La
recuperación del lenguaje,
clave para el desarrollo de la economía de la
información
Benjamín
Fernández Bogado *
La
historia parecería un buen chiste si no fuera
verdad. Una madre me lo contó con cierto tono de
lamento e incomprensión. Una noche estando con
su hija le dijo porqué no conversaba con su
hermana quien se encontraba en el cuarto
contiguo, a lo que la hija le respondió
rápidamente: Porque no tengo saldo en el
celular, mamá. Esta afirmación que
proviene del Paraguay, el país con mayor
cantidad de teléfonos móviles per cápita de
América Latina, nos dice muchas cosas en torno a
los retos que como comunicadores nos devela un
futuro que es hoy presente. Cómo hacer que la
tecnología no se convierta en un fetiche y cómo
potenciar la pérdida evidente de verbalización
que pone en riesgo el propio conocimiento. Y en
eso los medios tienen mucho aportar.
Enriquecer el
debate a partir de códigos comunes no implica
por lo tanto sólo saber el tema sobre el cual
debatir sino estar seguro que las palabras
utilizadas responden a un código compartido. La
precarización del lenguaje puede significar a
muy corto plazo la pérdida de oportunidades en
un universo cultural donde es más importante el
lanzamiento del nuevo modelo de telefonía de la
Apple que el contenido que ese teléfono pueda
transmitir. No hay foros donde no se comente
verdades apocalípticas que llevan a los
auditorios a temblar de miedo ante un modelo
social y económico de difícil adaptación y por
sobre todo y más que todo: de sobrevivencia.
Sin embargo hay
cuestiones básicas que hemos perdido como el
lenguaje, que nos permite entendernos y entender
que no despiertan iguales intereses o temores,
que en la nueva economía de la información
considero serán fundamentales. Hoy un joven
argentino, de Buenos Aires, según lo comenta
Jaim Etcheverry en su libro La angustia
educativa, no usa más de 300 palabras para
comunicarse y su cuestionamiento es qué forma de
comprensión de un mundo en cuyo lenguaje lo
básico serían 800 palabras pudiera tener
alguien con esa limitación. La pregunta en la
democracia es qué tipo de liderazgos podríamos
tener ante una sociedad carente de capacidades
para entender, conversar y participar del debate
democrático. ¿No será esta la causa encubierta
de la aparición de populistas, demagogos y
charlatanes con singular éxito en sociedades
angustiadas por el peso de los cambios, la
pobreza social y la incapacidad de verbalización
de ellas? Es evidente que esta nueva economía
implicará una capacidad de convencer de
habilidades que la anterior economía no las
tomaba como ciertas o válidas. Hoy quien quiera
conseguir trabajo en cualquier campo debe ser
capaz de convencer a través del lenguaje de sus
habilidades y conocimientos si quiere el puesto.
En algunas universidades han comprendido esto y
no dan título a quien no sea capaz de hablar de
lo que aprendió por un lapso de una hora.
Vivimos una
sociedad de la información, pero desverbalizada.
Si en un principio era el verbo, como lo dice la
Biblia, hoy pareciera que hemos sido desbordados
por la fantasía maravillosa de aparatos que son
capaces de transmitir imágenes, voces y textos
escritos, todo en la mano, todo al alcance de
unos dedos tan ágiles que parecen haber
adquirido habilidades más cercanas a los
ancestros del género humano. Es importante
echarle una mirada más crítica a la pérdida
del lenguaje. No es casualidad que el director
mexicano Alejandro González Iñárritu haya
conseguido tanto prestigio y difusión por su
film Babel, que en el fondo es en
realidad una crítica sobre el lenguaje pero
enfocado en tono de historias conectadas por
circunstancias trágicas.
Los medios
pueden estimular un debate más a fondo sobre
estas cuestiones y lo pueden hacer abandonando la
posición cómoda de la polémica fácil o de la
participación plebiscitaria que se hace a
través de los teléfonos celulares que con ello
ganan tráfico y dinero pero que no permite
verbalizar lo que siente. Son como autómatas que
votan por el si o por el no enviando a un número
sus respuestas pero que carecen del grado de
capacidad de argumentar lo que piensan o lo que
sienten. Es sorprendente observar en los blogs de
los medios escritos que tienen portales en
internet los grandes errores y horrores
ortográficos y de ideas que aparecen publicadas,
lo que prueba por un lado el interés en
participar y, por el otro, las notables carencias
formativas de quienes desean ser parte de ese
debate. Uno de los grandes enemigos de la prensa
escrita en el mundo -que pierde lectores
diariamente- es que están escribiendo para
poblaciones que desconocen sencillamente las
palabras con las que los medios expresan ideas y
conceptos. No leen o no compran algo que
sencillamente está escrito en un idioma
diferente a pesar de que viven en el mismo país.
Algunos, sin
embargo, no temen tanto esta coyuntura diciendo
que vamos al nacimiento de un nuevo lenguaje con
una nueva generación y el argumento es que hoy
se escribe más que antes. Se envían más
correos electrónicos que cartas por el
abaratamiento y las ventajas que supone navegar
en internet, pero no es menos cierto tampoco que
la realidad nos muestra que la nueva
verbalización no genera la irrupción aún
de estos grupos sociales en las esferas del poder
y deberíamos preguntarnos cuántos conflictos
jurídicos representaría la irrupción de ellos
a la toma decisiones. La relativización de las
normas, la libre interpretación de los
artículos constitucionales haciendo decir una
cosa que no se quiso decir, no es más que una
muestra de los crecientes conflictos que iremos
enfrentando en esta sociedad de la información
tan promovida pero tan poco entendida en sus
posibilidades y dificultades.
Posibilidades
y oportunidades
Esta nueva
economía tiene una nueva autopista y genera
múltiples oportunidades para los operadores de
la misma o de aquellos que saben usarla para
generar riqueza. Varios países en el mundo lo
prueban. América Latina, con unos niveles
alarmantes de pobreza y de inequidad social,
tiene varios retos primarios que enfrentar y
derrotar antes de ingresar a estas autopistas
cargadas de desafíos a las estructuras y modelos
de educación y de participación como nunca
habíamos tenido. Uno de los aspectos positivos
que ha traído es ciertamente una
democratización en la generación y difusión de
la información. Si eso era antes el monopolio de
empresas dedicadas a publicar diarios y revistas
o a transmitir programas de radio o televisión,
hoy vemos una oferta mayor, ciertamente
desordenada aún pero con unas posibilidades
nunca antes conocidas. Los bloggers por ejemplo
muestran una dinámica sorprendente y generan
adhesiones y conectividades nuevas que sorprenden
a los medios tradicionales que han decidido
incorporarles a sus portales en la web. La
transmisión de programas de radio y la difusión
de videos en Youtube constituyen otras formas
nuevas de aumentar el tamaño de esta aldea que
ciertamente McLuhan visualizó hace mucho, pero
que se quedó corto ante el desarrollo que ha
tenido en los últimos 15 años.
Internet, con
todo, sigue teniendo una difusión constante pero
no uniforme en varios de nuestros países.
Algunos de ellos, como Argentina, se han
desarrollado mucho más que Paraguay o Ecuador,
por ejemplo, y en ese sentido las políticas
públicas deben ser dirigidas a acabar con los
monopolios de telefonía pública que
obstaculizan con los costos altos la difusión de
este nuevo medio de comunicación. El desarrollo
de transmitir señales de internet a través de
la líneas eléctricas constituye otra ventaja
para que el abaratamiento de los costos de las
computadoras o el desarrollo de los teléfonos
celulares pueda incluir a mayores sectores a esta
conversación nueva que se genera
dentro de la llamada economía de la
información.
Todo esto nunca
sustituirá, sin embargo, a la capacidad del ser
humano de usar estas tecnologías en provecho de
su desarrollo en sociedad. Y ellas nunca tampoco
estarán desprovistas de saberes e ideas que
comunicar, de ahí la insistencia en recuperar la
fuerza de la palabra para aumentar las
capacidades de participación de sectores antes
marginados de la conversación mundial. Algunos
ven la irrupción del ingles como lengua franca
en la nueva economía, otros sin embargo observan
la posibilidad de potenciar lenguas autóctonas
que anteriormente carecían de formas de
transmisión de las mismas. En todos los casos,
es evidente que con internet el mundo se
ensanchó o se achicó, dependiendo de quién
tenga la capacidad de usarla para generar o
privarse de esas posibilidades.
Los medios de
comunicación tienen ante sí el reto de
transformarse y de transformar. Abandonar la
posición pasiva de recibir los cambios
tecnológicos como un mensaje en sí mismos y
pasar a la posición creativa de observar en
ellos nuevas formas de interrelación sus
audiencias. El debate debe ser en torno a cómo
recuperamos el lenguaje que construye comunidad y
que a través de ella fortalece nuestras poco
entusiastas democracias, como lo prueban los
informes del PNUD y del Latinobarómetro. Nos
hemos quedado sin ideas y sin utopías, se repite
con cierta frecuencia cuando en realidad estamos
ante muchas ideas o utopías que no consiguen
insertarse en el debate local, nacional o
mundial, o porque están dispersos en páginas de
internet de difícil acceso para millones, para
los que la vida es sólo sobrevivir, o tal vez
porque los medios que pierden audiencias todos
los días no consiguen estimularlas para que se
conviertan en sí mismos en factores que den
movilidad a los liderazgos políticos y hagan de
los partidos referencias entusiasmantes para
participar y transformar.
La economía de
la información, como toda economía, administra
carencias y necesidades potenciales que pueden
transformarse en riquezas si sabemos utilizarlas
para provecho colectivo. Hasta ahora ha probado
ser una fuente alternativa para varios sectores
individuales que han visto reducir su tiempo de
traslado a las empresas y enriquecido su tiempo
laboral con la familia desplegando labores frente
a una computadora conectada a internet. Esta
economía de servicios que hoy ocupa dos tercios
de la riqueza del mundo ha sustituido a la
agricultura y a la industrias como elemento
generador de riqueza, pero en sociedades rurales
como las nuestras y con un incremento en el
precio de los commodities a nivel internacional
surge una curiosa emergencia del valor de la
economía primaria frente a las nuevas
tecnologías que, combinadas con la producción
agrícola, han generado riquezas sorprendentes a
corporaciones y grupos económicos en toda la
región. Lo ideal sería entrenar en el uso de
estas tecnologías a sectores que pudieron hacer
uso del buen precio de los productos agrícolas
para que encuentren maneras de comercialización
y mejor producción que mejoren sustancialmente
sus condiciones de vida.
Es posible
también mejorar las condiciones de nuestros
Estados, generalmente acusados de ser ineficaces
o incompetentes a la hora de organizar una
economía que sirva a la gente. Por un lado puede
ordenar su funcionamiento interno, dotarle de
memoria y transparentar su acción de cara a los
ciudadanos interesados en saber qué hacen en su
nombre y con su dinero. Esta nueva economía
tiene hoy en los e-goverments formas nuevas,
rápidas y eficientes de relación entre el
Estado y sus mandantes, lo que genera una
atmósfera de transparencia que facilita la
relación comercial y las inversiones en un país
determinado.
Tiempo
de renovación para los medios
La radio puede
jugar un rol más activo en esta nueva economía.
Las emisoras de amplitud modulada vivirán una
nueva era con la digitalización de sus emisiones
ganando en calidad de sonido y territorio. El
pretexto de la mala calidad de emisión será
historia a corto plazo y habrá sido un énfasis
en los contenidos donde indudablemente deberán
establecerse programas que resulten atractivos
para promover interactividades entre el emisor y
el receptor, lo que lo puede dotar de notable
riqueza con una conducción inteligente que
permita ordenar la participación sin que llegue
a ser una Babel moderna, donde cuando todos
hablan no significa necesariamente que todos
entiendan. Los formatos renovados constituirán
oportunidades para los creativos, muchos de ellos
por fuera de los espacios habituales de una
redacción. Nos encontraremos con productores de
contenidos en la web que ofrecerán programas
completos de radio o, en su defecto, formatos
atractivos que puedan ser replicados en cualquier
emisora del mundo, como ya ocurre en varios casos
de televisión. También deberá entenderse que
toda persona con un teléfono celular se
convierte en un testigo privilegiado de toda
situación que pueda convertirse en noticia, lo
que no implica inmediatamente calificarlo de
periodista.
Veremos el
ingreso de nuevos actores en este modelo signado
por la información que implicará ver a los
medios desde una perspectiva diferente. Hacerlos
articuladores y ordenadores de la información es
una de las opciones. Es curioso que hoy premian a
Google por facilitar la búsqueda en la red de
redes y que los costos de otras empresas
similares como Yahoo muestran que las cifras
astronómicas que se ofrecen por su compra
superan en mucho la inversión en medios
electrónicos o de prensa escrita que existe en
cualquiera de nuestros países. Siempre será
necesario quien ponga en forma, in formare,
el origen latino de la voz información, y en eso
hay mucho campo para los comunicadores y también
nuevas posibilidades para fortalecer nuestras
debilitadas y cuestionadas instituciones
democráticas. Más transparencia, más
participación, más interactividad, mejor
calidad de los formatos, mayor creatividad... no
son más que partes de la transformación que hoy
nos impele la llamada economía de la
información y su impacto sobre las democracias
de América Latina.
*
Benjamín Fernández Bogado es abogado, periodista,y director de Radio Libre (Paraguay) y colaborador de SdP.
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