Los medios
son partidos políticos: Fabbrini
María
Laura Carpineta *
Alertado
por la experiencia italiana de Il Cavaliere, el
politólogo Sergio Fabbrini recorre el mundo
advirtiendo sobre los dos poderes en ascenso en
las democracias modernas: los presidentes y los
medios de comunicación. En su tierra natal, los
dos convergen en una fuerza prácticamente
imparable personificada en Silvio Berlusconi.
Pero al pisar suelo argentino el profesor de la
Universidad de Trento y de Berkeley, California,
reconoce que la situación es un tanto diferente.
Durante su reciente paso
por Buenos Aires para promocionar su nuevo libro El
ascenso del Príncipe Democrático (Ed.
Fondo de Cultura Económica), Fabbrini conversó
con Página/12. Sentando en el lobby de
su hotel con Plaza Francia de fondo, el
politólogo italiano de 60 años advirtió sobre
los peligros que provocan la monopolización de
los medios de comunicación masivos y propuso
algunas respuestas.
Los medios, en
su opinión, no deben convertirse en fuerzas
políticas, ni a favor ni en contra de los
presidentes. La oposición, sostuvo, debe surgir
de un partido o un frente político unido. Hacia
el final de la entrevista, convencido de su
argumento, se animó a deslizar una sugerencia
para la oposición argentina. La mejor
forma de limitar y fiscalizar el poder de
Cristina Kirchner es fortaleciendo al Congreso
nacional, señaló.
En su
libro sostiene que la revolución tecnológica no
democratizó la información, sino que ayudó a
concentrar aún más el poder en los grandes
grupos económicos.
Nuestro
mundo está hoy organizado alrededor de la
televisión y otros aparatos tecnológicos, como
la computadora. Y esta tecnología favorece a la
política conservadora, porque no es barata ni de
acceso universal. Ser elegido se está
convirtiendo cada vez en un proceso más caro y
elitista. Es cierto que hay excepciones. Obama
logró movilizar al electorado joven a través de
internet, pero eso sólo puede funcionar en una
sociedad modernizada, en la que mayoría tiene
acceso a internet. Pero en general, la
televisión es la que lleva la voz cantante. Y
por eso es crucial que la televisión no sea
controlada por una o varias personas, empresas.
El caso italiano es el más obvio. No sólo hay
que mantener a los medios independientes de los
partidos políticos y de sus líderes, sino que
además hay que asegurarse de que exista una
pluralidad entre ellos. Las democracias tendrían
que empezar a crear una suerte de antitrust para
el sector mediático, porque la realidad es que
un país no puede prosperar si los medios son
monopolios.
¿Cuál es
el peligro inmediato?
Creo que
la lógica de los medios obliga a personalizar la
política. No se puede comunicar un partido
político o una plataforma ideológica. Además,
vivimos en una sociedad muy compleja, en la que
la mayoría sólo tiene tiempo para informarse a
través de la televisión. Los estadounidenses
necesitaban tener una imagen clara de quién era
Obama y quién era John McCain, no de qué
proponían o qué piensan sus partidos. La
personalización de la política es un hecho.
Pero la diversidad de medios de comunicación al
menos obligaría a abrir un debate entre las
interpretaciones de cada uno de los líderes.
Pero con
la personalización de la política pareciera que
los medios se han politizado y polarizado aún
más...
Es más
que eso. La lógica de los medios, especialmente
de la televisión, es convertir a la política en
un espectáculo, algo entretenido para el
público. Pero en los últimos tiempos algunos se
convirtieron en partidos políticos. El caso de
Berlusconi es muy interesante. En medio del
derrumbe de los partidos políticos, Berlusconi
tomó sus medios de comunicación y los
convirtió en su fuerza política, su canal de
ascenso al poder. Hoy en Italia los candidatos
vienen del cine, del periodismo televisivo, de
las novelas... se confunde la popularidad con el
apoyo político popular.
¿Cómo se
controla a los medios para que no sean
monopolizados por una u otra fuerza?
Una forma
es asegurarse que ninguna persona o empresa pueda
tener más de un porcentaje determinado de los
medios, por ejemplo el 15 o 20 por ciento. Yo
sostengo que hay que convertirlo en una regla
constitucional y crear un comité nacional que
supervisaría el uso y la propiedad de los
medios. Los medios tienen un rol constitucional,
como el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el
Judicial. Son la cuarta rama del gobierno y hay
que asegurarse que no jueguen según sus propias
reglas y pongan en peligro las otras tres ramas
del gobierno.
¿Conoce
la ley de medios que fue aprobada por el Congreso
argentino recientemente?
Me la
comentaron, pero no la conozco bien.
¿La
concentración y politización de los medios
acentúa la polarización política?
Hay que
entender que la polarización no es mala per se.
Si uno quiere mantener bajo control al líder,
entonces necesitamos tener una oposición
organizada. Si no pasa lo que sucede aquí.
Existe una líder fuerte como Cristina Kirchner y
diez o más líderes en una oposición
fragmentada, o como en Italia, donde Berlusconi
tiene a toda la oposición dividida. En Argentina
la mejor forma de limitar y fiscalizar el poder
de Cristina Kirchner es fortaleciendo al Congreso
nacional. Pero no para que bloquee las leyes de
Cristina Kirchner y no la deje gobernar, sino
para que la obligue a responder por sus
decisiones. El líder debe gobernar, pero la
oposición debe controlarlo.
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María Laura Carpineta es redactora de la sección
internacional del diario argentino Página/12 y colaboradora de SdP.
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