Análisis
del seguimiento contra
la libertad de expresión en México
Karina
Coronado Cruz, Nubia C. Salas Lizana y Karla E.
Aguilar Padilla *
A
lo largo de 2008 se registraron 223 actos contra
periodistas y medios informativos, cifra
abrumadora considerando que en el Informe
Buendía 2007 se consignaron 113 casos. Es
decir: se duplicaron las agresiones y los actos
inhibitorios contra el trabajo periodístico. No
es gratuito, por ello, que se catalogue a 2008 y
al primer semestre de 2009 como uno de los
periodos más violentos y con mayor número de
ataques para el periodismo mexicano en los
últimos tres lustros.
En tal contexto
una vertiente central es que no sólo se
duplicó la cantidad de casos, sino que de
manera alarmante aumentó el número de
asesinatos: si en 2007 se consignaron cinco
homicidios, en 2008 se ultimaron a 12
periodistas. En al menos siete casos
existen indicios de que su muerte se debió
a su quehacer periodístico. Del total de
homicidios, ocho ocurrieron en zonas donde la
delincuencia organizada y el narcotráfico han
logrado una gran influencia y parecen tener el
control. En 2009, el panorama tampoco es
alentador, pues hasta junio se han registrado
cinco homicidios, una tendencia similar a 2008:
un asesinato por mes.
Otro punto no
menos importante es el aumento de demandas contra
periodistas y medios de comunicación. En 2008 se
registraron 14 demandas contra el ejercicio
informativo, cuando en el año anterior
únicamente fueron consignadas dos, lo cual
evidencia el crecimiento de la judicialización
periodística a fin de mantener un clima de
acecho, presión e intimidación contra algunos
informadores que suelen tocar fibras sensibles en
torno al poder político y económico. Y es que
ocho de esas demandas fueron interpuestas por
funcionarios públicos y seis por empresas
privadas.
Para ubicar lo
delicado del escenario periodístico, conviene
contrastar los datos de sexenios precedentes.
Durante el primer bienio del gobierno de Ernesto
Zedillo (1995-1996), por ejemplo, se registraron
seis asesinatos; en el de Vicente Fox (2001-2002)
también hubo seis, y durante los dos primeros
años de Felipe Calderón se contabilizaron 17:
casi se triplicó el número de asesinatos, lo
que refleja un panorama desalentador para la
profesión periodística en los últimos tres
sexenios, particularmente en el más reciente.
En cuanto al
total de agresiones registradas, el análisis
comparativo con los sexenios anteriores demuestra
que en los dos primeros años de las
administraciones zedillista y foxista, los casos
totales contra el ejercicio periodístico fueron
240 y 227, respectivamente. De manera
contrastante, en los primeros 24 meses del
gobierno de Felipe Calderón sumaron 336 actos
contra periodistas y medios de comunicación. Lo
anterior demuestra un aumento de cerca del 50% en
las agresiones contra el quehacer informativo
durante el primer bienio de gobierno.
Un tópico más
fue el aumento desmedido de cierres, embargos y
clausuras de diversas radios comunitarias e
indígenas por parte de la Secretaría de
Gobernación (Segob) y la Secretaría de
Comunicaciones y Transportes (SCT), las cuales
bajo el argumento de que tales medios carecen de
licencia para transmitir, agreden, decomisan y
hasta pretenden encarcelar a los trabajadores de
dichas emisoras. Durante 2008 fueron cerradas 36
frecuencias radiofónicas con dispositivos de
entre 40 y 100 elementos de la Policía Federal
Preventiva (PFP) altamente armados, como si los
trabajadores de las radiodifusoras fueran
delincuentes y requirieran de esa fuerza excesiva
para cerrar sus instalaciones. Las radiodifusoras
fueron clausuradas, a pesar de que anteriormente
algunas de ellas habían solicitado al Estado el
permiso necesario para la utilización del
espacio radioeléctrico, pero por razones de
trámites prolongados les ha sido negado.
En un
acercamiento preliminar a los primeros seis meses
de 2009, el panorama no ha sido nada promisorio,
pues hasta el 30 de junio se habían sumado a la
lista 147 agresiones directas (es decir,
agresiones, acosos, allanamientos,
intimidaciones, asesinatos, atentados y bloqueos
informativos) e indirectas contra periodistas y
medios de comunicación (tales como demandas,
denuncias, arrestos, despidos, detenciones y
citas a comparecer). En este aspecto, no hay que
soslayar que de esa cifra se contabilizan cinco
asesinatos.
Con tal
escenario podemos destacar que México es el
país del continente Americano más riesgoso para
ejercer la profesión periodística, cuyas
autoridades mantienen una postura aparentemente
dispuesta pero poco efectiva, eficaz y ejecutiva
para hacer frente al problema de actos contra la
libertad de expresión.
Los asertos
anteriores se desprenden del presente Informe
Buendía 2008 realizado por la Fundación
Manuel Buendía, el Consejo Ciudadano del Premio
Nacional de Periodismo y la Comisión de Derechos
Humanos del Distrito Federal.
1.1
Perspectiva global
De acuerdo con
los criterios metodológicos de la Fundación
Manuel Buendía, en 2008 se registraron 223 casos
en todo el país. De tal universo, la mayor parte
correspondió a agresiones directas a periodistas1
con 73% (el porcentaje más alto que se recuerde
en ese rubro en los últimos tres lustros),
seguido por agresiones indirectas a periodistas2,
12.1%; agresiones directas contra medios3,
8%; y agresiones indirectas contra
Medios4,
6.7%. Lo anterior evidencia el aumento de la
violencia contra informadores, pues en fechas
precedentes no se había alcanzado esa tendencia.
Del total de
incidentes, las embestidas con mayor recurrencia
fueron las agresiones físicas con 31.8%; en este
caso, los más afectados fueron los reporteros;
más de la mitad de los ataques fueron realizados
por las fuerzas del orden: paradójicamente
quienes se encargan de la seguridad de los
ciudadanos son quienes más agreden a los
reporteros al momento de realizar sus labores.
A las agresiones
físicas le siguieron las amenazas e
intimidaciones con 21%, los allanamientos con
10%, las demandas con 6.2%, los atentados con
5.8%, los asesinatos y los actos de censura cada
uno con 5.3%. Con menores cuantías figuran las
detenciones (4.9%), la clausura (3.1%), el
bloqueo informativo y el publicitario (2.2% cada
uno), y el robo (1.7%).
Casi una cuarta
parte de los actos registrados en 2008 fueron
amenazas a periodistas, principalmente por parte
de elementos de las fuerzas del orden y
funcionarios de gobierno. Este tipo de
intimidación ha generado mayor autocensura.
Actualmente no pocos reporteros temen firmar sus
notas, algunos medios han cancelado el
tratamiento de ciertos temas, otros se limitan a
transmitir los informes oficiales por temor a
represalias, y se ha llegado al caso del
autoexilio.
Si bien es grave
y repudiable lo anterior, asombrosamente la
censura no es el más peligroso enemigo de la
libertad de expresión, sino la autocensura
generada por la intimidación, la amenaza y los
asesinatos, cuyo fin es silenciar el trabajo de
los medios de comunicación. La autocensura no
sólo daña a un medio informativo en particular
o al periodista: fundamentalmente afecta el
derecho de todos los ciudadanos a estar
informados.
El año 2008 fue
un periodo sin duda violento no sólo por lo que
muestran los datos aquí consignados, sino porque
además hubo un desaparecido, Mauricio Estrada
Zamora, reportero de La Opinión de
Apatzingán, y 12 asesinatos: Francisco Ortiz
Monroy, corresponsal de El Diario de México;
Bonifacio Cruz Santiago y Alfonso Cruz Cruz,
director y editor del periódico El Real,
respectivamente; José Luis Villanueva, reportero
de El Gráfico; Felícitas Martínez y
Teresa Bautista Flores, locutoras de la radio
comunitaria La Voz que Rompe el Silencio;
Candelario Pérez Pérez, periodista de la
revista Sucesos; Alejandro Zenón Fonseca
Estrada, locutor de EXA FM; David García Monroy,
columnista de El Diario; Miguel Ángel
Villagómez, director de La Noticia de
Michoacán; Armando Rodríguez Carreón,
reportero de El Diario; y Raúl Martínez
López, reportero del periódico Noreste.
Los datos
anteriores contrastan con el Informe 2008 de la
Fiscalía Especializada para la Atención de
Delitos contra Periodistas (FEADP), que refiere
198 casos de febrero de 2006 a noviembre de 2008,
menos de los registrados por organismos sociales
como el presente estudio.5
Ahora bien, con
todo y las numerosas agresiones contra medios y
periodistas, existe una forma que sin ser tan
directamente violenta puede causar el mismo
efecto de inhibir la libertad de expresión. Tal
es el caso de las demandas por daño moral.
Durante 2008 se registraron 14 demandas. De ellas
seis fueron interpuestas por empresas o
particulares, mientras otras ocho las realizaron
funcionarios públicos contra reporteros,
comentaristas o empresas que escudriñan,
rastrean, analizan o cuestionan vertientes
sensibles del poder político y económico para
dar más información a los ciudadanos.
Varios de esos
periodistas pretenden denunciar actos de
corrupción, de ilegalidad, de inepcias o de
omisión, y es evidente que con ello se dejan
expuestos los intereses de las empresas, de la
delincuencia organizada y de funcionarios de
gobierno. En tal contexto, las demandas pretenden
inhibir el ejercicio periodístico y el derecho a
la información.
Paradójicamente
quienes deben encargarse de la seguridad de los
ciudadanos son los que más agreden a los
profesionales de la información, pues el poder
público continúa acumulando el mayor porcentaje
como presuntos responsables de las agresiones
contra periodistas y medios (60.1%) al englobar
las fuerzas del orden (35.8%), funcionarios de
gobierno (23.4%) e instituciones de gobierno
(0.9%). A pesar de ello, no podemos olvidar que
14.4% de los responsables de atentar contra la
tarea de informar lo constituyeron actores
anónimos. Aunque se redujo tal cifra en
comparación con 2007 (23%), en 2008 un nuevo
ingrediente salió a la luz: son los particulares
quienes ocuparon el tercer lugar con 11.7%,
cuando en el año anterior fue de 6.2%.
Quienes rastrean
la información continúan siendo los más
afectados al momento de cubrir las fuentes. En
esa lógica, los reporteros ocuparon 33.3% del
total de los afectados y los fotorreporteros
10.8%, y le siguen de forma descendente los
directores (11%), corresponsales (10%),
columnistas (5.7%), locutores (4.7), entre otros.
A lo anterior
hay que agregar que los informadores que cubren
las fuentes policiaca (46.8%), política (38.7%)
e información general (8.1%) fueron los más
afectados. Lo anterior indica que el trabajo de
los reporteros que cubren las fuentes policiaca y
política pueden resultar incómodos para algunos
actores políticos.
En lo que
concierne a los motivos de los actos contra las
libertades de expresión e información, en
primer lugar figura por ejercer la
labor, con 41.8%, y le siguen por
contenidos (22.4%),
desconocidos (13%), posibles
contenidos (12.1%), denuncias
(7.2%), por no contar la licencia para
operar (3.1) y posibles
críticas (0.1%).
De lo anterior
se desprende que entre las principales causas por
las que se agreden a los periodistas son: por
cubrir las notas periodísticas y por lo que
escriben en sus medios ya sean críticas,
denuncias o dar a conocer hechos.
Durante 2008,
los medios impresos fueron los más perjudicados
en cuanto a su libertad de expresión. En ese
sentido, la prensa acumuló 71.6% del total de
los casos (223), y le siguieron la radio y la
televisión con 13.9% y 7.6%, respectivamente.
Al analizar la
procedencia de los actos contra periodistas y
medios informativos, advertimos que los estados
que más incidencias concentraron en 2008 fueron:
Distrito Federal (15.3%), Oaxaca (11.7%),
Veracruz (9.9%), Chiapas (7.2%), Tamaulipas e
Hidalgo (4%) cada uno, entre otras. Estos cinco
últimos destacan por las circunstancias adversas
impuestas desde las esferas del gobierno, aunque
no pueden olvidarse las amenazas y presiones de
los cárteles del narcotráfico en el norte del
país, que suelen presentarse en entidades como
Baja California, Sinaloa y Chihuahua.
1.2
Conclusiones
1.- A lo largo
de 2008, se registraron 223 casos contra las
libertades de expresión e información: 85.1%
fueron agresiones directas e indirectas contra
periodistas, en tanto que 14.7% lo constituyeron
agresiones directas e indirectas contra medios.
Con ello se evidencia una ascendente escala de
violencia contra informadores y representa el
porcentaje más alto que se recuerde en los
últimos tres lustros en México.
2.- En 2008
sobresalió la violencia contra el quehacer
informativo, lo cual se reflejó tanto en
asesinatos como en amenazas, intimidaciones y
agresiones físicas. Así, del universo de casos
registrados (223), 31.8% fueron agresiones
físicas, 21% lo constituyeron amenazas e
intimidaciones y 5.3% asesinatos.
3.- Lo más
preocupante fue la cifra de homicidios. Si en el
primer bienio de Ernesto Zedillo y de Vicente Fox
se registraron seis muertes de periodistas,
respectivamente, en 2008 fueron 12: el número
más alto que se recuerde en los últimos 20
años.
4-. Los
reporteros sumaron 33.3% del total de los actos
contra el quehacer periodístico y los
fotorreporteros 10.8%; le siguieron directores
(11%), corresponsales (10%) columnistas (5.7%),
locutores (4.7), entre otros.
5.- Un tema que
salió a la palestra de forma frontal fue el
condicionamiento gubernamental en la asignación
publicitaria hacia los medios que podían
resultar incómodos. En tal
situación se engloban las revistas Fórum,
Síntesis, Contralínea, Fortuna y La
Tijereta.
6.- Otro tópico
fue el aumento desmedido de cierres y clausuras
de diversas radios comunitarias e indígenas por
parte de dependencias públicas, que bajo el
argumento de que carecen de licencia para
transmitir han confiscado el material de trabajo
de los operadores de las frecuencias
radioeléctricas. Durante 2008, fueron cerradas
con lujo de violencia 36 frecuencias
radiofónicas. Por lo anterior es necesario que
el Estado mexicano provea el marco normativo que
permita el funcionamiento adecuado y eficaz de
las radios comunitarias, que las autoridades
regulen el funcionamiento de dichos medios
mediante el otorgamiento de los permisos
respectivos.
7.- Un recuento
preliminar de los ataques contra periodistas y
medios informativos a lo largo del primer
semestre de 2009, arroja datos que mueven a la
zozobra: hasta el 30 de junio se registran 147
actos. De ese total destacan cinco homicidios y
seis demandas, 32 amenazas e intimidaciones, 10
atentados, 46 agresiones físicas, 14
detenciones, entre otros. En decir: de acuerdo
con las tendencias, las cifras para el presente
año podrán superar a las de 2008, en que se
consignaron 223 agresiones directas e indirectas.5
_____
Notas:
1. En
esta categoría se agrupan aquellas
tipificaciones que impactan de manera inmediata a
los periodistas. La mayoría de ellas suelen ser
ataques a su persona y también al ejercicio
profesional que desempeñan. Por ejemplo: acoso u
hostigamiento, agresión física, allanamiento,
amenazas / intimidación, asesinato,
desaparición, entre otras.
2. En
este apartado se presentan aquellos ataques que
de manera sutil -o que no son inmediatamente
identificados como agresiones- sufren los
periodistas. En tales casos, el ataque no es
inmediato e incluso se utilizan medidas
sofisticadas tales como demandas o denuncias
temerarias con la intención de inhibir el
ejercicio de la libertad de expresión. Entre
este tipo de agresiones destacan: arbitrariedad
en edición, auto de formal prisión, anuncio de
demanda, cita a comparecer, robo y despido.
3. Aquí
se incluye tanto a la persona física (persona:
empleado o empresario del medio) como a la
persona moral (empresa o grupo de empresarios en
sociedad). Por este motivo varios indicadores
coinciden con los ya presentados en el caso de
los periodistas: agresión física, allanamiento,
amenazas / intimidación, anuncio de bloqueo
informativo / publicitario, decomiso, etcétera.
4. En
este último bloque destaca lo que en los
últimos años se viene presentando a través de
procedimientos administrativos como la revisión
de aspectos de seguridad social o de corte
hacendario, lo cual puede terminar en el cierre
temporal e incluso permanente del medio
informativo. Tales casos son: anuncio de demanda,
aseguramiento, auto de formal prisión, cierre
temporal o clausura, cita a comparecer,
confiscación, entre otros.
5.
Además se ha desechado o regresado al fuero
común la mayoría de los casos y de los cuales
existen sólo siete consignaciones de los
presuntos responsables. Ese mismo informe
también ha dejado de lado la investigación de
varios homicidios, pues afirma: Con base a
lo que reflejan las investigaciones públicas
hasta el momento, de los asuntos registrados en
el 2008, nueve homicidios hasta el momento no
acreditan elementos de relación con el ejercicio
periodístico, sino con otras circunstancias, son
los siguientes: Felícitas Martínez, Teresa
Bautista, Bonifacio Cruz, Alfonso Cruz, David
García Monroy, Candelario Pérez Pérez, Claudia
Rodríguez Lleras, Francisco Ortiz Monroy, Miguel
A. Villagómez Valle. Un caso, el de Carlos
Ulises Domínguez Mijangos es investigado bajo la
competencia de otro país. Otro más, el de Luis
Villanueva Berrones, se ha confirmado que se
trató de un suicidio. Y los dos que se
investigan con una posible relación al ejercicio
periodístico son los de Alejandro Zenón F. y
Armando Rodríguez Carreón.
* Karina
Coronado Cruz es
coordinadora de la Unidad de Información y
Análisis de la Fundación Manuel Buendía; Nubia
C. Salas Lizana es jefa
de documentación e internet del Consejo Ciudadano del
Premio Nacional de Periodismo A.C (CCPNP), y Karla E. Aguilar Padilla es jefa operativa del CCPNP. Este texto forma parte del Informe
Buendía 2008, análisis hemerográfico sobre los
obstáculos a la libertad de expresión en
México, difundido el pasado mes de julio.
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