Las nuevas
tecnologías
Daniel
H. Cabrera *
El espíritu
humano se siente inclinado
naturalmente a suponer en las cosas
más orden y semejanza del que en
ellas encuentra; y, mientras que la
naturaleza está llena de excepciones
y de diferencias, el espíritu ve por
doquier armonía, acuerdo y similitud
F. Bacon
La historia del
pensamiento, de los conocimientos, de
la filosofía, de la literatura
parece multiplicar las rupturas y
buscar todos los erizamientos de la
discontinuidad; mientras que la
historia propiamente dicha, la
historia a secas, parece borrar, en
provecho de las estructuras más
firmes, la irrupción de los
acontecimientos
M. Foucault
1.-
LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS COMO
SIGNIFICACIONES IMAGINARIAS SOCIALES
Con el nombre de
nuevas tecnologías denomino a las
actuales tecnologías de la comunicación y
de la información, según el conjunto de
significaciones que la sociedad instrumenta a su
alrededor a través de sus discursos. Ellas son
el nombre con que se destina un
conjunto de aparatos, prácticas sociales y
nuevas realidades (empresas y
aparatos neotecnológicos, instituciones
políticas, etc.) que ocupan un lugar central en
las representaciones sociales del mundo, en las
esperanzas, los sueños y deseos de la sociedad
contemporánea. Son, como se verá, un nombre
ambiguo que se invoca como constituyente
central de la sociedad de la
información y que, por ende, puede servir
tanto para el sostenimiento del orden como para
el cambio de sociedad.
Como nombre
que destina, las nuevas
tecnologías son un conjunto
heterogéneo de aparatos, instituciones y
discursos. Es conjunto
heterogéneo en tanto me refiero a diversos
constituyentes, de diferentes niveles y
procedencias, permanentemente unidos de un modo
particular (heterogeneidad) desde lo
imaginario instituyente.
Lo
magmático es solidario de la heterogeneidad,
sea en el ser, en la psique, en la sociedad,
en el dominio mismo del pensamiento. Lo
heterogéneo, al igual que la imaginación,
corrompe nuestro modo habitual de analizar y
pensar lo dado, porque su naturaleza
magmática tienta, hace superponer planos que
generalmente intentamos mantener separados,
ligando lo racional con lo irracional
(Franco 2003:68).
Las nuevas
tecnologías son significaciones
instituidas o imaginarios segundos que remiten al
magma de lo imaginario social, imaginario primero
o radical. Como toda definición que se quiera
hacer desde lo imaginario, envía lo
supuestamente conocido hacia el plexo de
significaciones sociales. Un envío que hunde
la realidad, en este caso, las
nuevas tecnologías, en el magma de
lo imaginario para hacer resurgir desde allí una
nueva caracterización bajo el signo de la
arbitrariedad. La arbitrariedad no es
convención, si no reunión de lo que es
aparentemente heterogéneo a priori. Porque si
las significaciones imaginarias sociales son emergencia
-por condensación, solidificación y
sedimentación- del magma de lo imaginario en un
momento dado, su interpretación debe proceder sumergiendo
nuevamente las significaciones vigentes en lo
imaginario para hacer re-surgir nuevos
sentidos.
La
interpretación de y desde lo
imaginario implica una concepción antropológica
del sentido y de la significación como
surgimiento y flujo incesante. De manera que
sentido y significación constituyen sim-bolos,
es decir, unión y sutura de lo distinto,
separado y distante de lo originario.
En esta
metafórica la interpretación implica, entonces,
- Caracterizar
las significaciones de la sociedad como
un todo indistinto, en el que se confunden
(confundere) o mezclan elementos
diversos.
- Tomar las
significaciones solidificadas para
sumergirlas en el magma imaginario, es
decir, fundirlas (fundere),
derretirlas y licuarlas.
- Buscar
nuevas articulaciones de sentido, esto
es, refundar (ya que en su
origen las significaciones
fueron fundadas -fundare-) nuevos
sentidos.
- Reintroducir
las nuevas significaciones en la
sociedad, o sea, difundir (diffundere),
no sólo en el sentido de esparcir o
propagar sino, sobre todo, como
reintroducir cuerpos
extraños en la homogeneidad
social. Esta última acción es la
dimensión pedagógica y política de la
interpretación.
De esta manera,
si las significaciones son surgimiento de sentido
e institución de la sociedad (de la
confusión-caos a la fundación), la
interpretación es resurgimiento que tiende a la
refundación social. Así entendida, la
interpretación supone la heterogeneidad[1] como nota constitutiva y
constituyente de la existencia de las
nuevas tecnologías en tanto
significaciones imaginarias sociales. Lo que
implica que, desde las distinciones y
definiciones dadas explícitamente por los
discursos sociales, se procede a volver o, mejor
aún, devolver las significaciones establecidas a
lo magmático. Para ello se establecen nuevas
relaciones basadas sobre las discontinuidades[2] escondidas que
representan, a la vez, lo que esta dado y lo
impensable. Así, la discontinuidad aparece como
resultado de la consideración de la
significación como acontecimiento disperso,
fruto de decisiones, elaboraciones, iniciativas,
accidentes, pero a la que se le han reducido,
borrado, destacado sus límites para que aparezca
inserta coherentemente en la continuidad de las
significaciones y en la homogeneidad de las
instituciones. Continuidad, coherencia y
homogeneidad constituyen las notas
características de la clausura simbólica de las
significaciones instituidas. De ellas parte la
interpretación para reintroducirlas en la incoherencia,
la discontinuidad y la heterogeneidad
del flujo incesante de lo imaginario social.
En la
interpretación se procede, entonces, de la
distinción instituida a la indistinción-fusión
y a una nueva distinción, al modo de nueva
articulación de sentido. Las discontinuidades de
los acontecimientos, la incoherencia simbólica y
la heterogeneidad radical son tanto claves del
surgimiento del sentido como de su comprensión.
Frente a la institución de la sociedad que
procede de lo instituyente a lo instituido, la
interpretación se orienta en la dirección
contraria: de lo instituido a lo instituyente y
vuelta a lo instituido con nuevas conexiones de
sentido. La institución es instauración de una
constelación de significaciones con coherencia y
cierre por lo cual, toda interpretación es una
reinterpretación, aunque para simplificar se
siga utilizando el término
interpretación.
En el camino de
la interpretación se postulan los procesos que
semiótica y psicoanálisis reivindican para la
lectura de las significaciones: condensación,
desplazamiento, deformaciones, negaciones,
olvidos, repeticiones, separaciones,
simbolizaciones, etc. Tienen particular
importancia las dos primeras por constituir el
modo de funcionamiento de las representaciones y
los afectos. Se entiende por condensación
la fusión de varias ideas latentes en una sola
imagen manifiesta (cf. Roudinesco y Plon
1997:185). O dicho de otra manera, es la
modalidad mediante la cual las representaciones
se superponen y por la cual una
representación acaba representando a varias. Por
desplazamiento se concibe el deslizamiento
asociativo que trasforma elementos importantes de
un contenido latente en detalles secundarios de
un contenido manifiesto (cf. ídem p.217). Es
la derivación de una representación a
otra, y que tiene que ver con la carga que
acompaña a cada representación, que va
circulando entre representaciones, que se va
derivando, desplazando (Franco 2003:117).
La metáfora y la metonimia son las figuras
lingüística que las representan.
El análisis
social busca a través de estos procesos
atender el destino de la espontaneidad
humana (Joas 1992:102). Destinos que según
el psicoanálisis son: la sublimación, la
represión, la trasformación en lo contrario o
la vuelta sobre la propia sociedad (cf.
Roudinesco y Plon 1997: 886).
El imaginario
interpretado aparece como surgimiento no sólo
heterogéneo, sino también conflictivo entre
diferentes visiones, imágenes y significaciones.
El imaginario interpretado descubre el imaginario
materializado como un espacio agonístico en dos
sentidos. En un sentido radical, combate del
hombre con el destino, el sin
sentido y lo ilimitado e infinito (apeiron,
lo indeterminado). El imaginario aparece como
testimonio de una historia que arrastra al hombre
en su trágico camino por el universo. En un
sentido derivado o segundo, no secundario, la
lucha es pugna de los diferentes individuos,
grupos, estratos, clases, sociedades y pueblos
por el dominio y el poder. Donde el poder,
entendido en un sentido amplio, se entiende como
la estructura más desconcertante de la
existencia (Ricoeur 1986:325), alrededor de
la cual se organiza gran parte de la vida de la
sociedad. La lucha por el poder estructura las
significaciones imaginarias sociales en sus
dimensiones ideológica y utópica. Concretamente
significa que en la sociedad, entendida desde su
dimensión temporal-histórica (entre la memoria
y la esperanza), hay sueños cumplidos y sin
cumplir, esperanzas realizadas y sin realizar,
imágenes conocidas y escondidas, etc. que la
interpretación debe tener en cuenta.
Lo imaginario
implica heterogeneidad radical -discontinuidad de
los acontecimientos e incoherencia de las
significaciones- y lucha y conflicto -fruto de lo
imponderable del destino, el sin sentido y del
combate por el dominio-. En este sentido, es
necesario, en primer lugar, proponer las
nuevas tecnologías como
significación imaginaria materializada -confundida-
a fin de, en segundo lugar, volver -fundir-
sobre lo imaginario social. Para ello, las
consideraré desde una doble heterogeneidad:
externa o derivada y radical.
Las
nuevas tecnologías como
heterogeneidad externa
En un primer
nivel, la heterogeneidad de las nuevas
tecnologías es externa o
derivada, en tanto, son, como ya se ha dicho, conjunto
heterogéneo de aparatos, instituciones y
discursos.
Son
conjunto heterogéneo porque implican
reunión de lo diverso y distinto, es decir, son conglomerado:
una realidad formada por
fragmentos de múltiples materialidades unidas
por la sociedad instituyente. Desde lo
imaginario, las nuevas tecnologías
aparecen aunadas y armonizadas como materialidad
coherente, pensable, visible y enunciable. Lo que
se piense, vea o diga, de y desde ellas, es
esperable y normal, es decir,
natural, obvio y evidente.
Se dice
fragmentos porque los elementos que
componen el conglomerado son partes rotas de
otros conjuntos quebrados o partidos y reunidos
por el cemento instituido. Las nuevas
tecnologías constituyen fragmentos
confundidos de aparatos, instituciones y
discursos, más aún, de distintos aparatos,
diversas instituciones y diferentes discursos.
Referido a los aparatos,
nuevas tecnologías indica tres
conjuntos de nuevas técnicas que resultan de la
integración o
convergencia[3] de técnicas
anteriores y respecto de las cuales significan un
avance muy importante en su efectividad. Aunque
en esta investigación me refiero exclusivamente
a las tecnologías de la información y de
la comunicación, la expresión
nuevas tecnologías incluye además,
a las tecnologías de los nuevos
materiales, y a la
biotecnología y la genética[4]. Me interesa nombrarlas
para destacar su presencia en la vida cotidiana y
no su dimensión científica y técnica.
La
investigación que originó las nuevas
tecnologías de los materiales es visible
en los materiales sintéticos (por ejemplo, en
las telas de la ropa), en múltiples objetos de
diversos plásticos, cerámicas y nuevas
aleaciones metálicas (todos ellos utilizados en
las diferentes piezas de automóviles) y,
también, en el silicio (de los chips) y la fibra
óptica (de las redes), entre otros muchos
objetos. Las nuevas tecnologías de la
vida se presentan en nuevas posibilidades
genéticas de tratamientos y terapias, en
técnicas de investigación (fundamentalmente
médica y policial) a través del ADN,
posibilidades (o no) de clonación, en recientes
productos químicos, en estética corporal y en
nuevos alimentos transgénicos, entre otros.
Finalmente, las nuevas tecnologías de la
información y de la comunicación,
presentes en la vida cotidiana a través de
variados artefactos tecnológicos digitales
(televisión, radio, etc.), telefonía -móvil y
fija-, informática, Internet, entre otros.
La mayoría de
todos estos objetos han sido, y son, primero
parte de los discursos narrativos del cine y la
televisión y, luego, objetos de la vida diaria.
Unas veces como parte de las historias contadas
al modo de ciencia ficción, otras como
estimulación de la imaginación a través de
publicidades, reportajes, etc.
De estos
conjuntos tecnológicos me interesan las
nuevas tecnologías en comunicación e
información, resultado de la convergencia
de varias ramas técnicas: la informática
(máquinas y software), la
microelectrónica, las telecomunicaciones y los
medios de comunicación y la optoelectrónica[5]. La informática
entendida como técnica del tratamiento de datos
o información, las telecomunicaciones referidas
a las redes de comunicación, y los medios
electrónicos a las tecnologías de transmisión
y recepción de imágenes. La
convergencia en las nuevas
tecnologías informáticas implica un salto
cualitativo en la electrónica, un avance
importante en la capacidad, cuantitativa y
cualitativa, de transmisión de las redes y, una
creciente numerización o digitalización[6] de las tecnologías de
la comunicación. La digitalización supone una
trasformación íntima de las tecnologías de tal
manera que debe hablarse de una
informatización de la técnica
(Mercier, Plassard, Scardigli 1984:24) y, más
aún, de la ciencia. Ya que la informática
y las simulaciones constituyen las dos grandes
novedades metodológicas del siglo XX, cuya
irrupción, desarrollo y consolidación marcan el
paso de la ciencia a la tecnociencia
(Echeverría 2003: 100). La informatización de
la ciencia y de las tecnologías permite un
nuevo tipo de experimentación y predicción, que
no es determinista sino probabilitaria
(ídem. p.102).
Además de
conjunto de aparatos, las nuevas
tecnologías[7] atañen a lo institucional,
visible en las nuevas modalidades de producción
y organización económica, en torno al sector de
servicios, nuevos mercados, nuevas burocracias
administrativas, nuevos modos de aprendizaje
laboral y profesional, nuevas habilidades y
conocimientos. En relación con el uso masivo de
los aparatos, lo institucional implica nuevos
sectores nacionales de desarrollo productivo y el
uso de nuevos recursos y materias primas. En esta
dimensión se debe hablar de informatización de
la empresa y de la institución y, sobre todo, de
sociedad informacional (Castells
1996:51).
Lo institucional
tiene uno de sus aspectos más importantes en las
características derivadas de la
revolución tecnocientífica
(Echeverría 2003). Como ya destaqué
anteriormente, uno de los aspectos más
relevantes de la tecnociencia, entre los que se
encuentra el mundo de las nuevas tecnologías de
la comunicación y de la información, es la
conversión de la investigación en un sector
productivo. Por ello, es necesario hablar no
sólo de una industria tecnocientífica, sino de
un nuevo mercado con nuevas modalidades de
explotación y rentabilización del conocimiento.
En este contexto no basta con producir
conocimientos, es necesario venderlos y, por lo
tanto, la gestión y el marketing forman parte de
la tecnologías (cf. ídem pp. 67-70). Esto tiene
importantes consecuencias en la dimensión
discursiva de las nuevas tecnologías
en tanto espacio de mediación entre los
promotores tecnocientíficos y la sociedad.
Las nuevas
tecnologías tienen un tercer componente:
el conjunto de discursos
técnico-científicos y
publicitarios intrínsecos a la
producción, circulación y consumo de los
aparatos. Libros, revistas, artículos,
publicidades y eventos se unen al
conjunto de aparatos técnicos, prácticas y
saberes específicos (en el sentido de know
how). A ellas se agregan múltiples
normativas, vigentes y en proyecto, de ámbitos
municipales, regionales y nacionales e
internacionales. Discursos políticos y
empresariales tienen como objetivo permitir la
comprensión, aceptación, uso y funcionamiento
real de los aparatos tecnológicos en el presente
de la vida cotidiana y en las estrategias de
acción futura.
Este conjunto
discursivo describe y explica las prácticas,
mecanismos y usos -efectivos o posibles-
destacando la simplificación y sencillez de su
uso. También apela a comparaciones, gráficos,
simulaciones, metáforas, etc. que apuntan,
indudablemente, a la imaginación de los
individuos y de la sociedad.
Los contenidos
de estos discursos conforman un dominio
materialmente extenso, cuyos límites podrían
establecerse por las referencias explícitas a
las nuevas tecnologías como sujeto
gramatical y objeto de contenido. Este dominio
distribuye los conocimientos explícitos sobre
las tecnologías, según diferentes grados: desde
los especialistas expertos a los
diferentes tipos de usuarios. Por
ello, se encontrarán publicaciones matrices que
se multiplican por miles en textos vicarios. Sin
embargo, los límites de lo explícito son
difíciles de establecer porque una de las
características de las nuevas tecnologías
de la comunicación es su omnipresencia en
el discurso público. A diferencia de técnicas
anteriores, las nuevas tecnologías
se insertan en una compleja red de discursos
producidos por el aparato comunicacional que
abarca periódicos, radios, televisiones,
Internet, promociones, ferias, etc. regidos por
una lógica publicitaria y de mercado.
Resumiendo:
considero a las nuevas tecnologías
como el conjunto heterogéneo o conglomerado
de fragmentos confundidos en dos sentidos.
El primero está constituido por los aparatos,
las instituciones y los discursos. Hablar de
conjunto significa que entre los diferentes
componentes existe una relación que no se puede
explicar por la sola funcionalidad. Se trata de
un sistema complejo de partes que se requieren
mutuamente para existir en razón de su
institución social. La existencia de aparatos
técnico-informáticos o comunicacionales es
inconcebible, al menos tal como se los conoce en
la actualidad, sin su relación con unas
instituciones y discursos concretos. Esta mutua
referencia e implicación de las diferentes
dimensiones de las nuevas
tecnologías conduce hacia las
significaciones imaginarias sociales. En la
interpretación me refiero a unos discursos y
prácticas sociales concretas para conducirlos
hacia el fondo magmático que hace posible la
existencia social de las nuevas
tecnologías. Por eso es necesario
referirse a un segundo sentido: la heterogeneidad
radical.
Las
nuevas tecnologías como heterogeneidad
radical
Las nuevas
tecnologías son heterogéneas en cuanto
constituyen una institución de lo imaginario
social. Es decir, que más allá de la
actividad consciente y planificada de
institución, las nuevas tecnologías
encuentran su fuente en lo imaginario social,
desde el cual se entreteje una realidad
económico-funcional, institucional y simbólica.
La constitución de las nuevas
tecnologías supone la sociedad
instituyente de la cual son significación
instituida. Por eso hablo de una heterogeneidad
interna o radical, porque
en ellas aparece la pertenencia al magma
imaginario de la sociedad instituyente o
imaginario social central. En este sentido, las
tecnologías, en tanto instituidas, son obra
materializada desde la creatividad histórico
social, y son lo que son porque condensan
unas significaciones imaginarias centrales para
esa sociedad.
El surgimiento y
materialización de aparatos, usos,
significaciones e instituciones desde el magma
de lo dado es un trabajo de la sociedad
instituyente. Lo histórico-social reconoce en
ese conjunto determinado -nuevas
tecnologías-, un horizonte determinable e
indeterminado definido por la sociedad y en la
historia. Las nuevas tecnologías
existen como significaciones imaginarias sociales
en tanto son, ante todo, posibilidad infinita
de determinación otorgada por lo
histórico-social. Lo que implica que no puede
darse de antemano un cierre o una clausura
semiótica para las constelaciones de
significaciones materializadas por una sociedad.
Todo cierre semiótico de las significaciones
supone una clave de bóveda que
remite al magma de lo imaginario social. Por esta
clave de bóveda toda significación
imaginaria segunda, como las nuevas
tecnologías, se mantiene unida vitalmente
a las significaciones centrales de una sociedad.
La
interpretación desde las significaciones
imaginarias sociales no debería sostener una
única clave, como la clave, porque
supondría, para el analista, una exterioridad
analítica y una visión inconcebible. El
análisis social consiste en la elaboración de
hipótesis plausibles y posibles de generar
nuevas conexiones de significados. En
consecuencia, el análisis de las significaciones
imaginarias sociales es la postulación de nuevas
significaciones imaginarias que permitan nuevas
perspectivas de elucidación. La interpretación
implica nuevas conexiones de sentido, relaciones
diferentes de los individuos con el
acontecimiento histórico-social, y de la
sociedad con lo histórico-individual que la
atraviesa. Una relación entre individuo e
histórico-social que pueda marcar la diferencia
entre la alienación y la autonomía
creativa, entre el mantenimiento de un orden
social injusto y el cambio de la sociedad.
Las nuevas
tecnologías, en tanto significaciones
imaginarias sociales segundas, son socializadoras
de los seres humanos, y un polo de
identificación colectiva. Como polo de la
identidad colectiva contemporánea constituyen
una matriz de estructuración de representaciones
sociales, de designación de finalidades
de la acción y de establecimiento de afectos.
En ellas se materializan las significaciones
centrales constituyendo la identidad de los seres
humanos según diferentes tipos
antropológicos (como, por ejemplo, el
enterpreneur; cf. Castoriadis 1999a).
Las nuevas
tecnologías constituyen el núcleo del imaginario
tecnocomunicacional. Su posición nuclear
deviene de las significaciones centrales desde
las que se constituye en la modernidad -la
sociedad como autoinstitución, la racionalidad
como racionalidad instrumental de dominio y la
temporalidad como progreso- y en la sociedad
contemporánea tecnologismo,
desideologización, pancomunicación,
orientación al futuro, riesgo-. La técnica
moderna inspirada en el control y dominio de la
naturaleza (Bacon) se transforma en la
tecnología o tecnociencia en control y dominio
de la sociedad (cf. Echeverría 2003).
La técnica
moderna, considerada en su dimensión productiva,
encarnó una serie de nuevos valores e ideas que
se condensaron, como ya lo comentaré, en torno a
la luz de la razón y a la voluntad
fáustica del hombre. Ciencia y técnica
emergieron como desprendimiento y
distancia sobre el fondo de oscuridad
de la astrología, la alquimia, la magia,
llevándose la antorcha de luz hacia el progreso.
La técnica moderna evolucionó en el siglo XX
hacia la tecnociencia o tecnología en la que es
esencial su dimensión de promoción y consumo.
En ella el fondo de oscuridad de la
técnica moderna sigue funcionando como espacio
de creencias e imágenes contra el cual se
proyectan las concepciones y metáforas a través
de las que se promueven las nuevas
tecnologías. A pesar de las estrategias
conscientes y racionales
de la publicidad y el marketing se encuentran,
bajo nuevas apariencias, las mismas matrices
simbólicas.
Creo necesario
pensar desde este fondo magmático y epistémico
para poder comprender más acabadamente las
tecnologías en su funcionamiento significativo
social. No me interesa la causalidad de
antecedentes y consecuentes históricos de las
relaciones afirmadas, ni una historia de las
técnicas científicas, sino su significación
para la sociedad. En un momento de la sociedad
una serie de creencias sociales hicieron posible
el funcionamiento de la magia, la alquimia y la
astrología. Visto desde la actualidad, aquellas
significaciones y creencias aparecen como
irracionales; sin embargo, ese funcionamiento
simbólico constituye la matriz imaginaria desde
la cual hoy se postulan y circulan las
significaciones sociales de las nuevas
tecnologías. En este sentido, la
heterogeneidad radical conduce el análisis a lo
que supuestamente no cuenta por irracional, por
incoherente, por oscuro, por impronunciable.
Por ello, me
interesa adentrarme en las significaciones
imaginarias materializadas en las nuevas
tecnologías como significación que
encarna lo imaginario social contemporáneo y que
da vida a unos tipos de seres humanos y
aparatos que, de otra manera, no existirían.
Preguntaré: ¿Por qué se utilizan unos
particulares símbolos y no otros? ¿Cuáles son
los significados que se transmiten? ¿Qué se
dice cuando se afirma como identidad
somos-estamos en la sociedad de la
información? Para buscar una respuesta es
necesario centrarse en algunas de las
materialidades que soportan las
significaciones y que les permiten existir en su
particular modo de ser y en su funcionamiento
significativo. Las materializaciones son,
evidentemente, los propios aparatos, las
instituciones y los discursos.
2.-
DISCURSO, HETEROGENEIDAD Y NUEVAS
TECNOLOGÍAS
Las nuevas
tecnologías son un conjunto
heterogéneo de aparatos, instituciones y
discursos que constituyen el núcleo del imaginario
tecnocomunicacional contemporáneo. Esta
definición abre múltiples maneras de abordar su
estudio y análisis. Aquí entraré a las
nuevas tecnologías a través de la
red discursiva formada por algunos medios
impresos de comunicación y las estrategias de
promoción de las empresas. Fundamentalmente
porque, como ya he destacado, las nuevas
tecnologías en su condición de
tecnociencia tienen un rasgo distintivo
fundamental: el ser un producto de mercado,
financiado y gestionado por empresas privadas en
donde el marketing y la publicidad son elementos
esenciales.
En los productos
de las estrategias de promoción se pueden
encontrar las respuestas de las
empresas a los miedos y esperanzas sociales
auscultadas previamente por técnicas especiales.
Las estrategias de promoción responden desde el
imaginario empresarial al imaginario percibido de
la sociedad. Esta comunicación asimétrica
constituye un importante espacio de registro de
lo imaginario social por lo que se dice y lo que
se calla, lo que se muestra y lo que se esconde,
lo que se recuerda y lo que se olvida, lo que se
invoca y lo que se revoca, lo que se propone y lo
que se supone.
En los textos se
pueden encontrar las marcas de las estrategias
empresariales -planificadas, conscientes,
racionales- desbordadas por lo no planificado, lo
incoherente, lo irracional, lo azaroso, en
definitiva, lo rebasante de los miedos,
esperanzas y apuestas de los diferentes actores.
El análisis de los discursos permitirá
interpretar algunas de las significaciones
imaginarias sociales de las nuevas
tecnologías y, a través de ellas, se
podrán proponer algunos modelos y matrices
imaginarios que funcionan como sus condiciones de
posibilidad y de representación.
Discurso
y heterogeneidad
El análisis
propuesto se realizará sobre y desde
los discursos que preparan la aparición
de aparatos tecnológicos y los que acompañan
su circulación. Como ya destaqué, el análisis
o interpretación es una modalidad del
pensamiento en la que se sigue el camino abierto
por los textos y transitados por el sentido.
Hipotéticamente esta operación debería tener
en cuenta un conjunto heterogéneo compuesto por
publicidad, campañas de marketing, operaciones
de prensa, declaraciones políticas, cine,
publicidad, informativos, suplementos especiales
de medios de comunicación, ferias y
exposiciones, carteles, prospectos de productos,
reglas de usos, libros, proyectos de ley,
folletos educativos, etc. Un conjunto planificado
y organizado en su producción y que debería ser
pensado de acuerdo a criterios de dispersión y
rupturas (no importa la supuesta no
relación previa, todo puede tener
que ver con todo) para reorganizarlos e
interpretarlo desde sus límites. Para decirlo
con palabras de Umberto Eco: desde un
determinado punto de vista cualquier cosa tiene
relaciones de analogía, continuidad y semejanza
con cualquier otra (Eco 1990:62.
Cursivas en el original).
La elección de
los discursos puede estructurarse en función de
los diferentes actores a los que se les atribuye.
Actores que han definido, y definen, activamente
el imaginario efectivo de las nuevas
tecnologías: los creadores, los promotores
y los divulgadores. Los creadores son los
inventores de las tecnologías y de sus
diferentes convergencias. Un colectivo de
técnicos que no sólo han realizado aparatos y
programas si no que, además, han creado un
lenguaje y unas metáforas con las que han
delineado algunos de sus principales usos. Un
segundo grupo de actores está formado por los
promotores, empresarios y políticos, que con sus
acciones corporativas, políticas y legales,
fomentan la fabricación e introducción de las
tecnologías en diferentes ámbitos sociales.
Finalmente, los divulgadores son un grupo de
actores que, por encargo de promotores o por su
función de comunicador, realizan la
publicación, el hacer público, de las
tecnologías imaginando usos y resultados. Hay
otro tipo de divulgadores, los llamados
gurúes, compuesto por profesionales
de la prospectiva al servicio de una definición
de escenarios futuros que sirvan,
fundamentalmente, para la acción de las
empresas. Estas tres categorías de actores
-creadores, promotores y divulgadores- se
relacionan profundamente entre sí y en algunos
casos es difícil diferenciarlos. De acuerdo con
la perspectiva de esta investigación lo
importante no es distinguirlos en tanto actores
empíricos diferentes, sino como funciones
inscritas en la materialidad de los discursos.
Hablaré
entonces de las nuevas tecnologías
como significaciones imaginarias que son, a su
vez, el núcleo del imaginario
tecnocomunicacional contemporáneo tal como
es definido desde los discursos promotores y
divulgadores. Quedan fuera de este estudio el
imaginario de los creadores, empresariales y
gubernamentales[8], y el imaginario de la
recepción y consumo, es decir, de lo que piensa,
dice, imagina el público en torno a las
nuevas tecnologías.
En los discursos
de los medios de comunicación y el marketing se
encuentran las representaciones que estructuran,
explícita e implícitamente, las creencias en
torno a las nuevas tecnologías. De
manera que los medios son vistos como productores
de realidad social y, por lo tanto, como fuente
de legitimación e identidad. El conjunto
discursivo será considerado como una red
compleja, organizada y reorganizable, de
múltiples referencias y reenvíos. La
interpretación que aquí se realiza no es una
exégesis de textos, si no una
comprensión de acuerdo con el imaginario
tecnocomunicacional contemporáneo. Por ello,
no definiré un corpus[9] en un sentido estricto
porque esta noción no da cuenta de la
transversalidad de las nuevas
tecnologías en el panorama discursivo.
La década de
los noventa constituye un espacio privilegiado
para el análisis de cómo una sociedad construye
su propio imaginario instituyendo nuevas
significaciones desde el magma histórico-social.
Aunque desde cuatro décadas antes ya se hablaba
de nuevas tecnologías, es en ésta
década cuando explosiona su presencia en la
sociedad. Sea por su novedad de
objetos técnicos como por su impulso y
concreción de un nuevo sector de la economía,
las nuevas tecnologías se
convirtieron en el centro de los sueños y
esperanzas de la sociedad y de sus individuos.
Fue la década donde la figura entrepreneur
tomó el relevo del yuppi entendido como
un individuo destacado, no tanto por su trabajo y
disciplina, como por su capacidad de observación
de la oportunidad y de los
movimientos bursátiles de la nueva
economía.
La década de
los noventa está delimitada por dos grandes
acontecimientos políticos. Su inicio está
marcado por la caída del muro del Berlín en
1989 y la desaparición de la Unión Soviética
en 1991; su final, por la caída de los valores
tecnológicos en la primavera del hemisferio
norte de 2000 y los episodios del 11 de
septiembre de 2001. En el centro, 1994 y 1995, la
explosión comercial de Internet y el posterior
auge de las empresas punto com,
verdaderas símbolos de la nueva
economía. Los noventa son el período
donde se materializa la confianza en que la sola
presencia de los objetos neotecnológicos
inaugura una nueva época. En esta
interpretación me centraré en textos que
circularon y tuvieron amplia difusión en
español entre finales de 1994 y el 2001. Entre
lo que se podría llamar el surgimiento y
la caída de las nuevas tecnologías.
Además tendré en cuenta publicaciones en
español del año 2003 y 2004 con los que
verificaré las conclusiones a las que he
llegado.
Las
nuevas tecnologías como nombre
propio
¿Qué hay de
nuevo en las nuevas tecnologías?
Castells, después de un análisis de tres
volúmenes, responde:
Los
chips y los ordenadores son nuevos; las
telecomunicaciones ubicuas y móviles son
nuevas; la ingeniería genética es nueva;
los mercados financieros globales, integrados
electrónicamente, que operan en tiempo real,
son nuevos; y la economía capitalista
interconectada que abarca todo el planeta y
no sólo algunos de sus segmentos es nueva;
la ocupación de la mayoría de la mano de
obra urbana en el procesamiento del
conocimiento y la información en las
economías avanzadas es nueva; una mayoría
de población urbana en el planeta es nueva;
la desaparición del imperio soviético y del
comunismo, así como el fin de la guerra
fría son nuevos; el ascenso del Pacífico
asiático como socio paritario en la
economía global es nuevo; el desafío
general del patriarcado es nuevo; la
conciencia universal sobre la conservación
ecológica es nueva; y el surgimiento de una
sociedad red, basada en un espacio de los
flujos y en un tiempo atemporal, es nuevo en
la historia (Castells 1998:387 nota 1).
Pero, como el
propio autor señala, no es esto lo que se debe
destacar. Lo que realmente importa en el
análisis es la capacidad simbólica de la
tecnología para ser invocada como
siempre-nueva dando origen a una sociedad
nueva (del conocimiento, de la
información, digital, etc.). Existe un consenso
muy amplio y fundamentado acerca de que la
revolución en la tecnología de la información
indujo la aparición del informacionalismo como
cimiento material de la nueva sociedad
(ídem p.388. cf. Nora-Minc 1978;
Mercier-Plassard-Scardigli 1984; Beck 1986;
Queraltó 1993 y 2003; Rifkin 2000; entre otros).
También es cierto que
la
exageración profética y la manipulación
ideológica que caracteriza a la mayoría de
los discursos sobre la revolución de la
tecnología de la información no deben
llevarnos a menospreciar su verdadero
significado fundamental (Castells
1996:60).
Sin embargo, lo
decisivo del presente análisis no es la verdad o
la falsedad ontológica de los acontecimientos[10], sino su funcionamiento
significativo social y, por tanto, su verdad
pragmática. Lo que se señala en nombre de las
nuevas tecnologías es verdad porque
funciona, porque da una visión de mundo, incita
a la acción, da motivos para la esperanza y
alimenta sueños colectivos, determina afectos y
se convierte en objeto de deseo. Permítase una
comparación: cuando un niño se despierta
inquieto de una pesadilla se le acostumbra decir,
tranquilo no es nada más que un
sueño. Pero ante los sueños
de la sociedad contemporánea no puede decirse
no es nada más que. Se debe decir:
es un sueño y, por eso, nada de
tranquilidad porque su importancia es vital.
En este sentido,
la pregunta por la expresión nuevas
tecnologías es una interrogación acerca
de su funcionamiento discursivo. Por ello, lo he
utilizado como criterio de lectura del material
en el que fundamento mi interpretación. He
seleccionado discursos con referencia explícita
a las nuevas tecnologías como sujeto
u objeto de la construcción enunciativa. Y la
primera constatación se refiere al
nombre/expresión nuevas tecnologías
como un nombre vacío aplicable, y en el que
caben diferentes objetos y realidades.
Se habla de
nuevas tecnologías de la
comunicación desde hace varias décadas
para hacer referencia sucesiva a aparatos muy
distintos como el vídeo, la televisión por
cable, teléfonos móviles, etc. Hoy la
expresión nuevas tecnologías de la
información designa, fundamental pero no
exclusivamente, a diferentes ordenadores, chips e
Internet. En las Ferias Tecnológicas (como, por
ejemplo, las Ferias de Nuevas Tecnologías de
Madrid, SIMO) el sector de las
nuevas tecnologías de la
comunicación muestra teléfonos con
múltiples prestaciones, móviles,
interconexiones visuales y auditivas por red,
Internet. En el sector de nuevas
tecnologías de la información se muestran
hardware, software, ordenadores, redes
informáticas, cámaras fotográficas. Que la
expresión nuevas tecnologías se
predique de la comunicación o de
la información es una cuestión
pedagógica para que la industria
muestre (venda) claramente sus
productos. Esta distinción no debe ocultar que
la base técnica compartida por todos estos
aparatos es la digitalización convergente de las
tecnologías.
La idea de
lo nuevo es antigua. En el siglo XVII
el concepto novus aparece de forma
casi obsesiva en los títulos de cientos de
libros científicos (Rossi citado en
Fischer 2001:55). La conciencia de lo nuevo, lo
lumínico y lo moderno unía la mentalidad con
que los científicos y filósofos pensaban su
quehacer y su sociedad. Esta conciencia se
identificó con el progreso como temporalidad
propia de la nueva y
luminosa sociedad frente a la
antigüedad clásica y la medieval
oscuridad.
Como ya
destaqué, la temporalidad como lo que es
más nuevo no cambia conduce a la
significación imaginaria de un tiempo
homogéneo y vacío. Una temporalidad
cuantitativa de los relojes frente al cual los
calendarios y las fiestas suponen y dan lugar al
tiempo-ahora del acontecimiento. Un
presente único e irrepetible que no es
transición, sino conciencia de estar
haciendo saltar el continuum de la historia
(Benjamin 1940:187-191). El
tiempo-ahora benjaminiano que lejos
de ser tiempo homogéneo y vacío es el
tiempo-abertura, la pequeña puerta por la que
puede entrar el Mesías, El Acontecimiento. La
temporalidad del progreso, por el contrario, es
para Benjamin, el huracán que arrastra
irremediablemente al Angelus Novus de Klee
de espaldas hacia el futuro, con una mirada de
horror por lo que ve (ídem p.183). La novedad de
la moda como retorno de lo nuevo, en la
forma de la producción masiva del siempre
lo mismo (Benjamin citado en
Buck-Morss 1989: 403) es el tiempo moderno de la
repetición, lo opuesto del tiempo
acontecimiento. Las promesas realizadas en nombre
de las nuevas tecnologías remiten a
la salvación de un tiempo
cuantificado, vacío y homogéneo en el que el
mañana es mejor por ser más que el
hoy. La separación entre la novedad como
repetición y lo nuevo como acontecimiento
permite la aparición de un futuro como promesa.
En él experiencia y expectativa aparecen unidas
como momentos de un continuum temporal
garantizados por la tecnología.
Si esto parece
verdad en la promoción y circulación de las
nuevas tecnologías, no lo es menos
en su aspecto productivo. Lo nuevo de los
aparatos remite a lo mismo de la lógica
que utilizan desde sus inicios. De modo que las
nuevas tecnologías, en tanto se
refieren a los ordenadores, implican una gran
transformación técnica y una
inmutabilidad lógica:
Mientras
que las computadoras de la década de 1950,
que eran mastodontes que ocupaban toda una
habitación, han ido evolucionando hasta
convertirse en las pequeñas y potentes
máquinas de hoy día que realizan una
apabullante variedad de tareas, la lógica
que subyace a ellas ha permanecido
inalterada (Davis 2000:11).
Si lo
nuevo no es lo mismo que la
novedad, la tecnología
no expresa sólo un saber acerca de o
técnica científica, sino también
el sentido de la técnica (cf. Sfez 1988-92:
36-38). El logos de la tecnología representa
un saber derivado que hace posible la
ciencia (tecnociencia), pero, más aún, el logos
significa el sentido de la técnica.
Por ello, tecnología[11], significa aquí, lo que
se estudia (la tecnociencia, en tanto presente en
los discursos) como materialización del sentido
de la técnica actual. El análisis de los
significados de las técnicas actuales
(tecnociencia) lo muestran como sentido social
hecho realidad material.
Lo
nuevo de las nuevas
tecnologías se predica de todo: de las
propias tecnologías, de las personas que están
cerca de ellas, del momento que se vive, de las
aplicaciones a la empresa e instituciones.
Lo nuevo fundamenta la novedad del
momento histórico calificado como
era (de la información, digital).
Así el momento presente aparece como un período
histórico de gran innovación tecnológica
(visible en los aparatos que se promociona) y,
por ello, se deduce sin más, innovación radical
en los ámbitos cultural y social. Por ello, los
humanos se definen como pertenecientes a una
nueva generación
(digital, wap, etc.) y
los sujetos como nuevos
(jóvenes, mujeres).
Estas novedades justifican la
proliferación de la idea de una sociedad cuyo
cambio es tenido en cuenta como
revolución. Los ejemplos de estas
ideas de lo nuevo son incontables y
siempre se refieren a lo objetos o prácticas que
sustituyen a las anteriores. Hoy -el presente de
los textos- puede mostrarse un ordenador como
nuevo, mañana se promocionará el siguiente
modelo como otra vez nuevo.
Nuevo IBM
PS/1 Media Exploration System. Enciende
el nuevo IBM PS/1 Media Exploration System
y en cinco minutos descubrirás un nuevo
universo (...)
Características: Procesador i486 DX a 33
MHz. Disco duro de 170 MB. 4MB de RAM.
Tarjeta de sonido SoundBlaster de 16
bits.
(...) además de un completo apoyo de
Software precargado: DOS 6.0; Windows 3.1;
Works; Photo Galery (Publicidad de IBM
en los medios nacionales de España en abril
de 1994)[12].
Poco tiempo
después estas nuevas
características pueden ser motivo de risa y, sin
embargo, dada la aceleración tecnológica las
novedades son cada día más obsoletas en menos
tiempo. Otras novedades simplemente desaparecen
del mercado sin que nadie lo note:
Nuevos
portátiles Olivetti Philos. Para
gente que trabaja. En cualquier parte
(Publicidad de Olivetti en medios
nacionales españoles en abril de 2000).
En general,
todos los productos técnicos, dadas algunas de
sus características particulares, se presentan
como el primero. También una
lavadora inteligente es nueva
tecnología:
Presentamos
la primera lavadora que sabe lo que vale una
gota de agua. La nuevas lavadoras Electrolux
ajustan el nivel de agua en función de la
carga... (Publicidad de Electrolux
en medios nacionales españoles en abril de
2000).
Los suplementos
de Negocios de los periódicos son un buen
lugar donde encontrar afirmaciones sobre lo
nuevo.
Estamos
construyendo la nueva Internet
(Publicidad de Nortel Networks, El
País, 24 de septiembre de 2000,
suplemento de Negocios p.11).
Al mes siguiente
la misma empresa anuncia:
El
nuevo Internet. Bienvenido al foro más
apasionante del mundo para el intercambio de
información. Bienvenido a un grupo de
millones de personas donde el sol nunca se
pone para la innovación. Nortel Networks
lo esta construyendo ahora mismo
(Publicidad de Nortel Networks, El
País, 24 de septiembre de 2000,
suplemento de Negocios p.77).
Otra empresa
solicita nuevos puestos de trabajo y ofrece:
Nuevos
horizontes. Nuevos modelos de gestión.
Innovar es la clave del éxito.
(Publicidad de Andersen Consulting en
diarios nacionales de España en septiembre
de 2000).
La novedad y lo
nuevo, tienen en la innovación su
imperio, que como el antiguo reino español es
tan inmenso que el sol nunca se pone.
Como ya destaqué, lejos de ser metafórico
constituye el modo de trabajar de múltiples
empresas del entretenimiento con las jornadas
laborales de 24 horas alternando tres centros de
trabajo (EEUU, Reino Unido, Japón).
La referencia de
los anuncios laborales a las nuevas
tecnologías es indudable y omnipresente.
En otro de similar características al anterior
se solicita
Área
de Técnico de Sistemas. Para mantener
constante la innovación y aplicar nuestra
experiencia tecnológica en grandes
organizaciones... (Ibídem).
Y las
titulaciones y las habilidades que se piden no
dejan lugar a dudas sobre su referencia a las
nuevas tecnologías informáticas y
de gestión.
En esos
momentos, primer semestre de 2000, se estaba
analizando la crisis de la nueva
economía y los suplementos de Negocios
de España se hacían eco de las publicaciones
norteamericanas[13], por ejemplo, citando la
revista Time del 23 de octubre de 2000:
Y si
la Nueva Economía está retrocediendo,
¿qué será de la expansión económica que
ya está empezando a desgastarse, tras una
década de desarrollo sin precedentes? (...)
La Nueva Economía no es más que un término
que designa la infraestructura básica que
permite a las compañías y los consumidores
comprar y trabajar a la velocidad de Internet
alrededor del mundo (La Gaceta de
los Negocios, 22 de octubre de 2000, p.
2).
La llamada
Nueva Economía ocupa un lugar
especial, tiene nombre propio (se escribe con
mayúscula) y requiere nuevas actitudes y
habilidades. Por ello, en las páginas de Formación
también abundan los ejemplos:
Aprenderás
a dominar la nueva economía
(Publicidad de Universidad San Pablo-Ceu
en El País, 24 de septiembre de 2000,
suplemento de Negocios, ídem p.40).
A pesar de que
la crisis de las nuevas tecnologías
constituyó una auténtica crisis de lo
nuevo, la novedad siempre tiene
posibilidades de seguir siendo nueva. Como
afirma un titular publicitario de un proveedor de
soluciones e-business:
Presentamos
las soluciones para la nueva
nueva economía (la
rentable) (Cursivas en el original).
Y el texto
aclara:
La
promesa del e-business es tan sólida hoy
como lo fue en el momento en que se proclamó
la nueva economía. Algunas cosas
se consideraron pasadas de moda, como la
planificación, la infraestructura e incluso
la rentabilidad, resurgen con fuerza.
Bienvenido a la nueva nueva
economía (...) ¡La nueva
economía ha muerto! ¡Llegó la nueva
nueva economía! (Anuncio
publicitario de la empresa SAP en los
periódicos nacionales españoles del 29 de
octubre de 2000).
Lo nuevo es
siempre nuevo, su aparente
envejecimiento, crisis, desaparición, etc. es,
en realidad, posibilidad de surgimiento de otra
novedad. Lo nuevo es un valor
incuestionable que hace bueno, por sí mismo, los
objetos, las prácticas, las instituciones.
Novedad y bondad son, en este sentido,
sinónimos.
Lo
nuevo de las nuevas
tecnologías y el futuro
La importancia
de lo nuevo conduce a pensar la
cuestión de la temporalidad de las nuevas
tecnologías como futuro. Ya
destaqué la relación entre la técnica y el
futuro. Afirmé que la técnica aparece
indisolublemente articulada a una idea de futuro,
tanto para los individuos como para la sociedad.
En este sentido, las nuevas
tecnologías se presentan inextricablemente
unidas a la idea de futuro tanto personal
-esperanzas, promesas- como social
-progreso/desarrollo-. Por ello, desde las
significaciones imaginarias, las temporalidades
sociales constituyen una encrucijada importante
para pensar las nuevas tecnologías.
Las
significaciones del tiempo pueden ser entendidas
como producto de la distinción entre las
dimensiones funcional y simbólica del tiempo. En
relación con ello, ya señalé los dos sentidos
del verbo contar: contar
números y contar historias. La
dimensión funcional puede entenderse como
numerar o contabilizar y
la dimensión simbólica como contar
en el sentido de narrar. En este
segundo sentido se constata que el problema del
tiempo se entrelaza con el problema de las
significaciones y el sentido de la historia. En
este contexto, destaqué la temporalidad del
progreso y sus avatares como
desarrollo.
La temporalidad
social es un complejo de significaciones que
incluye diferentes maneras de medición del
tiempo como calendarios y relojes, distintas
vivencias colectivas como fiestas y ritmos, y
diferentes concepciones como edades míticas,
escatología, decadencia. Es posible hablar,
entonces, de diferentes temporalidades en
relación con un conjunto de mediciones
cuantitativas y cualitativas, diferentes
concepciones y distintas vivencias colectivas del
habitar. Será necesario tener en cuenta lo ya
dicho sobre la prefiguración de las
máquinas y señalar el papel del
calendario en las diferentes culturas a fin de
mostrar su relación en la comprensión de las
nuevas tecnologías.
a.- Las nuevas
tecnologías, el calendario y la
temporalidad
En la medición
del tiempo existen dos sistemas. El primero es el
reloj, que es el más abstracto e instituye
la hora como medida. Y un segundo
sistema, el calendario, ligado a la organización
cósmica cuya unidad mínima es el
día. El calendario está sujeto a los
ritmos del universo, pero su tiempo es, sin duda,
social. Cada sociedad recibe, mensura y
transforma el calendario según sus propias
estructuras institucionales y políticas, sus
sistemas económico y cultural, y sus
instrumentos tecnológicos y científicos. Sin
embargo, de todas ellas es la organización
religiosa del tiempo la que constituye el
corazón de los diferentes calendarios.
Hubert analiza
en su famoso estudio sobre las representaciones
del tiempo en la religión (cf. Hubert 1909)
algunas de las características del tiempo
religioso: Las fechas críticas
interrumpen la continuidad del tiempo
(...) El tiempo en el que transcurren las
cosas mágicas y religiosas es discontinuo: en su
transcurso hay bruscas interrupciones
(ídem p.8). Los intervalos comprendidos
entre dos fechas críticas asociadas son, cada
uno para sí, continuos e indivisibles
(ídem p.9). Las fechas críticas son
equivalentes a los intervalos que las limitan
(ídem p.11). Las partes semejantes son
equivalentes (ídem p.13). Duraciones
cuantitativamente desiguales son igualadas y
duraciones iguales son desigualadas
(ídem p.15. Cursivas en el original). Estas
características del calendario llevan al autor a
destacar que el tiempo para la magia y la
religión
no es
una cantidad, homogénea en todas sus partes,
siempre comparable a sí misma y exactamente
medible (...) Las unidades de tiempo no son
unidades de medida, sino las unidades de un
ritmo en el que la alternancia de las
diversidades conduce periódicamente a lo
semejante (ídem p.16).
La concepción
religiosa del tiempo no se refiere a cantidades
definidas por su dimensión y su posición
relativa, si no a un entorno dotado de cualidades
reales y efectivas en la medida que irrumpen en
la vida colectiva. Para Hubert, las
significaciones cualitativas del tiempo están
formadas por convenciones que se establecen
entre los fenómenos que en él transcurren
y, por abstracción, al mismo tiempo, relaciones
de causa y efecto, las cuales son, en última
instancia, relaciones de identidad (ídem
p:28). Por ello, los calendarios no tienen como
única ni principal función medir
(numerar) el paso de un tiempo
entendido como cantidad, sino expresar el ritmo
de la vida social.
La
institución de calendarios no tiene por
finalidad única, ni, sin duda, por finalidad
principal, la medición del paso del tiempo
considerado como cantidad. Procede no de la
idea de un tiempo puramente cuantitativo,
sino de la idea de un tiempo cualitativo,
compuesto de partes discontinuas,
heterogéneas y que vuelve continuamente
sobre sí mismo (ídem p.33).
Por ello, para
Hubert el tiempo objetivo, cuantitativo y
abstracto es el producto de un trabajo de
abstracción del tiempo cualitativo religioso. En
este sentido, el tiempo, el ritmo y el espacio
presentarían una evolución similar entendida
como proceso general de abstracción (cf. por
ejemplo, para el tiempo, Barnett 1998; Ramos
Torre 1992; para el espacio, Kula 1970; Alder
2002, entre otros).
El calendario,
en tanto institución de la sociedad, supone una
relación con el control social del tiempo.
Según los diversos sistemas socioeconómicos, el
calendario permitía el cobro del impuesto (en el
poder estatal) y los censos (en el poder feudal).
El propio nombre de calendario deriva de calendarium,
que quiere decir libro de cuentas,
porque los intereses de los préstamos se pagaban
en los calendae, el primer día de la
semana (cf. Le Goff 1977:192). Y por ello, la
historia de los calendarios es también la
historia de sus relaciones con el poder.
Piénsese, por ejemplo, en la reforma del
calendario romano por Julio César, la reforma
gregoriana para la unificación de los diversos
calendarios que convivían en la edad media, o la
fracasada reforma de los revolucionarios
franceses[14]. Cada una de ellas
contribuyó a una organización social diferente.
Se tiene así el calendario cristiano cuyo
término fijo (cf. Sorokin y Merton
en Ramos Torre p.81) es el nacimiento de Cristo y
desde el que se cuentan 2005 años. El calendario
judío contabilizado desde la creación del mundo
hace 5765 años. El calendario musulmán cuenta
1425 años desde que Mahoma huyó de la Meca en
dirección a Medina. El calendario budista,
aunque sin una tradición única, contabiliza
2548 desde la muerte de Buda. El chino,
instituido por el emperador amarillo,
Huang Di, contabiliza 4703 años. Hay otros
muchos calendarios, como el hindú o el maya por
ejemplo, pero es el cristiano el más aceptado
universalmente por los estados contemporáneos.
Unida al aspecto
anterior se encuentra otra función esencial de
los calendarios, la de medir las relaciones entre
trabajo y tiempo libre: el tiempo regular del
trabajo y el circular del tiempo libre. La
invención de la semana, por ejemplo, implica el
descubrimiento de un ritmo de este tipo, pero
también la organización del año con relación
a los ritmos de la naturaleza y los trabajos
propicios en cada estación.
Los calendarios
modernos, basados en el gregoriano[15], se han cubierto de
ritmos relacionados con el sistema productivo. La
organización de tiempos de trabajo y tiempo
libre es fruto de una lucha social por la
liberación progresiva de tiempo a favor del
tiempo libre semanal y anual. A su vez, condujo a
una mercantilización mayor del tiempo libre como
turismo (las empresas turísticas poseen un
calendario propio de tiempos libres en el que se
adaptan las diferentes épocas del año y de la
semanas a distintas edades y niveles económicos)
y, sobre todo, como espacio para la industria de
la comunicación y el entretenimiento. Las
nuevas tecnologías se han insertado
tanto en los tiempos de trabajo, acelerando los
procesos y aumentando notablemente la
productividad, como en el tiempo libre
cualificándolo de manera diferente. El impacto
en ambos tiempos es fundamental.
Así en el uso
de las nuevas tecnologías se
consagran algunas significaciones como producto
del impacto de las experiencias y prácticas
generadas en su utilización.
1.- La idea de
una respuesta inmediata e
instantaneidad de las
comunicaciones se ha naturalizado como una
evidencia en las prácticas de comunicación de
las empresas[16], en la política y entre
los individuos. El sistema de telefonía móvil
celular y los intercambios a través de Internet
e intranet, por ejemplo, promueven la conciencia
de la necesidad de responder inmediatamente a
todo tipo de mensajes. La inmediatez adquiere
además la forma de la instantaneidad,
convirtiendo la respuesta en una forma de
reacción refleja.
En las
estrategias de comunicación empresarial la
mediación tecnológica hace más eficiente las
relaciones entre los miembros de una empresa y,
por ello, los contactos físicos se reservan para
momentos determinados. Una experiencia similar
ocurre con los medios de comunicación que
producen un acercamiento de los lejanos
físicamente (los que viven en otras latitudes) y
un alejamiento de los cercanos (los que viven en
la misma ciudad), con la consecuente
redefinición de los lazos sociales.
2.- La aceleración
de los procesos es otro impacto evidente. La
aceleración de la vida cotidiana impuesta por
los ritmos laborales y urbanos encuentra en las
nuevas tecnologías un factor a su
servicio. Como afirma Charles Wang de Computer
Associates:
si no
puedes moverte a la velocidad Web, estás
fuera del negocio. Si empiezas a pensarlo
todo... es tarde (citado en Revista Ciberpaís,
España, número 3, año 2000, p.59).
Las nuevas
tecnologías aceleran y mejoran el
rendimiento y como consecuencia, la idea y
experiencia de velocidad lo
inunda todo (cf. Virilio 1995 y 1997). La
aceleración y la velocidad tienen el efecto
paradójico de crear impaciencia como una
característica de la sociedad.
3.- Otra
tendencia es la de incorporar las
nuevas tecnologías, es decir,
hacerlas, literalmente, cuerpo. La incorporación
de las nuevas tecnologías es fruto,
entre otras cosas, de la consigna del sector: más
sencillo, más pequeño, más rápido, más
barato (cf. Steve Case en Revista El País
Semanal, 21 de marzo de 1999, pp. 24-36;
Negroponte 1995:97) que puede observarse en la
evolución de todos los artefactos
neotecnológicos.
Un ejemplo
extremo lo ofrece la nanotecnología[17] con sus investigaciones
tecnológicas de la estructura atómica y
molecular. Una de las consecuencias lo representa
la consigna: más transportable y más pegado
al cuerpo como extremidad u órgano vital. Ya
desde la moda de principio de siglo pasado, con
la modelación del cuerpo por la presión, de lo
que el corsé es el mejor ejemplo, a la moda de
comienzo de este siglo que tiende a la
inspiración de los cuerpos por la prótesis
interna, el ejemplo más explícito son las
prótesis de silicona. Otro ejemplo: la
píldora-vídeo que, a semejanza del
film Viaje fantástico (1966) basado en la
ficción de Otto Clement y Lewis Bixby, puede
recorrer el intestino y emitir imágenes de su
interior hasta que se le acabe la pila o sea
expulsado. Sin embargo, la incorporación de las
nuevas tecnologías tiene su punto
más soñado e imaginado en los llamados cyborg
(cf. Yehya 2001), de los que el cine y la
realidad ofrecen múltiples ejemplos (cf.
Suplemento Domingo de El País, 16
de enero 2000 pp.1-3; Catherine Arnst en Business
Week traducido en Revista Dinero, Año
XXV, Número 923, octubre de 2003, pp.74-75). Un
caso famoso es el del cantante Stevie Wonder con
su implante para los ojos (cf. El País, 4
de diciembre de 1999, p. 38).
Junto a los
calendarios existe otro instrumento de medición
que ya he destacado en el capítulo anterior: el
reloj. Su progresiva precisión significó un
aumento en la consideración del tiempo como
valor medible y calculable. Lo que se resume en
la consigna: el tiempo es dinero. Con
la medición del tiempo se llegó a su recuento y
racionamiento y, a medida que las ideas del
universo se mecanizaron, el reloj coordinó los
ritmos cotidianos de la sociedad. El crecimiento
de la precisión hizo posible la velocidad de la
producción y la circulación de personas y
cosas.
Los medios de
comunicación y la práctica de la
programación constituyen un
instrumento de coordinación social de similar
característica que el reloj. En este caso la
precisión significa medición exacta del
público-audiencia en un momento dado
estableciendo cuotas de pantallas y
minutos de oro.
Los medios
tradicionales venden tiempo de medio
(pantalla o antena) que se estima aproximadamente
en tiempo del receptor. Las nuevas
tecnologías han variado sustantivamente el
negocio del tiempo[18]. En ellas se busca
conquistar el tiempo del receptor-abonado, pero
no ya desde la organización de una oferta
programada que permita combinaciones, sino desde
una oferta gratuita y totalmente programable. Es
el usuario el que puede vender su tiempo
aceptando recibir, leer, ver, etc. Las nuevas
tecnologías, desde este punto de vista,
profundizan la visión del negocio de los medios
como negocio del tiempo.
b.- Las temporalidades de
nuevas tecnologías
Calendarios y
relojes hablan de una medición pero también de
una vivencia del tiempo porque son, a la vez,
instrumentos técnicos de medición e
instrumentos sociales de significación. Como
tales participan de las significaciones de la
temporalidad social y encarnan una parte
de su historia. Pero lo que más interesa son las
concepciones del tiempo de la sociedad o, mejor
aún, los imaginarios de la temporalidad social.
Estos están representados por las edades
míticas (paraísos en el origen o en el
futuro, terrestres o extraterrestres, ciclos,
edades de oro), escatologías (religiosas
o seculares, milenarismo), utopías, y decadencias
(pesimismo; renovación). Temporalidades que en
relación con las nuevas tecnologías
y sus promesas pueden ser analizadas
como y desde lo imaginario.
La promesa es el
augurio que predispone a la espera de algo bueno,
es la señal o indicio de que cabe esperar algún
bien. La prognosis es el conocimiento anticipado
de algún suceso y, en ese sentido, pronostica.
Prolepsis es la figura por la que el autor
anticipa la objeción que pudiera hacerse. De
acuerdo con estos significados, puede decirse que
en nombre de las nuevas tecnologías
se hacen pronósticos o prognosis que anticipan
aparatos y aplicaciones sobre la base del
conocimiento de los avances de la inversión,
investigación y fabricación. Hay un contenido
calculado de lo que se dice que se fundamenta en
datos económicos y planificaciones. Sin embargo,
los anuncios, en los discursos públicos
(publicidades, notas de promoción, etc.), no
presentan adelantos tecnológicos, sino
anticipaciones de uso, cambios en la vida
cotidiana, impacto social a la manera de
narraciones e historias. El nombrar un futuro
nuevo aparato es casi siempre motivo para la
especulación sobre sus posibilidades de uso en
la vida cotidiana. En este sentido es que se
presenta como pregunta apremiante:
¿Cómo
cambiarán nuestras vidas los nuevos medios
de comunicación?.
Interrogación
que constituye el centro de reflexión de, por
ejemplo, Gates 1995, Negroponte 1995 y Dertouzos
1997 o, también, Terceiro 1996 y Cebrián 1998,
entre muchos otros.
Lo urgente de la
situación que se describe en los discursos
conduce a plantear orientaciones para lo que
vendrá. Se tienen aparatos, se definen
mercados y, por ello, es necesario estimular la
curiosidad para imaginar
necesidades-usos. Se presenta así
una interrogación como la pregunta para
pensar las nuevas tecnologías en su
relación con la sociedad. La pregunta da
por hecho: que se producen los cambios, que todos
estamos implicados en ellos, y que el factor
determinante de dichos cambios son las
nuevas tecnologías de información y
comunicación. No se trata sólo de una
pregunta omnipresente, también es omnipotente y
prepotente, porque afirma que no queda nada por
hacer, excepto adaptarse.
Las nuevas
tecnologías son promesa porque anticipan
lo bueno por venir. En ella el enunciador tiene
poder de anticipar y de realizar. Hay, además,
otro sentido: el enunciador manifiesta un
compromiso de trabajo para que lo anunciado sea
realidad. Los discursos en primera persona hacen
referencia, explícita o implícitamente, al
hecho de prometer en el sentido de obligarse a
decir y hacer según lo que se anuncia. El
enunciador se convierte en un
promesante[19] obligado a realizar algo
por la palabra empeñada.
Los dos sentidos
de promesa revelan dos figuras para
el enunciador: el profeta y el
promesante. El primero habla como elegido
en nombre de lo alto y, el segundo se
manifiesta en nombre de su voluntad y compromiso.
En nombre propio o de la tecnología, como
promesante o como profeta, las nuevas
tecnologías son el bien prometido.
Y uno de sus principales atributos es su novedad,
es un bien nuevo. Anunciar lo nuevo
permite imaginarlo y, por tanto, hacerlo
esperable. Imaginado y esperado, lo nuevo se hace
realizable. Se anuncia lo
nuevo para, de esa manera, hacerlo
real. Se llama con nuevos nombres -como
sociedad de la información- para
traer a la existencia lo que anunciándolo se
crea. Las significaciones que se movilizan en
nombre de las nuevas tecnologías
aparecen así como un dis-curso -rumbo y
destino- sobre el mundo y la
sociedad.
El bien nuevo y
bien prometido es, ante todo, futuro. Y la
frase-estribillo el futuro ya está
aquí[20] es su materialización
discursiva. El futuro aquí no
presenta incertidumbres ni sorpresas. Su
estar aquí lo hace asequible, es
promesa, pero muy cercana. Las nuevas
tecnologías como futuro son posibilidades,
pero como están aquí son reales. La
promesa tecnológica y el optimismo
que le es consustancial se convierten entonces en
afectos dominantes. Las nuevas
tecnologías como totalidad significativa
imaginaria constituyen fuentes de futuro
realizable que cabe esperar. El optimismo, la
confianza y la espera son posibles. Ella
cumplirá.
Luxel
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¡Compruébelo Ud. Mismo! (Publicidad
de videocámara Fujifilm en GRAFICA
Revista técnica de la industria de artes
gráficas y comunicación, Número
663, septiembre de 1999.
[1]
Entre las derivaciones de la teoría de lo
imaginario radical se encuentra su influencia en
el modelo psicoanalítico contemporáneo, que se
basa en el principio de heterogeneidad y la
búsqueda de articulaciones no reduccionistas
(cf. Urribarri en Archipiélago 2002,
número 54)
[2]
Utilizo discontinuidad a la manera
como lo hace Foucault en La arqueología del
saber, como una población de
acontecimientos diversos (cf. Foucault
1969:35) a fin de que lo imaginario
no se presente como una nueva manera de
continuidad bajo términos como tradición,
influencia, evolución, etc. Esto permite
recuperar la noción de
intertextualidad (Kristeva 1967 en
Navarro 1996:1-24; Kristeva 1969) y
dialogismo (cf. Bajtin 1978) para el
análisis de lo imaginario.
[3]
Es importante destacar la idea de
convergencia en cuanto término
técnico en el que se piensan las nuevas
tecnologías y que designa el proceso de
unificación técnica y de servicios
en los aparatos y redes.
[4]
Estoy de acuerdo con Castells, que incluye entre
las tecnologías de la información a la
ingeniería genética y sus desarrollos y
aplicaciones (cf. Castells 1996:60).
[5]
Esta convergencia y cada una de las ramas
tecnológicas pueden encontrarse descritas de
manera divulgativa en Nora y Minc 1987:29-50;
Mercier; Plassard; Scardigli 1985:21-39, Cebrián
1998: 43-60, Castells 1996:59ss, entre muchos
otros.
[6]
Esta es la idea central desarrollada por
Negroponte en su obra Ser digital (1995)
según el cual la novedad
ontológica de la
informatización es la conversión de todo en
dígitos, atrás queda la era de los átomos. En
esta línea se encuentra el argumento de Terceiro
según el cual La sustitución del átomo
por el bit, de lo físico por lo digital,
a un ritmo exponencial, convertirá al homo
sapiens en homo digitalis
(Terceiro 1996: 27).
[7]
Como ya adelanté, sólo me refiero a las
nuevas tecnologías de la comunicación y
de la información. Para abreviar, las
nombro utilizando la expresión nuevas
tecnologías o neotecnologías.
Las distinciones realizadas en los párrafos
anteriores son para delimitar el
objeto de estudio.
[8]
Un ejemplo de interpretación del imaginario de
los creadores y promotores para el caso
particular de Internet es Flichy 2001.
[9]
Se define corpus como el conjunto de
textos suficientes en el que una afirmación
puede ser explicada. En el análisis
estructuralista requiere la búsqueda de
isotopías para la construcción de oposiciones
básicas que permitan la construcción del
cuadrado semiótico (Greimas).
[10]
En este tema hay muchas confusiones. Conviene
repetir que lo que caracteriza a la
revolución tecnológica actual no es el
carácter central del conocimiento y la
información, sino la aplicación de ese
conocimiento e información a aparatos de
generación de conocimiento y procesamiento de la
información/comunicación, en un círculo de
retroalimentación acumulativo entre la
innovación y sus usos (Castells 1996:62).
[11]
Para una definición ponderada y comparada de
técnica, tecnología y
tecnociencia se puede consultar
Echeverría 2003:19-147.
[12]
En este capítulo cito de manera destacada los
textos que analizo independientemente de su
extensión.
[13]
Como se sabe, en épocas de crisis la sociedad
depende más de la información de los medios de
comunicación. Considero que esta regla puede
valer para los medios españoles y
latinoamericanos respecto de los norteamericanos
cuando la crisis proviene, como en este caso, de
EEUU.
[14]
Para un análisis del calendario de la
Revolución Francesa puede consultarse el
importante estudio de Eviatar Zerubavel
1981:361ss. Entre las funciones simbólicas de
dicho calendario destacan la secularización, el
racionalismo, el naturalismo y el nacionalismo.
[15]
El calendario gregoriano-europeo ha
sido adoptado como una cierta forma de
facilitar la comunicación internacional y
como un símbolo de modernización y
occidentalización (Zerubavel 1981:394.
Cursivas mías).
[16]
En la distribución el mejor ejemplo es el
sistema just in time.
[17]
Nano designa la milmillonésima parte
de algo. Un nanómetro (nm) es la
milmillonésima parte de un metro. El
nanosegundo es la medición temporal
fundamental en la que funciona, por ejemplo, la
estructura del ordenador (cf. Rifkin 1987:23).
[18]
Sobre el tiempo con relación al mercado de la
información cf. Nieto, Alfonso (2000) Time
and the information market, the case of Spain,
EUNSA, Pamplona.
[19]
En la zona Andina de Argentina, Chile y Bolivia
promesante es el nombre que se da a
la persona que cumple una promesa piadosa. El
hacer promesas se dice promesar.
[20]
Frase omnipresente en publicidad. Ver, por
ejemplo, la campaña de OMC. Equipos
informáticos en GRAFICA Revista
técnica de la industria de artes gráficas y
comunicación, Número 663, septiembre de
1999.
*
Daniel H. Cabrera
es doctor en Comunicación, DEA en Filosofía,
magíster en Sociosemiótica y tiene un posgrado
de Comunicación del Instituto de Filosofía de la
Universidad Veracruzana (México).
Ha sido profesor de Teorías de la Comunicación
y de Teorías Sociológicas en la Universidad Siglo 21, en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) y en la Universidad de Navarra (España). Actualmente es profesor en el
posgrado de Comunicación de la Universidad
Veracruzana. Ha publicado diversos artículos en
revistas especializadas de Latinoamérica y
España. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.
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