La teoría
de los géneros periodísticos en España:
notas sobre su origen y estado de la cuestión
Ana
Mancera Rueda *
Resumen: La validez
actual de la clasificación tradicional
sobre los géneros periodísticos en
España está siendo cuestionada tanto
por distintos académicos especializados
en la Redacción Periodística, como por
los profesionales que trabajan en
diversos medios de comunicación. Tal vez
la mejor forma de comprender este debate
sea conocer las principales bases en las
que se sustentan las tipologías ya
existentes. Y es que los géneros
periodísticos, tal y como aparecen hoy
ante nuestros ojos, son el resultado de
una lenta elaboración histórica que se
encuentra íntimamente ligada a la
evolución del propio concepto de lo que
se entiende por Periodismo. Sólo
mediante el conocimiento del sistema
convencional de los géneros
periodísticos será posible desarrollar
una nueva clasificación más abarcadora
que permita dar cabida a los nuevos
géneros discursivos surgidos en la
última década.
Introducción
La
noción de género periodístico es
reciente, ya que comienza a aparecer
sistemáticamente en la bibliografía sobre
Redacción Periodística hacia 1970. Hasta
mediados del siglo XIX el periodismo guarda una
estrecha relación con la literatura, de ahí que
no exista la necesidad de identificarlo como un
género independiente. Sin embargo, con el
surgimiento de las primeras agencias de prensa
los artículos firmados van cediendo su primacía
a las noticias anónimas. Estas poseen unas
características especiales concisión,
objetividad, veracidad, etc. muy diferentes
a las de los textos literarios, de ahí que el
periodismo comience a considerarse entonces un
género literario nuevo, con unas
características peculiares. El principal
defensor de la idea del periodismo como género
literario autónomo fue J. F. Pacheco, cuya
propuesta abriría una gran polémica en el seno
de la Real Academia Española. Entre los
valedores de la tesis de Pacheco se encontraba
también E. Sellés quien eligió el
periodismo como tema central de su discurso de
ingreso en esta institución, y entre los
detractores, escritores de reconocido prestigio
como J. Valera o W. Fernández Flórez. Este
último dedicó unas palabras en su primer
discurso académico a la conveniencia de adoptar
la expresión estilo, en lugar de
género periodístico. Y precisamente
en ese mismo acto J. Valera insistió en negar al
periodismo la categoría de género propio ya
que, a su juicio, sólo los escritores podían
ejercer como periodistas.
No se volverá a
hablar de la cuestión hasta 1920, cuando la
prensa de información se impone ya en todo el
mundo occidental relegando a un segundo plano al periodismo
ideológico, al servicio de las ideas
políticas o religiosas. Predominan entonces las
narraciones de hechos, es decir, las noticias
a las que los anglosajones denominan stories,
a diferencia de los artículos o comentarios
firmados, a los que califican como comments,
y comienzan a surgir nuevas tradiciones
discursivas como el reportaje o la crónica
con sus correspondientes variantes,
que darán lugar a lo que hoy identificamos como géneros
periodísticos informativos.
Tras la II
Guerra Mundial el periodismo va adquiriendo una
mayor profundidad y, como oposición a la prensa popular
de carácter sensacionalista,
surge lo que se ha dado en llamar la prensa de calidad.
Esta aboga por el periodismo interpretativo,
en el que la narración objetiva de los
hechos se presenta acompañada por explicaciones
y juicios de valor. La crónica se perfila
entonces como un subgénero intermedio, a mitad
de camino entre el relato objetivo de los hechos
y el comentario valorativo de tales hechos por
parte del periodista.
Ante el peligro
que supone para la credibilidad del periodismo la
confusión entre información, interpretación
y opinión, investigadores del
discurso periodístico inician en 1951 encuentros
internacionales en los que identifican a la interpretación
como un elemento básico en las tareas
informativas. Esta se define como: la
formulación de juicios objetivos apoyados en los
antecedentes, el conocimiento de la situación y
el análisis de un acontecimiento. A diferencia
de ella, el juicio editorial es de carácter
subjetivo, y en él figura un elemento al que L.
Markel (1953) denomina impacto emotivo.
Según él, la distinción más evidente entre el
reportero informativo y el editorialista es que
el primero explica, mientras que el
segundo aboga. El periodismo de
opinión pertenece al ámbito subjetivo del
comentario, y el interpretativo al del
relato. Por lo tanto, a juicio de este
investigador, la opinión debe quedar
confinada religiosamente a la sección
editorial (L. Markel, 1953: 4-5). Según L.
Santamaría (1990) se trata de dos mundos, de dos
actitudes diferentes ante los géneros
periodísticos: actitud informativa y actitud
de solicitación de opinión, y se puede
hablar también de una tercera que es la actitud
de explicación o interpretativa,
intermedia entre ambas. Así, la división
clásica de los géneros periodísticos sería la
siguiente:
| ACTITUDES Información
Interpretación
Opinión
|
GÉNEROS Noticia y
reportaje objetivo.
Crónica
y reportaje en profundidad.
Artículo
(editorial, suelto, columna y crítica).
|
| (L.
Santamaría, 1990: 21) |
Como
puede verse los géneros periodísticos, tal y
como aparecen hoy ante nuestros ojos, son el
resultado de una lenta elaboración histórica
que se encuentra íntimamente ligada a la
evolución del propio concepto de lo que se
entiende por periodismo. A pesar de todo, la
agrupación en géneros periodísticos de los
distintos tipos discursivos aparecidos en los
medios de comunicación impresos ha suscitado
cierta controversia. Así, J. J. Muñoz (1994)
prefiere clasificarlos de acuerdo con su estructura,
mientras que para J. L. Martínez Albertos (1983
[1992]) o F. Martínez Vallvey (1996) las
diferencias entre los distintos modelos de
mensajes vienen definidas por el estilo con
el que han sido elaborados. Según ellos, la
utilización de un determinado lenguaje distingue
un trabajo periodístico de otro, ya que en la
redacción de un texto cada elección que se hace
puede significar la expresión de valores
intrínsecos. Entre los estilos periodísticos J.
L. Martínez Albertos (1983 [1992]: 291) señala
los siguientes:
- El estilo
informativo de primer nivel,
característico de la información y el
reportaje objetivo.
- El estilo
informativo de segundo nivel,
desarrollado por géneros periodísticos
como la crónica y el reportaje
interpretativo.
- El estilo
editorializante, que se lleva a cabo
en los géneros relacionados con los
distintos tipos de artículo (el
editorial, la columna, la crítica o la
tribuna libre).
- El estilo
ameno o literario (calificado por E.
Dovifat como folletinista),
que subyace en todos los géneros
literarios (narraciones de ficción,
tiras cómicas, poemas, columnas
personales, el ensayo, el humor, etc.).
Por otra parte,
J. Acosta (1973) prefiere clasificar a los
distintos géneros en virtud de su finalidad:
La actividad periodística tiene otros
fines además de informar. [...] Se considera
periodismo a todo lo publicado periódicamente y
que se destina a informar, a conformar, a
entretener o a divertir, a dar comunicación, en
suma, a los demás (1973: 52), visión que
coincide con la de G. Baena (1990), para quien
los textos periodísticos se diferencian según
si la función que predomina en ellos es la de
informar, orientar, educar o entretener. Aunque,
como ya advirtió E. Dovifat, todo texto
periodístico persigue un mismo fin último:
Es la
atracción ejercida por la lectura, el poder
de interesar al lector por medio de textos
cautivadores, lo que [...] impregna toda la
línea del periódico, incluso la sección de
anuncios (1959: 124).
La concepción
teórica de estos géneros ha ido variando de
forma paralela a la evolución del periodismo
por ejemplo, la estructura actual de la
noticia poco tiene que ver con la de sus
orígenes, de ahí que los distintos
intentos de clasificación de los géneros
mediáticos no deban entenderse nunca como
propuestas definitivas, sino como un mero
producto del análisis llevado a cabo por sus
autores en el momento en el que fueron
elaborados. A continuación, vamos a resumir las
propuestas más destacadas para una tipología de
los textos periodísticos.
La
clasificación binaria de origen anglosajón
La
clasificación imperante en todo el mundo
anglosajón distingue dos tipos de géneros
periodísticos de acuerdo con su función: stories
relatos informativos y comments
escritos de opinión. Una
diferenciación que contrasta con la aceptada
mayoritariamente en el ámbito hispano, donde los
textos periodísticos se identifican según su
pertenencia al género informativo,
interpretativo o de opinión.
Al igual que los
periodistas anglosajones, S. Bernal y L. A.
Chillón (1985: 81) distinguen dos grandes
grupos: los géneros del periodismo
informativo, es decir, aquellos que contienen
únicamente información sin incorporar
opinión ni interpretación de los hechos,
y los géneros del periodismo literario,
al que pertenecen todos los textos periodísticos
que no están exclusivamente dedicados a la
información. A su vez, dentro de este segundo
grupo establecen una subdivisión entre el periodismo
informativo de creación en el que se
inscriben aquellos textos con elementos
literarios en los que predominan los juicios de
valor frente a los contenidos informativos
y el periodismo de creación es
decir, los trabajos literarios publicados en la
prensa, como poesías o cuentos.
Basan también
su clasificación en la existencia de dos
macrogéneros L. Gomis (informativos y
comentarios), M. P. Diezhandino (informativos y
opinativos), y M. M. Fontcuberta (relato y
comentario). Esta última distingue entre
aquellos que sirven para dar a conocer los
hechos, y los que dan a conocer las ideas
(1993: 102), opinión similar a la de J.
Gutiérrez Palacio, que sostiene que sólo
hay textos para conocer hechos y textos para
conocer ideas (1984: 102-103). E. Morán
(1988) denomina géneros interpretativos a
aquellos en los que predominan las ideas, entre
los que se encuentran: la crítica periodística,
el artículo editorial, el comentario y la
columna; y, a su juicio, cuatro son también los géneros
informativos: la noticia, el reportaje, la
crónica y la entrevista. Esta visión es
compartida por L. A. Hernando Cuadrado (2000),
quien defiende además la existencia de la
crónica como género híbrido, con
características propias tanto de los textos informativos
como de los interpretativos.
Según E.
Castejón (1992), dentro del periodismo
interpretativo cabe distinguir dos subgrupos:
el periodismo explicativo, que expone de
manera didáctica lo ocurrido, para que pueda ser
comprendido fácilmente por el lector; y el periodismo
predictivo, especializado en analizar y
prever las posibles consecuencias de los sucesos
de actualidad. Además del interpretativo este
autor defiende la existencia de un periodismo
divulgativo, que engloba a su vez al periodismo
de profundidad este intenta aclarar los
detalles sobre los sucesos de los que
informa, el periodismo de investigación
especializado en indagar tanto en bases
documentales como en fuentes confidenciales
y el periodismo creativo o nuevo
periodismo cuyo estilo se asemeja al de
la literatura.
Más próxima a
la clásica distinción anglosajona se encuentra
la clasificación de J. R. Vilamor (2000), para
quien los textos periodísticos pueden ser: informativos
como la noticia, la crónica, el reportaje,
la entrevista, la rueda de prensa, el perfil, la
biografía, la semblanza y el obituario, o de
opinión entre los que considera el
editorial, el suelto o glosa, la columna, el
artículo, la crítica, el humor, las cartas al
director, la carta abierta y la tribuna.
Este autor llama también la atención sobre la
existencia de otros tres subgéneros de carácter
mixto: la entrevista, la crónica y el
reportaje. Por último, cabe destacar la
diferenciación establecida por T. van Dijk
(1990) entre los textos informativos discursos
periodísticos de esquema narrativo, y los textos
evaluativos caracterizados por un
esquema argumentativo.
La
clasificación ternaria
La
clasificación binaria ha sido cuestionada por
diversos autores, que la consideran insuficiente.
Estos establecen además una clara
diferenciación entre opinión e interpretación.
Como ha puesto de manifiesto N. González
Gaitano:
La
recomendación habitual en bastantes libros de
estilo de agencias y diarios de «evitar el uso
de palabras valorativas, ya que tales palabras
refieren simultáneamente un hecho y un juicio de
valor» descansa sobre una distinción elaborada
por la metodología positivista entre los
«hechos» y los «juicios de valor»
(1989: 32).
Tal distinción
epistemológica ha dado fundamento teórico a la
caracterización de los géneros periodísticos
en informativos y de opinión, pero la
reacción profesional para superar la asfixia
creativa a que conduce esa distinción entre
«hechos» y «juicios de valor» se tradujo en
la aparición de un nuevo género, el
interpretativo, y en las formas expresivas del
«nuevo periodismo» (ibíd.). Por lo
tanto, se habla de tres macrogéneros cuyos
rasgos definitorios J. L. Martínez Albertos y L.
Santamaría sintetizan en un axioma:
Noticia es lo que se ve. Interpretación es
lo que se sabe. Opinión es aquello que se cree y
por lo que se toma partido subjetivamente
(1996: 107).
Para F. García
Núñez (1985) son géneros informativos
la información, el informe, el reportaje y la
crónica, ya que se caracterizan por el uso del
estilo informativo. Mientras que en los interpretativos
entre los que se encuentran el editorial,
el comentario o columna, la crítica y el
artículo de colaboración predomina el
estilo de solicitación de opinión, o
interpretativo, y en los géneros amenos
el estilo folletinista. Entre estos últimos se
engloban el artículo de humor, los cuentos y las
novelas por entregas. Similar a esta resulta la
propuesta de A. de Miguel (1982), quien distingue
entre periodismo informativo textos
redactados en tercera persona y cuyo objetivo
principal es el de informar, periodismo
literario y literatura periodística.
Al segundo grupo pertenecen el editorial, la
columna, la colaboración, la crítica
especializada y la tribuna libre, cuya principal
finalidad es la de orientar al lector mediante la
opinión de periodistas y colaboradores. Y al
tercero, el artículo de creación y la narrativa
literaria, con los que se pretende deleitar a los
lectores. Según este autor:
Los
géneros del periodismo escrito se pueden
agrupar a lo largo de un continuo que va
desde los hechos a la imaginación.
El periodismo informativo se sitúa del lado
del primer polo y la literatura periodística
del lado del segundo. En el centro ambiguo se
sitúan los géneros orientativos, o de
opinión, lo que todavía es periodismo, pero
ya literario (A. de Miguel, 1982:
17-18).
G. Baena (1990)
señala entre los géneros informativos la
nota, la noticia y la entrevista; entre los géneros
de opinión identifica el editorial, el
artículo de comentario y el artículo de
opinión; mientras que en los interpretativos incluye
la crónica y el reportaje. Sin embargo, para L.
Gomis (1989) todos los textos periodísticos
tienen carácter interpretativo. Unos se centran
en la interpretación de hechos como
la noticia, otros en la interpretación
de situaciones el reportaje y la
crónica, y otros en la interpretación
moral entre estos se encuentran el
comentario, el editorial, el artículo y la
columna, y en general toda la prensa de
opinión. Por otra parte, L. Núñez
Ladeveze distingue entre géneros informativos,
evaluativos y argumentativos ya
que, a su juicio, resulta preferible huir
de la confusión estilística entre opinión e
información (1993: 62).
Interesante
resulta también la aportación de H. Borrat
(1989) quien, atendiendo al criterio de
clasificación propuesto por R. A. de Beaugrande
(1984), distingue entre textos narrativos,
descriptivos y argumentativos en virtud de los topoi
a los que responden. El concepto de topoi procedente
de la retórica griega clásica se corresponde
con lo que los teóricos estadounidenses del
periodismo denominan las seis uves dobles
(6 W´s) básicas: qué, quién,
dónde, cuándo, por qué, cómo. Así, en
los textos narrativos predomina la información
sobre el qué, quién y cuándo;
en los descriptivos el qué, quién y
dónde; y en los argumentativos el cómo
y el porqué. No obstante, nosotros
creemos que muchos trabajos pueden considerarse
de carácter mixto, ya que un texto argumentativo
responde también al quién y al qué,
y uno narrativo informa asimismo sobre el cómo
y el porqué.
Otras
clasificaciones
Cuatro son los
géneros periodísticos, de acuerdo con J. M.
Casasús y L. Núñez Ladevéze (1991): los géneros
informativos así denominados por J. L.
Martínez Albertos (1983 [1992]), L. Gomis (1989)
y T. van Dijk (1990); los géneros
interpretativos calificados por C.
Fagoaga (1982) y J. L. Martínez Albertos (1983
[1992]) como géneros para la
interpretación; los argumentativos
a los que T. van Dijk (1990) llama
evaluativos, y J. L. Martínez
Albertos (1983 [1992]), L. Gomis (1989) y L.
Santamaría (1990) géneros para el
comentario y la opinión; y los géneros
instrumentales identificados por T. van
Dijk (1990) como prácticos. J.
del Río Reynaga (1991) distingue también cuatro
macrogéneros: el periodismo informativo
formado por la nota informativa, la
crónica noticiosa y cierto tipo de
entrevista; el periodismo de opinión dentro
del que incluye el comentario, el editorial, la
crítica, la caricatura política, la columna y
el ensayo; el periodismo explicativo,
que identifica con el reportaje; y el periodismo
de entretenimiento las tiras cómicas,
los crucigramas, acertijos, etc. La
clasificación de A. Grijelmo (1997) se basa
también en cuatro grandes grupos:
- Géneros
de la información: bajo este
epígrafe engloba a aquellos textos
periodísticos que transmiten datos y
hechos concretos de interés para el
público al que se dirigen, ya sean
nuevos o conocidos con anterioridad. La
información, en sentido estricto, no
incluye opiniones personales del
periodista ni, mucho menos, juicios de
valor. A este género pertenecen: la
noticia, la entrevista de declaraciones
o entrevista
objetiva, la documentación y
el reportaje informativo.
- Géneros
de interpretación más opinión:
textos mixtos, que cumplen ambas
funciones. Entre estos incluye a la
crónica, la entrevista-perfil y el
reportaje interpretativo.
- Géneros
de la interpretación: dentro de este
grupo cabe destacar el análisis, un tipo
de texto periodístico en el que el
enfoque sustancial parte de elementos
opinativos, y donde la información
si existe queda en segundo
plano.
- Géneros
de la opinión: escritos de carácter
valorativo que dejan traslucir la
ideología del periódico. Entre estos se
encuentran el editorial, la crítica, el
artículo o el ensayo.
Sin embargo,
para J. J. Muñoz (1994) cinco son los
macrogéneros periodísticos:
- Géneros
de predominio informativo: la
noticia, el informe y la transcripción
de encuestas.
- Géneros
ambiguos-mixtos de información e
interpretación: el artículo
pseudoinformativo, el artículo
divulgativo, el artículo biográfico, la
transcripción de ruedas de prensa, la
crónica y la reseña.
- Géneros
del periodismo interpretativo:
el reportaje y la entrevista.
- Géneros
del periodismo ambiguo-mixto de
interpretación y opinión: la
entrevista de opinión, las cartas de los
lectores, la viñeta, la miscelánea y
las curiosidades.
- Géneros
de opinión: el artículo de
opinión o comentario, y sus diferentes
modalidades como son la columna, el
editorial, la crítica o el ensayo.
Recapitulación
La Teoría de
los Géneros Periodísticos surge como una
propuesta metodológica para el análisis
sociológico de inspiración cuantitativa que
posteriormente ha quedado perfilada como
una doctrina filológica propia de la
Sociolingüística, que sirve como eficaz
instrumento no sólo para el análisis
cuantitativo y cualitativo en el campo de las
ciencias sociales, sino también para las
valoraciones críticas de carácter literario y
lingüístico (L. Santamaría, 1990:
107-108). Esta teoría permite sistematizar la
producción periodística, ya que favorece la
elaboración de unos prototipos diseñados
inductivamente a partir del análisis de los
modelos históricos publicados en la prensa. Pero
dicha clasificación de los textos periodísticos
no constituye un mero instrumento de pedagogía
del ejercicio profesional. Cada género trata de
responder a unas demandas sociales específicas,
y crea en el lector un determinado horizonte de
expectativas. De ahí que todo intento por
desdibujar los límites entre los distintos
géneros haya resultado infructuoso por cuanto no
sólo dificulta el análisis científico del
discurso periodístico, sino que además
atenta contra la información que
recibe el lector.
Múltiples son
las propuestas para clasificar los distintos
escritos aparecidos en la prensa. La mayor parte
de las tipologías habla de dos o tres
macrogéneros periodísticos, aunque autores como
J. M. Casasús y L. Núñez Ladevéze (1991), J.
del Río Reynaga (1991) o A. Grijelmo (1997)
identifican cuatro o incluso cinco
grandes grupos. Dejando a un lado las diferencias
terminológicas a la hora de denominar a cada
uno, creemos que el principal motivo de
discrepancia estriba en la consideración de toda
interpretación bien como una opinión subjetiva,
bien como un concepto teórico de carácter
independiente, ya que la barrera que separa
interpretación y opinión resulta un tanto
endeble. Una información con elementos
interpretativos puede ser considerada un escrito
subjetivo, mientras que un texto de opinión es
susceptible de entenderse como una
interpretación objetiva de lo ocurrido. De
hecho, la función interpretativa subyace en
cualquier texto periodístico, ya que el propio
hecho de seleccionar la información que se
publica, otorgarle un titular y un determinado
lugar en el periódico constituye un acto de
interpretación implícita.
Por lo general,
las tipologías que encontramos en los manuales
de redacción periodística recurren a criterios
pragmáticos para limitarse a discutir si el
objetivo de un texto es la información o el
comentario. Pero en realidad, la variedad de los
textos periodísticos impide su asimilación a
uno de estos dos grandes géneros. En todo caso,
sería conveniente combinar criterios
pragmáticos con aportaciones de carácter
semántico, enunciativo, composicional o
estilístico, lo que permitiría reagrupar los
textos de diversas formas. La diversidad de
tipologías existentes pone de manifiesto la
crisis del sistema convencional de los géneros
periodísticos, pues parece resultar insuficiente
para acoger las nuevas variantes que
continuamente aparecen como resultado de la
evolución de la profesión periodística,
encaminada hacia la proliferación de géneros
mixtos e influida por los medios audiovisuales.
_____
Notas:
1 En 1855 se funda
en París la agencia Havas, y en 1868 comienza a
difundir sus noticias la primera agencia
española, Fabras.
2 Este periodista
sevillano, licenciado en Derecho, llegaría a ser
ministro, presidente del Consejo de Estado y
embajador en París. Asimismo, fue elegido
miembro de la Real Academia Española e ingresó
también en la de Ciencias Morales y Políticas,
así como en la de Bellas Artes.
3 M. Chaves
Nogales expresa en 1928 su deseo de desterrar del
periódico al escritor y sus escritos: No
tienen nada que hacer en el periódico los
literatos al viejo modo, esos caballeros necios y
magníficos que se sacan artículos de la cabeza
sobre todo lo divino y lo humano [...] [que]
todas las mañanas meten por debajo de la puerta
sus impertinentes prosas (M. Chaves
Nogales, 1928; cit. en Seoane y Sáiz, 1989/1990:
64).
4 Para una
clasificación más detallada de las distintas
etapas de la Historia del Periodismo consúltese
por ejemplo J. J. Martínez Albertos (1983
[1992]), L. Santamaría (1990) o J. J. Sánchez
Aranda y C. Barrera del Barrio (1992).
5 En los manuales
norteamericanos para la enseñanza práctica del
periodismo está muy extendida la terminología
de periodismo interpretativo o periodismo
en profundidad. Por ejemplo, el libro de N.
Copple lleva por título Depth Reporting. An
Approach to Journalism (1968), y la obra de
J. Hohenberg sobre El periodista profesional
(1964) dedica cinco capítulos al estudio del
Periodismo interpretativo.
6 Como advierte F.
López Pan (1996: 123), la distinción entre macrogéneros
o géneros fundamentales y géneros
empíricos o históricos acuñada en
teoría de la literatura se ajusta perfectamente
a la naturaleza de los géneros periodísticos.
G. Genette entiende por macrogéneros aquellos
que contienen jerárquicamente un cierto
número de géneros empíricos, los cuales son,
evidentemente, y cualquiera que sea su amplitud,
longevidad o capacidad de recurrencia, hechos de
cultura y de historia (1977: 418).
7 Doncs bé,
en el periodisme, con a mètode
dinterpretació successiva de la realitat
social, correspon als diferents gèneres
periodístics complir diferents funcions per
respondre també a diferents necessitats socials
i satisfer-les. La informació i el comentari
són dues necessitats socials diferents (L.
Gomis, 1989: 103).
8 Cfr. M. P.
Diezhandino (1994: 85-86).
9 Cfr. M. M.
Fontcuberta (1993: 101).
10 El
periodisme és, en definitiva, un mètode
dinterpretació. Primer, perquè tria
dentre tot el que passa alló que considera
«interessant». Segon, perquè tradueix a un
llenguatge intel-ligible cada unitat que decidiex
aïllar (notícia) i, a més, hi distingeix el
que és més interessant (recollit al lead i
destacat al títol) dallò que no ho és
tant (L. Gomis, 1989: 66).
11 Para este
periodista, la elección del género a la hora de
transmitir una información depende de que
imaginemos al lector con un cierto conocimiento
previo de la materia en cuyo caso tenemos
la obligación de ofrecerle algo más o de
que le estemos comunicando la información pura
por vez primera (A. Grijelmo, 1997: 26).
_____________________
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* Ana
Mancera Rueda es
licenciada en Periodismo por la Universidad de Navarra (2003) y doctora en Filología
Hispánica por la Universidad de Sevilla (2008), donde actualmente desarrolla
sus investigaciones en el Departamento de Lengua
Española acerca del discurso periodístico y la
sintaxis descriptiva del español, con atención
especial al estudio de las relaciones entre
oralidad y escritura en los medios de
comunicación, la (des)cortesía en la prensa
actual, y el uso del español coloquial en los
medios digitales. Acaba de publicar Oralización
de la prensa española: la columna periodística (Peter
Lang, 2009). Esta es su primera colaboración
para SdP.
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