Günter Wallraff

Mi
mayor temor es ser descubierto
Marco
Lara Klarh y Ronald Schäfer *
Wallrafear
es un verbo peculiar que en caló reporteril
denota la acción de disfrazarse para hacer
hallazgos periodísticos de otra forma imposibles
de lograr. Toma ese nombre del gran maestro
contemporáneo del disfraz en el periodismo
Günter Wallraff, alemán audaz de 66 años,
radicado en Colonia. Él advierte que aunque lo
vive como un juego de aventura, no
siempre resulta divertido, y menos en México,
donde en coberturas relacionadas, por ejemplo,
con crimen organizado, sé que el
periodista que se mete en estos ámbitos vive con
un pie en su propia tumba.
Lleva casi medio
siglo en lo que denomina la ciencia de la
observación participativa; desde sus 20
años, a principios de la década de 1970 se
disfraza con fines periodísticos. Ha hecho
infiltraciones como obrero, traficante de armas,
reportero mucracker en el diario Bild, activista
político, turco migrante en Alemania y,
recientemente, panadero y empleado de call
center.
Su método
podría tener implicaciones éticas en la medida
en que las personas ignoran que están ante un
periodista, quien a su vez podría inducir hechos
para forzar la comprobación de sus hipótesis.
Él lo rechaza: No induzco hechos, no soy
el gran provocador, averiguo lo que está
ocurriendo
no animo a nadie a que haga
cosas que normalmente no hace.
Wallraff aceptó
dar un taller en México porque no le es un país
ajeno: Mi padre se casó con una española
(
) a través de él comencé a apreciar la
obra literaria de B. Traven. El barco de los
muertos y toda su obra tiene lugar en
México, creo que en Chiapas. Lo que también me
fascina es la tradición de correr de los
tarahumaras; me encantaría correr con ellos.
Enseguida, la
charla de El Universal con el autor de
dos libros obligados entre miles de aspirantes a
periodistas en México, Cabeza de turco
y El periodista indeseable.
¿Cómo fue
su primer impulso como periodista para
encubrirse?
Creo que es más
que el periodismo, se ha convertido en la tarea
de toda mi vida, casi podría decirse que en una
obsesión, no sé cómo definirlo. No me gusta
utilizar el término de periodismo de investigación
o revelación. Muchos de mis
esfuerzos por defender los derechos humanos los
hice publicando un asunto, en otros casos logré
mejorar algo sin necesidad de hacerlo.
Mi método de
trabajo se ha ido desarrollando durante mis
primeros años de periodista, cuando empezaba a
laborar en fábricas como trabajador alemán, en
Ford, Siemens, Thyssenm entre 1964 y 1966, y se
publicaban mis artículos en periódicos de
sindicatos.
Sigue
existiendo, sin embargo, el temor principal de mi
vida, el que sigue apareciendo en mis sueños,
que es el de ser descubierto.
Su
preparación material, física y mental para
encubrirse...
Preparo
diferentes temas a la vez, hasta que llega el
momento en el que siento que ha llegado la hora
para abordar uno de ellos; entonces me sumerjo en
él, y sumergirme significa que empiezo a hablar
con personas afectadas, investigar, escuchar a
personas que me tienen confianza. La preparación
exterior es relativamente rápida, y tiene que
serlo, porque a las cinco de la mañana, cuando
me preparo para ir a una fábrica, necesito que
todo sea fácil.
¿Qué
peligros ha enfrentado?
Uno de los
papeles más peligrosos y a la vez más fáciles
fue en 1974, en Grecia, cuando me manifesté
contra el régimen político. Se me trató como
se hubiera hecho con cualquier otro griego en
estos casos; pasé por el clásico tratamiento de
tortura e interrogación que se daba a presos
políticos y fui encarcelado. Después de la
guerra de Chipre fui liberado como todos los
presos políticos.
¿En países
subdesarrollados esos riesgos aumentan?
He visitado a
colegas en Brasil que (
) trabajaban según
mi método al informar, por ejemplo, sobre la
tala de la selva tropical o la esclavización de
obreros, y tengo que decir que trabajan bajo un
riesgo mucho mayor. Varios que han dejado sus
vidas en ello.
¿Recomendaría
encubrirse para revelar historias, por caso, de
los cárteles mexicanos de la droga?
Podría estar
tentado de responder a esta pregunta con cierta
ligereza debido a la distancia y diferente
realidad que tengo aquí, pero sé que el que se
mete en estos ámbitos vive con un pie en su
propia tumba. Me parece sumamente difícil,
prácticamente imposible, encontrar una respuesta
a esta pregunta. No me queda más que decir que
el que hace eso merece todo nuestro respeto, pero
yo, aquí, desde Alemania, no puedo ni expresarme
a favor ni en contra de tales proyectos. No lo
recomendaría.
¿Cómo vive
usted que debe al menos una parte de su vida
dedicarla a ser otro?
Mi trabajo ha
sido para mí algo como una terapia. Por medio de
mi trabajo me he encontrado a mí mismo, he
encontrado mi sitio en la vida, sé cual es mi
lugar y cómo reaccionar ante la injusticia. Pero
también he podido descubrir que aquellos que son
o parecen tan intimidantes pierden el poder
aterrorizante cuando uno se acerca a ellos y les
arranca la careta que llevan.
He sido influido
por los valores de escritores como Brecht o
Tucholsky. Pero seguramente también tiene que
ver con aventura, curiosidad; es una manera de
vivir el entrometerse.
¿Cuándo
conviene encubrirse?
Siempre que no
se obtenga acceso a información, cuando alguien
trata de ocultar información a la prensa, cuando
se manifiesta injusticia, cuando se prohíben
actividades de sindicatos, donde no se respetan
los derechos fundamentales, donde se tata de
controlar la información, entonces se necesita
este método, la ciencia de la observación
participativa. Un periódico alemán, Bild,
me había estado denunciando por mi método. Pero
al final de un largo recorrido, mi método ha
sido aprobado por el Tribunal Federal Supremo
(alemán) en la llamada Sentencia Wallraff.
Es decir, que
cuando una información, aunque haya sido
investigada en condiciones ilegales, es de tal
importancia para la sociedad, el derecho de
información del público prevalece.
¿Cómo
evita que un reportaje suyo acabe siendo parte
del espectáculo mediático?
Por medio de
sostenibilidad. Al asegurarme de que
las cosas cambian, que realmente se cumplen los
requisitos establecidos. Al no sólo revelar un
escándalo e irse de inmediato, sino quedarse,
seguir en el asunto luego de haberlo publicado.
* Esta entrevista se publicó en el
diario mexicano El Universal el lunes 24 de noviembre de 2008.
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