CPJ:
Ataques
a la prensa
Joel
Simon *
En
agosto del 2008, cuando la antorcha olímpica se
encienda en Beijing, más de 20 mil reporteros
estarán allí para cubrir competencias entre los
atletas más grandes del mundo. Detrás de la
escena, otra competencia estará llevándose a
cabo. Si el gobierno chino consigue lo que
quiere, ésta otra permanecerá oculta. Será una
batalla por la información y tendrá
implicancias mucho más importantes para el mundo
que el recuento de medallas.
En agosto
pasado, un año antes de programado el inicio de
los Juegos, el Comité para la Protección de los
Periodistas envió una delegación a Beijing para
el lanzamiento de un exhaustivo informe, titulado
"Quedando Cortos" (Falling Short), que
explica el terrible historial de China en materia
de libertad de prensa. China es el primer país
en el mundo en cantidad de periodistas
encarcelados, con 29 editores y escritores detrás
de rejas, pero el gobierno también descansa en
un sofisticado sistema de represión y
recompensas para controlar a los medios. Los
periodistas, por ejemplo, reciben bonificaciones
si sus artículos son calificados de modo
positivo por funcionarios locales. Pueden ver
reducidos sus ingresos o bien ser
despedidos de sus trabajos si obtienen una
evaluación negativa.
Algunos de los
países más represivos del mundo, incluyendo a
Cuba y a Birmania, simplemente bloquean el acceso
a Internet. Pero reconociendo que las
comunicaciones modernas son cruciales para el
crecimiento económico, China le ha dado la
bienvenida a la expansión de la Internet por sus
beneficios económicos, mientras busca controlar
y censurar el contenido. La tecnología, parte de
la cual es proporcionada por compañías
estadounidenses, filtra sitios Web considerados
subversivos. Miles de monitores humanos rastrean
envíos y borran el contenido ofensivo. Si esas
estrategias fracasan, el gobierno hace uso de una
cantidad de leyes sobre seguridad del estado para
encarcelar a los críticos; 18 de los periodistas
chinos en prisión estaban trabajando en línea.
Hasta no hace
mucho, idealistas de la Internet argumentaban que
era imposible usar la censura o el control en la
red. Ya no es más así. China ha demostrado que
estaban equivocados. Pero la maniobra más audaz
del gobierno chino es que puede ingresar a la
economía mundial, gozar de legitimidad
internacional, e inclusive ser anfitrión de los
Juegos Olímpicos sin flexibilizar los controles
sobre la vida política del país.
Si los Juegos Olímpicos
suceden mientras China sigue siendo el mayor
encarcelador de periodistas en el mundo,
censurando y controlando aún el acceso a la
Internet, restringiendo a los medios globales,
entonces se habrá probado que es posible reunir,
inclusive liderar a la comunidad internacional
sin honrar el derecho básico de expresar ideas y
diseminar información libremente. Tal sería un
terrible acontecimiento para la libertad de
prensa en un momento en el cual nuevos modelos
del autoritarismo se imponen en tantas áreas del
mundo.
La exitosa fórmula
de China de liberalización económica y control
político está siendo emulada en países como
Vietnam. Y a medida que crece su influencia
internacional, el enfoque de China de no hacer
preguntas ante la ayuda externa en África y América
Latina está desarmando los esfuerzos de los
donantes internacionales de unir la asistencia
con los derechos humanos.
Las tácticas
que se desarrollan en China plantean uno de los
muchos nuevos retos a los defensores de la
libertad de prensa. Acá hay algunos otros extraídos
de las páginas de este libro:
En
Rusia, donde el Presidente Vladimir Putin ha
creado un estado de seguridad nacional regido
por espías, el disenso se ha redefinido como
"extremismo". Según estas nuevas y
generalizadas leyes, las críticas de los
medios a los funcionarios son ahora un delito
penal. La táctica del Kremlin de reescribir
las leyes para penalizar al periodismo ha
sido exportada a países como Uzbekistán y
Tayikistán.
En partes de África en donde la
democracia supuestamente se ha arraigado
luego de años de luchas, las condiciones de
la prensa en realidad han empeorado. Mientras
aceptan elogios de donantes occidentales, los
líderes represivos en Etiopía, Gambia y la
República Democrática del Congo han
reprimido duramente a los medios críticos,
clausurando periódicos y encarcelando a
periodistas.
Una estrategia similar está extendiéndose
en el Medio Oriente, dónde una cantidad de
gobiernos árabes está expresando su
compromiso público con las reformas democráticas
al tiempo que usan estrategias legales menos
visibles para controlar a la prensa.
"Manipular a los medios, han
descubierto, es políticamente más
apetecible para la comunidad internacional
que una dominación directa", escribe el
coordinador senior del programa, Joel
Campagna.
En Venezuela, el gobierno del
Presidente Hugo Chávez Frías obligó a una
estación de televisión crítica a salir del
aire en mayo al no renovarle su concesión.
Las autoridades venezolanas indicaron que
actuaron dentro de la ley, pero una
investigación del CPJ reveló que el proceso
fue arbitrario y motivado políticamente.
En todos estos
países, poderosas figuras han desarrollado una
amplia gama de enfoques innovadores que de modo
acumulativo representan una forma suave de
autoritarismo que se está esparciendo en muchas
regiones del mundo.
Los gobiernos
son ahora menos proclives a encarcelar a un
periodista de modo explícito por su labor
informativa que a presentar acusaciones
imprecisas de subversión contra del estado.
Nuestra investigación muestra que los
encarcelamientos aumentaron de modo significativo
luego que gobiernos de todo el mundo adoptaran
leyes amplias sobre seguridad nacional tras los
ataques terroristas del 2001 en los Estados
Unidos. Los encarcelamientos en el 2000 eran 81
pero desde entonces han promediado en 129, según
nuestras relaciones anuales.
Periodistas de
muchas sociedades represivas padecen, por decirlo
así, de una presencia desmedida del gobierno:
asfixian, buscan su propia ventaja y son
intrusivos. Son gobiernos que buscan restringir
drásticamente los límites del disenso.
La otra gran
amenaza para los periodistas es la presencia débil
del gobierno. En países como Irak, Somalia, Gaza
y en áreas tribales de Pakistán, un estado de
anarquía generalizado deja a los periodistas a
merced de facciones armadas. Irak se ha
convertido en un virtual campo de la muerte para
la prensa, con más de 170 periodistas y
trabajadores de prensa caídos en cumplimiento de
su labor informativa desde la invasión
estadounidense en marzo del 2003. En el 2007, más
de 40 periodistas y trabajadores de prensa
cayeron en represalia por su trabajo, la mayoría
de ellos reporteros iraquíes muertos a balazos
por milicias locales.
La prensa iraquí
creció rápidamente en el período
inmediatamente posterior al derrocamiento de
Saddam Hussein. Pero sin la presencia de un
gobierno que hiciera cumplir la ley, los
militantes pronto apuntaron a estos jóvenes
periodistas por creer que defendían intereses
partidarios o estaban vinculados con medios
occidentales.
El mismo fenómeno
se ha registrado en Somalia, asediado por luchas
internas. Fue el segundo país más letal para la
prensa en el 2007. Un puñado de radios
independientes emergió en Mogadiscio durante períodos
de relativa calma que se han producido en medio
de 16 años de inestabilidad. A medida que se
intensificó el conflicto en el 2007, los
periodistas se encontraron cada vez más en el
centro del peligro. Al menos tres de los siete
periodistas somalíes que murieron en el 2007 se
convirtieron en blanco de militantes y fueron
asesinados. Sin ningún tipo de control efectivo
de parte del gobierno, la violencia ocurre con
impunidad.
En otras partes
del mundo donde los periodistas usualmente son
asesinados o amenazados, los gobiernos son
incapaces de mantener el control o de
proporcionar una seguridad básica. Esto es
verdad en gran parte de la zona rural de
Filipinas, en las áreas tribales de Pakistán,
en la frontera entre México y los Estados Unidos
y en la parte rural de Colombia, donde la guerra
que lleva más 40 años parece no tener fin.
Los gobiernos a
menudo son indiferentes ante la violencia contra
de la prensa porque se benefician cuando hay
autocensura generalizada producto de los mismos
ataques. Pero muchas veces, según confirmó la
investigación del CPJ, los gobiernos van más
allá. Mientras grupos políticos de oposición e
insurgentes son responsables de una buena parte
de las muertes, fuerzas aliadas a gobiernos,
incluyendo a paramilitares, están también detrás
de muchos asesinatos.
Los periodistas
fluctúan entre períodos en los cuales poderosos
gobiernos reprimen a los medios y fases donde
gobiernos más débiles son incapaces de hacer
cumplir la ley. Si los periodistas tienen que
trabajar en libertad, debemos enfrentar con igual
vigor ambas categorías de abusadores: los
gobiernos que hacen mucho y otros que hacen muy
poco.
* Joel
Simon es el
director ejecutivo del Comité para la Protección
de los Periodistas.
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