Sala de Prensa


14
Diciembre 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Las verdades de Javier Darío Restrepo

Oscar Domínguez G. *

Javier Darío Restrepo tiene respuestas para todas las preguntas sobre el oficio periodístico. Ejerce un periodismo de manos limpias que a más de un colega suyo nos provoca envidia de la buena. Al periodismo le ha dado estatus como reportero y como estudioso. Por cierto, que reivindicó su condición de reportero cuando le adjudicaron el Premio de Periodismo Simón Bolívar –uno de los más importantes que se otorgan en Colombia– por su vida y obra al pie de las cuartillas.

Desde el diario El Tiempo, de Bogotá, Colombia, ejerce una docencia dominical de la que se benefician por iguales lectores y periodistas. Es crítico y duro con los periodistas. Ha rechazado la dirección de varios medios de prensa porque se siente más a gusto ejerciendo la magistratura periodística. Es demasiado franco para tenerlo como subalterno.

La tarde que lo entrevisté estaba reciente un agarrón suyo con la oficina de prensa Casa de Nariño, la sede presidencial. Y como el escritor Honorato de Balzac, gran crítico del periodismo, andaba “cumpliendo” 200 años de nacimiento, el diálogo arrancó por allí.

 




Javier Darío Restrepo

Oscar Domínguez: Balzac dijo que si el periodismo no existiera no habría necesidad de inventarlo. ¿Tenía razón, o realmente los periodistas somos tan importantes?

Javier Darío Restrepo: En realidad, si el periodismo se mira como un cuarto poder es prescindible y ahí tiene razón Balzac. Con esa penetración que él tenía de las realidades sociales, él entendía que el periodismo como poder no se justifica. En cambio, el periodismo como servicio es irremplazable. Esa es justamente la reflexión que se está haciendo el periodismo de nuestro tiempo, porque cada vez está entendiendo con mayor claridad que como poder no puede subsistir. Como poder ha sido pésimo, y ha resultado aliado a los otros poderes.

Ahora la evolución que está dando el periodismo es muy interesante, partiendo de hechos tan prosaicos como el de que tiene que vender su producto y para venderlo tiene que garantizarle a la gente que es digno de confianza y de credibilidad, y éstas no se fundan sino es en una actitud de servicio y en un servicio comprobado para la sociedad. Los periódicos los compra la gente, lo hace no ya por simple curiosidad sino buscando allí algo útil que le sirva. Eso entre nosotros esta comenzando a suceder y se lo están planteando más seriamente periódicos grandes en el resto del mundo y de allí está saliendo la preocupación por un periodismo de servicio y como tal indispensable para la sociedad.

OD.: ¿Qué trabas hay en ese camino?

J.D.R.: Creo que una de las trabas que se están notando más son las dependencias que tienen los distintos medios de comunicación. Hay una cadena de dependencias que se inicia en la preocupación y el culto por la tecnología. En muchos medios se ha creado la idea de que si yo tengo tecnología de punta, yo vendo más fácilmente mi producto porque la gente, alucinada por el brillo de la tecnología, va a buscar aquello. El problema es que para tener la mejor y la última de las tecnologías, necesitas hacer grandes piruetas financieras. Y en esas piruetas resultas ensartado en las dependencias del banco o del grupo financiero que te presta.

Si el medio no remplaza su pasión por la tecnología con imaginación y sobre todo con consagración a lo que es su función fundamental, acaba dependiendo de eso. De ahí aparece lo que en nuestros países, y particularmente en Colombia, se ha llamado la censura sutil, que proviene primero de aquellos que están abasteciendo de elementos financieros a los medios.

También resulta que el medio, consciente de que ese tren de gastos y de dependencias no se logra mantener solo con el combustible que da la venta y la publicidad del solo medio, crea otras empresas alrededor. El hecho es que todas van exigiendo más dinero para mantenerse y a medida que esto crece van creciendo también las dependencias financieras del medio.

Creo que uno de los grandes problemas que están enfrentando ahora los grandes medios de América Latina es nacido de la corporativización, porque se han perdido de vista lo que fueron los ideales iniciales. Uno recuerda a Pulitzer hablando de medios que fueran autosuficientes. Pero para que un medio lo sea, no es cuestión de multiplicar los ingresos sino de convivir con la austeridad. Los periodistas estamos condenados a ser austeros para poder ser independientes. Y gran parte de las dependencias y de las censuras sutiles que existen son censuras que nosotros mismos nos hemos impuesto por el crecimiento de las dependencias financieras.

OD.: ¿Al hablar de las dependencias estás aludiendo a las limitantes que podría tener la libertad de expresión?

J.D.R.: Libertad de expresión, como lo dice la misma palabra, es que tú puedas expresarte sin que encuentres límites ni externos, ni internos. Los externos son supremamente conocidos: viene a ser toda esa cosa tan vulgar de la amenaza, del asesinato, de llegar militares con tijeras en las manos a cortar el editorial o las noticias y demás. Es la parte vulgar de la censura. Hay una parte más pudorosa de la censura que es esa que pone trabas legales, pero no dirigidas expresamente a la prensa, sino indirectamente, como lo que acabamos de sortear aquí en Colombia, que en una reforma del código penal ya querían incluir una traba legal consistente en que si tú revelas alguna parte de un expediente estás próximo a un carcelazo.

Recuerda el estatuto anticorrupción donde hay un artículo en el que a tí te prohiben utilizar cualquier información que tenga que ver con procesos que estén en marcha contra algún funcionario oficial. Entonces es paradójico: si la primera arma de combate contra la corrupción es la información, aquí, en un estatuto anticorrupción se veda la información sobre los corruptos.

Luego se quiere someter al periodista a las mismas leyes de cualquier abogado, y tú sabes que las pruebas que ofrece un abogado, no son las mismas pruebas que ofrece un periodista. Este llega en el momento en que se ha cometido el hecho y comienza como cualquier ciudadano a observar las cosas. Y es a partir de esa observación del periodista, que no es ninguna prueba judicial, como comienzan las investigaciones judiciales. El periodista da la materia prima para esa investigación. Pues bien: todo eso se lo quería taponar mediante una pirueta legal.

Hay otra limitación: los juegos de los contratos en televisión y eso fue particularmente evidente en el gobierno de (Ernesto) Samper y ahora están apareciendo las orejas de la misma estrategia cuando se busca desde el gobierno que desaparezca la Comisión Nacional de Televisión, para que el gobierno sea quien maneje la televisión, maneje la radio, todos los medios.

OD.: Ese rótulo de profesión-peligro que tiene el periodismo y que en Colombia se expresa muy fuertemente, ¿qué otras expresiones a tu juicio tiene en este momento?

J.D.R.: Justamente es una discusión que he sostenido con algunas personas, algunos de organizaciones internacionales, que se niegan a mirar un aspecto de restricción de la libertad de expresión: la situación laboral de los periodistas, particularmente de los que están trabajando en la televisión, en los canales privados.

Pensar en un periodista, y allí hay unos profesionales muy respetables, que está trabajando siempre bajo la amenaza del desempleo, dentro de una situación en que tiene que trabajar incluidos los fines de semana sin que eso represente una mejora en la paga. Pero si no trabaja, eso representa la posibilidad de que lo reemplacen y quede desempleado.

Cuando yo sumo los distintos casos de gente que está informando a través de la televisión y que está en esas condiciones, me encuentro un periodista que no tiene libertad para informar porque siempre tiene pendiente sobre su cuello esa espada del desempleo y de la mala paga. Pero si a eso le agrego que el 80 por ciento de los colombianos explican que la principal información que reciben es a través de la televisión, entonces eso qué me da por resultado: una población que está siendo informada por gente que no es libre, que no puede producir una información libre. Eso da una señal muy preocupante de deterioro de la democracia, porque si la democracia solo se logra con ciudadanos bien informados, el 80 por ciento de los colombianos se están informando a través de la televisión, y la información de la televisión no es una información libre.

OD.: Y, ¿cuál es el papel de los medios impresos, que deben atender al 20 por ciento restante?

J.D.R.: Sin ser ideal, la prensa impresa está cumpliendo su tarea con mucho mayor decoro. Hay más oportunidad de análisis, hay cierta independencia y sobre todo hay una cierta tradición de pasión por el oficio.

En el periodismo impreso tú nunca has visto que se haya generalizado una buena paga. El periodista de cualquier diario, de cualquier revista, tiene una paga modesta y allí no hay esa terrible competencia por los grandes salarios que observas en la radio y en la televisión. Además, encuentras allí más capacidad de reflexión, y el embrujo de la palabra escrita que tiene su propia fuerza, te obliga a reflexionar, a estudiar, a confrontar fuentes.

En la televisión esa prisa endemoniada que tiene el reportero le hace casi imposible que pueda hacer una confrontación de fuentes y una búsqueda sosegada de la verdad de los hechos. Esa, en cambio, sí la tienes en el medio impreso.

Y luego en los medios impresos tú observas que hay un cambio en el sentido de que allí la gente se está sintiendo más obligada a profundizar y a especializarse en los temas. Cada vez nota uno más en los medios impresos que están contratando gente que es especialista en esos temas y que la pone a trabajar en ellos. Y otra circunstancia que yo observo como muy positiva es el trabajo en equipo.

Yo pienso que el medio impreso sí está dando una mejor información, más fiable para lo que se necesita actualmente en el país.

OD.: Y esta situación que describes para la prensa colombiana, ¿es exclusiva nuestra o se podría generalizar con respecto a los demás países de América Latina?

J.D.R: Tengo la impresión de que eso se está generalizando, que somos parte de esa ola de fin de milenio en la que las cosas están cambiando. Más aún, pienso que la misma televisión tiene un futuro no del todo claro para el próximo milenio. Si miras la importancia creciente que va teniendo todo lo que es la informática, todo lo que es la navegación por la cibernética, te vas a dar cuenta de cómo ya la gente va subestimando la televisión y va buscando información a través de Internet y de todos estos medios que nos están ofreciendo los computadores, de modo que para ellos el futuro no está garantizado. Y para los mismos medios impresos tampoco está garantizado el futuro, si no es a través de una información de servicio. Cada vez la gente va encontrando más utilidad en un medio pequeño, tecnológicamente atrasado pero independiente y que interprete las distintas comunidades. La gente cada vez va necesitando más que le hablen sobre su vecino y no que le hablen sobre los otros continentes.

OD.: Tocas el tema de la ética, me gustaría que profundizarás más. Desde la perspectiva del periodismo, ¿somos los periodistas más o menos éticos en estos tiempos?

J.D.R.: En periodismo está ocurriendo lo mismo que está sucediendo a nivel mundial, hay una conciencia que se ha ido haciendo muy clara: vivimos en un planeta en erupción en el que se está imponiendo una especie de ética de sobrevivientes.

Cuando te hablo de ética de sobrevivientes, me refiero a aquel pacto de superviviencia que se hace, y que necesita como base que se respeten ciertas normas. Los que sobreviven en una balsa, así sean los más anárquicos de corazón y de espíritu, tienen que someterse a ciertas reglas porque de lo contrario saben que naufragan. El mundo está en una situación parecida. Es una especie de balsa en la que sabemos que para sobrevivir tenemos que acatar ciertas normas, y es lo que se llama actualmente la ética civil, que no está basada en principio religioso alguno, sino que está fundada en una necesidad reconocida por todos: si no aceptamos esas normas nos perjudicamos todos.

De la misma manera está sucediendo en periodismo. En periodismo cada vez es más claro: o dices la verdad y tienes pruebas para sustentarla o se friega tu medio. La gente tiene derecho a que le digan la verdad y con exactitud. Incluso hoy se habla de exactitud científica en el periodista. Al lado de esa exigencia, va creciendo la conciencia de que el periodista tiene que ser independiente. Fíjate la forma vehemente como los lectores le exigen a un periódico como El Tiempo. Dicen: "Ustedes son los dueños del periódico, pero nosotros somos los dueños de la información, por consiguiente, ustedes no tienen por qué utilizar la información para promover sus negocios."

OD.: Nosotros hablamos mucho de libertad de expresión entendida desde los periodistas hacia fuera, pero el lector, el oyente, el televidente también tiene derecho a ejercer una libertad de expresión. Sin embargo, parece que no hay la suficiente libertad para que la gente se exprese...

J.D.R.: Sí, no hay los canales suficientes, pero sí se están abriendo cada vez más canales. Tú escuchas por la mañana las dos grandes cadenas RCN y Caracol y notas un cambio. Antes, ellos dejaban hacia las nueve y media lo que era la voz de los oyentes y allí echaban cuatro o cinco cartas. Ahora desde cuando comienza la emisión de noticias, van intercalando la voz de los oyentes.

En lo que se refiere a periódicos, este año han aparecido dos novedades. El Espectador, además de las cartas diarias que publica semanalmente, tiene toda una página en la que publica una cantidad muy grande de cartas. El Tiempo, además de las cartas de las páginas cuarta y quinta, ha dedicado un día para que la página quinta no tenga columnistas sino que sean los lectores. Además de eso, la sección Motor (dedicada a los automóviles) tiene su página de cartas, al igual que la sección de computadores, la sección de tierra y ganado, la económica. Desde luego, el Defensor del Lector tiene su página de cartas, lo cual muestra cómo ha ido creciendo la conciencia por parte de los medios de que tienen que abrirle espacios a los lectores.

Eso en cambio, no lo encuentras en televisión donde no hay una participación así abierta de los televidentes, salvo uno que otro programa que abre los teléfonos al aire, pero eso es más bien una excepción. Los programas informativos no tienen ese tipo de doble línea con sus televidentes.

OD.: Los medios han empezado a competir con un intruso en el ciberespacio que es Internet. ¿En qué medida Internet influirá en el futuro de los medios?

J.D.R.: Si los medios no se preocupan por ganar una credibilidad y por prestar un servicio que pueda competir con la credibilidad y con el servicio de Internet, muy fácilmente van a ser remplazados, al menos en parte, por la información de Internet.

OD.: ¿Consideras que los gobiernos siguen atentando contra la libertad de expresión a través de organismos creados para que solo se conozca la verdad oficial?

J.D.R.: Creo que es una condición propia del poder gubernamental la de dar una información que nunca podrá ser una información completa. El ejercicio del poder crea unas ciertas limitaciones de conocimiento y de percepción de la realidad. La cuestión no está tanto en ellos sino en los medios independientes y lo trágico sería que llegara un momento que estos medios independientes por ahorrarse costos y por ahorrarse esfuerzos, asintieran pasivamente a toda la información que les llega desde el poder. Ese día estaría seriamente amenazada la democracia.porque sería una información desde el poder y casi se puede afirmar como axioma que información que se da desde el poder es una información incompleta. No digo que falsa pero sí es incompleta. Si el señor presidente está en gira, la mejor información es la que reproduce lo que el presidente dijo y el programa de actividades del presidente. Si te sales de eso, y entras a interpretar lo que representó la gira presidencial, lo que representaron los distintos detalles de los actos en que él estuvo, el tono, los énfasis que se hicieron en los distintos discursos, primero, los informadores oficiales piensan que estás en la oposición, cuando lo que estás haciendo únicamente es interpretando los hechos y esa tarea es la propia de los medios independientes. La ciudadanía necesita esa ayuda... Decía Pitigrilli que uno conoce a un personaje cuando lo ve bajar las escaleras. Hay que mirarlos bajar las escaleras, no mirarlos solo en la cumbre, hay que mirarlos como seres humanos, que transitoriamente están en el poder y a veces tienen que agarrarse de él para no caer. Todo eso tiene que hacerlo el periodista. Un periodismo oficial es un periodismo incompleto y es un periodismo cegatón que obliga a la sociedad a caminar con bordón. Lo que hace el periodismo independiente es darle elementos a la sociedad para que camine con sus propios pies.

OD.: A manera de síntesis, ¿dirías que la libertad de expresión en Colombia y en América atraviesa por un buen o un mal momento?

J.D.R.: En América atraviesa un mal momento. En un congreso que se hizo en la cumbre de las América en Santiago de Chile, donde nos reunimos periodistas de todo el continente, era impresionante el panorama en todos los países. No creo que haya un buen momento para la prensa en el continente, como no lo hay en Colombia, donde hay muchas limitaciones. Ahora: a mí no me asombra eso. Me asombraría un periodismo que aceptara eso pasivamente. Al fin y al cabo, la libertad es algo que se tiene que estar conquistando todos los días, no es algo que se nos da hecho y cuanta mayor conciencia hay de la necesidad de libertad, hay mayor visión de los obstáculos que se le oponen. Decir en este momento que hay libertad de prensa en América, o en Colombia, sería preocupante porque eso significaría que ha descendido la sensibilidad del periodista a las exigencias ilimitadas que tiene la libertad.


* Oscar Domínguez es director de la Agencia Colombiana de Noticias, Colprensa. Ha sido reportero de asuntos políticos en prensa, radio y televisión. Sus columnas se publican en varios periódicos colombianos. Esta entrevista se publicó en Pulso del Periodismo y se reproduce con autorización de su editor.


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