El
periodismo sin palabras
Isabel
Cerón y Germán Perlaza Rúa *
El
texto que sigue son extractos de la tesis de
pregrado que los autores presentaron a la Escuela
de Comunicación Social de Univalle en junio de
2008. Como estudiantes y periodistas de diarismo,
tenían la intención de problematizar el género
reportaje en medio de las rutinas de la práctica
profesional y, en el camino, prefirieron realizar
una refutación de la llamada Teoría de
los géneros periodísticos.
El presente
artículo fue publicado en el 2009 por la revista
Nexus, edición número VI, ISSN:
1900-9909 de la escuela de Comunicación Social
de la Universidad del Valle.
Cuatro
propuestas fundamentales amarran su refutación.
- El problema
del Periodismo (el de su mala calidad, el
de su vaguedad teórica) es, hasta ahora,
y en primer lugar, un
problema de índole
epistemológica/filosófica. No
lingüística, ni ética, ni de rutinas
profesionales como se suele asumir, o
sólo secundariamente de una de estas
formas.
- El
Periodismo todavía no define su objeto
de estudio/conocimiento, ni sus métodos
específicos de trabajo. Todavía no
conoce su habilidad específica como
ciencia, tecnología o sociotecnología.
Es un ejercicio a la deriva, que ha
estado sacrificando la oportunidad de
constituirse como campo nuevo y
consistente, y sobrevive apegado al
legado de otras disciplinas,
principalmente Literatura, Sociología y
Lingüística, con las que a menudo se
confunde. El Periodismo no es ninguna de
estas tres cosas, y se parece a ellas
sólo de manera superficial.
- El objeto
de estudio del Periodismo no puede seguir
siendo el mensaje periodístico.
Ni la enseñanza y la práctica del
Periodismo pueden seguir fomentando el
énfasis actual en la habilidad para
escribir. Hay que mover a la escritura de
su lugar central.
- La Teoría
de los Géneros Periodísticos es falsa,
vaga e inútil desde el punto de vista
epistemológico. Hay que desecharla como
herramienta de conocimiento. Ni el
dispositivo género en sí, ni los
particulares información, crónica y
reportaje, son de alguna utilidad
para comprender el trabajo periodístico.
Todo lo contrario. La llamada
teoría ha ayudado a mantener
vivo el igualmente falso e inútil
parecido entre Periodismo y Literatura.
La asunción
positiva de estas propuestas implicaría cambios
directos en dos ámbitos. El inmediato: que
implicaría sacar a la Teoría de géneros de la
Escuela de Periodismo y replantear los
componentes de la enseñanza, el estudio y la
investigación en el campo, contrarrestando la
centralidad actual de la escritura. El
investigativo-a largo plazo: que exige a los
estudiantes, investigadores y escuelas proponer
un nuevo objeto de conocimiento para el
Periodismo, que los invita a reconstruir el campo
desde cero.
Los fragmentos
escogidos para la publicación no alcanzan para
cubrir la totalidad de sus propuestas. Contienen,
apenas, el mínimo necesario para disparar la
discusión. Todos fueron tomados de la primera
parte del trabajo dedicado principalmente a
cuestionar la centralidad del texto y el mensaje,
y la legitimidad del parecido entre Periodismo y
Literatura. Un desarrollo más detallado y
ordenado de las mismas y otras ideas se encuentra
en el texto completo de la tesis de grado.
[
]
Escribir:
no más que una parte del proceso
El
Periodismo es más que la redacción de un texto.
Periodistas y teóricos están de acuerdo que el hacer
periodístico comienza mucho antes que la
etapa de redacción. Comienza, quizá, en la
acción de decidir qué hechos son noticia
y es seguido por un amplio conjunto de acciones
interdependientes, inseparables e incluso
simultáneas: rastreo de hechos, selección,
jerarquización, reportería y, finalmente,
redacción.
Un periodista
empieza su día de trabajo consultando las
fuentes que le permiten enterarse de los
acontecimientos o noticias del día. Luego
atiende a determinado número de reuniones
(normalmente una o dos, de sección y generales
de redacción) en las que se distribuyen los
hechos a cubrir y se traza el perfil de
reportería y tipo de información requeridos
para la elaboración de cada artículo. El
periodista elige entonces una serie de fuentes de
donde obtendrá información, y define y ejecuta
las entrevistas, inspecciones o visitas a que
haya lugar. Con los insumos a mano vuelve a
organizar y seleccionar. Escribe, reescribe,
edita. Rebusca nueva información. Finalmente, si
cabe, realiza la edición final sobre el diagrama
de impresión.
¿Redactar bien?
Sí, se requiere esta habilidad. Pero nótese la
cantidad de procedimientos previos a la
escritura. Y no sólo son muchos, también son claves.
Los buenos
editores suelen gritar en las salas de redacción
que la garantía de un buen artículo está en la
cantidad y calidad de información que se
recolectó en la investigación. Un periodista
puede medir a su editor según la noticia que
selecciona o aprueba para cubrimiento, y el lugar
que le asigna en la publicación.
En resumen: los
periodistas de diarismo suelen invertir tanto o
menos tiempo en la etapa de redacción, que el
que invierten en cada una de las demás acciones
de su jornada (rastreo de hechos, selección,
jerarquización, reportería, edición); se puede
hablar de noticias muy buenas, por fuera de si
están o no bien escritas; y hasta se
puede decir que un hecho es noticia mucho
antes de que se lo redacte. El Periodismo empieza
a ocurrir, pues, mucho antes de que se
escriba la primera palabra. Y acaba mucho
después de que se ha escrito la última.
Volviendo al
comienzo, periodistas y teóricos aparentemente
coinciden en esto. Cabría esperar, entonces, que
los desarrollos teóricos de la Escuela de
Periodismo aspiren a explicar/regular la
producción periodística incluyendo la totalidad
de estos fenómenos envueltos en ella. Que
estudiantes, investigadores, teóricos y Escuelas
estén en capacidad de estudiar y explicar no
sólo cómo escribir textos periodísticos, sino
como seleccionar y descomponer un hecho social,
jerarquizarlo frente a otros para ser publicado,
definir su relevancia, el método de
investigación que le corresponde, el tipo de
preguntas que quiere y puede plantearle a ese
hecho, los métodos adecuados para resolverlas
(cubrimiento/reportería), el resultado que se
espera de tal investigación (¿explicación del
hecho social? ¿su descripción? ¿mero relato?
¿denuncia?) y, sólo finalmente, los usos del
lenguaje apropiados para que ese resultado se
publique satisfactoriamente -dejando las
consideraciones particulares de estilo y
extensión a cada empresa particular. Esto es lo
que cabría esperar.
Pero cuando se
revisa el pensum de las Escuelas y más
concretamente cuando se revisa la Teoría de los
Géneros Periodísticos (en adelante TGP), lo que
se encuentra es que no responden ninguna de estas
preguntas. Se ocupan, a duras penas, de ciertos
aspectos del estudio del mensaje y la escritura.
Generalidades
de la TGP
La Teoría de
los géneros periodísticos es un
planteamiento surgido a finales de la década de
1950 en Europa (concretamente en Francia y
España), de manos de un grupo heterogéneo de
intelectuales (entre sociólogos, filólogos,
críticos literarios, periodistas), cuya cabeza
más visible, si hubiese que señalar una, sería
José Luis Martínez Albertos1.
La importancia
del planteamiento radica, básicamente, en que
constituye hoy todavía el componente teórico
principal del currículo académico universitario
relativo a la enseñanza del área de Prensa, en
las Escuelas de Periodismo o Información, tanto
en Latinoamérica como en España. Esto es: goza
de excelente salud y credibilidad entre las
instituciones y los agentes del campo, es tenida
por guía útil para la producción de Periodismo
en los medios de comunicación, y de ella se
deriva buena parte de la bibliografía de la que
se alimenta la Escuela de Periodismo.
Así hablan
sus defensores:
Cuanto
más énfasis se ponga en las enseñanza de
los géneros periodísticos en las Facultades
de Periodismo y en los departamentos, tanto
más el periodismo que se aprende en las
universidades será un aprendizaje y una
reflexión sobre el periodismo que se hace en
los diarios y en las emisoras de radio y de
televisión. La teoría y la práctica se
encuentran en el estudio de los géneros
periodísticos [
]. Con los géneros
aprenden actitudes y las actitudes generan
hábitos profesionales. Por esos hábitos se
conoce quién es el verdadero profesional y
quién no lo es. Puede decirse con muchas
probabilidades de acierto que el nivel que
alcanza la enseñanza de la teoría de los
géneros es un buen indicador del nivel
científico que haya alcanzado una
Facultad. (Santamaría, 1994, p. 43).
La llamada
Teoría de los géneros periodísticos es un
planteamiento de tipo normativo, en el que se
establece un conjunto de modelos estilísticos
(regularmente tres: información, reportaje
y crónica), a los que se supone debe
ajustarse la producción de mensajes
periodísticos.
Dicho de otro
modo, lo que la teoría propone es una división
o clasificación (El Periodismo puede
ser información, reportaje o crónica)
y un criterio de división (los textos calan en
una u otra categoría según un supuesto grado de
objetividad, interpretación y estilo literario).
| Género (clase) |
Características
: Objetividad, Interpretación, Estilo
literario - (criterios de división) |
| Información |
Narración objetiva
de los hechos. Mínima interpretación
o explicación. Escritura seca
(sin adornos). |
| Reportaje |
Relato objetivo
de los hechos. A diferencia del
género información, se espera un
primer nivel de interpretación
o explicación de los hechos. La
mayoría de los tratadistas justifican
que en este género ya se escriba
con cierto aire literario. |
| Crónica |
Relato subjetivo
de los hechos. Interpretación
y explicación de los mismos también
impregnada de la subjetividad del
periodista. Escritura con aires,
si cabe, más literarios. |
El mensaje y el texto
como objeto de estudio de la TGP
Explícitamente,
la TGP declara que su objeto de estudio es el
mensaje/texto:
Los
géneros periodísticos deben ser para
nosotros principios de conocimiento del
mensaje informativo, en su dimensión de
texto literario, teniendo en cuenta que este
mensaje es de alguna manera la expresión de
las posibilidades humanas para lograr un
cierto grado de comunicación de hechos y de
ideas mediante un no desdeñable nivel de
creación estética en el uso de la
palabra. (Martínez Albertos, 1992,
p.267)
Es
evidente, por tanto, que a través de los
estudios de investigación acerca de los
mensajes, su presentación y su contenido,
haya una cierta teoría sistemática que
permita descubrir y agrupar los textos
periodísticos por razón de su género
peculiar(refiriéndose a la Teoría de
los géneros periodísticos). (Martínez
Albertos, 1992, p.264)
La
investigación analítica de los géneros
lleva a descubrir las reglas y estructuras
que los definen, delimitan y diferencian unos
de otros. Tal descubrimiento hay que
efectuarlo a partir de textos, de
realizaciones concretas para ver los
elementos comunes, así como las variantes
según los usos personales, pero sin perder
la estructura global. La teoría de los
mismos llegará precisamente tras los
análisis de las producciones particulares.
Analizar los géneros es adentrarse en los
mensajes por vía formal para su mejor
comprensión. La indagación de los elementos
afines a muchas producciones permite una
sistematización de las mismas y, por tanto,
una mejor comprensión. (Cebrián, 1992,
p.16).
De forma
coherente con su énfasis en el estudio del
objeto-mensaje y de la fase de redacción, la
Teoría de géneros explica que, para ella, el
Periodismo consiste en una operación
lingüística:
Martínez
Albertos, citando a Lorenzo Gomis:
Convertir un hecho en noticia es
básicamente una operación lingüística
[
] El lenguaje es el modo de captación
de la realidad que permite darle forma,
aislar dentro de ella unos hechos a los que,
por un procedimiento de redacción, se
convierte en noticia. (Martínez
Albertos, 1992, p.45).
Idea que se ve
reforzada por la descripción de los géneros, a
su vez, también como modalidades de creación
lingüística o literaria.
Géneros
periodísticos son, en efecto, las diferentes
modalidades de creación lingüística
destinadas a ser canalizadas a través de
cualquier medio de difusión colectiva y con
el ánimo de atender a los dos grandes
objetivos de la información de actualidad:
el relato de acontecimientos y el juicio
valorativo que provocan tales
acontecimientos. (Martínez Albertos,
1992, p.213)
Diríamos que géneros periodísticos son
aquellas modalidades de la creación
literaria concebidas como vehículos aptos
para realizar una estricta información de
actualidad (o Periodismo)*.
(Martínez Albertos, 1992, p.264)
Venimos de
relativizar la importancia del mensaje y la fase
de redacción en el trabajo periodístico. Aquí
vemos pues, cómo la TGP se equivoca en centrar
su objeto de estudio en el mensaje, y
en construir una concepción del hacer
periodístico como mera operación
lingüística. ¿Dónde queda el resto del
Periodismo?
[
]
Impertinencia
del mensaje
Pensemos en la
labor del historiador literario o crítico
literario. El mensaje/texto es un objeto de
estudio pertinente para su labor porque la
Historia y Crítica literarias consisten,
precisamente, en estudiar textos. Sea para
describirlos, clasificarlos o evaluarlos, el
trozo de realidad que les interesa es el de los
textos.
En el caso
específico de la Teoría de géneros
literarios, el mensaje/texto es una unidad de
estudio pertinente porque el crítico literario
encuentra dentro del texto impreso todos los
elementos de juicio que necesita para realizar su
trabajo, por ejemplo, decidir si la obra es una
novela o un poema. La novela es novela, o el
poema es poema, sin influencia del número de
borradores que los precedieron, el tiempo que
tardó el autor en escribirlos, o si sus
personajes son imaginarios o inspirados en
caracteres de carne y hueso. En otras palabras:
no hay nada por fuera del objeto-texto que
pueda influir en la decisión sobre el género de
una obra. El objeto comienza y termina, entre las
páginas primera y última del libro.
Ahora bien:
¿podrá ser también el texto (mensaje)
una unidad válida para el estudio del trabajo
periodístico? No. Nos oponemos firmemente a esta
idea. Por una razón fundamental: Hacer
periodismo no es analizar mensajes periodísticos.
De analizar
mensajes periodísticos se ocupan la
hermenéutica, la lingüística y los estudios de
prensa comparada, entre otros. El mensaje/texto
es un objeto de estudio válido para estas
disciplinas de carácter nítidamente
hermenéutico/lingüístico/filológico pues su
saber, como el del historiador o el crítico
literario, consiste precisamente en clasificar,
describir, valorar o diseccionar textos.
Textos son el
objeto que estas disciplinas estudian.
Pero no todas
las disciplinas estudian textos.
No podemos
decir, por ejemplo, de la Biología, que su
función sea estudiar textos de Biología. Su
objeto de estudio no son los libros de Biología,
sino los seres vivos.
Los estudiantes
leen textos de Biología para aprender Biología.
Pero cuando acaban de leerlos, no se sientan a
escribir una Tipología de los textos de
Biología, sino que van a encontrarse con los
seres vivos. Éstos últimos son su objeto de
estudio.
Así mismo,
la Biología produce teorías sobre los
seres vivos, no sobre los textos de
Biología. Esta sería, quizá, la tarea de
un historiador de la Biología.
Y aunque los
resultados de la investigación biológica se
pongan por escrito y se distribuyan por la vía
de los mensajes impresos, nadie confunde por ello
su objeto de estudio (los seres vivos) con dichos
textos.
Es importante,
pues, aprender a diferenciar el texto como
herramienta de estudio (común a todas las
profesiones) y el texto como vía para exponer
los resultados de la investigación en la
profesión (también común a todas las
profesiones), del texto como objeto de estudio
de la profesión. Este último, insistimos,
es común sólo a las profesiones de carácter
filológico, hermenéutico o lingüístico.
En el caso del
Periodismo:
Se pueden leer
textos para aprender a hacer Periodismo (texto
como herramienta de estudio).
También se
consignan los resultados del trabajo
periodístico en textos, llamados mensajes
periodísticos (texto como vía para exponer
resultados de investigación).
Pero si
hubiésemos de forzar una definición del objeto
que estudia, analiza, disecciona, ordena o
clasifica el Periodismo, (decimos forzar porque
dicha definición todavía no existe), entonces
quizá cabría hablar de hechos. Lo
que el Periodismo (el periodista) estudia son
hechos. No textos.
Podría alegarse
que el periodista (también el sociólogo, el
antropólogo, el historiador) se ve
constantemente obligado a analizar mensajes o
textos en sus investigaciones, como cuando
examina, por ejemplo, un documento público. Pero
aún en estos casos, hay que aceptar y aprender a
distinguir que el periodista (el sociólogo, el
antropólogo, el historiador) no accede a dichos
textos en calidad de textos, sino en calidad de
hechos, o registros de un hecho.
El texto como
insumo en la investigación le sirve para sacar
conclusiones sobre otros hechos, no para sacar
conclusiones sobre la naturaleza lingüística o
literaria de ellos en cuanto textos.
Dicho lo
anterior, y teniendo siempre en mente la
diferencia entre el objeto hecho y el objeto
mensaje, afirmamos que una teoría periodística
no podría dedicarse al objeto de estudio
mensaje periodístico, sino sólo,
quizá, al objeto (aún incipiente) hecho
periodístico.
Si el Periodismo
estudia hechos en vez de mensajes,
una teoría como la de los géneros
periodísticos, que se dedica al estudio del
mensaje periodístico, no es ni puede
considerarse una teoría periodística:
ni desde, ni para el
Periodismo. Sólo puede ser, acaso, una teoría desde
y para la Filología, la Crítica
literaria/periodística, la Lingüística o la
Morfología.
Vale la pena
releer los tratados de géneros bajo esta
perspectiva y comprobar que, si bien es posible
que la teoría sirva para algo, ese algo
no tiene nada que ver con hacer Periodismo.
La Teoría de géneros se parece mucho
más a un listado de señas estilísticas
encontrables en los textos acabados (útil para
las profesiones de tipo hermenéutico mencionadas),
que a una guía viva sobre cómo rastrear hechos
y acontecimientos, medir su noticiabilidad,
clasificarlos, jerarquizarlos, determinar el tipo
de reportería adecuado para cubrirlos y su
posterior tratamiento, etc., entre tantas tareas
que constituyen el verdadero trabajo del
periodista y sobre las cuales la Teoría de
los géneros periodísticos no dice nada.
Haber limitado
el estudio del Periodismo al mensaje
y/o el texto periodístico es el
primer error que le señalamos a Teoría de
géneros. Creer y hacer creer que pregunta
Cómo hacer Periodismo, cuando en
realidad sólo pregunta Cómo se redactan
los mensajes en estilo periodístico.
[
]
Géneros:
falsa analogía con la literatura
La adopción del
género como eje/noción central de la teoría de
los géneros periodísticos, se justifica en los
manuales como resultado de un cierto
mimetismo científico con la Literatura:
Centrando
nuestro objetivo en el periodismo impreso,
digamos para empezar que esta preocupación
ha surgido por razón de un cierto mimetismo
científico. Por similitud a los géneros
literarios, tópicos en toda la Preceptiva
literaria, los estudiosos del periodismo han
señalado igualmente la existencia de
determinados géneros pe riodísticos. No se
trata, sin embargo, de una distinción
puramente bizantina o erudita. Su utilidad se
revela particularmente interesante en el
campo de la enseñanza y de la preparación
de los futuros profesionales de la
información de actualidad, en primer
lugar. (Martínez Albertos, 1992,
p.263)
La
teoría de los géneros periodísticos es,
evidentemente, una construcción teórica que
surge por extrapolación de la teoría
clásica de los géneros literarios. Desde
este punto de vista, los teóricos de los
géneros periodísticos reconocen
gustosamente el vasallaje debido a los
estudios de Poética sobre los estilos y los
géneros literarios y se consideran a sí
mismos como sujetos obligados a pagar un
legítimo feudo a los grandes señores
naturales de este campo científico. A partir
de este reconocimiento de dependencia
doctrinal, los principios inspiradores del
mecanismo productor de la teoría de los
géneros y estilos literarios es
perfectamente aplicable al campo de los
géneros periodísticos. (Santamaría,
1991, p.107)
Tal analogía es
un error, decimos, porque parte de dos premisas
falsas:
Premisa
falsa #1: Los géneros explican/dirigen
la producción literaria
Si los
tratadistas creían como dicen- que existe
una similitud entre la labor del periodista y la
del escritor, entonces lo correcto habría sido
adaptar al Periodismo una teoría de la
Literatura, esto es, una teoría sobre el proceso
vivo de creación de textos y relatos.
Pero una teoría2
de este tipo no existía entonces, ni existe
todavía.
Las artes
(incluyentes del arte de escribir) gozan de un
estatus de excepción respecto a la ciencia y las
explicaciones por la vía racional que casi es
parte constitutiva de su propia definición como
arte: el arte es, por esencia, indefinible,
inefable, irreglamentable, inescrutable. Desde
este punto de vista, paradigmático del campo
artístico hasta nuestros días, la creación
literaria no podría reducirse jamás a un
conjunto de reglas teorícas o manualística.
No existe,
repetimos, ninguna teoría literaria científica
(desde y para los escritores).
¿Qué hicieron
entonces los tratadistas?
Lo que hicieron
fue adaptar al Periodismo una teoría que, si
bien se relacionaba de algún modo con la
Literatura, no era ni de la Literatura, ni sobre
cómo escribir obras literarias -sobre el proceso
vivo de creación. Los géneros literarios son
una teoría de la Historia/Crítica literaria,
sobre cómo describir/clasificar obras literarias
acabadas.
En términos
lógicos, los tratadistas plantearon la
analogía:
Si A = B
teoría sobre A = teoría sobre B
(Donde A = Literatura, B = Periodismo)
Pero no existe
una teoría sobre A. La solución de los
tratadistas fue tomar por teoría sobre A, otra
teoría (C) que cumplía una función
aparentemente idéntica.
Si A = B :
teoría sobre C (?) = teoría sobre B
(Donde C = Crítica/Historia literaria)
Preguntamos:
¿Será la misma cosa hacer Literatura
que hacer Historia o Crítica de la
Literatura? ¿Podrán servirse de la misma
teoría, sólo porque compartan el trozo de
realidad Literatura?
No, en primer
lugar, porque el hacer del historiador/crítico
es distinto al del escritor. Una teoría que es
útil para dirigir el trabajo de los primeros, no
puede dirigir igualmente el trabajo de los
segundos. Cuando los tratadistas trazan esta
segunda analogía (incorrecta), están asumiendo
que Literatura es igual a Crítica/Historia
literaria (A = C)3.
No, en segundo
lugar, porque los géneros, aunque se los traiga
a la fuerza y se los obligue a dirigir la
Literatura, se quedan inevitablemente cortos
frente al problema de la producción. Por una
cuestión de carácter, de vocación, el género
tiende a reducir lo que estudia a una cantidad
limitada de categorías formales (la teoría
clásica reconoce tres: épica, lírica y
poesía). Ésta es la función que fue llamado a
cumplir en la Historia y la Crítica literaria.
Pero una cosa es el provecho que estas
categorías brindan a estas disciplinas, y otra
muy distinta que, viendo esta utilidad (discreta,
limitada), se decida convertirlas en normas y
moldes para las sucesivas producciones
literarias.
Benedetto Croce,
filósofo italiano, alertaba ya sobre este
problema en 1938, en la segunda lección de su
Breviario de Estética, con el cual apuntaba a
deshacer esta confusión en el seno mismo de los
estudios literarios4:
Cerraré la
enumeración de los prejuicios sobre el arte,
reseñando los de mayor uso, porque se
mezclan en la vida cotidiana de la crítica y
de la historiografía artística; con el
prejuicio, en primer lugar, de la posibilidad
de distinguir varias o muchas formas
particulares de arte, determinada cada una en
su concepto particular, en sus límites, y
provista de leyes propias. Esta errónea
doctrina toma cuerpo en dos series
sistemáticas, una de las cuales es conocida
como teoría de los géneros literarios o
artísticos [
] Muchos estéticos
componen hoy mismo tratados sobre la
estética de lo trágico, o de lo cómico, o
de la lírica, o del humorismo, y estéticas
de la pintura, de la música, de la poesía
[
] razonando sus impresiones y diciendo
que observan o que violan las leyes del
drama, o de la novela, o de la pintura, o del
bajorrelieve [
].
La historia
literaria está llena de casos en los
que el artista genial ofende con su obra a un
género establecido, suscitando la
reprobación de los críticos. Reprobación
que no logra, por lo demás, sofocar la
admiración o la popularidad que ha
despertado la obra,
hasta que,
al fin, no pudiendo descalificar al autor ni
queriendo tampoco estar a malas con los
críticos de los géneros, se acaba
generalmente con una componenda, ampliando el
género en cuestión o haciendo brotar junto
a él otro género nuevo a guisa de hijo
bastardo [
].
Como cada
obra de arte expresa un estado de alma, y el
estado de alma es individual y siempre nuevo,
la intuición supone intuiciones infinitas
que no nos es posible encerrar en un
casillero de géneros, a menos de que esté
compuesto de infinitas casillas de
intuiciones y no de géneros. Como, por otra
parte [
] la poesía y la pintura no
valen por los sonidos que emiten en el aire o
por los colores que refractan de la luz, sino
por lo que saben decir al espíritu en cuanto
se adentran en él, es inútil dirigirse a
los medios abstractos de la expresión para
construir otra serie de géneros y de clases
[
]?. (Croce, 1943. P. 56)
El argumento
principal de Croce contra los géneros es el de
la unicidad de la expresión/intuición
artística. Siendo ésta siempre única,
requerirá también de formas únicas para
expresarse. Es, pues, irreductible a un catálogo
limitado de preceptos formales - géneros.
Desde nuestro
punto de vista, sin embargo, agregaríamos que
tal unicidad no es propia sólo de la producción
artística, sino de la producción de contenidos
(ideas) en general. El Periodismo, la Historia,
la Antropología, cuando cuentan sus hallazgos,
procuran el esquema narrativo (forma) que sirva
mejor a los contenidos y el sentido de su
producción. Su fin no es el de encajar en un
molde o esquema formal. Todo lo contrario: cada
que sea preciso, el
escritor/periodista/historiador inventará una
forma completamente nueva si esto conviene al
desarrollo de su relato.
Cuando Croce
esgrime contra los géneros la unicidad de la
intuición artística, creemos que, teniendo
razón, podría ir más lejos. Los géneros hacen
estorbo, en general, a la expresión de cualquier
idea o razonamiento (artístico, científico, o
de cualquier índole) al pretender que preexistan
las formas a los contenidos. Y lo que es peor:
que preexistan en un catálogo tan extremadamente
limitado de ellas.
A este catálogo
limitado de formas, no sólo oponemos, como
Croce, las infinitas intuiciones artísticas,
sino en general, los infinitos contenidos
producibles por todas las disciplinas artísticas
y no artísticas.
El estudio de
las formas, y por ende su clasificación y
reducción a unos principios básicos, es de
interés sólo para los lingüistas morfólogos o
los historiadores de la literatura (estudiosos
del texto en cuanto texto). Pero no tiene sentido
desde el punto de vista de la producción ni
literaria ni periodística.
Otra forma de
expresar este mismo problema es sugerir que los
géneros pueden ser útiles como preceptiva
(enseñanza) en la Historia del arte, pero no
como norma ni como prospectiva de la creación
artística (molde en el que deberán encajar las
producciones futuras).
Aunque
ni el puro artista, ni el puro crítico, ni
el puro filósofo tropiecen con generalia,
con géneros y clases, éstas prestan su
utilidad en otros respectos. En esta utilidad
estriba el lado verdadero, que no quiero
dejar de mencionar, de tan erróneas
teorías. Conviene tejer esta red de
generalia, no para la producción que es
espontánea del arte, ni para el juicio que
es filosófico, sino para recoger y
circunscribir de algún modo, auxiliando la
atención y la memoria, las infinitas
intuiciones singulares que sirven para
enumerar parcialmente las innumerables obras
de arte.
(
)
Estos géneros y clases facilitan el
conocimiento y la educación artísticos,
dando al conocimiento como un índice de las
obras de arte más importantes y facilitando
a la educación una suma de las advertencias
más urgentes que sugiere la práctica del
arte. Todo estriba en que no confundamos los
índices con la realidad, y los acaecimientos
e imperativos hipotéticos con los
imperativos categóricos, consecuencia a la
que podemos ir con facilidad, pero a la que
se puede y se debe resistir. (Croce,
1943. p. 58)
Regresando al
tema que nos ocupa en este punto, no se puede
confundir a la Teoría de géneros literarios con
una teoría sobre la producción literaria. Es,
apenas, una teoría para la Crítica o la
Historia literaria. Y no siendo una teoría
válida para la producción literaria, no hay
cómo decir que sus mecanismos puedan servir
también para explicar la producción
periodística.
El objetivo de
los tratadistas era justificar el uso de la
Teoría de géneros, asimilando Literatura y
Periodismo. El error de tal aproximación fue
confundir a los géneros con una teoría de la
Literatura. Error que se comete contra la
Literatura en primer lugar; y que termina
instalado en el Periodismo.
Premisa
falsa #2: Literatura = Periodismo
El segundo error
en el razonamiento del mimetismo
científico, es haber creído que entre
Literatura y Periodismo existía un parecido
relevante.
El Periodismo,
afirmamos, sí se parece a la Literatura,
pero la semejanza es teóricamente desechable por
dos razones
Por un lado,
desde la Epistemología de la Ciencia, es
teóricamente irrelevante parecerse a la
Literatura porque, ya lo dijimos, la Literatura
no admite explicación teórica científica
alguna. El arte, en general, rehúsa cualquier
acercamiento de tipo científico (objetivo). Y
así: ¿Qué consecuencias teóricas podría
tener una eventual semejanza con la Literatura?
Ninguna. No hay posibilidad de parecerse teóricamente
a ella.
Más bien, una
semejanza en este sentido conduciría a
considerar al Periodismo también como un arte,
es decir, como una disciplina inescrutable e
irreductible, razonamiento que anularía
inmediatamente la posibilidad de fundar cualquier
teoría científica a partir de ella, entre
ellas, la de los géneros periodísticos.
Los tratadistas
tenían pues dos opciones:
- Afincarse
en el parecido con la Literatura, incluir
al Periodismo entre las artes y olvidarse
de una vez de su deseo de construir una
teoría científica sobre el Periodismo.
- Desechar el
parecido con la Literatura, desechar la
idea del Periodismo como arte, y
emprender una teorización científica
sobre el Periodismo. Pero tal
teorización, en este caso, no podría
estar fundada en ninguna relación con la
Literatura.
Como se ve,
ambas opciones excluyen cualquier posibilidad de
una Teoría de los géneros periodísticos.
Es una sorpresa,
pues, el camino que escogieron los tratadistas:
fundar una teoría científica a
partir del parecido con una disciplina
artística. Este es el sinsentido que da lugar a
la Teoría de los géneros periodísticos. Que no
quedó sin consecuencias.
Mencionamos dos:
Ambigüedad
Arte/Ciencia. En primer lugar, la teoría
patrocina un tipo de profesional híbrido: que
con la anarquía teórico-metodológica del
artista pretende resolver problemas que
corresponden a las Ciencias Sociales; que unas
veces se ciñe al rigor de la investigación y la
duda, y otras se arriesga a la subjetividad y
aún a la ficción para brindar explicaciones
sobre lo social; y que todo esto lo celebra por
parejo, cómodamente, como artista y como
científico social. ¿Acaso no conoce el
Periodismo la diferencia entre las llamadas
verdades del arte y las de la Ciencia? ¿Con qué
responsabilidad se plantea la profesión esta
disyuntiva? ¿Y qué tan enterados están los
lectores sobre esta cuestión? ¿Con qué
franqueza se le dice al lector del periódico y
al espectador del telediario que lo que lee o ve
es una obra de arte? ¿Conoce y acepta el lector
las licencias que el periodista, como artista,
puede tomarse en el tratamiento y presentación
de los contenidos?
Cobardía
teórica. En segundo lugar, y desde el punto
de vista epistemológico esto es lo más grave,
la ambigüedad arte/ciencia crea un cuerpo
teórico cobarde y flojísimo. Se formulan
teorías llamadas científicas, como la de los
géneros, pero a la primera dificultad,
inconsistencia o contradicción, se disculpa el
bache como manifestación de la mitad artística.
Si no se entiende, si no se sabe qué es, es
puesto de inmediato en estado de excepción. No
se trata de que la explicación científica deba
predominar sobre o anular al arte, sino de
señalar el absurdo que constituye lanzarse a
hacer teorías científicas con malla
de seguridad. En el juego de la Ciencia, si la
hipótesis se cae, se cae del todo. Sin
excepción. La inefabilidad, la irreductibilidad
o la inescrutabilidad de ciertas hazañas, puede
que tengan sentido y se celebren desde el punto
de vista artístico, pero desde el punto de vista
científico son apriorismos que hay que eliminar.
Lo inexplicable, en otras
palabras, podrá ser el reto del científico,
nunca su disculpa. De modo que es irrelevante (y
prácticamente imposible) parecerse teóricamente
-desde una perspectiva científica- a un arte.
Por otro
lado, decimos que la semejanza entre
Periodismo y Literatura es teóricamente
irrelevante porque, aunque existen caracteres
comunes a ambas disciplinas, dichos caracteres
son intrascendentes y superficiales.
Superficiales
en su enunciación
El primer error
de los tratadistas a este respecto es no haber
justificado de forma explícita, clara y
suficiente en qué consistía la supuesta
similitud entre Periodismo y Literatura. ¿En
qué se parecen los objetos, objetivos,
metodologías y resultados de ambas disciplinas,
que hace posible y provechoso trazar una
analogía teórica entre las dos?
La similitud, en
todos los casos, se da por evidente/obvia, y se
procede directamente a la adaptación del
mecanismo (Teoría de géneros)5.
El problema es
que cuando se trata de analogías teóricas entre
disciplinas (y no de comparaciones o metáforas
en un poema), el investigador que omite
justificar un préstamo teórico no comete un
olvido inocuo, sino que se expone: a captar
solamente las semejanzas exteriores de lo
que estudia, a caer en la evidencia
que es enemiga del rigor y, sobre
todo, a acabar forzando/sometiendo su objeto a
una explicación teórica falsa e inadecuada. Las
frases entre comillas son de P. Bourdieu, y el
problema aludido es lo que se conoce como una
formalización sin control
epistemológico:
Confundiendo
entre la simple semejanza y la analogía,
relación entre relaciones que debe ser
conquistada contra las apariencias y
construida por un verdadero trabajo de
abstracción y por una comparación
conscientemente realizada, los modelos
miméticos, que no captan más que las
semejanzas exteriores se oponen a los modelos
analógicos que buscan la comprensión de los
principios ocultos de las realidades que
interpretan. «Razonar por analogía, dice la
Academia, es formar un razonamiento fundado
en las semejanzas o relaciones de una cosa
con otra» o más bien, corrige Cournot,
«fundado en las relaciones o semejanzas en
tanto éstas muestren las relaciones».
(Bourdieu, 1978, p.78)
Es
éste el procedimiento que le confiere su
fecundidad, es decir su poder de
generalización, a las comparaciones entre
sociedades diferentes o entre subsistemas de
una misma sociedad, por oposición a las
simples comparaciones suscitadas por la
semejanza de los contenidos. En la medida en
que estas «metáforas científicas»
conduzcan a los principios de las homologías
estructurales que pudieran encontrarse
sumergidas en las diferencias fenomenales,
son, como se ha dicho, «teorías en
miniatura» puesto que, al formular los
principios generadores y unificadores de un
sistema de relaciones, satisfacen
completamente las exigencias del rigor en el
orden de la demostración, y de la fecundidad
en el orden del descubrimiento, que definen
una construcción teórica
[
].(Bourdieu, 1978, pp. 80-81).
No se trata,
pues, de asemejar por asemejar, sino de asemejar
para descubrir un sistema de relaciones fecundo
entre ambas disciplinas, válido sólo en la
medida que dichas relaciones queden
suficientemente expuestas/reveladas, pues sólo
así se las puede verdaderamente aprovechar y,
cómo no, verificar o refutar.
Una analogía
teórica superficial, como la que emprendieron
los tratadistas con la Teoría de géneros, es
una acción epistemológica descontrolada, y en
ello ya constituye un error.
Superficiales
en su esencia
No nos dejan
otro camino los tratadistas, pues, sino encontrar
y estudiar por nosotros mismos las semejanzas
entre Literatura y Periodismo. ¿En qué se
parecen? Y, ¿justifica el parecido un préstamo
teórico?
Adelantando
nuestra conclusión, diremos: sí existen
semejanzas, pero superficiales. Y en cambio, hay
al menos una diferencia fundamental entre ambas
disciplinas. Dicho de otro modo: no encontramos
cómo justificar una analogía teórica; sí, por
el contrario, una razón de peso para impedirla.
¿En qué se
parece la Literatura al Periodismo?
La idea
explícita más fuerte entre los tratadistas de
una relación entre ambas es la que describe al
Periodismo como un género o subgénero literario
(un lugar común tanto en los tratados de
géneros periodísticos como fuera de ellos). La
pregunta es, ¿qué hay en el Periodismo que nos
haga pensar en él como Literatura?
Tras pensarlo
largamente, sólo se nos ocurren dos razones. La
primera, es que el Periodismo se parece a la
Literatura en que, como ella, cuenta o narra, y
en que inicialmente el vehículo de tal
narración es el lenguaje escrito. La segunda es
que el Periodismo, como la Literatura, quiere
contar lo que cuenta bellamente6.
Respecto a la
necesidad de narrar, y de hacerlo por medio
escrito, se trata de una similitud
intrascendente.
¿Es acaso la
capacidad o necesidad de narrar exclusiva de la
Literatura?
Narran también
la Antropología, la Astronomía, la Biología
evolutiva y, por defecto, cualquier otra
disciplina de carácter histórico, incluyendo a
la Historia. Todas ellas cuentan, porque es el
vehículo natural para comunicar sus hallazgos
(necesariamente históricos; que tienen un
desarrollo en el tiempo). El relato o la
necesidad de narrar historias no son más propias
de la Literatura, de lo que puede serlo para
alguna de estas ciencias. Y pese a ello, ni el
Periodismo se asimila teóricamente a la Historia
o la Astronomía por razón del relato, ni la
Historia o la Astronomía se conciben a sí
mismas como ramas o subproductos de la
Literatura.
Es más, no
podemos afirmar que el relato nos asemeje a la
Literatura porque la Literatura no es sólo o
esencialmente relato: el narrativo es apenas uno
de los tres modos que le reconoce la Teoría de
géneros literarios, junto al lírico y el
dramático7. En esta semejanza
teórica Periodismo-Literatura a través de los
géneros, ¿a dónde van a parar esos otros 2/3
de Literatura a los que el Periodismo no se
parece?8
De modo que ni
el relato es una propiedad exclusiva de la
Literatura (sino que es común a muchas
disciplinas), ni la Literatura consiste en sólo
relatos (hay dos modos expresivos adicionales
poesía, drama- que no se relacionan con el
ejercicio periodístico).
El factor relato
es, pues, insuficiente para justificar una
analogía teórica con la Literatura.
Respecto a la
segunda semejanza, la de aspirar el periodista a
narrar con la misma eficacia, amenidad e interés
de los que es capaz el escritor de Literatura,
tampoco podemos decir que sea una característica
esencial ni exclusiva- del Periodismo.
Es cierto que el
periodista (también el historiador, el
antropólogo, etc.) quiere no sólo narrar, sino,
además, ser un buen narrador. Pero también es
cierto que puede seguirse hablando de Periodismo
(y de Historia y de Antropología) aunque falte
calidad literaria. No podemos decir, entonces,
que sea un caracter esencial del Periodismo.
Todo lo
contrario: el más común es el periodismo seco
-sin ínfulas narrativas o estílisticas- propio
de los afanes del diarismo. ¿Cuántos artículos
de prensa se publican regularmente que apenas
cumplen con los requisitos básicos del lenguaje
informativo? Y siguen siendo Periodismo9.
Tan prescindible
es la belleza literaria para el Periodismo, que
la misma Teoría de géneros periodísticos se
vio obligada a admitir entre sus géneros, un
tipo de texto con belleza literaria nula: el
llamado género información, al que Martínez
Albertos describe como el más
escueto y descarnado
desde el punto de vista de la apariencia formal
del lenguaje utilizado por el reportero
(Martínez Albertos, 1992, p.288).
De modo que, si
bien existen textos de prensa muy bien contados,
la habilidad narrativa de tipo literario no es
condición, norma o esencia de la producción
periodística. Entonces tenemos que existen al
menos dos semejanzas entre Periodismo y
Literatura, pero ninguna que pueda llamarse
teóricamente relevante. Y, en cambio, sí
podemos decir que entre Periodismo y Literatura
existe al menos una diferencia fundamental. Para
que haya Periodismo es necesario, siempre, que se
reporteen y se narren hechos reales. No
así en Literatura.
¿Y qué
son hechos reales? - opondrán algunos,
aludiendo a la vieja discusión filosófica sobre
la (no)objetividad de la percepción humana.
¿Cómo puede hablarse de un Periodismo de
hechos reales cuando no es humanamente posible
acceder a tal 'realidad'?
A lo que
respondemos: Esta pregunta ha desvelado durante
siglos a las Ciencias naturales y sociales.
Reconocer esta
separación ontológica entre lo real y lo
humanamente cognoscible fue, precisamente, lo que
en el siglo pasado llevó a la Ciencia a
replantear y relativizar sus alcances: ya no se
habla de verdades absolutas, sino de respuestas
más o menos aproximadas (objetivas), según el
método científico moderno.
Pero no por esto
abandonó la Ciencia la búsqueda de la
objetividad o el recurso a la racionalidad y se
lanzó a inventar explicaciones de tipo
metafísico, imaginario o poético sobre los
hechos (como la Literatura), porque que es
precisamente esta aproximación, este constante
apelar a la objetividad, lo que dota de sentido a
la investigación científica y la distingue de
otras formas de saber, como el sentido común y
el arte.
La búsqueda de
la objetividad no es, pues, menor o menos
intensa, hoy en día que hace 150 años; sino
sólo distinta.
Respecto al
Periodismo, puede que aún no se declare su
adhesión completa a las Ciencias Sociales (dice
ser, todavía, medio arte), pero lo cierto
es que comparte con ellas este carácter
objetivo.
No importa
cuánto se defienda el estatuto artístico del
oficio, en Periodismo no se admiten relatos o
explicaciones de índole imaginaria o poética.
La objetividad es tan esencial al Periodismo como
a las Ciencias sociales.
En Literatura,
por el contrario, no es necesario/esencial que lo
narrado haga referencia a hechos reales. Por el
contrario, la invención es vista como un valor,
y se la celebra como señal de ?creatividad?.
En Periodismo
(como en Ciencias sociales), la invención es un
antivalor, y se la conoce como mentira (o error,
o locura).
Literatura y
Periodismo se diferencian, pues, en este punto.
Un punto esencial, decimos, porque pudiendo
prescindir de la belleza o la amenidad literaria
(cualidad superficial), no puede prescindir de la
objetividad o aproximación en lo que observa y
narra (cualidad esencial).
Y si el
Periodismo no puede prescindir de la objetividad,
entonces tampoco puede prescindir de teorizar
sobre ella ni, como en este caso, utilizar para
sí una teoría que no la tenga en cuenta. La
Teoría de los géneros periodísticos, sólo
reglamenta la práctica periodística en su
dimensión lingüística, descuidando
la totalidad de las prácticas previas, que son
las que pueden garantizar que exista
aproximación u objetividad en el tratamiento
periodístico.
Entonces tenemos
que, habiendo entre Periodismo y Literatura sólo
semejanzas superficiales, existe, al menos, una
diferencia fundamental.
En otras
palabras: No hay semejanzas relevantes que
justifiquen una analogía teórica científica
entre Literatura y Periodismo. Sí hay, en
cambio, una diferencia esencial que impediría
una analogía teórica con la Literatura.
Por todo lo
anterior, decimos que la analogía teórica
Literatura-Periodismo que propone la Teoría de
géneros es científicamente falsa e
inconveniente para el desarrollo del Periodismo
por la vía científica. Haber igualado
teóricamente Periodismo y Literatura es otro
gran error de la TGP.
Con todo, era
mucho más probable que nos pareciéramos
teóricamente a la Historia, la Sociología o la
Antropología, con las que compartimos -además
del interés por lo social y lo humano- tanto la
herramienta relato, como la preocupación por dar
respuestas científicamente aproximadas.
Hasta hoy, no
existe razón alguna epistemológicamente
relevante ni suficiente que justifique la
adaptación de la Teoría de los géneros
literarios al Periodismo.
[
]
La
breve historia (no contada) de los Géneros
Periodísticos
El descontrol
epistemológico que acabamos de criticar, se
puede explicar parcialmente examinando el
desarrollo histórico del planteamiento.
En contraste con
la antigüedad que sugieren los términos
crónica, información y reportaje10,
y la antigüedad misma de la Teoría de los
géneros literarios (que vienen de Aristóteles),
la Teoría de los géneros periodísticos surgió
formalmente apenas en 1959. Y sin embargo, en
este breve plazo ha tenido una vida de teoría
extremada y sospechosamente agitada: ha sido
adaptada para servir a por lo menos tres
disciplinas (enfoques) distintas y soportado al
menos dos decenas de revisiones.
Primero,
Sociología
Según
Santamaría (1991), el primer uso registrado del
género en relación con el Periodismo es
responsabilidad de Jacques Kayser, un
catedrático francés asociado a la Unesco que
tomó prestada la herramienta de la Crítica
Literaria para realizar un estudio de prensa
comparada (sociología cuantitativa).
Conviene,
no obstante, hacer aquí una aclaración de
carácter histórico, en relación con los
estudios e investigaciones sobre la
Comunicación Periodística. Uno de los
primeros estudiosos de alcance internacional
que utilizó el concepto de género
periodístico fue Jacques Kayser, en los
últimos años de la década de los 50. En
1961 recogió, en una modesta edición en
ciclostil, su trabajo El Periódico. Estudios
de morfología, de metodología y de prensa
comparada, editado en Quito por la
CIESPAL (Centro Internacional para la
Enseñanza Superior del Periodismo en
América Latina). Su método de análisis de
los periódicos tuvo en aquellos años una
amplia difusión por todo el mundo occidental
(Europa y América), como consecuencia de
seminarios y cursos organizados por la
UNESCO. Jacques Kayser, efectivamente
utilizó el concepto de géneros
periodísticos como uno de los criterios para
la clasificación de los textos de los
periódicos, de acuerdo con una técnica de
disección valorativa del material impreso
que él venia explicando por todo el mundo
por lo menos desde unos cinco años antes de
la publicación de su trabajo en Quito -es
decir, desde 1955, aproximadamente.
(Santamaría, 1991, p.108)
Hasta este
momento, el asunto todavía resultaba inofensivo
para el ejercicio periodístico. El profesor
Kayser, si bien se preocupaba por los contenidos
del periódico, lo hacía desde las inquietudes y
el punto de vista de la Sociología: lo suyo era
un estudio de prensa comparada, no un manual de
producción periodística. En otras palabras:
aún no se confundía el enfoque descriptivo y
clasificador de textos, con un enfoque
propicio para explicar la producción de
Periodismo. Ni los géneros habían entrado,
todavía, a hacer parte de la Escuela de
Periodismo.
La
aclaración precisa, a mi juicio, es que en
el panorama internacional de los estudios
sobre Periodismo la teoría clasificatoria de
los géneros periodísticos no se hizo
inicialmente con una preocupación
filológica o literaria, sino descaradamente
sociológica. El criterio clasificatorio de
los géneros periodísticos es uno de los
procedimientos descriptivos que utiliza
Kayser para proceder a una valoración
cuantitativa de los mensajes que aparecen en
los diarios. (Santamaría, 1991,
p.108-109)
Luego,
Filología
El siguiente uso
de los géneros periodísticos, según
Santamaría, se intentó desde el campo de
la Filología. La clave en este punto, es que
este nuevo uso de la teoría sí ocurre
dentro de la Escuela de Periodismo,
específicamente en la Universidad de Navarra,
una de las primeras en darle el visto bueno a la
teoría.
De
acuerdo con los datos que he podido reunir,
fue la Universidad de Navarra uno de los
primeros centros de investigación en el
mundo occidental -y puede que, tal vez, sea
el primero- donde se empezó a trabajar
sistemáticamente con la Teoría de los
Géneros Periodísticos a partir de un
enfoque filológico. (Santamaría,
1991, p.109)
Finalmente,
producción periodística
Es en esta misma
escuela, la de Navarra, donde ese segundo enfoque
filológico acaba misteriosamente transformado en
periodístico. El desliz ocurre en el momento en
que se liga el enunciado géneros
periodísticos a la cátedra que enseña
cómo redactar textos periodísticos.
Desde
comienzos del curso 1959-60, en el Instituto
de Periodismo de la Universidad de Navarra se
explicó en el plan de estudios la asignatura
Redacción Periodística con el enunciado
añadido de Los géneros
periodísticos. El encargado de esta
materia en aquellos primeros años fue el
profesor Martínez Albertos11.
(Santamaría, 1991, p.109)
A partir del
curso siguiente 1960-1961 apareció en
Pamplona una primera edición en ciclostil,
de los Guiones de clase de Redacción
Periodística (Los géneros periodísticos),
texto que tuvo una asombrosa difusión en
España y en América, gracias a repetidas
reimpresiones que duran, por lo menos, hasta
1974, fecha en que el profesor Martínez
Albertos publicó en Barcelona Redacción
Periodística: los estilos y los géneros en
la prensa escrita. (Santamaría, 1994,
p.42)
La
justificación de este traspaso, repetimos, no
consta en los manuales. Simplemente, como admite
Santamaría (1991, p.109), los tratadistas
reconocieron un evidente vasallaje
del Periodismo frente a la Literatura, y con esto
les bastó para considerar los géneros como
perfectamente aplicables a su
estudio.
La
teoría de los géneros periodísticos es,
evidentemente, una construcción teórica que
surge por extrapolación de la teoría
clásica de los géneros literarios. Desde
este punto de vista, los teóricos de los
géneros periodísticos reconocen
gustosamente el vasallaje debido a los
estudios de Poética sobre los estilos y los
géneros literarios y se consideran a sí
mismos como sujetos obligados a pagar un
legítimo feudo a los grandes señores
naturales de este campo científico. A partir
de este reconocimiento de dependencia
doctrinal, los principios inspiradores del
mecanismo productor de la teoría de los
géneros y estilos literarios es
perfectamente aplicable al campo de los
géneros periodísticos. (Santamaría,
1991, p.107)
Desde nuestro
punto de vista, tantos cambios en tan poco tiempo
sólo tienen una explicación: descontrol
epistemológico. Efectivamente, ninguno de estos
traspasos ha quedado huella de reflexión
epistemológica alguna. No se escudriñan los
objetos de estudio, los mecanismos, las
distinciones entre las disciplinas. La noción de
género, especialmente dócil para este
propósito, pasa de una disciplina a la otra con
la informalidad de un consejo: esto funcionó
aquí, prueba si funciona también allá. Los
intelectuales la comparten sin celo, como se
comparten una fábula o una parábola.
Esta es la breve
historia de los géneros en el Periodismo. Una
cadena de préstamos científicamente ilegítimos
que, sin embargo, queda certificada cuando se
asienta en la Escuela. La validez de la Teoría
de los géneros periodísticos descansa,
prácticamente, en los brazos de esta
institucionalidad. Los géneros se ponen a
resguardo en la institucionalidad de la Academia,
y la Escuela se apoya en la Teoría de géneros
para exhibirse como campo de estudio maduro y
científico". Los géneros
periodísticos le prestan a la Escuela de
Periodismo una herramienta pedagógica
(aparentemente) muy efectiva para administrar la
cátedra periodística.
A
pesar de las polémicas suscitadas, es
innegable que la existencia de los géneros
periodísticos es necesaria [
].
Además, no debemos olvidar el papel que
juega la clasificación de los géneros en el
ámbito académico, ya que es difícil
imaginar la enseñanza del Periodismo sin
este instrumento pedagógico
fundamental. (Fernández Parrat, 2001,
edición electrónica)
[
]
Finalmente, de acuerdo con la tesis del
profesor Lorenzo Gomis, la teoría de los
géneros es el método mas seguro para la
organización pedagógica de los estudios
universitarios sobre periodismo.
(Santamaría, 1991, p.109)
La teoría de
los géneros periodísticos se asienta en la
escuela de periodismo.
Entre una y otra
se legalizan y certifican.
__________
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_____
Notas:
1 Respecto a la
Teoría de los géneros periodísticos, entre la
enorme variedad de tratados y versiones,
escogimos dos como referencias para este trabajo:
el Curso general de redacción periodística de
José Luis Martínez Albertos, en primer lugar
(considerado por muchos tratadistas como el
padre de la teoría), y en segundo,
los Géneros periodísticos de Gonzalo Martín
Vivaldi, del cual anexamos un cuadro sinóptico
al final de esta Presentación. La elección se
fundamenta en el alto reconocimiento del que
gozan las versiones de la teoría de estos
autores, considerados clásicos.
2 Recordemos la definición que se dio
de teoría en la página 35 (nota al pie No. 4).
Es en este sentido el científico- que
decimos que no existe una teoría literaria. Aunque
reconocemos que existen intentos desde
diversos campos, incluso el artístico
literario- por formalizar procedimientos o
rutinas para la producción de textos.
3 O bien, que la Teoría de
géneros es una especie de joker teórico,
capaz de explicar la Literatura desde cualquier
disciplina o punto de vista que se le asigne. Lo
cual es, racionalmente, imposible.
4 Hasta hoy, esta crítica de Croce
cuenta como la más dura esgrimida contra la
teoría clásica de los géneros literarios.
El libro fue publicado por primera vez en
italiano en el año de 1938. La edición que
consultamos corresponde a la primera en español,
de 1943.
5 Recomendamos al lector repasar los
fragmentos citados al principio de este numeral,
o consultar algún manual de géneros
periodísticos para comprobar la insuficiencia de
la justificación del parecido entre las
disciplinas.
6 Otras posibles similitudes desde
puntos de vista extrínsecos al tipo de producto
y producción, es decir no esenciales al
Periodismo y por ello no relevantes en su
definición teórica no las discutimos aquí.
Hablamos de, por ejemplo, el hecho de que haya
escritores de Literatura haciendo prensa
(también podría haber científicos u obreros de
la construcción y esto no cambiaría el
carácter del Periodismo; y sin embargo, este es
uno de los lugares comunes favoritos para
justificar una semejanza Periodismo-Literatura),
o el hecho de que haya lectores que busquen en
las lecturas del periódico las mismas emociones
o cosmovisiones del mundo que hallan en la novela
(otro aspecto subjetivo y extrínseco, pues hay,
por igual, otros muchos lectores que abordan el
periódico buscando información fáctica seca, y
muchos artículos que ofreciendo información
noticiosamente valiosa, no ofrecen visión
poéticas alguna del mundo).
7 Mariano Cebrián Herreros reconoce
que este supuesto parecido entre Periodismo y
Literatura en realidad sólo se refiere a su
parecido con el modo narrativo de los tres que
hay en Literatura: ?La tradición de la
literatura oral o escrita desarrollado los
géneros con enorme variedad. En la teoría de
los géneros se han sistematizado tres núcleos:
líricos, como expresión subjetiva de los
sentimientos, ideas e interpretaciones del autor;
narrativos, como exposición de relatos de hechos
externos al autor; tradicionalmente el periodismo
escrito ha sido enmarcado en este grupo, aunque
no parece correcto del todo en la situación
actual; y dramáticos, como plasmación del
encuentro y choque de ideas, sentimientos,
pasiones de personajes. Cada uno de estos tres
grupos ha sufrido diversas variantes a lo largo
de la historia. (Cebrián, 1992, p.12)
8 Para que la analogía hubiese sido
correcta en este sentido, en el que Periodismo se
parece al modo narrativo de la Literatura pero no
a los otros, tendríamos que haber adaptado al
Periodismo una teoría del modo narrativo.
Al adaptar la Teoría de los géneros literarios
completa, los tratadistas asimilan el Periodismo
no a uno solo de los modos literarios (el
narrativo), sino a los tres. Se asimila a la
Literatura en su totalidad porque la teoría las
incluye.
9 En el ítem I.1 ejemplizábamos esta
(relativa) irrelevancia de la dimensión
lingüística del Periodismo (frente a las demás
dimensiones/acciones constitutivas del hacer
periodístico) señalando que, en Periodismo, se
puede hablar de noticias muy buenas,
independientemente de la calidad de la
redacción, y de que ya se dice que un hecho es noticia
mucho antes de que se lo redacte.
10 Una precaución que hay que manejar
siempre frente a la teoría, el caso de la
Teoría de géneros es el de una teoría muy
joven que se apeó de terminología vieja y
prestigiosa (crónica y
reportaje son palabras, incluso,
previas al periodismo moderno); un intercambio
que la beneficia notablemente en términos de
estatus como supuesta hija y deudora de una
tradición periodística centenaria.
11 Más delante, en una cita de pié
de página en el mismo texto, Santamaría
escribe: ?En el libro de Manuel Grana, La Escuela
de Periodismo [
] hay un par de referencias
incidentales a los géneros periodísticos, sin
ningún planteamiento global ni desarrollo
posterior del concepto [
]. Parece lícito,
por consiguiente, afirmar que el primer
tratamiento sistemático de los géneros
periodísticos fue llevado a cabo por el profesor
Martínez Albertos en sus Géneros Periodísticos
de 1961-62. Así pues, José Luis Martínez
Albertos no es sólo uno de los más importantes
tratadistas y manualistas de la Teoría de los
géneros periodísticos, sino también, su
propio inventor o, al menos, el primero en dictar
una cátedra y publicar un estudio sistemático
de la aplicación de la noción de los géneros
al Periodismo. Hasta hoy, también, el más
acérrimo defensor de la teoría.
* Isabel
Cerón es
comunicadora social de la Universidad del Valle y goza actualmente de una beca de
estudios en la maestría en Urban and Regional
Planning en la Universidad de Queensland, Australia. Laboró dos años y medio
como redactora de los diarios El Pais y Qhubo,
Colombia. Ha recibido hasta la fecha los premios
de periodismo Simón Bolívar categoría
Revelación en Prensa Escrita, 2006; Alfonso
Bonilla Aragón modalidad mejor Reportaje en
prensa, 2006, y el Premio de Periodismo Joven
otorgado por la asociación de diarios de
Colombia, Andiarios, 2004. Es becaria del curso
¿Cómo se escribe un periódico?, con Miguel
Ángel Bastenier, brindado por la FNPI. * Germán
Perlaza Rúa es
comunicador social de la Universidad del Valle. Con tres años de experiencia en
periodismo escrito, se desempeñó como jefe de
redacción del periódico Qhubo del
2006 al 2008. Junto con Isabel Cerón
recibió los premios de periodismo Simón
Bolívar categoría Revelación en Prensa
Escrita, 2006; Alfonso Bonilla Aragón modalidad
mejor Reportaje en prensa, 2006. En el 2007
obtuvo el sexto mejor puntaje en los exámenes
nacionales de la calidad profesional, Ecaes. Esta
es la primera colaboración de ambos para Sala de Prensa.
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