Los medios y la realidad
No hay
peor ciego que el que no quiere ver
Palagummi
Sainath *
A
comienzos de mayo de este año, la Suprema Corte
india tuvo que intervenir para que el hambre
pudiera regresar a la primera plana de la prensa.
Es un caso sorprendente. ¿Quién habría
imaginado que una publicación necesita que la
justicia le diga que el hambre sigue siendo un
tema importante en este país y en el resto del
sudeste asiático?
India, Pakistán
y Bangladesh declararon en los últimos años que
poseían un excedente de 50 millones de toneladas
de alimentos. Pese a todo, entre los tres vecinos
reúnen la mitad del hambre del mundo. En el
mismo decenio en que se registraron los
excedentes, también se multiplicaron el hambre y
el desempleo. Sin embargo, pocos fueron los
medios de comunicación que pensaron que la
paradoja merecía ser estudiada. India, con 45
millones de toneladas de grano almacenado sin
vender, tenía decenas de historias que merecían
la atención de la prensa. La mayoría de ellas
sigue esperando.
Desde mediados
de los años 90, se produjo un gran número de
suicidios de agricultores en varias regiones,
particularmente en Andhra Pradesh, en el sur del
país. En 1996-97, por ejemplo, en ese estado se
suicidaron más de 400 agricultores porque
estaban asfixiados por las deudas y eran
incapaces de dar de comer a sus familias. Hubo
pocos artículos informando sobre ese fenómeno,
pero en todo caso ningún periódico
de circulación nacional lo destacó en primera
plana. Cifras recientes del gobierno demuestran
que en Anantapur, uno de los distritos de Andhra,
entre 1997 y 2000 se suicidaron 1.826 personas,
sobre todo agricultores con pequeñas propiedades
inferiores a una hectárea. Una vez más, los
medios de comunicación optaron por mirar en otra
dirección, permitiendo que las autoridades
manipularan informes sobre las razones de esas
muertes.
A fines de 2000,
era evidente que India atravesaba por la peor
crisis agrícola de los dos últimos decenios.
Pero ni un solo periódico nacional destacó a un
periodista para cubrir ese hecho crucial a tiempo
completo. Poco importa si centenares de millones
de indios dependen de la agricultura para vivir.
Finalmente, la
Unión Popular para las Libertades Civiles (PUCL)
del estado de Rajastán presentó una denuncia en
nombre del interés público ante la Corte
Suprema de India sobre la cuestión del hambre,
destacando la paradoja que existía entre
graneros colmados y estómagos vacíos. A
comienzos de mayo la Corte ordenó a seis
gobiernos estatales que explicaran por qué las
cosas iban tan mal.
Hamburguesas
y moda
Los periódicos
se limitaron a informar sobre el pronunciamiento
de la Corte. Pero nadie escribió sobre la crisis
ni fue a hablar con los pobres sobre su miseria.
En el decenio
pasado, la prensa india obsesionada por los
temas más triviales dedicó enorme espacio
a explicar que la floreciente clase media india
por fin tenía acceso a las hamburguesas
McDonald's y a las marcas más sofisticadas de la
moda internacional. O a escribir sobre la
proliferación de clínicas para adelgazar y
concursos de belleza. Ésos son temas que generan
rédito publicitario, no las desagradables
historias sobre gente muriendo de hambre o la
falta de agua potable aun en el corazón de las
grandes ciudades. Las contradicciones de India se
reflejan en la prensa. Por un lado, están los
grupos humanos excedidos en peso que pagan miles
de rupias para adelgazar en clínicas
especializadas; por el otro, hay miles de
personas que mueren de hambre. Los medios de
comunicación prefieren la primera parte de la
realidad e ignoran la segunda.
Abundan los
ejemplos de la ceguera que aflige a gran parte
del periodismo del sudeste asiático. En 1991,
cuando India liberalizó la industria automotriz,
la prensa dedicó docenas de portadas a hablar de
la revolución del automóvil. La gente rica
compró cada vez más coches, que agregaron a los
que ya poseían. Sin embargo, en 1998, había
apenas cinco millones de vehículos para una
población de mil millones. La prensa, en cambio,
apenas se refirió al aumento de la polución, la
ausencia de los servicios públicos que necesita
el país para transportar a quienes nunca podrán
comprar un automóvil ni a la brusca caída de
las ventas de bicicletas, tradicional indicador
del bienestar de las clases rurales.
A veces se
publican historias que rompen el corazón
lamentando la suerte de los pobres, pero los
periódicos nunca establecen un vínculo entre la
pobreza y las políticas que la generan, que yo
llamo fundamentalismo de mercado y sus
correspondientes programas de ajustes
estructurales.
¿Por qué hay
esa falta de interés por cuestiones cruciales
como la pobreza? ¿Cómo se explica la
desconexión entre medios masivos de
comunicación y realidad de las masas?
Durante el
decenio de 1990, los medios de comunicación
perdieron su carácter de foro público. Esto
obedece, sobre todo, a la creciente
concentración de la prensa india en manos de un
reducido grupo de empresas. Siete grandes
compañías controlan la totalidad de la
circulación de la poderosa prensa en inglés en
el país. El Times of India, por ejemplo, tiene
el monopolio del lectorado inglés en la
gigantesca región de Bombay, con más de 14
millones de personas. También domina la prensa
en indi y en maharatta.
The Times es
claro y sin ambigüedades en su línea editorial.
Los concursos de belleza tienen prioridad en las
portadas. Los suicidios de agricultores, no. La
mayoría de los otros diarios indios sigue la
filosofía de The Times, que se inspira en la del
australiano Rupert Murdoch, zar de la prensa
anglosajona: un periódico es un negocio como
cualquier otro, no un foro público.
Si
Gandhi viviera
La propiedad
monopólica impuso un código de valores
totalmente opuesto al papel tradicional de la
prensa india. Históricamente, la prensa india
cubrió con seriedad los temas que hoy ignora. El
periodismo indio fue hijo de la lucha por la
independencia nacional. Mahatma Gandhi,
Jawaharlal Nehru y otros combatientes de la
libertad también fueron periodistas y editores
que publicaron sus propios periódicos. Ellos y
muchos otros ejercieron un periodismo radical que
colocó constantemente a la defensiva al Raj
británico. La prensa de los decenios de 1920,
1930 y 1940 podrá haber estado muy mal equipada
y algunos podrían llamarla panfletaria, pero fue
capaz de reflejar la realidad mucho mejor que los
periodistas actuales.
Hoy, con raras
excepciones, los periódicos indios más
importantes son víctimas de las políticas
empresarias: rentabilidad y publicidad no riman
con noticias importantes para la sociedad. Esto
se refleja en los reportajes que las empresas
encargan a sus periodistas. Los artículos sobre
la vida ordinaria de la gente desaparecen de la
prensa a ritmo acelerado.Sin embargo, hay
corresponsales a tiempo completo para cubrir
moda, glamour, diseño e ¡inclusive para decirle
al lector adónde ir a comer! En una sociedad
donde menos de 2% de la población tiene
inversiones, un diario no especializado en temas
financieros tiene 11 personas dedicadas a cubrir
negocios. Ninguno tiene un periodista encargado
de seguir en forma permanente los temas de
pobreza, desempleo o vivienda.
Sin sorpresas,
los medios de comunicación demostraron estar
cada vez peor dispuestos a cubrir el proceso de
desarrollo. Mientras más elitistas se vuelvan,
menos capaces serán de hacer esta tarea. La
ecuación es simple: cuanto más comercial es un
periódico en su pertenencia o su
cultura, menos espacio atribuye en sus
páginas a las cuestiones de interés público.
Esto lo explica
claramente el libro The Media Monopoly (El
monopolio de la prensa), de Ben Bagdikian, que
muestra el increíble poder de los conglomerados
mediáticos en el mundo. Unos pocos grupos
como el imperio Newscorp, que dirige Rupert
Murdoch, y AOL, de Time Warner deciden lo
que la mayoría de los países deben ver, oír o
leer.
Cuando los
medios de comunicación obedecen sólo a la
exigencia de multiplicar sus utilidades, es muy
difícil que puedan ponerse al servicio del
interés público. Acorralado por los intereses
empresariales, el periodismo termina devastado. Y
en un mundo ordenado por el fundamentalismo
mercantil, la insinuación de que algo podría
estar fundamentalmente equivocado en la economía
neoliberal con globalización o
privatización es una herejía. Si Gandhi
estuviera vivo, sería acusado de peligroso
izquierdista descabellado.
La
prensa puede exigir cambios
En los años 90
se registró un rápido aumento de la desigualdad
en el mundo, como demostraron los sucesivos
informes de las Naciones Unidas sobre Desarrollo
Humano. Ocasionalmente, eso puede ser publicado,
pero jamás se cuestiona la filosofía social y
económica ni los parámetros que generan esa
desigualdad.
Aun así, la
prensa india puede hacer mucho más. Los
periodistas deben poner a la gente y sus
necesidades en el corazón de sus reportajes, y
acordar una mejor cobertura a los procesos
políticos rurales. En lugar de consagrar
columnas a la politiquería, deberían ocuparse
de la acción política y los conflictos de
clase. Unos pocos buenos periodistas se mantienen
fuera de ese terreno por temor, quizás
justificado, de ser catalogados como
"políticos" (léase izquierdistas).
Sin embargo, evadir la realidad (en India vive la
mayor cantidad de gente en condiciones de extrema
pobreza) no ayuda a nadie. Una sociedad que no se
conoce a sí misma no puede hacer frente a sus
problemas.
La prensa,
cuando funciona, puede exigir cambios y a veces
tiene éxito. Los gobiernos reaccionan, sobre
todo cuando la prensa habla en voz alta para
hacerse oír. Basta tomar el ejemplo de los
reportajes sobre las muertes por hambre ocurridas
en los años 80 en Jkalahandi, Bihar, que
obligaron a dos primeros ministros a visitar el
lugar.
Hace décadas,
comentando el sombrío papel de la prensa de
Estados Unidos en un error judicial, un abogado
en Estados Unidos dijo que el periodismo había
dejado de "señalar la debilidad de la
sociedad". Esto representa una excelente
definición del objetivo mínimo que debe
proponerse una prensa decente. Es una obligación
que la prensa india asume cada vez menos; pero
debe tratar de hacerlo. Por lo menos hay algunos
periodistas que lo creen; éstos deben hacer
mayores esfuerzos para denunciar esas
debilidades. Sólo entonces podremos hablar de
una evolución significativa.
* Palagummi
Sainath es
periodista freelance radicado en Bombay, recibió
en 2007 el Ramon
Magsaysay Award for Journalism, Literature, and
Creative Communication Arts.
Este texto suyo circula en Internet.
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