El ojo
del siglo XX
Centenario
de Cartier-Bresson, mago del instante hecho
fotografía
Fabiola Palapa Quijas *
Retratista
de Henri Matisse, Pierre Bonnard, Georges Braque
y Joan Miró; cómplice de Alberto Giacometti,
asistente de Pierre Auguste Renoir, compañero de
André Breton y los surrealistas, Henri
Cartier-Bresson arrancó un instante de
inmortalidad de la vida misma con su cámara
Leica. Sin embargo, fue uno de los fotógrafos
más esquivos a las lentes.
El 22 de agosto
de 2008 se festejará el centenario del natalicio
del fotógrafo sin rostro, reconocido ya como
el ojo del siglo XX, quien se
molestó cuando se enteró de que una sesión
privada que le realizó su colega David Douglas
Duncan iba a ser publicada. Faceless es
el título de ese libro de retratos de
Cartier-Bresson, el cual incluye imágenes que
pertenecen a un reportaje sobre viejos
fotógrafos, entre los que se incluía el mismo
Duncan, Eve Arnold o Helmut Newton.
Las imágenes,
en las que aparece el fotógrafo más famoso del
mundo con su ya mítica Leica, fueron tomadas el
25 de mayo de 2000 en una cafetería cercana al
Museo Picasso, en París. Douglas Duncan expresó
que el libro fue una especie de homenaje al
maestro francés, quien las calificó de
una serie mediocre, absolutamente carente
de interés. Son sólo lo que sale de la cámara
cuando se pone a funcionar.
Cartier-Bresson
fue capaz de inventar el mundo a través de la
captura de un instante de la vida para
preservarlo en imágenes. Con el visor de su
cámara capturó magníficas obras, como el
hombre que corre y se ve reflejado en los charcos
de agua de una calle en París, el niño ciego en
Valencia, los miles de chinos que salieron a
recibir sus 40 gramos de oro cuando el valor de
la moneda se hundió o la imagen del volcán
Popocatépetl que atrapó en 1963 en México.
Conceptos
En alguna
ocasión el artista de la lente expresó que
el dibujo es una elaboración de la
realidad, mientras que la fotografía es un
momento supremo captado en un solo plano. El
aparato fotográfico es para mí un cuaderno de
croquis, el instrumento de la intuición y de la
espontaneidad, el maestro del instante que, en
términos visuales, cuestiona y decide al mismo
tiempo.
Para significar
el mundo, es preciso sentirse implicado con lo
que se recorta mediante el visor. Esta actitud
exige concentración, sensibilidad, sentido de la
geometría. Es a través de una economía de
medios y, sobre todo, el olvido de uno mismo como
se llega a la simplicidad de la expresión.
Cartier-Bresson
deambuló por varios países buscando el momento
exacto para capturarlo; la ciudad de México no
fue la excepción, y el fotógrafo, junto con un
equipo de trabajo, visitó el país en 1934 para
realizar un proyecto etnográfico patrocinado por
el gobierno, pero debido a problemas
burocráticos el proyecto fracasó .
Sin embargo,
decidió quedarse un año al lado de su colega
Manuel Álvarez Bravo para capturar a los
mexicanos, sus tradiciones y los lugares
marginales de la sociedad; retrató la vida
cotidiana de un pueblo en una época.
El fotógrafo
francés se encontró en su primer viaje a
México con una nación que percibió como una
paradoja, una tierra donde el pasado y el
presente coexistían en escenas surreales.
Acompañado por Álvarez Bravo conoció
Juchitán, Oaxaca, el sureste del país y la
frontera con Guatemala, donde Cartier-Bresson
realizó imágenes muy importantes.
Visitó por
segunda ocasión el país en 1964 para retratar a
los niños, los vendedores ambulantes, las
prostitutas, las calles de la ciudad de México,
y nuevamente se encontró con el apego profundo a
los ritos y las tradiciones. Su trabajo se expuso
en Bellas Artes, junto a las obras de Álvarez
Bravo.
El material
fotográfico alrededor de 44
imágenes sobre el estilo de vida del
mexicano pertenece a la agencia cooperativa de
fotografía Magnum Photos, con sede en Nueva
York, que Cartier-Bresson fundó junto a Robert
Capa, David Seymour y Georges Rodger.
Pasión
a los 30
Nacido el 22 de
agosto de 1908 en Chanteloup, Seine-et Marne,
Henri Cartier-Bresson adquirió su primera Leica
manual a la edad de 30 años, y lo que en un
principio era un interés casual se convirtió en
pasión, porque en los años siguientes creó uno
de los conjuntos de obra más originales e
influyentes en la historia de la fotografía.
La buena
posición social de su familia contribuyó a que
Cartier-Bresson pudiera relacionarse con la elite
cultural de su tiempo. Entre sus maestros se
encontraban artistas, escritores, poetas y
pintores, como Gertrude Stein, Rene Crevel, Max
Jacob, Salvador Dalí, Jean Cocteau y Max Ernest.
Durante su
adolescencia se asoció con muchos de los
artistas involucrados en el surrealismo y
admitió que estaba marcado no por la
pintura surrealista, pero sí por las
concepciones de André Breton. Poseía una
capacidad única para capturar el momento
efímero en que la importancia del tema se da a
conocer en la forma, el contenido y la
expresión.
Cartier-Bresson
abandonó en 1966 la agencia Magnum, que conserva
bajo custodia sus archivos fotográficos. A
principio de los años 70 dejó a un lado su
Leica para concentrarse en la pintura. Murió a
los 95 años, el 2 de agosto de 2004, en el
sureste de Francia.
* Fabiola
Palapa Quijas es
reportera de la sección Cultura del diario
mexicano La
Jornada.
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