Periodismo histórico

La criatura
que quiere vestirse
Luis
Raúl Vázquez Muñoz *
RESUMEN: La relación
entre la historia y el Periodismo no es
nueva y esa unión ha permitido una
producción en los medios informativos de
materiales periodísticos en los que se
examina el pasado de las sociedades. Sin
embargo, pese a esa realidad, existe un
vacío teórico en el que no se define
qué es Periodismo Histórico, como
ocurre, por ejemplo, con el Periodismo de
Investigación. El presente trabajo es un
intento por llenar esa ausencia. En él
se presenta una propuesta de formulación
de Periodismo Histórico, sus premisas y
los modos en que este se entrecruza con
otras corrientes del reporterismo.
A
primera instancia, puede que no existan dos
palabras que en su esencia se antepongan tanto y,
sin embargo, hoy las vemos juntas, tratando de
acuñar un género o una modalidad dentro del
oficio de los reporteros. Periodismo Histórico.
Léase el nombre con detenimiento y de seguro que
enseguida se encontrará esa condición de
antónimos, en la que Historia, por definición y
naturaleza asociativa, es pasado, calma, lo
viejo, lo que ya fue; mientras que Periodismo se
refiere a todo lo contrario: a actualidad,
inmediatez, a preocupación por lo que ocurre
ahora, en este minuto, en este momento, en esta
época; al punto que
lo-que-sucedió-hace-un-tiempo en ocasiones puede
ser mirado con cierto rechazo por el editor que
escucha la propuesta de su reportero.
No obstante,
pese a las diferencias, ambos oficios poseen
varios puntos en común, si es que son observados
desde ángulos más amplios. En el ejercicio de
su profesión, al historiador y al periodista
muchas veces los impulsa el esclarecimiento de un
misterio o, al menos, responder la pregunta de
qué sucedió en hechos que, en ocasiones, son
sensibles para las estructuras de poder, por lo
que este los oculta o intenta hacerlo. En la
práctica, los dos ejercen una vocación de
cronista, después de perseguir la comprensión
de los hechos antes de someterlos a juicio; ambos
se mueven bajo reglas éticas y, a la hora de
actuar, tanto el uno como el otro se preocupan de
manera enfermiza por la veracidad del dato. Por
último, en su bregar diario, historiadores y
reporteros comparten un mismo objeto: al hombre y
a los grupos y comunidades en los que este se
mueve1.
Es, en medio de
toda esa amalgama, que el término pugna por
estar presente. De hecho, en antecedentes
gloriosos del oficio, como las investigaciones
que realizó Daniel Defoe y que culminaron en
1722 con el Diario del año de la peste2, podríamos encontrar
esa inquietud en la que reporteros a sueldo o
cazadores de noticias por su cuenta miran hacia
el pasado y hurgan en él anécdotas, sucesos y
datos que puedan despertar el interés del
público actual. En el caso de Cuba, esa
preocupación ha originado un Concurso Nacional
de Periodismo Histórico; aunque, a pesar de
ello, si de pronto se le preguntara a un
periodista por una corriente nombrada Periodismo
Histórico, es muy probable que este arrugue la
nariz en un gesto de extrañeza, algo muy
difícil que ocurra si lo interrogan por otra
modalidad que llaman Periodismo de
Investigación.
EL
HUECO NEGRO
Jean Lacouture
reconoce la convergencia que puede existir entre
el oficio del periodista y el del historiador3. En su calidad de
estudioso del pasado y de reportero que cubrió
la guerra de Indochina, Lacouture apunta a esa
comunidad que se da en ambas profesiones en su
afán por analizar y develar los entretelones de
lo ocurrido. Para ello cita a André Malraux,
cuando el escritor llamó a los periodistas:
Historiadores del instante.
No obstante,
ambas disciplinas tienen delimitadas sus
particularidades. La Historia, de inicio, parte
de una doble acepción como conocimiento de una
materia (el conjunto de hechos ocurridos en el
pasado de un grupo humano) y, al mismo tiempo,
como materia de ese conocimiento (el cuerpo
teórico y la producción bibliográfica sobre lo
ocurrido). Como ciencia de lo pretérito, y desde
una posición más amplia, ella no solo se
encarga de una cronología lo más exacta posible
de los hechos, sino también de comprenderlos y
analizar los mecanismos que los mueven. El
Periodismo, por su parte, hijo de la paulatina
configuración de las sociedades de masas y de la
consolidación de las relaciones económicas que
condujeron al desbanque del feudalismo, cumple,
en primera instancia, la función de informar
hechos de interés público, teniendo a la
actualidad, a la verdad y al ejercicio de la
ética como bases principales. Desde estas
distinciones, ambas profesiones convergen.
Sin embargo,
reflexionar el tema que nos ocupa es acercarse a
un problema de identidad. Mientras que el
Periodismo de Investigación o el Periodismo
Literario gozan de una definición, resulta
infructuoso encontrar un concepto que explique
ese quehacer de los reporteros cuando se acercan
a los materiales de la Historia, además de
aportar elementos para entender sus dinámicas,
como mismo se hace en las modalidades antes
referidas.
El vacío que
mencionamos es palpable en Sala de Prensa. Org,
uno de los sitios de la web más sobresalientes
en el estudio de la comunicación y el
periodismo. Una búsqueda en sus números no
aportan definición alguna. Similar ocurre con
una examen más amplio en Internet. Al
introducirle los términos Periodismo Histórico
o Periodismo Histórico +definiciones, el
metabuscador Kartoom.Com detectó 48 sitios en la
red; pero al revisarlos lo único que se
encontraron fueron textos en los que estas
palabras aparecían separadas o unidas, a veces
sin interconexión, y en otras formando parte de
exposiciones con intereses, que, por lo general,
no ameritaban ninguna atención para el campo
periodístico. Lo más cercano a nuestros
propósitos apareció en la web
www.periodismohistorico.cjb.net, desarrollada por
el catedrático Manuel Leal Cruz. Vista esta
situación, parece que nos encontramos ante un
escenario semejante al de los Huecos Negros, esas
zonas existentes en el espacio; que según los
astrónomos son palpables, pero que al adentrarse
en ellos se corre el peligro de introducirse en
un túnel sin salida y para siempre.
¿Y
EXISTE LA CORRIENTE?
Esta es una de
las interrogantes que salta ante la ausencia de
una definición. Por ello, lo que
desarrollamos aquí es, ante todo, una propuesta.
Proposición que surge a partir de observaciones,
de intentos por explicar guiños que nos hace la
realidad en la cual se mueve la profesión de
periodista. Por lo que así debe mirarse: como
una proposición y no como criterios definitivos.
Es en medio de esa búsqueda que nos asaltaban
las preguntas: ¿Existe el Periodismo Histórico?
Y si es así, ¿cuáles son sus preocupaciones?,
¿en qué consiste o cuáles son sus
conceptos y límites? Por último, ¿puede llegar
el Periodismo Histórico si es que
realmente vive interrelacionarse con otras
tendencias o modos de hacer dentro del oficio
reporteril, como el Periodismo de Investigación
y el Periodismo Literario? Adelantamos que aquí
nos referimos fundamentalmente a la producción
periodística reflejada en periódicos, revistas
y suplementos, por ser este el medio en que nos
desenvolvemos y que más facilidades nos ofrecía
para una indagación sobre el tema.
Hechas estas
aclaraciones, creemos que, ante la invitación a
responder si la corriente existe, cabe hacerse
primero la siguiente pregunta: ¿por qué ese
interés por mirar la Historia a través del
Periodismo?
Ya
adelantábamos algo en la introducción: porque
en el pasado pueden encontrarse sucesos con la
suficiente relevancia y una buena dosis de carga
humana, con sus respectivos conflictos, capaces
de movilizar por sí solos el interés de las
audiencias. Pero ello, en nuestra opinión, no
basta y de hacerlo así, sería entender la
Historia como un closet en el que se guardan los
folclorismos de nuestras familias. La
problemática es más compleja.
Al finalizar una
conferencia en París, sobre los orígenes del
pueblo y la nación cubana, al profesor Eduardo
Torres Cuevas, director de la Casa de Altos
Estudios Fernando Ortiz de la Universidad de La
Habana, le preguntaron por qué parecía una
obsesión entre los historiadores de la Isla el
tema de la nación y cuál era la razón por la
que se reflexionaba tanto sobre el concepto de
cubanidad, cuando franceses y alemanes ni
siquiera tenían un término semejante. El doctor
Torres Cuevas adelantó una respuesta, que luego
fue ampliada en un ensayo sobre la necesidad del
pueblo de Cuba de autodefinirse ante las
problemáticas y desafíos que ha enfrentado a lo
largo de su Historia4. Entonces señaló que
existen necesidades que se convierten en
priorizadas en cada historiografía nacional [y
que] en el caso de Cuba, siempre colocada al
borde del desarreglo, existe una necesidad
vital de autodefinición y autocomprensión.5
He ahí, en el
subrayado nuestro, lo que consideramos que
constituye una de las motivaciones principales a
la hora de acercarse a los hechos del pasado con
las herramientas del periodismo: si no la
urgencia de autodefinirse, al menos la necesidad
de los integrantes de las sociedades por conocer
y comprender lo que sucedió, como una forma para
tener los elementos necesarios y entender un
presente, que en ocasiones puede provocar más
incertidumbres que serenidades.
Un examen a la
prensa cubana durante el 2005 arrojó la
publicación de 147 trabajos publicados en
distintos medios de prensa. Algunos de ellos,
como el caso del periódico Juventud Rebelde, con
secciones dedicadas al tratamiento del pasado6.
Fuera de Cuba,
el año pasado fue interesante para el tema que
nos ocupa. Durante ese período se conmemoró el
60 aniversario del fin de la Segunda Guerra
Mundial y, al parecer, el número cerrado del
onomástico fue una invitación para que los
periodistas se lanzaran a la caza de aquellos
sucesos que, dentro del pasado, contenían
factores de interés para el público y que
podían convertirse en noticia.
Así tenemos la
publicación, por parte del MI 5, de las
confesiones del general de las SS Gottlieb
Berger, quien conversó con Hitler en el búnker
y le sugirió el suicidio con un tiro en la
cabeza. O el perfil que elaboró el siquiatra
Henry Murray sobre la personalidad del Führer,
en el que diagnóstica que este era era
rencoroso, con baja tolerancia a la crítica, [y
con] tendencia a menospreciar a las personas y de
buscar venganza7.
Por último, el
periódico inglés The Guardian le dedicó una
cobertura especial al conflicto. Y dentro de las
historias contadas en la misma se encuentra
la entrevista que le hizo el corresponsal
Luke Harding a Erna Fliegel, la enfermera que
durante seis décadas le calló al mundo, incluso
a su familia, de que ella había sido la
enfermera de la familia Goebbels y de Hitler
dentro del búnker de la Cancillería en las
últimas semanas de la guerra. Las declaraciones
de Fliegel, hecha a los 93 años, permite
conocer el ambiente del refugio y una parte de
las interioridades del matrimonio Goebbels, sin
las mediaciones que pueden establecer el analista
o el oficial de Inteligencia que le dicta su
informe al mecanógrafo. Así, cuando se refiere
a Hitler en sus últimos días, reconoce que su
autoridad aún era extraordinaria ( his
authority was extraordinary. There was really
nothing to object to".), que la esposa
del ministro de Propaganda Joseph Goebbels, Magda
Goebbels, era, desde su punto de vista, una mujer
brillante, que soportaba con boca cerrada las
numerosas infidelidades de su marido y que, por
el contrario, Eva Braun, la mujer del Führer,
era una mujercilla sin ningún encanto y que la
muerte de Blondi, el pastor alemán de Hitler,
afectó más a los que permanecieron dentro del
refugio que el suicidio de la señora Braun (the
death of Hitler's wolfhound Blondi affected us
more than Braun's suicide).
Este es el
ejemplo de Europa. En América Latina, imaginamos
que para un chileno o un argentino le resulta
vital responder a la pregunta qué sucedió
durante un pasado ceñido por dictaduras y
desapariciones, y con interrogantes que durante
mucho tiempo pugnaron para que no fueran
respondidas. O aclarar situaciones en puntos
críticos de sus historias nacionales, como las
negociaciones en secreto que realizó el general
Juan Domingo Perón por establecer una alianza
económica entre Argentina, Chile y Brasil8; o los planes del
general argentino Leopoldo Galtieri, jefe de la
Junta Militar, para obtener una bomba atómica,
unos meses antes de que se iniciara la Guerra de
las Malvinas9.
En algunos
casos, el acto de acercarse al pasado histórico
desde el periodismo tiene urgencias más
dramáticas. En marzo de 1993, el periodista
Samuel Blixen publicó una serie de reportajes
sobre la presencia de la Operación Cóndor en
Paraguay. Se fue a los archivos, hurgó,
entrevistó, viajó hasta las fosas comunes que
se encontraban escondidos los torturados
convertidos en despojos y armó con esas
vivencias una serie de trabajos que fueron
publicadas en el semanario Brecha, de Uruguay. En
ellos se develan las misivas de los jefes de
Inteligencia de Chile, Argentina, Paraguay,
Bolivia y Perú en su trabajo coordinado de la
Operación Cóndor. Se hace el recuento,
convirtiéndose en el hilo conductor de la serie,
de cómo fue la desaparición de Nelson Santana y
Gustavo Inzurralde, dos uruguayos pertenecientes
al Partido por la Victoria del Pueblo (PVP). Se
explica la participación de los oficiales
cercanos al dictador Stroessner en las torturas.
Y finalmente, entre otras revelaciones, levanta
el velo definitivo de la unión entre la policía
secreta argentina y la paraguaya en la
eliminación de los líderes del Movimiento
Popular Colorado.
La mención de
textos en los que se aborda el pasado, aparecidos
en los medios de comunicación, en este caso, los
de la prensa escrita, pudiera ser larga. Y ellos
nos indican que, además de seguirle el rastro a
informaciones que pueden ser noticia y de
participar en el ejercicio de autocomprensión y
autodefinición de las naciones, el Periodismo
también impulsa la demanda por conocer
algo que forma parte del patrimonio [de las
sociedades]10 y que es vital para el
conocimiento y la toma de decisiones dentro de
las mismas. Por su capacidad de informar y su
tradición en revelar hechos que permanecieron
ocultos, el oficio de los reporteros es una de
las vías más expeditas para acercarse a la
Historia con los fines antes mencionados.
Por lo que, a la
pregunta de si existe la corriente o la modalidad
de Periodismo Histórico, decimos que sí, a
juzgar por una práctica en la que se aprecia una
manera de acercarse y tratar la Historia mediante
el ejercicio periodístico y que se ve plasmado
en una producción sistemática, de acuerdo con
los intereses de las instituciones informativas,
e, inclusive, con secciones fijas o, a veces, con
espacios jerarquizados dentro de las
publicaciones.
Planteada esta
tesis, hacemos la proposición de entender al
Periodismo Histórico como la aproximación,
bajo los principios, formas y normas del
periodismo, de aquellos hechos o realidades, que
ya constituyen o puedan constituir preocupación
de los historiadores y que contienen los valores
de la noticia.11
ADVERTENCIAS
ANTE LAS TRAMPAS
A la vez que
formulamos esta definición, consideramos
necesario proponer tres premisas básicas, sobre
las que se puede reconocer el campo donde opera y
adquiere su identidad el Periodismo Histórico.
Estas premisas son:
1.- No
todo lo que aparece en los medios o canales de
comunicación de masas es Periodismo Histórico.
Partimos del
supuesto de que el periodismo constituye un
cuerpo definido y posesionado en la práctica de
las sociedades. Por ello cabe hacer la
diferenciación entre una publicación de
carácter académico, en este caso una revista,
aun cuando se renueve periódicamente, y
la de un medio informativo.
El desarrollo de
Internet ha venido a convertir en obsoletos o
estremecer conceptos y realidades que antes se
encontraban clarificados y eran asumidos con
entera serenidad. Según Oscar Jaramillo, una de
las particularidades de la red es el grado de
accesibilidad que otorga a sus usuarios, al punto
que por primera vez las personas puedan
ejercer los derechos de recibir, investigar y
difundir mensajes, directamente (al menos en
teoría) sin ningún tipo de
intermediación12. Jaramillo apunta que
ese cambio ha venido a desdibujar
diferenciaciones, claras y tajantes, que estaban
establecidas en los medios tradicionales.
De acuerdo con
esa lógica, ese nivel de accesibilidad hace que
medios que, antes poseían un carácter
restringido, puesto que su información está
destinada a satisfacer la demanda de un público
o un segmento especializado, ahora se encuentren
al alcance del click de cualquier usuario. Por
esa razón, y ante el cúmulo grande de
informaciones de carácter histórico, creemos
necesario precisar que no todo lo que se publica,
específicamente en Internet, es Periodismo
Histórico, ni todo texto sobre la Historia
llega a clasificar en la dimensión del
Periodismo.
Siguiendo uno de
los dos elementos básicos establecidos por
Umberto Eco para la definición de medios de
comunicación de masas, se debe señalar que el
oficio de los reporteros obedece a la intención
de llegar no a grupos determinados, sino a
un círculo indefinido de receptores en
situaciones sociológicas distintas13, lo que obliga a que el
periodista configure sus mensajes, de modo que
esa accesibilidad sea posible.
A diferencia de
lo anterior, lo académico, incluso lo
institucional, como pueden ser los boletines o
revistas del Archivo de Seguridad Nacional de los
Estados Unidos, se preocupan por satisfacer las
demandas de información de un grupo específico.
Mientras tanto, la intención de lo periodístico
por llegar a esa audiencia indeterminada,
ha producido un tipo de discurso y una técnica
para su elaboración y presentación, lo que
vendría a diferenciarlo no solo de lo emitido
por centros especializados, sino también de lo
disponible en otros sitios, como los promovidos
por veteranos de la Segunda Guerra Mundial, cuyas
preocupaciones quizás sean similares a las de un
periodista, en cuanto a llegar a los grandes
números de lectores. Por otra parte, la
función básica y primordial del Periodismo es
informar hechos que contienen los valores de la
noticia, por lo que ostentan un interés para los
integrantes de la sociedad, quienes los necesitan
para su conocimiento y la toma de decisiones
dentro de la comunidad en que actúan. Por
último, para que un trabajo de corte histórico
alcance la dimensión periodística, debe
atravesar por un proceso industrial14, que en los medios
informativos tiene situaciones muy particulares.
Estas
precisiones pueden parecer obvias; pero
entendemos que, en primera instancia, ellas
pueden ayudar a no perder el derrotero frente a
análisis posteriores. Uno de ellos aparece al
momento de examinar la conceptualización de
Periodismo Cultural, y que abordaremos en las
consideraciones finales.
2. El
Periodismo Histórico se preocupa por hechos
ocurridos en el pasado, aun cuando este sea
reciente.
Por esa razón,
sería una falacia clasificar, dentro del
Periodismo Histórico, a los reportajes sobre el
caso Watergate o el golpe de estado dirigido por
Augusto Pinochet contra el gobierno socialista de
Salvador Allende. Las coberturas de ambos hechos
noticiosos, cuando se realizaron, estuvieron
marcadas por la urgencia, ocurrieron en el
presente, eran noticias de último momento.
Mirados desde la distancia, el tiempo podría
invitar a mirarlos como Periodismo Histórico
cuando lo que sucede, en realidad, es que el
producto de esas coberturas (notas informativas,
reportajes, comentarios, entrevistas, crónicas)
han adquirido el valor de documentos históricos.
La serie sobre
las desapariciones de prisioneros políticos en
Paraguay, que le otorgaron a Samuel Blixen el
Premio Internacional de Periodismo José
Martí, la consideramos dentro del tipo de
Periodismo que analizamos, porque ella se encarga
de examinar hechos ocurridos trece años atrás
de la fecha en que se realizaron las
investigaciones; aunque debemos señalar que la
técnica narrativa utilizada por Blixen
incorporar planos temporales, en forma de
entrevistas y reportajes y que dan la medida del
impacto que tienen los descubrimientos en el
presente les otorga un sólido sabor a
actualidad. Por su parte, el tiempo transcurrido
sobre los episodios que trata Erna Flieguel en su
conversación con Luke Harding hacen evidente el
porqué incluimos esa entrevista dentro del
Periodismo Histórico.
Reconocemos, eso
sí, que el periodista no actúa con la misma
variable de espera con la que debe trabajar el
historiador. Mientras que este se recomienda
esperar a que el impacto de los sucesos se
sedimenten y así realizar un análisis en frío,
el reportero no demora y tampoco puede aguardar
por esa dilación temporal, y se acerca a
momentos del pasado que todavía son demasiado
recientes para que los historiadores otorguen sus
veredictos finales.
Ello nos conduce
a una inquietud: ¿hasta qué punto considerar,
dentro del Periodismo Histórico, a un material
que se interesa por hechos que no se encuentran
tan alejados de la fecha en la que el reportero
se preocupa por ellos? Por ejemplo: ¿en qué
medida considerar como Periodismo Histórico a un
reportaje producido en 1998 y que se aproxima a
un acontecimiento que ocurrió tan solo tres
años atrás, como la crisis de los balseros en
Cuba, en agosto de 1995?
Es una de las
trampas que traen consigo las clasificaciones.
Consideramos que la respuesta se puede encontrar
en el análisis del tiempo informativo que rige
el suceso, es decir: en la medida en que el
evento afecte a la comunidad en que se desarrolla
y esa afectación desate una urgencia noticiosa.
Al momento en que se supere esa premura, más se
acercará a la definición que proponemos.
3. El
Periodismo Histórico se entrecruza con otras
corrientes o modalidades del Periodismo.
La simbiosis
aquí puede ser vasta, en la medida en que la
preocupación del periodista, al momento de
realizar su trabajo, sea examinar el pasado de la
sociedad. Nos ceñiremos a tres puntos,
fundamentalmente, a modo de ejemplo:
1.- Se mueve
dentro del Periodismo de Opinión, en tanto el
asunto histórico es abordado por la familia de
géneros que integran esa modalidad, en la que el
periodista, en vez de trasladar
información, se dedica a analizar y comentar
determinado hecho o problema15. Por sus
características, el artículo es un género que
le es muy afín16, junto con la crónica.
El profesor Julio García Luis anexa un texto en
su libro El Artículo General, que ilustra
ese entrecruzamiento. Nos referimos a Manuel
de Angola, del historiador cubano Manuel
Moreno Fraginals, en el que analiza la trata
negrera procedente de esa región de África y su
impacto en la Cuba del siglo XIX.
2.- Forma parte
del Periodismo Literario en la medida en que la
información recogida sea contada a través del
manejo de las técnicas narrativas, propias del
cuento y la novela. Un ejemplo lo son los
reportajes del escritor y periodista cubano
Leonardo Padura, publicados en el periódico
Juventud Rebelde en los años ochenta del siglo
pasado y agrupados más tarde en el libro El
Viaje más largo. Dentro de esos materiales,
se aprecia el manejo de distintos narradores, el
diseño de personajes y procedimientos propios de
la literatura, junto al manejo del dato exacto y
verificado, como métodos afines del periodismo.
Pero, además,
del criterio para entender esa relación desde el
punto de vista técnico, se unen, en este caso,
otros elementos a tener muy en cuenta. El
Periodismo Histórico se entrecruza con el
Periodismo Literario por el anecdotario que
guarda la Historia, con un potencial de
conflictos, relatos y personajes, capaces que
tentarían a cualquier periodista a contarlos
como si estos ocurrieran de nuevo en la vida real
y le transmitieran al lector la sensación de que
vive una película.
3.- Por último,
se acerca y puede entrecruzarse con el Periodismo
de Investigación. Las diferentes definiciones de
esta modalidad coinciden en que I) para obtener
las informaciones es necesario invertir un
tiempo, por encima del empleado normalmente en un
trabajo convencional; II) que deben manejarse
distintos procedimientos indagatorios y con un
nivel de fuentes, superiores a las que de
manera usual se emplean en la rutina común del
medio, para obtener los resultados y
verificarlos, y III) el carácter oculto que
tienen o que se le quiere otorgar a los datos que
se buscan.
Una indagación
histórica, cuyos resultados después serán
publicados en un medio informativo, muchas veces
cubre casi o todos los elementos expuestos en el
párrafo anterior. Según las características,
la trascendencia del hecho y la intencionalidad
del periodista en buscar las nuevas aristas,
hacen que este se involucre en un nivel de
investigación, que muchas veces le consume un
tiempo mayor que el ordinario, además de hacerlo
sudar con mayor frecuencia en su intento por
juntar todos los detalles del pasado y tener a
mano el cuadro final. Una lectura más reposada
de los reportajes de Leonardo Padura sugeriría
de inmediato la amplitud de fuentes de
información que debieron consultarse para
reconstruir un episodio, algunas veces en sus
detalles más ínfimos, lo que pudo implicar, en
su momento, un tiempo superior de investigaciones
al que normalmente se hubiera empleado para
contar esas historias en el modo convencional.
Lo que para
muchos constituye la piedra fundamental en la
definición del Periodismo de Investigación, el
carácter oculto de las informaciones que se
procuran, estaría dado en el Periodismo
Histórico por los intentos, por ejemplo, de
romper con una Historia Oficial, dígase:
indagaciones en Chile y Argentina por conocer las
conexiones con la Operación Cóndor y que, en
ocasiones, han terminado en tragedias para el
propio reportero. Al mismo tiempo, periodistas e
historiadores pueden dar fe de las nebulosas que
se han entretejido alrededor de un objeto de
estudio. La periodista Stella Calloni lo vivió
cuando, al poco tiempo de la caída del dictador
Alfredo Stroessner, se acercó a los papeles
secretos de la policía de Paraguay. Entonces
escribió: ...debido a que los archivos
plantean una amenaza a los hombres que
organizaron y llevaron a cabo la represión
hemisférica, se están realizando esfuerzos para
eliminarlos o depositarlos en manos
seguras. Algunos de los documentos ya
han desaparecido y existen sutiles maniobras para
sustraer a los restantes del control legal y
periodístico17.
LAS
OTRAS PIEZAS DEL TRAJE (O CONSIDERACIONES
FINALES)
Pierre Vilar le
criticaba a Raymond Aron y a la escuela
positivista la posición de encerrar a la
Historia y al oficio del historiador en lo exacto
de lo acontecido, al punto de conformarse con una
relatoría puntual de los acontecimientos más
comprobables. Para Vilar, la Historia desborda
esa puntualidad y se dirige a comprender un
pasado, antes que revivirlo; en escudriñar en
los mecanismos de las sociedades y no quedarse
solamente en la dimensión de las decisiones
políticas; en examinar el estudio del juego
recíproco de relaciones entre hechos diferentes
y hasta, algunas veces, sin una relación
aparente.
Al periodismo y
al oficio del reportero también le sería dable
ese contrapunteo de posiciones; y, por momentos,
podría pensarse que los postulados de Raymond
Aron son los más cercanos a nuestra profesión
en el sentido de que el periodista se debe atener
meramente a los hechos comprobables en busca de
una veracidad, que es esencial en la
confrontación de la opinión pública. Solo que
el devenir de nuestro trabajo ha venido a
comprobar que a los reporteros les son más
cercana, más factible y que pueden encontrar
mayor provecho en las posturas de Vilar que en
las de Aron. Si esto no fuera así, ¿cómo
entender entonces a modalidades del oficio muy
preocupadas por comprender el cómo y los porqué
de la noticia, como es el caso del Periodismo
Interpretativo y el de Investigación?
El
entrecruzamiento entre Historia y Periodismo
puede ser más sutil y fuerte de lo que
imaginamos. Las reflexiones sobre las formas en
que los medios han tratado el pasado, motivadas
muchas veces por inquietudes contestatarias, ha
sido uno de los puntos más tratados a la hora de
establecer la relación entre prensa, historia y
poder. Un ejemplo de ello lo constituye Noam
Chomsky, aunque los ejemplos pudieran ser más, a
partir de las aproximaciones que se han realizado
desde las ciencias históricas y políticas. Esa
frecuencia nos hace preguntarnos hasta qué punto
resulta novedoso hablar de Periodismo Histórico
en el sentido en que lo hemos abordado en el
presente texto.
De todos modos,
el vacío conceptual es evidente y sobre todo la
falta de una sistematización teórica que
permita comprender las particularidades del
objeto que analizamos, sus posibles leyes, el
comportamiento del fenómeno y su interacción
con los demás elementos que componen una
estructura social.
Una de esas
interacciones, que podría conducir a una línea
de investigación, podría estar en las
construcciones que, desde la prensa, se realizan
del pasado por distintos sectores o grupos de
acción dentro de la sociedad; junto con el
dibujo que con el uso de los medios se quiere
hacer de lo sucedido por parte del poder. Es
decir, tratar en qué medida se realiza o no lo
que Chomsky llamó el asesinato de la Historia,
además de revisar cómo se ejecuta el rescate de
lo que no estaba incluido en el conocimiento
histórico.
Planteado el
asunto de esta manera, podría caerse en una
reiteración y decirse que se llueve sobre
mojado; pero nuestra intención apunta a examinar
cómo se ejecuta la construcción de lo
Histórico desde los medios y qué origina que
las redacciones sientan un interés mayor o
menor, según los casos, por abordar lo ocurrido
en la memoria de las comunidades. Porque
observamos un hecho: en aquellas sociedades,
sometidas a tensiones y con una postura de
revisar sus modelos de desarrollo o de ajuste de
los eslabones sueltos de su pasado, lo histórico
es más tratado por el periodismo que en otras
naciones, donde ese tratamiento se limita, en
ocasiones, al momento de la efeméride y la
conmemoración. Una mirada a dos geografías
indicarían enseguida ese comportamiento. El
periódico español El Mundo, en su edición
digital, le dedicó espacio al aniversario de la
Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, llama la
atención que, cumplida la efeméride, el
acontecimiento histórico más tratado fue el
aniversario de la llegada al trono del rey Juan
Carlos. Mientras, en Venezuela, resulta
significativa la abundancia con que lo histórico
es abordado por los medios, sobre todo por
aquellos que se proclaman parte del proceso. Ese
comportamiento valdría la pena demostrarlo y ser
analizado de manera empírica.
Un tercer y
último punto, que deseamos abordar en estas
consideraciones finales, se encuentra en la
naturaleza propia del Periodismo Histórico, de
las cuales surgen variadas interrogantes, y más
al momento de acercarnos al Periodismo
Cultural.
En su
planteamiento de definiciones, Lucía Villa
examina las problemáticas a la hora de
conceptuar al Periodismo Cultural y apunta a que
el concepto se aplica a un campo extenso y
heterogéneo. (....) y que nos marca la
imposibilidad de ser abordado desde una sola
perspectiva. Involucra y excluye a los géneros y
productos del campo periodístico produciéndose
una constante pendulación entre los términos
periodismo y cultura"18. Nos preguntamos
entonces: ¿esa pendulación es dable también en
el Periodismo Histórico? La respuesta amerita un
examen desde la práctica, en el que se
diagnostique si el tratamiento de la Historia a
través del Periodismo participa de esa
complejidad registrada dentro del Periodismo
Cultural, en cuanto a la diversidad de modos de
tratar los temas y los campos sobre los cuales
centra su atención. En otras palabras: ¿hasta
qué punto lo académico participa en el
Periodismo al momento de abordar la Historia en
cuanto a la aportación de géneros, como ocurre
con el ensayo, un género de la reflexión
cultural por excelencia, pero también presente
en el Periodismo Cultural? ¿O es que en esa
relación es más dual, al punto de que se pueda
construir, como ocurre en la práctica
periodística dentro de la cultura, una zona
donde coexista lo informativo con el puro
análisis histórico?
En sus
análisis, Villa nos aporta otra pista para
adentrarnos en las dinámicas que puedan mover al
Periodismo Histórico. Al referirse a los
orígenes y, en cierto modo, al comportamiento,
que en la práctica subyace en la legitimización
del Periodismo Cultural, expresa:
Sin embargo,
en un sentido más restrictivo los productos
que se dicen a sí mismos culturales o que
por su modo de producción, circulación y
recepción fueron reconocidos históricamente
en esa franja, responden más a una
concepción de cultura ilustrada, letrada y
elitista, restringida al campo de las
"bellas letras" y "las bellas
artes"19.
De ese criterio
se desprende: no todo el mundo se ocupa de la
cultura y se interesa por leer los suplementos y
secciones culturales. ¿Ocurrirá lo mismo con el
Periodismo Histórico? ¿O es que estamos ante un
fenómeno escurridizo y móvil, que no se
comporta únicamente en una franja reducida; sino
que tiene una mayor capacidad de convocatoria en
el momento que aborda tópicos que pueden
involucrar a numerosas personas por la forma en
que pueden ser tratados y por las cuestiones que
someten a debate? Parece que esta última
pregunta es la que más se acerca a la realidad.
Y eso lo pudo constatar Samuel Blixen cuando, en
medio de las investigaciones en los archivos de
Stroessner, fueron apareciendo los sitios donde
ocurrieron los enterramientos de las personas que
estuvieron desaparecidas durante casi 20 años.
Luego se observar una de esas fosas comunes y ver
los cuerpos en descomposición de los torturados,
Blixen escribió: En Paraguay se está
rescribiendo la historia de la década trágica
de América Latina. Es una oración movida
por el sentimiento. Pero es, al mismo tiempo, una
prueba más de cómo el Periodismo se entrecruza
con los caminos del historiador.
__________
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p 109-147.
_____
Notas:
1 Para una definición
del concepto de Historia y las preocupaciones del
historiador, ver: Vilar, Pierre: Historia. En:
Torres Cuevas, Eduardo: La Historia y el oficio
del historiador. Editorial Ciencias Sociales, La
Habana, 1996, p 1. También se puede revisar:
Bloch, Marc: Apología de la historia. Editorial
de Ciencias Sociales, La Habana, 1971. Una
revisión de estos materiales y de cualquier
texto o estudio sobre las funciones del
periodismo, permitiría distinguir rápidamente
las similitudes que existen entre ambos oficios.
2 Vale recordar que Daniel Defoe tenía cinco
años cuando la epidemia de la peste azotó la
ciudad de Londres en 1665. Es decir, el
acontecimiento se encontraba enraizado en el
pasado, su momento de actualidad había sido
trascendido y puede que hasta sepultado por
hechos más apremiantes del momento, como las
consecuencias del triunfo de Rusia sobre Suecia,
en 1721, con lo que Inglaterra se agenciaba un
rival más poderoso dentro del comercio y la
política del mar Báltico.
3 Para un mayor conocimiento de las propuestas y
observaciones, algunas veces polémicas, de
Lacouture, Ver: Lacouture, Jean: La Historia
inmediata. En: Torres Cuevas, Eduardo
(compilador): La Historia y el oficio del
historiador. Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1996, pp 225 247.
4 Ver Torres Cuevas, Eduardo: Pensar el tiempo
en busca de la cubanidad. En: Debates
americanos, revista semestral de estudios
históricos y socioculturales. La Habana,
no.1, enero-junio 1995, p 2.
5 Ibídem, al final del primer párrafo.
6 La búsqueda se realizó en los periódicos
Granma, Granma Internacional, Trabajadores,
Juventud Rebelde, El Habanero y Tribuna de La
Habana. Realizada el 30 de enero de 2006, por la
especialista de sala Ileana Reyes.
7 Ver, Agencia EFE: Una universidad de Estados
Unidos publica el perfil psicológico de Adolf
Hitler que predijo su suicidio. Constata una
homosexualidad reprimida. En:
http://www.elmundo.es/elmundo/2005/03/31/sociedad/1112300808.html,
consultado el 7 de enero de 2006.
8 Ver, Conde, Carlos: Perón-Vargas: la
alianza inconclusa. En:
http://ww.clarin.com/suplementos/cultura/
2005/11/19/u-01092040.htm, consultado el 8 de
enero de 2006.
9 Ver, Santoro, Daniel: El plan de Galtieri para
hacer la bomba atómica. En:
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/01/08/z-03415.html,
consultado el 10 de enero de 2006.
10 Fernández Bogado, Benajamín. El acceso a
la información pública y el rol del periodismo.
En: Sala de Prensa.Org, no. 78, abril 2005.
11 Por Principios nos referimos al ejercicio de
la ética y los valores que entraña la misma;
bajo la categoría de Formas englobamos a los
géneros periodísticos y el manejo del discurso;
mientras que por Normas entendemos, en este caso,
a las pautas editoriales que rigen las dinámicas
productivas de los medios.
12 Jaramillo, Oscar: La Web y el derecho a la
información, una revisión conceptual. Universidad
Complutense de Madrid, Programa doctoral Derecho
a la Información en España y América Latina, p
27. En: Sala de Prensa.Org,
13 Eco, Umberto: La estructura ausente:
introducción a la semiótica. Editorial Lumen,
Quinta Ed., España, 1994, p. 20. Citado por:
Jaramillo, Oscar, p. 5, ibídem.
14 Pensamos en esas realidades y dinámicas que
se viven en las redacciones informativas y que
originaron estudios como los del Newsmaking y la
Agenda Setting.
15 García Luis, Julio: El Artículo General.
Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana,
1987, p 5.
16 Julio García Luis señala que el artículo,
en específico el artículo general, se
caracteriza por el valor permanente de los
asuntos que aborda, a diferencia del editorial,
el comentario, la reseña o la crónica, que
juegan con la variable de actualidad. Ver:
García Luis, Ob. Cit,, p 7.
17 Ver Calloni, Stella: Los Archivos del
Horror del Operativo Cóndor. Disponible en:
http://www.derechos.org/nizkor/doc/condor/calloni.html.
18 Ver el concepto de Periodismo Cultural, dado
por el periodista e investigador argentino Jorge
Rivera y citado por: Villa, María J: Periodismo
cultural, reflexiones y aproximaciones. En:
Revista Latina de Comunicación Social, La Laguna
(Tenerife), junio de 1998, número 6. Disponible
en: http:// , consultado el 25 de enero de 2006.
Para una mayor información sobre las
complejidades del Periodismo Cultural, ver:
Navarro Rodríguez, Fidela: La cultura y su
periodismo. En: Sala de prensa.Org, febrero
de 2004, número 64. Disponible en:
www.saladeprensa.org/índicedeartículos/febrero2004/no.64/laculturaysuperiodismo,
consultado el 25 de enero de 2006.
19 Villa, Lucía: Ob. Cit.
* Luis
Raúl Vázquez Muñoz es periodista cubano en el diario Juventud Rebelde. Esta es su primera colaboración para SdP.
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