La
ampliación de la agenda informativa y el acceso
de temas menores en los medios de
comunicación
Patricia
Alzate Jaramillo *
Resumen:
Este texto pretende analizar el modo como
algunos medios de comunicación locales y
centrales han incorporado en sus agendas
informativas a sectores más amplios de
ciudadanos que difieren aparentemente de los
criterios de noticibialidad tradicionales.
Aborda, en ese sentido, tendencias como la
casuística y los periodismos público, de
soluciones y ciudadano. Se refiere también a
experiencias periodísticas que realizan
eventos especiales en los que cobra
importancia la vida social de sectores
barriales y/o periféricos, representada
desde facetas positivas y de denuncia.
Finalmente se pregunta por la incidencia de
estas recientes tendencias en las
organizaciones informativas, específicamente
en sus periodistas. Palabras claves:
periodismo, agendas periodísticas,
ideologías profesionales.
Los
medios masivos de comunicación no pueden evitar
las preferencias al escoger a los actores a
quienes se les concede la palabra. Esto se
explica tanto por sus históricas dependencias
económicas e ideológicas como por la
interiorización por parte de sus periodistas de
una serie de criterios que definen la selección
y composición del collage noticioso cotidiano.
Quienes, de hecho, tienen un indiscutible derecho
de entrada a ese universo de la realidad
social puesto en vitrina a través de ellos, son
aquellos actores fuentes de información
en sentido más estricto- que, por el
principio de autoridad que representan o por el
origen social del que provienen, no sólo están
autorizados a hablar públicamente sino, hasta
cierto punto, presionados a hacerlo,
independientemente de que lo dicho sea o no
significativo. La mirada sospechosa que con
frecuencia se cierne sobre los medios tiene que
ver justamente con el privilegio dado a los temas
y fuentes ligados al poder, en detrimento de
otros que resultan excluidos de ese criterio
rector de selección de información1.
Al otro extremo
de aquellos que, a priori, tienen acceso
permanente a la agenda de los medios, se
encuentra un universo complejo y diverso de
actores sociales con un acceso mucho más
restringido y ajustado de modo más
vertical- a determinadas convenciones de
noticiabilidad y de tratamiento textual. El
abanico de sectores sociales al que nos referimos
es amplio y diverso. Se trata de grupos y sujetos
que, por razones históricas, por convicción o
por ausencia de otras alternativas, están al
margen de los grandes circuitos económicos,
sociales y culturales; muchos de ellos sujetos
anónimos hombres y mujeres, de distintas
edades y ocupaciones - que sin estar por fuera de
lo que es aceptado institucionalmente, hacen
parte de un vasto conglomerado social que tiende
a diluirse en generalizaciones como las de la
gente común y corriente o la gente de a
pie; otros, en cambio, integrantes del
submundo de lo otro, de lo marginal, de lo
extraño, de lo que raya o pasa los bordes de lo
aceptado socialmente. Las minorías étnicas,
sexuales, religiosas, organizaciones sociales,
poblaciones vulnerables, en condiciones de
pobreza, etc. hacen parte de esta gama amplia de
actores sociales.
Si en el caso de
los sectores con mayor visibilidad el criterio
principal de selección es la jerarquía de los
personajes implicados, en el segundo lo que
importa es la novedad del evento referido, lo que
éste tiene de imprevisible y de ruptura con el
pálido transcurso de la normalidad. En el
primero se enfatiza en los eventos programados,
en lo predecible, en lo rutinario; en el segundo,
la trasgresión es la norma. Y el acto trasgresor
sería, por excelencia, el acto violento; éste
se constituye en la alternativa - el derecho
de entrada de estos otros sectores - para
imponerse al sistema de medios, deliberadamente o
no, como parte de su agenda diaria. Una revisión
poco exhaustiva de las fotografías de primera
página en los periódicos puede ayudarnos a
ilustrar lo anterior: por el lado de las figuras
con acceso permanente a los medios, abundan las
imágenes que registran la realización de
eventos oficiales; aparecen entonces hombres y
mujeres elegantemente vestidos, estrechones de
mano, micrófonos, mesas de reuniones, banderas y
escudos de fondo. Del otro lado, priman las
imágenes que capturan lo que en el argot
periodístico suele llamarse el sentido de
oportunidad noticiosa2, en el que
la cámara fotográfica fija en una imagen
aquello que impacta y rompe con lo estable; en
este caso lo relevante puede ser la destrucción,
el desastre natural, el accidente trágico, el
rictus de sufrimiento: el reportero gráfico
sucumbe ante ello y, como nos lo dice Furio
Colombo,
debe detener la mirada
en el punto en que la integridad física y la
dignidad de alguien es violada
3.
En el plano
textual, Patrick Charaudeau nos advierte sobre
tres tendencias en el modo como estos sectores
son representados en los medios de comunicación4.
En primer lugar, se refiere a su aparición como víctimas
que padecen las consecuencias de eventos
trágicos, ya sea producto de avatares
tecnológicos (v.g,. desastres aéreos), de la
naturaleza (inundaciones, terremotos,
deslizamientos de tierra, etc.) o de acciones
provocadas deliberadamente o no por seres humanos
(guerras, conflictos sociales, maltratos,
imprudencia, etc.). Se trata en estos casos de un
sujeto que, como nos dice este autor,
sólo se vuelve interesante si
sufre, víctima de una injusticia social, una
desgracia que le envía el destino. En
segundo lugar, menciona la presencia de los testigos,
cuya función se centra en dar un testimonio
en muchos casos la nota de
color- sobre hechos novedosos vistos
o vividos en carne propia, y que contribuyen a
darle forma al encuadramiento que el medio hace
de dicho evento: seres sin rostro,
individuos sin personalidad, sin emociones, sin
opiniones, sin otra identidad que la de su rol de
testigo, es decir, el de dar cuenta de
lo que experimentó, vio o escuchó.
Por último, como
reivindicadores de diversas causas y
malestares a través, la mayoría de las veces,
de actos de fuerza que pretenden llamar la
atención pública sobre problemas no resueltos
por medio de los canales regulares, o sobre los
cuales se hacen enérgicas manifestaciones de
rechazo. En algunos casos, se trata de lo que Ugo
Volli denomina factoides - un
hecho que parece un hecho y no lo es5-:
pseudos- eventos producidos con la única
finalidad de llamar la atención a través de los
medios. No obstante, con la utilización del acto
violento o trasgresor por parte distintos
sectores sociales como un mecanismo para llamar
la atención de los medios y, en consecuencia, de
las instituciones responsables de resolver sus
demandas y necesidades, se corre el riesgo de que
se generen estereotipos que señalan y
estigmatizan aún más a dichos sectores: Esa
ventaja material momentánea (la de
visibilizarse a través de los medios) se paga
muy caro en el plano simbólico, dice
Patrick Champagne a propósito del tratamiento
periodístico dado a las protestas en las balieus
de algunas ciudades francesas, en las cuales el
énfasis en lo extraordinario, en el revoltijo y
en la coyuntura superan la búsqueda de las
causas que provocan los conflictos y terminan
imponiéndose como criterios básicos en la
construcción del discurso periodístico6.
Evidentemente,
estas tendencias no pueden analizarse por
separado ni son las únicas posibles. Según las
características específicas de cada una de las
poblaciones y temas, hay una propensión al
reforzamiento de estereotipos que, a modo de
sinécdoque, caracterizan por uno de sus
elementos al conjunto social representado: lo
delincuencial y al margen de la ley para los
habitantes de sectores pobres y/o periféricos;
lo desestabilizante y anárquico para los
estudiantes de las universidades públicas; y lo
exótico y folclórico para los grupos indígenas
(el monitoreo realizado sobre las
representaciones de lo indígenas en los medios
de comunicación colombianos es un buen ejemplo
de un análisis a propósito de un grupo social
particular7). De ahí que si bien en
la representación mediática funcionan unos
criterios generales de selección y combinación,
cada porción del mundo social tiene cualidades
propias que exigen análisis mucho más
específicos.
Algunas
tendencias en la ampliación de las agendas
Las selecciones
que los medios de comunicación hacen de los
temas y personajes más importantes en las
vísperas de un nuevo año, se constituyen en un
sugestivo corpus que ejemplifica cómo los
criterios de noticiabilidad se ajustan
fundamentalmente al patrón expuesto al inicio de
este texto. En una emisión especial de fin de
año uno de los canales privados de televisión
seleccionó los eventos nacionales más
importantes del 2005 en Colombia8. El Top
10 de menor a mayor importancia y
presentado en este mismo orden- fue el siguiente:
10) Maltrato infantil; 9) Fusiones económicas
entre bancos colombianos y extranjeros, y el TLC;
8) El exilio del periodista Daniel Coronel y las
amenazas del ex senador Carlos Nader; 7) La
encarcelación de Alberto Santofimio Botero; 6)
Crisis del Partido Liberal Colombiano; 5) Proceso
de desmovilizacion de las AUC, y crisis del DAS;
4) Tragedias aéreas y el declive de la empresa
West Caribean, y una nota sobre el hombre en
silla de ruedas que quiso secuestrar un avión;
3) Crisis diplomática Colombia- Venezuela; 2)
Tragedias a causa del invierno, y una nota sobre
el intercambio humanitario; 1) Reelección
presidencial.
Podemos notar
cómo en esta selección, al menos siete de los
temas incluidos involucran a personajes y
entidades de un alto reconocimiento social -
políticos, empresarios y funcionarios
públicos-. Sólo tres de ellos abordan temas en
los que se manifiesta la presencia de esos otros
sectores de la población que no pertenecen a las
esferas del poder y que, retomando a Charaudeau,
adquieren notoriedad a raíz de sus roles de víctimas
y testigos del maltrato infantil,
de las tragedias aéreas, de los desastres
naturales y el invierno- y de reivindicadores
- en este caso el hombre minusválido que a
través de un acto de fuerza (toma de un avión)
pretendía reclamar la indemnización que el
Estado aún no le había dado-.
A propósito de
estos últimos temas, temas menores frente a las
grandes agendas, el del maltrato infantil llama
de modo particular la atención: El tratamiento
dado a la nota muestra cómo en el 2005 se
dispararon las cifras de maltrato y abandono de
niños; el segmento informativo fue construida a
través de la sumatoria de casos en los
que con un acento fuertemente emotivo se hacía
énfasis en los niños como víctimas y en sus
padres u otros adultos como victimarios: un niño
de seis años que muere a causa de los golpes de
su padre, un bebé asesinado por un hombre como
retaliación por una deuda de 20 mil pesos, un
niño que muere en un enfrentamiento guerrillero,
niños abandonados en cajeros automáticos, etc.
La nota mostraba imágenes con las secuelas de
los maltratos: vendas, quemaduras, laceraciones,
cicatrices, ataúdes; los testimonios de algunos
de los padres agresores: yo no creía
que se fuera a quemar, yo lo
golpeé, pero no lo maltraté; y
puestas en escena que recreaban algunas de
las situaciones descritas: un coche abandonado en
medio de un andén y una mano que acerca el
rostro de una niña a una olla de agua hirviente.
Pero al lado del
fuerte efecto que producía la yuxtaposición de
esta serie de imágenes, aparecía un texto en
off en el que además de reiterar lo visto
en ellas- se llamaba la atención sobre los
costos sociales y psicológicos del maltrato
infantil y se hacía un llamado a la necesidad de
responder de manera efectiva e integral a
situaciones como las presentadas. Esa mixtura
entre un discurso visual y verbal que apela a las
sensaciones y emotividad del espectador y un
discurso verbal que llama a la reflexión y a la
racionalidad, puede entenderse como parte del
auge que en el discurso periodístico ha toma la
casuística, en la que mediante el aglutinamiento
y/o serialización de dramas particulares se
quiere llamar la atención para provocar
una masa mayor de discusión pública y de
persistencia en los medios9
de temas sociales que eran de competencia
exclusiva de determinadas instituciones
privadas o públicas y de ciertos sectores
sociales. Esa intencionalidad del medio de
generar una especie de reflexión en sus
audiencias a propósito del maltrato infantil
empezó por el hecho de haberlo seleccionado en
la agenda de los diez temas más importantes del
2005, en la que la ubicación en el último lugar
en la jerarquización fue compensada con el
primer lugar en el orden de aparición.
Es claro que en
el tratamiento visual dado a esta nota persisten
los estereotipos planteados por Charaudeau sobre
el modo como actores excluidos de los círculos
del poder aparecen en los medios, y que el tono
moralizante y persuasivo del texto en off
simplifica el problema a un asunto de víctimas
indefensas y de victimarios que deben ser
sancionados. Sin embargo, debe prestarse
atención al hecho de que un tema social con
enormes implicaciones en el bienestar presente y
futuro de los menores ingrese, al lado de los
grandes temas y figuras ya
institucionalizadas, a las agendas
mediáticas. Y el de los niños no es un caso
aislado: ¿Por qué temas ligados a las etnias,
los jóvenes marginales, minorías sexuales,
derechos sexuales y reproductivos de las mujeres,
entre otros, empiezan a tomar progresivamente
más presencia en medios de comunicación
masivos? En primera instancia esta decisión
puede entenderse desde lo que Stella Martini
denomina las nuevas tendencias sociales
en las agendas de los medios, que se
refieren al paulatino auge de distintas
problemáticas que no pueden ser ajenas a los
medios de comunicación (desempleo, pobreza,
seguridad, ecología, calidad de vida, etc.) y
cuya lectura de parte de los medios, dice
Martini, depende de la capacidad del
periodismo para interpretar la diversidad de
acontecimientos que se producen en el mundo y la
aceleración de las transformaciones10.
Se trata de temas que hacen parte, igualmente, de
las agendas de instituciones internacionales y
nacionales, de distintas organizaciones sociales,
e incluso del ámbito académico, en las que la
idea del debilitamiento de la trama social,
se constituye en elemento prioritario de
ejecución de políticas de intervención social:
ONGs, fundaciones, entidades oficiales,
instituciones universitarias, centros de
investigación, entre otros, se han encargado de
realizar tareas desde distintos enfoques; y un
elemento fundamental en buena parte de estos
proyectos es el esfuerzo por establecer
vínculos con los medios de comunicación, ya sea
para la visibilización de estos temas o para la
revisión de los tratamientos reduccionistas y/o
estereotipados que éstos reciben.
Además de esas
transformaciones y demandas que provienen de la
sociedad y que ha significado la emergencia de
otros referentes ciudadanos en los medios, deben
tenerse en cuenta las transformaciones de las
mismas organizaciones informativas en torno a sus
públicos: del ciudadano ilustrado que
ejerce su derecho al debate público (finales
siglo XIX, periodismo ideológico), se ha pasado
al de consumidor de medios de información
de actualidad (principios y mediados del siglo
XX, periodismo informativo); y, por último, al
de usuario de información como fuente de
entretenimiento y de toma de decisiones sobre sus
mundos particulares (periodismo contemporáneo o,
en términos de Julián González, periodismo
complejo)11. Esas transformaciones
en los modos como se conciben desde los medios
sus receptores ha dado lugar, por una parte, a la
creación de formatos y contenidos especializados
(ecología, tecnología, salud, turismo, etc.);
pero, por otra parte, ha generado una serie de
experiencias que ha abierto la interlocución
entre medios y ciudadanos (defensorías del
lector, consejos de prensa, ligas de
televidentes) o que ha generado que estos
últimos se constituyan en productores de
información (v.g. canales comunitarios).
Al lado de la
propensión casuística como una estrategia de
visibilización de temas y personajes con poco
reconocimiento público pero que encarnan
problemas sociales de gran interés, han surgido
otras directrices desde los medios masivos que
buscan la apertura de las agendas mediáticas a
otros actores sociales. Tendencias como las del
periodismo cívico, el periodismo de soluciones y
el periodismo ciudadano buscan, justamente,
establecer concepciones que superen las más
ortodoxas respecto a los ciudadanos, como las que
plantea Charaudeau. En el primer caso, en los
orígenes del periodismo público, iniciado en
los años 80 en Estados Unidos en diarios de
alcance local, se planteaba la idea de establecer
una relación más cercana entre medios y
audiencias, bajo la idea de que estas últimas
compuestas por los ciudadanos de a
pie, comunes y corrientes, esos
otros que no se expresan en los medios-
puedan tener una mayor injerencia en el
establecimiento de las agendas mediáticas:
El principal ingrediente de esta nueva
relación ha sido tener más en cuenta el punto
de vista de los ciudadanos para hacer la agenda
informativa y ofrecer elementos para que estos
temas de iniciativa ciudadana encuentren canales
hacia la acción a partir de la información y la
convocatoria de los medios a la deliberación
pública12.
En el segundo
caso, el del periodismo de soluciones, se
trataría de superar la perspectiva
del ciudadano como víctima para mostrarlo como
un sujeto proactivo que está en condiciones de
resolver los problemas que lo embargan a él y a
sus conciudadanos: En vez de señalar lo
que es erróneo con la intención de que ello se
corrija, el periodismo de soluciones presenta lo
que es correcto, con la esperanza de que se imite13.
Pueden notarse las similitudes entre este
periodismo de soluciones con la tendencia
colombiana a presentar secciones en las que se
destacan las labores de determinados sectores de
la comunidad por resolver sus problemas
(secciones como Sacan la cara y
Colombia Positiva, de El Tiempo;
Gente positiva de El País, y otras
en los noticieros locales y nacionales).
Por su parte, el
llamado periodismo ciudadano propone darle
protagonismo a las audiencias en la construcción
de la información periodística y, en
consecuencia, modificar los criterios no sólo de
selección sino especialmente de construcción de
información de modo que de acuerdo a sus
gestores- primen los intereses, gustos y
demandas de las audiencias. En este auge del
periodismo ciudadano Internet ha
jugado un papel decisivo, en tanto permite que un
amplio número de usuarios publique en la red sus
propios textos; pero también se manifiesta a
través de la apertura d secciones en periódicos
y noticieros televisivos en los que se invita a
los receptores a enviar sus propios informes
periodísticos (v.g. El
cazanoticiasde R.C.N.).
Una última
tendencia a reseñar es aquella que conserva la
faceta de lo positivo y le incorpora
el elementos de denuncia: la del desplazamiento
de un grupo de periodistas a sectores barriales
de la ciudad para establecer contactos con
algunos de sus representantes y presentar sus
problemáticas, necesidades, proyectos, etc. A
nivel nacional está la experiencia del noticiero
RCN con el Correcaminos en los
barrios que se desplaza en un bus por
distintos barrios de Bogotá para que sus
habitantes se expresen sobre sus problemas; a
nivel local, la del noticiero radial Cómo
amaneció Cali en las comunas de Cali, en
la que el equipo periodístico tiene una emisión
especial con líderes comunitarios y el gabinete
municipal; y la de Noticiero del Pacífico y el
Diario Occidente en el evento La Toma de
las Comunas. Se trata en los distintos
casos de desplazamientos a sectores barriales a
partir de un calculado plan de producción que
involucra a un equipo periodístico encargado de
hacer entrevistas y/o foros de discusión con los
asistentes a los eventos, pero que también puede
involucrar tarimas, animadores, campañas,
obsequios y espectáculos. Si bien esta propuesta
pretende establecer una ruptura frente a la
propensión a la burocratización del periodista
que ejerce su labor cotidianamente en la sala de
redacción y que establece contacto con
sus fuentes a partir del teléfono, del fax,
internet, boletines de prensa y que eventualmente
se desplaza a ruedas de prensa, etc.- , le impone
a éste una serie de condicionamientos sobre el
modo como debe ejercer su labor: podría decirse
tentativamente que el medio crea un espectáculo
del que él mismo hace parte, una modalidad de
factoide14 que le da visibilidad a un
sector social a partir de su propio esfuerzo de
visibilidad. Lo que nos lleva a pensar que si
bien, en efecto, hay una serie de razones
sociales y de criterios periodísticos que
modulan estas experiencias, intervienen también
factores externos sobre los que interesa indagar:
la inscripción de estos eventos en estrategias
de posicionamiento de la organización
informativa frente a otros medios de
comunicación, razones económicas ligadas a la
búsqueda de audiencias y anunciantes que
garanticen la continuidad del medio, resultado de
demandas jalonadas por distintas instancias y
organizaciones sociales, ajuste del periodista a
las lógicas propias del info- entretenimiento,
etc.
Evidentemente,
cada uno de estos casos tiene unas
características particulares y requieren de un
estudio mucho más juicioso; pero podríamos
decir, en síntesis, que el énfasis del
periodismo público consiste en la creación de
espacios y de deliberación pública; el del
periodismo de soluciones en la modelización del
ciudadano que propone por encima del que se
queja; y el periodismo ciudadano en la función
de no- periodistas como productores de
información. Ahora bien, tales modelos
generados, debe decirse, desde el interior de los
mismos medios- tienden a plantearse como una
alternativa frente al periodismo tradicional con
el que establecen un antes y después de,
especialmente en lo relativo a las fuentes de
información alas que apelan, en las que las
ligadas a sectores del poder más
específicamente las oficiales- se ponen en la
balanza frente a las otras, provenientes de
sectores sociales amplios y diversos, y que
exponen temas que rompen aparentemente con los
criterios de noticiabilidad tradicionales. No
obstante, también han generado otra serie de
estereotipos en torno al modo como éstos son
representados (los perfiles que se construyen de
ellos y las narrativas que para ello se utilizan)
y en torno a quiénes tienen acceso y quiénes no
a dicha visibilidad (qué criterios de
noticiabilidad son los que se utilizan y desde
qué foco son mostrados): ¿los buenos
ciudadanos? ¿y los que no? ¿Cómo siguen siendo
representados?-. Podríamos decir, en síntesis,
que se insisten en señalar los extremos: a)
Ciudadanos de primera categoría, que de manera
acrítica y modelizadora, son mostrados como
individuos o grupos que a pesar de las
adversidades y del abandono estatal (asunto que
no se cuestiona) salen adelante; b)
Ciudadanos de segunda, que trasgreden las
instituciones y la normatividad y sobre los que
recae un discurso moralizante y estigmatizador.
El
posicionamiento de estas agendas y el análisis
de las organizaciones informativas
Para el
análisis de las distintas vertientes expuestas
resulta pertinente revisar cómo se van
construyendo dichos discursos periodísticos en
el interior de los medios de comunicación,
específicamente desde los productores de dicha
información, los periodistas. Teu A. Van Dijk
nos dice al respecto: Una explicación
completa del discurso periodístico, pues, exige
tanto una descripción de las estructuras
textuales de la noticia, como una descripción de
los procesos de producción y de recepción del
discurso periodístico en situaciones
comunicativas y contextos socioculturales15.
En ese sentido, debe tenerse en cuenta que en la
construcción del discurso periodístico se
establece una estrecha relación entre las
instancias que producen o promueven determinados
temas y los condicionamientos internos de los
periodistas y de las organizaciones informativas
a las que éstos pertenecen; estas organizaciones
conforman una entidad compleja que comprende
distintos tipos de actores (los dueños de las
empresas, los gerentes, los directores, los
redactores, los fotógrafos y los técnicos) que
intervienen de una u otra manera en la
producción del discurso informativo y que
contribuyen a la elaboración de una enunciación
aparentemente unitaria y homogénea16
en la que son consecuentes con los criterios
editoriales determinados de antemano17.
Es en ese
sentido que podemos hablar de ideologías
profesionales: una teoría implícita
generada, mayoritariamente compartida y
reproducida por los miembros de determinada
profesión18. Teoría
implícita que, además, tendría como función
distintiva la de otorgar prestigio y distinción
a los miembros del gremio correspondiente y que
estaría sostenida y reproducida
fundamentalmente, de manera vertical, por las
élites profesionales: de las élites a los
sectores subalternos, y de los miembros veteranos
a los sectores novatos19.
De ese modo, estaríamos hablando, en primera
instancia, de un sector relativamente cerrado que
tendría la legitimación necesaria para definir
las reglas que rigen a determinada profesión y,
en segunda instancia, de otro sector que, de
manera inconsciente, asume dichas reglas y las
pone en práctica en su ejercicio profesional.
Ahora bien, la
constitución de esas ideologías
profesionales y el modo como son interiorizadas
por un determinado grupo de profesionales, están
inscritos necesariamente en una serie de
condicionamientos históricos y sociales tanto de
la profesión en cuestión en este caso el
periodismo- como de quienes se inscriben en ella,
de modo que no constituyen necesariamente una
relación difusa y recta; por el contrario, en
ella se manifiestan diversas tensiones y
tendencias que pueden ir desde las rupturas del
canon (v.g.: nuevo periodismo o periodismo
literario) hasta la interiorización inercial de
determinadas valoraciones, que se traducen en
prácticas irreflexivas o en discursos que
refuerzan muletillas y lugares comunes
(v.g.:nuestra misión es la búsqueda de la
verdad, hay que informar al
público, etc.). Hay que agregar que
en el caso particular del periodismo, si bien
efectivamente ha habido un modelo dominante
por excelencia, el del periodismo
informativo- , en la progresiva constitución de
sus ideologías profesionales ha incidido de
manera decisiva el hecho de que se trata de una
actividad de una reciente profesionalización20,
en la que aún persisten diversos discursos en
torno a su constitución como un oficio
resultado fundamentalmente de la práctica y de
la transmisión de saberes y técnicas ligada a
la experiencia- y, más recientemente, como una
práctica a la que tienen derecho todos los
ciudadanos informar y ser informado -.
La ampliación
de las agendas informativas y el surgimiento de
estas distintas modalidades de inclusión de
otros actores sociales en los medios implican
necesariamente una transformación en el interior
de las organizaciones informativas, y
específicamente en sus periodistas: en sus
concepciones sobre las fuentes de información y
en sus procedimientos de acercamiento a las
fuentes y de recopilación de información.
Evidentemente, el modo como un determinado tema
va tomando fuerza y visibilidad en los medios de
comunicación está relacionado con la manera
como logra inscribirse en unas concepciones y en
unas lógicas de producción ya estables y
estandarizadas; pero también tiene que ver con
la revisión de los tratamientos que reciben
dichos temas y con la transformación de los
modos como son representados. Es decir, cuando de
presentar a un ciudadano víctima se pasa a
presentar un ciudadano positivo,
cuando del estereotipo del homosexual afeminado y
divertido se pasa al del sujeto defensor de sus
derechos ciudadanos, cuando se pasa de
presentar a jóvenes negros marginales como
delincuentes a hacerlo como gestores de procesos
culturales, se están operando simultáneamente
dos procesos: por una parte, en efecto, el
encuadramiento de esa complejidad a un formato
que pueda ser manejado por los periodistas de
acuerdo a las lógicas de producción del medio,
a sus concepciones ideológicas y a sus intereses
económicos; por otra, un replanteamiento de sus
propias prácticas y de sus concepciones sobre lo
noticiable para dar cabida de manera más
sistemática a otros actores sociales. A
propósito de lo anterior, surgen entonces una
serie de preguntas: ¿Cómo y desde dónde se
construyen las tendencias sobre el tipo de
tratamiento que debe tener determinada nota
periodística a propósito de esos sectores
sociales?¿Cómo el periodista interioriza estas
valoraciones? ¿Cómo esto se revierte en la
producción de sus textos mediáticos? ¿Cómo
desde sus rutinas de trabajo reproduciendo y/o
transformando determinadas ideologías
profesionales?.
Analizar el modo
como ciertos temas menores ingresan
entonces a la agenda mediática es una
posibilidad que se abre para revisar cuáles son
las inercias y las aperturas que se advierten en
los medios de comunicación masiva y que si bien
pueden explicarse desde sus trasfondos políticos
y económicos, puede dar lugar también a
reflexiones sobre ese sujeto social responsable
final de escribir unos textos o montar unas
imágenes el periodista- para que los
demás nos demos por enterados del reparto de
actores principales y de reparto- con el
que pretenden dar cuenta de nuestra compleja
realidad.
_____
Notas:
[1] Si se
mira, por ejemplo, la edición especial de El
Tiempo, Resumen 2005- Fin de año
(domingo 18 de siembre, 2005), excepto Mónica
Roa, con reciente fama a raíz de su polémico
proyecto de ley sobre despenalización del
aborto, la mayoría de los personajes
seleccionados son suficientemente representativos
de los sectores económicos y políticos más
reconocidos: Manuel José Cepeda, presidente de
la Corte Constitucional; Sabas Pretelt, por esos
días ministro del Interior del gobierno de
Alvaro Uribe; César Gaviria Trujillo, ex
-secretario de la OEA; el Papa, Joseph Ratzinger;
Luis Alberto Moreno, director del BID; y el
presidente venezolano Hugo Chávez. En un plano
de jerarquización menor aparecen Juan Valdés y
su mula Conchita, Shakira, Juanes, la
deportista Maria Luisa Calle y Francisco
Holguín, médico que saltó a la fama a raíz de
la cirugía realizada a Diego Armando Maradona.
El Tiempo, domingo 18 de diciembre de 2005.
[2] Este criterio, por ejemplo, es el que se
utiliza en la selección de los ganadores en
reportería gráfica en los premios Alfonso
Bonilla Aragón, de la ciudad de Cali.
[3] Colombo, Furio. El periodismo fotográfico. En:
Ultimas noticias sobre el periodismo. Manual
de periodismo internacional. Anagrama,
Barcelona, 1997, p. 153.
[4] Charaudeau, Patrick. El discurso de la
información. La construcción del espejo social,
Gedisa, Barcelona, 2003, p. 286
[5] Volli, Ugo. Factoides y mnemos, por una
ecología semiótica. En: Videoculturas
de fin de siglo. Cátedra, Madrid, 1989
[6] Champagne, Patrick. La visión mediática. En:
La miseria del mundo. Coord: Pierre
Bourdieu.
[7] Ver Es posible otra mirada. Medios
de comunicación e identidades indígenas.
Convenio En minga con los pueblos
indígenas y por el derecho a su palabra,
pueblos indígenas Nasa, Kokonuco, Guambiano,
Totoroes y Yanaconas, Comisión Europea y Escuela
de Comunicación Social de la Universidad del
Valle.
[8] Emisión del noticiero del Canal RCN, del 20
de diciembre de 2005.
[9] Ford, Anibal. La exasperación del Caso. En:
La marca de la bestia. Norma, 1999.
[10] Ver, Martini, Stella. Periodismo, noticia
y noticiabilidad. Norma, Bogotá, 2002, p.38.
[11] González, Julián. Repensar el
periodismo. Transformaciones y emergencias del
periodismo actual. Programa Editorial
Universidad del Valle, Cali, 2004.
[12] Miralles, Ana María. ¿Qué es el
periodismo cívico?. En: Revista Foro. No.
35. Septiembre de 1998
[13] Benesh, Susan. El surgimiento del
periodismo de soluciones. Traducción Alberto
Barrueco (publicado en Columbia Journalism
Review, vol.36:6, marzo-abril, pp 36- 29, 1998).
Ubicación electrónica:
icar.gwu.edu/laascens,%F3n,pdf.
[14 Volli, Ugo, op. Cit.
[15] Van Dijk, Teu. La noticia como discurso.
Comprensión, estructura y producción de la
información. Paidós Comunicación, Barcelona,
1996, p.45
[16] Charaudeau, Op.cit. p.96
[17] A propósito de esto, vale la pena recordar
un aparte del documental de Oscar Campo,
Noticias de guerra, en el que el
director de 90 Minutos en esa época, José
Vicente Arizmendi, dice, refiriéndose al trabajo
del reportero Miguel Angel Palta, que no es
necesario que él, como director, revise la
edición de sus notas, porque ambos ya saben qué
es lo que ésta debe contener.
[18] Abril, Gonzalo. Teoría general de la
información. Cátedra, Madrid, 1997, p. 307.
[19] Elliot, Phillip. Citado por Abril, Gonzalo.
Ibidem, p.307.
[20] La profesionalización del periodismo va
ligada a la aparición de la prensa de negocio,
en la segunda mitad del siglo XIX. Aparece la
figura del periodista dedicado a esta actividad
de tiempo completo, ligado a algunas
características de la prensa: información más
abundante y frecuente, ampliación de la
cobertura internacional y menor dependencia de
poderes políticos y económicos. El surgimiento
de las primeras escuelas de periodismo se
remonta, por su parte, a los años 20 en Estados
Unidos. Ver: Ortega, Felix y Humanes, Maria
Luisa. Algo más que periodistas. Sociología
de una profesión. Ariel, España, 2000.
__________
Bibliografía:
Abril.
Gonzalo. Teoría general de la información.
Cátedra, Madrid, 1997.
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_________________
Sobre
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Identificación, desigualdades e
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1998.
Winocur, Rosalía. Ciudadanos mediáticos. La
construcción de lo público en la radio.
Gedisa, Barcelona, 2002.
*
Patricia Alzate Jaramillo es profesora de la Escuela de
Comunicación Social de la Universidad del Valle en Cali, Colombia, en la que pertenece
al Grupo de Investigación en Periodismo e
Información. Este artículo forma parte de un
informe parcial de su investigación "Medios
de Comunicación y ciudadanía. Análisis textual
y de rutinas profesionales". Esta es su
primera colaboración para Sala de Prensa.
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