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A R T I C U L O S
Nuestro
Mario Benedetti
Daniel
Viglietti *
Ante
la pérdida de nuestro Mario Benedetti
estamos todos consternados, como
escribía él cuando la muerte del Che.
Nos quedamos sin Mario, pero su pluma nos
deja el alma llena de versos sencillos,
sencillos en la altura, como aquéllos
del cubano José Martí que él tanto
admiraba. Y nos deja ramas del mismo
árbol fecundo, la novela, el cuento, el
ensayo, la obra teatral, el periodismo,
la canción. Una pluma mágica y
multifacética que generó, sin
premeditación, desde todos esos
géneros, modelos de conducta, un rigor
ético equilibrado con la belleza de lo
estético. Como se sabe, ética cabe
dentro de la palabra estética, eso nos
lo demostró Mario desde su creación.
Imposible
separar al Benedetti persona de la obra generada,
de la página nacida. En ese sentido, Mario es
una unidad dialéctica difícil de encontrar en
otros territorios de lo cultural.
Todos sabemos
que era un ser ejemplar en su modestia, en su
auténtica sencillez, en su valiente ternura, en
su solidaridad.
Mario no
necesita que lo idealicemos porque es un ideal en
sí mismo, toda su obra está tocada por un
horizonte utópico en que el arriba se inquieta y
el abajo se mueve indócil.
Desde su
coherencia nos ha enseñado cómo el humor puede
ser fértil, cómo el amor y la lucha pueden ser
cómplices, cómo la confianza en el hombre, en
el otro, en la otra, tiene que anteponerse a toda
desconfianza. El creía en el prójimo sin
necesidad de mayores pruebas. Creía, sin
laberintos, en los otros y los traía cerca. A
nadie le cabe duda de que, como en su poema,
defendía la alegría a ultranza. Construía
puentes de alegría para oponerse a la tristeza y
a la muerte. Era un extremista del optimismo y de
la esperanza, sin dejar de lado un agudo sentido
crítico y una profunda preocupación por la
gente. Un hombre, ya lo dijimos, de una modestia
ejemplar, que su amigo Eduardo Galeano explica
diciendo que Mario Benedetti no se daba cuenta de
que era Mario Benedetti.
Los ríos de
gente manifestaron su enorme cariño hacia Mario.
Fue emocionante ver las largas filas de personas
de diferentes generaciones y clases sociales,
todo un pueblo subiendo las escaleras de entrada
al Palacio Legislativo, llegando hasta las
cercanías del cuerpo sin vida del poeta. ¿Sin
vida? Su admirado César Vallejo decía:
Tanto amor y no poder nada contra la
muerte. Sin embargo, Mario logra sobrevivir
en los demás por lo que ha pensado, por lo que
ha escrito. Por lo que ha amado: recordemos a
Luz, su compañera de toda una vida, tras cuya
muerte Mario empezó a irse de a poquito. Por el
cariño hacia su hermano Raúl, a quien tanto
protegió siempre. Por la cantidad de amigos que
fue abrazando aquí y en tierras lejanas.
Sobrevive en los
demás también por su compromiso en la lucha
política, antes y durante los años de plomo,
cuando entre sus amigos contaba al paso del
tiempo con Raúl Sendic, Zelmar Michelini, Líber
Seregni.
Su permanente
lucha contra la injusticia y la impunidad se
manifestó recientemente en su solidaridad con
familiares de detenidos-desaparecidos y su apoyo
a la campaña por la anulación de la ley de
caducidad.
Mario, como
persona, se hacía querer con su rostro tierno,
su bigote y jopo invencibles, su mirada limpia,
su sonrisa que aun en medio de estos períodos de
enfermedad afloraba, consolando o agradeciendo a
Ariel, su leal secretario, y a los fieles,
trabajadoras y trabajadores, que lo cuidaban sin
falla.
Déjenme decir
que he perdido a un amigo esencial que mucho me
enseñó sobre la vida, sobre el arte, sobre la
pasión del cambio. Un ser generoso como pocos.
En lo cotidiano tendremos que acostumbrarnos a
encontrar, en el recuerdo de su amistad, la
fuerza y la calidez de su palabra.
*
Daniel Viglietti
es compositor y cantante uruguayo, uno de los
intérpretes más conocidos del poeta Mario
Benedetti. Este texto lo publicó en el diario
argentino Página/12.
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