Concentración
mediática y lavado de cerebros
en América Latina
Jenaro
Villamil *
Hace
casi tres décadas, en 1980, el político
irlandés Sean Mac Bride, fundador de Amnistía
Internacional, elaboró para la Organización de
las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (UNESCO) un informe
que constituyó el diagnóstico más puntual
sobre la concentración mediática en el mundo
hasta esa fecha.
El Informe
Mac Bride advertía que la industria de
la comunicación está dominada por un número
relativamente pequeño de empresas que engloban
todos los aspectos de la producción y la
distribución, están situadas en los principales
países desarrollados y sus actividades son
trasnacionales (Un solo mundo, voces
múltiples, Comunicación e Información en
Nuestro Tiempo, FCEUNESCO, México, 1980).
Cuando se
elaboró el informe, su autor identificó a 12
grandes grupos mediáticos, entre empresas
televisivas, consorcios periodísticos,
editoriales y corporativos de entretenimiento. A
20 años de distancia, la concentración que
diagnosticó Mac Bride como principal amenaza
para la libertad de pensamiento y principal
obstáculo para llegar a un nuevo orden mundial
de la información y la comunicación, ha
aumentado: son ahora sólo seis grandes
corporativos multinacionales y multimediáticos
(manejan televisión, cine, sistemas de cable,
sitios online, periódicos y revistas) los
que controlan más de 60 % de los contenidos y de
la distribución informativa, de entretenimiento
y de comunicación.
Otro elemento
difícil pronosticar hace casi 30 años era el
surgimiento de los grandes canales globales de
noticias, al estilo CNN o Fox News, que han
creado un nuevo género
periodístico: las Mc Noticias o la
información chatarra, como las hamburguesas de
Mc Donalds.
Estos grandes
canales globales, como CNN en Español que desde
la ciudad estadunidense de Atlanta dicta en gran
medida la agenda informativa a América Latina,
proponen un empaquetamiento poco reflexivo de
noticias, siempre orientadas ideológicamente.
Más de 50% del
contenido de sus noticiarios está dominado por
este nuevo subgénero conocido como infoentretenimiento,
una mezcla de noticias sobre la farándula, la
moda, la decoración de interiores, la
gastronomía, las nuevas tecnologías en boga,
los chismes sobre la vida privada de celebridades
del show business o el deporte, las
promociones publicitarias embozadas sobre las
películas de Hollywood, la industria automotriz
estadunidense o la industria farmacéutica y sus
recetas para complacer a los eternos
Narcisos o Narcisas que según ellos conforman
las audiencias globlales.
Ni qué decir de
Fox News, la cadena perteneciente a Corps. News,
la cadena del magnate australiano Rupert Murdoch,
quien trasladó a la pantalla el amarillismo y
sensacionalismo de sus periódicos tabloides en
Gran Bretaña y Australia. La agenda conservadora
de esta cadena, apenas disfrazada por talk
shows contradictorios y una cobertura
informativa aparentemente
profesional, la transformó en
buque insignia de los
neoconservadores de George W. Bush.
Tanto CNN como
Fox News forman parte de los dos grandes
corporativos globales que encabezan la lista de
grandes concentradoras multimediáticas. CNN,
empresa creada por Ted Turner para exportar el
punto de vista estadunidense ante la primera
guerra del Golfo Pérsico en 1991, forma parte
ahora de Time Warner, corporativo que domina los
estudios de la Warner Bros., la productora HBO y
maneja más de 150 títulos de revistas de
espectáculos, finanzas y geopolítica, como Time,
Fortune, Expansión o People.
Por su parte,
Fox News, forma parte de News Corp, dueño de
más de 200 periódicos de habla inglesa,
accionista mayoritario del sistema de televisión
satelital Sky y propietario de los estudios
Twentieth Century Fox.
La lista de los
seis grandes grupos que controlan la industria
mediática, informativa y de entretenimiento en
el mundo se completa con Walt Disney, Viacom-CBS,
Vivendi-Universal y Bertelsmann. De ellos, cuatro
son mayoritariamente anglosajones (Estados
Unidos, Gran Bretaña, Australia), y dos son una
mezcla de capital francés y estadunidense, y uno
alemán.
Así como las
cuatro grandes hermanas del mundo
petrolero definieron a principios del siglo XX
las reglas del juego de la economía mundial,
estas seis grandes hermanas definen
ahora la dinámica de la percepción global de
nuestra realidad cotidiana. Ellas deciden lo que
hay que ver, cómo entretenerse y cuál es la
agenda noticiosa importante en todo el mundo: de
Japón a China, de América Latina a África, de
Medio Oriente a Europa oriental y, por supuesto,
en los países más desarrollados (Estados
Unidos, Canadá, Australia y los de la Unión
Europea) que constituyen 60% de su mercado.
Concentración
y uniformidad
Controlan los
contenidos audiovisuales (televisión, cine,
Internet) y las redes de distribución
(televisión terrestre, cable y satelital), pero
también los medios impresos (periódicos,
revistas), la radio y la publicidad exterior.
Serán recordadas como las inventoras del infoentretenimiento
mezcla de información dura
con soft news y la telerrealidad género
de ficción que logra convencer al televidente de
que lo que ve es verdadero, y así involucrarlo
en la dramaturgia que se le propone. Al primer
género se le ha llamado Mc Noticias. Sus
contenidos son básicamente autorreferenciales:
sus noticias hablan de los productos de sus
mismas compañías de cine, de los chismes que se
difunden en sus revistas de espectáculos y, por
supuesto, de su agenda política y diplomática.
La hegemonía de
las seis hermanas es indudable, aún
cuando existan iniciativas públicas (como la
británica BBC) o empresas alternativas (como la
cadena árabe Al Jazeera, que copió el modelo de
CNN una década después, pero para dar
informaciones y análisis desde el punto de vista
del mundo árabe).
En América
Latina, esta concentración global se refleja a
escala. Son nueve grandes grupos los que definen
el futuro de la industria mediática continental:
los mexicanos Televisa y TV Azteca; los
brasileños O Globo y Folha; el argentino
Clarín; el chileno Mercurio; el venezolano Grupo
Cisneros; los colombianos Bavaria y Tiempo.
A estos
consorcios se suma un par de grandes grupos
españoles: PRISA y Recoletos, que se han
convertido en los dos más importantes
inversionistas de la pasada década, en lo que
consideran el nuevo desembarco, es
decir, la reconquista ibérica del mercado de la
información, la comunicación y el
entretenimiento en América Latina.
Más de 60% de
los contenidos de entretenimiento e informativos
de estas empresas latinoamericanas reproducen y
replican lo generado por las seis grandes
hermanas globales.
Quizá sólo el
Grupo Televisa tiene una capacidad de producción
propia, que la convierte en el consorcio más
importante de habla hispana: 53 mil horas anuales
de programación (entre 2007 y 2008), de las
cuales, 67% se exporta hacia el resto del
continente, Estados Unidos y España (Reporte
F-20 de Televisa ante la Securities Exchange
Commision, 2008).
Sólo el grupo
brasileño O Globo rivaliza con el tamaño
y la expansión de Televisa. El consorcio
multimediático de Roberto Marinho posee 107
emisoras televisivas en su país, pero también
es propietario del periódico de mayor
circulación, O Globo, con un tiraje
promedio de 350 mil ejemplares diarios, y posee
la red radiofónica más grande de Brasil, con 20
emisoras afiliadas.
Sin embargo, la
capacidad exportadora de O Globo es mucho
menor que la de Televisa, en parte por la barrera
idiomática y también por las dimensiones del
mercado brasileño, que permiten al grupo
desarrollarse internamente sin límites y lo
convierten en mercado de autoconsumo.
En exportación
y distribución, el grupo Venevisión, del
venezolano Gustavo Cisneros, es el mayor en
Sudamérica y expande su influencia por conducto
de Caracol Televisión, la empresa colombiana
más grande de medios electrónicos.
Estos grupos
mediáticos tienen algo en común: todos
defienden una agenda conservadora en lo moral,
neoliberal en lo económico, mercantilizada y
santificadora del rating. La creatividad y
la credibilidad no son valores para ellos. Por lo
contrario, han infantilizado a las audiencias
regionales y han sobrexpuesto sus intereses,
poniendo en riesgo su credibilidad. En ciertas
partes de América Latina, esta
involución empieza a provocar
reacciones negativas.
Un estudio
elaborado por el Consejo Nacional de Televisión
de Chile, realizado en mayo de 2007, demuestra
que entre los años 2002 y 2005 el nivel de
insatisfacción de los televidentes por los
contenidos de la pantalla creció de manera
dramática. (1)
Este incremento
coincidió con la apertura de la
televisión chilena a los formatos y contenidos
de los grandes grupos mediáticos mundiales,
incluyendo la sobreexplotación de los nuevos
géneros televisivos, como los talk shows o
los reality shows, modelos de
telerrealidad que algunos críticos
denominan telebasura.
La principal
característica de esos contenidos es la
uniformidad en los contenidos, ya sea en los
programas para las audiencias infantiles, en las
telenovelas, los programas de espectáculos y,
sobre todo, los noticiarios.
Paul Walter,
coautor del estudio del Consejo Nacional de
Televisión de Chile, afirmó que los adultos se
quejan de que los noticiarios contienen poca
variedad y se concentran en la delincuencia y en
los hechos de sangre. La idea de que la
nota roja genera rating ha agotado
parte de las audiencias.
Desafortunadamente,
existen pocos estudios similares en otros países
de América Latina, debido, en buena medida, al
veto de los grandes grupos televisivos para la
creación de instancias autónomas encargadas de
vigilar los contenidos y defender los derechos de
las audiencias.
Este proceso ha
sido particularmente grave en México. Televisa y
TV Azteca han vetado desde 2001 hasta 2009 la
posibilidad de una reforma profunda a la ley de
medios electrónicos que permita la competencia y
la existencia de un organismo de monitoreo
autónomo. Para alcanzar ese propósito, en 2006,
con el beneplácito de la mayoría de diputados y
senadores de todos los partidos, impusieron una
contrarreforma legal, conocida como Ley
Televisa. El escándalo generado por esta
legislación fue enmendado, parcialmente, por la
Suprema Corte de Justicia de la Nación, que
declaró anticonstitucionales aspectos
sustanciales de esta legislación.
Hasta el
momento, no se ha podido aprobar una nueva ley.
Nadie quiere pelearse con Televisa,
afirma el senador Carlos Sotelo, del Partido de
la Revolución Democrática, quien se quedó
aislado en su intento de reforma. Y el ex senador
del Partido Acción Nacional Javier Corral, quien
no ha dejado de insistir en los efectos
perniciosos del monopolio televisivo en México y
la docilidad de la clase política ante este
fenómeno.
Un
mercado estadunidense dominante
De los 20
mercados más grandes en la industria de la
comunicación y entretenimiento a escala mundial,
Estados Unidos concentra más de 40 por ciento de
un total de 1 billón 428 mil 334 millones de
dólares generados anualmente, según el reporte
de 2006 de Pricewaterhouse Coopers (Global
Entertainment and Media Outlook 2006-2010,
junio 2006).
En un lejano
segundo sitio está Japón (107 mil 407 millones
de dólares, mdd), seguido por Gran Bretaña (95
mil 462 mdd), Alemania (82 mil 306 mdd), China
(74 mil 178 mdd), Francia (56 mil 506 mdd),
Italia (41 mil 593 mdd) y Canadá (33 mil 388
mdd).
Los dos únicos
mercados latinoamericanos registrados en esta
lista de los 20 más grandes son Brasil (16 mil
70 mdd) y México (10 mil 911 mdd). En total,
América Latina apenas representa 3.6% del
mercado mediático global.
De esta
actividad, 75% se concentra en las industrias
televisivas, radiofónica y en la edición de
periódicos, tal como apunta Francisco Vidal
Bonifaz, autor del libro Los dueños del poder
(Editorial Planeta, 2008).
De estas
industrias, la televisiva es la que sigue
concentrando el mayor volumen. Entre la
televisión abierta y la restringida se generaron
245 mil millones de dólares en 2006, según las
mismas cifras de Pricewaterhouse, casi la quinta
parte del total. Este segmento ha crecido
anualmente de 7% a 8% en 2008, pero se espera que
en 2011 baje a 6.9%.
En segundo sitio
está la edición de periódicos, que generó 184
mil 45 millones de dólares, y en tercer sitio la
edición de revistas, con 102 mil 5 millones de
dólares. La caída de estos dos últimos
sectores será pronunciada, debido a la crisis.
En 2006 crecieron 3.1% y 3.6%, respectivamente.
En 2008, la edición de periódicos bajó a 0.4%
y se proyecta una caída de 0.3% en 2009. La
edición de revistas disminuyó 1.9% en 2008 y se
prevé una baja de 1.5% en 2009.
Debemos notar
también que en esos grupos los ingresos
dependiendo de la publicidad y el acceso a
Internet, van remplazando paulatinamente
las utilidades de los sectores de radio y cine.
Esta apretada
síntesis de los ingresos generados por cada uno
de los segmentos más importantes en la industria
explica la estructuración multimediática de los
seis grandes corporativos globales.
Prácticamente todos parten de una posición muy
fuerte en la industria televisiva y a partir de
ahí expanden su influencia a otras áreas del infoentretenimiento.
Son los casos de
Time Warner, que pasó del cómic Bugs Bunny al
control de CNN, el emporio informativo de
Atlanta, pasando por la poderosa compañía
productora y distribuidora de televisión HBO y
la empresa de Internet AOL. Time Warner registró
ventas anuales por 44 mil 788 millones de
dólares en 2006, con utilidades por 6 mil 552
millones de dólares, según la revista Fortune,
de su propiedad.
Su división de
televisión por cable tiene 11 millones de
hogares afiliados, HBO cuenta con más de 40
millones de suscriptores en Estados Unidos y una
distribución en 50 países. CNN es visto por 2
mil millones de personas en todo el mundo, al
grado que se ha convertido en la agencia por
antonomasia del imperio estadunidense.
Su revista más
célebre, Time forma parte de un
conglomerado de 150 títulos, cuyo tiraje rebasa
los 170 millones de ejemplares. Entre esas
publicaciones están People, Sports
Illustrated, Life, Fortune, Expansión, Popular
Science.
Si el famoso
conejo del cómic logró construir un emporio,
Mickey Mouse, quintaesencia de la cultura
estadunidense, ha consolidado la segunda
compañía de información y entretenimiento más
grande del mundo: Walt Disney. En 2006 tuvo
ventas por 34 mil 285 millones de dólares y
utilidades por 3 mil 374 millones de dólares.
En Estados
Unidos posee la segunda cadena televisiva
comercial, ABC, más 22 estaciones de radio y 40
sitios de Internet. Entre sus canales de
televisión de paga más célebres están el
deportivo ESPN, así como A&E, Disney
Channel, Lifetime Network. En la
industria cinematográfica posee los estudios
Walt Disney, Touchstone Pictures, Hollywood
Pictures, Miramax Films, Buena Vista Home y
Pixar.
De los
periódicos amarillistas hasta el control
accionario de The Wall Street Journal, el
magnate autraliano Rupert Murdoch ha construido
un imperio anglosajón, de contenido fuertemente
conservador y alineado con las políticas del
gobierno de George W. Bush, con ventas anuales
por 25 mil 327 millones de dólares y ganancias
de 3 mil 253 millones de dólares en 2006.
En televisión
posee la cadena Fox Broadcasting, la tercera más
importante en territorio estadunidense, y es el
amo de la televisión satelital a través de
BSkyb, DirecTV y Foxtel, y la compañía
productora de cine más poderosa: Twentieth
Century Fox y sus derivados en español, en
caricaturas y en deportes.
Viacom-CBS es
por su parte el resultado de la fusión entre la
corporación Viacom, de Summer M. Redstone, y de
la cadena televisiva CBS, la primera en rating
en Estados Unidos, con un producto estrella:
los premios MTV, vistos por una audiencia global
de 480 millones de personas en 25 idiomas.
Controla los estudios Paramount, DreamWorks, Nick
Movies, y tiene la productora de televisión
infantil Nickelodeon, que rivaliza con los
creadores de Bugs Bunny y de Mickey Mouse.
Coherencia
ideológica
Con el amparo de
la gran trasnacional estadunidense General
Electric y del grupo francés Vivendi Universal
Entertainment, el grupo NBC-Vivendi se consolidó
en 2004. NBC Universal se encuentra entre los 10
mayores grupos de comunicación del mundo, con la
cadena NBC, la segunda en audiencia en Estados
Unidos, y Telemundo, asociada con Televisa en
2008, después de una frustrada batalla para
fundar la tercera cadena en México.
Posee los estudios cinematográficos Universal y
los estudios musicales Universal Music.
Por fin, el
consorcio alemán Bertelsmann es el único gran
grupo de capital mayoritariamente europeo, con
170 millones de televidentes de su división RTL
Group. En España posee la cadena Antena 3. Su
área editorial abarca la compañía Random House
Mondadori y los periódicos The Financial
Times y Sächische Zeitung. En la
industria musical, su filial BMG absorbió a Sony
Music.
La
concentración de la industria en pocas manos, la
variedad de los géneros propuestos y la profunda
coherencia ideológica de los contenidos propicia
un control intelectual, moral y social de las
audiencias, es decir, de las sociedades sometidas
permanentemente a un verdadero lavado de
cerebro.
Nadie en la
clase media latinoamericana escapa a la
influencia de las seis grandes desde
que las cableras locales y los sistemas
satelitales Sky y Direct TV han logrado
apoderarse de ese mercado, difundiendo
masivamente sus contenidos e imponiendo el sueño
americano como referencia única de
pensamiento. Sus noticiarios y programas
especiales privilegian la información propiciada
por los mercados, la preocupación
obsesiva por las finanzas personales
y los hobbies y hábitos (inaccesibles
para la mayoría de los televidentes) de la
clase ejecutiva. En complemento,
series inspiradas por el concepto de
telerrealidad, como ER, Desperate
Housewives, Sex and the City, Friends o Los
Soprano, desde entonces moldean los
comportamientos de una parte cada vez más
importante de la población de la región, en
particular la juventud.
La gran masa
latinoamericana que no puede pagar por el
servicio de cable o el satelital, no escapa por
ello a dicho control mental, pues los grandes
emporios multimediáticos de la región que
controlan la televisión abierta (presentes
también en la porción de cable y satelital),
toman localmente el relevo de las seis
grandes.
Dependencia
de la programación extranjera
Si los
personajes de Mariana, El derecho de
nacer o del Chavo del ocho siguen
viéndose en toda América Latina, y las
películas de Cantinflas se transmiten aún en
distintas televisoras del continente, es por la
influencia determinante que Televisa tiene en el
continente, al grado que se ha convertido en la
marca mexicana para la región.
En ninguna otra
parte del mundo una cadena televisiva comercial
posee un nivel de concentración tan grande en su
país de origen como Televisa, que tiene 65% de
las frecuencias de televisión abierta (225
estaciones repetidoras de sus cadenas nacionales
canales 2, 5 y 9 y la metropolitana
del canal 4), 68% de las audiencias (el canal 2
es el más visto en el país), 70% de la
publicidad en medios electrónicos y 58% de la
publicidad en todos los medios.
Por si fuera
poco, controla casi 50 por ciento de la
televisión por cable a través de
Cablevisión y sus recientes adquisiciones de TVI
y Cablemás, y controla 95% de la
televisión satelital, mediante su inversión
mayoritaria (58%) en el sistema Sky.
Su división de
radio, donde Televisa está asociada en
Radiópolis con el Grupo PRISA, controla 17
estaciones. En su informe de 2008 a la
Secretaría de Comunicaciones y Transportes, el
consorcio mexicano define como otros
negocios su reciente incursión en el mundo
de las apuestas, así como en el área editorial
especialmente revistas de
espectáculos, que en conjunto suman entre
4.7% y 6% del total de sus ventas.
Su expansión
hacia América Latina se ha realizado por
conducto de la empresa distribuidora de
contenidos Intermex, con presencia en Chile,
Argentina, Colombia, Panamá, Ecuador y Perú.
Lejos del poder
de Televisa, pero en una segunda posición muy
fuerte en México y en el continente, TV Azteca,
propiedad de Ricardo Salinas Pliego, cuenta con
43 estaciones locales que difunden la señal de
sus dos cadenas nacionales, canales 13 y 7.
Además, es propietaria de Azteca America
Network, cadena televisiva creada en 2001 y
destinada al mercado hispanohablante de Estados
Unidos. En 2001 adquirió el canal 12 de El
Salvador, hasta entonces uno de los pocos
espacios de libertad editorial en ese país.
La dependencia
de la programación extranjera en Televisa y TV
Azteca es fuerte, a pesar de que ambos producen
casi 65 mil horas anuales de televisión (53 mil
de Televisa y 12 mil de TV Azteca). En 2005, 40%
de la programación de ambas compañías fue de
origen foráneo, básicamente de alguno de los
cinco grandes grupos mediáticos de Estados
Unidos.
La dependencia
se acentúa en la televisión de paga, donde
Televisa es dominante. Alrededor de 80 de las 162
señales más vistas en Cablevisión y Sky son
extranjeras.
El grupo
brasileño OGlobo es el más grande de
Sudamérica, aunque su influencia se concentra
fundamentalmente en su país de origen. Posee la
Rede Globo, con 107 emisoras de televisión que
alcanzan una cobertura de 90 por ciento del
territorio brasileño. El grupo es propietario
del periódico de mayor circulación OGlobo
y posee 20 emisoras radiofónicas afiliadas a
la Central Brasil de Noticias (CBN). Su
expansión internacional se ha realizado por
conducto de TV Globo Internacional.
Los dos grupos
que concentran la mayoría de la industria
multimediática sudamericana de habla española
son el argentino Clarín y el venezolano
Venevisión, ambos han tenido una gran
expansión.
El Grupo Clarín
es una compañía holding que creció en
torno a su principal producto: el periódico del
mismo nombre, cuya circulación promedio es de
553 mil ejemplares diarios. Se asoció con el
diario La Nación, de Buenos Aires, y con
el grupo español Vocento para fundar la
Compañía Inversora en Medios de Comunicación,
propietaria de los principales periódicos de las
grandes ciudades argentinas.
En el sector
audiovisual, el grupo controla el Canal 13 y,
asociado con Disney y la española Telefónica,
creó la empresa cinematográfica Patagonik Film
Group. Su expansión hacia otros países se ha
realizado por conducto de Multicanal, un operador
de televisión por cable con cerca de 1.5
millones de afiliados en Uruguay, Paraguay y la
propia Argentina.
En Venezuela, el
grupo dominante está encabezado por Gustavo
Cisneros, propietario de Venevisión, la única
cadena latinoamericana que rivaliza con Televisa
en producción de telenovelas en español. El
grupo posee Venevisión Internacional, compañía
de entretenimiento, y Venevisión Continental,
red de televisión de pago con programas de
Caracol, de Colombia, así como Chilevisión y
Univisión.
El imperio
mediático de Cisneros es uno de los más grandes
a escala continental. Fue socio, junto con la
familia Azcárraga, de Univisión, la cadena
televisiva de habla hispana más grande de
Estados Unidos, es accionista de Imagen
Satelital, de Argentina, y Playboy TV
Internacional, y en 1995 se asoció con AOL, el
principal proveedor de Internet en la región, y
con Hughes Electronics, para crear DirecTV
Latinoamérica, empresa de televisión
restringida con presencia en 28 países.
Todos los
gobiernos progresistas de Sudamérica han
sufrido, en mayor o menor medida, el embate de
los grandes grupos televisivos estadunidenses o
regionales: CNN en español, Venevisión y las
televisoras mexicanas no escondieron su simpatía
por la oposición venezolana que terminó
organizando un golpe de Estado contra Hugo
Chávez.
Desde hace
algunos meses, CNN y el grupo Clarín abren su
antena de manera desproporcionada a los líderes
el agro argentino en su lucha contra el gobierno
de Cristina Fernández.
Surge
un fantasma
La misma
concentración, la misma desinformación afecta a
América Central, aunque de manera solapada.
Fenómeno poco estudiado y documentado es el caso
de Remigio Ángel González González, el
enigmático empresario mexicano, oriundo de
Monterrey, que se ha convertido en uno de los
grandes inversionistas de la televisión
centroamericana y de la zona andina.
Con el auspicio
de las dictaduras militares en la región durante
la década de los 80, Remigio González, mejor
conocido como El Fantasma, se convirtió
en propietario de cuatro de los cinco canales de
televisión abierta en Guatemala, posee una red
de dos canales en Nicaragua, tres en Costa Rica,
dos en Ecuador, dos en Perú, dos en Paraguay y,
en 2007, adquirió el canal 9 de Argentina,
provocando una airada protesta de los
trabajadores.
El Fantasma hizo
grandes negocios de la nada, a partir del
broadcasting distribución y venta de
películas y telenovelas, la mayoría producidas
por Televisa, por medio de un sistema
conocido como empaquetamiento, que le
permite difundir un mismo producto en todos sus
canales.
Ángel González
no figura públicamente en ninguna de sus
empresas, para evadir cualquier responsabilidad
fiscal y política en sus canales de televisión.
En enero de
2008, la Unión Nacional de Trabajadores de
Prensa de Buenos Aires lo acusó de aplicar
métodos utilizados durante la dictadura
militar, al censurar, despedir, filmar, encerrar
e impedir que actúen libremente los delegados
(sindicales) de la emisora.
El actual
dueño de canal 9, de ser un simple vendedor de
publicidad y de programas de televisión de los
canales mexicanos, se ha convertido, en dos
décadas, en un magnate de los medios, comprando
la mayoría de ellos en América Central,
abundó la unión gremial.
Organismos como
Reporteros sin Fronteras, la Sociedad
Interamericana de Prensa y la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos han acusado a El
Fantasma de tener el control de
monopolios disfrazados de radio y
televisión, y de no respetar la libertad de
expresión. La revista Fortune calculó su
fortuna en 2 mil millones de dólares.
El
empaquetamiento promovido por El
Fantasma y su compra de medios al sur de
México prolonga en América Central y en la
región andina el control de los
espíritus ejercido por las seis
grandes hermanas y los emporios mexicanos.
___
1) En 1999, 43.4% de los
ciudadanos encuestados opinaba que los contenidos
televisivos le gustaban poco o nada.
En 2002, este porcentaje se elevó a 44.7%. En
2005, se incrementó a 58.8%.
*
Jenaro Villamil es reportero del
semanario mexicano Proceso y colaborador de SdP. Este texto lo publicó
en Le
Monde Diplomatique México de mayo de 2009
y se reproduce con autorización expresa del
autor.
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