El
periodismo literario
(o
la novela de no ficción)
Anuar
Saad Saad *
Esta
corriente bautizada por unos como "nuevo
periodismo", llamada por otros
"para-periodismo" o, por los más,
"periodismo literario", se ha venido
gestando a lo largo del siglo, ahora cada vez
más marcada la tendencia ante la necesidad de
ofrecer mayor calidad y variantes frente a la
diversidad cultural de medios.
Lo que sí es
evidente es que la conjunción del lenguaje
periodístico, literario y científico, cada vez
se estrecha más, porque el buen periodista -por
ende, el buen periódico- tiende a recurrir a
tales recursos para ofrecer un trabajo de
excelente factura. Pruebas de ello han sido desde
Jack London y John Reed, hasta Gabriel García
Márquez, Vicente Leñero, Cristina Pacheco, Alma
Guillermoprieto y un creciente número de
periodistas-escritores-investigadores que nos han
ofrecido trabajos maravillosos. Ese es el futuro
inmediato -el mejor- del periodismo, el que
deberíamos exigir, el que deberíamos hacer y
enseñar.
John McPhee,
veterano periodista estadunidense, en un certero
epígrafe en el prólogo a Periodistas
literarios, del reconocido escritor Norman
Simms, apunta que "las cosas que son
vulgares y chillonas en la novela, funcionan
maravillosamente en el periodismo, porque son
ciertas. Por eso hay que tener cuidado de no
compendiarlas, porque se trata del poder
fundamental que uno tiene en sus manos. Hay que
disponerlo y presentarlo. Hay en ello mucho de
habilidad artística. Pero no se debe
inventar".
En Colombia, los
periódicos más influyentes -El Tiempo, El
Espectador y El Colombiano, están
trabajando este tipo de periodismo expresado en
géneros como el reportaje y la crónica.
Periódicos de
provincia como El Heraldo, El Universal
y La Tarde, también lo hacen, aunque muy
tímidamente, tal vez por aprovechar más espacio
para mayor cantidad de información. Sería bueno
entonces entrar a sopesar si el lector quiere en
realidad más cantidad de noticias, o
información de mejor calidad. ¿Será mejor más
cantidad que una prosa bien escrita, un diálogo
bien narrado, un personaje correctamente
perfilado, en fin, una historia bien contada? De
eso trata el "nuevo periodismo" y, con
más profundidad y alcance, lo recoge el
"periodismo literario". Revistas en
Colombia como Semana y Cambio
recurren frecuentemente a esta clase de géneros.
Tras el
terremoto que sacudió al Eje Cafetero colombiano
el 25 de enero de 1999, escritores como Germán
Santamaría lograron conmover a los lectores con
impecables narraciones (¿crónicas o
reportajes?) que destacaron el adecuado uso del
periodismo literario. Narran a través de los
ojos de personajes que se convierten, como en una
película cinematográfica, en el eje central del
relato. Crean y recrean situaciones contadas
detalle a detalle, con precisión y dinamismo.
No olvidemos la
importancia histórica que el cine ha tenido en
la prosa escrita. El género cinematográfico
descubrió una nueva forma de narrar las
historias y, en el periodismo, esto se puede
hacer a la perfección a través del reportaje
literario.
Periodistas como
Truman Capote, Tom Wolf, John McPhee, Gabriel
García Márquez, Germán Santamarìa, Germán
Castro Caicedo, Alma Guillermoprieto, entre
muchos, han hecho -siguen haciendo- literatura o
novelas de no ficción, basándose en hechos
reales y noticiosos.
Es indudable,
pues, que los géneros periodísticos que aceptan
de manera natural la simbiosis
literatura-periodismo se dan también en la
entrevista y el ensayo.
Precisamente,
estos géneros dan como resultado una cierta
ambigüedad estilística a simple vista, pero en
el fondo cada expresión logra identificarse
cuando lo periodístico recurre exclusivamente a
lo noticioso como base primordial, abordado en
cualquiera de sus géneros (de opinión o
informativos). La literatura en cambio, tiene la
ventaja de que puede fantasear sin menoscabo
necesariamente de lo realístico.
García Márquez
pudo realizar una excelente investigación para
su novela-reportaje Noticia de un secuestro,
pero bien se pudo tomar libertades en su
apreciación de los hechos y hasta imaginarse
aquellos aspectos de la vida de los protagonistas
que no pudo registrar verídicamente.
El periodismo
intenta ser lo más fiel a los hechos, mientras
que la literatura puede desprenderse de esta
exigencia en nombre de la estética. Como sea,
las dos expresiones, literatura-periodismo, son
admirablemente aprovechadas para causar el mayor
impacto en los lectores.
Dentro de este
mismo orden de ideas, es necesario aclarar que
con insistencia se dice entre el círculo de
escritores y periodistas latinoamericanos que la
frontera entre el periodismo y la literatura se
hace cada vez más difusa. Se está llegando al
punto en el que la literatura se toma al
periodismo y viceversa. El punto de partida de
esta simbiosis es la magistral novela A Sangre
Fría, de Truman Capote, quien sólo atinó a
calificar su obra como "una novela de no
ficción", sin imaginarse que acuñaba un
concepto utilizado hoy por
escritores-periodistas. Ejemplo de ello es la
novela de Germán Castro Caicedo, La muerte de
Giaccomo Turra, basada en el supuesto
asesinato de un joven turista italiano a manos de
las autoridades colombianas. Ese libro es un
compendio cronológico de datos, hechos,
testimonios, citas, peritazgo judicial,
confrontaciones, etcétera, en torno al hecho.
Particularmente, considero a este libro como un
amplio reportaje. No lo catalogo, sin embargo,
como periodismo literario, a pesar del juego con
el tiempo y el transcurrir de los hechos, porque
el lenguaje es frío, escueto y sin color. Sin
embargo, aquí no hay ficción. Caso distinto el
célebre reportaje de Gabito, "Caracas sin
agua", en el que sin duda se difuminan las
fronteras entre lo real y lo imaginario.
Sin embargo, el
relato periodístico tradicional y el aplicado al
periodismo literario tienen el mismo objetivo:
informar. Cualquier género que persiga esa meta,
así sea escrito con gran estilo y afectación
literaria, es periodismo antes que nada.
Sobre el punto
de la ambigüedad al recrear atmósferas,
situaciones y artilugios estilísticos en el
trabajo informativo, ya esto forma parte del
estilo, pero también de los objetivos planteados
por el autor. No podemos criticar ni negar la
posibilidad al literato de sustentar su ficción
en hechos reales, como tampoco negarle al
periodista el uso de las mejores herramientas
literarias para hacer más efectivo su trabajo.
Mientras que éste no falte a su responsabilidad
de informar con la verdad, puede escribir lo más
ricamente que pueda. De hecho, un periodismo
así, debe agradecerse.
Ahora bien, no
lo olvidemos, el periodismo se divide en dos
grandes ramas: informativa y de opinión; de la
primera hay géneros que no admiten tantas
licencias: la columna y el editorial, por
ejemplo.
¿Y la
literatura? Esta es la más grande forma acabada
de expresión, y simplemente echará mano de todo
aquello que le sirva para sus propósitos.
Incluso, recreando la realidad.
Norman Simms
apunta en uno de los párrafos del prólogo de su
libro Periodistas Literarios que
"...al contrario de los novelistas, los
periodistas literarios deben ser exactos. A los
personajes del periodismo literario se les debe
dar vida en el papel, exactamente como en la
novela, pero sus sensaciones y momentos
dramáticos tienen un poder especial porque
sabemos que sus historias son verdaderas. La
calidad literaria de estas obras proviene del
choque de dos mundos, de una confrontación con
los símbolos con otra cultura real. Las fuerzas
esenciales del periodismo literario residen en la
inmersión, la voz, la exactitud y el
simbolismo."
En el proceso de
inmersión, el periodista tiene que ser capaz de
conocer un cúmulo de cosas, vivirlas, sentirlas,
detallarlas, para escribir de ellas, así sólo
sea un pequeño párrafo. Cada línea tiene que
dar la sensación inequívoca de conocimiento del
tema y cada palabra, signo de puntuación,
diálogo y párrafo, debe estar matizado con gran
estilo y pulcritud.
El periodista
literario no escatima en tiempo. Gasta el que sea
necesario para que el proceso de inmersión sea
un éxito. Él sabe que de ese proceso depende en
gran medida la aceptación de sus escritos. Así
como un reportaje literario, derivado de una
noticia o hecho sucedido, puede documentarse,
preparase y redactarse en tres semanas, también
existen aquellas historias de las que casi todo
el mundo sabe que existen, pero de las que nadie
habla, porque se conocen muy poco. Muchas de
ellas son del diario vivir. De oficios,
profesiones, luchas, heroísmo, hazañas,
sufrimiento, triunfos, terruño, naturaleza,
ecología, conflictos, en fin, hay tantos como
temas puede tener una película de ficción...
pero sabiendo que lo nuestro es la pura realidad.
Una historia
verdadera bien contada superará con creces a un
relato fantasioso de literatura pura. Es fácil
contar cosas imaginarias. No lo es narrarlas en
detalle, con vivacidad y colorido, pero sin
perdernos jamás de la realidad.
Por ello, el
segundo aspecto predominante en la técnica de
periodismo literario es la exactitud.
Debemos tener en
cuenta que vivimos en una sociedad en la que los
estudiantes aprenden que hay dos clases de
escritura: la de ficción y el periodismo, y este
último está encasillado en que su prosa, por lo
general fría, insensible, opaca y nada emotiva.
De ahí que hacer periodismo literario no es un
trabajo sencillo, porque, como bien dice Simms,
asumimos que lo que leemos como ficción
necesariamente debe ser ficción.
Pero el
periodismo literario nos impone el reto de que lo
que escribimos al mejor estilo de novela de
ficción sean hechos reales, ciertos y
verificables. Tal como la noticia, pero mejor
concebida, escrita, analizada e interpretada,
teniendo como base fuentes reales, personas
reales que han dado un testimonio real. Lo que
marca la diferencia es el estilo en que el
periodista literario cuenta esa historia y matiza
ese diálogo.
El tercer gran
aspecto dentro de la metodología que encierra el
trabajo de los periodistas literarios se refiere
a la voz.
Una vieja
polémica, que parece que aun no tiene fin, gira
en torno a si lo más conveniente en esta clase
de relatos es usar la narración en primera
persona. Lo más recomendable es que la misma
temática del trabajo sea la que condicione en
qué persona será narrada la misma.
Muchas veces el
inmiscuirse dentro de una historia la hace más
emotiva y refleja más conocimiento del tema por
parte del autor. Lo hace ejemplificante porque
forma parte de las vivencias que se narran en el
trabajo periodístico. Sin embargo, hay otras
ocasiones en que la tercera persona es la
adecuada para llevar el ritmo del relato. No se
deben fijar reglas rígidas sobre esto. Más
bien, cada escritor debe recurrir al buen uso de
su sentido común.
El periodista
Mark Kramer, comentando sobre ese tema, afirmaba
que "la introducción de la voz personal le
permite al escritor oponer un mundo a otro, jugar
con la ironía. El escritor puede asumir una
postura, decir cosas que no se propone decir,
implicar cosas no dichas. La voz que admite el
yo puede ser un gran don para los
lectores. Permite la calidez, la preocupación,
la compasión, la adulación, la imperfección
compartida...".
Por último,
pero no menos importante, el periodismo literario
debe ser hecho con responsabilidad -al igual que
cualquiera de los otros géneros-. No por querer
que una historia sea como imaginamos, ésta
deberá por obligación ser así. No olvidemos
jamás el aleccionador ejemplo de la periodista
del Washington Post, Janet Cook, quien
alentada por pistas y rumores falsos creó en su
mente una historia maravillosa que, al
comprobarla, resultó ser totalmente falsa. Al
sentir que se le escapaba la historia de su vida,
decidió asumirla como real, lo que le dejó a
ella y a su periódico nefastas consecuencias.
Nuestras
historias, antes que bien contadas, deben ser
ciertas. Debemos asumirlas con responsabilidad y
jamás perder de vista que nuestro deber de
periodistas para con la comunidad es el de
informar en una forma clara y veraz, sin importar
su estilo.
*
Anuar Saad Saad es
director del Centro de Publicaciones de la Universidad Autónoma
del Caribe en Barranquilla,
Colombia, y catedrático de Redacción
Periodística II, III y IV de la Facultad de
Comunicación Social. Se desempeñó durante
siete años como jefe de redacción del diario El Heraldo. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.
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