El
periodismo entra en zona de conflicto'
Marta
Molina *
El
último conflicto israelopalestino pasará a la
historia por inaugurar un nuevo estilo
informativo: contarlo sin estar. La Operación
Plomo, "una guerra sin luz y sin
taquígrafos", como la describe Malén
Aznárez, vicepresidenta de la sección española
de Reporteros Sin Fronteras, ha sido transmitida
desde la oscuridad. Tan sólo la colaboración de
algunos periodistas palestinos y las agencias y
televisiones ya presentes en el territorio
permitieron emitir información sobre los
ataques. "No sin que existieran dudas sobre
su manipulación", como también apuntó
Aznárez. Los periodistas occidentales
permanecieron 25 días varados en el paso
fronterizo de Rafah, sin acceso a otros
testimonios o fuentes que los proporcionados por
el Estado Mayor de Israel.
"El
periodismo está en zona de conflicto".
Javier Baulutz, fotógrafo especializado en
conflictos armados y único Premio Pulitzer
español, entonó un agónico lamento sobre el
estado de salud de la profesión, al intervenir
en el foro La seguridad de los periodistas en
zonas de conflicto armado. Al encuentro,
organizado por la Federación de Asociaciones de
Periodistas de España (Fape) para debatir acerca
de la protección de los periodistas con motivo
del secuestro y posterior liberación del
fotógrafo gallego José Cendón, asistieron
además el redactor jefe de la sección de
Internacional del periódico Abc y
consultor europeo del Comité para la Protección
de los Periodistas (CPJ), Borja Bergareche, el
periodista de El Mundo Alfonso Armada,
la enviada especial del diario El País
Georgina Higueras, el ex corresponsal del diario El
País y la agencia EFE Domingo del Pino y la
enviada especial de la Cadena SER Ana
Terradillos.
A modo de avance
-el CPJ publicará su informe anual el próximo
10 de febrero-, Borja Bergareche ofreció una
batería de cifras cuanto menos espeluznantes
para dar una medida del riesgo de ejercer el
periodismo en determinados países o entornos. El
CPJ ha registrado 41 periodistas asesinados en el
ejercicio de su trabajo, 26 reporteros y
fotoperiodistas secuestrados y 125 periodistas
presos. Pese a lo abultado de esa enumeración,
las cifras de este organismo con sede en Nueva
York contabilizan menos victimas que las
recogidas por Reporteros Sin Fronteras (60
periodistas asesinados, 29 secuestrados y 673
detenidos).
En datos del
CPJ, el 78% de los periodistas muere asesinado
por pistoleros o sicarios, el 68% de ellos son
informadores locales, "trabajadores de los
medios nacionales, freelance o colabores de
medios extranjeros", y el 90% de esos
asesinatos "sale gratis al quedar
impunes", denunció Bergareche para quien
"resulta doloroso", dijo,
"pensárselo dos veces o no enviar por
seguridad uno de sus redactores a zonas olvidadas
como Eritrea (el cuarto país con mayor número
de periodistas encarcelados tan solo por detrás
de China, Cuba y Birmania), cuya realidad tiene
poca cabida en la agenda informativa".
Como
vicepresidenta de Reporteros Sin Fronteras,
Malén Aznárez rescató el papel de las
organizaciones en defensa de la libertad de
prensa porque "las organizaciones tenemos el
mandato de garantizar la seguridad de todos los
periodistas en el planeta" y urgió a los
propios periodistas a tomar las riendas de su
propio ejercicio: "Reporteros Sin Fronteras
puede seguir demandando que se respete la
libertad de prensa en el mundo, pero los primero
que tenemos que procurarlo somos nosotros: los
periodistas". De cualquier otro modo,
"esta profesión tal y como la entendemos
hoy tiene los días contados por la manipulación
a la que la someten los diversos poderes",
se dolió la ex defensora del lector del diario El
País.
Más que bajo control,
atados de pies y manos es como entiende Javier
Bauluz que Israel ha mantenido a los periodistas
occidentales. La poderosa maquinaria
información/desinformación del Estado de Israel
ha sembrado la profesión de ejemplos sobrados. Y
el más sangrante, para el premio Pulitzer, es no
respetar este oficio y a sus profesionales
negándoles la entrada a la Franja de Gaza
durante la invasión. "El periodismo vive
uno de sus peores momentos por muchos
motivos", dijo Bauluz. "Ahora que la
información ha dejado de ser la prioridad por
muchos motivos". Pero hay posibilidades de
revertir la enfermedad porque tenemos
herramientas poderosas de las que antes
carecíamos. "Podemos hacer periodismo sin
estar ligados a los grandes medios y recuperar
nuestro espacio trabajando bajo un enfoque de
derechos humanos", alentó. "Yes, we
can", proclamó Bauluz.
Podemos y
debemos porque, "si no estamos, no podemos
contarlo y si no lo contamos no existe",
señaló parafraseando el lema de Reporteros Sin
Fronteras, la vicepresidenta de la sección
española, Malén Aznárez. Ana Terradillos, la
enviada de la Cadena Ser a Gaza en el último
conflicto israelopalestino realizó un
pormenorizado relato de las dificultades para
informar cuando el único sonido para contrastar
la información es el estruendo de los misiles
isralíes cayendo sobre suelo palestino. La
periodista tachó de "circo mediático"
la política de información del Estado de Israel
durante el conflicto.
Alfonso Armada
cargó contra quienes toman las decisiones
periodistas, los gerentes de los medios de
comunicación que deciden qué es noticia y qué
no, que soslayan informaciones relevantes cuando
el número de víctimas que han provocado no es
lo suficientemente alto. "¿Cuántos muertos
tiene que haber para mandar a un enviado
especial?", preguntó en tono de reto.
Georgina
Higueras, enviada especial del diario El
País, interpreta este hecho -"que no
nos dejen estar en contacto con los que
sufren"- como un intento de "obtener
rendimientos económicos o rendimientos
políticos de nosotros los periodistas".
Higueras, que se niega a aceptar que el
reporterismo haya muerto, urgió al conjunto de
periodistas a hacerse respetar, a estar unidos
para defender la profesión. "Los
periodistas sabemos cuándo podemos estar en un
conflicto y cuándo debemos salir de él",
señaló. La periodista, especialista en Asia,
calificó de "cerco a la información"
la actitud del gobierno israelí en la Franja de
Gaza, como consecuencia de la cual los medios se
plantean seguir enviando periodistas a zonas de
conflicto armado: "Para qué invertirán la
búsqueda de la verdad si no me van a dejar
contarlo", se preguntó en voz alta.
"No acepto que ningún Estado venga a
decirme qué es lo que debo hacer",
sentenció Higueras.
* Marta Molina es corresponsal en España de Reporteros Sin Fronteras. Este texto fue publicado en el blog P-ES el 27 de enero de 2009.
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