Sarkozy y
la prensa
Juan
Varela *
Todos
atentos. El presidente francés, Nicolas Sarkozy,
lanza una llamada de auxilio por los medios
franceses y convoca los "estados generales
de la prensa" y de la televisión para
salvar una industria en crisis. Como Luis XVI,
recurre a una asamblea para arreglar un mundo que
se acaba. ¿Se lo llevará la revolución por
delante como ocurrió en 1789?
Sarko es un
amante de la prensa y la televisión. Ya se sabe,
un político debe fijarse en los grandes medios,
en los medios de poder, para afianzar el suyo.
Y allá va el
presidente de Francia, que lo mismo incendia los banlieuses
que corre al rescate de Ingrid Betancourt.
Clarines, el rey convoca a magnates de la
comunicación, periodistas, políticos y a toda
Francia para salvar una institución que se
hunde.
El presidente
que reinventa la república no lo puede
consentir. ¿No recreó De Gaulle la prensa
francesa tras la liberación? ¿Entonces no se
reinventaron los diarios y se sumó el adjetivo
nuevo a tantas cabeceras mientras otras
desaparecieron para surgir otras?
Si lo hizo De
Gaulle cómo no lo va a conseguir super Sarko.
Y, como todo, lo
hace con pompa. Primero encargó a Danièle
Giazzi, secretaria general de su partido, la UMP,
un informe sobre el maltrecho estado de la prensa
francesa, una industria hipersindicalizada, con
costes más altos y menor flexibilidad que el
resto de la prensa europea, acogotada por el
inmovilismo de la burocracia y tomada al asalto
por los grandes magnates del armamento, la
aeronáutica y los grandes grupos empresariales.
"Los
diarios desaparecen, otros son absorbidos por los
grandes grupos y otros cambian de manos",
clamaba un editorial de Ouest France, cabecera
del mayor grupo de prensa regional, hace ya
cuatro años. Prisa entraría en 2005 en el
capital de su admirado y siempre bendito Le Monde
para salvarlo de la quiebra. La caída de
difusión de casi 20 puntos en diez años no
perdona.
Trompetas.
Giazzi tiene la fórmula para los grandes planes
de Sarkozy, el hombre que a este ritmo
inaugurará la VI República antes de dar por
concluida la V.
Sarko y
su salvadora de la prensa han encontrado el
problema: internet y los gratuitos. ¡Que los
heraldos proclamen el hallazgo por toda Francia!:
"La gratuidad es la muerte de la prensa
escrita", dice el rey, ¡viva el rey!
"Creo en el porvenir de la prensa de pago
porque creo en el valor de la información
verificada, analizada y jerarquizada".
Palabra de Sarkozy.
Y las
soluciones, Sarko es un hombre de acción. 34
recomendaciones resumidas en:
- promesas
vanas: defender el pluralismo y la
independencia de la prensa;
- lucha
contra los sindicatos y la burocracia:
mejorar la distribución y eliminar las
trabas y altos costes impuestas por un
sindicato de vendedores anclado en el
pasado;
- flexiblización
profesional: aplacar a los periodistas
reconociendo sus derechos de autor para
acabar con la pelea entre los medios de
papel y sus ediciones digitales;
- modernizar
la prensa, la radio y la televisión:
financiación pública, ajuste de
frecuencias digitales, nuevos métodos de
medición, ventajas fiscales
- crear
campeones mundiales como los que ha
tenido Francia en otra época y de los
que sólo Vivendi resiste como puede.
Y, en
definitiva, modernizar lo que informes como el
del Instituto Montaigne habían identificado como
problemas atávicos de los medios galos y
permitir que esos queridos guerreros franceses de
la empresa y las finanzas que con tanto placer
patrocinan al presidente anuncio puedan acabar de
controlar una prensa y unos medios muy
concentrados.
Las buenas
intenciones también matan. Nicolas Sarkozy lanza
el rescate de la prensa francesa, aquejada de los
mismos males que el resto de la prensa mundial
más algunos propios. Y lo hace con más dinero
público y más intervencionismo. El presidente
francés proclama el fortalecimiento de la prensa
libre y también de una internet regulada. Mal
ejemplo. Son dos de las causas de la enfermedad
de los medios.
Seiscientos
millones de euros en tres años, doblar la
publicidad institucional, periódicos gratuitos
para los menores de 18 años durante doce meses,
recortar los costes de distribución, un nuevo
"contrato social" (eufemismo para
romper el bloqueo sindical) con las imprentas,
derechos de autor de los periodistas adaptados a
la multimedia y equiparar a los editores de
medios informativos digitales a los de la prensa.
Eso sí, previa firma de un estatuto del editor
digital comprometiéndose a contratar periodistas
profesionales y respetando el mismo código
deontológico.
Resultado: mayor
control del Estado y aumento del corporativismo y
el blindaje de un oficio cuya esencia ha
cambiado.
¿Se
rebelará el tercer estado?
El poder
político y los viejos medios son el primer y el
segundo estado en la analogía de Sarkozy, quizá
internet, los nuevos medios y los nuevos
periodistas forman ese tercer estado que acabará
juramentándose con la audiencia en el Juego de
Pelota y tomará la Bastilla.
La fortaleza de
los viejos medios se hunde y los planes de
intervencionismo político nunca son una
solución. Más bien empeoran la situación y de
la pasión de Sarkozy por los medios no se puede
esperar desinterés y distancia.
Los gratuitos e
internet pueden ser un problema para la prensa y
la vieja televisión, como dice el informe Gazzi,
pero aumentar las suscripciones públicas al
estilo de la Generalitat de Cataluña o hacer
pagar a los nuevos medios la crisis de los viejos
no es la solución ni el futuro.
Para los medios.
Los viejos poderes, entretanto, mantienen sus
privilegios.
* Juan
Varela publica el
blog Periodismo
21 y la columna Sociedad
Cableada en Soitu.es.
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