CPJ: Latinoamérica
Prédica
sin coro
Carlos
Lauría *
En
la asamblea anual de la Organización de los
Estados Americanos (OEA) en junio, la Secretaria
de Estado de los Estados Unidos, Condoleezza
Rice, instó a los ministros de relaciones
exteriores a que envíen al secretario general
del organismo, José Miguel Insulza, para
investigar la decisión del Presidente venezolano
Hugo Chávez de sacar del aire a la estación de
televisión más antigua del país, RCTV.
La propuesta
generó un fuerte reclamo por parte del gobierno
venezolano. El Ministro de Relaciones Exteriores,
Nicolás Maduro, sostuvo que la OEA debe
investigar las violaciones de derechos humanos de
los Estados Unidos antes de prestar atención a
la situación con RCTV. "Lo primero que
tiene que hacer la OEA es ir a las cárceles de
Guantánamo... o a la frontera con México, si
quieren (ver) como cazan decenas de hombres y
mujeres y los asesinan todos los días y los
persiguen", aseveró Maduro según informes
de prensa.
La disputa
obligó a los países que asistieron a la
asamblea de la OEA a tomar posiciones y
los Estados Unidos se encontraron claramente del
lado perdedor. La propuesta de Rice no obtuvo
respaldo alguno. Mientras funcionarios
bolivianos, nicaragüenses y ecuatorianos
elogiaron la decisión de Chávez, la mayoría de
los países simplemente aludieron a la soberanía
de Venezuela y a su derecho a regular las
frecuencias del espacio radioeléctrico.
"El
silencio de la mayoría de los países
latinoamericanos sobre el cierre del canal de
televisión más antiguo de Venezuela durante la
reunión anual de cancilleres de la Organización
de los Estados Americanos (OEA) en Panamá marcó
un grave retroceso para la libertad de prensa - y
la democracia - en la región", escribió
Andrés Oppenheimer, integrante de la junta
directiva del CPJ, en su columna para The Miami
Herald.
El desgaste de
la autoridad moral de los Estados Unidos para
criticar las violaciones a la libertad de prensa
ha generado un ambiente más peligroso para los
periodistas en América Latina, especialmente
durante un período en el cual varios líderes
democráticos están marginando a los medios.
Estamos muy lejos de lo ocurrido hace una
década, cuando los Estados Unidos encabezaron la
creación de la relatoría especial para la
libertad de expresión de la OEA. La Comisión
Interamericana de Derechos Humanos con sede en
Washington creó el cargo luego de discusiones
con grupos de prensa en los Estados Unidos y
América Latina. El relator especial fue
respaldado de modo unánime por los jefes de
estado en la Cumbre de las Américas de 1998 en
Chile.
Pero a medida
que las relaciones con los Estados Unidos en la
región se han ido deteriorando, lo mismo ha
sucedido con su liderazgo en la promoción de los
derechos humanos. Más significativamente, al
retener a dos periodistas durante períodos
prolongados sin presentar acusaciones formales en
su contra uno en Irak y el otro en la Base
Naval de Guantánamo los Estados Unidos
han dañado su reputación como líder de la
democracia, afirman muchos expertos regionales.
En Venezuela,
sostienen los críticos, la credibilidad de los
Estados Unidos fue socavada por el respaldo a
grupos de la oposición, incluyendo a uno que
depuso a Chávez por un breve lapso en el 2002.
"El apadrinar a tales grupos implica una
inconsistencia con el objetivo de fortalecer las
instituciones democráticas y fomentar la
reconciliación en una sociedad tan
polarizada", afirmó Michael Shifter,
Vicepresidente del Diálogo Interamericano, un
centro de estudios con sede en los Estados
Unidos, en un informe de marzo titulado
"Hugo Chávez: Un Desafío para la Política
Exterior de los Estados Unidos".
Las relaciones
entre las dos naciones sólo han empeorado desde
entonces, lo cual ha vuelto inútiles a las
denuncias estadounidenses. Chávez ha sostenido
durante largo tiempo que el gobierno de Bush
quiere aislar a Venezuela y desestabilizar el
país. Funcionarios de ese país acusaron a
Washington de montar una campaña de propaganda a
través de varios medios venezolanos y
estadounidenses, y por medio del financiamiento a
organizaciones locales no gubernamentales. Cada
vez que los Estados Unidos criticaron los
antecedentes de Chávez en materia de libertad de
prensa, Venezuela respondió diciendo que la
administración Bush ha perdido su capacidad
moral para señalar violaciones a la libertad de
prensa, citando como evidencia el caso de los
periodistas detenidos.
En particular,
funcionarios del gobierno venezolano rápidamente
mencionaron el encarcelamiento en el 2005 de la
ex periodista del New York Times, Judith Miller,
al defender sus propias decisiones de restringir
la cobertura informativa en nombre de la
protección del orden social. Otros casos en los
cuales periodistas estadounidenses se vieron
obligados a revelar fuentes confidenciales
impulsaron a que críticos de la región
cuestionaran si los Estados Unidos estaban
apartándose de las garantías constitucionales
en materia de libertad de expresión.
"Hemos
perdido influencia, y pienso que tiene relación
con la actitud de los Estados Unidos en su
gestión de política exterior a nivel
internacional", señaló Joy Olson,
directora ejecutiva de la Oficina en Washington
para América Latina, una organización no
gubernamental que promueve los derechos humanos.
"Un ejemplo es la falta de un enfoque
multilateral a la solución de un número de
problemas. Los Estados Unidos se están
automarginando en América Latina. La presencia
de prisioneros desde hace mucho tiempo, retenidos
sin juicio en Guantánamo, ha provocado una
dramática pérdida de credibilidad sobre
cuestiones de derechos humanos en la
región".
En el caso de
Cuba, el gobierno de los Estados Unidos no
alberga muchas esperanzas de influir sobre el
clima de libertad de prensa debido a su condena
universal del gobierno de Fidel Castro y al
embargo económico que mantiene desde hace
tiempo, afirman analistas políticos y
periodistas de toda la región. Estos enfoques
distraen la atención de los problemas
específicos de la isla, indican los analistas,
tales como la falta de libertad de expresión y
el tratamiento inhumano de los periodistas
encarcelados.
Muchos líderes
regionales evitan debatir los antecedentes de
Cuba sobre libertad de prensa porque no quieren
que se los perciba como alineados con los Estados
Unidos. La resolución anual de los Estados
Unidos ante el Consejo de Derechos Humanos de la
ONU condenando la trayectoria de Cuba en derechos
humanos no consiguió muchos adeptos. Los
gobiernos de izquierda se han opuesto
tradicionalmente a esta medida, y un número de
otros líderes regionales se abstienen porque
quieren quedar fuera de la disputa entre La
Habana y Washington.
El problema no
está en Washington solamente, observó un
analista. "Si, por el único propósito de
no querer ser visto [como] alineado con la
política de los Estados Unidos, los
latinoamericanos están dispuestos a cerrar la
boca y no criticar las violaciones a los derechos
humanos, ése es su problema", dijo Susan
Kaufman Purcell, directora del Centro de
Política Hemisférica de la Universidad de
Miami. "Es éste un caso en el cual América
Latina en general está dispuesta a aceptar e
inclusive a honrar a un dictador que ha estado en
el poder por décadas".
Sin embargo, los
discursos del Presidente George W. Bush sobre la
política en Cuba junto con fotografías
de altos funcionarios estadounidenses en
compañía de disidentes y de sus familias- en
general fracasan, creen los analistas, al
proporcionarle a Castro y a su hermano, Raúl,
argumentos para reclamar que su régimen es
víctima de la agresión estadounidense. Sin
ninguna evidencia, el gobierno cubano ha
insistido en que los periodistas independientes
locales son "mercenarios" al servicio
de los Estados Unidos. Con 24 reporteros
actualmente en la cárcel, Cuba sigue siendo el
segundo país con mayor cantidad de periodistas
encarcelados en el mundo, después de China.
El gobierno de
los Estados Unidos ha respaldado a la sociedad
civil de Cuba, incluyendo a los periodistas
independientes, a través de material de
asistencia y capacitación. La Agencia de Estados
Unidos para el Desarrollo Internacional ha
instituido programas de acción para generar
solidaridad con activistas de derechos humanos de
la isla y para dar voz a la prensa independiente
de Cuba. Aunque los Estados Unidos consideran que
estos programas son transparentes, los analistas
afirman que el fuerte respaldo de los
estadounidenses ha contribuido con la estrategia
del gobierno cubano al describir a los disidentes
como espías al servicio del imperialismo.
Inclusive
periodistas independientes de Cuba se muestran
precavidos del respaldo estadounidense. "La
obstinación de Estados Unidos en relación con
la política extranjera de Cuba sirve como
argumento para que muchos gobiernos
latinoamericanos justifiquen su falta de
solidaridad con los disidentes y con los
periodistas independientes", señaló al CPJ
el conocido escritor y poeta cubano Raúl Rivero
Castañeda. "El embargo no tiene sentido y
le ha hecho el juego a la estrategia del gobierno
cubano", sostuvo Rivero, ex prisionero que
ahora vive en el exilio en España.
Tan enfocados
están los Estados Unidos en Venezuela y Cuba,
dicen los críticos, que han ignorado las
condiciones de derechos humanos y libertad de
prensa en Colombia. Washington anunció que una
meta central de la asistencia a Colombia es la
promoción y protección de los derechos humanos.
No obstante, los críticos dicen que la
administración Bush le ha entregado al gobierno
del Presidente Álvaro Uribe Vélez un cheque en
blanco para la guerra contra las drogas sin crear
un sistema que le exija al gobierno colombiano
dar cuenta de violaciones a los derechos humanos,
incluyendo violencia contra de la prensa.
Mientras los
Estados Unidos afirman que toda la ayuda a
Colombia depende de la mejora en los antecedentes
del país en materia de derechos humanos, grupos
internacionales de derechos humanos consideran
que el plan tiene serias fallas por el aumento de
ejecuciones extrajudiciales por parte de del
ejército colombiano. Las organizaciones de
derechos humanos también reclaman que las
investigaciones sobre abusos a los derechos
humanos cometidos por militares no han exhibido
progreso.
"Es crucial
que los Estados Unidos, a través de su gobierno
y del Congreso, ejerzan un control mucho más
estricto sobre los derechos humanos en
Colombia", afirmó el conocido periodista
colombiano Daniel Coronell, director de noticias
de Canal Uno y columnista de la revista de
actualidad Semana. Objetando que la atención
estadounidense ha sido "esporádica",
Coronell instó a que se realice una revisión
"más rigurosa y permanente" de los
derechos humanos y la libertad de prensa.
Algunos
analistas también criticaron a Estados Unidos
por respaldar una controvertida legislación
colombiana que otorga concesiones a miembros de
grupos armados ilegales. La Ley de Justicia y Paz
del 2005, que ofrece penas reducidas a
combatientes paramilitares de derecha a cambio de
su desmovilización y confesión voluntaria, fue
proclamada por el gobierno de Bush como un paso
importante hacia la terminación del conflicto
civil en Colombia.
Purcell destacó
que la política estadounidense en relación a
Colombia debe considerarse a través de la
óptica de la historia reciente. "Se ha
producid una mejora significativa en el
comportamiento de las fuerzas armadas y esfuerzos
por desmovilizar a los paramilitares",
observó. "Esto no ha sido del todo exitoso,
pero debe ubicarse dentro del contexto del cual
provenía Colombia: una guerra incesante con la
guerrilla que se ha extendido por décadas. El
Congreso impuso todo tipo de restricciones y
condiciones que el Presidente Uribe ha estado
intentando cumplir".
Aun así, grupos
de derechos humanos, tanto locales como
internacionales, han criticado esta legislación
porque no ha podido asegurar un adecuado nivel de
justicia. Fue muy difícil para la prensa local
cubrir las audiencias de Justicia y Paz, según
la investigación del CPJ. Las autoridades, de
modo sistemático, prohibieron que los reporteros
accedieran a las actuaciones judiciales, mientras
ex paramilitares amenazaban a periodistas y a sus
fuentes afuera. Como consecuencia, la cobertura
de las confesiones de los paramilitares fue
débil en todo el país, especialmente en áreas
donde la presencia de las fuerzas paramilitares
sigue siendo fuerte.
En México y en
gran parte de América Central, donde los Estados
Unidos aún ejercen una importante influencia,
existe la idea de que Washington simplemente
perdió interés. Desde el 11 de septiembre del
2001, a medida que el gobierno ha trasladado gran
parte de su atención al terrorismo y al mundo
árabe, el resultado ha sido una falta de
compromiso de los Estados Unidos en cuestiones de
derechos humanos y libertad de prensa. Una
epidemia de asesinatos extrajudiciales en
México, incluyendo la matanza de reporteros,
generó poca preocupación pública de la
administración Bush.
Altos
funcionarios gubernamentales han reconocido que
un cambio en las prioridades ha conducido a un
deterioro en apoyo en algunos rincones del mundo.
"La gente en todo el mundo.....no se mostró
feliz con las decisiones que tomó nuestro
país", expresó Karen Hughes, ex
subsecretaria de Estado para Diplomacia Pública
y Asuntos Públicos, durante una entrevista en
noviembre para la Radio Pública Nacional (NPR).
Esas decisiones se tomaron "en el interés
de un mundo más seguro", afirmó Hughes,
pero reconoció que le llevará un tiempo a los
Estados Unidos reconstruir su influencia.
"Desearía poder sonar los dedos y...
cambiar la impresión de nuestro país mañana.
Pero no creo que esto sea realista. Pienso que es
un trabajo que exige paciencia, como pasó
durante la Guerra Fría, y estamos en una larga
lucha ideológica".
*
Carlos Lauría es
el coordinador senior del programa de las
Américas del CPJ.
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