Del Gran
Hermano a la Pangea Ideológica

Una reflexión sobre la
comunicación a partir de las teorías de los
efectos
Elsa Lever M. *
Hablar
de los efectos de la comunicación de masas y su
omnipresencia en la sociedad, del tránsito de
ésta de la expectación a la participación,
así como de la generación de un espacio de
comunicación íntimo, resulta difícil en tanto
que la propia evolución de las teorías no
arroja bases sólidas para medir dichos efectos y
concluir siquiera con una probable descripción
del estado en que se encuentra la sociedad en
relación con los medios.
Sin embargo,
recorrer esta evolución de las teorías no deja
de ser interesante, ya que si no nos permite aún
diseñar nuevas teorías, sí por lo menos nos
muestra lo que somos hasta este momento y nos
deja reflexionar sobre lo que podría acontecer,
y proponer así acciones encaminadas a una nueva
forma de ver a los medios.
El
Gran Hermano
Sin duda alguna
George Orwell sabía lo que decía cuando en
1949 mostró al Gran Hermano en su
visionaria obra 1984, donde aludía a ese
sistema que todo lo ve y escucha, a ese medio
omnipresente que vigila a la sociedad, con todo
lo que este verbo implica en su relación
unívoca con la ideología: imponer,
homogeneizar, censurar, perseguir, castigar.
Los medios de
comunicación masiva son nuestro Gran Hermano en
la actualidad, quien a diferencia del Gran
Hermano de Orwell, sutilmente envolviendo
en espectáculo y entretenimiento nos
impone ideología, nos homogeniza, censura,
persigue y castiga. Vigila cada pensamiento y
acto, creando el mundo que desea y estimulando su
consumo. Son lo que Lazarsfeld definía como
"una especie de sistema nervioso simple que
se extiende hasta cada ojo y cada oído.
Pero para que
este escritor nos develara ese poder, teorías
sobre la comunicación tuvieron que ser expuestas
también. Nos referimos al trabajo que los
primeros teóricos sobre los efectos llevaron a
cabo en la década de los 40, cuando se iniciaron
estudios acerca de la complejidad comunicativa,
social y cognoscitiva que determinan los
resultados de la acción informativa.
Y es que si
queremos saber qué es lo que interpreta el
público, necesitamos centrarnos en los efectos
que tienen sobre él los mensajes que recibe.
Esta perspectiva puso en entredicho la llamada
teoría hipodérmica, en la que el receptor
aparecía como un elemento pasivo que recibía
exactamente el mensaje que se deseaba. Sin
embargo, y aparentemente a raíz de la
radiodifusión en 1938 de La guerra de los
mundos, de Orson Wells, se comprendió que
esta percepción era errada pues existían
mensajes que conseguían precisamente el efecto
contrario al proyectado. A partir de ese
momento, surgió la necesidad de tomar en cuenta
los estudios de los fenómenos psicológicos
individuales, las interrelaciones entre
individuos y medios de comunicación y de ambos
con la sociedad.
Dichos estudios
estuvieron liderados por los sociólogos
siguiendo a Paul F. Lazarsfeld y los efectos de
la propaganda política, y por los
psicólogos siguiendo a Carl Hovland y los
métodos de persuasión.
De esta
forma, al estudiar el contexto de la
comunicación destacó la influencia de factores
de tipo psicosociológico como el género,
religión, edad, niveles de motivación y las
gratificaciones que generan.
En relación a
estas investigaciones también trabajó Joseph T.
Klappler. Este autor realizó una recopilación
de numerosos estudios desde la óptica
psicosociológica y sociológica que se
desarrollaron entre los años 1940 y 1964.
En estos
estudios se puso de manifiesto que estas dos
líneas de investigación superaban la
interpretación de los efectos como resultados
puntuales que seguían los planteamientos
conductistas elementales, a la vez que
representó una superación crítica del
paradigma de Harold D. Lasswell, que no
contemplaba la complejidad de los procesos de
circulación y decodificación informativas.
En 1949 los
ingenieros Claude Shannon y Warren Weaver
formularon un modelo comunicativo denominado
teoría matemática de la comunicación, que
resultó ser un modelo unidireccional que no
tenía en cuenta a los sujetos sociales ni a las
acciones que se llevan a cabo en el acto
comunicativo y, por lo tanto, no se interesaba
por los valores semánticos del intercambio de la
comunicación.
Sin embargo, aun
con las carencias metodológicas, todas estas
investigaciones revelaron la existencia de una
gran pluralidad de factores en la determinación
de la influencia de las comunicaciones sobre los
individuos, ampliando el esquema de
emisormensajereceptor para incluir ya
otros elementos que varían y alteran el proceso
de la comunicación, como fuente, contenido,
medio de comunicación, situación de la
comunicación, y sobre la influencia que los
grupos ejercen sobre los individuos, con especial
atención sobre el papel de los líderes de
opinión.
Reconociendo que
la comunicación está inscrita en lo social, la
teoría sociológica de los efectos aportó
importantes descubrimientos, tales como que
las acciones del emisor y del receptor están
determinadas por su ubicación en el sistema
social; que la comunicación social refuerza las
actitudes y opiniones ya existentes; que los
medios de comunicación más que modificar
refuerzan; que el público tiende a prestar más
atención a lo que más le gusta o está más de
acuerdo con sus expectativas; que la
comunicación de masas se estructura con otros
canales y pautas de comunicación y que entre los
medios y el público se sitúan los líderes de
opinión.
Asimismo, con la
sociología de la comunicación funcionalista se
explicó que el uso de los medios no es
independiente de la función social que cumplen,
ya que si un medio envía determinado mensaje es
porque persigue cierto fin, nada se deja al azar.
Lasswell, como
primer teórico funcionalista, en 1948 planteaba
que una forma apropiada para describir un acto de
comunicación es responder a las siguientes
preguntas: ¿Quién dice? ¿Qué dice? ¿A
través de qué canal? ¿A quién? ¿Con qué
efecto? Así, cada elemento cobra importancia en
el proceso y las investigaciones se especializan
en los emisores; en la elaboración de los
mensajes y en las audiencias y los efectos.
Posteriormente
el funcionalismo abriría su horizonte a la
existencia de funciones manifiestas y funciones
latentes, y entre funciones y disfunciones y de
cómo los medios de comunicación social tanto
pueden contribuir a la estabilidad como al
desorden o retroceso.
Por ello el Gran
Hermano de Orwell es indudablemente producto
de estos estudios y de su propia mirada
futurista, la cual se mantiene vigente 20 años
después de la fecha que él imaginó en su obra.
Ahora bien,
dentro de los medios de comunicación de masas es
la televisión la que actualmente encarna más
específicamente a este ente omnipresente, al ser
ese espacio creado y recreado para moldear un
pensamiento único.
En esta
creación y recreación se inscribe el marco de
un gozo del receptor a ser visto y escuchado; la
gratificación de ser vigilado, atendido y guiado
se vuelve una necesidad que se busca una y otra
vez al encender el televisor, destapar el ojo de
cristal y dejar que éste lo observe en su vida
cotidiana, incluso en su intimidad.
Así se invierte
entonces el proceso para mirarse desde la
recepción y preguntarse ahora qué hacen las
personas con los medios, dando pie a la teoría
de los usos y gratificaciones, donde el receptor
es un usuario activo del contenido de los medios
y ya no uno pasivo sólo influido por ellos. El
efecto está en el uso que el receptor hace de
los mensajes, en cómo usa y actúa sobre la
información de la que dispone.
Tomando en
cuenta la perspectiva de esta teoría, la
influencia de los mensajes depende más de los
objetivos del receptor del mensaje que de
las características del propio mensaje,
con lo cual, un mismo mensaje puede
desencadenar diferentes efectos, tantos como
receptores haya. ¿Qué motivaciones concretas
les llevan a prestar atención a unos mensajes, a
elegir un medio u otro y qué gratificaciones
experimentan? ¿Qué gozos pueden desencadenar en
las personas estar expuestas a un mundo
premodelado?
La respuesta,
por el momento, parece seguirla dando esta
teoría, donde la sociedad pasa de ser
espectadora a participante en la construcción de
contenidos, pues se habla de un público activo
que se acerca a los medios para lograr ciertos
objetivos. Sin embargo cabe preguntarse respecto
de qué contenidos desea, y del regreso a la
importancia de los medios como creadores de estos
deseos y gustos.
Se dice que cada
miembro de la audiencia tiene la iniciativa de
vincular la gratificación de una necesidad a la
elección de un medio. Que hay competencia entre
los medios de comunicación para procurar
gratificaciones a la gente, con lo que ésta se
siente atendida y guiada, y que los individuos
poseen la suficiente capacidad para reconocer sus
motivos de uso o sus necesidades.
Pero, al igual
que el gran enigma de qué fue primero, si el
huevo o la gallina, queda sin resolverse quién
crea a quién, si los medios y sus contenidos a
sus receptores o éstos a los primeros.
Y es que en este
quehacer de los medios de gratificar, la
intimidad del espectador se ha visto trastocada,
por supuesto con la anuencia del mismo. Tenemos
así por ejemplo, que los contenidos sexuales y
de violencia que se transmiten son de gran
atracción y consumo porque proveen de
situaciones catárticas.
Específicamente
en los contenidos sexuales, que refieren
directamente a un ámbito privado y de intimidad,
nos encontramos con una sociedad cada vez más
demandante de imágenes explícitas.
Cierto es que un
cambio generacional acompaña a esto en cuanto a
que el tema de la sexualidad ha sido sacada del
armario para ponerla a la vista de todo quien
quiera ejercerla de formas diferentes a la
conservadora. Otra verdad que reluce ante este
cambio generacional es la gran cantidad y menor
calidad en las relaciones interpersonales, y el
uso de tecnologías como el internet que llevan a
las personas a relacionarse de un ámbito social
a uno donde sólo el usuario y la computadora se
acompañan, en busca de orgasmos simbólicos.
Asimismo, el
culto a la imagen, los efectos especiales y
guiones superficiales que no implican trabajo
intelectual para el espectador, lo hace a éste
un buscador permanente de contenidos sexuales,
violentos, o lo que es mejor (desde esta
perspectiva), de aquellos que incluyen a ambos,
que ya son los más.
Desde otro punto
de vista, quizá más light, pero de igual
influencia, la televisión ha llegado a la
intimidad desde el momento en que se convierte en
un miembro más de la familia, ese que acompaña
en las buenas y en las malas, el que despierta
junto con la persona, come y duerme con ella.
El fenómeno de
los reality shows ha invertido ahora este
esquema, sin desplazar al otro, pues es ahora el
espectador el que invade la intimidad de los
personajes, explotando con ello la tendencia
sexual que psicólogos no se han cansado de
exponer como actitud intrínseca del ser
humano del voyeurismo.
Espiar a través
de ese ojo de cristal la vida cotidiana de los
demás, sus relaciones, incluyendo las referentes
a la sexualidad. Los medios han desbordado
espacios; lo privado ya es público y lo privado
ya es íntimo.
Con esto cabe
reflexionar también sobre el paso gigantesco que
ha dado el concepto de entretenimiento. Pensado
como contenido de programas e información sobre
espectáculos, chismes, comicidad, juegos y
concursos, ahora el término entretenimiento ha
abierto sus brazos a cualquier tipología. Ya
todo es entretenimiento, ya todo permite una
catarsis, ya sea a través de la risa, del morbo,
de la violencia, del sexo, de la publicidad, del
miedo, la zozobra, del vivir la ilusión de otra
vida social o económica.
La información
que se considera periodística se ha
transformado también en entretenimiento.
El ámbito político incluyendo el del
presidente del país, el deportivo,
artístico, el policiaco, el internacional, todo
se presenta bajo un esquema de espectáculo, de
indignaciónincredulidad, de
ilusiónrealidad, de públicoprivado,
de entretenimiento. Todo es ya entretenimiento y
éste es ya ideología que, a través de la
publicidad, define formas de hacer y ser.
Sin embargo, y a
pesar de que la teoría de usos y gratificaciones
sigue respondiendo a gran parte de los
cuestionamientos relacionados con la forma en que
el espectador recibe y usa los contenidos de los
medios, un gran número de objeciones cabe hacer.
Entre ellas, que
esta teoría resulta demasiado individualista y
psicologista, tanto en su concepción como en el
método de trabajo.
Carece de
profundización crítica en lo referente a la
influencia social de los medios. Se puede llegar
al caso de considerar gratificante sólo aquello
que le gusta a la gente y se puede caer en la
tentación de que éste se convierta en el único
criterio de evaluación del contenido de los
medios. O se da también el caso de que los
propios medios creen las mismas necesidades que
pueden satisfacer.
Se han planteado
serias dudas en relación a la capacidad de los
encuestados de revelar sus auténticas
motivaciones, bien por la propia simplicidad de
los cuestionarios o bien porque la audiencia
media, al no tener costumbre de racionalizar su
conducta, sea capaz de objetivar sus necesidades,
gratificaciones y motivaciones auténticas. Por
ejemplo, es muy difícil que el miembro de la
audiencia sea capaz de distinguir entre
gratificaciones inmediatas y gratificaciones
diferidas.
Otra crítica es
la dependencia que tiene esta teoría del
funcionalismo, que lleva al investigador a
adoptar el modelo conservacionista del sistema
social en el cual todo acoplamiento es
interpretado en un sentido positivo, y todo
propósito de parte de los medios se considera
como una ayuda a los individuos para conseguir
dicho acoplamiento.
A partir de los
años 70 se desarrollaron gran cantidad de
análisis mixtos y complementarios de los
estudios sobre el estímulo, o del contenido en
sí y la actuación del medio. En la nueva
visión de esta teoría, citada por Denis McQuail
en 1984, se considera la teoría de los usos y
gratificaciones como un enriquecimiento
conceptual y metodológico para el estudio de la
influencia de los medios. Pero también apunta la
necesidad de explorar en otras direcciones tales
como la sociedad como causa, el contenido
cultural como verdadero determinante de las
respuestas y hacia las explicaciones de dichas
respuestas en los comportamientos y
personalidades individuales.
¿Pero en qué
medida es benéfico o perjudicial que los medios
entretengan, relajen, ayuden a desfogar
insatisfacciones o frustraciones, ayuden a
solucionar carencias afectivas y emocionales?
Con esto
entramos ahora al terreno de la industria de la
información, donde sin duda el poder de los
medios como instrumentos de difusión y
mantenimiento de la ideología y patrones
culturales juegan un rol determinante.
La teoría de la
fijación de la agendasetting se
centra precisamente en la capacidad de los medios
para transmitir y canalizar la información. No
le interesa tanto el efecto que producen los
medios en el cambio de actitud sino el efecto que
producen los medios sobre las cogniciones.
Para Donald Shaw
esta teoría sostiene que, como consecuencia de
la acción de los periódicos, de la televisión
y de los demás medios de información, el
público es consciente o ignora, presta atención
o descuida, enfatiza o pasa por alto, elementos
específicos de los escenarios públicos. La
gente tiende a incluir o a excluir de sus propios
conocimientos lo que los media incluyen o
excluyen de su propio contenido. El público
además tiende a asignar a lo que incluye una
importancia que refleja el énfasis atribuido por
los medios masivos a los acontecimientos, a los
problemas, a las personas.
Es decir, dentro
de una sociedad, los individuos necesitan
encontrar la explicación del mundo que les rodea
que, en definitiva, es construir su propio mapa
cognitivo. Según esta teoría, los medios de
comunicación con sus mensajes, imágenes y
estereotipos van creando día tras día el marco
de referencia informativo adecuado para completar
el mapa cognitivo de las personas.
La importancia
de los medios radica en que éstos orientan al
individuo en sus pensamientos, ofreciéndole unos
temas y silenciándole otros, determinando la
importancia de los mismos y el orden de
prioridades. La atención pública, por lo tanto,
se enmarca en el espacio público informativo.
Para Shaw, la
hipótesis de la agendasetting no
habla de que los medios busquen persuadir, sino
sólo al describir y precisar la realidad
externa presentan al público una lista de
todo aquello en torno a lo que tener una opinión
y discutir.
Bernard Cohen
dice que si bien es cierto que la prensa no puede
conseguir la mayor parte del tiempo decir a la
gente lo que debe pensar, sí es capaz de decirle
en torno de qué temas debe pensar algo. La
libertad de escoger o decidir un canal, un diario
o una noticia es ilusoria pues sólo elige de lo
que tiene. Toda la actualidad, proximidad,
prominencia, novedad, conflicto, suspenso y
emoción de la información noticiosa está
preseleccionada, trabajada y producida por las
élites y sus propios intereses.
En este aspecto,
E. NoelleNeumann habla de la consonancia.
Los medios de comunicación son tan influyentes
que producen gran semejanza en las opiniones y
conductas de la población. Los medios de
comunicación crean un marco de referencia
informativo al que ha de acomodarse la realidad y
sobre todo la noticia. Es decir, aquellas
informaciones que encajen en el marco de
referencia común, serán publicadas y aquellas
que se aparten del mismo permanecerán en el
silencio.
Esta consonancia
toma en cuenta los criterios de éxito frente al
público; la tendencia de los medios de confirmar
sus puntos de vista y mostrar que se ha dado la
interpretación correcta; la dependencia de las
mismas fuentes; la autoinfluencia entre los
medios; el interés común en encontrar la
aprobación dentro de los propios medios; y las
semejanzas según criterios demográficos y
psicológicos.
De esta forma,
la opinión pública no corresponde con la
corriente mayoritaria en la realidad, sino con la
corriente publicada. La llamada espiral del
silencio aparece cuando durante un tiempo más o
menos largo, una parte importante de las
opiniones se esconden en el silencio por no tener
el apoyo necesario en el espacio público
informativo, pudiendo ocurrir que las opiniones
silenciadas sean mayoritarias.
La opinión
pública, podríamos interpretarlo así entonces,
es el producto de los medios en su objetivo
ideológico y cultural. Sólo se publica lo que a
ellos conviene, de la forma que ellos desean y
cuando lo consideran pertinente, creando con ello
una falsa información en tanto que no representa
a la mayoría de la sociedad. De hecho, la
ideología no parte de la sociedad, sino de las
elites que determinan cómo quieren que sea ese
mundo a consumir por la gente; las elites definen
la categoría de ser noticia y, por tanto, cobran
los medios a su servicio la relevancia de ser
indicadores de la realidad social.
¿Pero, acaso la
sociedad no tiene la más mínima participación
en la creación de la agendasetting
de los medios? Posiblemente la organización
colectiva pueda llevar a una conquista de la
agenda, al movilizarse y crear
importancia ante quienes deciden qué
información se publica.
Así es como lo
ve Gaye Tuchman, quien maneja a la noticia como
la presentación a la sociedad de un espejo de
sus asuntos e intereses. Para cambiar la
definición de la noticia de una sociedad, se
tiene que cambiar primero la estructura de la
sociedad y sus instituciones.
Pero este
tránsito de una construcción de la noticia
desde la sociedad hacia arriba se mira aún muy
lejano. Y más cuando las nuevas tecnologías y
el orden prevaleciente tendiente a la
globalización minimizan esta posibilidad.
La
Pangea Ideológica
Las nuevas
tecnologías enlaces punto a punto,
comunicación digitalizada, almacenamiento y
reproducción de datos incuantificables,
internet, etc. han transformado las
escalas y las formas de relación entre los
individuos y grupos y han facilitado el proceso
de globalización.
Entendida ésta
como el proceso económico de interdependencia
entre corporaciones que han sobrepasado los
límites geográficos de las divisiones
políticoadministrativas de los
Estadosnación, traerá no en un lejano
futuro la instauración de un nuevo orden
cultural, basado en las estructuras de redes de
información y comunicación planetarias que esas
organizaciones multinacionales necesitan para
llevar a cabo sus intereses.
Las grandes
corporaciones transnacionales de comunicación
masiva están cubriendo grandes áreas de la
Tierra con redes de distribución de mensajes
generados en las capitales globales, trastocando
horarios y tiempos al hacerlo de forma
simultánea y al instante.
Asimismo, están
desapareciendo las barreras tradicionales de
fronteras nacionales para volverlas simbólicas,
donde las poblaciones se enlazan a través del
espacio virtual, desterritorializándolas
aparentemente, pues más bien las está
reterritorializando, formando nuevas
comunidades globales.
En la
conformación de este tipo de comunidades los
medios están definiendo públicos y audiencias
que ya rebasan la clasificación de locales,
nacionales e internacionales. Están creando la
aldea global, el espacio donde la uniformidad de
los mensajes de los medios homogeniza a los
receptores en una sola identidad social, en una
cultura común, en una ideología de alcances que
se advierten temerarios e imponentes.
Es en este marco
donde he acuñado el término de Pangea
Ideológica donde en semejanza a la
originaria masa que era el planeta antes de la
formación de los continentes desaparecen
las divisiones geográficas para conformar una
sola masa, esta vez ideológica.
¿Bajo la
ideología de quién funcionará esta Pangea?
¿Qué cultura global nos espera? ¿Qué
intereses determinarán la vida de esta masa
uniforme? ¿Qué beneficios o perjuicios traerá?
¿Estaremos más cercanos en realidad? ¿Qué
Nuevo Orden de la Información habremos avalado?
¿Cuáles serán sus efectos? ¿Qué experiencias
vicarias nos dejarán y de quién? ¿Cómo
defender ante esto las diferencias, la
individualidad?
Del Gran Hermano
a la Pangea Ideológica no hay gran
distancia. Seremos ahora un solo espectador
consumiendo el mundo y la realidad mediática que
las capitales globales nos darán como posibles.
* Elsa
Lever M. es
colaboradora de SdP, periodista con maestría en
Comunicación por la FCPyS-UNAM,
diplomada en Estudios de Género por el PUEG-UNAM
y en Feminismo por el CEIICH-UNAM, colaboradora
free-lance en algunos medios y directora de MujeresNet.Info.
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