Günter Wallraff

Me
siento más cómodo con los vulnerables
Pablo
Espinosa *
Günter
Wallraff en entrevista con La Jornada:
Me siento más cómodo con los vulnerables
porque a diferencia de los poderosos viven la
realidad, tienen opiniones realmente interesantes
y mueven al mundo. Con ellos he aprendido que mi
papel es, como en la física cuántica, el de un
muy pequeño elemento de aceleración, que empuja
a otros y a su vez es impelido por otros. Hacer
periodismo encubierto para mí es una forma de
contrainsurgencia, funciona para entender la
realidad.
El periodista
indeseable visita México. Cabeza de turco (uno
de sus libros representativos), conejillo de
indias de la industria farmacéutica, disfrazado
de lo más inimaginable para lograr reportajes
que cambiaron al mundo, temido por los poderosos,
amado por los desprotegidos, admirado por
generaciones de periodistas, leído por
multitudes, el maestro Günter Wallraff
(Burscheid, Alemania, 1942) realizará una serie
de actividades en México: impartirá un taller
de periodismo encubierto, ofrecerá una
conferencia de prensa, dictará una conferencia
magistral en Bellas Artes, el martes 25, y otra
en la Fundación Friedrich Ebert. Participará en
la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Antes de abordar
el avión, concedió la siguiente entrevista a La
Jornada vía teléfonica desde su casa.
Enseguida reproducimos la conversación, lograda
gracias a la colaboración de Jürgen Moritz.
Su método
de periodismo encubierto ¿lo asume usted como
una forma de contrainsurgencia?, ¿enmascararse
para desenmascarar al poder?
Sí, funciona
para entender mejor la realidad y para que pueda
yo entrar directamente a los temas que elijo.
Sucede que fui un muy mal estudiante, sobre todo
en las materias teóricas; tenía que sentir una
cosa para realmente entenderla. De manera que mi
forma de trabajar es una parte de mi biografía.
Pero también es un método para eludir la
versión oficial, porque el discurso oficial
nunca explica el tema, la realidad.
Es necesario
vivir el tema, la realidad, para entender.
También es un juego. Es el método de un niño.
Tener los ojos de un niño para ver el mundo como
lo ve un niño, sentir como siente él, aprender
como lo hace un niño. También, es divertido
jugar a hacerse el tonto: así vas a escuchar
cosas mucho más honestas y más duras porque el
interlocutor cree que eres un tonto, y eso
también forma parte del método. Por supuesto,
para hacerte el estúpido no tienes que ser
estúpido.
¿Qué
significa para usted ser un periodista de
pensamiento progresista o de izquierda, cuando el
mundo ya es unipolar?
Significa tener
una utopía, todavía. Entender, tener la
conciencia de que el mundo como es no puede
seguir. No tiene futuro el mundo como es hoy
día.
Sin ser
dogmático, sin ser cerrado, tienes que tener
claro que eres solamente un elemento muy pero muy
pequeño en el planeta. Eso viene de la física
cuántica. Eres un muy pequeño elemento de
aceleración. Estás empujando a alguien pero a
ti también alguien te está impulsando. Ésa es
tu función.
Si juegas tu
propio papel muchas veces no te percatas de que
abrigas prejuicios. En cambio, si asumes un papel
distinto enseguida te das cuenta de los
prejuicios que puedes cultivar, y entonces
cambias.
¿Asume
entonces el periodismo como un servicio? ¿Dar
voz a quien no la tiene? ¿Ponerse del lado de
los desprotegidos?
Sí, es
importante dar voz a las personas que no tienen
voz, pero también debes darte cuenta de que al
ponerte del lado de los desprotegidos te colocas
en un proceso continuo de aprendizaje. Aprendes
de esas personas, y esa es la manera en que el
servicio social va y viene, es recíproca, fluye.
Su colega
Kapuscinski murió con una preocupación cara:
los medios de comunicación, decía el maestro
polaco, están cada vez más en manos de
comerciantes y cada vez menos en manos de
periodistas. ¿Comparte usted esta certeza?
Ciertamente.
Tuve además el privilegio de convivir con él,
sobre todo en la década de los 80. Es para mí
uno de los grandes maestros, no solamente del
periodismo, sino de la actitud ante la vida. No
solamente comparto su preocupación póstuma, veo
cómo los intereses comerciales invaden el
periodismo.
Aunque en
Alemania todavía tenemos una prensa crítica y
una pluralidad en las opiniones, estamos en
peligro permanente frente al funcionamiento de
los medios de comunicación que cada vez más
obedecen a un criterio solamente comercial y no
periodístico.
En los años 50
un famoso periodista del Frankfurter
Allgemeine Zeitung dijo que la libertad de
prensa es la libertad de los alrededor de los 200
dueños de los medios de comunicación. Si
observamos esa cifra, hoy se ha reducido a tres,
cinco megamultinacionales asentadas en Alemania.
Lo que siempre se achacó, y con razón, al
comunismo, de la opinión uniforme, ahora, en la
concentración de las opiniones en el
neoliberalismo parece revivir de otra manera.
Observamos este
fenómeno de una norma única, la moda de las
opiniones únicas de los multimedios y la
integración de una corriente dominante y, sobre
todo, una tendencia de los medios de
comunicación como entretenimiento y no como
información. Hay algunos medios críticos,
plurales, pero a veces funcionan para un público
muy reducido, mientras la gran masa consume
medios de comunicación que buscan formar
personas tontas y no informadas o inteligentes.
El modelo de entretenimiento de Estados Unidos
contamina gravemente al resto del planeta en
cuanto a medios de comunicación.
Al igual que
lo hizo Kapuscinski hasta su muerte, usted,
Günter Wallraff, ha mantenido ese sentido de
humildad que hace grandes a los periodistas.
¿Cómo se logra ese control, esa verticalidad?
Se lo pregunto porque sobran casos de periodistas
que destacan para enseguida caer en las redes del
poder.
Una manera de
evitar la coquetería que acostumbran los
poderosos es tener amigos de distinta índole, es
decir, no pertenecer a ningún grupo, ninguna
corriente, ningún bloque identificable.
También, interesarse realmente por la opinión
de los demás, pero sobre todo acercarse a los
más vulnerables. Eso te ayuda a entender muchas
cosas muy interesantes que la gente en el poder
no te puede ofrecer.
Por supuesto que
ser famoso o prominente acerca a muchos a la
prostitución, a venderse por una ilusión de
poder. Lo importante es mantenerse como una
persona normal. Ser buena persona garantiza ser
buen periodista. En lo personal me siento más
cómodo con los vulnerables, con las minorías,
porque esas personas, que viven en el intersticio
de las culturas, tienen opiniones realmente
interesantes, porque viven en la realidad,
mientras los poderosos son muy aburridos, viven
en la irrealidad.
* Esta entrevista se publicó en el
diario mexicano La Jornada
el jueves 20 de noviembre de 2008.
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