Bajo la ley
de los multi-miedos
Daniel
G. Gutman *
La
década de los 90 marcó un cambio definitivo en
la historia de los medios de comunicación
masiva. Empresas de diarios, radio y televisión
como portadores de noticias fueron absorbidas por
conglomerados gigantes o multimedios que les
dieron un nuevo soporte económico pero al mismo
tiempo debilitaron su función natural.
Pasaron a ser
parte del inventario de estudios contables
multinacionales que echaron mano al periodismo
como producto de entretenimiento o como un activo
interesante para su reventa a otros grupos del
mismo tenor.
En medio de las
conveniencias financieras, siempre atendibles y
legítimas, rodaron las cabezas de miles de
periodistas asalariados, globalizados en un abrir
y cerrar de ojos, sin empleo o precarizados. La
unión AOL-Time Warner suena emblemática en el
nuevo contexto mundial dominado por una decena de
megaemprendimientos a los que se sumaron empresas
de menor tamaño en todo el mundo.
Podría decirse
que la conducta multimediática se repite en
cualquier país del planeta, en una réplica de
procedimientos y estrategias que reproducen los
mismos efectos a escala local.
Hay una conducta
multimediática que trasciende la mera relación
de tamaño, y con el favor de las condiciones e
ideas imperantes en la economía mundial aún la
pequeña y mediana empresa periodística
reproduce las acciones de los grandes emporios.
Hacia afuera le ofrece al cliente (antes
ciudadano) un surtido excepcional de productos y
hacia adentro impone controvertidas condiciones
laborales a los operarios de cuello azul (antes
periodistas).
Para Ignacio
Ramonet la información finalmente fue devorada
por el mercado y es apenas un ingrediente en el
pastel de la comunicación. Ahora se mezclan las
noticias con la publicidad, telenovelas, cine,
espectáculos deportivos, marketing, música,
juegos en red y toda la gama de alternativas de
la información y el entretenimiento pero
servidas en un único plato informe1.
Hasta los
diarios, que dieron mayor cabida a las noticias
racionales por encima de las
emocionales provocaron un giro hacia
el estilo televisivo, mucho más propicio para la
venta masiva. Y no sólo incorporaron el color,
un elemento valioso para la gráfica, sino que
además se inclinaron al amarillismo o por
lo menos al sensacionalismo- y al ornamento
farandulesco de la información. Con la
farandulización gana el espectáculo y pierden
la política y la vida pública2.
El edificio del
periodismo libre, el guardián de la democracia
se tambalea y los grupos mediáticos van por
más. No sólo pierden el interés por la
denuncia o el derecho de los ciudadanos sino que
su objetivo es mantener y en lo posible engordar
sus estructuras. Así pasan a ser grandes
jugadores en la lucha por el poder y su voracidad
los lleva a reclamar la derogación de cláusulas
o leyes que impiden el ensanche monopólico3.
Dentro de este
esquema la información estaría jugando del
bando contrario al interés público. La tortilla
se habría dado vuelta a favor del hombre de
negocios y dejado a pie al ciudadano común que
de ahora en más deberá optar por alguno de los
productos de mediana o baja calidad que se le
ofrecen. La información sobreabunda
envenenada por todo tipo de mentiras,
rumores, deformaciones, distorsiones,
manipulaciones4.
Un ciudadano
desarmado deberá enfrentar al nuevo superpoder
con armas novedosas. Ramonet propuso crear el
Observatorio Internacional de Medios de
Comunicación en el Foro Social en Porto Alegre,
Brasil (2003) para contrarrestar el poderío de
los industriales de la comunicación. El director
de Le Monde Diplomátique llamaba a combatir el
mercantilismo informativo y su ideología, el
neoliberalismo mundializado, para devolver la
información a sus auténticos propietarios, los
ciudadanos.
El Observatorio
debería reunir a periodistas en actividad o
retirados, profesionales o no, de cualquier medio
de comunicación, a investigadores y
universitarios de todas las disciplinas, en
especial de la comunicación y ciudadanos
comunes, y personalidades de reconocidas
cualidades morales.
Este organismo
rector, en el que la Universidad tendría un rol
protagónico porque es uno de los pocos
lugares parcialmente protegidos contra las
ambiciones totalitarias del mercado,
alcanzaría una legitimidad de la que carecen los
sistemas de regulación de los medios o las
organizaciones de periodistas, dependientes o
vinculados a los intereses corporativos.
El
tributo de los gigantes
Con el ojo
puesto en el funcionamiento de la economía, un
investigador norteamericano desmenuzó distintos
análisis sobre concentración mediática y
concluye que la única manera de modificar la
estructura actual es aplicar nuevos impuestos
dentro del mercado de las comunicaciones5.
Si se considera
tan importante la existencia de medios
independientes para la vida republicana, no puede
dejarse librado al mercado esa responsabilidad ya
que los conglomerados mediáticos tienen
intereses en un abanico muy diversificado de
rubros comerciales y financieros y lo peor es que
no dejan de tragar.
Basta un solo
dato para ejemplificar el afán troglodita de los
multimedios: en 1983, el mercado norteamericano
de medios estaba dominado por una cincuentena de
compañías mientras que hacia fines de 2000 el
dominio lo ejercían apenas seis compañías6.
La
concentración produce un achatamiento
informativo, la democracia pierde calidad, los
ciudadanos se desentienden de la agenda
política, los medios no se interesan por
reflejar la pluralidad de los puntos de vista y
hay un discurso hegemónico que favorece a los
conglomerados y las políticas que los sostienen.
Una política de
ingresos que redistribuya los recursos impediría
que los multigigantes continúen ganando espacio
y acumulando billonarias ganancias.
Una vez
asegurados los recursos públicos habrá igualdad
de oportunidades para aquellos que quieran
participar en los medios de comunicación y hoy
no pueden hacerlo. Así la sociedad se vería
recompensada por la presencia de un periodismo
acorde al ideal de la libertad de prensa,
expresado en la primera enmienda de la
constitución norteamericana. Es decir, se
privilegiaría la libertad de prensa por encima
de la libertad de empresa ya que nadie puede
publicar libremente sus ideas si carece de los
recursos mínimos para ello; una obviedad que los
defensores a ultranza de la libertad de
expresión parecerían no querer
comprender.
Hacia adentro
las redacciones también sufren el impacto con la
reducción de los planteles de periodistas y el
cierre de periódicos y pequeños y medianos
emprendimientos periodísticos. En los Estados
Unidos, los diarios suprimieron 2.200 puestos de
trabajo desde 1990 hasta 2004 en tanto los
servicios informativos de las cadenas más
importantes redujeron sus planteles en un tercio
respecto de 19857.
A modo de
ilustración el semanario Newsweek ofrece un
ejemplo catástrofe: la mitad de su personal fue
despedido a lo largo de los últimos 20 años. Si
faltasen datos que relacionen la
hiperconcentración y el desempleo pueden
observarse los números de la radio, el sector
que posee la mayor concentración de medios por
estos días.
Clear Channel
Communications, de San Antonio, Texas, tenía
cerca de 40 emisoras en 1990; hoy reúne
alrededor de 1.270 estaciones de radio en los
Estados Unidos y unas 240 en el exterior.
¿Cuántos periodistas necesita este atlas
radiofónico?: un 56% menos que en 1990.
La mengua de
profesionales determina menor o ningún control
de calidad informativa, no se acude a fuentes
variadas y la contextualización es casi
inexistente. Para llenar el vacío y utilizar los
recursos humanos los medios invierten en la
distribución y presentación de noticias, con
altas remuneraciones a conductores o
presentadores en detrimento del periodista
general.
Un periodismo de
rostros marketineros precisa de contenidos
livianos y de fácil acceso como pueden ser las
noticias del mundo del espectáculo o los
policiales o en todo caso farandulizar los hechos
políticos o
económicos.
El desinterés
de los colosos mediáticos por aspectos
esenciales del periodismo perjudica sobremanera a
los diarios. La correlación entre personal y
circulación se hace cada vez más evidente
aunque no puedan darse números exactos.
La relación
más difundida es de 1 periodista cada 1000
ejemplares, en términos de circulación. A menor
cantidad de profesionales menor calidad
periodística y caída en la ventas de ejemplares
aunque no significa caída en la venta de
publicidad-, un círculo defectuoso para
cualquier biblioteca de periodismo que no
pareciera figurar en la mente de los propietarios
de medios tan proclives a introducir el bisturí
en la yugular de la tarea informativa, los
periodistas.
Por suerte
algunos diarios mantienen las viejas fórmulas,
no por una adhesión tradicionalista sino a
partir de investigaciones e índices que permiten
medir la relación entre ganancias y calidad
periodística. Un relevamiento sobre 400 diarios
a cargo de la Universidad de Carolina del Norte
(EE.UU.), entre los años 1995 y 2000, demostró
que los más exitosos en mantener la circulación
fueron los diarios que conservaron la relación
de periodistas por encima de la medida
convencional de 1 cada 1000 ejemplares.
En cuanto a los
que perdieron circulación, no se sabe a ciencia
cierta si primero perdieron circulación y
después redujeron personal. Pero sí se
confirmó que aquellos diarios que redujeron en
mayor medida el personal fueron los que más
circulación perdieron8.
Según el
filósofo argentino Mario Bunge, devenido
profesor universitario en Canadá, el problema es
parte de uno mayor como es la concentración de
bienes en pocas manos; muy pocos disponen de un
gran poder y la única forma de remediarlo es
distribuir el poder. Esa distribución debe
alcanzar todos los aspectos, entre ellos los
medios de comunicación9.
Bunge, frente al
auge concentrador de los medios de comunicación,
da la voz de alarma: hay que trabajar por
una legislación contra el monopolio informativo,
esto es un peligro muy grande para la democracia
porque implica alimentar a la gente con
información unilateral, ocultándole la verdad,
distrayéndola para mostrarle aspectos poco
importantes de lo que en verdad sucede en el
mundo.
En la Argentina
mientras sigue vigente la ley
Videla de radiodifusión- las condiciones
para la concentración siguen siendo óptimas.
Por ahora no hay
límites porcentuales o de participación
accionaria ni se restringe la adquisición
cruzada, o sea un medio audiovisual puede comprar
uno gráfico y viceversa sin condicionamientos10.
Tamaña amplitud
de criterio se alcanzó en los años 90, bajo la
presidencia de Menem, mediante la modificación
de los art. 45 y 46 de la ley de radiodifusión
(ley 22.285) que contienen una serie de
limitaciones, como las que existen en otros
países.
En aquel momento
se consideraba la ley como un impedimento
insalvable a las inversiones de capital argentino
y extranjero que prometían el ingreso al
paraíso primermundista por la puerta de las
comunicaciones. Más competencia, más empresas,
más empleo...
La historia fue
bien distinta. La recesión puso al descubierto
el débil esqueleto sobre el cual se construyeron
tantos castillos de arena. Y en su caída las
grandes empresas periodísticas arrastraron a las
más chicas, que sumado a las fusiones y
adquisiciones anteriores conformaron la
desolación actual.
Entre 1998 y
2002 el número de empresas de medios descendió
de 291 a 265, con una reducción más
significativa en las de gran tamaño (de 17 a 7)
que son las que absorben mayor cantidad de
empleados. Dentro del mismo período 1 de cada 3
periodistas perdieron su empleo o la estabilidad
laboral11.
Las condiciones
laborales de los periodistas, a pesar de la
existencia del temible Estatuto Profesional
(temible para el empresario de medios), se
degradaron como las del resto de las profesiones
en la economía argentina.
Se crearon
formas legales o pseudolegales para encubrir la
degradación laboral como son las pasantías a
perpetuidad, con renovaciones por períodos
breves, colaboraciones mal remuneradas por afuera
de las normas o directamente impagas,
trabajo gratuito, en especial en producciones de
radio y televisión luego de transcurridos un
año o más, tercerización de redacciones, con
colaboradores satélite que ante la primer
restricción publicitaria pierden su espacio
laboral, salarios en baja, despidos masivos
invocando situaciones de crisis para eludir la
acción del Estatuto, bloqueo de la actividad
sindical dentro de las redacciones y otras tantas
variantes de la extorsión laboral típicas de la
época coparon el mercado de trabajo.
Hacia 2000,
según datos del Ministerio de Trabajo, la
precarización laboral se aproximaba al 40%, es
decir dentro de los parámetros que afectan hoy,
2004, al empleo nacional.
El
enemigo duerme adentro
Bajo estas
condiciones laborales habría que analizar hasta
qué punto se garantiza la libertad de expresión
o el derecho a la información, dónde queda la
ecuanimidad o la pluralidad democrática en
materia informativa si la tendencia no se
revierte.
Cómo puede la
sociedad exigir calidad informativa con
periodistas atemorizados. Una redacción
atemorizada es una representación circense de
periodismo; el periodista no puede estar cuidando
el pellejo cada día, atender cada gesto del jefe
de turno, lidiar con la conveniencia editorial,
satisfacer jornadas excesivas de trabajo y
además hacer buen periodismo.
El periodista
argentino pudo enfrentar la censura, soportó el
asedio de funcionarios militares, vio como fueron
asesinados muchos colegas pero no pudo con el
enemigo interno, con las prácticas aberrantes
dentro de su espacio de trabajo. Basta dar un
vistazo a las redacciones de hoy, los rostros lo
dicen todo. Quedó muy lejos la expresión de
algún académico que explicaba la raíz
satisfactoria del trabajo periodístico.
Sin pretender
ejecutar una melodía melancólica ni
desconociendo la complicidad de muchos colegas no
se puede esconder la bronca y la resignación y
eso significa un periodismo pobre, mucho más
pobre que los pobres periodistas.
Creciente
malestar e incertidumbre predominan en un
relevamiento realizado entre 2002 y 2003 por
Raquel San Martín, redactora del diario La
Nación y docente.
Luego de reunir
a varios grupos de discusión, integrados por
redactores de diarios nacionales con dos años o
más de experiencia y en situación de empleo
efectivo, encontró que sus previsiones acerca
del estado de ánimo de sus colegas fueron
ampliamente superadas.
Una auténtica
paradoja que revela como el miedo y las
condiciones anómalas de trabajo conspiran contra
la función esencial del periodista. El encargado
de averiguar qué pasa no es capaz de saber qué
está pasando en su entorno de pertenencia. La
falta de comunicación entre compañeros de
trabajo lleva a esconder el problema dentro de la
intimidad de cada uno hasta convertirse casi en
una cuestión psíquica individual. Aislamiento
fatal. Y este fue uno de los hallazgos más
interesantes del trabajo de San Martín: la
incapacidad del periodista para articular una
salida conjunta, un cambio solidario. No sólo
por temor, también aparece la ausencia de
autocrítica, como si los medios o sus
propietarios fueran los únicos responsables.
Ninguno se hace
cargo del autismo profesional (otra severa
deformación del periodista de hoy que se aísla
en su silla, su computadora, su nota, sus
fuentes, y otros tantos su o sus o sustos), la
falta de rigor en el chequeo de fuentes, la
búsqueda del impacto antes que la información,
el uso casi excluyente de fuentes oficiales o
recomendables, etc.
Fatalismo y
temor. Los encuestados sintieron gran alivio al
participar de los grupos de discusión y pudieron
expresarse en voz alta, pero una vez concluido el
relevamiento insistieron en que se mantenga el
absoluto anonimato, que había sido la condición
ineludible para prestarse al estudio de la
periodista.
Entre las
incomodidades más insidiosas los redactores son
unánimes en cuanto a la precarización que
empobrece el trabajo, redactores polifuncionales,
sobreabundancia de becarios en las redacciones,
escasa formación de quienes toman las decisiones
(jefes) y un sentimiento de impotencia por
saberse prescindibles y manipulables.
Somos el
último eslabón, fabricamos
salchichas, el trabajo es rutinario,
no hay sorpresa ni adrenalina, esto
es producción industrial en serie, somos parte
de una maquinaria, son algunos de las
expresiones de los periodistas.
La sesión, como
si se tratara de una terapia grupal, transitó
hacia las escabrosas relaciones con los jefes:
si tenés iniciativa o no es lo mismo, la
falta de motivación es completa y
vivimos simulacros de fusilamiento: hace
poco me llamaron para decirme que había ganado
una beca y pensé que era para echarme (un
periodista gráfico muy
reconocido)
La falacia de la
línea editorial es otra de las quejas comunes a
los paneles de discusión. Los periodistas no
cuestionan la opción ideológica del diario sino
el uso eufemístico que hacen las empresas de
medios. Compromisos políticos y económicos, que
vulneran principios genuinos de la profesión, se
convierten en armas invisibles de control. El
periodista debe acatar una serie de directivas,
tácitas o manifiestas, tan cuestionables como lo
que se puede o no decir, los temas que se pueden
o no tocar, las personas que se pueden o no
criticar, las fuentes que pueden o no citarse,
focalizarse en notas que venden y otras normas
controvertidas que se van aprendiendo en el
discurrir cotidiano.
De este modo se
va ensanchando el divorcio entre periodistas y
directores, con diferencias crecientes de
objetivos y aspiraciones que se detectan en la
falta de identificación del personal con la
empresa. Se trabaja para sobrevivir, la mística
del oficio quedó en el
recuerdo.
No concuerdan
los consultados cuando se intenta definir la
función del periodista, si debe interpretar,
opinar, exponer los hechos, y muchos de ellos
caen en contradicciones. Tampoco tienen claro el
sentido social del discurso periodístico. En
general dicen dirigirse a un lector difuso sin
reparar en demasía en la información como bien
público.
Instrumento
de cambio
En línea con
esta mirada crítica, Enrique Martín, ex
secretario de redacción de la agencia noticiosa
DyN (Diarios y Noticias) golpea sin
contemplaciones sobre el estado actual del
periodismo deportivo: Pasa por el peor
momento de su historia, hay falta de imaginación
y talento porque los jóvenes no leen, crecieron
mirando televisión, hay deficiencias para
escribir y no saben interpretar los textos. A mí
no me echaron del periodismo...soy un
renunciante. Me harté porque el periodismo
limita a un tipo que quiere escribir. Tomar lo
que dice un jefe semianalfabeto es cosa de locos.
No existe la repregunta, ya sea por ignorancia o
complicidad12.
Con la misma
contundencia, otro periodista deportivo, Víctor
Hugo Morales (Radio Continental), casi solitario
por su prédica y estilo, considera que los años
90 potenciaron las patologías del gremio hasta
el paroxismo. Diarios deportivos, radios de
fútbol las 24 horas, auge del amarillismo, el
rumor, el chisme y el escándalo junto con la
persecusión de los periodistas antimonopólicos
(los que no trabajan para Torneos y Competencias
del grupo Clarín) y el uso indiscriminado de
pasantes dieron por tierra con la ética y el
papel fiscalizador que tenían los periodistas.
Ser periodista es menos que ser nada si la
profesión no sirve para mejorar a la gente.
Elevar las estructuras del pensamiento, la
riqueza de ideas, la sensibilidad, el nivel
cultural, ésa es su misión., define
Víctor Hugo Morales13.
Con mayor
optimismo, el periodista Reinaldo Sietecase
(Revista 23), cree que hay espacios de libertad
individual en los cuales los profesionales
todavía tienen margen de maniobra. Si
tenés información, la chequeás, ¿es cierta?,
entonces la publicás. Ésa es la dinámica, y en
lo posible tratar de que el empresario no incida
en la línea periodística. Esto parece ingenuo
pero es una pelea a dar. No digo que siempre la
ganás pero hay que tratar que la agenda
periodística surja de los periodistas. A la
larga es lo mejor que le puede pasar a los
empresarios., argumenta Sietecase que de
todos modos no deja de reconocer las tensiones
existentes. Otra cosa son las diferencias
que uno tiene con el medio en el que trabaja
continúa el ex redactor del diario Página
12- uno tiene que lograr que su material se
publique, no escribir cosas que no escribiría,
ser fiel a la verdad y, en todo caso, cuando se
la quieren violar queda la posibilidad de irse.
No me gusta la obediencia debida, a mí no me
vengan con ese cuento de que el jefe me obligó a
escribir algo que yo no quería; también se
puede decir que no. Ahora, yo no cuestionaría a
un compañero que sí lo hace porque le tiene que
dar de comer a su familia, pero hay mucha gente
que dice que no y otra que dice que sí con
entusiasmo. Ésa es la diferencia..
Como integrante
del consultorio ético de la Fundación Nuevo
Periodismo (García Márquez), el periodista
colombiano Javier Darío Restrepo se detiene en
algunos vicios de la profesión, hay una
tendencia entre los periodistas a cambiar de
status, a cambiar de carro, de zapatos y de
vestido; se llenan de deudas y comienzan a
trabajar en distintas partes.
Siempre con
referencia al periodismo latinoamericano Restrepo
encuentra en las presiones económicas un
problema común a todo el continente, los
medios adquieren compromisos de miedo con los
bancos, después con los políticos y como
resultado terminan imponiendo restricciones a los
periodistas y recorte de salarios. Los exponen a
tener que redondear sus sueldos con otros
ingresos.
Observa Restrepo
que muchos periodistas no son conscientes
del poder que tiene el medio, de la
responsabilidad en la información. Se trata de
personas rutinizadas en el oficio con esas prisas
absurdas, sin pensar en el manejo de las fuentes
y documentos, lo único importante es ganarle a
la competencia14.
Dentro del
reciente informe de 500 páginas que presentó el
Pew Center de los Estados Unidos junto con el
Proyecto para la excelencia en el Periodismo
aparecen conflictos y dudas similares en el
espectro laboral
norteamericano.
En uno de sus
capítulos se pone la lupa sobre la desconfianza
que reina dentro de las redacciones15.
Desconfianza tanto del redactor hacia su jefe
como del jefe hacia los directivos y peor aún,
desconfianza acerca del futuro del periodismo. Se
percibe que el rumbo de los medios no es el
correcto, la presión de los propietarios y los
anunciantes está limando la calidad del producto
periodístico.
La mentalidad
cortoplacista de quienes conducen la industria
noticiosa ya dio muestras en el pasado de cometer
gruesos errores al recortar en forma
indiscriminada los planteles periodísticos y, al
parecer, van en la misma dirección. Todos los
rubros de la industria noticiosa registran
caídas en los niveles de empleo, incluso las
redacciones digitales pese al empinado aumento de
la audiencia en Internet.
Pero el dato
más desalentador del capítulo es el pesimismo
de los periodistas con respecto a sus lectores u
oyentes. El periodista ahora desconfía del
público. Los últimos cinco años mostraron un
esfuerzo de parte de los periodistas por ir al
encuentro de la sociedad, por reflejar mejor sus
intereses y, sin embargo, la respuesta no parece
ser la más satisfactoria en términos de
reconocimiento.
Quizás se trate
de un período muy breve si pensamos en la
influencia del llamado infoespectáculo
todavía en pleno furor- sobre estas
audiencias que el periodismo más comprometido
intenta recapturar.
La conclusión
del informe es preocupante. Hay una clara
tendencia a la fragmentación, al distanciamiento
entre los principales protagonistas del juego
mediático. El público, los periodistas y los
ejecutivos de medios no tiran para el mismo lado,
no coinciden en las soluciones y tampoco en
identificar los problemas.
Parece que en
Europa la colección completa de joyas
periodísticas no se consigue. En principio
cuentan con mejores sueldos, las jornadas
laborales se adecuan a la naturaleza humana, las
organizaciones sindicales y asociaciones de
periodistas tienen mayor injerencia en las
cuestiones profesionales, se respetan los
códigos de ética, pero la incertidumbre
también revolotea por tan civilizadas
redacciones.
El caso español
estaría a mitad de camino entre las américas y
las europas. En 2003, el Partido Socialista
organizó una serie de encuentros con los actores
principales del periodismo español. Concurrieron
autoridades de los diarios El País y El Mundo,
de la cadena Ser, representantes gremiales y de
asociaciones de prensa, entre otros.
Uno de los
expositores, Manuel Núñez Encabo (uno de los
redactores del Código Europeo de Deontología)
pronosticó la futura desaparición del
periodismo tal como lo conocemos porque los
periodistas no pueden expresarse con libertad y
por lo tanto el derecho a la información carece
de garantías. Desde el gremialismo se asegura
que el 50% de los periodistas españoles trabajan
en condiciones de precariedad y se denunció la
discriminación sexual que padece la actividad
(paradojas del mejor y más libre oficio del
mundo), con sueldos 30% inferior de las mujeres
respecto de los varones.
También se
alertó sobre las relaciones peligrosas entre el
poder político y los grandes grupos de
comunicación. La mayoría de los periodistas se
convirtieron en esclavos mentales, no
se los forma ni se les enseña, sólo se los
adoctrina en una única materia: la
sumisión.
El cierre del
acto estuvo a cargo de quien luego sería tiempo
después el presidente del país, José Luis
Rodríguez Zapatero (PSOE), que prometió dar
curso al Estatuto de la Profesión Periodística
que reclaman los periodistas16.
Clima tormentoso
bajo los cielos del periodismo español. Acechan
vendavales aquí y allá. Es tiempo de
transición y de pronósticos. El periodismo cae
en la indefinición, en los para qué y los por
qué.
¿Periodismo
vs. Libertad?
Entre
apocalíptico y escéptico, Ignacio Ramonet
también cree que los periodistas están en vías
de extinción. Reducidos a obreros de una cadena
de montaje, se hallan en medio de una regresión
que los arrastra hacia el esquema taylorista de
trabajo17.
Para el director
de Le Monde Diplomàtique la información se
convirtió en primer lugar en mercancía, por lo
tanto se rige por las leyes del mercado, de
oferta y demanda en vez de criterios cívicos o
éticos que hasta hoy habían sentado las bases
teóricas del periodismo.
La relación
entre información y verdad se descompensó;
pueden decirse grandes mentiras que interesen a
mucha gente y venderse a muy buen precio. Para
colmo aumenta el caudal informativo pero lo hace
cuantitativamente, lo que agrega confusión y se
convierte, a fin de cuentas, en un elemento
regresivo de la libertad. A medida que se agrega
información se achica la cuota de libertad, un
efecto censura dice Ramonet- basado no ya
en la supresión de otros tiempos sino en el
incremento informativo.
Si tomáramos
prestado de la ciencia económica la noción de
rendimiento marginal decreciente y acompañando
el pensamiento de Ramonet, podría decirse que
cada unidad de información que se inyecta en el
torrente comunicacional produce proporcionalmente
menor grado de libertad.
La pregunta que
surge de inmediato es: ¿el periodismo está
trabajando en sentido contrario a la libertad de
expresión? Siguiendo la ley de libertades
marginales decrecientes la respuesta es sí. Por
lo tanto, para seguir vivo el periodismo debe
ofrecer calidad y la transparencia debe formar
parte fundamental del componente de calidad.
En la oferta de
calidad Ramonet encuentra una luz de esperanza
para la profesión, información
creíble y fiable, es decir, la que tiene un
mínimo de garantías relacionadas con la ética,
la honestidad, la deontología o la moral de la
información.
La cuestión
ética pasó de ser una materia de estudio en el
ámbito universitario, plena de curiosidades,
héroes y villanos, ideales inalcanzables, para
convertirse en el instrumento que asegure la
continuidad y consolide la profesión. Parece
mentira pero ahora el futuro es la ética; las
utopías serán las futuras realidades.
Pero al retornar
a la situación laboral presente Ramonet retorna
al más agudo pesimismo y lamenta que en
nombre de la industrialización de la
información, el ámbito de actividad se redujo
considerablemente. El periodista enfrenta un
sistema de jerarquía y propiedad que reclama una
rentabilidad inmediata. De allí que el
periodista se preocupe por lo que le van a pedir
y más si lo que le piden entra en contradicción
con su pensamiento. A pesar de la resistencia y
la defensa de la ética muchos periodistas
abandonan y se pasan al campo de las relaciones
públicas, a la comunicación institucional, a
ser simples canales de
transmisión.
El periodismo
está que arde. Ojalá no llegue a quemarse. La
crisis se agudiza y llena de incertidumbre a los
participantes; hasta resulta complicado definir
al periodismo y a los periodistas. Se duda
incluso de su eficacia como herramienta para el
desarrollo de las democracias, tambalea el
andamiaje ético y caen bajo la tiranía de las
presiones económicas o políticas principios
estructurantes de la actividad.
Es una
transición muy dura. Algo es evidente: el
periodismo está cambiando, falta que los
periodistas tomen el control del cambio, que
pasen a la ofensiva o se resignen a ser operarios
pasivos de un neoperiodismo, servil y funcional,
apéndice comercial en el mejor de los
casos- de grupos de poder o presión.
Habrá que
animarse a dar la batalla o seguir perteneciendo
al staff del cinismo o la corrupción. El punto
medio, la reserva del espacio individual a la que
apuntan muchos periodistas, es un esquema
difícil de conservar.
La comodidad o
el miedo no son buenos consejeros, la marea sigue
avanzando y tarde o temprano lo cubrirá todo. Es
mejor ser precavido y empezar a construir la
barca.
_____________________
Referencias bibliográficas:
(1) Ignacio Ramonet. El
quinto poder, www.
monde-diplomatique.es, octubre 2003.
(2) Entrevista: García Canclini, Revista
Cinco W, Instituto de Comunicación
Social-UCA, Bs. As. 2003.
(3) (4) Ignacio Ramonet. El quinto
poder, www. monde-diplomatique.es,
octubre 2003.
(5) Brian Houston, Inequality of
resources: The crisis of media conglomeration and
the case of reform, Universidad de
Oklahoma, 2001
(6) Ben Bagdikian, The media
monopoly, 2000, citado en (5)
(7) Ernesto Carmona, El negocio
mediático está en decadencia en Estados Unidos, www.argenpress.info,
2/02/2004 o ver Proyecto para la excelencia
del periodismo en www.journalism.org
(8) Philip Meyer y Minjeong Kim, How
many news people does a newspaper need?,
Universidad de Carolina del Norte, 2001.
(9) Mario Bunge/Martha Paz,
Concentración mediática, peligro para la
democracia, www.argenpress.info,
2003.
(10) Damián Loreti, El derecho a la
información, Paidós, Bs.As. 1999.
(11) Observatorio de medios UTPBA, Las
alambradas mediáticas. Concentración económica
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(12) Sergio Levinsky, El deporte de
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(13) Víctor Hugo Morales y varios, Jugados.
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Eudeba, Bs.As. 1999.
(14) Gerardo Reyes, Javier Restrepo. El
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Entrevistas, www.fiu.edu. 1998
(15) Bill Kovach, Tom Rosenstiel y Amy
Mitchell, A crisis of confidence, Pew
Research Center for the People and the Press and
the Project for Excellence in Journalism, www.people-press.org,
2004.
(16) Marisol Castro y Gaia Mega,
Zapatero se compromete a regular la
actividad periodística, Periódico
electrónico Opinar, www.opinar.net, 2003
(17) Ignacio Ramonet. El periodismo del
nuevo siglo, www.etcetera.com.mx,
mayo 2004
* Daniel G. Gutman es profesor en el Instituto de
Comunicación Social de la Universidad Católica
Argentina y es editor
responsable del sitio www.brutalargentina.com.ar.Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.
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