El
Mercurio, los ajustes con decenas de cesados en
empresas del grupo español Prisa, del grupo
Copesa-La Tercera, de Álvaro Saieh. Edwards y
Saieh que controlan prácticamente toda la prensa
escrita, nacional y local de ese país; del Canal
13, de la Pontificia Universidad Católica y
otros muchos medios, a pesar de que allí los
periodistas tienen sindicatos poderosos y otro
tipo de organizaciones de autodefensa laboral y
profesional.
Igual
reportó los despidos que ocurrían en
Argentina por el grupo multimediático
Clarín de Buenos Aires en Univisión, la
mayor cadena de televisión hispana desde EEUU
que despidió el 6% de su personal.
Desde 1990
desapareció el 25% de los empleos en
periódicos. Entre 2000 y 2008, el sector de
medios de comunicación perdió más de 200 mil
empleos, resumió Ernesto Carmona con datos
que obtuvo de Advertising Age.
Y en toda
América Latina cunde el desempleo de
periodistas. No se sabe si la tragedia ya pasó o
recién comienza.
La
tormenta en México
Las expresiones
de este gran ajuste en México, trascienden muy
poco en los medios de prensa. La mejor
evaluación fue de Jenaro Villamil en la revista Proceso
al principiar 2009. Denominó al fenómeno como
la crisis de los periódicos.
En varios
periódicos y grupos editoriales se han anunciado
recortes que van del 20 al 25 por ciento de la
plantilla laboral, incluyendo reporteros y
personal administrativo sostuvo Villamil.
Si el problema
ya alcanzó a la mayoría de los medios de
prensa, incluidas las agencias de producción
noticiosa para medios electrónicos y en la web,
donde se registraban unas 30 mil plazas de
trabajo solo para periodistas, entonces los
ajustes de personal habrían afectado entre 6 mil
y 7 mil 500 personas en lo que va de un año.
Esto es entre el 20 y el 25 por ciento que
advertía Villamil.
Los medios que
comenzaron sus ajustes hace un año, según el
reportaje en Proceso, fueron el periódico
capitalino El Centro, que cerró por
incosteable; en varios medios del Grupo
Reforma (los diarios Palabra, Mural, de
Guadalajara, El Norte, de Monterrey, y Reforma,
en la Ciudad de México; en El Universal;
en Nuevo Excélsior, que además redujo
drásticamente los pagos a colaboradores; en El
Financiero, que persiste a pesar de los severos
problemas de liquidez; en El Economista.
La
situación es igualmente crítica para los
periódicos de provincia. La mayoría de los 735
diarios, semanarios y publicaciones periódicas
que se editan en México circulan en el interior
del país, y muchos de ellos atraviesan por una
fuerte crisis, aseguraba el reportero de Proceso
al iniciarse 2009.
La crisis se
extendió. Y para noviembre de este años
los ajustes habían proseguido y afectado
también a nuevos proyectos de prensa como en El
Periódico que se había propuesto hacer
circular millones de ejemplares diariamente en la
zona metropolitana, pero tuvo que disminuir a 16
su número de páginas, su aparición de lunes a
viernes, su circulación a algunos miles de
ejemplares y a no poder pagar a su plantilla de
personal que disminuyo drásticamente. En el
grupo Multimedios, que controla a los diarios
MILENIO, varios canales de televisión,
estaciones de radio y revistas, igualmente
suspendió inversiones programadas durante 2009 y
contuvo por varios meses los despidos de
personal, hasta que sin alternativas comenzó los
ajustes con ahorros y disminución de costos, lo
que incluyó, en la segunda mitad del año, un
programa de liquidaciones laborales secuenciadas.
Causas
comunes
Por las
tendencias desatadas todo hace prever que el
fenómeno seguirá. Tiene cuatro causas comunes.
La mayoría de los análisis enumeran:
La crisis
financiera global que elevó precios de insumos,
deudas de capital, intereses moratorios, con
restricción y encarecimiento de los créditos .
La caída en
picada de la inversión de publicidad, tanto de
los Estados como de las empresas privadas. En el
modelo mercantil de la información de prensa, el
ingreso mayor proviene de la publicidad.
Y la otra gran
causa es que el modelo industrial de la
información en casi todo el mundo tiene como
contradicción mayor la concentración de la
propiedad de los medios de comunicación masiva a
partir de los medios televisivos electrónicos,
lo que conlleva al acaparamiento de la inversión
en publicidad y el debilitamiento sistemático de
la prensa escrita.
En todos los
análisis resalta que los medios televisivos son
menos afectados por la tempestad. En la mayoría
de los países no han tenido perdidas sino
únicamente reducción de sus ganancias. En
promedio las empresas de televisión concentran
el 37 por ciento del mercado de la inversión
publicitaria.
Otras causas,
que no son tan comunes en todos los países pero
que tienen presencia en la mayoría de ellos
pueden calificarse como errores en la conducción
de las empresas de prensa:
La excesiva
mercantilización de la información por la
competencia que deforma las noticias y las
convierte en infortáculo; pérdida de
credibilidad y de aceptación por la disminución
del profesionalismo que provoca la
mercantilización, lo que se traduce en pérdida
de suscriptores y compradores directos, que es la
otra fuente de ingresos.
Las
consecuencias del fenómeno realmente son
imprevisibles. Las predicciones más negras de
Europa y Estados Unidos alarman con que podría
ser el fin de la prensa escrita.
Lo cierto es que
hay una reducción severa de los alcances en las
ediciones impresas, un ajuste muy importante en
los mercados de la noticia y del modelo
industrial de la información, incluso a los
proyectos de multimedia y una disminución de la
presencia de la prensa escrita en el marcaje de
la agenda y los debates nacionales de cada país
así como en su labor de contraloría social a
los gobiernos.
En México, se
resienten todas estas causas. Y probablemente
vendrán todavía conflictos con aristas más
duras porque la televisión y la radio (aunque en
menor proporción), acaparan la inversión de
publicidad y también elevan su influencia social
y política.
Genaro Villamil
encontró datos de que las empresas de
televisión abierta en México controlan entre el
57 y el 60 por ciento del mercado de anunciantes,
veinte por ciento más que el promedio
internacional. El mercado aquí tiene un valor
total superior a los 50 mil millones de pesos.
La Asociación
de Agencias de Medios y la Confederación de la
Industria de la Comunicación Mercadotécnica, le
indicaron al reportero que la radio captaba
en 2008 el 9% de la inversión publicitaria, es
decir, 4 mil 500 millones de pesos.
Para el prensa
escrita, donde labora la mayoría absoluta de
periodistas del país, en ese año había un poco
menos del 13 por ciento de la inversión
publicitaria.
Esto es el
primer indicador de los problemas que deben
resolverse en México. En 2008, un poco menos de
800 medios impresos enlistados en el mercado de
la publicidad según los registros se
repartieron casi 6 mil 400 millones, pero las
mayores proporciones se los llevaron los
corporativos y grandes diarios.
Esto significa
que también en la prensa escrita la mayor tajada
es para donde está la más fuerte concentración
de propiedad de medios.
¿Qué
soluciones?
La salidas de la
tempestad no son iguales para todos los países,
aunque se buscan mecanismos que podrían resultar
comunes.
Varios de los
analistas aseguran, para empezar, que debe
declararse diluido el sueño de que Internet era
la tierra prometida.
Los datos
indican que la presencia de la red global produjo
una gran paradoja para el periodismo. Ya
comenzó a registrarse el mayor número de
lectores de noticias gracias a la web, pero con
el menor número de clientes y la menor cantidad
de anuncios.
El dato más
revelador es el reporte del New York Times. En
2008 las lecturas de sus ediciones en Internet
fueron diez veces más que la venta de su
versión impresa, pero sus ganancias por
publicidad en la Red fueron diez veces inferiores
a las de la edición de papel, cita Ramonet.
Entonces el
libre mercado no dará soluciones mágicas,
ni para todos. Si lo que se debe salvar es el
ejercicio profesional de la prensa y nuevamente
hacerlo compatible con la libertad de empresa en
la comunicación, ese mercado debe ser regulado,
así fuese temporalmente.
En Francia y
otros países de Europa se exploran soluciones
para el rescate de la prensa.. En América
Latina, han ido a una tentación mayor también
por las confrontaciones de los grandes medios con
los gobiernos democráticos: la regulación legal
del mercado.
En Argentina,
Chile, Ecuador, Bolivia y otros países se
examinan iniciativas para que el Estado ponga
frenos a la concentración de los medios y
conceda garantías a los demás para que haya
más equilibrios y pluralidad informativa, aunque
los grandes propietarios organicen revueltas
arguyendo atentados a la libertad de expresión.
Para México,
ese debate en particular, es demasiado difícil
llevarlo más allá de los especialistas y
ampliarlo a las fuerzas políticas decisorias. A
lo más que se ha llegado, es a exaltar la
consideración de que Los periódicos son
instituciones de interés público y la
promoción de su lectura es un asunto central en
la salud social de una nación, como lo
hizo, el 13 de febrero el analista y directivo de
La Jornada, Luis Hernández Navarro.
En la búsqueda
de lo posible y de apoyos a los más afectados
por la tormenta, como son los periodistas y los
medios de prensa medianos y pequeños, se hace
necesario promover la acción del Estado para que
se declare un periodo especial (y por tanto
temporal), de protección y estímulos para
superar la emergencia económica y se sienten
mejores bases para su permanencia y desarrollo
profesional.
En estos días
comenzará a circular el libro de la
legislación que falta en medios de comunicación
promovido por la AMEDI. Allí se
presentará mi opinión que entregué a
Beatriz Solís y Raúl Trejo Delarbre. Retomó la
idea central y añado algunos elementos:
Me parece que es
posible pensar ahora en la propuesta de una nueva
Ley (de emergencia) Para Proteger el
Ejercicio y el Desarrollo Profesional del
Periodismo. Una ley así debería crear
el instrumento que la aplique y que conjunte
visiones públicas y privadas para el futuro.
Tal instrumento
puede ser un instituto, una comisión del tipo de
la CNDH o un consejo social, como es el Consejo
Nacional para Prevenir la Discriminación.
Tal entidad debe
tener autonomía de gestión para poder diseñar
y vigilar el cumplimiento de políticas públicas
transversales, de acuerdo a la complejidad del
problema.
Tendría dos
ejes naturales de trabajo de acuerdo a los
grandes problemas: Uno para las urgencias
económicas y de mercado hasta crear condiciones
para el desarrollo más equilibrado de la prensa
mexicana y sus periodistas. Y el otro es atender
la seguridad para el desempeño profesional
de medios y periodistas.
Su composición
sería para instituir una coalición nacional con
representantes (consejeros) de empresas,
periodistas, anunciantes y funcionarios públicos
de todos los niveles.
Las formas de
coordinación podrían ser, para garantizar su
efectividad y cumplimiento, mediante uno o
muchos convenios.
Esa entidad o
centro motor sería coadyuvante para diseñar
medidas financieras emergentes, rediseño de la
publicidad oficial, estímulos diversos para la
recuperación de las empresas, y de políticas de
mediación del Estado en otros campos.
Así podría crear
un observatorio nacional de agravios al ejercicio
del periodismo entre las comisiones especiales
del poder legislativo, con la Secretaría de
Gobernación, con la CNDH, con las relatorías y
programas específicos de los organismos de
derechos humanos en los estados y, por supuesto
con las organizaciones no gubernamentales que
suscriban una metodología común. Este
observatorio sería un techo de todos
los monitoreos serios y el cimiento de
coadyuvancia, con peritajes e investigaciones de
campo, para la procuraduría federal y las
estatales en casos concretos.
La otra parte de
un instrumento así podría ayudar mucho a
encontrar salidas de la tormenta financiera y
sentar bases sólidas para el desarrollo más
profesional de los periodistas y los medios, a
los que buena falta nos hace, sobre todo a los
colegas de la mayoría de los estados de la
república mexicana donde es mucho más grande la
vulnerabilidad.
Para ese
desarrollo profesional es posible tender una
cadena de convenios o un convenio prototipo con
autoridades laborales y educativas federales y
estatales, con universidades y centros de
educación superior, con empresas y
organizaciones de periodistas para implementar
mejores condiciones laborales y de condiciones
profesionales para el ejercicio del periodismo
con programas de asesoría jurídica y/o laboral,
de atención a víctimas, programas académicos
para titulación, para capacitación permanente,
para protección y para mutualidades financieras,
fundaciones que editen medios de prensa y que
también propicie la organización para la
excelencia en el trabajo de los periodistas.
Ya existe el
marco constitucional e internacional y eso
facilitaría la intención política: los
artículos 6° y 7° de la constitución que
protegen las libertades de expresión y de
imprenta.
Además, México
ha suscrito prácticamente todos los convenios e
instrumentos internacionales sobre libertad de
expresión y protección del periodismo.
Igualmente hay normas constitucionales y leyes
secundarias federales como la de educación, de
profesiones y del trabajo que completarían el
marco legal para el ámbito de la autoprotección
y el desarrollo profesional de los periodistas.
Un riesgo de no
tomar medidas así o al menos debatirlas es
que la crisis orille a los afectados a buscar
confrontaciones con el Estado a que ceda en otros
aspectos solo favorables para los que ya son
fuertes y la situación empeore para todos.
*
Rogelio Hernándes López es periodista mexicano, profesor
universitario y colaborador de SdP. Este texto lo publicó originalmente
en la revista Zócalo.
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