Antecedentes
históricos del periodismo guatemalteco
Rogelio
Hernández Reyes *
China
parece haber sido el primer país donde hubo un
antecedente del periódico, se llamaba Ti-chaw,
frase que podría traducirse por Gaceta de
Pekín, que se imprimía mediante bloques de
madera, que fue el sistema empleado antes de que
existiera el alfabeto suelto que se atribuye
haber producido Johannes Gensfleisch Gutenberg,
muerto en 1468, quien así pudo imprimir por
primera vez la Biblia Latina, entre 1450 y 1455.
Luego la
historia, que recorre a zancadas las distancias
del tiempo, asoma su mirada al siglo XV, casi mil
años del Ti-chaw, y nos pone frente a
las hojas que circulaban en Venecia, cada una de
las cuales valía una gazzetta, que era el nombre
de la moneda veneciana, que se pegó después a
la hoja misma y con el que siguió llamándose
durante siglos, hasta nuestros días,
especialmente, para denominar a periódicos
oficiales.
Son
antecedentes también, aunque de tipo diferente,
la llamada Acta Pública, de la antigua
Roma, que mandaban a editar las autoridades para
comunicar sus disposiciones, y la llamada Acta
Diurna, que se hacía igualmente a mano, para
fijar en sitios públicos, con noticias de
interés general.
La primera
publicación de carácter periódico fue la Avisa
Relation Oder Zeitung, que apareció en 1609
en Alemania, a la que siguieron otras, aparecidas
en Amberes, Londres y Paris, más o menos por la
misma época.
La prensa
hizo su aparición en América, en el siglo XVIII
y correspondió a México publicar el primer
periódico, en 1722, llamado La Gaceta de
México; siguiéndole Guatemala, en 1729, con
La Gazeta de Goathemala, y a
continuación, aunque con apreciables diferencias
de años, Lima, La Habana, Santa Fe de Bogotá,
Quito y Caracas, donde el periódico que se
publicó circuló allá por 1808. Más tarde
vieron la luz pública La Estrella del Sur,
en Montevideo, y La Aurora, en Santiago de
Chile, describe Federico González Campo,
en el preludio del libro titulado: Fiesta de
Remembranzas.
El periodismo guatemalteco
La situación
intelectual del Reino de Guatemala, a pesar de la
crueldad y el despotismo con que gobernaban las
autoridades nombradas por la Corona Española, no
fue impedimento para que los pensadores de la
época difundieran sus ideas con ansias de un
futurismo mejor para la región.
Ante lo
anterior, aparece por primera vez en la historia
del país la Escuela Superior de Educación,
conocida actualmente como Universidad de San
Carlos de Guatemala, que es fundada el 31 de
enero de 1676, pero por no poseer estatutos para
funcionar, lo hace hasta 1680, ya que éstos
habían sido redactados por el Fray Francisco
Borja.
Los primeros
interesados en cursar estudios en la Universidad
son los hijos de criollos, quienes con esfuerzo
se logran graduar y llegan a ser catedráticos de
esa casa magna de estudios superiores. Las
primeras carreras que impartió la Universidad de
San Carlos fueron de orden eclesiástico, como:
Filosofía, Leyes Canónicas, Lengua Pipil y
otras.
La imprenta en el mundo y
el poder de la palabra
En 1440,
Johannes Gensfleisch Gutenberg inventó la
imprenta, con lo que en el mundo estalló la
bomba de la palabra escrita; las ideas volaron
por los cuatro puntos cardinales con asombrosa
rapidez.
La palabra
escrita es como un fino bisturí, que sana y
vivifica, hiriendo y sangrando; aclara, nombra,
distingue, limita, define, acerca, comunica,
determina, enseña y educa; permanece y sigue
siendo aún cuando nosotros hayamos desaparecido;
es un tesoro que podemos compartir los humanos y
los cristianos de las diferentes denominaciones.
No es fugaz, a
toda hora se pone al servicio del lector; es una
maestra silente que no regatea su tiempo a todo
aquel que desea aprender, y puede influir
poderosamente en el ánimo de los demás.
Por eso creo más en el tecleo de las máquinas
de escribir que en el tableteo de las
ametralladoras.
La palabra
escrita no tiene horario para comunicarse:
enseña y educa en una jornada plena de 24 horas
diarias; penetra silenciosamente creadora en el
corazón y en el entendimiento humano; acompaña
y conforta al hombre moderno aislado en su
angustiosa soledad, permanece comunicando su
vida, su mensaje y su poesía; lucha y vence en
silencio.
La imprenta en Guatemala
Con el
aparecimiento de la Universidad, las corrientes
del pensamiento tuvieron más fluidez, lo que
propicia la necesidad de los servicios de una
imprenta, la que había sido adquirida y
financiada por Fray Payo Enríquez de Rivera,
cuando en 1660 logra hacer un viaje a la Nueva
España para realizar el contrato de
adquisición.
Seguidamente,
Francisco Sarasa es enviado junto con José de
Pineda Ibarra para que efectuaran la compra de
esa máquina que tanta falta hacía en Guatemala.
Según relata la
historia, José de Pineda Ibarra tuvo que
caminar varios meses, y trayendo la imprenta a
lomo de mula, hace su aparición en el país el
16 de julio de 1660.
La imprenta
sirve de gran aliciente para la publicación y
difusión de las ideas, es por eso que muchos se
preocupan por adquirirla, haciendo sentir su
revolución por todas partes.
A raíz de este
acontecimiento surgen nuevas imprentas, como la
de San Francisco, la de Antonio Velasco,
Sebastián Arévalo y la de Ignacio Beteta.
La
Gazeta de Guatemala
Con
el desarrollo de la imprenta en Guatemala
surgió el primer periódico, al que se le
denominó La Gazeta de Guatemala, que
salió a luz pública en noviembre de 1729.
Este fue un periódico que tuvo tres épocas:
1729... 1793 a 1796 y de 1797 a 1816.
En las gestiones
previas para la autorización de esta
publicación se enfatizó en que se
divulgarían noticias y desplegados de la Gaceta
Madrileña; posteriormente, publicaciones de
México, Lima-Perú, La Habana, y desde luego,
noticias locales y comentarios trascendentes
acerca de las provincias de Centro América.
La primera
autorización para imprimir La Gazeta de
Guatemala se concedió a Sebastián de
Arévalo, en noviembre de 1729, publicación que
contenía cuatro páginas.
La segunda se
autorizó a don Ignacio Beteta, que se hizo
efectiva en marzo de 1794, tenía seis
páginas. Este periódico se distribuía
por suscripción a domicilio y por correo a las
provincias.
La
característica principal de este medio de
información era dar a conocer todas las
actividades de la Corona Española; ahí se
publicaban leyes eclesiásticas, códigos
religiosos, cumpleaños, actos civiles y
otros. La función de este periódico era
publicitar el fanatismo religioso de la época;
circulaba los lunes, con periodicidad semanal.
Colaboraban con
don Ignacio Beteta, en calidad de directores y
redactores, los señores Jacobo de Villaurrutia,
quien fuese Oidor, miembro de la Sociedad
Económica de Amigos del País, institución que
impulsaba el desarrollo de Guatemala; Alejandro
Ramírez y Simón Bergaño y Villegas.
Años más
tarde, La Gazeta de Guatemala es
suspendida, debido a que el rey Fernando VII
aducía que el papel en el Reino de Guatemala era
muy escaso, por lo que restringió su impresión.
En 1797, La
Gazeta de Guatemala vuelve a surgir, y esta
vez es dirigida por Alejandro Ramírez, quien
innovó sus páginas al no presentar artículos
de religiosidad, sino escritos con propiedad de
crítica. Además, se publican noticias
acerca de Economía, Medicina, Historia,
Política, Filosofía, Literatura y otras áreas.
Los avances
informativos obtenidos por La Gazeta de
Guatemala, nuevamente son ensombrecidos por
la tiranía de Fernando VII, quien en 1812
abolía la Constitución Política de la
República, y la Libertad de Imprenta era
censurada. Con esto desaparece toda clase
de publicaciones, condición que se mantiene
hasta los albores de la Independencia de
Guatemala.
Ante lo
ocurrido, La Gazeta de Guatemala se
transformó en vocero oficial del Gobierno,
siendo dirigida hasta 1824 por el prócer don
José Cecilio del Valle. Es el antecesor
del Diario de Centro América.
Por su parte,
John Browning, El Periódico (1997:5), dice que
entre 1797 y 1809 La Gazeta de Guatemala
hacía lo posible por difundir las luces y
promover el bien del Reino.
La Gazeta
reconocía apenada que en Guatemala existían
hondas divisiones entre los habitantes y que
reinaba un lamentable espíritu de partido, pero
sus editores adoptaban una política
conciliatoria, procurando que se sometieran los
intereses particulares a un interés más noble y
digno.
Con los años,
esas divisiones se cuajaron en la formación de
los partidos: Liberal y Conservador, y los
acontecimientos de 1821 no lograron ningún tipo
de reconciliación.
Época independentista
Browning afirma
que con la Independencia de Guatemala llegó el
Derecho de Libre Expresión de Opiniones, y de
ahí nació el periodismo, pero un periodismo
que, por lo general, sirve de espejo de un pueblo
trágico y amargamente dividido.
En esta época
surgieron varios periódicos con sentimiento de
lucha, entre ellos: El Editor Constitucional, el
24 de julio de 1820; El Amigo de la Patria,
el 16 de octubre de 1820; dirigidos por Pedro
Molina y José Cecilio del Valle, que jugaron
papel relevante en el proceso de Independencia de
Centro América.
Otros
periódicos antiguos de la misma época fueron:
El Amigo de la Religión, El Guatemalteco,
que más tarde se fusionó con Diario de Centro
América; La Gaceta, El Genio de la Libertad,
La Tribuna, El Indicador y El Liberal.
El
Editor Constitucional
Este es un
periódico que se editaba en la imprenta de
Ignacio Beteta. Su principal responsable
era el doctor Pedro Molina, hombre de ideología
altamente revolucionaria. En este medio de
comunicación trató de dar mayor importancia a
los artículos de opinión, porque su ideal
estaba fundamentado en la Independencia de
Guatemala.
Don Pedro
Molina, en El Editor Constitucional,
criticó tanto al rey Fernando VII, a quien
acusó de tirano, acción que le costó su
libertad, por lo que tuvo que guardar prisión y
posteriormente ser juzgado en un Jurado de
Imprenta. Al terminar su condena,
nuevamente surge con su periódico, pero esta vez
le denomina El Genio de la Libertad.
El
Amigo de la Patria
En
contraposición al Genio de la Libertad
aparece el periódico de don José Cecilio del
Valle, al que intitula El Amigo de la Patria,
es de ideales contrarios al de don Pedro Molina,
ya que creía que la Independencia se debía dar
a través de ciertas pausas, porque sentía que
los guatemaltecos no estábamos preparados para
dar un paso de esa naturaleza, y consideraba a la
población en general como niños que necesitaban
que se les agarrara de la mano.
En este
periódico del Valle publicó muchos
artículos, donde hacía mención de los cambios
que se debían de hacer en la población, entre
ellos los que hablaban acerca de la formación de
un Mercado Centroamericano, el mejoramiento de la
agricultura, el saneamiento de las sociedades
rurales, la creación de políticas económicas,
la creación de un Código de Aduana y otros.
Del Valle era de
un ideal conservador, por lo que no aceptaba las
ideas revolucionarias de Molina, siempre se
mantuvieron en conflicto, el que concluyó con la
Independencia de Guatemala, misma que contribuyó
para dar un siguiente paso en la vida histórica
del país.
Gobierno
de Manuel José Arce
Fue el primer
Presidente de la República Federal, que se
desarrolló del 26 de abril de 1825 al 14 de
febrero de 1828; mantuvo su administración por
medio de la fuerza de las bayonetas, cometiendo
muchos abusos y atropellos.
La historia lo
considera como un conspirador de la Independencia
y variable en su política. Además, mal
administrador, abusador de la fuerza y dictador,
traidor a su partido, El Liberal.
En este
régimen, Browning señala que el primer
periódico donde se ve una intensa polarización
de opiniones es en El Liberal, 1825, desde
cuyas páginas José Francisco Barrundia
aprovecha toda oportunidad de atacar al nuevo
presidente, Manuel José Arce, quien más
adelante hubo de recordar esos ataques como un
veneno mortífero.
Ciertos
periódicos, como El Redactor General,
fundado en junio de 1825 por don José Cecilio
del Valle, y EL Guatemalteco, fundado en
octubre de 1827 por don Antonio José de
Irisarri, adoptaron un tono más templado y
conciliatorio, pero de nada sirven esas voces de
calma en medio del vendaval que impele a
Guatemala hacia el caos y la guerra civil.
Según Horacio
Cabezas Carcache, El Periodismo Guatemalteco
1729-1944 (2001:17), el periódico El
Redactor General en un principio rechazó el
sistema federal de gobierno, pero, en 1826
consideró que era necesario y conveniente que
cada Estado de América Central sostuviera sus
fueros y libertades.
También se
interesó por la difusión de la historia de
Guatemala, con la publicación de los siguientes
artículos: Guatemala india, Guatemala
provincia de España, Guatemala provincia de
México y Guatemala independiente y libre.
En los últimos
días de enero de 1828, empezó a circular El
Diario de Guatemala, por cuyo medio se
defendió al Gobierno Federal y se ridiculizó al
Ejército Aliado Protector de la ley, integrado
por salvadoreños, hondureños y nicaragüenses,
bajo el comando de Francisco Morazán.
A principios de
1829, en su calidad de Director de la Sociedad
Económica de Guatemala, don José Cecilio
Del Valle sacó a luz el periódico El
Mensual, en el que propone a la Asamblea
Legislativa la fundación de escuelas de primeras
letras en cuarteles, fincas, cárceles y
poblados.
Asimismo,
promovió el fomento de la crianza del
gusano de seda, así como la siembra de la
caña de azúcar y del café en los
departamentos de Chiquimula y Verapaz, y
prestó particular atención al
establecimiento de registros estadísticos en el
país, detalla Cabezas Carcache.
Tras la victoria
de Francisco Morazán, Barrundia es el personaje
que domina el escenario periodístico
guatemalteco durante casi una década.
Primero, para difundir su mensaje político funda
La Antorcha Centro-Americana, julio de
1829 y luego La Gaceta Federal, febrero de
1830.
Cabezas Carcache
sostiene que ambos periódicos promovieron la
realización de transformaciones políticas
profundas y aprobaron la puesta en práctica de
los Códigos de Livingston, el Matrimonio Civil,
la separación Iglesia-Estado, la Academia de
Estudios y los proyectos de colonización
extranjera.
Más adelante,
respondiendo a críticas aparecidas en La
Estafeta y en El Orificio, dirigidas
contra su filosofía política y medidas
represivas adoptadas por su administración,
Barrundia funda en 1833 El Centro-Americano,
donde defiende el sistema federal, pero en el que
se muestra cada vez más anticlerical, postura
que inevitablemente atiza el fuego de la
oposición conservadora, ultima Browning.
Gobierno
de Mariano Gálvez
La fecha de su
nacimiento se desconoce, y según algunos
historiadores es un tanto misteriosa. Se dice que
apareció abandonado dentro de una canasta
en las gradas de la casa de Fray Toribio
Carvajal, quien lo entregó a una de las familias
más ricas de la Colonia.
Algunos
historiadores indican que nació el 29 de
agosto de 1790, otros que el 26 de mayo de 1794.
Fue recibido por doña Gertrudis de Gálvez; la
familia lo adoptó dándole su apellido.
Tuvo una educación esmerada y privilegiada, los
primeros estudios los realizó en el Colegio de
Infantes, fue muy dedicado en sus estudios,
habiéndose doctorado el 16 de diciembre de 1819.
Sirvió
como síndico primero en la Municipalidad de
Guatemala; presentó la moción de que
terminara la guerra entre Guatemala y El
Salvador. Fue consejero privado de Gabino Gaínza
en su gobierno. La historia le atribuye la
reunión del 15 de Septiembre de 1821, fecha en
que fue proclamada la Independencia de
Centroamérica.
El 28 de agosto
de 1831 fue electo Jefe de Estado de Guatemala en
una época difícil llena de disturbios, cargo
que ejerce hasta al 02 de febrero de 1838.
Los máximos enemigos de su gobierno fueron el
coronel Manuel Montúfar y Juan de Dios Mayorga.
Entre sus logros
de gobierno se le atribuyen el mejoramiento de la
instrucción pública; su lucha por la enseñanza
laica; eliminó muchos días de fiestas
religiosas para evitar feriados; organizó el
funcionamiento de las municipalidades; fundó la
Biblioteca y el Museo Nacional.
Asimismo,
estableció el matrimonio civil en el país;
respetó las leyes y las garantías individuales,
la Libertad de Prensa y Emisión del Pensamiento;
promulgó el Código de Livingston, el cual fue
aceptado con desagrado; respetó la libertad de
asociación y decretó la Ley del Divorcio, entre
otras.
Era un personaje
astuto, inteligente, muy dedicado a sus estudios,
supo ganarse el cariño del pueblo, progresista,
con buenas ideas políticas y muy respetuoso de
las libertades.
Fue odiado por
el Partido Clerical, el cual lo difamó con la
calumnia de que había envenado las aguas
fluviales, provocando el contagio del Cólera
Morbus a algunos militares de la época.
En los últimos
años de su gobierno surgieron dos grandes
enemigos, ellos fueron don José Francisco
Barrundia y Pedro Molina quienes habían sido sus
amigos.
En 1838 fue
desconocido como Jefe de Estado en Antigua
Guatemala, Chiquimula y Salamá; en febrero de
ese mismo año entró a Guatemala Rafael
Carrera, lo que lo obligó a dejar el poder
y huir hacia México donde radicó
definitivamente en la ciudad capital, adquiriendo
allí una gran reputación como abogado.
Entre los
errores fatales que cometió en su gobierno
resaltan: la firma de un contrato con un "simple
e insignificante" contratista inglés,
el cual entregaba a Izabal, las Verapaces, Petén
y Belice a Inglaterra, el 6 de agosto de 1834,
para que estos departamentos se colonizaran en el
término de 20 años, pero fue imposible cumplir
dicha colonización.
Murió en
México el 29 de marzo de 1862, y fue sepultado
en el Cementerio San Fernando. A su muerte
Gálvez dijo: "PATRIA, NO POSEERAS MIS
RESTOS..."; sin embargo, sus restos
fueron repatriados en 1925, y descansan en la
Escuela de Derecho de la Ciudad de Guatemala,
hoy, Museo de la Universidad de San Carlos.
Barrundia
hubo de ser el más intransigente enemigo de la
administración del doctor Mariano Gálvez, quien
en 1837 funda primero un periódico titulado La
Oposición, después El Semi-diario de los
Libres, siendo el objetivo de ambos la caída
de Gálvez.
A tal extremo
llegó su hostilidad por Gálvez, que en La
Oposición Barrundia clama abiertamente por
una sublevación popular para derrocar al primer
magistrado.
Y Gálvez
cayó. El liberalismo no había sabido
capitanear la nave del Estado y ahora las fuerzas
de reacción guardaban impacientes su hora,
indica Browning.
Gobierno
de Rafael Carrera
Durante esta
administración Browning señala que aparecieron
periódicos de marcada tendencia conservadora,
religiosa y carrerista: La Nueva Era,
1837; El Amigo de Guatemala, 1838; El
Tiempo, 1839; El Procurador de los Pueblos,
1840, y El Tambor, 1840. ¡Santa
religión, yo te venero!, proclama este último.
Agrega que
todos cantan los elogios del Caudillo de
los pueblos (El Procurador) del General, en Jefe
(El Tambor), y sin duda todos los redactores
experimentaron una profunda satisfacción al
asumir Rafael Carrera las riendas del poder en
1844. Pero de Ahí en adelante la actividad
periodística prácticamente se suspende.
Durante los
próximos años no se publica más que La
Gaceta del Gobierno, La Revista (publicación
mensual de la Sociedad Económica) y El
Mensual de la Sociedad de Medicina.
Sólo en 1848 empieza a levantarse osadamente la
voz de El Álbum Republicano, prometiendo
al público noticias interesantes y
útiles. La reacción del Gobierno no se
hace esperar.
Después de un
par de meses, Pedro Molina, el principal
colaborador, ya setentón, es llevado preso por
elementos del Ejército. El director de la
imprenta, Luciano Luna, también es encarcelado.
Bajo el segundo
período carrerista la prensa sigue
amordazada. No obstante, en 1856, el
valiente Luciano Luna empieza a publicar El
Museo Guatemalteco, periódico de carácter
primordialmente literario y ajeno a la política.
La presencia de
los filibusteros en el Istmo le da a Luna la
oportunidad de describir las andanzas del infame
Walker y de reflexionar sobriamente sobre la
influencia perniciosa de los Estados Unidos en
América Central.
Cuando
finalmente expira El Museo, en 1859, han
salido 45 números, lo cual constituye un
auténtico triunfo de supervivencia.
Los años
restantes del régimen carrerista sólo hubo
periódicos pertenecientes al Gobierno o
dirigidos por elementos partidarios de
éste. Entre ellos cabe mencionar La
Hoja de Avisos, 1861-62, puesto que aquí es
donde José Milla publica sus primeros cuadros de
costumbres, los cuales han de continuar unos
años después, en 1865, en La Semana.
Este es otro
periódico de relativamente larga duración, ya
que resistió hasta 1871, debiéndose
tamaña longevidad a una prudente tendencia
conservadora.
Gobierno
de Miguel García Granados
Browning relata
que la Revolución de 1871 colocó en el
poder a Miguel García Granados, cuya
administración se vio constantemente minada por
la actuación de su supuesto aliado, Justo Rufino
Barrios.
Este, incluso,
hizo publicar en el departamento de San Marcos un
periódico, El Malacate, para criticar al
Presidente y promover una agresiva política
liberal. Hostigado, tanto por conservadores
como por liberales, el gobierno de García
Granados patrocinó, en 1873, El Guatemalteco,
para que hablara en su defensa.
Tras la
elección de Barrios en junio de ese año, este
periódico hubo de convertirse en el vocero
oficial de su administración, sirviendo de manso
adulador del Presidente.
Gobierno
de Justo Rufino Barrios
Leer la prensa
del régimen rufiniano es escuchar un auténtico
coro, cantando himnos en loor de la
administración. El Progreso, 1874;
La Civilización, 1876; El Porvenir,
1877, y El Horizonte, 1879, levantan su
voz para encomiar a Barrios y vilipendiar a sus
enemigos, recuerda Browning.
Observó
el diarista Enrique Guzmán que en Guatemala, en
aquellos años, no había ni sombra de libertad
de imprenta.
En esta
época los medios de comunicación escrita no
logran tener difusión debido a las constantes
guerras, lo que se empeora con el terremoto de
1871, que destruye la ciudad de Guatemala.
La muerte de
Barrios en 1885 desató un enjambre de
periódicos. Antes de su fallecimiento en
la capital no había más que cinco
periódicos. Después de su desaparición,
de repente había 25, muchos de ellos consagrados
a denunciar el régimen recién terminado y a
exigir el castigo de sus secuaces.
De tal laya
eran: El Ojo, El Loco y El
Renacimiento. Este último fue algo
más serio que la mayoría de los nuevos
periódicos, y debido a su postura, claramente
conservadora, fue el blanco de ataques lanzados
por periódicos de orientación liberal, tales
como: El Bien Público y La Opinión.
El más
importante de éstos era La Opinión, que
supo provocar una cómica reacción de parte de El
Renacimiento, el cual había prometido ser la
antítesis (periodismo) de las épocas
pasadas. Fulminando contra los editores de La
Opinión, El Renacimiento los trató
de sanguijuelas, que durante 12 años chupaban la
sangre del pueblo, argumenta Browning.
En este Gobierno
el periodismo guatemalteco obtiene mínimos
logros, entre los que podemos citar el Decreto de
Libre Emisión del Pensamiento, que se aprueba el
15 de octubre de 1877.
A partir de este
hecho, el 2 de agosto de 1880 nace Diario de
Centro América, que actualmente cuenta con
ciento veintiún años.
De lo que
no cabe duda es que a finales del Siglo XIX la
sociedad guatemalteca seguía tan dividida como
en 1821, situación trágica de la cual la prensa
periódica es a la vez testigo y participante.
Este hecho no
quita que existieron periodistas de noble visión
que escribieron desinteresadamente por una
Guatemala mejor, pero lastimosamente en la
Guatemala turbulenta del Siglo XIX sus voces no
hubo de prevalecer, puntualiza Browning.
Gobierno
de Manuel Estrada Cabrera
Este régimen se
cataloga porque el periodismo no goza de
garantías constitucionales. En 1919,
Estrada Cabrera compró a don
José Milla y Vidaurre el Diario de
Centro América, que era un periódico
independiente, donde se hacía énfasis en la
cultura y el comercio. De esta forma, el
Diario pasó a ser propiedad y órgano difusor de
la dictadura.
En este mismo
Gobierno también surge El Imparcial, que
era dirigido por el huehueteco Alejandro
Córdova. Es una tribuna abierta para el
público, aquí se divulgaban los aciertos y
desaciertos de las personas que pertenecían a la
dictadura.
Gobierno
de José María Orellana
Al morir el
licenciado Estrada Cabrera sube al poder
José María Orellana, quien debido a su
condición de rectitud ante los aspectos
administrativos de gobierno, no permitió que los
medios de comunicación lo criticaran y como
prueba de su poderío manda a cerrar El
Imparcial, hecho ocurrido el 26 de septiembre
de 1926, siempre haciendo una llamada de
atención para el pueblo guatemalteco, que
decía: «Mientras yo esté vivo, El Imparcial
nunca saldrá a ver la luz pública».
Gobierno
de Lázaro Chacón
Cuatro meses
más tarde José María Orellana muere,
tomando el cargo presidencial el general Lázaro
Chacón, quien inmediatamente ve porque El
Imparcial salga a la luz pública.
En esta época
triunfa el unionismo en Guatemala y muchos de los
que habían sido presos en la bóveda de San
Francisco, son puestos en libertad, tal el caso
de don Federico Hernández, que por sus
comentarios en contra de la dictadura fue puesto
en prisión.
El
Partido Unionista
El movimiento
unionista funda el Partido Unionista y sus
dirigentes deciden editar un periódico
clandestino, que era dirigido por los periodistas
Clemente Marroquín Rojas, David Vela y
Epaminóndas Quintana, ellos a través de ese
medio de comunicación critican a la tiranía que
mantenía en zozobra a la ciudadanía.
Gobierno
de Jorge Ubico Castañeda
Para seguir
alimentado la tiranía, en 1931 llega al poder el
general Jorge Ubico Castañeda, quien también
fue uno de los que no permitió críticas de la
prensa en su gobierno y como advertencia mandó a
asesinar al joven hondureño Juan Carlos
Wainright, quien haciendo uso de un boletín
clandestino se atrevió a criticar la
dictadura. Este hondureño fue el primer
hombre que creó el boletín en Guatemala.
Durante este
gobierno existen pocos periódicos, entre los que
figuran Diario La Hora, Diario de
Centro América y El Imparcial, de
Alejandro Córdova. Estos medios impresos
también critican la dictadura y son reprimidos,
por lo que Clemente Marroquín Rojas se tiene que
ir al exilio.
La
Radiodifusión en Guatemala
En la tiranía
de Jorge Ubico se registra un acontecimiento
importante para los guatemaltecos, porque aparece
por primera vez la radiodifusión, y surge con la
primera estación de radio denominada TGX, que
posteriormente pasó a llamarse TGW, la Voz de
Guatemala.
Con el
surgimiento de la radio, también aparece el
primer radioperiódico, El Diario del Aire,
que era conducido responsablemente por Miguel
Ángel Asturias, Francisco Soler y Pérez y Oscar
A. Rosales, estos periodistas pertenecían al
periódico Liberal Progresista. Este
radioperiódico se funda en 1938.
La dictadura
ubiquista termina con la Revolución de 1944,
pero los periódicos no dejan de criticar los
actos inhumanos realizados por el dictador.
En esa
transición se suscita uno de los crímenes nunca
olvidados en la historia del periodismo
guatemalteco, las fuerzas represivas del gobierno
tirano asesinan al director del periódico El
Imparcial, Alejandro Córdova.
Revolución
de 1944
La Revolución
del 20 de octubre de 1944 da libre garantía
constitucional a la prensa guatemalteca, porque
llegan al poder los revolucionarios Juan
José Arévalo Bermejo y Jacobo Árbenz
Guzmán.
Según el libro
de los reportajes del periodista Rigoberto Bran
Azmitia, revela que los medios de comunicación
del país no jugaron un papel de críticos, sino
de insultativos hacia estos gobiernos.
En este periodo
de democracia, los medios de comunicación se
acrecentaron, surgen varios periódicos, entre
ellos: El Libertador, La Mañana, El
Espectador, Medio Día, Prensa Libre, Diario La
Hora, Diario de Centro América, de los
cuales los tres últimos aún circulan en el
país.
Con estos
gobiernos también la radiodifusión logró un
amplio auge; el radioperiodismo empezó a
proyectarse como un medio que poseía pericia
informativa de crítica combativa; de tal manera
que los mismos no logran tener un espacio en las
estaciones de radio.
Dentro de los
radioperiódicos de esa época se pueden
mencionar: El Continental, En la Atalaya, La
Mañana, Radio Reportes, Medio Día, Tribuna del
Aire, Guatemala Flash, de Ramiro Macdonald
Blanco; El Independiente, El Debate, Radio Prensa
y otros.
El periodismo
guatemalteco ha tenido un marcado florecimiento
en la historia del país, pese a que no todos los
gobiernos le dan un lugar preferencial, debido a
que siempre aplican la censura.
Por esa razón,
la prensa se ha desarrollado en condiciones no
aptas, porque la represión en contra de
periodistas y medios de comunicación, por parte
de los gobernantes de turno, han hecho del
periodismo una profesión de peligro y muerte,
esquema difícil de desmoronar, pese a la
custodia de organizaciones protectoras de
derechos humanos.
* Rogelio
Hernández Reyes ha
laborado como jefe de relaciones públicas de la Universidad de San
Carlos (USAC), director y
redactor del radioperiódico USAC en el Aire. Ha sido docente universitario
durante 15 años y periodista durante 21. Esta es
su primera colaboración para Sala de Prensa.
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