Elector
salvadoreño:
entre desencantos, castigos y reconocimientos
Mario
Alfredo Cantarero *
El
comportamiento político de los salvadoreños no
es fácil de entender desde perspectivas
simplistas y dogmáticas. Me distancio de
aquellos creyentes de que los salvadoreños son
ingenuos en su pensamiento y acción políticos,
al dejarse manipular por las estrategias de
marketing utilizadas por los partidos políticos
y por la algarabía de los medios informativos.
Creo en la
complejidad de las ideas, actitudes y acciones
políticas de los salvadoreños, y reconozco que
están en pleno proceso de maduración, al que,
sin duda, favorecen los medios de comunicación
social a través de espacios serios de debate
político y por medio de información noticiosa
honesta y bien fundamentada sobre los
acontecimientos.
Pero
esencialmente el comportamiento del elector se
explica por la imagen desfavorable que tiene del
quehacer político y las experiencias negativas
que vivencia día con día.
Los hechos se
filtran a través de la diversidad de medios de
comunicación (mediáticos, interpersonales y
experienciales), a pesar de que muchas veces se
hacen intentos por ocultar todos sus rostros en
la información noticiosa en los medios masivos,
por presiones de grupos de poder interesados en
vetar datos significativos de los
acontecimientos. Por un proceso complejo del paso
de la información en la memoria de los
ciudadanos, en donde cada una de las personas se
expone, analiza, interpreta, acepta o rechaza la
información sobre los hechos y los guarda en sus
memoria de largo plazo, y en el momento oportuno
la utiliza para premiar, castigar o abrigar
esperanzas por algún candidato, partido o una
oferta política.
Asimismo, la
información utilizada por el elector proviene de
diferentes fuentes: medios de comunicación
masivos y las relaciones interpersonales con sus
amigos, compañeros de trabajo, vecinos, líderes
de opinión, los padres, etc.
Esta
información la contrasta con la información que
obtiene de su propia experiencia. Probablemente ésta es la
fuente de información más decisiva en la
formación de la imagen que los electores tienen
de un candidato o partido político.
Esta fuente
proporciona una información de primera mano,
aunque es cierto que su influencia y su uso
pueden estar mediatizados por los medios de
comunicación masivos o por las relaciones
interpersonales.
Con base en esa
información procesada y registrada en su
memoria, los salvadoreños configuran una actitud
política de confianza o desconfianza hacia los
partidos políticos y la forma de hacer política
en nuestro país.
Pero esta
actitud política no se construye de la noche a
la mañana, en una campaña electoral de tres
meses, sino a lo largo de períodos bastante
largos, como en uno o varios períodos de
gobierno.
En períodos
electorales, los ciudadanos, haciendo uso de la
sabiduría dada por toda la información
registrada en todo un período de gobierno, saben
de sus opciones: entienden perfectamente por
quién hay que votar y cómo distribuir el poder
entre los organismos políticos.
Este
comportamiento político se puede ilustrar en la
siguiente ecuación:
Promesas
políticas + Acciones de políticos en uno o
varios períodos de gobierno
Vivencias y afectaciones en ese período.
La opción
política del ciudadano es el resultado de un
proceso cognitivo y pragmático, el cual se
sintetiza la información preveniente de los
discursos dados durante la campaña electoral, de
todas las acciones políticas significativas del
gobierno y de la forma como le han venido
impactando esas acciones en su vida diaria.
De acuerdo a
cómo lo haya beneficiado o afectado, así
tomará decisiones a favor o en contra de un
partido. Cuando las decisiones lo han afectado
negativamente, obviamente optará por un partido
de la oposición, en el que abriga sus esperanzas
de este tomará medidas futuras que lo
beneficiarán.
Esta ecuación
pone en entredicho el poder omnipotente de la
comunicación publicitaria desplegada a través
de los medios de comunicación masiva. Es decir
parece que los millonarios despliegues de
publicidad política de los partidos
contrincantes tiene una limitada capacidad de
definir las opciones de voto en las campañas
electorales oficiales.
De acuerdo con
este planteamiento, el despliegue publicitario en
períodos electorales a través de todos los
medios propagandísticos solamente sirve para
avivar o florecer aquellas opciones políticas
que se conformaron a lo largo de un período de
gobierno.
Sin embargo, en
el caso periodístico, se reconoce que estos
medios con políticas informativas atinadas sobre
el tratamiento de los procesos electorales pueden
favorecer el crecimiento de la democracia
salvadoreña.
En esta
perspectiva, con el uso de estrategias
periodísticas que vayan encaminadas a proveer
mayor y mejor información a los electores, los
medios informativos apoyarán cognitivamente a
los electores para que puedan optar por el
partido y los candidatos más pertinente para el
país.
Desencanto
ciudadano: crisis de representación
En los últimos
50 años de vida política en El Salvador se ha
generalizado un desencanto de la sociedad
respecto de los partidos y el estilo de hacer
política. Se vivencia, se respira en la
cotidianidad. Se trata de una crisis de
representación entre la sociedad política y la
llamada sociedad civil.
Los
salvadoreños no apoyan significativamente a la
institucionalidad del sistema político, ni creen
en la honestidad y en la vocación por el
interés público de los principales actores del
sistema, sino que explican los discursos y
acciones de los partidos políticos como un
pleito de carácter estrictamente personal y
vinculado a los intereses económicos personales
y a los intereses de los grupos a los que
pertenecen.
En los buses y
en los espacios públicos, popularmente se cree
que la angustia de los políticos por los curules
o las alcaldías no es por servir a la
población, sino para servirse de ella. Más que
buscar el bien común de los salvadoreños,
tienden a garantizarse un puesto en un
changarro, en donde podrán hacerse
de dinero o para comprar su casita y vivir bien
por el resto de sus vidas.
Por otra parte,
en este mismo contexto de incredulidad, las
mismas organizaciones de la sociedad civil, tal
como el movimiento sindical, enfrentan
cuestionamientos profundos respecto de la
representación de sus agremiados o potenciales
representados.
Además, la
población, al contrastar el discurso político
con la vivencia diaria, percibe su entorno
inmediato (problemas cotidianos y expectativas)
como distante del manejo de la cosa pública o el
debate político.
Esto,
precisamente, porque sus problemas concretos de
sobrevivencia y de seguridad no son abordados con
propiedad y seriedad, ni siquiera hay señales de
que los políticos los hagan suyos y trabajen por
ellos.
Debates
políticos, una comunicación potable
En épocas
pasadas, en nuestro país se imponía un sistema
de intolerancia e imposición como único
mecanismo político, en el que no cabían otras
posibilidades políticas ni comunicativas.
Se han impuesto
gobiernos, partidos y contenidos en los medios de
comunicación, que ha generado a lo largo de
décadas una actitud de desconfianza y
displicencia de los ciudadanos trabajadores y
honestos de este país.
Al término del
año 2008, los medios de comunicación masivos,
comandados por la televisión, han abordado el
hecho político electoral no sólo a través de
la noticia generalista de actualidad, sino por
medio de debates públicos.
En este ambiente
de desconfianza generalizado, la población
salvadoreña ve al mecanismo del debate público
como: a) un nuevo esquema de participación de
los políticos en la política nacional, y b) un
intento de articular la política del partido con
la sociedad civil.
Los candidatos
de los diferentes partidos políticos a las
alcaldías de los municipios y cabeceras
departamentales más importantes han debatido a
través de canales de televisión más fuertes de
la televisión salvadoreña, como son canal 33,
canal 21 y los canales de la Telecorporación
Salvadoreña TCS).
La realización
de estos debates públicos generalmente se ha
hecho con una organización bastante bien cuidada
y con el aporte de algunos de los intelectuales
salvadoreños más conocidos, que representan
diferentes tendencias políticas.
Además, los
canales de televisión y las radioemisoras han
abundado en entrevistas informativas, en donde
los candidatos y los secretarios generales de los
partidos han tenido la oportunidad de ser
interpelados por los entrevistadores acerca de
las propuestas electorales.
La idea de los
debates públicos no es nueva, porque
Organizaciones No Gubernamentales ya en las
elecciones presidenciales del año 1999 tomaron
la iniciativa, al exigir públicamente la
realización de un debate entre los entonces
candidatos Francisco Flores y Facundo Guardado.
Esta actitud de
hagamos mejor las cosas responde a
todo un clima entre los medios de comunicación
social y la conveniente apertura de los
políticos de aprovechar los espacios
mediáticos, todos motivados por las exigencias
de la opinión pública salvadoreña, que cada
vez está demandando más y mejor información.
Sin duda,
asistimos a un fenómenos de reconocimiento y
toma de conciencia de los políticos de que hay
que actuar de una forma más verosímil y
novedosa ante los diversos sectores de la
población, que ya no se les puede dar atole con
el dedo, como lo expresa ese más del 30% de
indecisos, desconfiados e incrédulos
interrogados por las encuestas realizadas en los
últimos meses.
Con la
incorporación de formatos periodísticos como el
debate, presenciamos un elemento de instauración
democrática en nuestro país. Esto es loable
porque representa un paso significativo en la
transformación democrática.
Se dice
instauración, porque nunca en nuestro país ha
sido tradición el debate abierto y permanente
entre los candidatos de los diferentes partidos
en la contienda a través de la televisión.
Ahora se ha palpado mayor seriedad e interés
tanto de los medios de comunicación
masivos como de los políticos participantes- por
debatir públicamente, por lo menos entre los que
aspiran a gobernar las alcaldías o los que
desean ser diputados. Porque el debate entre
candidatos a la presidencia, será posible tal
vez en 2014.
* Mario
Alfredo Cantarero
es profesor e investigador de la Universidad
Francisco Gavidia, Facultad de Ciencias
Económicas, en El Salvador. Es colaborador de SdP.
|