México, 1968

¡Prensa
vendida!
Blanche
Petrich *
El periodismo de
México en 1968 recibió desde las calles una
sanción clara e inequívoca: ¡Prensa
vendida! La mayor parte de los dueños de
los medios de comunicación, los OFarril y
los García Valseca, los Azcárraga y los
Alarcón, volcados en aplaudir en los banquetes
la mano firme y la respuesta
ejemplar del presidente Gustavo Díaz Ordaz
ante la conjura, no acusaron recibo de este
juicio popular. El diario Excélsior,
donde Julio Scherer acababa apenas de tomar las
riendas, se indignó. Dice su editorial del 14 de
agosto: Los que gritan prensa vendida no
son capaces ni remotamente de demostrar que esto
es cierto.
Las huellas
impresas que hoy se resguardan en las hemerotecas
demuestran, sin embargo, que esa consigna
reflejaba una verdad que hoy sólo unos cuantos
discuten: para que el autoritarismo priísta
funcionara como lo hizo durante siete décadas,
requirió de la complicidad y la obediencia de
los dueños de los medios de comunicación.
Para lograrlo,
el Estado cultivó la corrupción de periodistas
que fueron agentes, delatores, escribanos y
linchadores por encargo. Y si esa vía no era
eficaz, echaba mano de la amenaza, la censura, la
asfixia económica, la represión. Los
periódicos fueron generosos con las múltiples
voces del conservadurismo más rancio; omisos, en
cambio, para quienes protagonizaron con su
activismo la lucha más significativa de su
siglo.
Casi dos
décadas después, el propio Scherer hacía una
rectificación en su libro Los Presidentes
(primera edición, 1986): Habíamos
escamoteado a los lectores capítulos enteros de
la historia de esos días. Sabía bien que en
nuestras manos había estado la decisión de
cumplir o no con ese trabajo, pero también
sabía que el presidente no había propiciado el
mejor clima para el desarrollo de una
información irrestricta.
Hace 10 años,
con motivo del 30 aniversario del 2 de octubre en
Tlatelolco, la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM) editó un tomo notable, Antología
Periodística, 30 años después, un
esfuerzo de Aurora Cano. Es una selección de
materiales publicados entre julio y diciembre de
1968 en seis diarios de la ciudad de México: Excélsior,
Novedades, El Universal, El Sol, El Heraldo
y El Día. Son 600 piezas facsimilares,
cuya lectura nos permite conocer, en sus propias
voces, la batalla de ideas que se entabló esos
días entre el discurso dominante del
anticomunismo, servil ante el poder, y algunas
mentes progresistas, que 40 años después siguen
siendo referencia del pensamiento crítico: Pablo
González Casanova, Rosario Castellanos, María
Luisa Mendoza, Ermilo Abreu Gómez, Alejandro
Gómez Arias, el entrañable monero Abel Quezada,
Rodolfo Peña y Daniel Cossío Villegas, entre
otros.
Las cabezas de
las notas periodísticas que dan cuenta de las
manifestaciones, los choques entre estudiantes y
policías, el bazucazo en la
Preparatoria Uno, usan términos como la
furia desatada de los estudiantes, las
manos extrañas en los disturbios,
los pandilleros, los greñudos, los agitadores,
la conjura comunista.
Sin excepción,
los periódicos defienden la ocupación militar
de las escuelas de educación superior. Como
contrapeso, artículos de Froylán López
Narvárez, Hugo Hiriart y Fernando Carmona
Nenclares oponen la razón de los
estudiantes contra el abuso de la fuerza
policiaca.
El Día
ofrece espacios importantes a las voces del
movimiento con la publicación de inserciones
pagadas, que fueron la única vía que durante
décadas el movimiento popular tuvo para hacer
oír su voz.
Algunas
cabezas del día del Informe presidencial: El
Heraldo: Defenderé a México y
arrostro las consecuencias: GDO. El
Universal: Toda la energía, si es
necesario; Novedades: Haremos
nuestro deber.
En Excélsior,
el 13 de septiembre, Pablo González Casanova
pide, en esa hora, cuando ya se preparan las
bayonetas y los tanques, que se opte por el
diálogo, que se reconozca la legitimidad del
pliego petitorio estudiantil. O se opta por un
cambio en la forma como se ha manejado la crisis
hasta ahora advierte o se opta por el
empleo de la fuerza pública, que tendrá que ser
sin precedentes en la historia
contemporánea, dada la magnitud que ha
alcanzado el movimiento.
Ante la
invasión militar en la UNAM, El Día
publica un desplegado con una fuerte condena.
Firman 200 personajes, entre ellos Juan Rulfo,
Rosario Castellanos, Juan de la Cabada, Fanny
Rabel, Efraín Huerta, Carlos Monsiváis, Manuel
Felguérez, José Luis Cuevas, Gilberto Aceves
Navarro, Ramón Xirau, la crema y nata de la
cultura.
El 3 de octubre
son pocos los espacios para el luto. Perdurable
en la memoria, el cartón de Quezada, su
rectángulo negro.
*
Blanche Petrich es
reportera del diario mexicano La Jornada. Este texto lo publicó el 2 de octubre
de 2008, como parte de una edición especial
conmemorativa del 40 aniversario de la amsacre de
estudiantes.
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