Bolivia: el
conflicto multicultural
y la construcción de las diferencias
Sandro
D. Velarde Vargas *
Sáquese la
corbata, carajo, grita un
trabajador campesino vestido con zapatos
de tenis NIKE, buzo deportivo REEBOCK, y
gorra azul con letras blancas que dicen
New York, a un transeúnte en la Av.
Mariscal. Santa Cruz.
(Escuchado en una marcha de la
federación Departamental única de
Trabajadores Campesinos de La Paz Tupaj
Katari el 6 de junio de 2005)
1.
Introducción
Tratar
de explicar los conflictos multiculturales1 que vienen
presentándose desde varios años atrás,
visibilizados por la idea de las dos
Bolivias, frase acuñada por el dirigente
campesino Felipe Quispe, se convierte en un doble
desafío. Por un lado comprender los procesos de
construcción de la diferencia como parte de una
estrategia política-cultural y por el otro
interpretar los procesos de globalización del
consumo y mundialización cultural
naturalizados por las industrias culturales que
hoy reconfiguran las formas de habitar la
modernidad.
Para poder dar
cuenta de estos procesos y tratar de
comprenderlos desde una mirada distinta debemos
revisar la idea de cultura que ha transitado por
muchos años en la antropología y que hace
necesario ubicarnos en un lugar
distinto al acostumbrado por las investigaciones
tradicionales, es decir desde una
mirada des-centrada.
Esto tiene que
ver con el derrumbe del mundo bipolar, que
mantuvo a la investigación entre verdades
únicas, según el horizonte
epistemológico-ideológico que asumiera el
investigador. Este derrumbe ha permitido el
retorno a los sujetos como fuente de inspiración
y valoración de saberes, la recepción
activa, la producción de sentido
conjuntamente los múltiples enfoques culturales
que despojaron a la investigación tradicional de
su modelo unidimensional, es decir, permitieron
"construir" la realidad mirando
alrededor, al interior y al exterior ya no con
lentes prestados, ni con lentes propios,
sino, con ojos subjetivos y nuevos mapas
mentales que permiten hacerse deshacerse y
rehacerse a la investigación.
2.
El discreto encanto de la cultura o la cultura
extraviada en sus definiciones
Uno de los
conceptos que ha marcado profundamente la
constitución de la Antropología como
disciplina de análisis y que
posteriormente la comunicación se ocupará
de establecer lazos cercanos, es el concepto de
cultura.
Noción que se
ha ocupado de explicar todos los procesos
de la producción de sentido en los
seres humanos. Que incluye una múltiple
cantidad de definiciones. El
término, ha venido utilizándose con una
insistente similitud y regularidad en sus
definiciones por parte de estudiosos
cobrando aceptación en la comunidad intelectual.
Es decir, la
conceptualización de la cultura desde los
diversos campos del saber ha mantenido una
estabilidad y coherencia desde los postulados de
Tylor en su Primitive Culture
(1871) como aquel todo complejo que incluye
el conocimiento, las creencias, el arte, la moral
el derecho, las costumbres y cualesquiera otros
hábitos y capacidades adquiridos por el hombre
en cuanto miembros de la sociedad
(Kahn.,citado por Javier San Martín Sala:43).
Esta definición
contiene dos miradas respecto a la cultura; por
una parte aquel todo complejo que
abarca múltiples acepciones que son inherentes
al ser humano (creencias, arte, moral, derecho) y
por la otra (hábitos y capacidades adquiridas,
es decir, no dados por la naturaleza, en cuanto
miembros de la sociedad). Por lo tanto la
definición nos lleva a afirmar que la cultura es
producida por seres humanos y en un lugar espacio
o territorio. Y que la Antropología se ha
dedicado, no tanto, a caracterizar culturas sino
ha establecer analogías y similitudes con el
otro, es decir con otras culturas y
seres humanos y que esa tradición ha sido fuente
de análisis e inspiración para definir la
dimensión comunicacional de la cultura.
2.1. La cultura desde el
génesis
Otra forma
explicativa sobre la emergencia de la
cultura es tratar de comprender desde otra
faceta, por ejemplo el relato del génesis.
Desde la
perspectiva de las escrituras sagradas, Dios
coloca al hombre en el edén donde éste vive en
armonía con la naturaleza, es parte de
ella. Entonces la naturaleza surte de todo
lo necesario para la sobrevivencia por lo tanto
Adán y Eva están exentos del trabajo. Al ser
parte de la natura, como todos los animales del
edén, no sienten vergüenza (al encontrarse
desnudos) o pudor, es decir no tenían una
sexualidad realmente humana.
La ruptura con
la naturaleza o lo que se conoce como el pecado
original es el rompimiento con la armonía y
transgresión del instinto, supone el
desequilibrio con la armonía natural y la
alianza con el instinto. Es en ese momento cuando
se inicia la vida humana. Cuando Adán come
del árbol del bien y del mal (
) cuando
desobedecen al instinto, en ese momento lo
superan lo rompen, dejando, por tanto de actuar
el instinto. (Ibíd., 23-26) Por lo tanto
emerge la cultura humana, las formas de
producción, conocimiento y transferencia de
saberes.
2.2. La cultura desde el
mito
La mitología
también se ha encargado, a su manera, de
comprender el proceso que ha sufrido la cultura
para cobrar vida.
Con los relatos
griegos, Platón trata de recrear el origen de
las especies.
Al crear la vida
los dioses encomiendan a los titanes Prometeo y
Epimeteo que distribuyan convenientemente las
cualidades que estas criaturas deben tener,
equilibrando carencias y disponibilidades, por
ejemplo a un animal débil le dota de velocidad,
astucia, etc. De esta forma todos los animales
tienen sus propias cualidades para la
supervivencia.
Cuando ve al
hombre este se encuentra desprovisto de toda
cualidad natural, es decir, desnudo por lo tanto
incapaz de sobrevivir.
Entonces
Prometeo toma de Atenea los oficios, es decir,
los saberes técnicos; y como sin el fuego para
nada sirven, roba a Héfesto y se lo da a los
hombres. Los humanos, por
tanto ya
disponen de la eficacia técnica, pero
carecen de la política de la capacidad de
organizarse y vivir conjuntamente (Ibid.,
27-30) De esta forma los seres humanos aprenden a
vivir en comunidad y territorialidad compartiendo
saberes, prácticas y transmitiendo de
generación a generación sus hábitos y
costumbres también incorporando otras de sus
más cercanos vecinos.
3.
La reconceptualización del término cultura a lo
cultural para entender la diferencia
La
globalización y los procesos de
desterritorialización que aceleradamente vivimos
hacen repensar las conceptualizaciones que
pretenden dar cuenta del concepto de cultura. En
este sentido Arjun Appadurai plantea usar el
término cultura ya no como
sustantivo, como objeto o cosa; sino propone
emplear el término cultural como
adjetivo de esta forma comprender las múltiples
dimensiones que abarca el concepto,
facilitando el abordaje teórico donde se
entremezclan y se superponen las diferencias.
Si el uso
de cultura como sustantivo parece
cargar un conjunto de asociaciones con diversos
tipos de sustancias, de modo que termina por
esconder más de lo que revela, el adjetivo
cultural nos lleva al terreno de las
diferencias, los constrastes y las
comparaciones,y, por lo tanto es más
fructífero (
) Poner el
énfasis en la dimensionalidad de la cultura más
que en su sustancialidad, hace que pensemos en la
cultura menos como una propiedad de individuos y
de grupos y más como un recurso heurístico que
podemos usar para hablar de las diferencias
(Appadurai:28, 2001) Es decir entender lo
cultural como un conjunto de diferencias más que
una sustancia o esencia que porta un grupo. Por
lo tanto afirmamos conjuntamente Appadurai y
Grimson que lo cultural es útil, entre
otros aspectos, para entender como se organizan
las diferencias y los conflictos en una sociedad
así como para analizar las relaciones entre
personas y grupos que hablan idiomas
diferentes (Grimson:26,2000) Es decir
tratar de encerrar las diferencias en torno
al concepto de cultura conlleva a múltiples
problemas para dar cuenta de las organizaciones y
afinidades como propias de la cultura de un
pueblo o nación.
El caso de la
llamada cultura boliviana que
aparentemente es representada por la figura del
campesino andino aymara y que hegemónicamente se
ha posicionado como una imagen arquetípica de
símbolo fijo de una nación, es decir, de todos
los bolivianos. Sin embargo existen diversas y
múltiples formas de ser boliviano. Cosa similar
ocurre con los otros aspectos que caracterizan a
las culturas. Estos rasgos culturales visibles en
forma de emblemas externos como ser la lengua, la
vestimenta, los olores difieren de lugar a lugar
y no es posible generalizar como un todo las
partes.
Entonces
el antropólogo (y el comunicólogo) no sería un
especialista en una o varias culturas sino en las
estrategias de diferenciación que
organizan la articulación histórica de rasgos
seleccionados en varios grupos para tejer sus
interacciones (Canclini: 39,2004)
4.
www. cultura. época. identidad.com
Otro campo de
vital importancia y que se refleja en la vida
cotidiana es el referente a los aspectos
culturales y las practicas sociales de los
habitantes de la sociedad mundo.2
Las
transformaciones económicas concentradas en la
globalización financiera repercuten grandemente
en las des-concentraciones culturales que traen
las nuevas tecnologías.
La nueva era o
realidad real nos invita a
movernos en el mundo desde otros tiempos y otras
sensibilidades y otros espacios. Las nuevas
tecnologías generan los espacios del anonimato
los no-lugares
Según el
antropólogo francés Marc Augé.[
]
los no-lugares por oposición al concepto
sociológico de lugar [
] son tanto las
instalaciones necesarias para la
circulación acelerada de personas y bienes
(vías rápidas, empalmes de rutas, aeropuertos)
como los medios de transporte mismos o los
grandes comercios, o también los campos de
transito prolongado donde se estacionan los
refugiados del planeta (Augé, 1998).
Estos no-lugares
son las virtudes de las nuevas tecnologías y la
red de redes el Internet
es su virtualizacion. Se ha convertido en
el estacionamiento móvil de las nuevas
identidades. Espacios donde la gente coexiste
cohabita sin necesidad de estar junta, exigiendo
su reconocimiento en su diferencia.
Esta realidad ha
hecho posible comprender las culturas nuevas y
las identidades efímeras. Habitamos el tiempo y
reducimos el espacio. Los sitios WEB, los salones
de chat, y la satisfacción de deseo
individual construyen nuevas comunidades ya no
masivas y pasivas, sino interconectadas on
line.
Este movimiento
de tiempos y sensibilidades han hecho posible
comprender las subjetividades de las nuevas
socialidades e identidades; por ejemplo los
movimientos de las minorías sexuales,
gay's, lesbianas, transexuales, jóvenes,
étnicos, indígenas, de género,
etc. Hacerse visibles significa
transitar el tiempo.
Las nuevas
narrativas sociales desde el lugar, no tanto como
espacio, sino más bien, como horizonte de
sentido; permiten construir un mundo hecho desde
las subjetividades y no así desde las
racionalidades teóricas.
Las prácticas
sociales articuladas con las racionalidades
tecnológicas conciertan una nueva forma de
habitar y estar en el mundo. La cultura (nueva)
es el medio para entender el mensaje.
La cultura es el
espacio del dialogo. La mediación tecnológica
se convierte en espacio de cultura común,
matizada por subjetividades y tonalidades del
lugar convertido en no-lugar.
Entonces los
límites que establecían los Estados-nación han
sido desbordados por urgencias tecnológicas. La
desterritorialización y la disolución de la
identidades largas, han permitido la
emergencia de nuevas visibilidades lo que algunos
autores han tratado de explicar en los procesos
de unificación cultural y de homogenización de
las sensibilidades, traducidas en la
mundializacion de la cultura paralelamente a las
emergencias-rechazo y la negociación de las
emergencias visibles. Esta la época de las
nuevas tecnologías y las dinámicas sociales.
4.1. ¿Y que hay de la
identidad cuando entran en escena las
tecnologías globales?
En el mundo
tecnologizado que la globalización viene
construyendo, el tema de las identidades cobra
una especial atención, debido fundamentalmente a
la presencia de las nuevas diferencias. Si en
el pasado reciente la preocupación por la
unificación nacional a través de la pertenencia
y aglutinamiento social en torno a un
Estado-nación, que otorgaba reconocimiento al
ciudadano era el pretexto para igualarnos. Es
decir que, fuera del Estado-nación, no se nos
reconocía como portadores de una
existencia propia, al mismo tiempo o
paralelamente se nos excluía de nuestra
cultura.
Con la
globalización las coordenadas del itinerario
identitario parecen cobrar una nueva perspectiva
de análisis. La identidad se convierte en ente
pasajero, primordialmente por su inconsistencia
espacio-temporal, la identidad es una
especie de lugar virtual, el cual nos resulta
indispensable para referirnos y explicarnos
cierto número de cosas pero que no posee
en verdad, una existencia real (Lévi
Strauss., citado por Renato Ortiz).
Es decir que la
construcción de la identidad más allá de
lo jurídico político abarca una serie de
connotaciones y contradicciones sobre las cuales
se ha construido un grado de pertenecía a algo o
la interacción con otros sujetos.
La
identidad no es algo ya dado, inherente,
inamovible, la identidad es algo que se construye
en la interacción cotidiana lo más importante
no es tanto su exactitud sino su
impugnabilidad (Orrin Klapp., citado por
Rossana Reguillo)
Por su parte
Jesús Martín Barbero al referirse al concepto;
sostiene que la identidad está hablando de la
crisis de las monoidentidades y la emergencia de
multicularidades que desbordan, por arriba y por
abajo, tanto lo étnico como lo nacional
(Martín Barbero, 1999).
Ese desborde
significa por una parte, el establecimiento
que las identidades se hacen y se rehacen en un
devenir histórico y por la otra que existe
varios referentes en la construcción de la
identidad momentánea.
La
globalización económica y tecnológica
disminuyen la importancia de lo territorial,
devaluando los referentes tradicionales de la
identidad (Ibid, 298) por lo tanto las
nuevas tecnologías al suprimir el espacio-tiempo
inauguran nuevas formas de identidades
secundarias. El caso del Internet merece especial
atención sobretodo en la conformación de
identidades mundiales hiper
aceleradas y virtuales.
La
identidad aparece en la actual concepción de las
ciencias sociales no como una esencia
intemporal sino como una construcción
imaginaria. La globalización disminuye la
importancia de los acontecimientos fundadores y
los territorios que sostenían la ilusión de
identidades ahistóricas y ensimismadas. Los
referentes identitarios se forman ahora, más que
en las artes, la literatura y el folclor, que
durante siglos dieron los signos de distinción a
las naciones, en relación con los repertorios
textuales e iconográficos provistos por los
medios electrónicos de comunicación y la
globalización de la vida urbana.
(Canclini: 111, 1995)
En síntesis el
papel que juegan las nuevas tecnologías, los
medios de comunicación son los nuevos referentes
y repertorios de estructuras simbólicas que
contribuyen, cuando no, crean estilos, refuerzan,
naturalizan ambientes formas de habitar y
vivir y entender el mundo.
5.
La construcción social de la diferencia
Entrar en los
procesos de constitución de las diferencias o
mejor dicho en la construcción de las
diferencias es acercarse a un terreno deleznable,
ampliamente complejo y difícil de identificarlo.
Para esto apelaremos a Peter Berger y Thomas
Luckman quienes seminalmente enfocan la
forma en que se cristaliza la construcción y
legitimación de la verdad y como se legitima
esta verdad. Es así y para simplificar el
concepto de construcción social de la realidad
los autores parten explicando que Toda
actividad humana está sujeta a la habituación.
Todo acto se repite con frecuencia, crea una
pauta y luego puede reproducirse con economía de
esfuerzos y que ipso facto es aprehendida como
pauta por el que la ejecuta.
(Berger-Luckmann: 74, 1979) De esa forma se ha
construido la diferencia y se ha introyectado en
las conciencias y en los habitus3 de los dominados.
Así y a lo largo de la historia se han
construido las diferencias en torno a las luchas
violentas y simbólicas entre dominadores y
dominados. Ejemplos de estas luchas es la mirada
occidental, eurocéntrica de la raza, la cultura,
la inferioridad, el color, etc. Y adquieren
su especificidad por la mediación de la cultura.
Ahí donde la sociedad genera percepciones
y programas estandarizados, la cultura hace un
trabajo más fino al establecer diferencias en la
percepción y, mismo tiempo, al conferirle al
actor social la certeza de un
nosotros desde el cual interpelar la
realidad (Reguillo: 189, 2000) Ese
nosotros es el que desde la colonia e
incluso anterior a esta se presenta para
legitimar las diferencias como un
nosotros frente a los
otros en el cual se insertan modos de
percibir la realidad. Y ese otro
como el débil, atrasado, acomplejado, dominado
subordinado a su dominador quien impone,
estructura, naturaliza esa condición de la cual
el dominado contribuye a su dominación.
De esta forma se
ha construido a lo largo de la historia la
concepción de indio, ignorante, atrasado,
incivilizado, bárbaro TARA es decir con
defectos, lacras, anomalías y debilidades.
De igual manera
esta concepción del nosotros frente
a los otros se rearticula en los
movimientos sociales desde una mediación
política que construye esa diferencia a favor de
un corpus identitario sólido fuerte
con la capacidad de construir hegemonía y
legitimar prácticas sociales desde,
aparentemente, lo endógeno para condenar lo
exógeno.
El caso del
sácate la corbata
como
una lucha simbólica pertenecen a
contextos sociales específicos (Op. Cit.
Berger-Luckmann: 15, 1979) y a momentos
construidos de alteridades.
Si el campesino
amenazador exige al transeúnte quitarse la
corbata (en este caso un simple empleado público
que debe cumplir con las exigencias de la
formalidad impuestas por "la buena
presencia" que exige el trabajo
burocrático) la misma con una carga simbólica
(aparente) y sinónimo de distinción de
referencia occidental, de foráneo, de
qara4. ¿Como entonces nos
explicamos que el mismo campesino lleve MARCAS
(en el doble sentido de la palabra) marcas de
productos industrializados de moda y globales
y marcas del imperio occidental al que se
pretende satanizar.? Entonces podemos afirmar que
más allá de revalorizar rescatar
los valores culturales, se aprovecha los momentos
y los tiempos para exacerbar políticamente
las diferencias con el fin de crear nuevas
afinidades y nuevas diferencias en torno a una
disputa simbólica.
Quizás la
respuesta rápida sea muy fácil: atribuirle
a factores económicos, de expansión de
los capitales, la globalización, la importación
de ropa americana (usada), ingresos limitados y
un sin fin de factores a los que se pueden
atribuir tal comportamiento. O quizá
seamos parte de lo que llama Ulrich Beck la
convergencia de la cultura
global que se refiere a
la producción, circulación y consumo de
símbolos culturales globales
y sSegún dicha tesis, se está
produciendo una paulatina universalización, en
el sentido de unificación de modos de vida,
símbolos culturales y modos de conducta
transnacionales. Lo mismo en una aldea de la Baja
Baviera que en Calcuta, Singapur o en las Favelas
de Rió de Janeiro (o en Rió Seco, Villa Adela
en El Alto) se ven los mismos culebrones
televisivos, se llevan los mismos vaqueros y se
fuma el mismo Marlboro (y se come la misma
hamburguesa McDonalds) como signo de
naturaleza libre e incontaminada
(Beck, Ulrich: 71,1998).Sin embargo para otros
autores la convivencia de lo local frente a lo
global no produce ninguna unificación
cultural, es más, es una especie de convivencia
mutua, de tolerancia y que ambas no se excluyen
mutuamente ya que lo global no está integrado
completamente y contiene por el contrario niveles
de diferenciación. Entonces surge la pregunta
¿si lo local es la diferenciación de lo global,
lo glocal vendría a ser su simbiosis y
pertenencia recíproca, así como la
democratizacion del consumo en términos
culturales? Al mismo tiempo nos
preguntarnos ¿porque no vemos entonces, más
allá de una simple survenizacion al
estilo Bennetton , la presencia de
nuestras vestimentas, comidas tradiciones,
bailes, idioma en capitales de Europa y los EEUU,
como vemos la moda occidental en nuestras
ciudades?
6.
El mundo de las significaciones y la
construcción de sentido ¿cómo aprendemos a ser
interculturales?
El sociólogo
francés Pierre Bordieu habló que la
constitución de la sociedad se debe
fundamentalmente por relaciones de
fuerza que corresponden al valor de uso y
de cambió y dentro de estas relaciones de fuerza
se hallan las relaciones de sentido que están
entrelazadas en un tejido complejo, las mismas
que se encargan de organizar la vida social y las
relaciones de significación. Entonces siguiendo
a Canclini podemos asumir, en estas condiciones
que la cultura abarca un conjunto
de procesos sociales de significación o de
un modo más complejo, la cultura abarca el conjunto
de procesos sociales de producción, circulación
y consumo de la significación en la vida
social (Canclini: 34, 2004).
Por lo tanto en
un mundo cableado
desterritorializado y entrelazado con múltiples
ofertas y repertorios culturales a la
mano, es decir, de tráfico y tránsito de
significaciones destellantes
acentuadas y glorificadas por los medios de
comunicación. Las nuevas tecnologías, las
autopistas de la información, la televisión y
el Internet, se convierten, o más bien,
son portadores de insumos para la
producción y reproducción de la significación
hegemónica. Tomando en cuenta que todas las
sociedades se relacionan en condiciones de
tensión y dominación es decir de fuerza;
sabiendo que esta no solo llega de un solo
lado sino de ambos polos.
En los procesos
de tensión y de fuerza de las significaciones
estas relaciones no se dan en el vacío o
linealmente. Esta relación está mediada por la
capacidad de apropiación de bienes,
significación y resignificación y
reapropiaciones sociales que los agentes realizan
en las relaciones de producción, circulación y
consumo de significación en la vida social.
Entonces las
representaciones no están (
)
limitadas en su producción, circulación y
consumo por las premisas y conceptos de las
convenciones hegemónicas de representación
vigentes (
) (Bazurco, 2003) como lo
afirma Bazurco sino mas bien están fortificadas
en torno a una negociación de significados del
nosotros y los otros donde aprendemos
a ser interculturales respondiendo a la
historia, la tecnología y las lógicas de un
campo específico (Ibíd.), como es la
sociedad mundialmente significada.
__________
Bibliografía:
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no lugares espacios del anonimato. Una
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SAN MARTIN SALA, Javier, Teoría de la Cultura.
Editorial Síntesis.
_____
Notas:
[1] Aquí se entiende
multicultural no como separatismo sino más bien
como heterogeneidad cultural integrada como parte
de una nación. En síntesis un
multiculturalismo-pluralista.
[2] La sociedad mundo es el resultado de la
expansión de los mercados que se venido a llamar
la globalización de la economía. En términos
culturales esta expansión se la traduce en la
mundialización de la cultura.
[3] El habitus como lo caracteriza Pierre
Bordieu son disposiciones adquiridas socialmente
estructuradas, permanentes, depositadas y
transferibles que escapan a la conciencia.
[4] Qara: Palabra aymara que significa,
desnudo, sin nada, pelado. Este adjetivo cobra
importancia para distinguir a los qaras de
los taras, donde los primeros son relacionados
con los blancos foráneos.
* Sandro D.
Velarde Vargas es
docente en la Carrera de Comunicación Social de
la UMSA, ha publicado el libro El Festín
de la Palabra: expertos en comunicación hablan
de los temas del siglo y tiene varios
artículos publicados en revistas especializadas
en comunicación. Esta es su primera
colaboración para SdP.
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