Formación
de periodistas o el arte de
enseñar a resolver problemas
Carlos
A. Camacho Azurduy *
Hay países que tienen
ciencia, y sus funcionarios y empresarios
saben muy bien qué hacer tanto con el
conocimiento producido por ellos mismos,
como el que se publica desde cualquier
punto del globo, en nuestro país
por ejemplo. En cambio nosotros no
hemos logrado desarrollar una visión del
mundo ni una ciencia capaz de forjarle a
nuestra sociedad un lugar en dicho
escenario. Estamos obcecados con la idea
de que el producto de la ciencia debe ser
algo aplicable, cuando no
mercable. No logramos captar
que, como en la gimnasia, en la que una
persona se forja a sí misma, el
principal producto de la ciencia es una
sociedad que sabe y puede. Ha de ser
por eso que nuestra sociedad no sabe ni
puede. Urge modificar nuestros criterios.
Si lo logramos, podremos entregarle a esa
sociedad un graduado con mejor
condiciones para entender y resolver
nuestros problemas.
Marcelino Cereijido, 2003
Luego
de más de diez años de ejercicio docente en
educación superior universitaria de pre y
postgrado en el campo de la Comunicación y el
periodismo, creo que es más que pertinente una
breve reflexión para coadyuvar en el desarrollo
de una cultura profesional que brinde
autonomización y legitimidad al campo, tal como
afirma María Immacolata Vassallo (2003: 13)
La
legitimación de la Comunicación en el
campo científico depende mucho del avance de
la práctica de la investigación, que es
esencialmente una práctica metodológica. La
preocupación por la teoría (que es uno de
los niveles de cualquier discurso
científico) en la investigación, ha
relegado a segundo plano las cuestiones de
metodología, tanto en términos de su
estudio (metodología en cuanto disciplina)
como en términos de su aplicación
(metodología en cuanto práctica). Ese
desequilibrio entre el contenido teórico y
la forma como éste está constituido parece
ser un rasgo específico de la investigación
en Comunicación en el país y contribuye a
reforzar un dualismo teoría-metodología
particularmente peligroso para el
reconocimiento científico del campo de la
Comunicación.
Esta situación
se hace particularmente evidente en nuestro
contexto, ya que como sostuve hace algunos años
atrás,1 la producción
científica en las escuelas de Comunicación en
América Latina, está en profunda crisis. Esto
se debe a un sistema de factores entrelazados e
interdependientes que se condicionan mutuamente,
entre otros:
- La
perspectiva estrecha que se tiene sobre
la transversalización de la cultura de
la investigación en todo el plan
curricular y en las diferentes
modalidades de titulación;
- el
desconocimiento de su rol y aporte en la
comprensión y planificación de procesos
socio-comunicacionales;
- la visión
escolástica que lleva a repetir (cada
vez más internalizada la cultura del
mínimo esfuerzo que se refleja en el copy&paste,
incluso con el riesgo de plagio en
trabajos de titulación) en vez de
reflexionar y producir;
- el escaso
desarrollo de estrategias docentes
(aprender a aprender,
aprender haciendo) para un
aprendizaje significativo, y por parte de
los estudiantes el disminuido valor
asignado al autoaprendizaje;
- la
desconexión entre las distintas materias
que componen el área epistemológica y
metodológica;
- la escasa
presencia de profesores-investigadores de
tiempo completo que desarrollen la
docencia a través de la investigación,
y su consecuente perjuicio en la
formación de culturas científicas;
- un conjunto
de problemas metodológicos implicados en
el examen e intervención de la realidad
entre estudiantes y graduados;
- el manejo
limitado de instrumentos metodológicos
por parte de los profesores que les ayude
a orientar la práctica investigativa con
adecuada dosis de motivación y
conocimiento actualizado;
- la dualidad
y exigua complementariedad entre la
reflexión teórica y la práctica
investigativa;
- la
insuficiente respuesta a las demandas del
mercado laboral y a los problemas y
demandas de la sociedad;
- la falta de
instancias académicas de fomento a la
investigación comunicacional y la
producción intelectual;
- las
escuelas de Comunicación que no brindan
condiciones óptimas para realizar y
difundir estudios que sirvan de sustento
para la discusión y elaboración de
propuestas a los problemas estructurales
de carácter social, político y cultural
que vive nuestra sociedad de principios
de siglo.
Es por
ello que este ensayo brinda algunos aspectos
sobre la maravillosa y sorprendente aventura de
comprender y valorar la investigación en
comunicación y su utilidad concreta para el
ejercicio del periodismo, desde una articulación
central entre diversos actores: las prácticas
académicas de las universidades tanto públicas
como privadas, las demandas laborales de las
empresas periodísticas y las necesidades de los
movimientos sociales. Además, intervienen las
organizaciones sindicales y gremiales con sus
propias demandas y percepciones, las
organizaciones no gubernamentales que reflejan
ciertas aspiraciones ciudadanas, los organismos
internacionales con ciertas agendas y, por
supuesto, los estados nacionales que diseñan y
aplican normas para el desarrollo de la actividad
periodística, lo que en algunos casos ha
supuesto ciertas tendencias a la censura
Las
escuelas por un lado y su práctica posible, por
otro
La formación en
periodismo comienza en la década de los años
60 en América Latina, bajo la ilusión
desarrollista de que era imprescindible el
adecuado manejo de procesos de información para
estar preparados, acelerar y mantener su llegada.
Por ello es que a inicio de la misma, se
registran 35 escuelas en el campo. Pero el
desarrollo en nuestros países se debate entre la
tradición y la modernidad, y no ha terminado de
llegar, menos de aproximarse a esos modelos del
llamado primer mundo. Para ello, se
propuso que un periodista debía, según el
investigador argentino, Daniel Prieto Castillo2:
- Tener una
cultura general lo más amplia posible;
- conocer
historia internacional y nacional;
- saber algo
de comunicación (filosofía,
psicología, sociología);
- tener
nociones de legislación de prensa y de
ética profesional;
- reconocer
lo elemental del lenguaje (lingüística
y gramática);
- reconocer
el funcionamiento de algunos medios
(impresos sobre todo);
- dominar
algún mecanismo de expresión (la
palabra escrita, algo de la oral para
radio).
Al respecto,
alguien dijo que el periodista es un mar de
conocimientos, pero con escasísima profundidad.
Precisamente esos programas o planes de estudios
surgieron en un marco histórico caracterizado,
según Prieto, porque:
- No estaba
claro entonces el alcance del concepto de
comunicación y no se habían consolidado
una filosofía, una psicología, una
sociología de la comunicación;
- No había
contacto alguno entre los profesores
encargados de la teoría y los llamados
prácticos. Los estudiantes
seguían, una carrera dividida en dos, o
dos carreras que no confluían a meta
alguna;
- En las
materias de cultura general
se trabaja de la misma manera que en las
escuelas de sociología o de filosofía,
contaminación vigente todavía;
- Se carecía
de materiales de todo tipo desde
bibliografía hasta recursos elementales
para la práctica (máquinas de escribir,
por ejemplo);
- Era
necesario improvisar profesores, los
capacitados para dar clase desconocían
totalmente el quehacer periodístico; por
su parte, los periodistas no sabían
cómo dar clases.
Entonces, se
tenían escuelas y programas sin un perfil claro
del profesional (conocimientos y habilidades
terminales) que se estaba buscando formar, para
coadyuvar a qué tipo de sociedad, solucionar
qué problemáticas o necesidades sociales
concretas, aportar a qué desarrollo, y cómo
hacerlo, para quiénes, en qué coyuntura
histórica. Esto es, no se tomó en cuenta un
análisis crítico de la realidad latinoamericana
ni del propio país, las demandas sociales en
comunicación, así como las características de
la práctica profesional vigente y la evolución
que ésta podría alcanzar.
A inicios de los
70s esta situación comienza a modificarse
paulatinamente en algunas escuelas que muestran
un interés serio por el cambio social y la
comunicación popular a partir de un análisis de
la dependencia, la dominación y el poder, y, por
supuesto, la denuncia. Se vivió una dinámica
teoricista y actitud de denuncia -sin apuesta, ni
propuesta- que perdura en algunas escuelas hasta
nuestros días. En palabras de Prieto, ésta se
caracteriza por pasar del cuestionamiento a
las generalidades, a la falta de actualidad, se
pasó a la descalificación de la práctica
misma. (
) De la exigencia de aplicar la
teoría a la realidad se pasó vertiginosamente a
teorizar sobre la teoría. (
) Una teoría
de la sociedad, una teoría del lenguaje dejaron
fuera otra vez los reales problemas de la
comunicación. Es importante mencionar que
esta situación marcó el tránsito de la
formación de periodistas a la de comunicadores
sociales.
Con ello, la
práctica periodística se reduce a algunos
cursos. Primero había que comprender la realidad
a través de una teoría macro-social- para
cambiarla, pero ¿cómo? Sin duda, hubo un cierto
menosprecio por el quehacer periodístico. El
oficio perdió valor académico y
relevancia social, los elementales medios de
expresión oral y escrita no eran precisamente
dominio de los futuros comunicadores y
periodistas. Más bien, se pretendió la
formación de estrategas sociales, conductores de
grandes proyectos sociales, gerentes de notables
emprendimientos comunicacionales.
Lamentablemente, éstos carecían de las
herramientas para diagnosticar y evaluar una
situación social concreta, planificar procesos
de intervención comunicacional, diseñar
proyectos, elaborar presupuestos.
Por la década
de los años 80 comienza, a partir de los
trabajos que comienzan a emprender los/as
estudiantes y la necesidad de ligar universidad a
su trabajo cotidiano, lo que Prieto llama
comunicación para
(el
desarrollo, la educación, la salud, etc.). Esta
situación conllevó una revaloración de la
práctica comunicacional y periodística, ya que
se vislumbró la posibilidad de diversos apoyos,
bisagras y cuñas desde nuestro campo de
especialización.
No se puede
afirmar la existencia de etapas claramente
diferenciadas, mucho menos, generalizaciones
absurdas. Lo cierto es que lo mencionado se
refleja hasta nuestros días, de diversas formas,
en lo que el argentino llama la polémica
entre la capacitación a través de la práctica
y la capacitación mediante el paso por las
escuelas.
Desde mediados
de los años noventa se registra un crecimiento
cuantitativo importante de las facultades de
comunicación y de institutos de formación
técnica, debido a la demanda -o presión, mejor
dicho- de nuevas competencias y habilidades por
parte del mundo laboral, en medio de una
dinámica política y social de profundas
transformaciones estructurales, marcada por el
avance de las tecnologías de información y
comunicación (TIC) y un claro y progresivo
reconocimiento y valoración de la comunicación
y el periodismo en diversas áreas. La
comunicación que fuera desconocida y hasta
despreciada en muchos ámbitos, cobra especial
valor en sociedades de la
información o el conocimiento,
que se van dando cuenta de su valor fundamental.
De ahí
que los noventa marcan claramente la
especialización en la formación del comunicador
y el periodista, tanto en el ámbito del
periodismo (económico, ambiental, político, de
entretenimiento, deportivo), el audiovisual, la
comunicación institucional/empresarial, de
desarrollo, así como el digital (TIC).
De acuerdo a un
reciente informe de investigación de UNESCO y
FELAFACS,4 en la actualidad existen 67
centros de formación universitaria en
comunicación y periodismo en Centroamérica y el
Caribe, 1006 en México, 193 en la región Andina
-de las cuales casi el 70 por ciento son
privadas, sin embargo, el número de estudiantes
de las universidades públicas es muy superior-,
115 en el Cono Sur y 361 en Brasil. Respecto al
panorama de las mismas, por ejemplo, para la
región Andina, en términos generales, se puede
concluir lo siguiente:
- La región andina se
encuentra muy retrasada con respecto a
los procesos de acreditación, desarrollo
de los estándares de calidad y la
formación de sus docentes. Se socializa
muy poco el trabajo que se realiza en el
campo periodístico y audiovisual.
- Se evidencian importantes
brechas en el campo de la
investigación y de la innovación
académica entre las universidades
públicas y privadas que imparten
carreras de comunicación y periodismo.
- No se encuentra un
desarrollo importante de programas de
postgrado, en los niveles de maestría y
doctorado.
- Son débiles los vínculos
establecidos entre las universidades, el
mercado laboral, las empresas y los
organismos de desarrollo.
Al
rescate de la investigación
El análisis crítico de lo
que existe reposa sobre el presupuesto de
que los hechos de la realidad no agotan
las posibilidades de la existencia, y
que, por lo tanto, también hay
alternativas capaces de superar aquello
que resulta criticable en lo que existe.
El malestar, la indignación y el
inconformismo frente a lo que existe
sirven de fuente de inspiración para
teorizar sobre el modo de superar tal
estado de cosas.
Boaventura de Sousa Santos, 2006
Como en
cualquier acto de producción científica, es
importante iniciar el recorrido definiendo
algunos conceptos que enmarcan el trabajo. Por metodología
se entiende la llave que enlaza al sujeto
investigador con el objeto de estudio haciendo
posible seguir desde una posición teórica
y epistemológica determinada la lógica
que conduce al conocimiento científico a través
de la descripción, el análisis y la valoración
crítica de los métodos de investigación
(camino o procedimiento ordenado para hallar la
verdad) más apropiados para
emprender a través de las técnicas una acción
de recolección, ordenamiento y análisis de
datos en torno al fenómeno estudiado. Incluso la
postura filosófica acerca de la ciencia de la
que parte el investigador orienta su elección
metodológica, es decir, lo guía a la hora de
resolver: ¿cómo investigar el problema?,
¿cómo desentrañar, descubrir y explicar la
realidad con un marcado fin heurístico y
reflexivo?, ¿cómo enseñar o exponerla con el
fin didáctico de comunicarla y hacerla extensiva
a la comunidad?
Entonces se
entiende la investigación no como un
término empleado por iluminados o
una labor emprendida por elegidos,
sino como una acción inherente a la naturaleza
humana que pretende indagar a partir de un
indicio para descubrir algo, lo que en términos
científicos constituye el qué (leyes) y el
porqué (causas) de los fenómenos y hechos. Esto
es, un proceso compuesto por una serie de pasos
ordenados, aunque dinámicos y reflexivos en su
seguimiento e interacción, que conduce a la
búsqueda ordenada de conocimientos
(conjunto organizado e interrelacionado de datos
e información destinados a resolver un
determinado problema) mediante la aplicación de
métodos, en primera instancia, y técnicas e
instrumentos, en segundo lugar.
El conocimiento,
según Platón, se caracteriza por ser
necesariamente verdadero (episteme). Comienza por
los sentidos, pasa de éstos al entendimiento y
termina en la razón, en lo que se podría
entender como la conformación mental de un
modelo intersubjetivo de la realidad que permite
entenderla y actuar en ella. El producirlo es,
sin duda, una tarea responsable que implica el
descubrimiento de huellas y el seguimiento
ordenado de pistas al mero estilo
detectivesco en torno a un segmento
minúsculo del mundo que despierta curiosidad en
su abordaje. En el caso de la ciencia su
propósito deliberado es la ampliación del
conocimiento científico al crear nuevas
teorías, enriquecer o modificar las ya
existentes (investigación pura) o, por otro
lado, utilizar los conocimientos para aplicarlos
en provecho de la sociedad (investigación
aplicada).
De hecho, la
forma como definimos, construimos y aprehendemos
la realidad social no sólo el
procedimiento metódico-técnico empleado, sino
en el compromiso político y la responsabilidad
social puestos en esta labor orienta y
guía la manera de intervenir en ésta para
mantenerla eficientemente
(estructural-funcionalismo) o transformarla
radicalmente (marxismo). De ahí es que surge una
disputa de poder en el ámbito científico y
político por definir sistemas de conocimiento
que estructuren la realidad social,
el sentido del mundo (recordemos que nombrar las
cosas es crearlas):
A partir de
la filosofía de Kant, se sabe que la
realidad no es objetiva, comprobable por
cualquier observador independientemente de su
posición, pero también que tampoco es
completamente subjetiva, dependiente
únicamente del punto de vista del
observador. La realidad es más bien
intersubjetiva [significados compartidos],
pues se construye desde la relación entre
distintas subjetividades a partir de
símbolos cuyo significado transciende la
mera realidad material al tener un
significado social.5
Desde esta
perspectiva, la indagación científica se
constituye en requisito fundamental para todo
aquel que pretende convertirse en profesional
en el sentido de la persona que brinda un
servicio o elabora un bien garantizando el
resultado del mismo con calidad de
cualquier área del conocimiento. Resulta
imposible pensar en un profesional de la
Comunicación y en cualquier otro Cientista
Social que no maneje responsable y
críticamente la lógica y el método
científicos de abordaje de la realidad a partir
de la formulación de problemas concretos y la
búsqueda controlada de vías de solución.
Sin embargo, la
pesquisa es de utilidad no sólo en la vida
académica y profesional, sino también y
hoy más que nunca en la vida cotidiana.
Ninguna decisión puede tomarse ni estrategia
definirse sin contar con los conocimientos que la
investigación proporciona. Sin formación
metodológica es difícil establecer qué
clase de información se necesita y cómo
obtenerla, tampoco pueden ser comprendidos ni
vinculados con provecho la enorme cantidad de
datos disponibles especialmente a partir del uso
de las tecnologías de información y
comunicación (TIC). Manejar la metodología es
abrirse al proceso de fabricación de datos, es
entender sus condiciones de producción,
identificar su materia prima, analizar
críticamente la calidad de los procedimientos y
los dispositivos implicados en su elaboración.
Perfil
profesional del periodista del tercer milenio
Acabo de ver en la prensa el
otro día que de una universidad local se
graduaron muchos comunicadores,
demasiados diría yo. ¿Es tanta la
necesidad del medio para este campo?
Además revisando la formación
ideológica de esa universidad me doy
cuenta que esos comunicadores ya tienen
un área de trabajo determinado, los
medios masivos. (...) ¿Con qué
filosofía o ideología deberían formar
las universidades? ¿No está todo
comunicador desde su formación cargado
de una ideología dirigida a lo masivo y
al consumismo?
Ramiro Muñoz, 2002
Daniel Prieto
establece cinco puntos que debe incluir una
formación básica en comunicación y periodismo:
- capacidad
de expresión;
- capacidad
de análisis de mensajes;
- conocimiento
de la situación social en que se vive;
- capacidad
de realizar diagnósticos
comunicacionales;
- conocimiento
de la estructura y funcionamiento de los
distintos medios de comunicación, con
sus implicaciones económicas, políticas
y sociales, y sus posibilidades de uso
- A partir de
esa propuesta y en consideración con el
contexto de transformación estructural
que viven varios países de América
Latina, se plantea la urgente necesidad
de formar comunicadores y periodistas que
racionalicen e implementen los cambios
necesarios con una visión amplia y bien
iluminada, mirando el porvenir con los
pies puestos firmemente en la tierra. En
este punto de transición histórica
hacia el nuevo Estado indigenista,
autonomista y pluricultural, se requiere
profesionales renovados con compromiso y
responsabilidad social, esto es,
vocación de servicio.
En el ámbito de
las Ciencias Sociales se establece la necesidad
de formar profesionales orientados a impulsar
procesos democráticos que coadyuven al
desarrollo humano y la construcción de
ciudadanías participativas. Para lograrlo se
requiere excelencia académica más
allá del simple discurso publicitario de algunas
entidades educativas que se instituye no
sólo a partir de la formación permanente y el
compromiso animoso del docente y el estudiante en
una relación dialógica, sino también en la
calidad de sus ideas, principios y actuaciones
como un ejemplo de vida coherente en la
persecución constante de una visión de país
íntegra, asumiendo el rol central de la
investigación en la generación de la misma.
Para ello, se
precisa una metamorfosis gradual de la mentalidad
académica latinoamericana, que lleve a la
urgente reestructuración curricular para
la búsqueda de soluciones a los problemas
planteados por la demanda social y, por otro
lado, su adecuación a la estructura del
mercado laboral, totalmente saturado para
algunas profesiones y completamente virgen para
otras de reciente surgimiento. Ambos aspectos
vigorizarán la proyección profesional de las
nuevas generaciones y les permitirá insertarse
exitosamente lo que supone capacidad
analítica, crítica y propositiva en el
campo de su ocupación u oficio, además de poder
proyectarse en el ejercicio de la docencia y la
investigación científica. Entonces, unote los
problemas de fondo que debemos comenzar a debatir
seriamente es la orientación y compromiso que
debe tener el profesional de la Comunicación en
nuestra sociedad de principios de siglo, que no
es sólo una cuestión curricular (plan de
estudios), sino también epistemológica (manera
de conocer lo que sucede), política (sentido y
dirección de las acciones) y ética.
Más
allá de polemizar la ineludible función de
la investigación científica que debe impulsar y
promover la universidad la cual
lamentablemente se limita a la tesis de grado
como una opción posible entre las diversas
modalidades de titulación, me pregunto
sobre la finalidad de la formación académica,
más orientada en el caso de Comunicación a la
escasa demanda de los medios masivos
(televisión, prensa, radio) de orientación
comercial. Poco se ha trabajado en el ser
profesional del Comunicador Social, que se
asienta propiamente en el ámbito de los actores
en relación en situaciones y contextos
históricos determinados de producción,
intercambio y utilización de sentidos. El
análisis de esta interacción socio-cultural que
asienta realidades es el punto de partida para
cualquier proceso de intervención
comunicacional.
De
ahí surge inmediatamente la interrogante:
cómo los Comunicadores Sociales podemos
comprender e intervenir en las prácticas
sociales si no (re)conocemos y apre(he)ndemos ese
complejo entramado social boliviano como hecho
multicultural, pasando de la multidisciplinariedad
(una aproximación al objeto de estudio desde
diferentes ángulos, usando distintas
perspectivas disciplinarias sin llegar a la
integración), por la interdisciplinariedad
(creación de una identidad metodológica,
teórica y conceptual de forma tal que los
resultados sean más coherentes e integrados)
hasta llegar a la transdisciplinariedad:
proceso en el cual ocurre la convergencia entre
disciplinas, acompañado por una integración
mutua de las epistemologías disciplinares
(teoría de las Ciencias Sociales).
Al plantear que
el Comunicador profesional interviene en las
prácticas sociales con un claro compromiso con
su realidad y los actores allí involucrados, y
con la construcción de alternativas viables y
factibles lo que supone una postura
política evidente, se pone en evidencia
que la Comunicación es mucho más que los medios
y sus estrellas, y que se constituye
en un componente consustancial a los procesos
sociales y de desarrollo, es decir, sus
mediaciones. En consecuencia, se pone de
manifiesto la necesidad de formar al Comunicador-investigador,
es decir, un profesional capaz de abordar la
trama de relaciones que los actores construyen en
espacios sociales específicos desde la
comprensión y análisis de procesos de
significación y producción de sentido
(prácticas comunicativas). Esto, sin duda, le
permite convertirse gracias a un riguroso
manejo metodológico de la investigación
en un articulador de saberes y prácticas en
contacto dialógico con los actores, lo que le
faculta para el planteamiento de un marco
teórico y referencial a partir de la situación
de comunicación analizada en su contexto, de la
historia y de la experiencia acumulada por el
investigador/comunicador respecto de esa
situación que es partícipe.
En esta
formación continua del profesional del
Comunicador en la que adquiere los conocimientos
especializados respectivos para ejercer una
ocupación u oficio, y los desempeña de una
manera particular desde la práctica, requiere el
fortalecimiento de una permanente actitud
científica como estilo de vida (Ander-Egg,
1995), que le permita enriquecer la profesión
desde su esencia: profundizar el sustento
teórico de la práctica. Una profesión, en
particular, y una forma de vida, en general, con
tales características, en todas las
circunstancias y momentos, no deja los hechos a
la casualidad o la improvisación, desarrolla una
conciencia crítica, reduce los prejuicios y
juicios de valor y, sobre todo, se maravilla ante
el mundo que le rodea con fascinación infantil.
En palabras de Ezequiel Ander-Egg (:121), asumir
esta actitud vital es afinar la curiosidad
insaciable, la predisposición a detenerse frente
a las cosas para tratar de desentrañarlas,
sensibilizar nuestra capacidad de detectar, de
admirarse, de interpelar, de preguntar(se) ante
los hechos que nos rodean en busca de la
verdad.
Para lograrlo se
trata es de combinar estratégicamente la
formación del Comunicador Social del tercer
milenio con la búsqueda de cualificación
docente, ligada a la construcción de una
relación activa-cooperativa con el mercado
laboral (pasantías), el Estado (incidencia en
políticas públicas y estrategias de
desarrollo), las organizaciones sociales
(conocimiento y respuesta a sus demandas) y los
gremios comunicacionales (integración
protagónica) mediante actividades académicas y
de extensión. Paralelamente, hay que pensar en
la búsqueda de recursos, equipamiento
informático e infraestructura para el
cumplimiento del perfil propuesto.
De
la apuesta a la propuesta
A continuación
propongo algunas ideas preliminares en torno a la
formulación del perfil profesional del Comunicador
Social del Tercer Milenio, enfocado al
desarrollo humano sostenible del país y la
formación de ciudadanías participativas,
especialmente de los sectores más vulnerables.
- El
currículo debe tener necesariamente un
componente multi e interdisciplinario con
profundidad en la construcción de
nuestra identidad disciplinaria desde la
perspectiva de la Escuela Latinoamericana
de la Comunicación, y otro componente
actitudinal sobre la base de la
formación de valores, actitudes
(autocrítica, empatía, democracia) y
ética. Todo ello debe tener el enfoque
de la diversa realidad boliviana
pluricultural y multilingüe.
- La
formación integral del nuevo
comunicador se asienta en un eje
transversal: la investigación
científica y social para el desarrollo y
el cambio social y político.
- La
socialización (difusión y
comunicación) de los nuevos
conocimientos producidos a la sociedad
especialmente a los sectores más
vulnerables para la resolución de sus
problemáticas más urgentes y la
construcción de su propio desarrollo a
mediano y largo plazo mediante la
alfabetización científica y a los
sectores políticos que toman decisiones
para su influencia en la
formulación y ejecución de políticas
públicas y estrategias de
desarrollo se convierte en una
tarea clave que desde ahora se
denominará extensión universitaria. Por
lo tanto, el proceso de comunicación
entre la Universidad y la sociedad se
basa, especialmente, en el conocimiento
científico y tecnológico.
- La
construcción de este perfil profesional
requiere de docentes-investigadores (DI),
que ejerzan el rol de líderes en la
Universidad y en la sociedad para
constituirse en constructores o actores
de procesos de cambio. Este DI debe
construir, ejercer y transmitir un poder
disciplinar (dominio del conocimiento, de
un área temática) y un poder ético
(credibilidad) que se reflejen en un
poder carismático frente a la sociedad
boliviana y la sociedad
científico-comunicacional. El DI traduce
los nuevos conocimientos producidos en la
docencia mediante el ejercicio de una
pedagogía crítica, analítica y
propositiva, y frente a la sociedad por
medio de una labor permanente de
extensión tal como fue concebida
anteriormente.
Ahora planteo
algunos retos que debiéramos asumir los
profesores para una adecuada conducción del
proceso de investigación en las escuelas de
Comunicación, para que el comunicador sea capaz
de planificar, orientar y ejecutar sistemática y
planificadamente proyectos de investigación e
intervención comunicacional, con el consiguiente
dominio de los métodos y técnicas pertinentes a
la naturaleza de cada problema abordado.
Por tanto, se
pretende que el profesional en Comunicación
pueda concebir y administrar un procedimiento de
trabajo, examinar las aportaciones y limitaciones
de los modelos metodológicos y practicar las
recomendaciones brindadas por el profesor en
forma flexible, crítica e inventiva en función
de sus objetivos investigativos. Del mismo modo,
el estudiante debe desarrollar competencias
comunicativas para elaborar y transmitir de
manera oral y escrita pensamiento científico
social y comunicacionalmente relevante a la
coyuntura que se vive en el país, en la región
y el mundo.
Revisemos
algunas de estas tareas urgentes:
- Acompañar
y apoyar sistemáticamente la formación
metodológica del comunicador para que
sea capaz de concebir y poner en
práctica de forma coherente una
estrategia de intervención (proyecto de
grado) o un plan global de investigación
(perfil de tesis) que lo lleve a conocer,
interpretar, explicar o intervenir en los
fenómenos políticos con un máximo de
autenticidad, coherencia, eficacia,
comprensión y rigor metodológico.
- Despertar y
estimular el sentido de observación
acerca de los múltiples fenómenos
comunicacionales del entorno social.
- Sensibilizar
al comunicador para que asuma una actitud
vital que se derive de la insaciable
búsqueda de la verdad y de la permanente
problematización de la realidad social,
en busca de soluciones a problemáticas
concretas.
- Tratar en
orden lógico y sistemático los pasos
necesarios para la
formulación/estructuración de un
proyecto de investigación o
intervención, que consolide la
coherencia del conjunto del procedimiento
científico en las ciencias sociales, en
general, y en el campo de la
Comunicación, en particular.
- Brindar las
herramientas e instrumentos
metodológicos pertinentes para facilitar
el diseño de investigación.
El
desafío está públicamente planteado,
colegas y compañeros. Es imprescindible por
parte de los comunicadores y periodistas una
profunda reflexión crítica, en un proceso
orgánico y sin exclusiones, sobre nuestro rol en
el contexto social y político incierto que se
vive en América Latina.
_____
Notas:
*
Carlos A. Camacho Azurduy es colaborador de SdP, comunicador social boliviano y
profesor universitario de pre y posgrado.
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