Lenguaje y
estilo del ciberperiodismo
Concha
Edo *
La
primera transmisión desde un ordenador a otro se
hizo realidad en 1969. Según los profesores
Leonard Kleinrock y Robert Khan, ocurrió
exactamente el 20 de octubre de ese año entre la
Universidad de Los Ángeles y la Universidad de
Stanford, en Estados Unidos. Pero Vinton Cerf y
Larry Roberts, también estadounidenses, dicen
que la fecha correcta es el 2 de septiembre
porque entonces cuando consiguieron unir un
ordenador y un conmutador.
Sea cual sea el
día concreto en el que se produjo ese
intercambio, los científicos que llevaron a cabo
tan interesante experiencia sólo se enviaron en
aquella ocasión algunas palabras sueltas. Pero
ese mensaje tan breve puede considerarse el
primer paso de un nuevo lenguaje que años más
tarde adoptarían los medios de comunicación,
que es distinto al de la prensa, la televisión y
la radio, y que se ha convertido en uno de los
grandes retos del periodismo de este siglo XXI.
El proceso
investigador continuó en la década de los
setenta con la invención del protocolo TCP/ IP (Transfer
Control Protocol/ Internet Protocol), por
Vinton Cerf , y en 1983 con el nacimiento de
Internet. Pero las posibilidades de este hallazgo
tecnológico se manifiestan con más claridad
sobre todo desde 1991, año en que el científico
británico Tim Berners-Lee, del Centro Europeo de
Investigación Nuclear de Ginebra (CERN), crea un
sistema que permite transmitir imágenes, texto y
sonido -el World Wide Web- y ofrece la
tecnología necesaria para conseguir un interfaz
atractivo para los lectores.
Así, cuando en
1993 se anuncia el acceso libre a la red de redes
es posible ver páginas web mediante el
visualizador Mosaic, superado después por
otros mejores y más sencillos, y se percibe que
la pantalla del ordenador es un nuevo soporte
para las noticias.
Gracias a un
esquema uniforme de nombres para localizar la
información - como el Uniform Resource
Locator (URL)-, a un protocolo que permite
acceder a cada uno de ellos -Hypertext
Transfer Protocol (HTTP)- y a un lenguaje
hipertextual -Hypertext Markup Language (HTML),
entre otros- que permite navegar por los recursos
de la red, es posible establecer vínculos entre
las distintas informaciones multimedia que se
encuentran dispersas en Internet, y traerlas a
nuestra pantalla desde cualquier punto del
planeta que disponga de una conexión.
Con estos
ingredientes, a partir de 1993 los news media,
y singularmente los diarios, comienzan a
interesarse por informar a través de una de esas
páginas web. Y es entonces cuando surge
la necesidad de adaptar el lenguaje utilizado
hasta entonces en el periodismo a las
posibilidades de la nueva situación tecnológica
y social; cuando se pone en marcha un proceso que
está todavía en plena ebullición y del que
vamos a tratar de exponer las realidades
conseguidas hasta ahora.
Pero es
conveniente aclarar que no estamos, en absoluto,
ante un modelo definitivo, sino en una de las
primeras fases de una viaje semántico,
lingüístico y estilístico que acaba de
empezar, que depende en buena medida de los
avances científicos y de la evolución del
periodismo y del que no sabemos cuándo y cómo
llegará su cenit.
1.
Características del lenguaje periodístico
El lenguaje
periodístico nace inicialmente del literario,
pero desde sus primeras líneas busca una
comunicación distinta para conseguir transmitir
con eficacia su mensaje informativo. Y va
asumiendo una serie de cambios que le irán
otorgando las singularidades que mantiene ahora y
que, con más motivo desde la perspectiva
cibernética en la que nos estamos moviendo en
este texto, todavía no se han cerrado ni,
posiblemente, se lleguen a cerrar nunca porque ni
la sociedad ni la cultura son estáticas.
Se trata de un
lenguaje que busca una comunicación distinta de
la del lenguaje hablado, pero también diferente
de la del literario o poético que va tras la
belleza de la palabra sin retener su contenido. Y
la responsabilidad del profesional de la
información está directamente relacionada con
dos cuestiones:
1) la
actualidad y utilidad de lo que comunica, y
2) la verificación completa de los datos.
El discurso
informativo habla de algo, habla del mundo; el
literario hace el mundo. El discurso informativo
se juzga por la relación entre conocimiento y
hecho; el literario, sólo por la necesidad
interna de la obra. En el informativo, la
selección y valoración de lo comunicado se
realiza con criterios prácticos, pensando en el
público; en el literario, hechos empíricamente
insignificantes pueden representar modos
constantes de la existencia humana. El
informativo es un acto de responsabilidad
pública; el literario no se propone jamás la
utilidad pública en cuanto literatura...
(Diezhandino, 1994: 191).
Así, se puede
afirmar que el lenguaje periodístico cuenta con
las características propias de un estilo
literario particular que se distingue de otros
por sus fines informativos y
por las exigencias del receptor del mensaje. El
periodista trata de conseguir la comprensión
rápida y total por parte del público y captar
su atención, interesarle en la lectura,
retenerle por la eficiencia de la forma y no
soltarle hasta que esté dicho lo que había que
decir (Albertos, 1991: 178).
En cuanto a la
finalidad de su mensaje, es exterior y
pragmática frente a la finalidad interior de la
obra literaria, a lo que se puede añadir que el
texto informativo es abierto porque su
interpretación depende del contexto que sirve de
referencia, mientras que un relato de ficción es
un texto cerrado que contiene en su
interior las claves para su identificación e
interpretación (Núñez Ladevèze, 1991: 261).
Lo cierto es que
los periodistas buscaron, desde la publicación
de las primeras líneas, un estilo que impidiera
cualquier tipo de duda respecto al contenido y
que no se desvirtuara con ninguno de los cambios
de registro suele traer consigo el lenguaje
poético.
La comunicación
periodística busca todo lo contrario a esa
modificación del sentido de los textos que puede
permitirse la literatura, que supone la
irrupción en el texto de una subjetividad que
puede ser enormemente enriquecedora desde
un punto de vista creativo, pero no es
precisamente noticiosa ni periodística. El
estilo, la manera de presentar los hechos, va en
el periodismo unido a la brevedad, a la
exactitud, a la precisión y, más que a
cualquier otra cosa, a la realidad (Edo, 1999:
153).
Y en estos
momentos es especialmente importante delimitar
este lenguaje y las señas de identidad del
periodismo, para contrarrestar la invasión de
informaciones -sucedáneos de la información
periodística- que no están hechas por los
profesionales de la prensa y llenan portales y
páginas web en el ordenador, la PDA, el
teléfono móvil o la televisión.
Los distintos
códigos utilizados habitualmente por el
periodismo escrito para transmitir la
información sobre papel -o cualquier otro
soporte semejante- se pueden explicar así:
-
existe una serie visual lingüística, que se
corresponde con el habla en transcripción
gráfica, en lo que se considera lenguaje
escrito, una serie visual
paralingüística, que comprende un conjunto de
variaciones -la bastardilla, que indica
énfasis, los titulares y su tamaño, la
disposición espacial, etc.- que son recursos
gráficos para dar importancia a un texto de la
misma manera que el tono de voz o el volumen del
timbre cualifican los mensajes verbales, y,
finalmente, las series visuales no-lingüísticas
son las imágenes, fotografías, dibujos,
color... (Verón, 1969: 146-47).
De estas tres
series, hay una que se puede considerar dominante
y que se constituye en código rector sobre las
demás: la serie visual lingüística, el
lenguaje escrito. Pero, con todo, esta
circunstancia no es totalmente determinante
porque se trata en conjunto de un lenguaje mixto
en el que concurren distintos lenguajes simples
que apelan siempre a la vista, aunque con
mecanismos intelectuales diferentes.
Y en cuanto a
las características que convienen habitualmente
a las distintas manifestaciones del
lenguaje periodístico escrito,
se puede hablar de seis (Albertos, 1991:
203):
1)
corrección,
2) concisión , con el predominio de las
frases cortas que en castellano supone de 15
a 17 palabras por frase,
3) claridad, que aconseja el uso de los
verbos en forma activa y en indicativo,
4) captación del receptor, ofreciendo lo
más importante en las primeras líneas, con
una descripción realista y viva, con riqueza
y variedad de vocabulario, empleo colorista y
ágil del léxico...,
5) lenguaje de producción colectiva, porque
intervienen distintos co-autores con
responsabilidad diferente en el texto final,
y, por último,
6) lenguaje mixto, en el que las series
lingüística, para-lingüística y
no-lingüística se influyen entre sí para
llegar al producto periodístico definitivo
que van a recibir los lectores.
Pero
el periodismo en cada una de sus modalidades
-escrita o audiovisual- cuenta con un sistema de
signos propio que responde a las posibilidades
técnicas concretas de cada uno de los medios y
que se pueden resumir en un esquema como el
siguiente:
| Periodismo
escrito: 1) Series
visuales lingüísticas
2) Series visuales
para-lingüísticas
3) Series visuales no
lingüísticas
|
| Periodismo
radiofónico: 1) Palabra
2) Música
3) Efectos sonoros
|
| Periodismo
audiovisual: 1) Código
icónico: Imagen en
movimiento
Imagen fija
2) Código lingüístico:
Palabra
3) Código sonoro:
música y efectos sonoros
|
|
Como en la
prensa escrita, también se puede hablar de unos
rasgos diferenciales del periodismo audiovisual
que se realiza en la radio y la televisión. La
facilidad para estar en el lugar de los hechos,
la unisensorialidad y la fugacidad son propios de
la información en la radio. Y su capacidad
para transmitir cierta sensación de veracidad y
dar un testimonio directo de las noticias hacen
de ella un instrumento especialmente válido para
la información. Cuanto más cotidiano sea el
mensaje, más y mayores posibilidades de diálogo
ofrece el medio. Con el diálogo la radio
facilita al oyente el acceso a la comprensión de
la realidad y le ofrece la oportunidad de
manifestar su opinión ante los hechos (M.
A. Ortiz y F. Volpini, 1995: 19 y ss).
En sus primeros
pasos, la radio siguió las pautas marcadas por
el periodismo escrito leyendo los textos en los
distintos programas informativos. Pero para
describir las particularidades actuales del
lenguaje radiofónico hay que partir de la
necesidad de escribir textos para ser oídos en
los que se acentúa la aproximación al lenguaje
hablado.
Un primer
elemento diferencial es la entonación y otro la
identificación que se establece entre emisor y
receptor a través de la cercanía y la calidad
humana de la voz, de la palabra, envuelta con
sonidos y efectos especiales que refuerzan un
estilo literario propio que se dirige
exclusivamente al oído. Este estilo radiofónico
se puede resumir en: 1) la importancia de
utilizar oraciones breves, 2) en las palabras
concretas y fáciles de entender, y 3) en hacer
especial hincapié en el final de las frases. Y
se ha ido alejando cada vez más del
estilo escrito para asumir unos
rasgos lingüísticos distintos y propios.
Una de las
fórmulas más sencillas se resume en estimular,
retener y fijar las fases deseables de todo este
proceso porque la información oral es fugitiva
y, por tanto, infinitamente más frágil que la
escrita. No tiene soporte material tangible, no
goza del beneficio del flash-back, la
vuelta atrás permitida al lector de un
periódico o revista y no se beneficia del peso
de la presencia física de un conferenciante o
del profesor. La información radiofónica es
fugaz por naturaleza. El oyente ha de esforzarse
por mantener ante los ojos del entendimiento la
cinta inmaterial de las noticias que desfilan con
velocidad, encadenando sin reposo palabras y
frases (M. Hankard, 1973: 21 y ss).
Esta fugacidad
da paso a rasgos muy específicos que
proporcionan su propia personalidad a esta
modalidad del lenguaje informativo. Uno de ellos
es la necesidad ineludible de la brevedad, en un
estilo comunicativo propio en el que la
característica de la concisión se impone a las
otras cinco porque en un informativo de radio
sólo cabe lo imprescindible.
La velocidad
media del informador radiofónico al hablar es de
unas 150 a 170 palabras por minuto, y como parece
demostrado que la atención del que escucha
comienza a declinar entre los cuatro y los ocho
minutos, resulta imprescindible para mantener su
interés variar con frecuencia el punto de
atención y, como consecuencia, recurrir a otra
característica del lenguaje del periodismo: la
claridad, evitando las frases largas, las citas,
los porcentajes, las palabras difíciles. Un
noticiario que dure diez minutos supone unas
1.500 palabras, que pueden ser el equivalente de
dos columnas en un periódico, y ninguna noticia,
por importante que sea, debe sobrepasar los tres
minutos.
En el proceso
informativo de la televisión, son esenciales
para la expresión adecuada de su lenguaje:
1) la velocidad de la información y 2) la
espectacularidad en el modo de ofrecerla. Este
lenguaje presenta como
elementos principales la selección
espacial (encuadre) y la selección temporal
(montaje). Este último tomará en
consideración, entre otros aspectos, el factor
tiempo -real o televisivo- expresado en
velocidades relativas de acuerdo con las
características de cada programa concreto. El
lenguaje visual presenta propiedades como
inmediatez, espontaneidad, actualidad,
imprevisibilidad e intimidad (Aguilera, 1985: 187
y ss).
La técnica
narrativa de la televisión supone, pues, la
utilización de distintos elementos que tienen
como base la imagen en movimiento aunque sin
limitarse sólo a este modo de expresión:
añaden la palabra, la música, los
efectos sonoros y las
imágenes estáticas en forma
de gráficos, fotos o dibujos.
Para contrastar
los valores informativos del periodismo escrito
con los que se consideran propios de la
televisión, se puede recurrir al análisis que
los concreta en: 1) limitación de tiempo, 2)
hora de emisión, 3) área de señal, 4)
elementos visuales y 5) culto a la personalidad.
Y de todos ellos son los dos últimos los que
establecen más claramente la distancia entre el
planteamiento informativo de la televisión y el
de otros medios (Green, 1973: 72).
Así, si
queremos establecer unas notas diferenciales de
la información televisada es necesario partir de
la una ineludible carga emocional (M.
Albertos, 1991: 474) en la presentación de los
mensajes que es el resultado de tres elementos:
la importancia de lo visual, el culto a la
personalidad y la presentación de la noticia
como espectáculo. Y este papel principal que
tiene el lenguaje de la emoción sobre el
lenguaje racional y discursivo, más propio
de la prensa escrita y hablada, es la
característica más representativa de la
información emitida por televisión.
Además, el
hecho de que el mensaje periodístico utilice
como soporte la imagen hace que su
análisis se aleje de los planteamientos
clásicos de la Lingüística para conducirnos al
ámbito del estudio general de los signos, ya que
la Lingüística, entendida en
el sentido clásico, aparece en
este caso como limitada para mostrar toda la
complejidad de los mensajes periodísticos. Y se
puede hablar de una serie de sistemas de signos
que se sintetizan en tres códigos básicos -las
imágenes, los sonidos musicales o ruidos y las
emisiones verbales- y en una enorme
variedad de subcódigos que tienen en común su
casi completa dependencia de lo puramente
visual (Eco, 1969: 133-138).
Queda a la vista
que el mensaje televisivo es el que ha ofrecido
hasta ahora una mayor abundancia y variedad de
signos. Y, también, dos rasgos lingüísticos
muy concretos: 1) el contrapunto que debe ofrecer
el texto cuando la imagen necesita aclaraciones o
distorsiona la objetividad del relato televisado,
y 2) las peculiaridades de la
estructura del relato literario para la
televisión si contamos con la tendencia a
presentar la información como
espectáculo.
Finalmente,
conviene aludir también a las funciones de la
imagen como lenguaje porque sus singularidades le
otorgan un valor de signo lingüístico
asimilable en algunos aspectos a la palabra, como
veremos más adelante al referirnos a los
elementos icónicos en los medios digitales.
1.1.
Lenguaje particular del ciberperiodismo
Al llegar a este
punto es bueno recordar que el espacio
informativo que se ha abierto en la red de redes
recuerda todavía demasiado a la prensa escrita
y, sobre todo, a los diarios editados en papel,
por lo que inicialmente su sistema de signos se
ciñe a las tres series visuales del periodismo
escrito. Y, sólo en la medida que lo permite la
tecnología, va abarcando los códigos
audiovisuales para llegar a ese medio multimedia
que todavía no se ha consolidado como tal pero
que veremos en un futuro próximo.
Además, por la
experiencia recogida hasta ahora en las
publicaciones que se pueden seguir en la red se
puede decir que requieren un lenguaje que asume
las características ya conocidas -corrección,
concisión, claridad, captación del receptor,
lenguaje de producción colectiva y lenguaje
mixto-, pero con el matiz particular de que en
los medios on line no es sólo
mixto sino verdaderamente complejo. Y que
vamos a nombrar , más concretamente, como
lenguaje múltiple (Edo, 2001: 86).
Porque si hasta
ahora era necesario hacer una distinción entre
los diversos códigos de transmisión
escritos y audiovisuales, la información
que nos llega a través de Internet - o de
cualquier otra red en el futuro-, además de
añadir a las posibilidades actuales las del
hipertexto, que se estudia en otro de los
capítulos de este libro, unifica los distintos
lenguajes en uno sólo. Y nos va a llevar a la
utilización simultánea de todos los que ya
conocemos para llegar a producir uno distinto y
plural que es unificador y multimedia y que va a
ser imprescindible para los periodistas en todo
el mundo.
Esta nueva
denominación -lenguaje múltiple- responde al
hecho de que, al valorar el lenguaje del
periodismo en la red, vemos que la series
visuales para-lingüística y no lingüística ya
no son exclusivamente un elemento de la página
que completa o refuerza el texto -hasta ahora
dominante- mediante un titular, una foto o un
dibujo.
En este nuevo
contexto, estas dos series se equiparan en
importancia con la netamente lingüística de tal
manera que las tres se enlazan en un mismo nivel
para contar las noticias utilizando a la vez
palabras, frases subrayadas que sirven de
conexión para acceder a otros textos e imágenes
que representan conceptos conocidos por todos y
que, por ser de carácter universal, pueden
superar las barreras idiomáticas e
intercalarse en textos escritos en todas las
lenguas. Y en este nuevo lenguaje múltiple
que utilizan los medios digitales también ocupan
un lugar relevante, muy distinto del que han
tenido hasta ahora, los elementos icónicos.
Así, todas las
consideraciones acerca del lenguaje periodístico
que se han expuesto en los primeros apartados
siguen siendo útiles, pero en el contexto
digital ya no es tan nítida la distinción entre
prensa escrita y audiovisual, aunque una y otra
dispongan de páginas propias en Internet. El
lenguaje ciberperiodístico que, como hemos
visto, comenzó siendo muy semejante al de los
periódicos y utilizaba principalmente las series
lingüística, para-lingüística y
no-lingüística, puede añadir ahora la imagen
en movimiento -tanto vídeos como gráficos
interactivos- y el sonido, siempre que se
disponga del software adecuado.
Las cabeceras
editadas inicialmente en papel, que trasladaron
su propio lenguaje a la red, muy poco después
tuvieron que introducir y manejar los códigos
icónicos y sonoros, hasta ahora
exclusivos de la radio y
la televisión, para comenzar a producir
contenidos en ese lenguaje múltiple -todavía
incipiente, lento y con muchas cuestiones
pendientes- que abarca y abarcará mejor todos
los formatos posibles de la
tecnología actual.
Y también es
importante hacer hincapié en otro elemento que
se introduce descaradamente en el lenguaje: las
siglas. Es frecuente encontrar en los textos B2B
(Business to Business), B2C (Business
to Consumer), WAP (Wireless Application
Protocol), DVD (Digital Video Disk),
ISP (Internet Service Provider), RDSI (Red
Digital de Servicios Integrados), UMTS (Sistema
Universal de Telecomunicaciones Móviles), IP (Internet
Protocol), etc.
Sin embargo, en
lo que se refiere a los iconos hay que hacer
algunas matizaciones porque todavía no se ha
llegado a conseguir un nivel de eficacia
comprensiva suficiente en la sustitución de las
palabras por imágenes. Como ocurre en otros
aspectos del periodismo on line
queda mucho por hacer. Y es necesario llegar a
determinar cuales son los sistemas de expresión
que de verdad aportan claridad y rapidez en la
captación del mensaje.
El
lenguaje gráfico tiene
más limitaciones que el
lenguaje hablado y el escrito, y la realidad es
que, en los medios de
comunicación que cuentan con un site
en la red, es frecuente ver que los iconos van
acompañados de la palabra que explica el
concepto que se quiere representar.
Entre los
profesionales más avanzados del estudio del
diseño todavía existen ciertas dudas acerca de
la manera más conveniente de utilizarlos y, a la
vez, hay coincidencia en que es urgente llegar a
unificar los modelos desde una perspectiva
internacional con los criterios de máxima
legibilidad en pantalla, concisión gráfica y
claridad visual (González-Miranda y Royo, 1998).
Pero cuando
además de las series visuales del periodismo
escrito se utilizan el sonido, el vídeo y los
gráficos interactivos y se ofrece al público
una información periodística que se puede
considerar multimedia, no podemos referirnos
sólo al hipertexto. Puesto que se utilizan todos
los soportes hay que hablar del hipermedia que,
aplicando las mismas técnicas,
hace compatibles el texto, el sonido, las
imágenes fijas o en movimiento y los gráficos.
Se sincronizan
así en el tiempo y en el espacio informaciones
que inicialmente no tenían ninguna conexión y
se presentan con ese lenguaje múltiple que
combinará los códigos del periodismo escrito y
el audiovisual en cada una de las noticias. Y que
debe contar con las posibilidades interactivas de
Internet y facilitar la actualización constante
de las noticias, característica de la red, de
una manera atractiva para el público.
El periodista
que trabaja para cabeceras digitales tiene que
interactuar con los lectores y pensar en
multimedia, informar con textos, imágenes y
sonido aunque eso hoy produce, en la práctica,
unas dificultades operativas que la tecnología
y, como consecuencia, los medios, todavía no han
podido resolver.
Toda esta
expansión digital supone la instalación en las
pantallas del ordenador de un conjunto de medios
de comunicación aparentemente distintos a los
que estamos acostumbrados a ver. Pero la realidad
es que tales cambios afectan, más que al fondo
-el buen periodismo sigue siendo imprescindible-,
a la forma y a las diferentes posibilidades de
presentar el mensaje informativo que proporciona
el nuevo lenguaje hipermedia.
En cualquier
caso, el conjunto de los lenguajes del periodismo
se ha mostrado y se muestra mediante unas
formas expresivas que se manifiestan en un estilo
concreto y en los géneros correspondientes, que
profesionalizan los textos y facilitan el trabajo
y la docencia del periodismo y que se estudian en
otro capítulo de este libro.
1.2.
Observaciones gramaticales
Las aspiraciones
gramaticales de los textos escritos para la
pantalla son, en principio, tan exigentes como
las del mejor periodismo impreso. Pero en estos
pocos años hemos podido comprobar que los
contenidos informativos de los medios on line
no son, en términos generales, los más
correctos que se han publicado.
Es cierto que la
posibilidad de cambiar cualquier texto al
actualizarlo -quizá a los pocos minutos- elimina
en parte el impacto visual de la impresión en
papel y, en cierto sentido, produce un efecto
semejante a la fugacidad de la información
radiofónica. Y también que en las redacciones
de los medios digitales la media de edad de los
periodistas que elaboran las informaciones es muy
baja. Pero, en cualquier caso, las incorrecciones
gramaticales no hacen sino dañar aún más la
credibilidad del trabajo periodístico que, por
circunstancias que no es posible explicar aquí y
que todos conocemos, no está en su mejor
momento.
Como es lógico,
las pautas de acentuación y puntuación no deben
sufrir variaciones de ningún tipo al escribir
para la red, pero la dificultad añadida que
supone leer en la pantalla exige unos textos sin
complicaciones que, además de ofrecer una
síntesis ajustada de la noticia o el
acontecimiento actualizado, eliminen tropiezos
innecesarios.
El esquema
sujeto-verbo-objeto, utilizado con toda su
simplicidad y su eficacia, puede ser la mejor
ayuda para conseguir una comprensión rápida del
contenido. Y lo más sensato es prescindir,
siempre que sea posible, de los diferentes
modelos de oraciones complejas: así se evitar
por completo la necesidad de volver atrás en la
lectura por los inconvenientes de una frase
demasiado larga. Esto cobra mayor importancia en
dos situaciones muy concretas:
- cuando se
escribe para la home page, y
- cuando el texto va acompañado de
imágenes, gráficos estáticos o gráficos
interactivos que, más que explicaciones,
requieren apenas unas frases que orienten y
sitúen al lector en la acción que se
muestra o en el recorrido infográfico.
Quizá una de
las cuestiones que pueden suponer cierta
confusión es la determinación de los tiempos
verbales. Si en el periodismo convencional es
recomendable el presente de indicativo y la forma
activa porque el periódico o el informativo de
radio o televisión pierden actualidad en cuanto
se publican o en el momento en que se emiten, )en
qué momento hay que situar la información en
los medios digitales?
En
las noticias -y sobre todo los reportajes,
entrevistas, crónicas, informes...- que se
publican en la red y permanecen durante un tiempo
en el site a disposición de la audiencia,
pierde sentido el hoy ha sucedido
..., porque muy pronto se hace necesario
pasar al sucedió, hace más o
menos tiempo y, en algunas ocasiones concretas,
incluso al sucederá. Además de que
una página web puede ser consultada desde
cualquier punto del planeta y los horarios pueden
no coincidir con el momento en el que se hace
pública la noticia.
Todas estas
circunstancias pueden hacer recomendable -aparte
de la exactitud en la delimitación de las fechas
en las que se han producido los hechos-, la
utilización de enunciados sin núcleo verbal o
frases asertivas dentro de la oración principal
y como unidades independientes.
También la
concordancia en número y persona entre el sujeto
y el verbo y la utilización restringida o, en su
caso, certera de las formas verbales impersonales
son modos más de hacer asequible el contenido
del texto. Y, en la medida de lo posible, hay que
renunciar al condicional.
Por otra parte,
es importante extremar la prudencia en el uso de
los adverbios, sobre todo desde el punto de vista
cuantitativo, porque ralentizan los tiempos de
lectura. Y lo mismo puede decirse de las
conjunciones, las preposiciones y las
interjecciones cuando no se manejan con
precisión y competencia.
2.
El estilo ciberperiodístico
Pero no basta
con saber emplear correctamente la sintaxis y las
palabras, que no es poco. El estilo va más allá
de los conocimientos gramaticales y entra en un
terreno que hace decidirse al lector por un texto
en lugar de otro, por la sencilla razón de que
está mejor escrito, le explica con más
precisión lo que quiere saber y es más
atractivo.
Desde una
perspectiva general, la actividad
periodística ofrece tres niveles o planos
diferentes (Núñez Ladevèze, 1991: 47-49). El
nivel contextual comprende el conjunto de
juicios o decisiones profesionales que tienen por
objeto la identificación, comparación,
relación, evaluación y selección de las
noticias, y convierte al periodista en un
intérprete de la actualidad informativa. El
plano textual se refiere al modo de
ordenar los datos en el texto y aquí el
informador es, además de intérprete, productor
de textos de información de actualidad.
Finalmente,
el nivel estilístico abarca
la delimitación de los
rasgos característicos del estilo informativo,
sus cualidades y defectos, y los límites de la
capacidad expresiva de los informadores. En este
tercer plano, el profesional de la información
usa y selecciona las palabras adecuadas,
prescinde de otras, adopta unos giros y
expresiones concretas y prescinde de otros:
es intérprete, productor, y redactor o
escritor de textos, mediante un estilo que le
sirve para comunicar de manera profesional la
información.
El estilo es una
manifestación conceptual amplia que abarca los
diferentes modos expresivos personales y que en
el periodismo adopta distintas modalidades,
siempre con el fin de conseguir un estilo
literario singular que trata de responder a las
necesidades y a las expectativas de la audiencia.
Y los medios digitales, como los escritos y
audiovisuales, se elaboran para ser
atractivos y accesibles al mayor número posible
de personas o para satisfacer a un sector
especializado y restringido de la audiencia que
busca una información concreta por la que
experimenta un singular interés.
El objetivo del
estilo periodístico -que en muchas ocasiones se
identifica con el lenguaje periodístico- es
atraer al lector, lograr que se interese por los
contenidos que se le muestran, retenerlo por la
claridad, la corrección, la exactitud y, en
tantas ocasiones, la capacidad de seducción en
el modo de contar cada historia real y concreta
que aportan la actualidad o el trabajo personal
del periodista, y, con todas estas armas,
conseguir que lea, escuche, vea, se interese y,
si es posible, opine sobre lo que acaba de
conocer (Edo, 2003: 46).
Una vez
establecidas estas bases podemos observar que en
los medios digitales se dan unas connotaciones
particulares que llevan también, dentro de la
corrección que ya se ha reclamado en este
trabajo para los textos, a unas necesidades
estilísticas específicas. Y para determinar las
características del estilo ciberperiodístico es
imprescindible tener en cuenta los niveles de
lectura que presenta el ciberespacio informativo.
Porque aún
cuando en la red todavía no se han consolidado
géneros propios y más bien se están adaptando
los géneros periodísticos con los que se
trabaja en los medios tradicionales, hay algunas
peculiaridades que influyen en el desarrollo de
la actividad periodística. En primer lugar hay
que referirse a que las posibilidades
informativas del hipertexto para publicar la
información de actualidad y, a la vez, aceptar
que están todavía poco explotadas y que no han
captado cómo se esperaba la atención del
internauta. Y no ya del lector de papel que se
informa en los medios on line de
manera complementaria, sino de los nuevos
lectores -mayoritariamente jóvenes- que
prescinden de los medios convencionales para
conocer la actualidad.
Pero si en algo
ha ganado ya Internet a los medios tradicionales
es en la consulta de las noticias de última hora
o, con una terminología más adecuada a un medio
que se actualiza sin interrupción, de las
noticias del último momento. Y puesto que esta
tendencia -por ahora, y quizá mientras llegan
nuevos progresos tecnológicos- va aumentando, es
imprescindible hacer hincapié en la importancia
de escribir textos breves que no renuncien a la
calidad.
Además, esa
misma brevedad es conveniente también aplicarla
a las informaciones que utilizan todos los
formatos, y producir relatos multimedia de
estructura simple que se puedan ver completos en
poco tiempo. La capacidad de síntesis, tan
necesaria para cualquier periodista, se convierte
en una cualidad inestimable en el
ciberperiodismo, que requiere narraciones
escuetas pero completas y atractivas, sin que el
diseño se convierta en un impedimento que llegue
a retrasar la lectura.
2.1.
El estilo informativo
El estilo
informativo, que busca informar a los lectores,
transmitir datos con ánimo objetivo, cumple en
los medios digitales todas las condiciones que se
han desarrollado al comienzo del capítulo. Pero
otorgando especial relieve a la concisión, la
claridad y la captación del lector o de la
audiencia concreta a la que se pretende atraer.
Este primer
nivel de la información es un periodismo de
hechos contados de acuerdo con las pautas
establecidas para el relato por el story
anglosajón, para el que se recurre a unos
géneros concretos que por el momento son, como
en otras modalidades estilísticas, una
adaptación de los que se utilizan en otros
medios: la información, el reportaje objetivo y
la entrevista de declaraciones hecha, con
frecuencia, por correo electrónico. Además de
tener en cuenta que conviene una expresión
diferente para las hard news y las soft
news.
Y como se ha
comprobado que en los medios digitales cobran
mayor importancia las primeras, las noticias de
inmediata actualidad, habrá que elaborar unos
textos adecuados a tal necesidad y conseguir que
el género más austero -la información, la
noticia- alcance unos niveles de calidad
lingüística comparables a los de un texto de
más envergadura porque, en la mayor parte de los
casos, ese texto y los titulares son lo único
que va a leer quien visita la página.
Así, si al
elaborar el relato informativo convencional hay
que redactar la entrada y el cuerpo de la
información pensando que van a estar en la misma
página, en la red cambia por completo el esquema
clásico: el arranque de la información va a
estar en la home y al cuerpo se llega a
través de un enlace. Y hay que tener en cuenta
que ese primer texto que inicialmente podría
parecer una entrada no responde exactamente a ese
modelo, aunque su tamaño pueda recordarlo,
porque debe tener vida propia y dar una
información satisfactoria -que, además, anime a
acceder al enlace- en muy pocas líneas.
Por lo tanto
conviene aquí hacer referencia a la
utilidad de la fórmula clásica de las 5 W=s (who,
what, where, why, when) y al llamado lead
del sumario -sobre todo para las noticias
que forman parte de la home page- y,
además, a la pirámide invertida, que ha pasado
de ser imprescindible durante décadas a
considerarse innecesaria en los últimos años y
que, como técnica, se rejuvenece ahora con los
medios on line para seguir vigente aunque
con características diferentes que se adaptan al
nuevo espacio y a su exigencia de fragmentar la
información. Pero sin que se pueda considerar
más que un pauta de trabajo que puede quedar
superada, entre otras cosas, por las
informaciones instantáneas que exigen otros
baremos informativos más ágiles.
De todas formas,
siguen siendo útiles en la pantalla las
recomendaciones para la entrada que son de uso
común en el papel: ir directamente al asunto,
emplear verbos en voz activa, utilizar un
lenguaje claro y fácil de entender, evitar las
interrogaciones y las negaciones...
En cuanto al
cuerpo de la información, existe una
ventaja evidente sobre el papel: cuando alguien
accede a él es, en general, porque ha decidido
leerlo. Y nos encontramos con que el esquema de
la pirámide invertida se divide únicamente en
dos zonas: el texto de la home y la
información completa a la que se accede a
través del enlace, que puede elaborarse o no con
los datos ordenados de mayor a menor importancia
según convenga en cada caso.
Finalmente, al
escribir el conviene tener en cuenta una serie de
normas como procurar hacer frases cortas,
utilizar habitualmente un vocabulario sencillo
pero correcto y con los términos adecuados,
recurrir a verbos en forma activa o no repetir
tópicos desgastados.
Pero otra
cuestión más interesante para el estilo que las
técnicas de trabajo es la delimitación de los
diferentes modos de escritura que, utilizados en
el contexto preciso, facilitan la
redacción adecuada de los textos
correspondientes a cada uno de los géneros.
Así, el estilo informativo que conviene a los
géneros informativos se apoya en la narración y
en la descripción de los hechos y depende de la
perfección conseguida al encadenar las frases
con precisión y sin circunloquios. Y los
condicionamientos de la pantalla aconsejan en la
información cierta cautela para acudir a otros
modos de expresión más complejos que pueden
dificultar la comprensión rápida del contenido
del mensaje.
Ante las
perspectivas cibernéticas es conveniente saber
hacer compatibles la amplitud para acoger las
novedades y la profesionalidad, que va a mantener
lo que es esencial. Y al narrar y describir hay
que conseguir, antes que ninguna otra cosa, la
brevedad correcta, el contrapunto adecuado entre
texto, imagen y sonido, si se incluyen, y la
claridad expositiva que se completa con una
tipología específica para los titulares, en
especial los de la home page, que
se apuntará en un epígrafe posterior.
2.2.
El estilo interpretativo y dialógico
El estilo es
hijo del saber, de la experiencia, del buen
juicio, del gusto y de la habilidad disciplinada.
Todo ello unido al pensamiento; mediante el
pensamiento y no mediante
fórmulas se logra la
profundidad. Es algo que no se aprende en
seis meses o en seis años, pues es algo que ya
estamos desarrollando y que seguirá en
desarrollo hasta el momento en que nos
retiremos de la profesión, siempre y cuando
escribamos con la mente, no con fórmulas
(Copple, 1970: 95). Estas
apreciaciones sobre el estilo son especialmente
válidas para la interpretación, que ahora forma
parte de la práctica diaria del periodismo pero
es un concepto que no se acuña hasta la segunda
mitad del siglo XX. Si en la década de los
cuarenta ya se hablaba en Estados Unidos
del Interpretative Reporting, en Europa
Ferdinand Terrou y otros especialistas hablaban
en 1958 del periodismo de explicación y,
al mismo tiempo, en la Universidad de Syracusa,
también en EEUU, se hablaba del reportaje en
profundidad o depth-reporting.
En cualquier
caso, e independientemente del nombre que se le
quiera dar, se trata de un modelo informativo
nuevo, de otro modo de tratar la noticia esencial
en el periodismo moderno porque la
interpretación proporciona relieve a los hechos,
los sitúa en su contexto y, por encima de todo,
revela su significado a partir de una mayor
profundidad en el análisis de las noticias.
Este modo de
ofrecer al lector los hechos completos con sus
antecedentes y sus posibles consecuencias alcanza
sus mejores momentos a partir de la pasada
década de los 70. Y hoy sigue teniendo
reconocimiento social y periodístico por su
capacidad para defender a los ciudadanos de los
intentos manipuladores de los distintos grupos de
presión o de personas concretas.
Pero en los
últimos años del siglo XX y estos primeros del
siglo XXI, puede hablarse de una nueva etapa. Y
no sólo por la revolución informativa que
suponen las redes de comunicación como Internet.
La frecuencia con que se mezclan la información
y, sobre todo, la interpretación con la
opinión, mediante una utilización sesgada del
periodismo interpretativo que puede convertirse
en un auténtico fraude a los lectores, habla
ahora de un periodismo de intereses -económicos,
políticos, ideológicos y, en definitiva, de
poder- que reclama la adhesión de las audiencias
a cualquier precio olvidando aspectos esenciales
de la ética periodística (Edo, 2003: 53).
Aunque, a la vez, hay que
destacar la importancia adquirida por
nuevas tendencias como el periodismo cívico, el
periodismo de servicio, del bienestar social o de
la calidad de vida.
Los géneros que
sirven para desarrollar esta información de
segundo nivel son la crónica y el reportaje
interpretativo y la entrevista de personalidad o
entrevista de perfil. Todos son textos cuya
dificultad al tratar de clasificarlos está en
que no se pueden definir estrictamente ni como
relato, ni como comentario porque se sitúan en
la frontera entre la información y la
solicitación de opinión. Pero aún así, deben
moverse en el ámbito del estilo informativo, y
puede ser un fraude, de cara al lector, emitir
opiniones en el transcurso de la
interpretación, sin dejar patente
que se está editorializando.
Ahora parece
evidente que el estilo rigurosamente informativo
se ha visto superado por el interpretativo que,
cuando está realizado con rigor y
profesionalidad, proporciona una visión más
completa de los hechos que componen la
actualidad. Pero también es cierto
que no se opone a él: debe ser una información
de segundo nivel, más profunda, más elaborada y
con más datos.
Y quizá ahora
sea más necesaria que nunca la interpretación,
ya que la audiencia recibe un exceso de
información, difícilmente asimilable, que
reclama un análisis más reposado y completo del
que ofrece la instantaneidad de la noticia en los
medios audiovisuales y, sobre todo, en Internet.
Pues bien,
aunque una de las tendencias más generalizadas
apunta a que la interpretación y el análisis
-e, incluso, la opinión-, encontrarán su único
refugio en los diarios editados en papel o en un
soporte de características semejantes, el modo
adecuado de ofrecer este tipo de informaciones en
la red exige utilizar las posibilidades del
reportaje, la crónica y la entrevista
hipertextuales.
Si al hablar del
estilo en la información de primer nivel nos
referíamos a la narración y a la descripción
de los hechos como modalidad casi exclusiva,
aquí hay que referirse a la exposición de
hechos y a los razonamientos a los que dan lugar
el conocimiento de los antecedentes y del
contexto de la noticia, los documentos que la
explican, las valoraciones de los expertos, las
imágenes que la muestran o los gráficos que la
desmenuzan.
Como esquema
clásico del relato interpretativo podemos
proponer tres pasos: el punto de vista inicial
desarrollado en la entrada, la exposición
lógica de los datos y una conclusión o
previsión de futuro que completa el
planteamiento del arranque. Este esbozo podría
servir, en principio, para la publicación en la
red, pero con diferentes matizaciones que vamos a
ver.
El problema se
plantea al proyectar la fragmentación del texto
y las imágenes para hacerlos accesibles mediante
los enlaces adecuados. Y la propuesta más
sencilla, de acuerdo con las posibilidades
tecnológicas de que disponen los medios en estos
momentos, puede incluir, además del texto, los
titulares y la foto de la home,
algunos de los siguientes enlaces:
1) el texto
principal, que refleja la noticia o el
acontecimiento que sirve de base al reportaje
y al que se accede, generalmente, a través
del titulo convertido en enlace,
2) los antecedentes, textuales, gráficos o
sonoros,
3) el contexto actual,
4) las reacciones y opiniones de diferentes
expertos y de los lectores,
5) análisis, valoración, propuesta de
futuro,
6) siempre que la noticia o el asunto que se
trate los permita, galería de fotos y/o un
gráfico o gráficos sucesivos,
7) vídeo con sonido de ambiente, si la
información lo admite,
8) enlaces externos relacionados con el tema,
y
9) foros, opiniones de los lectores.
Pero esta
solución, que presentada de una u otra manera,
es la que se refleja hoy, no es todavía la que
podemos esperar para el ciberespacio. Los medios,
hasta ahora han experimentado desde distintas
perspectivas esa fragmentación para el
reportaje, pero con unas pautas cercanas a los
esquemas que ha impuesto el papel. Hay que
cambiarlos. Además, las cifras de acceso y los
recuentos de páginas dicen que sólo los
gráficos interactivos -la infografía es una de
las mejores armas de Internet y un elemento clave
en el nuevo lenguaje de los medios digitales-
consiguen una respuesta cualitativamente
importante de los lectores de prensa que, en la
red, buscan leer poco y tienen prisa.
Y esto también
se aplica a las crónicas que, tal como las
entendemos en estos momentos desde la perspectiva
del lenguaje y del contenido -narración de
sucesos y exposición de datos con valoraciones
personales del periodista, que no inciden en
cuestiones de temáticas y de fondo sino en
detalles del ambiente o de las personas-, quedan
más restringidas en los medios on line
ante la claridad que aporta el esquema del
reportaje.
En cuanto a las
entrevistas, si se han realizado por correo
electrónico no es fácil que alcancen la
profundidad y la calidad de las que se hacen
personalmente si hablamos de entrevistas de
personalidad o de perfil que se apoyan en el
diálogo, porque es precisamente a través de ese
diálogo y de la observación cómo se accede al
personaje.
Pero lo que sí
se puede ajustar y preparar con calidad es el
lenguaje del texto definitivo que se va a incluir
en el site correspondiente. Además, las
que se hacen de forma plural o con la
participación de los lectores-internautas
requieren la intervención del periodista para
adaptar los textos de unos y otros a las
condiciones de la red y para actuar como filtro
que profesionaliza la presentación de las
preguntas y las respuestas.
Otra posibilidad
que ya han intentado algunos medios es ofrecer
entrevistas en vídeo, generalmente completas.
Pero la realidad es que, en estos momentos, la
baja calidad de la reproducción no sirve de
acicate para acceder así a la información,
aunque la evolución tecnológica puede convertir
en breve estas reproducciones -convenientemente
tratadas y con un montaje adecuado a la imagen-
en una modalidad más atractiva que las actuales.
Con todo, se
están probando modelos nuevos que son
interesantes y pueden tener futuro. Entre otros
se puede hablar de los que plantean las
profesoras estadounidenses Paul y Fiebich o
de las innovaciones que ofrece el argentino Clarín,
así como de los intentos de los grandes diarios
españoles -El País, El Mundo, ABC,
La Vanguardia...- por integrar texto,
sonido e imágenes mediante un diseño
estimulante y la presentación de gráficos
interactivos de calidad, sobre todo desde los
últimos meses de 2001, aunque son experiencias
que todavía no se han consolidado.
2.3.
El estilo argumentativo
El estilo de
solicitación de opinión o editorializante
pretende orientar el juicio del receptor con
cierto grado de intencionalidad en el
mensaje que ofrece el medio al mostrar la
actualidad. Y en el esquema clásico del
periodismo anglosajón responden al concepto de comment
y expresan opiniones mediante un modo de
escritura particular que es la argumentación.
Dentro de estas
coordenadas hay dos géneros con personalidad
propia: el editorial y el artículo
o comentario, que en España se llama columna.
Hay otra modalidad, que no tiene su origen en el
periodismo, pero que está estrechamente
vinculada con los cometidos típicos de la
información de actualidad: la crítica.
También se
puede hablar de un conjunto de textos que
comparecen en los medios de comunicación de una
manera que podemos considerar ocasional, que
cumplen una función que es más bien de
entretenimiento o evasión que de emisión o
solicitación de opiniones y que son la tribuna
libre, los artículos de humor, los
artículos costumbristas, los ensayos
doctrinales, los artículos de
divulgación histórica...
Tienen estos
últimos en común que no trabajan directamente
con hechos, no se unen a la tarea informativa de
transmitir datos o de opinar sobre ellos sino que
tienden a dedicarse a las ideas y deducen
consecuencias ideológicas, culturales o
filosóficas. Por este motivo y, sobre todo,
porque en los medios digitales no han llegado a
encontrar un lugar consolidado, no vamos a
tenerlos en cuenta en este trabajo.
En cualquier
caso, tanto el editorial como el
comentario, la crítica,
la tribuna libre y los artículos
se engloban en el comment anglosajón.
Pero el editorial, el suelto y el comentario,
que son rigurosamente periodísticos, suelen
estar escritos por periodistas profesionales
mientras que los demás los hacen también
personas sin una dedicación plena a las
funciones periodísticas.
Sin embargo, por
lo que se refiere a las columnas podemos
distinguir dos tipos diferentes que se encuentran
perfectamente diferenciadas en los medios de
comunicación y, de manera más precisa, en la
prensa: las de opinión y las de análisis.
Las primeras son
abiertamente opinativas y suelen estar situadas
en el espacio que se dedica de manera exclusiva a
la opinión. Y las segundas se mueven en el
terreno de la interpretación periodística por
lo que la columna de análisis tiene -o, mejor,
debería tener, porque no siempre ocurre así-
carácter informativo, a la vez que se incluyen
en el ámbito físico de la información, y en la
sección correspondiente al tema concreto que
tratan.
Las diferencias
que existen entre unas y otras y la manera más
adecuada de realizar este tipo de textos se
pueden resumir diciendo que la columna de
análisis (New Analysis) se expresa
mediante la utilización de razonamientos con
base objetiva, se mueve en el terreno de la
interpretación y el análisis y habría que
incluirla en el apartado anterior, y que la
columna de opinión (comment) argumenta
con ideas subjetivas con el fin de persuadir y
entra dentro del campo de la opinión.
Una vez
determinados los géneros de opinión, ¿cual es
la experiencia que se ha obtenido en los medios
digitales respecto a estos textos? Se puede
comprobar que hasta ahora no han llegado a los
internautas con la misma fuerza que los textos
informativos: son todavía poco digitales. Y no
sólo en el caso de los editoriales, que se
reproducen en la red tal como se publican en el
papel. Tampoco los columnistas han encontrado un
lenguaje que tire de los lectores y les anime a
formar sus opiniones en la red.
Los creadores de
opinión de los medios audiovisuales manifiestan
su ingenio desde distintos matices relacionados
con la imagen, la voz, el talento, la rápida
agudeza o el glamour personal, pero
la única arma de los columnistas en la prensa
escrita es el texto.
Palabra a
palabra, línea a línea, nos atraen o nos
disgustan, nos convencen o nos ponen en
guardia, nos divierten o nos irritan. La
perfección, la belleza, la ironía o la claridad
en el encadenamiento de las frases es el único
camino para entender su mensaje, y cuando sus
firmas se publican on line juegan con
desventaja porque leer en la pantalla resulta
bastante más incomodo que hacerlo sobre el
papel.
En estos
primeros años del periodismo digital los
lectores buscan, como ya se ha dicho,
información rápida, opinar y participar en
debates, tertulias y chats y sacar el
mayor partido posible a los servicios que cada
diario, portal, revista o página web
les ofrece para facilitarles la vida. Y parece
que los mismos periodistas y escritores que en la
prensa tradicional tienen lectores fijos y
abundantes pierden gran parte de su atractivo en
la red. En un recorrido por los periódicos
españoles de mayor difusión puede comprobarse
esta realidad y se pueden observar, también,
algunas tendencias.
Las grandes
cabeceras que se editan también en papel con
tiradas altas y que disfrutan on line
del prestigio de su marca, tienen cifras
elevadas de visitas en la red que se centran en
la home page, con toda su oferta de
información, servicios y entretenimiento y en la
información de actualidad del último momento,
que es específica de los medios digitales. Y no
ofrecen novedades, ni en el fondo ni en la forma,
en lo que se refiere a los textos de opinión.
Están redactados como los del periódico en
papel porque son los mismos, aunque algunos de
los columnistas van incluyendo su correo
electrónico para facilitar la interactividad con
los lectores.
Pero los medios
exclusivamente digitales, sin punto de referencia
en papel, siguen prácticas distintas que quieren
dar más peso a la opinión. Y aportan alguna
leve innovación en el modo de presentar los
textos -como fotos o distintos tipos de letra- o
publican textos breves de lectura rápida que van
firmados como una columna pero que tienen una
longitud más cercana a la de los sueltos. A
pesar de todo, no se puede hablar de prácticas
redaccionales distintas sino de presentaciones
diferentes.
Una de las
peculiaridades de Internet, desde el punto de
vista de la opinión está en los foros
-considerados ya como género (Armentia, 2000:
184)- y en las opiniones de los lectores, aunque
todavía no han marcado un estilo propio que se
pueda considerar estable y reconocible. Pero
siempre que exista una mediación del periodista
que profesionalice el resultado que va a aparecer
en la pantalla.
Se pueden
establecer algunas pautas comunes para unos y
otros y es posible hacer alguna previsión de
futuro:
- los
editoriales y las columnas de opinión
no se publican teniendo en cuenta la
tecnología disponible en la red, ni alcanzan
la importancia que tienen en la prensa diaria
convencional,
- no existe un criterio específico ni en
cuanto a los temas -hasta ahora todos se han
limitado a reproducir los textos de la
edición en papel o a publicar otros
semejantes en los diarios exclusivamente
digitales-, ni en cuanto al diseño adecuado,
- en casi todos los medios se comprueba que
estos artículos no son los más valorados en
cuanto a número de visitas,
- como no se aprovechan las posibilidades
gráficas ni las que ofrece el uso del
hipertexto y leer en la pantalla
es incómodo, estos textos están en
clara desventaja frente a los convencionales,
- es una facilidad adicional, exclusiva de
Internet, el acceso a los artículos
atrasados,
- el interés de los lectores aumenta cuando
pueden opinar, sobre todo si lo hacen en
tiempo real,
-en éste, como en otros aspectos del
periodismo on line, se están dando
los primeros pasos y queda mucho camino por
recorrer hasta llegar al completo
aprovechamiento de la interactividad y a la
relación directa e instantánea de los
usuarios de Internet con el periodismo y los
periodistas a través de textos, sonido e
imágenes en movimiento, cuando la
tecnología lo permita.
3.
El relato informativo en la Red
En una sociedad
como la actual, en la que
cada vez tiene más peso la
documentación, una de las novedades más útiles
que aportó desde el principio la red es, sin
duda, la posibilidad de utilizar el
hipertexto,-explicado y analizado con detalle en
otro de los capítulos de este libro- que no es
secuencial, no responde a las claves
tradicionales de la lectura, sino que se apoya en
la capacidad de la mente humana para
relacionar ideas, hechos y datos diferentes.
Así, a través
de links o enlaces incluídos en el texto
principal, se facilita el acceso a archivos
conectados entre sí que se almacenan por
separado sin sufrir las consecuencias de la falta
de espacio o de tiempo de emisión que se
producen en los medios de comunicación
tradicionales.
Tanto al leer el
periódico como al escuchar la radio o ver la
televisión, disponemos exactamente de la
información de un medio concreto en un momento
concreto. Y para recuperar la actualidad de unos
días, meses o años anteriores hay que acudir a
hemerotecas y archivos para buscar la noticia.
Pero gracias a las posibilidades de
almacenamiento y recuperación de la información
que ofrece la red, se pueden manejar a la vez los
diferentes elementos de una información.
La clave está
en dividir con criterios periodísticos todo el
conjunto noticioso y documental en
elementos más pequeños y manejables con los que
se pueda facilitar la navegación, la rapidez de
acceso -uno de los graves problemas de Internet
es todavía la lentitud- y la visualización del
texto y las imágenes que integran la consulta.
Son las
técnicas del hipertexto que, aplicadas al
multimedia, hacen compatibles el texto, las
imágenes fijas o en movimiento y los gráficos.
Y permiten sincronizar en el tiempo y en el
espacio informaciones inicialmente desconectadas
entres sí que, por la fuerza de la actualidad o
por el interés concreto del internauta, se
relacionan en ese momento.
En este marco es
el propio lector el que elige cómo quiere
enterarse del contenido que le ofrecen los
medios, el que decide la trayectoria y el orden
que quiere seguir en un mensaje, o un conjunto de
mensajes, separados en niveles -páginas web
individuales- por donde se puede navegar.
En
un primer nivel se ofrece una síntesis completa
del material disponible acerca de esa noticia,
generalmente en la home page,
y en los niveles siguientes se hace posible, para
quien lo pretenda, la posibilidad de profundizar
en los temas planteados desde aspectos muy
distintos trayendo a la pantalla diferentes
documentos escritos o audiovisuales.
Para conseguirlo
con éxito, hay que fraccionar la narración,
para volver a unirla desde varias entradas
diferentes que permitan las visitas desde todas
las perspectivas posibles: el inicio, el
desenlace, las imágenes, las voces o el sonido
ambiental, los datos numéricos, la
reconstrucción gráfica de los hechos, las
opiniones... Algunos autores recomiendan recurrir
al modelo del storyboard cinematográfico
y otros hablan, con un planteamiento
exclusivamente on line, del storytelling.
En cualquier
caso hay que añadir que aquí el diseño es
menos importante que en la prensa que estamos
acostumbrados a leer. Su influencia, según las
experiencias más recientes y las propuestas de
los diseñadores, se reduce frente al aspecto
funcional, que gana en consideración sobre lo
estético y pasa a primer plano ante la necesidad
de encontrar buenos índices que permitan
localizar con rapidez la información. Más que
ninguna otra cosa, la accesibilidad es la
condición que facilita la lectura completa.
3.1.
Estructura textual en la pantalla
La experiencia
de los últimos años muestra que, en general,
los medios on line aciertan en el
planteamiento del primer nivel, aunque quizá
recargando en exceso la home page
para exponer la oferta, más o menos completa, de
información y servicios que brinda el medio a
los lectores.
Así, esa
primera página -que todavía recuerda a la de
los periódicos y reúne todas las noticias más
importantes junto a los servicios y una larga
serie de enlaces que recorren el mapa del site
y permiten, además, visitar otras otros
relacionados-, muestra un conjunto de textos
breves que reúnen las características del
lenguaje informativo y que sintetizan los hechos
que se completan en niveles sucesivos.
Sin embargo, una
de las mayores dificultades informativas de la
portada es la falta de elementos para determinar
la importancia de las noticias. Lo que en un
periódico puede ser resaltado con un gran
titular, una gran foto o la extensión del
artículo en varias columnas, y en la radio y la
televisión enfatizado con la voz, el orden de
los titulares o la espectacularidad, en Internet
sólo se puede primar por el número e
importancia de los enlaces o por el lugar que
ocupa: las fotos que se publican en la home
son pequeñas y el ancho de los textos es igual
para todos.
Y el lugar que
ocupa sólo tiene una relevancia parcial porque
la primera noticia suele ser la más actual y, al
no poder visualizar la página completa, no se
pueden comparar los elementos que contiene si no
se recorre la página hacia abajo. Además, la
calidad de los enlaces no se conoce hasta que se
entra en ellos, con la correspondiente decepción
si sus contenidos no responden a las expectativas
que prometían.
Se ha intentado
en ocasiones un sistema que consiste en calcular
el tiempo de lectura y dar el número de minutos
aproximado para indicar la longitud del texto,
pero no puede considerarse una solución lo
suficientemente eficaz. También se podrían
añadir un antetítulo o un subtítulo, aunque la
red exige síntesis y eficacia evidente en los
titulares; o se pueden preceder los enlaces por
iconos que desvelen si vamos a encontrar texto,
documentos, fotos, gráficos o vídeos y, en
casos concretos, se puede aumentar el cuerpo de
las cabeceras. Pero ninguna de estas
posibilidades ha llegado a conseguir, por ahora,
el impacto y la eficacia de las noticias de
portada de los papers tradicionales.
3.2.
La redacción y los titulares
En cualquier
caso, la estructura titulares-entrada-enlaces es
la que en estos momentos se ajusta mejor a la
publicación de la portada en la red, y el cuerpo
de la información principal y todos los
complementos textuales, visuales y sonoros que se
puedan ofrecer se presentan en los links, que
pueden estar relacionados entre sí o ser
independientes en función de las exigencias
noticiosas. Sin olvidar que los textos on line
deben ser breves prácticamente siempre, y
conviene ceñirse al espacio de una pantalla -y,
en ningún caso pasar de tres- para no tener que
recorrerlos hacia abajo.
Si se quiere dar
más información, cualquiera que sea el formato,
hay que dividir en más enlaces el contenido del
reportaje, que es el género que mejor se adapta
a las condiciones de la red, con el criterio
claro de que no se trata de almacenar
información sino de ofrecer lo más interesante
a los lectores que, en general, no quieren perder
tiempo navegando sin rumbo.
Para redactar un
texto ciberperiodístico los baremos son
prácticamente los mismos que se han explicado
para el lenguaje informativo en los primeros
epígrafes de este capítulo. De los seis que se
nombran, hay cuatro que se mantienen
prácticamente invariables: corrección,
concisión, claridad y captar la atención del
lector. Y se añaden matices distintos en lo que
se refiere la utilización de un lenguaje mixto,
que como se ha explicado en los medios digitales
se convierte en múltiple, y en cuanto al
lenguaje de producción colectiva, que en la red
es más evidente porque se publica una gran
cantidad de textos más o menos consensuados pero
sin firmar.
Este anonimato
es en buena parte consecuencia de la
actualización constante de las noticias, que
lleva consigo la urgencia de sustituirlas o
variarlas continuamente en la redacción. Pero
también es una dificultad añadida porque la
ausencia de un autor que se responsabilice
personalmente del contenido supone, en muchas
ocasiones, una rebaja en la calidad formal del
trabajo y un posible abuso del sistema de Acortar
y pegar@ que tanto devalúa los textos digitales.
Por lo que se
refiere a los niveles en los que se puede
distribuir el conjunto de la información, hay
autores que han planteado estructuras teóricas
en capas ordenadas que presentan aspectos
interesantes. Pero no parece acertado pensar en
un esquema rígido porque los lectores van a
buscar de forma personalizada lo que les interesa
de cada cuestión y un guión único y fijo no es
lo propio para este soporte.
Es necesario
descubrir para cada acontecimiento una
presentación realista y rigurosa en los
contenidos pero imaginativa en la propuesta, que
permita leer-ver-escuchar-participar de forma
completa o parcial sin que se pierda el sentido
del relato y que permita volver al principio, al
nivel anterior o al siguiente sin ningún tipo de
dificultades.
Una vez decidido
el esquema adecuado, que incluye todos los
soportes, hay tres tipos de textos básicos
además de los que se han nombrado para la home:
los que se presentan de forma individual
mediante un enlace exclusivo -que, en la medida
de lo posible, deben ir firmados-, los textos que
acompañan gráficos o fotos que requieren
o admiten una explicación, y los pies de foto
convencionales.
Aún cuando la
pantalla admite gran cantidad de texto, hay
distintas opiniones respecto a la norma elemental
para calcular la extensión de los cibertextos y
mientras unos hablan del 50 por cien, otros
consideran que la extensión adecuada es el 25
por cien de lo que se escribiría para el papel.
Eso requiere en
el periodista dos aptitudes fundamentales: 1) una
capacidad de síntesis demostrada -es frecuente
recurrir a la condensación, que supone menos
esfuerzo- y un conocimiento del tema que facilite
la selección de las cuestiones esenciales sobre
las secundarias, y 2) un dominio del lenguaje
que, prescindiendo con eficacia de los adjetivos
irrelevantes, acierte con las palabras justas sin
desvirtuar el contenido.
Al contar las
noticias es mucho más fácil escribir un texto
largo que uno breve y certero, pero uno de los
condicionamientos de la red, como ya se ha
apuntado con cierta insistencia en este
capítulo, es la brevedad. Sin olvidar que todo
aquello que se apunta y no se puede explicar con
detalle debe ser accesible mediante los enlaces.
Por lo que se
refiere a los titulares, la primera indicación
es que lo que hasta ahora ha sido la clave de su
eficacia -tiempo presente y verbo en forma
activa- no es tan importante on line
por una circunstancia que ya hemos hecho notar:
hay que tener en cuenta que las informaciones
pueden estar disponibles en la red durante cierto
tiempo y, además, las van a leer personas que
están en zonas diferentes del planeta y con
horarios distintos.
En cualquier
caso, los titulares muestran el presente o el
pasado más inmediato y tratan de convencernos de
que ha sucedido algo importante,
interesante o, de alguna manera, atractivo.
Y, como destaca Llorenç Gomis, el titular llega
a cobrar vida propia y a resultar inteligible por
sí mismo de modo que el lector, apenas lo lee,
puede contar el hecho e incorporarlo a su
conversación. Se puede decir que establece un
perfil claro y nítido para la noticia y, a la
vez, permite que se haga de él un uso general.
El proceso es el
mismo en cualquier medio: 1) ocurre un hecho
real, 2) el titular lo sintetiza y lo comunica,
3) la información lo explica y 4) el lector lo
asimila, lo comenta y lo difunde. Y si está bien
construido sacude la actualidad y hace que la
gente hable de ese hecho incluso antes de haber
podido leer la información completa.
En cualquier
caso, también conviene en la red que el titular
sea informativo, breve y afirmativo y que
responda al esquema de una oración simple:
sujeto-verbo-complemento. Puede constar de
antetítulo, título y subtítulo, pero con
frecuencia este último elemento es más bien un
sumario que añade información sobre lo que
puede dar de sí la noticia. Y si partimos del
esquema de Emilio Alarcos, sería deseable que
fuera concentrado mejor que amplio, explícito
mejor que implícito, objetivo mejor que
comprometido y, puesto que hablamos de una
oración simple, unimembre mejor que bimembre.
3.3. Los
enlaces
El documento es
la base de todo este desarrollo argumental, el
vínculo que une contenido y estructura. Y el
fundamento que relaciona unos documentos con
otros, el eje de los modelos hipermedia, es el
enlace o, mejor, el conjunto de los enlaces.
Todos deben estar integrados en una secuencia
lógica y accesible, jerarquizada o basada en una
asociación concreta de ideas, que invite a
completar el recorrido previamente
estructurado por el periodista con
todas las facetas que se conocen hasta ese
momento del acontecimiento relatado, y con
referencias visibles al índice general y a todo
el recorrido del reportaje para poder elegir el
aspecto en el que se desea profundizar.
En este entorno,
la navegación marca el desarrollo narrativo a
través de links perfectamente visibles en
la página y se convierte en la característica
fundamental de este soporte. Gracias a esos
enlaces se puede pasar de un nodo a otro -todos
ellos en forma de ventanas-, activándolos de una
manera que resulte fácil al internauta y que
permita, en cualquier momento, volver al índice
o a la home page.
Si lo primero
que ve el lector en la página principal del
actual diario on line es un conjunto de
textos breves que recogen las noticias más
importantes y cumplen al pie de la letra las
características que hemos visto para el
periodismo escrito, sólo por medio de ese
conjunto de enlaces claramente señalados y
visibles puede entrar desde cada una de esas
noticias a otros documentos más largos que
amplían la información a la medida de sus
requerimientos.
Lo
único que tiene que hacer es seguir la pauta
marcada por ese texto inicial, cuyo titular es a
su vez un enlace que dirige al texto principal, e
ir señalando con el cursor las diferentes
posibilidades que se le ofrecen 1) en forma de
frases breves subrayadas, 2) mediante una
relación de enlaces incluida al final del texto,
o 3) con pequeñas imágenes, iconos, que
sustituyen o acompañan a las palabras y se
entienden con facilidad. Quizá se puede señalar
que la segunda modalidad -situar los enlaces al
final del texto- es la que menos interrumpe la
lectura y, por lo tanto, la más recomendable
pero también en ocasiones son útiles las otras
dos.
Y aunque para
todos resulta ya familiar el lenguaje icónico de
la pantalla del ordenador -una cámara
fotográfica en el texto indica que se puede
acceder a fotos de esa noticia, una lupa facilita
el uso del zoom, una carpeta abierta nos
habla de la apertura de documentos, unas cuantas
hojas juntas nos recuerdan que podemos copiarlos
y guardarlos, un teléfono indica el acceso a la
línea telefónica, un altavoz permite graduar el
volumen, una casa pequeña nos lleva a la home,
un monitor permite cambiar las propiedades de la
pantalla, un timón de barco representa la
entrada a uno de los navegadores de Internet, un
bote de pintura nos recuerda que podemos
modificar el color, y tantas otras cosas más que
representan acciones concretas sin utilizar
palabras sino mediante un icono cuyo significado
es universal y compatible con todos los idiomas-,
es conveniente que los enlaces sean textuales y
que si se incluye un elemento iconográfico sea
complementario y esclarecedor.
Y así, se
pueden ir recorriendo todos los aspectos de un
tema de actualidad desde el acontecimiento que
acaba de producirse hasta el conjunto de
antecedentes, personajes, imágenes, documentos
oficiales, opiniones de los protagonistas, de los
expertos en el tema o los lectores, y obtener la
mayor cantidad posible de información mediante
enlaces internos o externos, textuales o
multimedia, que sean de ida y vuelta -hay que
insistir en esto- sin tener que abandonar la
pantalla del ordenador y, ya en muchos casos, del
teléfono móvil, de un dispositivo del tipo PDA,
de un mini-ordenador o de la televisión.
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*Concha Edo es integrante del Consejo
Editorial de Sala de Prensa. Profesora titular en la Facultad de
Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.
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