Ryszard
Kapuscinski: el enfoque histórico
Invitado por el Centro
de Estudios Internacionales de El
Colegio de México, Ryszard Kapuscinski
dictó una conferencia sobre los problemas de
África en 1978. Alberto Dallal, entonces
director de publicaciones de esa
institución, aprovechó la oportunidad para
realizar una entrevista que poco después se
publicó en el Boletín de El Colegio de
México. Este texto fue cedido originalmente
al semanario mexicano Proceso, y SdP
publica fragmentos de esa conversación con
permiso de su editor de la sección
internacional.
Alberto
Dallal
Quisiera
saber cómo entraste al ejercicio de la labor
periodística y porqué te atrajo hacer
reportajes.
Empecé
haciendo poesía. Aún estudiaba secundaria
cuando escribí algunos versos y los envié a un
periódico local. Para mi gran sorpresa, en la
siguiente semana encontré mis versos publicados.
Naturalmente, la publicación llegó a manos de
mi maestro de literatura y así me convertí en
el poeta de la escuela. Más tarde ingresé en la
Universidad para estudiar literatura y comencé a
colaborar de manera más constante en la prensa.
Al terminar mis estudios empecé a trabajar en la
redacción.
Tras
algunos años dejé de escribir poesía porque
(como le ocurre a muchos jóvenes) empecé a
escribir reportajes. Empecé haciendo reportajes
sobre mi país y edité un libro con ellos que se
titula La selva a la polaca. En esa misma
época empezaron a ocurrir cosas interesantes en
el mundo, principalmente en África y Asia, pues
fueron los años de la liberación de los países
de esos continentes. Entonces un periódico me
envió para cubrir tales acontecimientos.
En esos
tiempos en Polonia se sabía muy poco sobre lo
que pasaba en estos continentes. Prácticamente
me especialicé en los asuntos de los países del
Tercer Mundo y mis reportajes comenzaron
publicarse como libros; algunos de ellos
empezaron a traducirse a otros idiomas y ahora
trabajo, no tanto en el periodismo corriente,
sino tratando de dedicarme a escribir libros más
serios, más duraderos.
Aprovecho
mis viajes como periodista para escribir textos
reflexivos, reportajes literarios, que no cubran
los acontecimientos actuales superficialmente,
sino que penetren en los problemas sociales y
psicológicos, en la mentalidad de estos pueblos
que frecuento, para ofrecer algo claro al lector.
Me considero un traductor de estas realidades.
Escribo para un lector que acaso atiende por
primera vez los problemas de este mundo tan
amplio y quiere entender algo, pero sabe que a
través de la prensa es muy difícil. La prensa
transmite mucha información, pero tan
superficial que no explica lo que está
pasando.
Para
realizar tu tarea, supongo que también debes
combinar la investigación con la visita a los
sitios neurálgicos. ¿Has desarrollado una
técnica de investigación a través de todos
estos trabajos? ¿En qué consistiría y, cómo
escoges los sitios que visitas?
Hice
estudios de literatura y de historia en la
Universidad de Varsovia, pero mi enfoque de los
problemas es más bien histórico. Hasta donde el
tiempo lo permite, intento prepararme antes de
visitar un país. Estudio siempre y trabajo
bastante. En mi apartamento en Varsovia tengo una
gran biblioteca sobre un gran número de países,
principalmente sobre países del Tercer Mundo.
Siempre llevo libros en mis viajes. En mi maleta
tengo siempre una camisa y libros. Trato de leer
mucho porque uno no debe escribir cosas que ya
están escritas. Hay que buscar nuevos enfoques,
nuevas maneras de expresarse y nuevas cosas qué
decir. Por tanto, hay que conocer lo que se ha
escrito hasta hoy. Leer tanto como sea posible.
Es un trabajo enorme, más o menos de gabinete,
pero viajo mucho entrevistando a la gente,
buscando los materiales, tratando de conocer de
cerca la realidad.
Soy un
periodista viajero. A veces me buscan desde la
redacción de mi periódico y me he ido con los
nómadas del Sahara, o a vivir con la gente en la
selva africana. Es la mejor manera de conocer y
entender, de identificarse con la gente, con su
manera de ver el mundo. Asimismo, he ido a
lugares donde hay guerra, y algunas personas me
preguntan cómo es posible que me haya encontrado
en tal lugar o en tal otro.
Eso es
sobre todo cuestión de experiencia. Cuando uno
conoce esos países de cerca, más o menos puede
prevenir lo que va a pasar. Entonces, trato de
encontrarme allí antes de que se den los
acontecimientos, o bien espero hasta que las
condiciones están maduras. No siempre se logra
esa coordinación entre viaje y acontecimiento,
pero es lo que trato de hacer siempre.
Esto
quiere decir que has desarrollado una gran
sensibilidad periodística y política. Percibes
la marcha, el devenir de los acontecimientos.
¿Cuáles son tus fuentes de información?
¿Cuántas veces te has visto en situaciones de
peligro?
Un
periodista tiene que ser sensible a los
acontecimientos porque el acontecimiento es
nuestro pan, nuestra vida. Un periodista debe
tener sensibilidad porque de otra manera tendría
que cambiar de profesión y hacer otra cosa. Y
hay que tener un poco de suerte en todo esto. En
alguno de mis libros escribí una historia.
Estaba en África. Viajaba en carro de Nigeria a
Ghana. Por casualidad me encontré allí en el
momento en que estalló el golpe de estado y me
detuve en esa República para cubrirlo. Eso fue
suerte, pura suerte de periodista.
En cuanto
a los medios para saber lo que está
pasando
En primer lugar, tengo un gran
archivo en mi casa. Saco noticias de periódicos
de todo el mundo, artículos, y los reúno en ese
archivo. Todo está en mi archivo.
También
tengo comunicación con nuestra agencia noticiosa
en Polonia. De allí me llaman, me informan. A
veces tengo que salir de Polonia el mismo día en
que se desató un acontecimiento. Hay que
apresurarse y llegar al lugar lo antes posible,
lo que no es fácil porque se pone todo tipo de
obstáculos al periodista. Los corresponsales no
son bienvenidos cuando hay una situación de
crisis aguda. No se quiere que lleguen al lugar
de los hechos. Pero, entonces, cómo se enterará
el mundo de lo que sucede. Por ejemplo, en la
República de Burundi, en el centro de África,
hubo en 1975 una gran guerra civil que terminó
en la mantanza del veinte por ciento de la
población. Una de las grandes matanzas en el
mundo contemporáneo. Esa república estaba
cerrada para los corresponsales. Nadie podía
entrar y el mundo prácticamente no sabía nada
de lo que estaba pasando.
Para
nosotros no es sólo un afán periodístico sino
un deber moral el cubrir el acontecimiento para
luego decir a la opinión pública lo que pasa en
realidad. Y nuestras informaciones pueden influir
sobre los acontecimientos, pueden generar
presión de la opinión pública mundial para que
se salven más vidas y más bienes.
En cuanto
a lo peligroso de nuestra profesión, debo
decirte Acaba de publicarse, en Polonia, un libro
sobre mis actividades. Debe decirte que he estado
cuatro veces frente al pelotón de fusilamiento y
por pura casualidad me he salvado. (
)
Cuando
trabajas en otro país, ¿envías noticias
constantemente? ¿Son éstas producto de tus
observaciones aunque sean cortas? ¿Qué
periódico en Polonia recibe estos materiales?
Trabajo
como corresponsal de la agencia polaca de prensa.
Además, este tipo de viajes son muy costosos y
un periódico que se ocupa de asuntos culturales,
literarios, no tiene dinero para cubrir estos
gastos. Por eso viajo como corresponsal de una
agencia noticiosa. En realidad también trabajo
para una revista cultural que se llama Cultura,
la revista más importante de Polonia en su
especialidad. Cubre asuntos culturales: la
literatura, el arte en Polonia.
Al
regresar al país me dedico a escribir una serie
de reportajes que publico en esta revista y que
ya no son reportajes sobre los acontecimientos
corrientes sino reflexiones, impresiones, textos
más bien literarios. Después aparecen en forma
de libro. Estos reportajes han recibido varios
premios. Por mi libro sobre Angola recibí el
Premio Internacional de Periodismo de Helsinki,
el Premio Nacional de Literatura y el Premio del
Ministerio de Cultura y de Arte de Polonia.
Además he obtenido premios para los reportajes
que escribí más tarde y que aparecieron ya como
libros.
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