Objeto,
sujeto y contenido de
la autorregulación periodística
Gerardo
Albarrán de Alba *
La
ética no se enseña, se construye.
En el plano
individual, el proceso inicia con la asimilación
de valores morales que cada quien recibe en el
ámbito familiar. La socialización temprana nos
permite contrastarlos con la realidad de nuestro
entorno particular. Así, desde esos primeros
momentos, toda persona enfrenta la
característica esencial de la ética: la
solución de dilemas.
En el plano
colectivo, nuestras sociedades funcionan a partir
de unos cuantos valores subyacentes que
determinan la forma y el fondo de las relaciones
sociales, así como todo aquello que es admitido
o rechazado por la comunidad, incuso más allá
del ámbito de las leyes que rigen la convivencia
y los intercambios de todo tipo entre
particulares.
En el plano
profesional, la deontología nos dota de aquellos
principios que regirán la conducta de aquellos
entre quienes se han consensuado y asumido
voluntariamente.
En el caso del
periodismo, sabemos cuál es el fin último de la
ética aplicada; lo que falta es definir
claramente es la materia de la que se ocupa,
sobre quiénes recaerán las acciones del proceso
informativo y cómo se definen las múltiples
formas que adquieren lo que gremialmente hemos
dado en llamar mecanismos de autorregulación.
1.
OBJETO
El periodismo
profesional que sólo puede considerarse
así cuando es ético y responsable pasa
necesariamente por la autorregulación. Esta
idea, aceptada por teóricos del derecho y la
deontología, aún no acaba de permear todos los
estratos de la prensa. Hoy es posible encontrar a
muchos periodistas, editores y dueños de medios
que se resisten a asumir la carga moral que les
representa la ética, particularmente cuando
ésta se muestra imbuida por principios
filosóficos más cercanos a la moral religiosa
que a la búsqueda de un bien general.1
No obstante, la ética periodística ha estado
presente desde siempre en los medios, pero es
relativamente reciente su sistematización en
forma de documentos, códigos, instrumentos
diversos, organizaciones e instituciones que
operan públicamente.
Existen decenas
de mecanismos de autorregulación, los cuales son
tan diversos como las condiciones particulares de
las naciones y aún las zonas dentro de
éstas donde se aplican. Lo cierto es que
nadie puede abrogarse el derecho a imponer a los
demás su propia visión de conducta moral
profesional, ni siquiera de lo que debe ser o
cómo debe aplicarse la ética periodística. Por
eso no extraña que la Federación Internacional
de Periodistas (FIP) rechace esa posibilidad:
No hay un
modelo único de autorregulación que pueda
ser copiado en todo el mundo. Los periodistas
en cada país deben trabajar juntos para
establecer y revisar estándares comunes de
ética y profesionalismo.2
Con todo,
coincidimos en lo esencial con las cuatro
funciones elementales de la
autorregulación que Aznar ha señalado: 1.-
Establecer las normas éticas a que se deben
sujetar voluntariamente tanto los empresarios de
la información como los periodistas, 2.-
Contribuir a crear las condiciones de normalidad
tanto en lo laboral como en lo profesional
y lo social para el cumplimiento de éstas,
3.- Brindar elementos de juicio crítico al
público sobre el desempeño de los propios
medios, y 4.- Socializar los procesos de toma de
decisión en los medios y el conocimiento que
deriva del diálogo ético de los periodistas.
(1999b)
Ciertamente, no
puede concebirse una autorregulación que carezca
de bases escritas que sistematicen las prácticas
deontológicas comunes de cada redacción, i.e.,
los códigos de ética. Precisamente, lo que
hacen algunos mecanismos de autorregulación es
volver operativas aquellas normas deontológicas
que se imponen a sí mismos los periodistas y los
medios, e.g., el defensor del lector y el
estatuto de redacción. El involucramiento del
público es pieza fundamental de la
autorregulación; los diversos mecanismos no
sólo deben ser públicos, sino que los hay
también que permiten la participación directa
de lectores y auditorio, mediante la
fiscalización de los propios medios, i.e., los
consejos de ética y los observatorios de medios.
Finalmente, la socialización deontológica tiene
varias formas, se dirige a los propios
periodistas en particular, mediante
la capacitación y actualización
constante, y a la sociedad toda en
general, desde los Consejos de Prensa y
muchos otros mecanismos de participación directa
del público. Todos estos serán desarrollados en
la primera parte de este trabajo.
Básicamente, el
objeto de los mecanismos de autorregulación es
la elaboración de un producto informativo no
sólo de calidad, sino con una gran pertinencia
social, cuyo contenido cumpla con la función de
la prensa en democracia: proporcionar a la
sociedad información suficiente, veraz y
oportuna que permita la participación razonada
de los individuos en la toma de decisiones de su
comunidad.
Por otro lado,
no puede ignorarse que la autorregulación ha
sido un freno tradicional que los propietarios de
los medios han opuesto a la amenaza gubernamental
de imponerles controles legislativos que
afectarían no sólo su libertad editorial
para ejercer el papel de fiscalizadores del poder
público, sino también al negocio que les
representa el hecho de haberse convertido ellos
mismos en factores de poder. En el mejor de los
casos, la autorregulación periodística es
incluso un instrumento de defensa de las
libertades de expresión e información como
valores universales de la democracia, siempre que
se encuentren amenazadas. Esta es la base,
precisamente, de la teoría de la responsabilidad
social de la prensa:
[
] el
poder y la casi monopólica posición de los
medios impone en estos la obligación de ser
socialmente responsables, de ver que todas
las voces son fielmente presentadas y que el
público tiene suficiente información para
decidir; y si los medios no asumen ellos
mismos esa responsabilidad tal vez sería
necesario que alguna dependencia pública la
impusiera. (Siebert, Peterson, y Schramm,
1973)
Esta
responsabilidad social implica, además, que los
periodistas y los medios demuestren un voluntario
respeto de los derechos fundamentales de los
ciudadanos, y no sólo porque la ley se los
mande. La inmensa mayoría de los códigos
éticos nacionales e internacionales así lo
consignan, e imponen con ese fin una serie de
estándares mínimos en las prácticas
periodísticas cotidianas
con una decidida orientación hacia
el interés público como la precisión, la
veracidad y el equilibrio informativos, tendencia
que siguen claramente los documentos de este tipo
en Latinoamérica.
Finalmente, la
autorregulación periodística es un elemento
más en la construcción de la confianza pública
en la prensa. Pero no se trata de inculcar en la
sociedad una fe ciega en los medios, sino
enseñarles a «entender y valorar la importancia
de una prensa libre e independiente»,
compartiendo con ellos lo más posible sobre sus
métodos de reporteo y sobre sus fuentes de
información.3
2.
SUJETO
Todo sujeto es
un «ente dotado de derechos y obligaciones
derivados de un sistema normativo determinado».
(Villanueva, 2000) Para los fines de este
trabajo, encontramos dos sujetos claramente
definidos por el propio proceso informativo, o
cuatro según se le mire: el periodista y los
medios, por un lado, y las fuentes de
información y el público, por el otro.4
2.1
El periodista y los medios
A lo largo de
los años, diversos autores han señalado que la
deontología periodística, particularmente
traducida en códigos, acrecienta el prestigio de
la profesión.5 Podría considerarse
que así es, pero esta resulta una posición un
tanto utilitaria. No es menos cierto que «la
ética no es una condición ocasional, sino que
debe acompañar siempre al periodismo, como el
zumbido al moscardón».6 Por eso no
hemos sino apenas mencionado esta característica
en el primer apartado de este capítulo, pues
nosotros no consideramos el reconocimiento
público entre los objetivos básicos de la
autorregulación, sino que lo consideramos una
consecuencia natural y hasta deseable del
ejercicio profesional, ético y responsable. Y
aun cuando no negamos la posibilidad de que haya
periodistas y medios que
pretendan cobijar o embozar su
prestigio cualesquiera que sea éste
bajo el manto de la ética, cabe hacer una
precisión: ninguna conducta profesional es
ética por sólo pregonarlo. Especialmente si nos
referimos a la ética periodística, ésta no se
agota en las normas de conducta profesional
recogidas en los cientos de códigos
deontológicos que existen en el mundo, sino que
se construye todos los días. Así, el prestigio
de la prensa digamos, el indispensable
cimiento de su credibilidad está a prueba
en las decisiones periodísticas que debe tomar
cotidianamente. Todo el edificio deontológico
que descansa sobre éstas puede derrumbarse con
una sola mala decisión. De ahí que la ética
periodística no pueda quedar solamente
restringida al ámbito de la conciencia
individual de periodistas y editores que, si bien
resulta indispensable, no alcanza a todo el
proceso de producción informativa. Incluye, por
supuesto, a la empresa informativa, que es la que
provee a los periodistas de la infraestructura
necesaria para difundir la información que
recaban y procesan, y que tiene el poder último
para determinar la orientación ideológica de
los contenidos, pero que además lucra con su
actividad. La deontología periodística, por
tanto, es una construcción colectiva.
Pero no siquiera
los periodistas pueden, por sí mismos, prever
todos los escenarios hipotéticos de su
actividad, pues a fin de cuentas trabajan con un
bien público, que es la información, y la
prensa no es titular exclusivo de este que
también es un derecho. Los individuos que
integran la sociedad son los titulares de la
libertad de expresión y del derecho a la
información. Por tanto, la construcción de la
deontología periodística debe contemplar a la
sociedad en su conjunto. De hecho, algunos
mecanismos de autorregulación constituyen en sí
mismos fuentes de información ética no sólo
para los periodistas, sino para la propia
sociedad. (Aznar, 1999a) Es el caso de los
códigos deontológicos, que no son documentos
destinados al estricto consumo interno en las
redacciones, sino que su eficacia está
determinada por su obligada difusión por parte
de los medios, lo cual permite al público
conocer los compromisos morales y profesionales
de la prensa, y hacerlos exigibles mediante el
contraste con sus prácticas reporteriles y
editoriales. Otros mecanismos de autorregulación
abren a los medios a la participación directa de
la sociedad i.e. los consejos de ética.
Y la propia sociedad, una vez organizada,
también puede y crea sus propios organismos de
fiscalización de la prensa, como es el caso de
los observatorios de medios. Es claro entonces
que el periodismo sólo se explica a sí mismo a
partir de su relevancia social.
2.2
Las fuentes de información y el público
Quienes
trabajamos en la prensa sabemos que compartimos
muchas de las cualidades de los escritores e
incluso llegamos a tomar prestadas algunas
técnicas de redacción literaria para que
nuestros relatos periodísticos ganen fuerza
expresiva. A fin de cuentas, los periodistas
contamos historias y, al hacerlo, buscamos
también nuestras propias formas de expresión,
nuestra propia voz. Pero a diferencia de
novelistas, poetas, cuentistas y ensayistas,
ningún periodista escribe para sí mismo. Todos
escribimos necesariamente para que alguien nos
lea, nos escuche o nos vea.7 Y ese
alguien es la sociedad.
Pero, además de
esto, la sociedad misma es el objeto noticiable
de la prensa, ya sea a partir de historias sobre
algunos de sus individuos o de grupos de estos, o
bien instituciones públicas y organismos de la
sociedad civil. El periodista escribe sobre la
gente, sobre lo que hace, sobre lo que le pasa.
Y, sobre todo, elige reportar y destaca
información sobre sucesos que tienen relevancia
para el interés público, entendido éste como
aquello que tiene pertinencia social, es decir,
que afecta a la vida de la sociedad. Así, partes
de la sociedad se convierten también en fuentes
de información que merecen del periodista un
trato respetuoso, justo y equilibrado.
Especial
atención merecen algunas fuentes de
información. No es lo mismo un funcionario
público, un político profesional, un
representante popular electo o un miembro
destacado de la sociedad civil por
mencionar sólo algunas de las fuentes de
información tradicionales, que una persona
dedicada a casi cualquier otra actividad privada.
Mientras los primeros son objeto natural de la
labor de fiscalización de la prensa, y por tanto
aprenden y se acostumbran al trato casi cotidiano
con reporteros, editores, fotógrafos y
camarógrafos, los demás individuos de la
sociedad no tienen mayor contacto con ellos que
no sea a través de los propios medios, es decir,
cuando las personas leen un periódico o una
revista, y escuchan o ven un noticiario
radiofónico o televisivo; pero rara vez en su
vida enfrentará a un periodista.8
Dicho de otra forma, conviene separar los
conceptos «fuente informativa» y
«público». Si bien es cierto que
ocasionalmente un individuo de la sociedad
general puede convertirse en fuente de
información como testigo o actor de un
hecho noticiable, y que toda fuente de
información tradicional i.e. actores
políticos y sociales es también parte del
público, no son la misma cosa; menos aún cuando
se convierten en objeto de noticia y,
consecuentemente, de investigación
periodística. En cualquier caso, toda fuente de
información es sujeto particular de la
autorregulación periodística, por cuanto son
titulares de derechos fundamentales protegidos
por las leyes. En efecto, a toda fuente de
información se le atribuyen hechos y dichos que
deben ajustarse a los principios de veracidad
periodística, mediante el contraste y la
verificación de la información que se
recaba de y sobre dicha fuente de información,
respetando el ámbito de sus vidas privadas
excepto cuando éstas se involucran en
actos públicos que afectan a la sociedad general
y con especial cuidado sobre su derecho al honor,
pero, nuevamente, no sólo porque así lo
prescriban las leyes, sino por una convicción
ética elevada.
Estos derechos
no son mayores que las responsabilidades de las
fuentes ni de la sociedad general de hacia los
medios informativos. Los primeros tienen la
obligación de no ocultar ni manipular
información, convirtiendo a los medios en sus
aliados las más de las veces,
involuntarios en juegos de poder; mucho
menos deben intentar corromper o coaccionar a los
periodistas. Los segundos tienen la obligación
de discernir entre las diversas calidades y
cualidades informativas que se le ofrecen y entre
las cuales elige libremente, además de
participar decididamente en todos los mecanismos
de autorregulación periodística a su alcance,
ejerciendo así una presión legítima sobre los
medios.
3.
CONTENIDO
Hay quienes ven
a la ética periodística no como un problema que
implica resolver dilemas constantemente, sino
como una herramienta más para hacer un buen
trabajo;9 hay quienes consideran que
más bien es una utopía, pues pone en lo más
alto un ideal profesional,10 y hay
quienes consideran que, cuando se traduce en
códigos deontológicos, fija las exigencias
mínimas11 que se pueden esperar de un
periodista. Lo cierto es que la autorregulación
tiene varias formas; idealmente, nace del
diálogo ético al interior de una redacción y
adquiere su legitimación en los códigos
deontológicos. Es desde este punto que se
construyen los demás mecanismos que garantizan
su cumplimiento.
Sin embargo, los
códigos deontológicos y todo mecanismo de
autorregulación interna de los mediosdegeneran
en una mera operación de imagen cuando carecen
del consenso mínimo en la redacción. Al menos
en México, los pocos códigos éticos que
existen en periódicos fueron impuestos por
empresarios y directivos. Redactados por unos
cuantos funcionarios de cada medio cuando
no son una burda copia de algún código de otro
país,12 estos códigos carecen
de consenso y, por supuesto, son ignorados por la
mayoría de los periodistas que deberían guiar
su toma de decisiones cotidiana por éstos; en
lugar de ello, cada uno de ellos opta por seguir
sus criterios morales individuales.
En la
elaboración de un código deontológico para una
redacción, no se debe ignorar la participación
de reporteros, editores, redactores, correctores,
secretarios de redacción, fotógrafos,
diseñadores, articulistas, editorialistas,
columnistas e incluso algún colaborador
destacado. Aquí se defiende el involucramiento
pleno del cuerpo periodístico en la discusión
axiológica y el diseño de las normas
deontológicas de cada medio, no sólo porque
aquél deberá aplicarlas, sino porque cada una
de las partes involucradas en el proceso
informativo cotidianamente enfrenta dilemas sobre
los que deberá tomar una decisión siempre
periodística y además, con demasiada
frecuencia, ética.
La solución
tampoco pasa por el desplazamiento de empresarios
y directivos. El cuerpo periodístico de una
redacción no puede imponer a la empresa
informativa un código sobre el cual basar su
desempeño ético. Esto podría derivar en un
grave conflicto laboral que amenazara la
existencia misma del medio, particularmente si no
existe la mínima receptividad entre los
propietarios y accionistas, una situación
lamentablemente frecuente en periódicos y
revistas que nacen para cobijar intereses
extraperiodísticos.
Un diálogo
ético real, efectivo y los mecanismos de
autorregulación que se derivan de éstos,
sólo puede fructificar en aquellos medios donde
la conciencia y la responsabilidad profesional
alcance a toda la pirámide jerárquica. Un
código deontológico puede y debe surgir del
acercamiento entre posiciones que ocasionalmente
entran en conflicto como la primicia
periodística contra la rentabilidad empresarial,
de la discusión razonada de valores, del
análisis informado y de las decisiones
colegiadas respecto de dilemas específicos que
afecten a toda la redacción. Crear un código
deontológico para una empresa periodística
implica una larga discusión, en la que todos sus
integrantes pueden y deben aportar algo. El
consenso obtenido así garantiza la legitimidad
de una conducta ética buscada, interioriza las
bondades de un desempeño profesional, facilita
tanto la prevención como la sanción de
conductas reprobables de cualquier miembro de una
empresa periodística determinada y permite una
constante revisión de los diversos mecanismos de
autorregulación mediante la incorporación del
aprendizaje ético traducido en nuevas y mejores
normas.
_____
Notas:

1 José Luis
Exeni, «Apuntes sobre autorregulación del
periodismo», en Sala de Prensa, No. 30,
abril de 2001.
2 «Governments must refrain from
regulating media content», en The Royaumont
News Line, issue 4, November/December 1999,
p. 2.
3 Bill Kovach, «Journalism and
patriotism», en Sala de Prensa No. 46,
agosto de 2002.
4 El propio Villanueva menciona a tres
sujetos de la autorregulación informativa: el
público, el periodista y la empresa informativa.
A las fuentes de información las inscribe dentro
del público, pero no son lo mismo. Asimismo,
Aznar 1999b.
5 Cfr. Aznar, 1999a; asimismo,
Villanueva, 1999.
6 Declaración del periodista,
escritor y Premio Nóbel de Literatura Gabriel
García Márquez, citada en el portal de la
Fundación para un Nuevo Periodismo
Iberoamericano en http://www.fnpi.org.
7 Incluso en los medios electrónicos,
caracterizados por la imagen o el sonido, existe
un lenguaje periodístico basado en cualquiera de
los géneros que, en mayor o menor medida, se
practican en todas las redacciones del mundo:
informativos, opinativos e híbridos. Cfr.
Linares, 1998.
8 Mención aparte debe hacerse de las
llamadas celebridades de la farándula y los
deportes más populares, cuya exposición al
público no sólo es enorme, sino que ellas
mismas alimentan el interés del público incluso
en detalles de sus vidas privadas.
9 Luego de que el autor de este
trabajo cuestionara a los fotógrafos finalistas
del Premio Nuevo Periodismo por el manejo de la
imagen de las personas en sus trabajos, Gabriel
García Márquez susurró al oído de Julio
Scherer García: Están mal; la ética no
es un problema, es una herramienta, según
contó el propio Scherer. Javier del Rey,
defensor del lector del diario colombiano El Tiempo, en su relatoría,
discrepó: García Márquez se equivoca en
esto; por su naturaleza, la ética siempre es un
problema. Escuchado en el «Seminario
internacional: Nuevo periodismo para un nuevo
milenio», con Gabriel García Márquez, Sergio
Ramírez y Joaquín Estefanía, organizado por
Fundación para un Nuevo Periodismo
Iberoamericano, Banco Interamericano de
Desarrollo y Cemex, en Monterrey, N.L., del 3 al
5 de abril de 2002.
10 Expresión utilizada por Javier
Darío Restrepo, defensor del lector del diario El Colombiano, durante el
Taller de Ética Periodística impartido en la
Universidad Iberoamericana, en la Ciudad de
México, durante la primer semana de octubre de
2000, bajo los auspicios del Instituto Federal
Electoral.
11 Así lo percibe Aznar, (1999a), aun
cuando acepta que con ello no se resuelven todos
los problemas éticos de la prensa.
12 Compárese el código impuesto por
el dueño y director del diario mexicano El Economista con los
enunciados básicos del código del diario
español El País.
*
Gerardo Albarrán de Alba es periodista, director de Saladeprensa.org y coordinador de Proyectos Académicos
del semanario mexicano Proceso.
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