Reseña
Cómo
los medios ocultan el mundo
Sandra
Russo *
Este
nuevo libro de Pascual Serrano establece de modo
definitivo, con un catálogo estremecedor de
hechos, la prueba del ADN de que los medios
desinforman. La frase es de Ignacio
Ramonet, quien prologa Desinformación. Cómo
los medios ocultan el mundo, que acaba de
ser publicado en España. Ramonet es ese francés
un poco respingado de Le Monde Diplomatique,
a quien a su vez el propio Pascual Serrano admira
porque le atribuye la noción de
pensamiento único. Fue una frase que
Ramonet usó en un Foro Social, y que prendió en
todo el mundo para nombrar algo que todavía,
antes de ser detectado y pasado a discurso,
circulaba camuflado en el agua del neoliberalismo
de los 90.
Pascual Serrano
-me gustaría presentarlo- es uno de los
directores del periódico digital Rebelión,
en el que diariamente se pueden leer algunos de
los mejores artículos de política exterior y
derechos humanos de todo el mundo. Y Pascual
tiene una especialidad, una especificidad como
intelectual de izquierda, y es detectar la trampa
del poder en el lenguaje periodístico. Tiene un
ojo entrenado como he visto pocos y una solidez
admirable para transmitir sus hallazgos
semánticos en textos breves que desvisten
títulos, ediciones, formas de expresión, fotos,
secuencias de información.
De eso se trata
su nuevo libro, pero lo que es verdaderamente
nuevo y necesario es el enfoque del trabajo de
Serrano. Porque vivimos un tiempo en el que los
circuitos de la información se han llenado de
dinero. La información ya no es sólo poder,
sino capacidad económica para escindir el poder
de la política. La libertad de la economía para
subordinar a la política a sus intereses
específicos es la libertad central que se
defiende en el coloquio al que fueron a hablar
los Vargas Llosa.
Pero
precisamente a propósito de sus presuntas
detenciones o retenciones en el aeropuerto, que
no fueron más que trámites migratorios largos,
y del operativo mediático increíble que se
montó en la Argentina, donde el aire
preelectoral es el cultivo en el que crecen los
hongos informativos, es oportuno hacer pie en el
trabajo de Serrano. En el mundo del capitalismo
globalizado, la información que circula por los
grandes medios construye diariamente un mundo
paralelo a su antojo, hundiendo a los
espectadores, oyentes y lectores en los velos de
ese mundo paralelo, en el que fue detenido Mario
Vargas Llosa al llegar a Venezuela. Eso jamás
ocurrió, pero es lo de menos. Se monta la
estantería mediática de los hechos y se pone a
hablar a todo el mundo como si lo que no ocurrió
hubiera ocurrido, y después sólo se debe
repetir las declaraciones: una ficción está
siendo consumida como información.
La semana
pasada, Serrano publicó un artículo en el que
afirma que sólo se puede llegar a la
conclusión de que en Venezuela hay un empresario
de apellido Chávez que compra bancos. Para los
medios no es que el Estado venezolano haya
comprado el Banco de Santander, ha sido Chávez
quien ha sacado los millones de su bolsillo y se
lo ha quedado. Es curiosa la sintonía de todos
los medios: Agencia AFP: Grupo Santander vende a
Chávez el Banco de Venezuela por 1050 millones
de dólares, El Mundo: Santander vende a
Chávez su filial en Venezuela por 750 millones,
EFE en Heraldo de Soria: El Santander
acuerda la venta del Banco de Venezuela a
Chávez, RTVE: El Santander vende a Chávez su
filial en Venezuela por 750 millones, El
País: El Santander vende su filial
venezolana a Chávez por 750 millones. Y, por si
no fuera poco, El Mundo llega a titular
Chávez se convierte en el primer banquero de
Venezuela.
Los medios
sustraen al Estado venezolano del escenario
significante. Atribuyéndole a Chávez un
personalismo propio de la presunta dictadura que
describen, son los propios medios los que se
niegan a entrar en la lógica de un Estado
democrático y soberano. En El País
del día siguiente, ya ni siquiera Chávez compra
el banco, se lo entregan: El Santander
entrega el Banco de Venezuela a Chávez por 755
millones.
Quizá sea
necesaria esta manipulación informativa del
proceso venezolano, ya que lo que está haciendo
el gobierno de Chávez es lo mismo que hacen
otros gobiernos. Por eso debe ser narrado de otra
manera. Los estados están comprando
acciones de los bancos, es decir, nacionalizando.
Medio año antes, Bush anunció la compra de
acciones en nueve de los mayores bancos del país
por un total de 250.000 millones de dólares.
Claro que, entonces, el dueño ya no era el
presidente, por eso titulaban EE.UU. negocia la
nacionalización de hasta el 40 por ciento de
Citigroup (El País 22-2-2009) o EE.UU.
baraja nacionalizar parte de la banca (Público
9-20-2008). No publicaban que Obama negocia la
compra o Bush baraja comprar.
El objetivo
preciso, discursivo, es evitar la
asociación entre Hugo Chávez como legítimo
representante de los venezolanos y convertir las
decisiones de su gobierno en iniciativas
personales y, si es posible, que las audiencias
crean que el banco se lo queda Chávez para
él. Un ejemplo, apenas, del mundo paralelo
que crean los medios, para no responder por el
mundo que ocultan.
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Sandra Russo es
periodista argentina del diario Página/12, donde publicó este artículo el
pasado 30 de mayo.
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