Aportes al
pluralismo informativo
Daniel
G. Gutman *
La
noción de pluralismo es vital para considerar la
actividad de los medios de comunicación, de
allí que la cuestión obliga a los estados
nacionales a pararse frente al tema ya sea
adoptando un protagonismo esencial como el caso
inglés, un lugar complementario como el
estadunidense lo que no hace el mercado lo
hace el Estado- o la ausencia absoluta del sector
público.
Pluralismo,
diversidad, pluralidad, son algunos de los
términos clave para abordar la cuestión. No
puede pasarse por alto antes de avanzar en este
capítulo el debate público de una nueva ley de
radiodifusión en el país.
El proyecto del
Ejecutivo sin duda tiene una intencionalidad
pluralista que aparece entre sus objetivos
generales, uno de sus párrafos reza:
Buscamos echar las bases de una
legislación moderna, dirigida a garantizar el
ejercicio universal para todos los ciudadanos del
derecho a recibir, difundir e investigar
informaciones y opiniones y que constituya
también un verdadero pilar de la democracia,
garantizando la pluralidad, la diversidad y una
efectiva libertad de expresión. Más
adelante, en otro párrafo de la introducción
continúa esbozando los propósitos del proyecto:
Proponemos además modificar las
estructuras, principios y objetivos de los medios
del estado, para que abran instancias
participativas que, con una conducción
democrática y representativa aseguren pluralismo
y diversidad en sus contenidos.
No cabe duda
cuál es el espíritu de la ley pero
habrá que esperar su sanción e
implementación definitiva para saber si en la
práctica pueden alcanzarse niveles razonables de
pluralidad. Hay marcos de referencia importantes
como la reserva del 33% del espacio
radioeléctrico a personas jurídicas sin fines
de lucro, lo que abre la posibilidad de
participación de un número mayor de jugadores.
Nuevamente: esta es la condición necesaria,
habrá que ver si una vez implementado se puede
asegurar también un grado aceptable de
diversidad que es la condición suficiente.
Otro tanto puede
decirse del control de monopolios u oligopolios
para que el resto del espacio no reservado
también cumpla con las prácticas pluralistas y
que dentro del futuro sistema estatal de medios
exista una participación y control efectivo por
parte de la sociedad. El financiamiento, la
distribución reglamentada de la pauta oficial y
otros mecanismos irán mostrando la factibilidad
de un proyecto curiosamente postergado. De todos
modos, a partir del resultado de las elecciones
del 28 de junio de 2009 las perspectivas para
discutir y sancionar una nueva ley de
radiodifusión no parecen las mejores teniendo en
cuenta que amplios sectores de la oposición con
representación parlamentaria manifestaron su
negativa a tratar el tema.
La
columna invisible
No es casualidad
pero es llamativo: el desconocimiento del informe
MacBride. En 1980 la Unesco reunió a varios
notables de la comunicación bajo la presidencia
del irlandés Sean MacBride y luego de dos años
redactó un documento que bien pudo cambiar la
historia de la comunicación: Un solo mundo,
voces múltiples. Claro, se siguió el camino
inverso y los resultados están a la vista. En
algunos especialistas incluso despierta la
ironía o la burla, se dice que el informe
fracasó por completo. Es curiosa la evaluación:
un sistema que no se puso en práctica se lo da
por derrotado. La realidad lo pasó por encima,
el mundo giró para otro lado y el informe quedó
en el cajón de los recuerdos.
El documento es
una enciclopedia de pluralismo, describe la
circunstancia comunicacional y advierte en
algunos casos con preclara visión los escenarios
que aguardan según se sigan o no determinados
lineamientos pluralistas. Es anticipatorio y
lúcido, es una auténtica columna vertebral de
la teoría pluralista y por eso cabe destacarlo
en cualquier abordaje sobre el tema.
Varios segmentos
del informe pueden resaltarse a trazo muy grueso.
1.
Concentración. Desde el mismo prefacio alerta
sobre la tendencia a concentrar la información
en grandes medios de comunicación
destruyendo la multiplicidad de vías,
tradicionales o modernas, por las cuales cada
individuo puede ejercer su derecho a la libertad
de expresión (MacBride, 1980, p.8). Pero
hay un capítulo completo dedicado a la
concentración que, puestos a comparar con los
modelos concentrados de hoy, son casi
insignificantes pero indicaban una tendencia y la
necesidad del poder político de fijar pautas y
acotar ese poder creciente, tanto a nivel
nacional como transnacional. Reconoce el informe
que la industrialización de la empresa
comunicacional permite una mayor velocidad de
transmisión y abundancia informativa pero los
desequilibrios del flujo informativo replican los
del desarrollo económico. Así los grandes
capitales de los países centrales incorporan las
nuevas tecnologías rápidamente y van dominando
la producción y distribución informativa con el
consiguiente impacto en los países menos
favorecidos (MacBride, p. 172). Esto impacta en
la cultura y en la economía de los países
receptores o no productores. Por un lado la
necesidad de capital financiero de las
producciones locales los fuerza a celebrar
alianzas con los grandes conglomerados
internacionales lo cual también condiciona el
reparto publicitario ya que estos grupos integran
empresas de distintos rubros, no solo de la
comunicación. Así se van conformando
importantes monopolios que controlan el corazón
del negocio, la publicidad, y además son causa
de una homogeneización de los contenidos en
desmedro de las identidades culturales
nacionales. La creciente dependencia de la
publicidad genera una mentalidad comercial que
acentúa la uniformidad de los mensajes.
Si se enfoca al
periodismo, esta tendencia que marcaba el informe
hace más de 25 años, se verifican hoy sus
admoniciones en la problemática laboral de los
periodistas, en la desaparición de pequeñas
empresas periodísticas y finalmente en la
uniformidad o escasa diversidad de opiniones
presentes en los medios. Según el informe
la concentración constituye una amenaza
grave para la existencia de una prensa libre y
pluralista así como para las perspectivas de
empleo en la profesión (...) es nociva y
peligrosa a la vez para los lectores (...) limita
los debates y fomenta el conformismo y la
adopción de los valores de una minoría
dominante; constituye pues una gran amenaza para
el pluralismo intelectual, que es un elemento
vital para la democracia (MacBride, 1980,
p188).
2.
Pluralismo y diversidad. Destaca el documento el
valor de la información en la vida democrática,
la pluralidad de fuentes es condición
indispensable para que la ciudadanía pueda tomar
decisiones. La situación contraria sería una
prueba palmaria de una democracia pobre. Aunque
surgen dos advertencias: la diversidad de fuentes
no asegura información confiable y tampoco
significa a priori la existencia de condiciones
de pluralismo (MacBride, 1980). Es importante que
haya independencia de los medios entre sí ya que
pueden existir varios medios pero ligados a un
único dueño, allí la diversidad es sólo
aparente y otra vez aparece la concentración
como el gran enemigo del pluralismo.
Sin expresiones
divergentes no hay democracia real. Un hecho
grave lo constituía la exclusión lisa y llana
de amplios sectores de la población mundial. La
lista de excluidos bien podría formar parte de
un listado del antipluralismo, se trata de
los pobres, de los deficientes mentales o
físicos, de las personas geográficamente
aisladas, de quienes son objeto de
discriminación de orden social, cultural o
económico, de las minorías étnicas,
lingüísticas y religiosas, de las mujeres, de
los niños, de los jóvenes. (MacBride,
1980, p.293).
De
allí que el informe insista en la necesidad
de una presencia popular en los sistemas de
comunicación y al establecimiento de las
comunicaciones de sustitución, lo
que hoy podría llamarse comunicación
alternativa o para extender aún más el panorama
actual debería hablarse de comunicación
periodística autónoma o independiente. Es decir
mucha más gente que participa en la emisión lo
cual permite una recepción más activa,
identificada con problemáticas, intereses o
gustos afines a la población, con un avance en
la democracia por vía de la democracia en las
comunicaciones (MacBride, 1980).
Un elemento
destacable en orden a democratizar la
comunicación masiva es la descentralización que
abre las puertas a la expresión de
intereses y realidades locales, regionales y
comunitarias, tendencia que según
apreciaba el documento podía notarse en la
creación de emisoras locales de radio y en la
por entonces recién introducida televisión por
cable.
Todavía
internet era una entelequia y aún hoy es una
esperanza pero más allá de la tecnología
el informe ofrece algunos conceptos que mantienen
vigencia. Lamentablemente las alertas rojas que
emitió el informe MacBride fueron superadas y la
concentración es un monstruo demasiado grande
que pasa por encima de los estados nacionales.
Muchos años
antes, en 1947, también con la mirada puesta en
la democracia y el servicio esencial que los
medios de comunicación deben prestar, el
parlamento británico estableció una comisión
especial para entender en la materia. Dos años
más tarde la Royal Commision on the Press
emitió una declaración de principios en la que
vislumbra un equilibrio entre la empresa
comercial de comunicación y la responsabilidad
pública que le compete. Entre otras expresiones
el documento se refería a la forma
democrática (...) requiere que la sociedad esté
informada (...) para tomar decisiones en una
elección y para mantener, entre elecciones, la
vigilancia necesaria por parte de aquellos de
quienes los gobernantes son los servidores y no
los amos (...) La sociedad democrática necesita
un relato claro y veraz de los hechos, de su
contexto y sus causas y un instrumento por el
cual los individuos y los grupos puedan expresar
un punto de vista o abogar por una causa
(McQuail, 1998, p.77).
La
cadena de valor público
Desde luego el
concepto de servicio público es constitutivo de
la BBC (British Broadcasting Corporation), creada
en 1920, y estas son vueltas de tuerca alrededor
del asunto como respuesta a la dinámica del
sector.
En 1985 se
reafirma la condición de servicio público de
los medios cuando se conformó el Comité Peacock
que debía indagar sobre los nuevos mecanismos de
financiamiento de la BBC. Este comité utiliza el
concepto de servicio público de la unidad
investigativa de la BBC que contiene lineamientos
fundamentales en materia de pluralismo como son
la inclusión de todos los intereses y gustos,
universalidad geográfica, distanciamiento de los
intereses creados y el gobierno, competencia por
calidad más que por número de televidentes,
entre otros (McQuail, 1998).
Este espíritu
pluralista tiene su contrapartida en los
contenidos, que fueron sancionados por ley en
1954, donde se estipulaba, por ejemplo que la
programación no debía ofender el buen gusto,
alentar la delincuencia, injuriar a una persona
viva; proporcionalidad adecuada al material de
origen británico e interpretado por británicos,
que no se incorporen temas que sirvan a los
intereses de un partido político...(McQuail,
1998).
La normativa
incluyó a la televisión comercial que a
partir de entonces también tuvo un lugar en la
radiodifusión pública (Pilkington, 1962). Se
criticaba con énfasis la trivialización de los
contenidos por efecto de la mercantilización
pero lo más interesante era la introducción de
un nuevo concepto en este punto: desvincular la
trivialidad de los temas y focalizar la noción
de trivialidad en el modo de abordar y presentar
los temas como no respetar las
potencialidades del tema (...) excesiva
predisposición a recurrir a motivos trillados,
en el hábito de conformarse a los modelos
establecidos o en el rechazo de la audacia
imaginativa (...) (McQuail, 1998).
Las
consideraciones previas reflejan la función de
la BBC como organismo orientador de la
producción mediática con programas de
educación, entretenimiento e información de
calidad y la prudente distancia de los partidos
políticos y los intereses privados.
Más
recientemente la BBC adoptó una serie de
cambios impuestos por la era digital. El
broadcasting, en la inteligencia de sus mentores,
debe llegar a todos en cualquier tiempo porque es
un arte cívico, intrínsecamente público,
nunca puramente privado (...) hay un espacio
social de intercambio, un capital social, eso es
valor público, recurso público. El voto, el
vecindario, la emergencia, la recreación, los
valores, todo es información pública.
(BBC, 2004).
Sigue siendo
claro dentro de las políticas de prensa
británicas que aún desde el punto de vista
económico la radiodifusión es un bien público
y por lo tanto los mercados no pueden abarcarlo
en su totalidad y mucho menos conducirlo
correctamente; la distribución eficiente de un
bien de estas características, como el agua, la
electricidad, la salud, etc, requiere la
intervención de la autoridad administrativa.
Desde esta
visión los pasos a seguir son previsibles,
cualquiera sea el escenario tecnológico. Habrá
una presencia pública que garantizará
producción y difusión pluralista y sus efectos
económicos, entre ellos la creación de empleo y
el reparto de beneficios entre varios emisores
estará asegurado pero siempre dentro del marco
normativo pluralista, que impone calidad y por lo
tanto diversidad, universalidad y equidad, es
decir la creación de valor público.
La BBC define el
valor público en cinco sentidos:
- Valor
democrático. Difundir información
veraz e imparcial que estimule el
compromiso de los ciudadanos, favorezca
el debate de los temas nacionales y la
comprensión de los problemas mundiales.
- Valor
cultural y creativo. Enriquecer la
vida cultural ofreciendo un punto de
encuentro entre la audiencia y los nuevos
talentos con el fin de ampliar la
conversacion nacional y celebrar la
herencia cultural.
- Valor
educativo. Ofrecer a las audiencias
de toda edad oportunidades de educación
formal e informal.
- Valor
social y comunitario. Mostrar las
coincidencias y las diferencias
culturales entre las comunidades
británicas en pro de la cohesión social
y la tolerancia.
- Valor
global. Proveer información
internacional a las audiencias del mundo
y mostrar lo mejor de las Islas
Británicas a esas audiencias (BBC, 2004,
p.8).
El
reino de la diversidad
Para McQuail
pluralismo es un concepto que la comunicación
toma prestado de la política. El autor alterna
indistintamente pluralismo y diversidad aunque se
inclina por la diversidad como concepto más
preciso, como elemento que caracteriza a
los medios pluralistas de
comunicación.
Juzga esencial
la organización pluralista ya que en la
actualidad son los medios quienes ejercen el
control social y permiten la vinculación entre
los individuos. Entonces sólo un sistema
pluralista de medios es capaz de contener
cualquier intento centralizador. (McQuail, 1998)
Además destaca
el valor del pluralismo mediático como vehículo
para la solución de conflictos ya que la
diversidad de opiniones abre el debate sobre
asuntos controversiales, permite consensos y en
última instancia contribuye a la paz social.
McQuail, siempre
interesado en aplicar las teorías pluralistas a
los medios, toma las cuatro principales
dimensiones de la diversidad de Hoffman-Riem
(1987): a) de formatos y temas, que trata en
particular sobre las funciones de los medios como
información, entretenimiento, educación, etc.;
b) contenidos: opinión y cuestiones de
información y noticias; c) personas y grupos, en
especial su acceso y representación en los
medios y d) geográfica, la cobertura y
relevancia de los temas (McQuail, 1998, p.217).
Después resume
el consenso que a su entender existe en orden a
encaminar la diversidad en los medios y para ello
traza tres criterios de acción:
- La
diversidad como reflejo. Los medios
pluralistas deberían reflejar las
diferencias culturales, de opinión y las
condiciones sociales de la
población. La situación ideal es
la diversidad representativa que es la
correspondencia entre la diversidad en
las comunicaciones y la diversidad en la
sociedad. También las diferencias
sociales.
- La
diversidad como acceso. Los medios
deberían abrir sus puertas a las
diversas voces que integran la sociedad,
sobre todo las voces críticas que
favorecen el cambio. Para un acceso
real las condiciones mínimas serían
libertad de expresión, número aceptable
de canales independientes y diferentes,
acceso a los medios por parte de grupos
autónomos.
- Diversidad
en base a más canales y opciones para la
audiencia. La posibilidad de
elección aumenta la calidad de los
servicios de comunicación (mayor gama de
productos en función del consumidor). En
función de la recepción la audiencia
puede encontrar más opiniones,
información, modelos culturales y formas
de vida (McQuail, 1998, pp.217-218).
Diferencias
entre pluralismo y diversidad
El catalán
Carlos Llorens desbroza en su tesis doctoral las
ambigüedades léxicas, recoge los antecedentes
europeos en materia de pluralismo y plantea
soluciones prácticas.
En principio
Llorens distingue dos realidades convergentes.
Una económica donde la concentración mediática
incide negativamente en los mensajes emitidos y
la otra, la realidad sociopolítica, que es el
territorio del pluralismo o pluralismo
propiamente dicho. Luego señala la indistinción
que se hace habitualmente de los términos
diversidad y pluralidad.
Pluralismo,
diversidad y pluralidad son tres conceptos que
Llorens intenta diferenciar y lo hace apelando al
diccionario de la Real Academia.
- Pluralismo:
sistema por el cual se acepta o
reconoce la pluralidad de doctrinas o
métodos en materia política,
económica, etc.
- Pluralidad:
multitud, copia y número grande de
algunas cosas; calidad de ser más de
uno.
- Diversidad:
variedad, desemejanza, diferencia,
abundancia, concurso de varias cosas
distintas.
Si se establece
una síntesis, puede concluirse que la pluralidad
estaría determinada por la cantidad o número,
la diversidad se basaría en la variedad y el
pluralismo tendría un tono más bien político,
referido a la tolerancia entre distintas ideas,
sustento de la vida democrática.
Si nos
internamos en el mundo de los medios, podría
decirse que la pluralidad implica la presencia de
por lo menos dos medios en el mercado mientras
que pluralismo remite a principios. De
estos principios resultaría la diversidad en el
ámbito de los medios y de las ideas (Llorens,
2001).
Llorens cita la
definción del Consejo de Europa (CdE). Según el
organismo, la diversidad aplicada a los medios de
comunicación comprende un abanico de
posibilidades que va desde la elección de
diferentes géneros periodísticos, temas y
acontecimientos, fuentes de información,
formatos, presentaciones y estilos, intereres,
opiniones y valores, autores, perspectivas, etc.
En resumen, la diversidad reenvía a
reconstrucciones culturales diferentes por parte
de los medios. (CdE, 1992a). Surge con
claridad para el autor que el efecto más directo
del pluralismo en los medios de comunicación
sería la diversidad y esta diversidad se expresa
de modo concreto en la serie de categorías
incluidas en la definición anterior.
Habría un
pluralismo estructural, que no informa sobre el
fondo de la cuestión, sobre el pluralismo real o
interno, solo muestra que a mayor número de
medios habría menor concentración o pluralismo
externo en términos de la Comisión Europea.
Otro tanto
ocurre con la amplitud de las fuentes
consultadas. Si por ejemplo las mismas fuentes
son compartidas por emisoras competidoras habrá
menor pluralismo, y esto no se puede corregir
sólo con políticas limitantes de la
concentración.
Más adelante
Llorens centra su análisis en la influencia de
la concentración en el pluralismo y observa, en
contra de lo que normalmente se supone, que no
hay una relación directa entre ambos. De todos
modos la existencia de varios oferentes
contribuye al pluralismo, porque aun cuando haya
homogeneidad de contenidos al menos hay más de
un oferente de esos contenidos y el riesgo de
manipulación política también disminuye. Si
bien este análisis estuvo presente en otros
autores (McQuail, Doyle), Llorens abunda un poco
más.
En general se
considera que a mayor concentración de medios la
oferta es menor y hay menos pluralismo. Pero la
relación entre pluralismo y concentración puede
ser influenciada por otras variables.
Explica
Doyle (1997) que las otras variables que impactan
decisivamente en el pluralismo son el tamaño de
mercado, los recursos disponibles en dicho
mercado, la estructura del sistema mediático y
los objetivos y competitividad de las empresas de
medios, (Llorens, 2001, p.126). La
concentración de medios, o sea el número de
proveedores es una variable más, no la única
que determina el grado de pluralismo del sistema.
El modelo de
Doyle muestra factores sucesivos que determinan
el grado de pluralismo del sistema. En primer
lugar el pluralismo depende del tamaño de
mercado, que condicionará la segunda fase o de
oferta, es decir el número de propietarios de
medios.
La tercera pata
del esquema, la consolidación de las funciones
editoriales, es central para sostener el
pluralismo ya que se trata del mecanismo de
transmisión del sistema, el que relaciona el
tamaño de mercado, su grado de concentración,
con la diversidad de contenidos o fase final.
Para Doyle
fomentar la diversidad de contenidos es
fundamental para el pluralismo. Propone un modelo
semejante al inglés, que establece que una
proporción fija del contenido de cada producto
sea independiente. Aclara que sólo es aplicable
a la radio y televisión ya que los operadores
ocupan un espacio radioeléctrico que pertenece
al conjunto de la sociedad (Llorens, 2001).
La cuestión es
ver de qué manera una empresa de medios
concentrada encuentre los incentivos para
diversificar contenidos. Puede hacerlo. De hecho
en la Argentina el grupo Clarín lo demuestra
para impedir la entrada de competidores y una de
las maneras es cubrir todos los nichos de
mercado. Pero, en general, la posición dominante
de la que goza este tipo de empresa hace que
desestime el peligro de la competencia a favor de
un ahorro de costos mediante la supresión de
algunos contenidos. Es decir irá en sentido
contrario a la diversidad, achicará gastos por
la menor variedad y el resultado será una
homogeneidad de contenidos, con menor oferta para
la audiencia, menor pluralismo.
Resulta de suma
utilidad el esquema para internarse en el ámbito
mediático argentino y considerar el tamaño de
mercado como un factor de importancia a la hora
de interpretar las condiciones de pluralismo. En
palabras de Llorens el escaso mercado no
permite financiar un gran número de medios de
comunicación, lo que implica habitualmente un
alto nivel de concentración. Por tanto, en
mercados de comunicación pequeños los niveles
de pluralismo exigibles podrían ser inferiores a
los mercados más amplios. En definitiva,
distintos tamaños de mercado implican distintos
niveles de pluralismo (Llorens, 2001, p.128
).
En todo caso,
habría que introducir, como bien dice Doyle,
otros mecanismos que aseguren la diversidad y el
pluralismo, de lo contrario en mercados no tan
extendidos deberíamos resignarnos a grados de
concentración y homogeneidad inadmisibles.
Por eso el
Estado, en mercados de pequeña escala, debe
regular con inteligencia la diversidad de
contenidos, porque tiene capacidad de maniobra y
en definitiva se trata de una cuestión de
voluntad política y no económica. Es decir, la
producción independiente puede tener espacios de
difusión garantizados por ley y el Estado no se
ve impelido a sostener estructuras burocráticas
pesadas, de dudosa eficacia en materia de
pluralismo. Por lo menos de esta manera una parte
de la producción queda en manos independientes,
sin necesidad de incrementar la
participación directa del sector público de
medios y el Estado tiene mayor capacidad de
maniobra para contrarrestar la ineficacia
pluralista del mercado.
Llorens observa
en primer lugar que el pluralismo interno podría
asegurarse con sistemas de acceso a productores
independientes y la conformación de organismos
que posibiliten la participación de grupos
sociales en la definición de la programación.
En segundo lugar la televisión comercial y
también la de pago aunque en menor medida-
debería ser incluida en las políticas públicas
de protección al pluralismo porque se les está
cediendo un espacio público radioeléctrico. Un
ejemplo es la televisión privada británica con
porcentajes de producción independiente dentro
de la grilla. O sea, la televisión privada
también participa en la construcción del
pluralismo y queda bajo la estrategia de las
políticas públicas en materia de
radiodifusión.
Legislar
cuotas obligatorias de emisión
Precisamente
para medir y controlar el pluralismo en los
medios, Llorens, entre otros recursos, introduce
la fórmula que la Comisión Europea expuso en el
Libro Verde (CE, 1992h). La Comisión examina
tres sistemas: 1) el contenido editorial; el más
complejo por la cantidad de datos requeridos y la
subjetividad que implica; 2) número de canales o
títulos, de fácil medición pero poco confiable
en términos de observación de la diversidad de
contenido; 3) número de propietarios, si bien no
garantiza diversidad de contenidos al menos
asegura diversidad de elección para el público.
Según Llorens
hay un consenso entre investigadores y autores
sobre la necesidad de controlar la diversidad de
contenidos como medio privilegiado de asegurar
niveles razonables de pluralismo.
Vale en este
punto una aclaración. Hay autores como Prosser,
Goldberg y Verhulst (1996), citados por Llorens,
que prefieren distinguir dos tipos de contenidos,
sobre todo en un entorno digital como el que
está enmarcando las relaciones comunicacionales.
Según estos
autores el contenido informativo y de opinión
sería materia de regulación por su impacto en
el pluralismo y su repercusión política
mientras que los contenidos relacionados con
entretenimiento deberían ser más libres en
términos de oferta y demanda, bastaría una ley
de competencia como en cualquier otro mercado
para asegurar su funcionamiento.
En 1999 un
comité de expertos reunido por el Consejo
de Europa preparó la Recomendación N º R (99)
para promover el pluralismo en los medios.
Entre otras
líneas de acción respecto del contenido de los
medios Llorens destaca las de imponer cuotas de
emisión para producciones independientes que
obligan a un operador de televisión dominante a
compartir sus frecuencias con otros operadores y
también acciones concretas para fomentar el
pluralismo como la posible subvención para
la prensa y los medios audiovisuales locales y
regionales, o pertenecientes a una región con
lengua minoritaria. Se insta a diseñar
estrategias tanto de apoyo a la producción y la
distribución de obras audiovisuales como a la
creación de empresas pero con criterios no
partidistas, a través de procedimientos
transparentes y sujetos a un control
independiente. (Llorens, 2001,
p.171)
A propósito de
las medidas para fomentar el pluralismo en los
medios de comunicación el propio Llorens (2001)
postula 10 medidas concretas con el espíritu de
abarcar el máximo posible.
- Desarrollo
y respeto de los derechos fundamentales
relacionados con la libertad de
expresión.
- Legislación
que asegure la transparencia de los
grupos mediáticos - Obligación
para conocer los propietarios o
accionistas de las empresas (acciones
nominativas) - Obligación de publicar
las cuentas de las empresas - Obligación
de desvelar los orígenes de los ingresos
de cada medio - Obligación de notificar
a las autoridades reguladores cualquier
cambio en el accionario o capital.
- Legislación
relativa a la concentración de medios - Leyes
generales de propiedad y gestión. Por
ejemplo, obligaciones de la licencia,
representación, representación de
grupos sociales en el consejo de
administración - Leyes que regulen la
propiedad cruzada de los medios - Leyes
sobre propiedad o inversión extranjeras
- Establecer criterios de concentración
de audiencia vinculados a la propiedad.
- Legislación
que facilite el acceso (plataforma
de distribución, interconexión,
facilidades esenciales).
- Ley de
competencia (y el modo en que es
aplicado a los medios de comunicación)
- Regulación antimonopolio, de
fusiones y compras - Medios y
metodología para determinar el dominio.
- Apoyo
estatal y subsidios a las empresas de
comunicación.
- Leyes
de publicidad y su restricción.
- Leyes
protectoras de la independencia editorial
y periodística y control del ejercicio
de la profesión.
- Reglamentación
y disposiciones relacionadas con el
contenido - Imparcialidad de la
cobertura de noticias - Disposiciones de
público interés: programas regionales,
representación de grupos sociales, etc.
- Derechso de programación y
acontecimientos de interés general.
- Poderes
de los organismos reguladores en el
terreno de la propiedad de los medios y
la concentración.
Diversidad
de contenidos
En la Argentina
los estudios sobre diversidad cultural y
pluralismo informativo parten del análisis de la
concentración de los grupos mediáticos.
En línea con el
pensamiento de los autores citados en párrafos
anteriores, Becerra y Mastrini también destacan
la necesidad de conformar un espacio mediático
pluralista y abierto sin el cual se afecta el
derecho básico a expresarse libremente. Es
por ello que este derecho no debe quedar
confinado a la garantía de una estructura de
propiedad no oligopólica, sino que también debe
asegurarse la multiplicidad de contenidos en los
medios. Esta diversidad de propietarios y
contenidos debe quedar reflejado en el nivel
político, cultural y lingüístico.
(Becerra y Mastrini, 2006, p.47).
De
allí que los autores ubican al pluralismo
político como el lugar donde confluyen el
conjunto de opiniones políticas, no sólo las
opiniones afines a los propietarios de los
medios. De la misma manera, en el plano cultural
los medios deben contener la diversidad expresiva
de las diferencias culturales o regionales dentro
del país en un equilibrio que considere la
incidencia comercial, con los contenidos más
consumidos por el público.
Es evidente la
necesidad de contar en el mercado con un número
aceptable de operadores para crear un clima
propicio en dirección al pluralismo. Esta idea,
en coincidencia con otros autores es retomada por
Becerra y Mastrini, lo mismo que el tamaño de
mercado: a mayor tamaño habría mejores
condiciones para la diversidad informativa y
cultural. Si bien es un punto a considerar, esto
de ninguna manera debe entenderse como la
resignación pluralista en mercados más
pequeños. Si se piensa por ejemplo en la
existencia de los medios en algunas provincias
argentinas, allí el estado nacional y provincial
deben intervenir para moderar los efectos
concentradores. El tamaño de mercado es un dato
más pero no debe ser la excusa para introducir
formas de pluralismo aunque no de las
características de un gran mercado, pero
aceptables para la existencia de expresiones
políticas y culturales de menor envergadura.
De nuevo,
considerando la actividad periodística en
algunas provincias argentinas, muchas veces la
presencia de pequeños emprendimientos fue
aplastada, incluso por vía del
aniquilamiento físico de sus integrantes, a
veces bastaría con una presencia judicial y
policial apropiada para sostener a los operadores
independientes y garantizar un mínimo de
diversidad.
Además los
grandes mercados de la comunicación se fueron
desregulando o regulando a favor de grandes
propietarios privados lo que incorporó
tecnología y capitales. Esto ofrece al
observador desprevenido un paisaje de aparente
diversidad por la multiplicidad de productos que
se ofrecen pero esconden una concentración
creciente, con muchos productos en pocas manos,
lo que deviene en menor diversidad y pluralismo
(Becerra y Mastrini, 2006).
El repliegue del
estado en función del pluralismo es inadmisible,
es definitivamente la eliminación progresiva de
las diversidades ya que el modelo de mercado, de
mayor competencia y por ende mayor concentración
se sustenta sólo en el valor comercial de la
comunicación. Se fabrica lo que se vende y lo
que se vende es cada vez más limitado, menos
diferenciado, se produce una espiral
mercantilista que condiciona la demanda del
público. El resultado está a la vista en lo que
hace a televisión abierta, con una parte de la
programación determinada en función del
ráting, vende más pero carece de
consideraciones culturales o aún artísticas, y
en un círculo defectuoso se va replegando sin
ofrecer alternativas.
En el terreno
económico ocurre otro tanto: tal como lo expresa
la paradoja de Demers se intensifica la
competencia de tal manera que muchos competidores
van desapareciendo, o sea en el largo plazo esa
intensidad competitiva deviene en menor
competencia de largo plazo, con menor diversidad
y pluralismo, más uniformidad y homogeneidad
informativa y cultural.
Un grupo
concentrado es una barrera de entrada para nuevos
competidores que difícilmente puedan sortear el
obstáculo, más aún si se observa que estos
grupos disponen de recursos financieros
suficientes como para afrontar una competencia a
pérdida o tienen capacidad para influir en
distintos estamentos (Becerra y Mastrini, 2006).
Cabe reiterar la
importancia del número de participantes en el
mercado de la comunicación, no como cuestión
excluyente pero sí de mucho peso
específico.
Escasa
diversidad en los ámbitos privado y público
comparten
El modelo de
Wolton es relevante por el análisis de la
televisión como elemento democratizador de la
sociedad y factor de vínculo social, se trata de
una visión alejada de las críticas implacables,
vehículo privilegiado de la industria cultural.
La fuerza de la
televisión reside en su carácter multitarget
que alcanza a públicos populares, de élite y
sectores medios y también a que la
televisión forma parte de nuestra
antropología
(
)
tiende al
vínculo social, es un contrapeso a una sociedad
amenazada por la organización en carteles, la
fragmentación social, la
indiferencia
(Wolton, 1992, p.71 y
312)
Wolton imagina
un modelo superador de los vigentes hasta hoy,
por encima del estatista europeo, de control e
influencia política directa, y distante también
del modelo liberal estadunidense donde la mano
invisible del mercado fija el rumbo y se renuncia
desde el Estado a dictar políticas de
televisión.
Hoy que se
discute en el mundo y particularmente en los
Estados Unidos el alcance de las regulaciones -es
probable que el cuestionamiento llegue al sistema
de medios- para revertir una corriente que en los
últimos años avanzó en sentido contrario.
Lo mismo puede
decirse de la Unión Europea, hasta dónde seguir
acotando a la televisión pública y abandonar
espacios que pueden tener un destino incierto. En
todo caso habrá que ver cómo termina la crisis
financiera mundial y cuál será el impacto que
en definitiva tendrá sobre la televisión y el
resto de los medios informativos.
Si hubiese un
replanteo, las posiciones de Wolton al respecto
resultarían apropiadas a una discusión. El
autor francés ubica a la TV dentro de dos
dimensiones, ambas remiten a dos ideologías: a)
dimensión técnica, donde prevalece la imagen,
el entretenimiento, el espectáculo y una
sobrevaloración tecnológica y b) dimensión
social donde la comunicación y el vínculo
social constituyen el factor principal y la
sobrevaloración viene dada por la carga de
políticas públicas sobre la televisión. La
televisión reúne dos aspectos sociales clave,
por un lado el fenómeno colectivo de
vinculación y al mismo tiempo como el fenómeno
individual que ocurre durante la recepción. Esta
televisión como herramienta extraordinaria de
vínculo social es para Wolton más importante
que como medio de comunicación.
En su búsqueda
de una utopía televisiva, Wolton no reniega de
la necesidad comercial y la demanda como factor
determinante de la televisión, el resultado
económico no puede estar ausente (WOLTON, p.35.
1992) pero en razón de su carácter de industria
cultural tampoco puede quedar librada
exclusivamente a la ley del beneficio.
En este punto el
sociólogo francés introduce la cuestión del
pluralismo y observa que la liberación comercial
de la televisión europea de la última década
con la presencia de nuevas cadenas privadas no
logró la diversidad de programas, un aspecto
sensible dentro de la noción de pluralismo.
Al contrario, lo
que se pudo comprobar es un fenómeno de
concentración de la publicidad en pocos
productos, con desaparición de producciones
independientes que al quedar al margen del
interés de los anunciantes no alcanzan niveles
de rentabilidad satisfactorios según los
cánones del ráting, es decir el mercado como
factor determinante, sube o baja el pulgar de los
protagonistas sin atender otras cuestiones de
interés o importancia para la sociedad (WOLTON,
1992. P.36).
Por eso Wolton
advierte sobre la necesidad de separar con
absoluta claridad entre la información y el
resto de los programas e insiste en respetar los
grandes géneros de la programación como son
espectáculos, deportes, documentales, etc
(WOLTON, 1992, p.72).
Esta insistencia
en recostarse en los géneros tradicionales
sería el presupuesto mínimo para que la
polisemia de las imágenes esté contenida en un
marco comprensivo para las grandes audiencias,
una suerte de consenso básico que colabore con
el contexto de recepción ya que según Wolton
todos miran la televisión pero todos ven
cosas diferentes, hay un contexto de recepción
que resignifica las imágenes. (WOLTON,
p.79).
El sentido
flotante y ambiguo de las imágenes tiene un
punto de anclaje en los géneros, un marco de
referencia para las audiencias, a partir de
allí el espectador carga libremente el
significado de las imágenes que recibe.
Wolton recuerda
algunas estudios de comunicación donde puede
verse como la audiencia filtra la información
recibida según su propia percepción política
de la realidad, la posición ideológica del
espectador le permite elegir optando por las
opiniones afines y descartando las adversas a su
pensamiento (Wolton, p.79). Destaca el
autor el efecto igualador, la dimensión
democrática de la televisión que juega un papel
vital para conocer la marcha de los asuntos
públicos, la imagen se constituyó en un
elemento insustituible de la política la
mayoría de los políticos lo considera una
condición indispensable para sus carreras
(WOLTON, 1992, P.76)
Esta
fascinación lamenta Wolton-
convirtió a la televisión en un objeto
político, llevando a la intervención directa de
los políticos en su funcionamiento y creación
tanto en el sector público como en el privado
pero nunca la comprendieron ni la
respetaron
no pueden quitarse de la cabeza
la errada idea de que se puede gobernar mejor un
país poniendo a los amigos al frente de la
televisión (Wolton, 1992, p.57,58).
La incidencia
negativa de los políticos sobre la televisión
dio como resultado un achicamiento de la
diversidad y la pluralidad en la información o
al menos fueron cuestiones que quedaron relegados
frente a intereses más urgentes en la
conducción del Estado o en el éxito comercial
de las empresas de televisión.
Proteccionismo
cultural
También la
UNESCO hizo su aporte a la cuestión. El Informe
Mundial sobre Cultura 2000-2001 titulado Diversidad
cultural, conflicto y pluralismo que si bien
no hace referencia directa a la concentración
mediática pone el acento en la diversidad
cultural sin la cual no hay diversidad mediática
posible porque hoy la cultura y la comunicación
no pueden correr por cuerdas separadas.
El informe de la
UNESCO es coherente con el trabajo de
compilación e investigación de Elie Cohen que
asegura que frente al fenómeno de la
globalización deben generarse mecanismos
proteccionistas de las identidades, entre ellos
la "excepción cultural". Esto
significa reforzar el concepto de reivindicación
de las identidades, proteger las industrias
locales, promover los trabajos intelectuales,
destacar el patrimonio cultural y lingüístico y
esconder las intenciones
"antidemocráticas".
Al respecto
Ramón Zallo, catedrático de la Universidad del
País Vasco de España, desde una perspectiva que
enlaza la economía y la cultura adhiere a la
excepción, hay que ser partidario de la
excepción cultural -hoy denominada diversidad- y
eso significa medidas proteccionistas. Pero ese
proteccionismo centrado en lo económico con
efectos culturales no puede ser el disfraz para
la censura política o informativa sino que debe
ser tasado por razones comerciales y culturales y
siempre en los ámbitos en los que la desigualdad
de los flujos lo justifiquen caso del cine
u otros-.
La
fundamentación económica de la excepción
cultural tiene argumentos que explica muy bien
Zallo. En primer lugar, el modo de producción y
distribución le da a los EE.UU. una clara
ventaja respecto del resto de los países y crea
una barrera de entrada para la competencia de
países pequeños. En segundo lugar, el ahogo de
las producciones locales puede provocar una
demanda de diversidad insatisfecha y por último
Elie Cohen propone medidas protectivas porque las
culturas nacionales merecen el interés público
dado el efecto sinérgico que generan en todo el
sistema social y económico de un país (Zallo,
2003).
La
excepción cultural continúa Zallo- no va
contra el mercado sino que busca sortear los
obstáculos que este mismo genera y no debe ser
otra cosa que una vía defensiva revisable en el
tiempo y válida mientras se ejecuta una
política activa, industrial, de sustitución de
importaciones y generación de un tejido
industrial cultural y comunicativo propio.
(Zallo, 2003)
Más específico
en términos semánticos que el Tratado de
Diversidad de la UNESCO resultó la Cumbre
Mundial de la Sociedad de la Información. En su
primera fase con sede en Ginebra (diciembre 2003)
dentro de la Declaración de Principios incluye
un capítulo sobre medios de comunicación en los
que expresa que el pluralismo y la
diversidad de los medios de comunicación debe
garantizarse mediante la legislación adecuada, a
fin de que no haya una centralización excesiva
de los medios de
comunicación.
Más preciso
aún, la declaración contiene recomendaciones
para el periodismo tanto en la protección de la
independencia editorial de los periodistas como
de los medios y actualiza estas recomendaciones
al puntualizar que los autores, periodistas
y editores en línea deben gozar de los mismos
derechos contractuales y protección social que
los demás trabajadores de los medios de
comunicación.
En tanto al
referirse al sistema público de medios los ubica
como garantes de la participación de todos los
sectores en la sociedad de la información y la
comunicación. Este acceso debe ser
participativo, universal, inclusivo y
democrático (...) Debe garantizarse el acceso
universal a la información fundamental para el
desarrollo humano. La infraestructura y las
formas más apropiadas de tecnologías deben ser
accesibles para todos independientemente de su
contexto social. (...)
El autor
español Bastida Freijedo, catedrático de la
Universidad de Oviedo de España, confronta
pluralismo y concentración. Encuentra tres
condiciones cuya deficiencia revelaría
concentración mediática: 1. La información
debe llegar a un número importante de ciudadanos
2. Que esa información provenga de fuentes
diferentes y 3. Que el producto informativo
refleje el pluralismo social, político y
cultural de la sociedad, es decir que contenga el
punto de vista de varios y no de uno o pocos
participantes del circuito deliberativo
(Carbonell, 2002).
Puede notarse
que Freijedo apunta a la difusión, la
importancia de la audiencia dentro de los
considerandos de pluralismo. De nada sirve
establecer mecanismos plurales desde la emisión
si no se asegura un alcance amplio entre el
público. Estaríamos ante un pluralismo
puramente teórico o bien intencionado pero sin
eficacia en la realidad comunicacional.
__________
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* Daniel G. Gutman es profesor en el Instituto de
Comunicación Social de la Universidad Católica
Argentina, editor
responsable del sitio www.brutalargentina.com.ar y colaborador de SdP.
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