Serge Halimi:
La
concentración mediática anula la crítica
periodística
Blanche
Petrich *
El
espíritu de la crítica en el periodismo
moderno, en opinión de Serge Halimi, director
general de las ediciones de Le Monde
diplomatique cuya edición para
México distribuye La Jornada a sus
suscriptores, está en vías de
extinción como consecuencia del fenómeno de la
concentración incontenible de las empresas
mediáticas en manos de grandes fortunas
que son al mismo tiempo fabricantes de medios de
información.
Este tema ha
sido por más de una década el foco de varios de
los análisis, investigaciones y ensayos de este
periodista francés, quien lamenta que en muchas
latitudes desde su propio país hasta
Estados Unidos, México incluido las
izquierdas y los sectores progresistas han
desertado de la lucha por el pluralismo
informativo.
El papel
esencial de los medios sostiene en
entrevista con La Jornada
debería ser de contrapoder. Pero quienes
detentan el poder financiero y económico tienen
también el poder político. Así que en lugar de
crítica tenemos propaganda, un acomodo de la
opinión pública a las grandes exigencias de
este orden económico social.
El joven editor
y escritor de origen tunesino, hijo de la pionera
feminista Gisele Halimi, no se hace ilusiones
sobre la posibilidad de democratizar el sistema
mediático global sólo con buenos argumentos e
intenciones. Para lograrlo hace falta tener
el soporte de fuerzas políticas. Y hoy día los
partidos no tienen esta preocupación en sus
agendas; ni siquiera los partidos de izquierda,
que han preferido acomodarse al poder mediático,
limar asperezas con estas poderosas empresas.
Entre la audacia y el empantanamiento, han optado
por esto último.
Más aún, su
crítica se extiende hacia el verdadero poder que
tiene la información disidente y alternativa en
la red cibernética. Subraya la gran
asimetría que existe entre el impacto
directo de la información de los medios masivos,
que llega a las grandes mayorías, más bien
despolitizadas y pasivas, y los contenidos
divergentes que circulan por Internet y son
buscados por un lector más informado y activo.
El riesgo advierte es que los
consorcios dicen que existe la pluralidad porque
todos los puntos de vista están en Internet.
Pueden preguntar, ¿para qué quieren las
opiniones de Noam Chomsky en las grandes cadenas
ABC, CBS o NBC, si están en la red? Es una
pluralidad aparente.
Unos cuantos nombres
Habla
sobre un fenómeno global: sólo unas cuantas
fortunas, unos cuantos nombres en Francia,
Lagardere, Arnaud, Pinot, Bouyges; en Estados
Unidos y Gran Bretaña, Rupert Murdoch; en Italia
Berlusconi; en América Latina, Cisneros, Slim,
Azcárraga figuran en los directorios de
las principales empresas de televisión, radio y
prensa escrita.
Me parece
muy esclarecedora la frase del académico
estadunidense Robert McChesney: si un jefe de
Estado nos hubiera dicho que a partir de ahora
los medios ya no se ocuparán demasiado de la
política internacional sino que se ocuparán
principalmente de las celebridades y de hacer
propaganda de los grandes grupos económicos, la
mayor parte de los periodistas lo habríamos
rechazado, por inaceptable. Cuando esta misma
dinámica es impulsada por los grandes
corporativos globales, esta evolución es
aceptada casi como natural.
Estas
cabezas y sus voceros alegan que hay pluralidad y
libertad de expresión.
En la
historia del siglo XIX francés, alguien dijo que
la regla para la prensa es 'silencio a los
pobres'. Y es cierto: con mucho dinero,
cualquiera es libre de expresar sus opiniones en
la radio, la prensa y la televisión. No hay
mayor restricción que la falta de dinero.
¿Hacia
dónde buscar la solución para democratizar el
mercado mediático?
Está el
ideal y la realidad. La realidad actual es que
los gobiernos en el poder no estiman que la
concentración de los medios represente un
problema. En Francia incluso piensan que los
medios deben estar aún más concentrados para
alcanzar la talla de los mastodontes
angloestadunidenses.
Enfrentamos
intereses tan poderosos que pueden orientar la
información de modo que lo que nosotros
identificamos como un problema, ellos lo hacen
percibir como una solución. Es necesario
presionar directamente sobre los responsables
políticos, en particular a los de izquierda.
Pero con frecuencia vemos que la izquierda ha
desertado del combate por el pluralismo
mediático. Esperan que, al ignorar la cuestión,
obtendrán el favor de los grandes grupos
mediáticos que de tanto en tanto los
presentarán en sus pantallas.
Halimi saca de
inmediato una serie de casos para ilustrar su
afirmación.
Las culpas de los
liberales Mitterrand, Blair, Clinton
Ejemplo,
Italia. Berlusconi llegó al poder por primera
vez en 1994. El hombre más rico, el mayor
industrial, el dueño de los medios privados más
grandes del país, convirtiéndose en el primer
ministro y jefe de una mayoría parlamentaria y
jefe del Ejecutivo, todo en una sola persona.
Ahí había un problema evidente para la
democracia, una anomalía. Al cabo de dos años,
Berlusconi perdió el poder y llegó la
centroizquierda. ¿Qué hizo para resolver este
problema? Nada. En consecuencia, cuando
Berlusconi retomó el poder llegó más fuerte
que nunca.
El
problema no es solamente que la derecha se
acomoda ante la concentración del poder
mediático y económico lo que es
normal sino que la izquierda también se
resigna. En Francia la concentración de la
industria audiovisual y la creación de cadenas
de televisión privada se concretó con François
Mitterrand. Más aun, fue Miterrand quien buscó
a Berlusconi en aquellas épocas amigo de
Bettino Craxi, líder socialista para
asociarse con estas empresas.
Otro
ejemplo impactante es el de la relación del
laborista Tony Blair con el magnate Rupert
Murdoch. Fue en 1992, durante las elecciones
legislativas en el Reino Unido. El laborista Neil
Kinnock era el favorito. El día de los comicios,
The Sun que es de la cadena de
Murdoch publicó en su primera plana la
imagen de un foco apagado y una cabeza principal,
que aludía a la posibilidad de un triunfo
laborista: 'Si ganan los laboristas, el último
que apague la luz'. The Sun tenía un
tiraje de 5 millones de ejemplares. Resultado:
ganaron los conservadores.
A raíz de
este resultado, cuando Blair llega al poder,
años más tarde, decide cortejar a Murdoch,
dueño de The Sun, The Times y
Sky News. Finalmente logró el apoyo de este
grupo mediático a cambio de derechizar su
programa de gobierno.
Estados Unidos
no puede faltar en su exposición de casos:
Fue
precisamente Bill Clinton, un demócrata, no un
republicano, quien promovió la desregulación de
medios de 1996, que anuló el impedimento que
tenían los consorcios de apropiarse de varios
medios radio, televisisón o prensa
en una misma ciudad. Los periodistas silenciaron
el debate.
En la polémica
sobre si los flujos de contenidos alternativos en
Internet representan o no una democratización
del periodismo, Halimi advierte que esta creencia
entraña un riesgo: Hay una asimetría de
hecho entre los que reciben la propaganda
directamente de la pantalla de la televisión
receptores pasivos y los que para
obtener un punto de vista divergente tienen que
hacer un esfuerzo adicional. Son receptores
activos. Éstos son una nueva elite.
Entonces,
¿es aparente la pluralidad?
Este
sector más activo tiene una idea deformada de la
realidad. Son sobre todo los progresistas que
utilizan permanentemente Internet para
comunicarse con otros progresistas. Llegan a
tener la idea de que el problema de la
información está resuelto, porque está
resuelto para ellos. Pero no todos van a buscar
la información de Telesur, de La Jornada,
de Le Monde diplomatique. Los que van a
estos sitios son una minoría politizada.
*
Blanche Petrich es
reportera del diario mexicano La Jornada, donde publicó este texto el martes 27
de octubre de 2009.
|