Kapuscinski,
el maestro que recorrió el mundo
Raúl
Peñaranda U. *
Gabriel
García Márquez lo llamaba maestro;
John Le Carré decía de él que era un enviado
de Dios; el novelista norteamericano Paul Auster
opinaba que era el escritor más importante del
mundo; el filósofo español Fernando Savater lo
calificaba como el gran humanista
contemporáneo; en 1999 fue elegido el
mejor periodista del siglo XX; ganó el premio
Príncipe de Asturias y sus libros vendieron más
de un millón de ejemplares. Con razón era un
candidato a obtener el Nobel de literatura. Y,
sin embargo, Ryszard Kapuscinski se caracterizaba
por su modestia. A mí los grandes
reconocimientos no me quitan el sueño. Yo soy
feliz tomando un café, conversando, leyendo
poesía, dando un paseo, nos dijo a un
grupo de periodistas en un taller realizado en
Caracas el 2004 por la Fundación de Nuevo
Periodismo Iberoamericano. Y, por favor, no
me digan maestro, llámenme Ricardo.
Kapuscinski, que
murió el pasado 23 de enero en su Polonia natal
a los 74 años, es autor de una veintena de
libros que se caracterizan por una estructura
originalísima. Además, se puede decir que es el
creador de un nuevo género periodístico, mezcla
de crónica, reportaje y autobiografía, que se
ha venido a denominar el
reportaje-ensayístico.
El
reportero del siglo estudió historia
pero empezó a trabajar como periodista siendo
muy joven porque todos los redactores
habían muerto en la Segunda Guerra y fue
enviado como corresponsal de la agencia polaca
PAP a varios países del mundo entre los años
1958 y 1981, especialmente del Africa. Estuvo 18
años en ese continente, yendo y viniendo desde
Polonia, y también viajó incansablemente por
Asia y América Latina. El no concebía el
periodismo si no estaba ligado a la reportería,
a vivir en carne propia los hechos sobre los
cuales posteriormente informaría. Era tan osado,
siempre en la línea de avanzada, que estuvo
varias veces ante el riesgo inminente de morir:
fue perseguido por guerrilleros en el Congo,
rociado con gasolina para ser quemado vivo en
Nigeria, encarcelado y mandado a ejecutar en
Burundi, contagiado de viruela, atacado por una
cobra, picado por un escorpión. En una ocasión
fue testigo de la muerte de inanición de un
poblado africano íntegro y en otra le silbaron
las balas encima de la cabeza en la guerra entre
Honduras y El Salvador.
Cubrió 27
revoluciones y decenas de guerras en 12 países
de Africa, Asia y América Latina. Un periodista
mexicano contabilizó que había dado
conferencias en 36 países distintos solamente el
año 2000.
Sus
libros
Su primer libro
de importancia internacional fue El
emperador, escrito en 1978, sobre la caída
de Haile Selassie, el emperador de Etiopía que
había gobernado entre 1930 y 1974. Este texto es
una descripción irónica y a la vez aguda del
poder omnipotente que tenía Selassie en su país
y que nos lo dice Kapuscinski se
hacía llamar también León triunfador de
la tribu de Judá, Elegido de
Dios o Rey de reyes.
En 1987 publicó
El Sha o la desmesura del poder, en
el que se relatan las características del
régimen despótico del Sha Reza Pahlevi y el
posterior ascenso al poder del Ayatolah Jomeini.
La estructura del libro es muy original, luego
copiada por otros periodistas en diversos
reportajes. En El Sha
Kapuscinski relata que está en su habitación de
su hotel, el día que deja Teherán, y menciona
todo lo que está sobre la cama: fotografías,
recortes de periódico, notas, cartas. Al
describir uno a uno estos elementos a lo largo
del libro lleva al lector de la mano por la
historia contemporánea de Irán, los excesos del
régimen del Sha y la llegada al poder de los
integristas islámicos.
La guerra
del fútbol y otros reportajes se publicó
en 1992. Presenta una compilación de magistrales
reportajes y crónicas escritas en diversos
países, empezando por el texto que escribió
luego de que Honduras y El Salvador tuvieron una
breve conflagración bélica provocada por un
partido de fútbol entre sus dos selecciones.
Al año
siguiente se publicó Imperio, una
visión panorámica y a la vez de detalle, una
mirada global y al mismo tiempo particular de la
vida de la ex Unión Soviética. El libro arranca
con el primer contacto de Kapuscinski con el
imperio: tenía siete años cuando el
NKVD la policía antirepresiva del
régimen llegó a su ciudad natal, Pinsk, y
detuvo a los miembros de la resistencia. Uno de
los apresados y luego asesinados fue su padre.
En 1998
apareció su afamado libro Ébano, un
magistral repaso, personal y profundo, íntimo y
erudito, del Africa que el conoció en sus largas
estadías y viajes. Se dice de ese libro que no
hay diplomático de país occidental que viaje a
ese continente sin leerlo previamente.
Más
recientemente han sido publicados Los cinco
sentidos del periodista, editado por la
Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano,
que lo trajo tres veces a América Latina a
dictar talleres con periodistas, y Los
cínicos no sirven para este oficio, una
defensa radical de la ética periodística.
Un buen periodista debe ser primero una
buena persona, le gustaba decir.
El
Nobel no me sirve
Y si bien
escribió sobre el Sha o el emperador de Etiopía
y fue testigo de revoluciones y guerras, lo que
más le gustaba hacer a Kapuscinski era hablar de
la gente común, del vecino anónimo de una
remota ciudad ganesa o un poblado hondureño. Y
decía sentirse mucho más cómodo en el Tercer
Mundo, donde todo tiene más sentido, donde
todavía existe la esperanza y la amistad
genuina. Podía pasar años sin volver a
Polonia con tal de estar entre latinoamericanos o
africanos.
Cuando lo
conocimos en Caracas el 2004, además de su
proverbial modestia, nos llamaron la atención
sus pies pequeños, sus caderas estrechas, su
baja estatura, su cabello canoso y ralo. Ese era
el hombre que había influido a generaciones de
periodistas, enfrentado a la muerte cara a cara y
nuevamente mencionado para el Nobel de ese año.
En una de nuestras conversaciones le comenté la
posibilidad de que se lo entregaran. Tengo
72 años, me dijo. He vivido intensamente y me
las he ingeniado para ser feliz. ¿Tú crees que
el Nobel me serviría de algo?.
* Raúl
Peñaranda U. es
periodista boliviano, director del semanario La Epoca y colaborador de SdP. Fue director-fundador del semanario Nueva Economía. Trabajó en las agencias AP y ANSA y
en los diarios Ultima Hora y La
Razón.
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