En
Tijuana los reporteros usan chalecos antibala
Exponer la vida por la
noticia
Jorge
Morales Almada *
Agazapado
detrás de un vehículo, Sergio Ortiz se protege
de las balas. Está en la línea de fuego durante
un tiroteo en la colonia Loma Dorada, donde
sicarios al servicio de un supuesto
narcotraficante apodado "El Muletas" se
enfrentan con fusiles de alto poder a policías y
soldados. Su única arma es una cámara
fotográfica, con la que intenta captar la mejor
imagen para el periódico en el que trabaja. Las
ráfagas de los AK-47 retumban ante el tímido
clic del obturador. Adrenalina pura. Zona de
guerra.
El riesgo de ser
alcanzado por una bala es inminente durante la
cobertura noticiosa de esta violentada ciudad
fronteriza, donde en las últimas seis semanas se
han registrado varios tiroteos entre supuestos
narcotraficantes, policías y militares, además
de las ya habituales persecuciones a balazos y
ejecuciones al estilo de la mafia, las cuales han
dejado un saldo de más de 160 muertos en ese
período.
Por ello Ortiz,
al igual que otros reporteros de Tijuana, han
decidido portar chalecos antibalas durante su
tarea diaria.
El sábado
pasado le tocó también acudir a la balacera
donde fue capturado Eduardo Arellano Félix
quien, según las autoridades mexicanas, era el
líder del cartel de Tijuana.
"Nuestro
trabajo se ha vuelto más delicado, el peligro
está latente, estar pensando que una bala
perdida te puede tocar", comenta este
reportero gráfico del diario Frontera, empresa
que decidió dotar de chalecos antibalas a sus
reporteros de la nota policiaca.
Todavía sin
acostumbrarse a ese escudo, el fotorreportero
comenta que portar el antibalas lo hace sentir un
blanco más. La violencia suscitada en Tijuana
les ha cambiado la dinámica y su vida personal.
"De unas
semanas a la fecha siente uno como paranoia,
salgo de casa y estoy volteando para todos lados,
voy espejeando en el carro, revisando que no
venga un convoy de carros, no precisamente porque
me estén buscando, sino que son precauciones
porque está pasando por todos lados, esta gente
está llegando a cualquier hora y en cualquier
lugar y te puedes cruzar en un mal momento",
dice Ortiz. "Como periodistas estamos en
más riesgo, pero le está tocando a todas las
personas que viven en Tijuana, creo que estamos
viviendo una paranoia, como el fin de semana que
hubo fuegos artificiales (durante un concierto) y
empezaron a hacer llamadas de que eran
balazos".
Daniel Salinas,
reportero del mismo diario, explicó que otra de
las medidas que la empresa ha decidido tomar para
protegerlos es firmar las notas, artículos o
reportajes sobre el crimen organizado como
"Redacción/Frontera".
"Los
reporteros ha estado expuestos a eventos de alto
impacto, si no se ha muerto uno es de milagro,
por eso para estar protegidos se decidió
adquirir chalecos, aunque la instrucción es no
acercarse demasiado a los hechos", mencionó
Jorge Fregoso, reportero de Síntesis TV, quien
también porta su chaleco antibalas.
"Decidimos
conseguir chalecos porque la situación se ha
puesto cada vez más complicada, es una manera de
prevenir, no porque exista una amenaza directa,
sino que puedes ser blanco de una bala
perdida
Por experiencia sabemos que esta
gente busca desestabilizar y los periodistas son
blanco de esta situación", comentó
Fregoso.
Como reporteros,
dijo, han tomado otras medidas extra, como dejar
espacio entre los vehículos mientras conducen en
caso de que ocurra algún altercado y tengan
oportunidad de escapar.
"En cuanto
a la vida privada, tratamos de evitar ir a
ciertos lugares, tratar de ser precavidos",
comentó. "Porque estamos viviendo cosas que
no se habían visto antes, 12 cuerpos tirados,
más de cien muertos en un mes, entambados en
ácido, calcinados, balaceras a plena luz del
día".
Los tiroteos de
los narcotraficantes han llegado a decenas de
víctimas inocentes, una de las más recientes
fue un bebé que iba a bordo de un vehículo que
conducía su papá y que chocó cuando un grupo
de sicarios empezó a hacer disparos a diestra y
siniestra.
Said Betanzos,
reportero de Televisa, dijo que la directiva de
noticieros de la empresa ha pedido a sus
reporteros y camarógrafos no acercarse a las
balaceras para evitar tragedias.
"Nosotros
no portamos chalecos, en los casos de alto
impacto, por medidas de seguridad, la
instrucción es ir al lugar cuando se acabe el
tiroteo, para no exponernos, nuestro jefe nos ha
dicho que más vale perder la nota que perder un
amigo, que no quiere héroes. Claro, nosotros
vamos porque nos gusta, pero se toman las debidas
precauciones", dijo Betanzos.
Para Rosario
Mosso, reportera del semanario Zeta, la mejor
protección es verificar la información que se
va a publicar. "Nosotros tenemos más de 20
años lidiando con estos temas, siempre hemos
tenido cuidado de verificar nuestras fuentes con
la regla de tres, confirmamos con tres partes
diferentes la información que nos llega, para
estar seguros que lo que vamos a publicar sea
verdad", comentó la discípula del extinto
periodista Jesús Blancornelas.
El trabajo
periodístico de Zeta es diferente al que
realizan los diarios de Tijuana, dijo Mosso, ya
que es una labor más de investigación que de
reportar los hechos. No obstante, la instrucción
para la cobertura de las balaceras es básica: no
exponerse y seguir las indicaciones de las
autoridades presentes en el incidente.
Esa es la
dinámica a la que se enfrentan los reporteros en
esta ciudad, que se ha convertido en una zona
guerra si se toma en cuenta que durante las
últimas semanas se ha superado el número de
muertos en comparación con Bagdad. "Si
tomas en cuenta las cifras que ha arrojado esto,
más de 160 muertes en 38 días, que durante dos
semanas tuvimos un promedio de un asesinato cada
tres horas, de que estamos expuestos a tiroteos y
fuegos cruzados, sí podemos decir que estamos en
una zona de guerra", agregó Daniel Salinas.
(N. de la R:
Tijuana es la ciudad fronteriza con Estados
Unidos más importante del estado mexicano de
Baja California.)
* Jorge
Morales Almada es
reportero del diario estadunidense La Opinión de Los
Ángeles, donde
publicó esta nota el pasado 28 de octubre. © La
Opinión de Los Ángeles.
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