Un aporte para pensar las formas
comunicacionales de los pueblos originarios
La
comunicación antes de Colón
Washington
Uranga *
La
comunicación antes de Colón es el título
de un libro que acaba de editarse para cubrir un
espacio no abordado hasta ahora por los estudios
de la comunicación en América latina: las
formas de comunicación de los pueblos
originarios que habitaron estas tierras antes del
arribo de los españoles. El trabajo, una
producción conjunta de los investigadores
bolivianos Luis Ramiro Beltrán, Karina Herrera,
Esperanza Pinto y Erick Torrico, es el resultado
de una sólida investigación que rastrea en más
de 1100 documentos e intenta reafirmar que
"nuestras culturas nativas precolombinas no
eran primitivas ni ágrafas", según lo
sostiene el propio Beltrán.
El texto,
editado hace pocos días en La Paz, se dedica a
través de sus 313 bien documentadas páginas a
demostrar que "cuando menos un millar de
años antes de la llegada de Colón las más
avanzadas culturas nativas de lo que iría
llamarse América ya tenían aptitud, recursos y
hábito de comunicación escrita, y no eran, por
tanto, ágrafas por primitividad".
La idea del
trabajo se apoya en el hecho incuestionable de
que los estudios sobre esta parte del mundo sólo
han contemplado hasta el momento salvo
pocas excepciones también consignadas en la
investigación la historia de la
comunicación a partir de la introducción de la
imprenta por los conquistadores en México.
El grupo
investigador se dio a la tarea de discutir el
concepto de comunicación, para sacarlo de la
reducida mirada que lo restringe a los medios y,
en cambio, lo vincula de manera definitiva con la
cultura. Desde esa perspectiva, la comunicación
es entendida como "campo antropocéntrico de
los procesos de interacción humana que producen,
circulan y usan las representaciones simbólicas,
los sentidos, social e históricamente
determinados", entendiendo así que los
pueblos originarios de esta tierra se expresaron
a través de "variaciones simbólicas"
que han sido "no sólo la expresión de su
desarrollo cultural, sino el soporte mismo de su
constitución sociocultural".
Por la falta de
recursos para avanzar por el momento en un
horizonte más amplio el estudio hace un recorte
a partir de la información recogida en la zona
andina y mesoamericana de América latina, pero
deja sentada la base metodológica para otras
investigaciones que puedan continuar en la misma
línea.
En el trabajo se
señala que la comunicación de los pueblos
originarios de estas tierras se dio a través de
dos grandes modalidades: entre la persona y el
grupo social y entre el individuo y su mundo
naturalreligioso. Así planteada, la
comunicación "tenía un carácter público,
en la dimensión que fue visible para todos
gobernantes y gobernados y se hallaba
mediada por la concepción
religiosomítica". Entre otros aspectos se
relevaron tipos y formas de comunicación como
poesías y relatos (comunicación oral); danzas,
rituales y teatro (comunicación gesto
espacial-sonoro); quipus, tejidos, quilcas y
pallares (comunicación escrita); piedra,
cerámica, orfebrería, platería, tokapus,
tejidos y sellos (comunicación iconográfica) y
lugares sagrados, monumentos, plazas, estelas,
portadas, caminos y correos en la ciudad
(comunicación espacio-monumental).
A la hora de las
conclusiones los autores reconocen el hecho de
que la comunicación misma es un campo de
conocimiento todavía en formación, que la
preocupación histórica también debe
incorporarse a los estudios en comunicación y
que es necesario recuperar los recursos
comunicacionales antecedentes a las llamadas
tecnologías de la comunicación para ingresar
realmente en la complejidad de la disciplina. Una
obra audaz e innovadora. Un argumento científico
más para reafirmar la densidad cultural de
nuestros pueblos antes de ser
"descubiertos".
Luis Ramiro
Beltrán describe el trabajo:
En el
primer capítulo se plantean las premisas
conductoras de nuestra indagación. Se cuestiona
el porqué en el área de la comunicación los
estudios historiográficos sobre comunicación
prehispánica han sido casi inexistentes y se
plantea la necesidad de emprender el estudio
sistemático de esta área. Asimismo, se enuncian
las preguntas centrales y los objetivos que
motivaron esta obra, y se describe la estrategia
metodológica asumida.
En el segundo
capítulo se reflexiona sobre la centralidad del
fenómeno comunicacional para la constitución
del homo sapiens como tal, su
sociabilidad y de la cultura misma. Se propone,
pues, entender a la comunicación y a la cultura
como indisociables desde una perspectiva
sociosemiótica, que revaloriza la capacidad
simbolizadora de la especie humana, a la par que
el carácter humanizador y socialmente
constitutivo del proceso de comunicación.
Para
situar histórica y geográficamente a las
culturas precolombinas en Mesoamérica y los
Andes, el tercer capítulo, sin pretensión de
exhaustividad, describe y detalla las
características socioculturales y económicas de
decenas de pueblos que ocuparon el territorio en
estas dos macrorregiones. Su finalidad es, ante
todo, referencial para ubicar el contexto cultura
abigarrado en el que emergieron, se mezclaron,
desaparecieron o sobrevivieron las sociedades
prehispánicas.
Y el
cuarto y quinto capítulos constituyen el
corazón de nuestro estudio: un inventario
preliminar de los tipos y las formas
comunicacionales sobresalientes en Mesoamérica y
los Andes prehispánicos, respectivamente. Se
detallan cinco tipos: el de la comunicación
oral, el gesto espacial-sonoro, el iconográfico,
el escrito y el espacio-monumental. Dentro de
cada uno de ellos y con el apartado
especial para algunas formas comunicacionales que
no corresponden directamente a los cinco tipos
mencionados, pero que son de ineludible mención-
se dan pormenores sobre las diferentes formas
comunicacionales. Ello muestra palmariamente el
conjunto expresivo precolombino que sirvió para
atender distintas necesidades individuales y
sociales; cotidianas y especiales;
interindividuales, grupales y humano-divinas, que
constituyeron el mundo amerindio antes del arribo
de Cristóbal Colón.
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Washington Uranga es periodista y docente
de la carrera de Ciencias de la Comunicación en
la UBA, en Buenos Aires. Este
texto lo publicó en el diario argentino Página/12.
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