Gaza: si no
lo contamos, no existe
Malén
Aznárez *
Voy a
apropiarme descaradamente del lema de Reporteros
Sin Fronteras, "si no lo contamos, no
existe", porque difícilmente se puede
superar en este caso. Si los periodistas no
podemos contar lo que está pasando en Gaza, si
no podemos verlo en directo, porque el gobierno
de Israel nos prohíbe el paso al estrecho
territorio palestino -aplicando una censura a la
libertad de expresión e información digna de
dictaduras como China o Cuba, que tanto solemos
criticar los periodistas occidentales-,
difícilmente podremos informar al resto del
mundo de la barbarie que se está cometiendo con
los palestinos, eso sí, a la vista de todos los
países democráticos y sus medios de
comunicación. Una barbarie aplicada sobre
civiles, entre ellos miles de niños que, de día
en día, engrosan las listas de muertos y heridos
salvajemente, pese al repetitivo "no se
persigue a los civiles" de las autoridades
israelíes, mantra propagandístico con el que ya
no pueden engañar a nadie.
La libertad de
expresión, el principio elemental del periodismo
de ver, hablar, escuchar, observar y luego contar
los hechos con la mayor honestidad posible, tiene
cada día más enemigos. A este paso nos
enfrentamos raudos a una profesión sin futuro.
Si en las últimas guerras provocadas por Estados
Unidos ya fue difícil informar -recordemos la
primera guerra del Golfo, en la que, al margen de
los grandes montajes organizados de cara a los
medios de comunicación, apenas se podía contar
nada-, y la más reciente de Irak, en la que no
hubo posibilidad de informar a no ser que los
periodistas fueran empotrados con las
tropas estadounidenses, en esta ocasión, Israel
ha dado un paso más y se ha quitado la careta
sin pudor. Ni el menor simulacro de información.
Sencillamente se prohíbe a los periodistas el
acceso a Gaza. Por supuesto se añade una
coletilla: "Por motivos de seguridad".
Pero la seguridad, o falta de seguridad, es algo
que los periodistas afrontan a diario en todo
conflicto. Conocemos el riesgo, pero puede más
el deseo de informar. A veces hay muertos y las
cifras de periodistas caídos en guerras o
conflictos lo atestiguan. Pero queremos estar
allí, queremos verlo, queremos poder contarlo.
Es nuestro derecho y nuestro deber.
Claro que, como bien
relataba en sus últimas y estremecedoras
crónicas el corresponsal de este diario en
Oriente Próximo, Juan Miguel Muñoz -eso sí,
obligado a firmar desde Jerusalén y Ashkelón-,
las autoridades israelíes tienen mucho que
ocultar en la actual operación de Gaza. Porque
hasta nuestras televisiones no llegan, o sólo
con cuentagotas, las terribles imágenes que
atestiguan la ferocidad de los ataques
indiscriminados israelíes en los que la primera
víctima es la población civil palestina
encerrada en una ratonera sin posible salida.
Imágenes desgarradoras de niños y ancianos
sacados de los maleteros de coches, sin piernas,
puro amasijo de carne quemada. Niños exhaustos
al lado de los cuerpos de sus madres muertas.
Familias enteras masacradas. Ataques con armas
prohibidas por la Convención de Ginebra, según
han denunciado médicos noruegos que trabajan en
la zona. Proyectiles que dejan despedazados a
quienes tocan. Falta de medicinas, agua y
alimentos. Ataques a convoyes de ayuda
humanitaria... Y nosotros, los periodistas de los
países occidentales, tenemos que poder contarlo,
y mientras no podamos, denunciar bien alto la
censura que lo impide. Porque si no, también
seremos culpables.
Importantes
medios de comunicación de todo el mundo se han
unido al llamamiento de Reporteros Sin Fronteras
al gobierno de Israel para que abra la franja de
Gaza a los medios de comunicación, una
situación que consideran "indefendible y
peligrosa" ante unos acontecimientos que nos
afectan a todos. El llamamiento se enfrenta a la
obstinación suicida de las autoridades
israelíes, que aseguran "no se han logrado
todavía los objetivos". Produce
escalofríos y vértigo pensar hasta dónde
pueden llegar las acciones de los que un día
fueron víctimas y hoy son verdugos.
El eurodiputado
David Hammerstein, uno de los ocho que han podido
romper el bloqueo de las autoridades israelíes y
penetrar, sin su permiso, en Gaza, a través del
paso egipcio de Rafah, reclamaba que los
periodistas pudieran entrar en el territorio
palestino para poder contar lo que esté
sucediendo. "No puede haber guerra sin
testigos. Ésa es la llave de la impunidad",
razonaba. Por cierto, Hammerstein es judío.
¿Nos dejarán
entrar a Gaza cuando sea ya sólo un cementerio
de ruinas y cadáveres?
* Malén
Aznárez
es vicepresidenta de Reporteros sin Fronteras España.
Este texto lo publicó el diario español El País el
pasado 15 de enero de 2009.
|