Nicaragua:
de la "denunciología"
al periodismo de investigación
Guillermo
Cortés Domínguez *
Por
naturaleza, el periodismo es investigativo,
incluso tratándose de una pequeña y
aparentemente inocua y no tan trascendente nota
informativa, porque todo debe ser comprobado y
ello requiere un mínimo de esfuerzo, de
búsqueda, de investigación. No obstante, se le
ha dado en llamar Periodismo Investigativo a una
rama o especialización del periodismo que aborda
a profundidad ciertos temas relacionados con
actividades delictivas como malversación de
caudales públicos, tráfico de influencias,
narcotráfico, desapariciones, ejecuciones,
etcétera.
También se
realiza periodismo investigativo alrededor de
temas no necesariamente relacionados con delitos,
sin embargo, y algunos autores lo llaman
"periodismo de profundidad", y éste es
más practicado en nuestro país, que el
investigativo propiamente dicho. Muchos buenos
reportajes son excelentes ejemplos de periodismo
de profundidad. Cuando se usa profusamente las
estadísticas, adquiere el nombre de
"periodismo de precisión".
En Nicaragua el
periodismo investigativo prácticamente no ha
existido, sólo ciertos atisbos, pero no como
algo establecido, realizable de manera frecuente
y sistemática. Recuérdese que fue apenas con el
retorno de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal,
procedente de México, que el diario La
Prensa "se moderniza", y comienza
a publicar notas sobre los trabajadores y los
conflictos obrero patronales, para citar un
ejemplo sobre las limitaciones del periodismo
nacional.
Históricamente
el periodismo en Nicaragua ha sido extremadamente
politizado, casi siempre con un diario oficial u
oficioso proclamando a los cuatro vientos las
bondades del gobierno, y por otro, feroces
diarios opositores, como lo fue La Prensa
ante los gobiernos somocista y sandinista, y El
Nuevo Diario ante la actual administración
Alemán.
Nuestro
periodismo tiene una prolongada experiencia
asumiendo banderas políticas, en la mayoría de
los casos defendiendo causas populares, lo cual
es loable desde una perspectiva social, solidaria
y humana, pero una cosa es tener sensibilidad
social, y otra, ser panfletario y propagandista.
Profesionalmente se ha avanzado desde el
periodismo de proclamas, abiertamente personal y
partidista, hasta pasar al de notas elaboradas
con apego a ciertas técnicas elementales, como
la pirámide invertida en las noticias, el uso de
la tercera persona y el acompañamiento con
fuentes responsables.
Al final de la
década de los años setenta, en correspondencia
con la profunda desacreditación y crisis
irreversible de la dictadura somocista, el diario
La Prensa inauguró una etapa de un
periodismo diferente al cotidiano, con notas
impactantes sobre la corrupción y el carácter
criminal del régimen gubernamental.
La
denunciología
La Prensa
publicó en primera plana trabajos sobre los
negocios de Somoza con la reconstrucción de
Managua después del terremoto de 1971 que
devastó la capital; destapó actos de
corrupción de Fausto Zelaya en el INVI, de
Cornelio Hueck (El Señor de Masaya); publicó
sobre la empresa Plasmaféresis que compraba
sangre a los borrachitos marginados de la
capital; acerca del famoso "Paquete
España" y la apropiación ilícita de
millones de dólares en la compra a España de
maquinaria de construcción y otros equipos; y
otros muchos casos más. ¿Esto era periodismo
investigativo?
Este tipo de
trabajos publicados por La Prensa pueden
tomarse como los antecedentes inmediatos del
periodismo investigativo en Nicaragua, y cuya
característica principal era la denunciología.
Efectivamente, este diario se convirtió en el
medio que todos los días denunciaba airadamente
los males de la dictadura somocista. Y realmente
no era necesario hurgar mucho, porque el régimen
estaba apestado, purulento, de modo que donde
tocaban los periodistas, salía pus.
Además, el
periodismo predominante de estos años acompaña
abierta y decididamente la lucha popular que
desemboca en insurrecciones masivas en varias
ciudades. Pese a la represión, los medios
informaban ampliamente acerca del desarrollo de
la guerra, sobre todo a partir de la espectacular
toma del Palacio Nacional en agosto de 1978 y la
insurrección popular armada de septiembre de ese
mismo año.
La denuncia no
es lo mismo que periodismo investigativo, el cual
pretende llegar hasta las raíces de los hechos,
comprobándolos mediante documentación y de
fuentes vivas. La denuncia se queda en publicar
una información proporcionada por alguien,
filtrada por alguna institución, escuchada
sobrepticiamente, u obtenida por cualquier
vía, no comprueba los hechos y no toma en
cuenta la parte aludida. Los casos de La
Prensa no eran sólo denuncia, pero no
llegaban a ser rigurosas investigaciones
periodísticas.
La represión,
que incluía cárcel, golpes, torturas y hasta la
eliminación física, y las operaciones
especiales de la Oficina de Seguridad Nacional
(OSN), que mediante diversas acciones amedrentaba
a los blancos señalados, fue el aspecto más
denunciado por los medios de comunicación
social. Las manifestaciones populares eran
reprimidas en las calles con bombas lacrimógenas
y balas. En los primeros meses de 1979, decenas
de jóvenes eran capturados diariamente sobre
todo en Managua, León, Masaya, Diriamba,
Jinotepe, Chinandega y Estelí, y muchos de ellos
no amanecían vivos. En Managua, la costa del
lago Xolotlán y la Cuesta del Plomo, cerca de la
refinería Esso, eran los principales botaderos
de cadáveres que tenía la Guardia Nacional.
Estos hechos eran reportados y generalmente no se
investigaba nada, no era necesario, tampoco
posible, ahí estaban los hechos hablando por sí
mismos. Era un periodismo propagandístico, y
hasta militante.
Contexto
de guerra
En la década de
los 80 tampoco logró el periodismo investigativo
establecerse como una práctica sistemática, y
más bien prevaleció la denuncia, por un lado, y
el reportaje de guerra, con algo de crónica, por
otro. Estos reportajes encendieron la
imaginación de los lectores y fortalecieron la
moral de muchos combatientes, aunque también
llevaron dolor a los familiares de las víctimas
de los enfrentamientos.
Un contexto de
guerra es totalmente inapropiado para el
ejercicio del periodismo, hasta tal punto que
generalmente la primera baja en un conflicto
bélico, es la información. Vimos en la
invasión norteamericana de Grenada como los
propios medios de comunicación social
norteamericanos fueron impedidos de llegar a la
isla en los primeros días de la operación; y
luego en el Golfo Pérsico fue prácticamente
"misión imposible" darle seguimiento a
la guerra electrónica que estaba ocurriendo. La
lección de Vietnam. Milosevic sacó de Kosovo a
los periodistas y los concentró en Belgrado, y
expulsó a varios corresponsales extranjeros.
Los dirigentes
sandinistas elevaron los asuntos económicos y
militares a cuestiones de seguridad nacional, y
no se podía informar libremente al respecto.
Todas las notas procedentes del teatro de
operaciones militares eran revisadas
cuidadosamente por oficiales del Ejército
Popular Sandinista (EPS). No podía aparecer
ningún detalle que afectara la moral de las
tropas, y era inconcebible publicar una acción
en la que unidades militares, por pequeñas que
fueran, hubieran sido derrotadas por las tropas
contrarrevolucionarias. Las cifras, aparentes
datos inofensivos, eran pecado mortal. No sé
qué tal le fue a los agentes de la estación CIA
en Nicaragua que rastreaban el diario Barricada,
no creo que bien, aunque algo debe haberse
filtrado.
Fui un
apasionado del periodismo investigativo en la
década de los ochenta, pero eso no es suficiente
para realizarlo. Elaboré un primer trabajo sobre
la fuga de medicamentos en el sistema nacional
único de salud, publicado por el diario Barricada,
que contiene algunos elementos de este tipo de
periodismo. Recientemente el editor de La
Prensa, Roberto Fonseca, mencionó antes
estudiantes de Comunicación Social de la UCA, un
trabajo que hice sobre los somocistas en Miami,
como ejemplo de periodismo investigativo, sin
embargo, creo que fue más bien un extenso
reportaje o "gran reportaje" que tuvo
un éxito extraordinario porque trató sobre un
tema muy cautivante en ese momento.
A finales de los
ochenta y principios de los noventa, el
periodista Noel Irías empezó una prometedora
carrera de periodista investigador que tuvo su
momento culminante con el "Caso Antonio
Ibarra". Pero una golondrina no hace verano,
y además, a Noel se le ocurrió morirse más
temprano.
Algunas
limitantes
De verdad, como
reportero, yo sentía la necesidad de profundizar
en cada tema que abordaba, no importando de qué
se tratara, siempre parecía haber algo más como
trasfondo del hecho aparente, y esa forma de
apreciar los hechos era también una forma de ser
que me costó no pocos problemas. Era una
tendencia muy fuerte, por eso me identifiqué
rápidamente con el periodismo investigativo,
pero realizarlo es harto difícil porque, además
de tener que vencer las limitaciones de uno como
periodista, hay que enfrentarse con la falta de
tiempo y los requerimientos cotidianos del medio,
así como la ausencia de recursos materiales..
El mayor
problema era que el medio no lo dejaba a uno
concentrarse en un tema, muchas veces porque
habían necesidades apremiantes: había que
cubrir una conferencia de prensa de Carlos
Núñez, las sesiones de la Asamblea, o salir a
la montaña con una unidad militar, ir a un
barrio, a una fábrica, a una actividad de los
empleados públicos, de la salud o de los
CDS... Siempre sobraba qué hacer. Como siempre y
como ahora, la demanda de la sociedad hacia el
medio era como una avalancha que colmaba nuestra
capacidad.
Pero esto no era
todo, y creo que algo de eso prevalece en algunos
medios. Había una cierta resistencia de los
funcionarios a ceder tiempo a un periodista para
un trabajo de investigación (y lo digo aún
reconociendo que fui un privilegiado en este
sentido). Esa resistencia provenía quizás de la
inseguridad de que se obtuvieran resultados
proporcionalmente rentables en relación con la
inversión humana y material; y también de un
cierto rechazo propio de las redacciones de
periódicos a que uno o dos periodistas estén en
algo particular o especial, y no en todo lo que
hay que hacer.
En muchos
periódicos de América Latina y Estados Unidos
se han producido roces cuando se crean unidades
de investigación o se destina exclusivamente
para investigación a ciertos periodistas, los
cuales inmediatamente se ganan cierta
animadversión o antipatía de parte de los
colegas que quedan a cargo de la actividad
cotidiana y convencional. Incorrectamente
muchos editores obstaculizan el periodismo
investigativo para no tener este problema.
También hay
ignorancia en propietarios o funcionarios de
medios de comunicación, lo que les impide ver la
importancia del periodismo investigativo, el cual
es una necesidad en nuestras sociedades tan poco
maduras, corruptas y necesitadas de mecanismos de
exposición pública de las barbaridades de
muchos servidores estatales, por ejemplo.
Luchador
obsesionado
Aún tomando
también en cuenta la limitante que se levanta
casi como una barrera infranqueable cuando los
dueños del medio están muy comprometidos con el
gobierno o sectores de poder, creo que el
principal enemigo del periodismo investigativo es
el propio periodista, porque se deja vencer
fácilmente por las dificultades.
Para realizar
periodismo investigativo hay que convertirse en
un luchador, casi en un fanático, en un
obsesionado, en un detective apasionado, en un
cazador obstinado, sumamente paciente y
firmemente perseverante. La tenacidad debe ser
una de sus principales características. Y estas
"cualidades", por llamarlas así,
comienzan desde la elaboración de una nota
informativa, pues el periodista está obligado a
no publicarla si no tiene completa la
información, si le falta una fuente relevante, o
si no tiene el punto de vista de alguien aludido.
El editor o jefe
de información presiona para que el periodista
entregue su trabajo rápidamente, y muchas veces
el reportero no actúa profesionalmente,
diciéndole al funcionario que su trabajo está
incompleto, que no cumple con los requerimientos
profesionales elementales, y que por tanto no
debe publicarse así como está. Y peor el
funcionario que la publica incompleta. "Es
que perdemos el empleo si actuamos así",
dijo una estudiante de Comunicación Social.
Puede ser, pero aún así, el periodista debe
tener principios profesionales, si no, no es
periodista, sino una caricatura. Debe comportarse
como un profesional que sabe que para ser
publicable, su trabajo debe reunir ciertas
condiciones técnicas.
Suele ocurrir
que se tenga entre manos una noticia que puede
ser tema de investigación para sacarle el
máximo provecho, dada la envergadura de lo que
prometen los indicios obtenidos inicialmente, y
que, por la prisa, por la competencia, esto se
desaprovecha en una nota informativa que puede
causar cierto impacto, pero nada más.
También es
frecuente que teniendo algo bueno en la libreta
de apuntes, pero no lo suficiente, el periodista
publica de inmediato por haraganería, por no
tener el ímpetu, el vigor, el empuje
profesional, el entusiasmo del que quiere hurgar
a fondo, sin importar que ello implique trabajo
extraordinario y peligros. Otras veces no se
investiga por temor a que al hacerlo, la realidad
le bote lo que a primera vista aparece como una
primicia.
De
las dictaduras a la globalización y el mercado
El contexto de
sanguinarias y corruptas dictaduras militares que
vivió América Latina hasta los ochenta, fue el
principal impedimento al desarrollo de un
periodismo investigativo. En las nuevas
condiciones de democracia, del uso del voto para
el cambio de gobierno y de libertad de
expresión, el periodismo investigativo encuentra
cauces favorables.
Ya vimos cómo
investigaciones periodísticas culminaron con la
renuncia de Fernando Collor de Melo en Brasil;
con el encarcelamiento de Carlos Andrés Pérez
en Venezuela; y con el descubrimiento de las
truculencias multimillonarias del hermano del
presidente Salinas, en México. Han sido casos
resonantes de periodismo investigativo, que nos
dicen que es posible, que es necesario, que hay
un contexto favorable, y también que el blanco
se ha desplazado hacia el área económica y
financiera.
Efectivamente,
en un mundo globalizándose, unipolar, con el
capitalismo como sistema mundial único --salvo
las excepciones--, donde hay un empuje violento
hacia la economía de mercado mundializada y cada
vez mayor competitividad, el escenario principal
es la economía y las finanzas. Y ahí está el
dinero. "Sigue el dinero", exhortaba Garganta
Profunda a Bob Woodward, del Washington
Post, durante las investigaciones que condujeron
al famoso Watergate.
Recientemente
hemos visto intentos de periodismo investigativo
con los casos del Narcojet y de las presuntas
compras de tierras de parte del presidente de la
República, pero estas situaciones no han sido
manejadas con el rigor requerido, y se han
quedado cortas, por lo cual estos esfuerzos
tienen mas bien características de denuncias o
cuando más, del llamado "periodismo
dinamitero", que suelta una pista, como si
fuera una bomba, para que explote y tenga eco, y
con las reacciones convertir el asunto en un
caso.
Hay mucha
urgencia por publicar, no hay paciencia, y al
parecer, tampoco una estrategia investigativa,
con objetivos bien definidos y delimitados, y con
procedimientos y herramientas específicas. Para
que un caso de periodismo investigativo culmine
con el desenmascaramiento de los delincuentes y
su enjuiciamiento en los tribunales, se requieren
pruebas, y obtenerlas precisa de tiempo, de
perseverancia, de una verdadera conciencia
investigadora, de un sentido profundo de
profesionalismo y de ética. ¿Por qué no
decirlo? También se requiere ser valiente. Tan
poderosos intereses están en juego, que cuando
el periodista investigador se acerca a la verdad,
huele a peligro.
El
flagelo del partidismo
Pedro Joaquín
Chamorro Cardenal fue asesinado por el régimen
somocista, pero esa no ha sido la tónica en
Nicaragua, como sí lo es en la vecina Guatemala,
en México y Colombia, donde centenares de
colegas han sido asesinados por husmear en
asuntos de violaciones a derechos humanos,
negocios ilícitos, tráfico de drogas,
etcétera. Particularmente en Colombia, y en
menor grado en México, el periodismo
investigativo se ha desarrollado muchísimo más.
Quizás por ello maten tantos periodistas.
Con tanta droga
en Nicaragua, con expendios de cocaína en cada
manzana de cada barrio, con tantos poderosos
metidos en negocios turbios, con tanto tráfico
de influencia, con tanta corrupción, el
periodismo investigativo encuentra un campo
propicio, pero también lleno de peligros.
Recordemos que el salvadoreño que manejó el
rastreador electrónico que detectó cocaína en
el Leader Jet, murió pasconeado a balazos en una
parada de buses en San Salvador. ¿Fue una
casualidad?
El partidismo,
ese terrible mal que atraviesa la columna
vertebral del gremio de periodistas de Nicaragua,
es un estorbo tremendo para el periodismo
investigativo, y pone en evidencia el bajo
profesionalismo predominante. Separar los
intereses personales de cualquier tipo,
políticos, religiosos, económicos, etcétera,
del ejercicio del periodismo, se ha vuelto harto
difícil en nuestra sociedad.
Hemos visto
cómo se dispara contra el gobierno, personas e
instituciones de todo tipo, desde posiciones
partidistas o de un concepto amarillista y
sensacionalista del ejercicio, que pretenden
suplantar al periodismo, y que se presentan como
periodismo profesional; entonces el intento falla
porque no se basó en un ejercicio profesional,
es decir, en una búsqueda organizada y
sistemática de la información, en una
recolección metódica y perseverante, hasta
comprobar las presunciones.
Frecuentemente
se ataca, se hostiga, y como no hay pruebas, se
pierde la oportunidad real de contribuir con la
sociedad cumpliendo cabalmente con la función de
fiscalizar el uso de los bienes públicos, que es
una misión de los medios y los periodistas. Más
bien, queda un gran vacío, los presuntos
implicados en actos ilícitos, son alertados, con
lo que obtienen gratuitamente la oportunidad de
ponerse a buen resguardo, y emprender una
investigación periodística verdadera tendrá
pocas posibilidades de éxito.
El
periodismo "light"
Hasta se han
dado casos de conflicto de interés, bajo la
forma de falsas primicias y de supuesto
periodismo investigativo, como el que afectó a
una empresa que resultó ser competidora del
principal patrocinador del medio que lanzó el
bombazo. Y el famoso viejo video utilizado como
punta de lanza, se originó en la firma
patrocinadora. Estando de por medio su principal
anunciante, el medio se encontraba en un
conflicto de interés, y desde una perspectiva
ética, debió abstenerse de entrar al asunto.
El periodismo
investigativo ha visto alzarse como un gran
adversario que conspira contra él, al llamado
periodismo "light", el periodismo
frívolo, trivial y superficial, que parece ser
parte del "menú postmoderno" destinado
a los consumidores masivos de modas, novedades y
cualquier cosa ligera que los aleje de la cada
vez más incómoda y difícil tarea de tener que
pensar y preocuparse por los problemas de la vida
real. ¿O ustedes creen que es periodismo
investigativo lo que hicieron muchos medios de
comunicación en Estados Unidos, principalmente
la televisión, con el escándalo sexual
Clinton-Lewinsky?
Puede haber un
periodismo de profundidad sobre temas no
relacionados a actividades delictivas que son de
interés general o de amplios segmentos de la
población y que contribuyen al desarrollo humano
porque proporcionan información que enriquece el
patrimonio cultural y provoca la reflexión. Los
perfiles o pequeñas biografías sobre personas
interesantes de la vida cotidiana o acerca de
personalidades son una muestra de ello. Las
historias atrayentes y fascinantes están por
doquier, no debería haber espacio para la
banalidad, pero lo cierto es que existe ese
espacio, ese mercado. El ejercicio de un
periodismo chismográfico, de lo pasajero,
inmediatista e intrascendente, es una tendencia
internacional preocupante, que toma fuerza.
En medio de un
panorama a veces desolador, en Nicaragua existen
condiciones mínimas para realizar periodismo
investigativo, aun con todo y que la información
esté multifragmentada y que además muchas veces
es confusa y hasta contradictoria. Hay
condiciones aunque tampoco existe una ley que
obligue a los funcionarios públicos a
proporcionar la información solicitada por el
periodista.
No obstante, no
está documentado ningún caso de reiterada
negativa del gobierno a dar información, quizás
porque no es práctica común entre los
periodistas solicitar información por escrito, y
menos abrumar al funcionario con recordatorios
telefónicos, por fax, correo postal, correo
electrónico, recados, visitas a su despacho,
recordatorios en conferencias de prensa o en
actividades públicas diversas (sociales,
religiosas o de otro tipo).
Aunque el
presidente de la República ya convirtió en una
costumbre cometer exabruptos y luego negar su
autoría y responsabilizar a los periodistas
acusándolos cuando menos de haberlo
malinterpretado, esto no debe impedir los
esfuerzos en periodismo investigativo.
Unidad
de Investigación en La Prensa
Llama la
atención que uno de los diarios, La Prensa,
haya constituido formalmente una Unidad de
Periodismo Investigativo, integrada por dos
periodistas, Eduardo Marenco y Luis Duarte, bajo
la dirección del editor Roberto Fonseca. Sólo
que los periodistas deben alternarse entre las
investigaciones predeterminadas por el periódico
a seguir, y el trabajo cotidiano. Quizás si
estuvieran a tiempo completo habría que esperar
excelentes resultados.
También resulta
conveniente para el periodismo investigativo que
el Canal 2 de televisión haya aumentado su
planilla a 18 periodistas, lo que facilita el
trabajo de los reporteros, pues no se ven
sobrecargados de trabajo. Uno de los periodistas,
Félix Cisneros, que recientemente estuvo
también como presentador de noticias, ensayó
algunos trabajos de periodismo de profundidad,
como uno que realizó sobre los puertos del
país.
En El Nuevo
Diario prevalece la urgencia de soltar el
bombazo inmediatamente, y con frecuencia no sólo
echa a perder temas de investigación
periodística, sino que se expone gratuitamente
al reclamo de personas injustamente agraviadas,
como ocurrió con el ministro de Agricultura y
Ganadería, Mario de Franco, quien se vio
obligado a publicar en varios periódicos amplios
campos pagados en defensa de su honor y el de una
hija suya aludida en la publicación, refutando
sólidamente las acusaciones. El Nuevo Diario
también perdió una magnífica oportunidad con
el BANIC, publicando información muy inexacta
que fue fácilmente rebatida por el funcionario
Donald Spencer. Y quedó en el misterio el asunto
de fondo que es la compra de este banco mediante
un procedimiento de capitalización que si bien
fue supervigilado por la Contraloría General de
la República, despierta muchas dudas y
suspicacias, al menos para el dirigente del FSLN,
Bayardo Arce Castaño, que reiteradamente ha
dicho que fue una operación turbia.
La práctica
demuestra que el punto de partida para el
ejercicio exitoso del periodismo investigativo es
una posición estrictamente profesional; y su
arma principal, un código de ética profesional
que guíe por la senda correcta el proceder del
periodista.
*
Guillermo Cortés Domínguez es director de la revista sobre
comunicaciones, Medios y Mensajes, que se edita en Managua, Nicaragua.
Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.
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