Noticias de
orden
Silvio
Waisbord *
Todavia
no hay consenso sobre la definición de violencia
mediática. Persisten disputas sobre qué
imágenes son violentas o sobre si podemos
asimilar distintas situaciones de violencia en
los medios. ¿Imágenes que muestran a la
policía esgrimiendo armas y persiguiendo a
sospechosos y los film de Tarantino son
igualmente agresivas? ¿Una violación sexual
simulada es tan violenta como flashes
informativos sobre humanos hambrientos?
Tampoco hay
unanimidad sobre los presuntos efectos de la
violencia en los medios. El sentido común,
propagado por los mismos medios que dan rienda
suelta al sensacionalismo sangriento, es que los
medios son todopoderosos en exaltar la violencia
y azuzar tendencias violentas. El imitacionismo
es explicación rectora para dar cuenta de las
causas que llevan a cometer crímenes. Si unos
adolescentes toman a mano armada su escuela es
porque los videojuegos los incitaron. Si un nene
castiga con una doble nelson a su pequeña
hermana es porque encontro inspiración en la
lucha libre televisada. Si jóvenes se desafían
al "juego de la gallina" en autos, como
en las famosas escenas de "Rebelde sin
Causa", es porque anhelan copiar a sus
ídolos del celuloide. Bibliotecas enteras han
concluido que quienes están más expuestos a los
medios (particularmente la televisión) son más
proclives a conductas violentas. Pero no todos
son igualmente afectados por el carnaval de la
violencia mediática. Aquellos atraídos por la
violencia en los medios son individuos con altos
niveles de agresión y gran necesidad de
excitación física, hombres jóvenes en grupos
más que cualquier otro sector de la población.
La mayor parte
de los estudios analizan violencia ficticia
presentada en los medios, ya sea violencia
simulada (Clint Eastwood pasando a mejor vida a
cuanto criminal feo y sucio se le acerque) o
violencia de "dibujo animado" (Wile E.
Coyote siendo víctima de su inoperancia asesina
y los defectos de sus bombas "Acme" o
Moe sopapeando a sus inútiles hermanos). Sin
embargo, no hay conclusiones sólidas sobre los
efectos que tienen las noticias sobre hechos
violentos reales. Algunos trabajos sugieren que
cuanto más noticias se consume, es mayor la
tendencia a concebir al mundo como un lugar
violento. Esto se debe simplemente al carácter
de la noticia: la violencia es noticia y las
conductas pacíficas rara vez lo son. La muerte
es noticia, la vida no lo es. Los medios muestran
una desproporcionada visión del mundo. Como
decía Chesterton, "la vida es un mundo y la
vida vista en los diarios es otra". El mundo
es violento pero no tanto como sugieren los
medios. La realidad que los medios diariamente
recortan es la realidad que se ajusta a los
cánones de lo noticioso. Y la violencia,
especialmente si viene en envase amarillo
salpicado con rojo criminal, desplaza a las
conductas no violentas de las primeras planas.
Preocupados por el caudal de violencia gratuita y
paga en las pantallas, observadores urgen a los
medios a limpiar su programación y a tomar una
actitud de responsabilidad social.
Tales análisis,
aunque positivos al enfatizar el desbalance entre
la realidad y la realidad mediatizada, son
estrechos para entender por qué las noticias
sobre la violencia son importantes. Yerran el
tiro qiuenes centralizan el debate sobre medios y
violencia sobre cuestiones conductistas,
ignorando que las consecuencias son mucho más
profundas que "crímenes copiados" o
estimulados por medios saturados por crímenes.
Implícitamente llevan agua al molino de las
autoridades que lavan sus manos en la fuente de
los medios de tener responsabilidad alguna en la
violencia social.
Lo más
problemático es que ignoran que las noticias,
especialmente cuando se suceden unas tras otras
sin ofrecer más que simples relatos sobre
crímenes, determinan ciertos temas en la agenda
política. La violencia se vuelve "pánico
moral" cuando afecta a cierta parte de la
población, no cuando es moneda corriente en
sectores alejados de la pecera de los medios. En
la espiral de la violencia mediática subyace la
policía como fuente principal de información y
productora de una realidad que la consagra como
el sheriff a caballo blanco listo a desenfundar.
Titulares como "Detuvieron a tres chinos por
asaltos a camiones en las rutas" o
"Peruanos invaden casa abandonada"
estigmatizan y estereotipan a ciertos grupos
étnicos como violentos. Los medios cubren las
erupciones violentas más que las invisibles
estructuras que contextualizan conductas
criminales o el funcionamiento de las autoridades
que no pueden resolver la violencia.
Lo más
preocupante aun es que la ininterrumpida y
superficial cobertura de la violencia refuerza
cierta moral, cierta concepción del orden y
cierta jerarquía política. Lo que está en
juego es el rol de los medios como agentes de
policía cultural que llaman la atención sobre
ciertos hechos. Las noticias sobre crímenes
suelen preparar el terreno para una política que
legitima algunos actores y poderes (y en la
Argentina tenemos vasta experiencia en estos
asuntos). Los medios proveen el marco desde el
cual se entiende la violencia. Las noticias
pueden servir como vehículo para apuntar a
formas democráticas de afrontar problemas
sociales más que para abrazar métodos
autoritarios, para entender la violencia más que
dar pie a soluciones que suelen tener secuelas
violentas aquí y en otros lugares del mundo.
¿Por qué no cubrir la violencia apuntando a
formas de resolverla, invitando a distintos
actores a aunar esfuerzos, más que someter a
lectores a ráfagas de metralla mediática que
contribuyen a solidificar una sensación de
ciudad tomada?
*
Silvio Waisbord
enseña en el Departamento de Periodismo y Medios
en Rutgers
University, New Jersey. Su
proximo libro, Watchdog journalism in South
America: News and accountability será publicado por Columbia University
Press en 2000. Doctorado en Sociologia por la Universidad de
California, San Diego, fue
becario residente en Kellogg Institute (University of Notre Dame), Annenberg School for Communication (University of
Pennsylvania), y el Media Studies Center -
Freedom Forum. Esta es su
primera colaboración para Sala de Prensa.
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