Cómo
mentir con estadísticas
Darrell
Huff *
INTRODUCCIÓN
Los
promedios y las relaciones, las tendencias y los
gráficos no son siempre lo que parecen. Puede
haber más de lo que ven los ojos y puede haber
mucho menos. El lenguaje secreto de las
estadísticas, tan atrayente a una cultura que se
apoya en los hechos, se emplea para causar
sensación, deformar, confundir y simplificar en
demasía. Los métodos y los términos
estadísticos son necesarios para informar sobre
los datos masivos de las tendencias sociales y
económicas, las situaciones de los negocios, las
encuestas de opinión, y los censos; pero sin
escritores que utilicen las palabras con honradez
y precisión y sin lectores que sepan lo que
significan, el resultado no es más que pura
semántica sin sentido alguno.
Este libro es
una especie de rudimento sobre la manera de
utilizar las estadísticas para engañar. En
conjunto puede parecer un manual para
desaprensivos. Quizá pueda justificarlo como
aquel ladrón retirado que con la publicación de
sus recuerdos ofrecía un curso para graduarse en
el arte de tirar la piedra y esconder la mano:
los desaprensivos ya conocen estos trucos; los
hombres honrados deben aprenderlos en defensa
propia.
CAPÍTULO
1:
La muestra que presenta un
factor de influencia en sí misma.
La técnica del
muestreo es la espina dorsal de la mayor parte de
las estadísticas que usted haya de encontrar en
toda clase de temas. La base de esta técnica es
simple, aunque en la práctica sus sutilezas han
conducido a toda clase de caminos equívocos,
algunos de los cuales distan de ser respetables.
Si la muestra es
lo suficientemente extensa y bien seleccionada,
representará al conjunto con bastante
aproximación en la mayoría de los casos. Si no
es así, puede ser menos precisa que una
hipótesis sensata, y no tiene nada que la apoye,
a no ser un aire de aparente precisión
científica. Es una triste verdad el hecho de que
detrás de lo que leemos o creemos saber están
las conclusiones derivadas de muestras subjetivas
o demasiado pequeñas, o ambas cosas a la vez.
Cuando lea otra
vez que el americano medio (se habla mucho de
él, y la mayoría de las veces lo que se dice
está poco fundamentado) se cepilla los dientes
1,2 veces al día (cifra que se me acaba de
ocurrir, pero que puede ser tan buena como la
facilitada por cualquier otra persona),
pregúntese ¿Cómo se ha podido averiguar tal
cosa?
Cuando los datos
han sido filtrado a través de distintas fases de
manipulación estadística y reducidas a una
media expresada en decimales, el resultado
empieza a presentar una aureola de convicción
que sólo se vería empañada por una revisión
cuidadosa de la muestra.
Para que un
informe basado en una muestra tenga valor, debe
utilizar una muestra representativa, donde se
hayan eliminado todos los posibles factores de
influencia.
Examine dos
veces lo que lea, y evitará creer una cantidad
de cosas que no son verdad. Vale la pena tener en
cuenta también, que la representatividad de una
muestra puede ser destruida con la mayor
facilidad, tanto por influencia de factores
visibles como por la de los invisibles. Es decir,
incluso en caso de que no pueda demostrarse que
existe un factor de influencia apreciable,
conserve cierto grado de escepticismo sobre los
resultados, siempre que haya una posibilidad de
influencia en alguna parte. Siempre la hay.
Para comprobar
una muestra tomada al azar se procede según el
criterio siguiente: ¿Tiene cada nombre o cosa
del grupo total la misma posibilidad de formar
parte de la muestra?
La labor de la
encuesta de opinión se convierte en una batalla
contra las distintas influencias, y libran esta
batalla constantemente todas las organizaciones
de encuestas con buena reputación. El lector de
informes debe recordar que esta batalla nunca se
gana. No se debe leer ninguna conclusión en el
sentido de que el 65% de la población es
contrario a una u otra cosa, sin formularse la
pregunta ¿el 65% de qué población?
Quizá sea más
importante recordar que cualquier cuestionario no
es sino una muestra (segundo factor) de las
posibles preguntas, y que la contestación de la
señora no es sino una muestra (tercer factor) de
su actitud y su experiencia sobre cada una de las
cuestiones.
Supongamos que
usted es un entrevistador y le han asignado una
esquina de una calle, con una entrevista a
realizar. Usted localiza a dos hombres que
parecen encajar en la categoría fijada: más de
cuarenta años, negros, habitantes de la ciudad.
Uno lleva un mono bien remendado y limpio. El
otro va sucio y ofrece un aspecto poco amigable.
Con intención de terminar pronto su trabajo,
usted se acerca al individuo de aspecto más
agradable, y todos sus colegas en todo el país
toman la misma decisión.
CAPÍTULO
2:
El promedio bien escogido.
No puede
culparme // Esta es la ventaja esencial de mentir
con estadísticas.
Es un truco
utilizado con mucha frecuencia, a veces de forma
inocente, otras con intención culpable, por
individuos que desean influenciar la opinión
pública o vender espacio publicitario. Cuando le
dicen que algo es un promedio, usted no sabe
todavía gran cosa del mismo, a menos de que
pueda averiguar de qué promedio se trata: media,
mediana o moda.
Otro factor de
confusión es que el hecho de que, en algunos
tipos de información, todos los promedios son
tan semejantes entre sí, que para la
información no resulta de vital importancia
hacer distinciones entre ellos.
Por esto, cuando
usted lea una declaración de un director de
empresa o propietario, donde se diga que el
salario medio de la gente que trabaja en su
empresa es de tanto, la cifra puede significar
algo y puede no significar nada.
Con gran
facilidad esto puede convertirse en un sistema:
cuanto peor es la historia real, mejor aspecto
adquiere; vamos a ilustrarlo.
Usted es uno de
los tres socios propietarios de una pequeña
fábrica. Nos encontramos al final de un año muy
bueno. Ustedes han pagado 198 mil dólares a los
noventa empleados que cuidan de fabricar y
distribuir las sillas o lo que fabriquen. Usted y
sus socios se han pagado a sí mismos un sueldo
de 11 mil dólares cada uno. Resulta además que
hay unos beneficios de 45 mil dólares, a
distribuir entre ustedes por partes iguales.
¿Cómo lo representarán? Para facilitar la
comprensión, lo expresan en forma de promedios.
Como sea que todos los empleados hacen la misma
clase de trabajo y perciben un salario igual, no
representará gran diferencia utilizar la media o
la mediana. El resultado es el siguiente: sueldo
medio de los empleados, 2.200; salario y
beneficio medio de los propietarios, 26.000.
Tiene un aspecto terrible ¿verdad? Probemos de
otro modo. Coja 30 mil dólares de la cifra de
beneficios y repártalos entre los tres socios y
esta vez al promediar los sueldos inclúyase
usted y sus socios, y asegúrese de que utiliza
la media. Sueldo o salario medio: 2.806,45.
Beneficio medio de los propietarios: 5.000. ¡Ah!
Esto ya tiene mejor aspecto. Podría conseguirse
más, pero no está mal.
Los del Censo
tienen formación suficiente y el dinero
necesario para conseguir un apreciable grado de
precisión en sus encuestas. No todas las cifras
que usted ve han nacido en tan felices
circunstancias, ni se presentan todas
acompañadas de información suficiente para
examinar su precisión o imprecisión.
CAPÍTULO
3:
Las pequeñas cifras que
no aparecen.
Los titulares
dicen que entre los usuarios de la pasta de
dientes Doakes la frecuencia de caries dentales
disminuye en un 23%, y continúan informando de
que usted puede vivir con un 23% menos de dolores
de muelas. Estos resultados, según podrá
averiguar, proceden de un laboratorio
independiente y prestigioso, y van
acompañados de certificación expedida por un
perito diplomado. ¿Qué más quiere? A pesar de
ello, si usted no es excesivamente crédulo u
optimista, recordará por experiencia que una
pasta de dientes raras veces es mucho mejor que
cualquier otra. Entonces ¿cómo consigue Doakes
informar de tales resultados? ¿Puede contar
mentiras de tal magnitud? No, ni hace falta que
lo haga. Existen maneras más fáciles y
efectivas de salirse con la suya. Hagamos que
cualquier pequeño grupo de personas controle sus
caries durante seis meses, después sometámoslo
al dentífrico de la Doakes. Pueden ocurrir tres
cosas: que presente un número mayor de caries,
que presente un número inferior o que presente
el mismo número aproximadamente. Si se da la
primera o la última de las posibilidades, la
Doakes and Company archiva las cifras (fuera de
todo alcance) y vuelve a probar. Tarde o
temprano, por efecto del azar, un grupo
experimental presentará una gran mejora, digna
de un titular y quizá de toda una campaña
publicitaria. Esto ocurrirá tanto si usan el
dentífrico Doakes como si emplean perborato
sódico o el mismo dentífrico que venían
utilizando.
¿Cómo se puede
evitar ser engañado por unos resultados
inconclusos? ¿Debe cada uno convertirse en su
propio especialista en estadísticas y estudiar
todo el material en bruto por sí mismo? La cosa
no está tan mal como parece, existe una prueba
de significación fácil de comprender. Se trata
simplemente de un modo de informar sobre las
probabilidades de que la cifra del test
represente un resultado real y no producido por
casualidad. Es la pequeña cifra que no figura,
bajo el supuesto de que usted, lector profano, no
la comprenderá, o que sí la comprenderá, en
los casos en que fuera necesario ocultar algo.
Suele omitirse
otra pequeña cifra cuya ausencia puede ser
asimismo perjudicial. Es la que indica la clase a
que pertenecen los casos o la desviación que
presentan con respecto a la media. A menudo un
promedio (tanto si se trata de una media o una
mediana, con especificación o sin ella) es una
simplificación tan grosera que resulta del todo
inservible. No saber nada de una cosa es con
frecuencia más saludable que poseer un
conocimiento inexacto, pues saber poco de algo
puede ser peligrosísimo.
El error está
en el proceso de filtración de la información,
que comienza en el investigador, pasando por el
escritorio sensacionalista o mal informado, hasta
llegar al lector, que no encuentra a faltar las
cifras desaparecidas durante el proceso. Gran
parte de la falsa interpretación puede evitarse
si se añade a la norma o promedio el
dato de la desviación.
Lo engañoso de
la pequeña cifra que no aparece es que su
ausencia a menudo pasa desapercibida. Esto,
naturalmente, es el secreto del éxito.
Esto recuerda
demasiado la vieja definición del método de
conferencias en clase: proceso por el cual el
contenido del libro de texto del instructor se
transfiere a la libreta de apuntes del alumno,
sin haber pasado por la cabeza de ninguno de los
dos.
Dé poca fe a un
promedio, un gráfico o tendencia en que falten
estas cifras importantes. De lo contrario,
estará tan a ciegas como el que escoge un lugar
de veraneo partiendo del dato de la temperatura
media.
CAPÍTULO
4:
Mucho ruido y pocas
nueces.
Se suele creer
de tal forma en las cantidades concretas que no
se cae en que una cantidad es aproximada y que,
por tanto, la diferencia entre dos cantidades
debe ser suficientemente grande como para
concluir que realmente hay una diferencia.
Existen editores
de revistas para quienes las encuestas de
opinión son el evangelio, sobre todo porque no
las comprenden. Cuando los resultados a su
disposición indican que un 40% de lectores se
interesan por un artículo y el 35% se interesan
por otro, piden más artículos como el primero.
La diferencia entre el treinta y cinco y el
cuarenta por ciento de lectores puede ser
importante para una revista, pero la diferencia
de la encuesta posiblemente no sea real.
CAPÍTULO
5:
El gráfico exclamativo.
Existe cierto
temor ante los números. Quizá sufrimos un
trauma originado por las matemáticas del
bachillerato.
Cuando los
números en forma tabular son tabú y las
palabras no van bien, como ocurre a menudo,
solamente queda una solución: dibujar un cuadro
estadístico.
Para impresionar
con un gráfico, mostrando una tendencia leve
como algo muy importante, síganse estos pasos:
(1) recorte la parte inferior de la gráfica y
(2) estire el eje vertical para exagerar la
diferencia.
Ahora que usted
ya ha practicado en el engaño ¿Por qué
limitarse a esa mutilación? Existe todavía un
truco que vale lo que doce como éste. Con él
podrá conseguir que el modesto aumento del 10%
parezca mucho más deslumbrante de lo que habría
de parecer un aumento real del 100%. Modifique
simplemente la proporción entre las ordenadas y
las abcisas. No existe ninguna regla que lo
prohíba y proporciona mejor aspecto a su
gráfico.
Las gráficas
facilitan una ilusión de objetividad que es
fácilmente explotable desde el engaño.
CAPÍTULO
6:
El personaje de la
gráfica.
El padre de
todos los gráficos descriptivos es el gráfico
normal de barras, método simple y bien conocido
para representar cantidades cuando hay que
comparar dos o más. El gráfico de barras puede
ser un engaño también. Mire con recelo
cualquier versión en donde las barras cambien de
anchura, o de longitud, mientras continúan
representando el mismo factor, así como
cualquier gráfico que represente objetos de tres
dimensiones cuyos volúmenes no puedan compararse
con facilidad.
Los objetos
gráficos se manipulan con frecuencia. A decir
verdad (naturalmente, eso es lo que no deseo
decir), quiero que usted infiera algo y se quede
con una impresión exagerada, pero que no me coja
en mis trucos. Existe un modo; es el utilizado a
diario para enredarle.
En lugar de
barras, ponga objetos tridimensionales, pero
considere sólo la altura para representar la
variable. Las tres dimensiones a un tiempo se
expresan en unidades al cubo, lo que provoca una
impresión visual muy exagerada.
Algunas de estas
cosas pueden ser causadas por defectos del
dibujo, pero es muy probable que haya gato
encerrado. Cuando todos los errores son a favor
del cajero, uno no puede dejar de extrañarse.
CAPÍTULO
7:
La cifra indirectamente
relacionada.
Si no puede
probar lo que desea, demuestre otra cosa y haga
ver que es lo mismo. En el deslumbramiento que
sigue al choque de las estadísticas con el
cerebro humano, casi nadie se dará cuenta de la
diferencia. La cifra que se relaciona
indirectamente es un truco garantizado que le
será de utilidad. Siempre lo ha sido.
Usted no puede
demostrar que su preparado cura los resfriados,
pero puede publicar (en grandes letras de molde)
un informe, con la garantía de un laboratorio,
asegurando que una onza de este producto mata
31.108 gérmenes en un tubo de ensayo en once
segundos. Si lo hace, asegúrese de que el
laboratorio posea una fama reconocida o un nombre
impresionante. Reproduzca el informe en su
totalidad. Fotografíe a un doctor en bata blanca
y coloque su fotografía al margen del informe.
Pero no haga mención de los distintos trucos que
ha empleado. No es asunto suyo (¿verdad?) hacer
constar que un antiséptico que da buenos
resultados en el tubo de ensayo, tal vez no cause
efecto alguno al hombre, después de haber sido
diluido convenientemente para evitar que queme el
tejido de la garganta. No comprometa el éxito
diciendo qué clase de gérmenes destruyó
¿Quién sabe cuáles son los gérmenes causantes
de los resfriados, sobre todo cuando cabe la
posibilidad de que no sea ningún germen? En
resumen, no se conoce ninguna relación entre los
gérmenes introducidos en un tubo de ensayo y la
causa de los resfriados, pero la gente no va a
hilar tan fino cuando ha de sonarse.
O cojamos este
ejemplo: el 27% de una extensa muestra de
eminentes médicos fuma más Throaties que
cualquier otra marca. La cifra puede estar
falseada por muchas causas, pero esto no tiene
ninguna importancia. La única contestación a
una cifra que presenta tan poco fundamento es ¿Y
qué? Con todos mis respetos hacia la clase
médica, ¿acaso los médicos saben más que
usted acerca de las marcas de cigarrillos?
¿Poseen alguna información privada que les
permita escoger el cigarrillo menos nocivo entre
todos? Claro que no la poseen, y su médico
sería el primero en decírselo. A pesar de ello,
este 27% se las arregla de un modo u otro para
sonar como si significara algo (Yo: incluso, no
sabemos nada del 73% restante. Imaginemos, por un
momento, que el 73% de los médicos que fuman
recurren a cualquier cosa que no sea Throaties,
por que consideran que éste es especialmente
nocivo para la salud).
Usted puede
demostrar que el tiempo despejado es más
peligroso que la niebla. Ocurren más accidentes
cuando el tiempo está despejado, porque hay más
días despejados que días de niebla. Con todo,
conducir cuando hay niebla puede ser mucho más
peligroso.
Si compro un
artículo cada mañana por 99 centavos y lo vendo
cada tarde por un dólar, habré conseguido
solamente un 1% sobre el total de las ventas,
pero el 365% sobre el dinero invertido al cabo de
un año.
El porcentaje de
mortalidad en la Marina durante la guerra entre
Estados Unidos y España fue de 9%. El de la
población civil de Nueva York durante el mismo
periodo fue del 16%. La recluta de voluntarios
para la Marina utilizó estas cifras para
informar que era más seguro estar en la Marina
que en tierra firme. Admitamos que las cifras son
ciertas; seguramente lo son. Piense un momento y
vea si puede hallar por qué no tienen sentido,
al menos en cuanto a la conclusión deducida por
los encargados del reclutamiento. Los grupos no
son comparables.
CAPÍTULO
8:
El post hoc aparece de
nuevo.
Cuando existen
varias explicaciones razonables para un mismo
hecho, nada le autoriza a usted a escoger la que
satisfaga a su gusto, e insistir sobre la misma,
pero mucha gente lo hace. Así, puede que dos
variables, A y B, estén relacionadas porque A
causa B, porque B causa A, porque existe una
cadena de causas y efectos entre ambas o porque
las dos son consecuencia de otra variable.
Partiendo de una
muestra reducida, existe probabilidad de hallar
alguna correlación sustancial entre cualquier
par de características o hechos cualesquiera.
Quizá el más
engañoso es el caso tan corriente en que ninguna
de las variables tiene efecto alguno sobre la
otra, pero existe a pesar de todo una
correlación real. Utilizando este medio se ha
llevado a cabo mucho trabajo sucio. Como ejemplo
de correlación absurda o falseada sobre un hecho
estadístico real, un gracioso señaló que
existe una estrecha correlación entre los
salarios de los ministros de la iglesia
presbiteriana de Massachussets y el precio del
ron en La Habana.
Otra cosa que
debe vigilarse es la conclusión según la cual
resulta que una correlación va más allá de los
datos utilizados para demostrarla. Es fácil
demostrar que cuando más llueve en una zona,
más crece el trigo e incluso mayor es la
cosecha. Pero una temporada de intensas lluvias
puede dañarla e incluso destruirla.
El profesor
Helen M. Walker ideó una divertida historia para
probar el absurdo implicado en la afirmación de
que debe existir causa y efecto cuando dos cosas
varían al mismo tiempo. Al investigar la
relación entre la edad y algunas
características de las mujeres, empiece por
medir el ángulo formado por sus pies al andar.
Hallará que el ángulo tiene tendencia a ser
mayor entre las mujeres de mayor edad. Al
principio quizá se le ocurra pensar que las
mujeres envejecen porque separan los pies.
CAPÍTULO
9:
Cómo estadistiquear.
El informar mal,
utilizando material estadístico, podría
llamarse manipulación estadística, y
resumiéndolo en una sola palabra (aunque no sea
muy buena), estadisticulación.
Sea quien sea el
culpable en un caso determinado, se hace difícil
achacarlo a su incapacidad inocente. Mientras los
errores estén todos de una parte, no es fácil
atribuirlos a falta de conocimiento o a la
casualidad.
Para conseguir
un aire de precisión científica que dará
consistencia a la estadística más fraudulenta,
emplee los decimales.
Los porcentajes
son terreno fértil para la confusión y al igual
que los decimales que siempre impresionan, pueden
proporcionar una aureola de precisión a lo
inexacto.
Cualquier cifra
de porcentaje basada en un pequeño número de
casos tiene muchas probabilidades de ser
engañosa. Es más informativo dar la cifra
misma. Y cuando el porcentaje llega a expresarse
en decimales, empieza a recorrerse la escala que
va de lo absurdo a lo fraudulento.
Al calcular el
porcentaje de beneficios, se pueden elegir entre
varios métodos (y se tiene la obligación de
indicar qué método se utiliza).
Mucho ruido y
trapacería resulta de añadir cosas que no son
sumables pero simplemente lo parecen. Durante
generaciones, los niños han venido utilizando un
truco para demostrar que no van a la escuela.
Quizá usted lo recuerde. Partiendo de 365 días
al año, puede restarles 122 por el tercio del
tiempo que pasa en la cama y otros 45 por las
tres horas que emplea diariamente en comer. De
los 198 días que quedan quite 90 para las
vacaciones de verano y 21 para las vacaciones de
Navidad y Pascua. Los días restantes no alcanzan
ni a cubrir los sábados y domingos.
La grande y
despreciable mentira aparece también en todas
las huelgas. Cada vez que hay una huelga, la
Cámara de Comercio anuncia que la huelga cuesta
tantos millones de dólares al día. Obtiene la
cifra sumando todos los coches que se hubieran
fabricado si los huelguistas hubiesen trabajado
todo el tiempo. Se añaden las pérdidas de los
proveedores. Se añaden todas las pérdidas
posibles, incluyendo las tarifas de aparcamiento
y las pérdidas de los vendedores.
Otro terreno
fértil en engaños es la confusión entre
porcentaje y puntos de porcentaje. Si sus
beneficios ascienden al 3% sobre la inversión un
año y 6% al año siguiente, hará que suene muy
modesto llamándolo un aumento de tres puntos de
porcentaje. Con la misma validez podía haberlo
descrito como un aumento del cien por cien. Las
encuestas de opinión pública juegan libremente
con estos dos sistemas.
Este año la
leche ha bajado 10 centavos y el pan ha subido 10
centavos. Ahora ¿qué desea probar? ¿Que el
coste de la vida ha aumentado? ¿Que el coste de
la vida ha bajado? ¿O que no ha habido cambio?
Considere el
año pasado como el período base, haciendo que
los precios de entonces representen el 100%. Como
sea que el precio de la leche ha bajado a la
mitad (50%) y el precio del pan se ha doblado
(200%) y el promedio de 50 y 200 es 125, los
precios han subido un 25%. Probemos ahora otra
vez, tomando el año actual como período base.
La leche costaba el 200% de lo que cuesta ahora y
el pan se vendía al 50%. Promedio: 125%. Los
precios eran un 25% más elevados de lo que son
ahora.
El hecho es que,
a pesar de su base matemática, las estadísticas
son tanto un arte como una ciencia. Muchas
manipulaciones e incluso tergiversaciones son
posibles dentro de los límites de su
jurisdicción. A menudo, el experto en
estadísticas debe escoger entre distintos
métodos, lo que no deja de ser un proceso
subjetivo, y hallar el que debe utilizar para
representar los hechos.
CAPÍTULO
10:
Cómo enfrentarse con las
estadísticas.
Hasta aquí, me
he dirigido a usted como si yo fuera un pirata
deseando instruirle en el manejo del trabuco. En
el capítulo que cierra este libro, voy a
prescindir de este truco literario. Voy a
referirme al propósito serio que creo que puede
entrever bajo la superficie de este libro;
explicando cómo debe mirarse una estadística
falseada, y desenmascararla; y aún más
importante, cómo reconocer los datos útiles y
ciertos entre la marejada de fraudes a los cuales
he dedicado los capítulos anteriores.
¿Quién
lo dice?
Lo primero que
debe mirar es en qué sentido puede estar
influida la información. Busque la influencia
consciente. Busque con atención la influencia
inconsciente. A menudo es más peligrosa.
Tal vez haga
falta por lo menos una segunda inspección para
enterarse de quién lo dice.
Cuando se cite
un nombre O.K. (el nombre de una institución con
prestigio, por ejemplo), asegúrese de que la
autoridad está detrás de la información, no
como algo presentado al lado de la misma.
¿Cómo
lo sabe?
Usted como
lector no puede aplicar tests de significación o
llegar a conclusiones exactas sobre la idoneidad
de una muestra. Sin embargo, sobre muchísimas de
las cosas aducidas en un informe, podrá decir
con una mirada (quizá una mirada insistente) que
no hubo suficientes casos para convencer a un
individuo racional de nada en concreto.
No siempre le
dirán el número de casos. La ausencia de esta
cifra, en particular cuando la fuente de
información es parte interesada, es suficiente
para sospechar del conjunto.
Muchas cifras
pierden significado al faltar el término de
comparación.
A veces se
mencionan los porcentajes, omitiendo el material
numérico de base, lo cual también puede inducir
a engaño.
Si le dan un
índice, pregunte usted qué falta. Tal vez sea
la base, escogida con objeto de tergiversar el
resultado.
¿Dio
alguien cierto giro a la información?
Cuando compruebe
una estadística, busque la posible tendencia que
alguien haya introducido en las cifras totales o
en las conclusiones. Con frecuencia se da a
conocer una cosa en lugar de la otra.
Pasan cosas
raras cuando las cifras están basadas en lo que
dice la gente
hasta cuando se trata de
hecho objetivos al parecer. Los datos del Censo
han demostrado que hay más personas de treinta y
cinco años, por ejemplo, que de treinta y cuatro
o treinta y seis. Esta falsa imagen se debe a que
el miembro de la familia que informa de las
edades de los demás tiende a redondearlas a
múltiplos de cinco. El modo de contrarrestarlo
es pedir que sean consignadas las fechas de
nacimiento.
La modalidad
post hoc es otro modo absurdo y pretencioso de
cambiar la idea sin que lo parezca. El cambio de
un hecho que se da justamente con otro, es
presentado como si uno de ellos fuera causa del
segundo.
A veces se
emplea la semántica para cambiar la idea.
¿Tiene
sentido?
Esta pregunta
rebajará la importancia de la estadística
cuando el galimatías se base en un supuesto no
probado. La historia de siempre: las
estadísticas se falsean en las propias narices
del lector. Se publican solamente porque la magia
de los números anula al sentido común.
Hallamos un
ejemplo en el cálculo de un famoso urólogo
según el cual hay en EEUU ocho millones de casos
de cáncer de la próstata; lo que sería
suficiente para pronosticar 1,1 glándulas
carcinomatosas a cada uno de todos los varones
que están en la edad susceptible de contraer
esta enfermedad.
La cifra de
impresionante precisión contradice a veces al
sentido común.
Las
extrapolaciones son útiles, particularmente para
la forma de predicción llamada previsión de
tendencias. Pero al examinar las cifras o los
gráficos derivados de las mismas, debe tenerse
presente una cosa: la tendencia actual tal vez
sea un hecho, pero la tendencia futura sólo
puede predecirse mediante una hipótesis
razonable, llevando implícita que siempre
que lo demás siga igual y que las
tendencias actuales continúen De un modo u
otro, sin embargo, todo se niega a permanecer
igual; de lo contrario, la vida sería demasiado
monótona.
* El texto original (How to lie with
statistics) es la
publicación más famosa sobre el tema, de 1954,
que todavía está a la venta. El extracto que
figura en este documento se ha obtenido de la URL
de Nelson Jahr García, desde fuentes de dominio
público, que en este caso no se especifica. La
valía del texto, además de lo acertado de su
contenido, se encuentra en la abundancia de
ejemplos. Dado el objetivo de este extracto (dar
una idea), se han eliminado los ejemplos, salvo
alguna breve excepción.
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