Debate
sobre América Latina en Madrid
Medios
y democracia
Horacio
Verbitsky *
Para
el periodista brasileño Rosental Alves, pionero
latinoamericano del periodismo para Internet con
la edición on line del Jornal do Brasil, estamos
viviendo una transformación sólo comparable a
la de Gutenberg, que desencadenó el Renacimiento
y la revolución industrial. Con la misma
alegría con que desafina una canción de Chico
Buarque para explicar por qué la Fundación
Carolina lleva ese nombre, Rosental recorre el
mundo con su exultante visión sobre el
periodismo digital. A su lado, el francés
Jean-François Fogel, quien asesoró en su
transformación digital a Le Monde y ahora está
trabajando con el New York Times, parece un
sombrío racionalista, con su barba rala de juez
argentino. Sin embargo, cree que el diario
dejará de contar aquello que pasó ayer y que ya
todo el mundo sabe, pero seguirá siendo el lugar
de debate de una sociedad sobre sí misma. Ambos
son miembros del Consejo Rector de la Fundación
de Gabriel García Márquez para el Nuevo
Periodismo Iberoamericano (FNPI, para los
enigmáticos amantes de las siglas) y
compartieron un panel en la Casa América con el
periodista español Gumersindo Lafuente, quien
trabajó en la edición en papel de El País y
dirigió la edición digital de El Mundo, que es
como haber jugado en River y en Boca. Luego creó
el sitio soitu.es, cuyo rigor periodístico y
caudal publicitario lo hace engañosamente
parecido a un diario. En Internet hay muchísima
información falsa, pero el propio sistema la
depura, con nuestro oficio filtramos el
rumor de la noticia, dice. Por eso el
periodista seguirá siendo importante para el
funcionamiento de la democracia, aunque el papel
de los medios en Internet será nulo. La
pregunta sigue siendo quién pagará el
almuerzo. Blanco como una ricotta, el
binario cartesiano Fogel responde: O se
vende contenido a la audiencia o se vende la
audiencia al anunciante. Igual que con la radio,
cada nuevo oyente no aumenta los costos pero sí
los ingresos. Rosental se burla de quienes
temen la desintermediación que Internet
propicia. En 1530 se decía lo mismo que
ahora, que había miles de panfletos mentirosos,
que sólo los monjes deberían estar autorizados
a publicar. Estos son los dolores del parto de
algo grandioso.
Un
bien público
En el panel
siguiente sacó las primeras chispas el analista
colombiano de medios Germán Rey, al mencionar
una encuesta de Naciones Unidas según la cual en
América Latina hay demasiada gente dispuesta a
soportar un gobierno autoritario siempre que le
solucione sus problemas económicos. O dicho de
otra manera, la democracia no ha demostrado que
eduque, alimente y cure. Germán, cuya primera
profesión es la de psicólogo pero que con su
flequillo que le cae sobre el rostro como a un
perro de aguas es en realidad un filósofo de la
cultura, se pregunta si los medios no se han
convertido en actores en vez de representantes,
cuál es su relación con los grupos económicos
y quién los fiscaliza a ellos. Cuando ciertas
decisiones ya no las toma la política sino la
economía, donde además de actores nacionales
hay que contar con los internacionales, la vieja
relación entre información y gobernabilidad
cambia: cada vez menos es un problema de empresas
mediáticas y cada vez más de empresas
tecnológicas. Se produce también un
desplazamiento del concepto de ciudadanía, de
una democracia de representación a una de
ciudadanos. Pero cuando Germán habla de
libertades civiles, de responsabilidad social y
papel de los medios, habla de todos los
ciudadanos, no sólo de los medios de
comunicación, porque la información es un bien
público que compete a toda la sociedad. En
América Latina se daba por sentada la exclusión
de los no ilustrados, las fidelidades partidarias
y la analogía entre lectores y sectores
hegemónicos. Pero a partir de 1930 la radio, la
televisión e Internet fueron rompiendo esta
limitación. Las audiencias son mutantes,
fluidas y anfibias, dice Germán divertido
con la sorpresa por la elección de cada palabra.
A través de esos medios, los no ilustrados se
van incorporando a los proyectos de modernidad,
salteándose la escritura ilustrada. Por último,
hay nuevas experiencias ciudadanas que rompen la
dicotomía entre regulación estatal o
autorregulación de los medios, porque la
ciudadanía busca participar en forma crítica
por medio de observatorios, veedurías o ligas de
televidentes, que constituyen un movimiento
ciudadano de derecho civil a la información.
La
basura en el ojo
El escritor y ex
vicepresidente sandinista de Nicaragua Sergio
Ramírez se dedicó más a los gobiernos que a
los medios y se preguntó qué une o desune a la
nueva izquierda latinoamericana. Las diferencias
sobran pero sólo una le parece decisiva: la
aceptación de la alternancia en el poder o la
voluntad de continuismo. Allí se borra la
frontera entre izquierda y derecha. La idea
del líder insustituible no es precisamente de
izquierda, viene desde el oscuro fondo de
la historia de América Latina, del profundo
abismo de la sociedad patriarcal, cuando el
terrateniente se convirtió en líder militar y
luego en presidente perpetuo. Desde el
siglo 19, ha sido fuente de vicios, de
corrupción, de confrontación, de violencia, de
pobreza. Los medios son la peor
basura en el ojo de este intento. La
democracia implica transparencia y control y los
medios son capaces de fiscalizar a los que
gobiernan. Si todos los poderes se
confunden en un solo puño, aunque sea un puño
de izquierda, que se abre para regalar a los
pobres, es más fácil que surjan fortunas
ilícitas y que los que proclaman la redención
de los pobres se vuelvan ricos de la noche a la
mañana. Y todo es más fácil si nadie lo
sabe. Sin embargo, Sergio recuerda que
la realidad modifica las intenciones
y que frente a las propuestas radicales
sobreviene la polarización. Los cambios de
poder en países como Venezuela, Bolivia, Ecuador
o Nicaragua se han dado por la vía de los votos
y no de las armas. Por lo tanto la voz de
los ciudadanos debe ser oída y no pueden
obviarse los mecanismos institucionales, por
mucho que se los someta a manipulación. La
democracia viene a ser así un proceso
irreversible y junto con ella la libre opinión y
la libre información. Pero ese espacio de
la multiplicidad de opiniones es algo que habrá
que defender siempre. Nunca ha sido un
regalo de los dioses sino un bien terrenal, que
ha costado no poca sangre.
Lejos
del asfalto
Geraldo Vieira
es la imagen del brasileiro cordial. Más que los
periodistas le gustan las personas comunes.
Dirigió una agencia de noticias por los derechos
de la infancia y publicó un libro cuyo título
dice mucho de su pensamiento: Complejo de
Clark Kent. ¿Son superhombres los
periodistas?. El papel del periodismo es
fiscalizar a los poderes, por medio de la
investigación sobre los intereses públicos.
Pero los medios de comunicación están entre los
representantes del público menos transparentes.
Ante su tendencia al monopolio, la gran esperanza
para la participación ciudadana está en
Internet. Para saber si el periodismo promueve la
democracia, Geraldinho dice que hay que fijarse a
quién da cabida. En Brasil hay muchos actores
sociales no legitimados por los medios, donde
sólo aparecen como amenazas; son los extraños,
los sin tierra, los indígenas, los
discapacitados, los inmigrantes, los villeros, a
quienes aun en su encantador portuñol les llama
favelados. Como no son consumidores, la lógica
empresarial los excluye. En los medios la
cobertura de los movimientos sociales es muy
pobre y la ciudadanía no puede hacer oír su
voz. Les pregunto a los periodistas
cuántas veces han ido a cubrir noticias en
lugares donde no hay asfalto. Muy pocos, muy
pocas veces. Por lo general cubrimos los asuntos
de palacio. Para mí en una reunión de pauta la
primera pregunta debería ser ¿cuál es el hecho
nuevo?, la segunda, ¿cuáles son las tendencias?
Y la tercera ¿cómo podemos investigar el
futuro? Como lo plantea la FAO al discutir
la necesidad de un programa de seguridad
alimentaria, para quienes viven donde no hay
asfalto, 7 por ciento más o menos de arroz
es una cuestión de supervivencia. Sin
ninguna repercusión se publicó un informe
aterrador del Pentágono: en la próxima década
morirán de 30 a 40 millones de seres humanos en
las guerras por alimentos y recursos naturales.
¿Escuchará el periodismo a esos actores,
o será darwinista y ayudará a construir tal
clase de democracia?
El
gigante preantiguo
A sus 87 años,
José Salgar pasea por el mundo su mujer mucho
más joven y su leyenda como el maestro de
García Márquez. Le dicen el Mono, porque así
llaman en Colombia a los rubios. Cuántos
más años tengo, más corto escribo, dice
en el último panel. No le gustan los periodistas
picapleitos que agregan apasionamiento personal o
de intereses y caen en excesos como juzgar y
condenar. Todo tiempo futuro le parece mejor y
bendice a la crisis si hacemos mejores
periódicos. Clóvis Rossi es el gigante
bondadoso de la Fundación. Sus casi dos metros
de altura han recorrido casi todo el mundo porque
además de escribir su columna en La Folha de Sao
Paulo quiere estar en la primera línea para que
nadie le cuente los hechos. Frente a la
posmodernidad se define como preantiguo y
parafraseando una frase célebre de la
transición española recuerda que contra las
horribles dictaduras vivíamos mejor,
porque sabíamos en contra de qué estábamos.
Éramos pro-democráticos. Ahora llegó el futuro
y demócratas se dicen todos, incluso muchos de
los que trabajaron para la dictadura. Ser
demócrata ya no basta para poner a nadie en el
bando de los buenos. Clóvis recordó el slogan
de Raúl Alfonsín en 1983 y dijo que lo hubiera
votado, porque entonces estaba claro que ser
bueno también era querer más igualdad y menos
pobreza. Después buenos y malos, derecha e
izquierda, coincidieron en los caminos para
lograr esa meta, como el Consenso de Washington,
el pensamiento único o las recetas neoliberales.
Un intelectual socialdemócrata como Fernando
Enrique Cardoso y un ex obrero y sindicalista
como Lula no difieren en proyectos de
país. Se pelean a muerte por el poder, no por el
bien público. Hasta me da vergüenza usar esa
expresión, cuando ni la estabilidad política y
económica ni el crecimiento fueron capaces de
crear una democracia en que se coma más y mejor
y en la que no haya que ver en Sao Paulo, la
ciudad más rica de América Latina, a los
cartoneros empujando sus carritos como burros de
carga, una escena que remite al medioevo en pleno
siglo 21. Clóvis constata que se redujo la
pobreza pero no la desigualdad, y se pregunta
dónde están hoy los buenos. ¿O todos son
buenos y con paciencia algún día llegará el
paraíso? Yo no la tengo ni creo que sea
una virtud en el periodismo. Por eso se
reserva el derecho de elogiar sólo cuando
un gobernante va más allá del deber, cosa que
ninguno de los cinco presidentes de la democracia
hizo. Reducir la pobreza es una obligación
elemental en un país que está entre las
primeras diez economías del mundo, pero en el
puesto 60 o peor en el índice de desarrollo
humano. Mi ejercicio de dignidad en el
periodismo en democracia es pedir a los
gobernantes que pongan en su agenda lo imposible,
para ensanchar al máximo los límites de lo
posible.
Callar,
ocultar o disfrazar
El turno
siguiente fue para la chilena Mónica González
Mugica, la única mujer que hasta ahora ganó el
premio homenaje de la Fundación de García
Márquez. Por investigar los crímenes de la
dictadura y los negocios de Pinochet la mandaron
a una cárcel de hombres. En democracia dirigió
los diarios La Nación y Siete y ahora codirige
el Centro de Investigación e Información
Periodística CIPER Chile. Su investigación
sobre el asesinato de Prats en Buenos Aires fue
uno de los hilos que condujo al apresamiento de
Pinochet y la identificación de su red de
sicarios. Su libro La Conjura es el mejor retrato
del dictador, antes y después del golpe. La
democracia es mejor que la dictadura porque
cuando para un auto en la puerta uno sabe que no
vienen a llevárselo sino que una pareja hará el
amor. Pero sus desafíos no son fáciles. Las
dictaduras militares fueron instigadas y
sustentadas por los poderes económicos locales y
transnacionales. Ese mismo sector se consolidó
con el retorno a la democracia. Como empresas
comerciales los medios de comunicación fueron
parte de ese proceso, sostuvieron a las
dictaduras y hablaron de presuntos
desaparecidos. Los propietarios de esos
medios y los periodistas que mintieron no van a
la cárcel, nadie los interpela, siguen siendo
respetables y el poder que sostuvo al poder
dictatorial les encomendó que hicieran el
balance. Los periodistas somos privilegiados.
Tenemos acceso a los hilos del poder, a veces nos
adormecemos. Me gusta la jarana, pero
cuando la vida es sólo eso, se te tapan los
poros, no viajas en transporte público,
desconoces el alma de tu propio pueblo. Los
medios de comunicación han dejado de ser un
poder real y con relativa capacidad de
independencia, porque se han sometido o han sido
digeridos por la dictadura del poder económico
que concentra la propiedad de los medios.
Aprendí el periodismo de investigación
con una pistola en la espalda. Pero hoy la
competencia no se da por la mejor investigación
sino por captar la mayor tajada de la torta
publicitaria y para eso es necesario saber
qué conviene callar, ocultar o disfrazar.
En Chile el 80 por ciento de los hogares pudo
comprar lavarropas, pero eso no se cita. Ahí
están las mujeres que votaron tener manos para
acariciar a sus hijos o al ser amado. ¿Y
si los periodistas no hablamos de esto, de qué
hablamos?
El
hospital y los pobres
El cierre le
correspondió a Hermenegildo Sábat. El gran
Menchi resistió todos los embates para que
contara su historia con la presidente CFK,
disimulando como un caballero el fastidio que le
provoca verse congelado en esa imagen. Comenzó
con una cita de Oscar Wilde, para quien el
periodismo es ilegible y a la literatura no la
lee nadie. Por eso, en La Opinión, que
cambió su vida, exigió publicar sin palabras,
porque las palabras mutan. Tanto que Massera
publicó El futuro de la democracia.
También contó cuando tuvo que guiar a Lanusse
en una exposición. ¿Ésa es la idea que
usted tiene del padre?, le preguntó con
brusquedad el dictador. Es mi padre, no el
suyo, replicó el artista. En la Argentina
hemos conocido la manipulación, con revistas que
publicaban la foto de una muchacha en bikini y
debajo el título La historia secreta de la
guerrilla, dijo. Para referirse a la
constante influencia del dinero, Sábat recitó
una copla española de hace siglos, que le
escuchó a su padre:
El
señor don Juan de Robles,
con bondadez sin igual
ha donado un hospital,
pero antes hizo los pobres.
Agregó que no
era ingenuo ni se quejaba. Pero nuestro
trabajo puede llevar a equívocos, como que
elogien un pésimo dibujo mío. Con
melancolía concluyó: Un hombre
inteligente se recupera pronto de una derrota,
pero un hombre mediocre no se recupera nunca de
una victoria.
*
Horacio Verbitsky
es reportero del diario Pagina12 en la República Argentina. La Fundación para el Nuevo
Periodismo Iberoamericano,
que preside Gabriel García Márquez, organizó
en Madrid, en colaboración con la Corporación
Andina de Fomento, la multinacional Cemex y la
Fundación Carolina, un seminario sobre medios y
democracia. Expusieron Rosental Alves,
Jean-François Fogel, Gumersindo Lafuente,
Germán Rey, Clóvis Rossi, Sergio Ramírez,
Mónica González, Geraldinho Vieira, José
Salgar, Hermenegildo Sábat y Horacio Verbitsky.
Esta es la narración que el periodista argentino
ofrece.
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