Perú:
Cultura chicha y comunicación masiva
Juan
Gargurevich Regal *
Introducción
La
llamada cultura "chicha", en sus formas
de comunicación masiva, se presenta en la prensa
como un conjunto abigarrado de primeras páginas
muy coloridas -con fotos audaces- que cuelgan de
los kioskos de venta y que difieren de manera
tosca de sus homólogos formales, tanto en el
diseño como en la temática noticiosa. En la
radio en la banda de AM vociferando convocatorias
a espectáculos populares u ofreciendo pócimas
para el amor eterno. En la televisión con
espectaculares "talk-shows" de
temáticas sorprendentes. Son, en conjunto, la
expresión actual del sensacionalismo peruano que
conforma lo que es probablemente un fenómeno de
cultura de masas único en el Continente y que
parece estar llegando a extremos máximos de
expresión al circular, desde hace pocas semanas,
el primer diario pornográfico.
En una
confusión ya corriente se suele criticar a estas
versiones del periodismo con generalizaciones
abusivas, sin caer en la cuenta que se trata de
expresiones periodísticas que tienen como fin
principal el entretenimiento, la diversión, no
el interés informativo -que viene a ser
secundario.
Este periodismo
de entretenimiento apela sin embargo a las
convenciones de protección de libertad de
expresión que se concede a sus homólogos que
practican el periodismo de responsabilidad social
aunque sin descuidar que, al final, deben
respetar las reglas del mercado.
La complejidad
del tema exige una aproximación
interdisciplinaria pues un solo ángulo no daría
una visión adecuada. Primero en lo relativo a la
historia de los medios pues, como veremos, el
tabloidismo chichero encuentra espacios en radio,
prensa y televisión; luego en el lenguaje, por
sus características tan conocidas. En la
cultura, un terreno más difícil que podría
hacernos avanzar hacia los terrenos de las
mentalidades. Igualmente la ética y la
deontología del oficio de comunicador social;
las formas gráficas. Al final deberá examinarse
la invasión creciente de los antiguos espacios
privados que comienzan a desaparecer para hacerse
más públicos que nunca.
La
cultura chicha
La primera
noción de la palabra "chicha" se
adquiere con el diccionario donde figura como
bebida, nombrada así originalmente por los
indios cuna de Panamá y llegada al Perú en
tiempos ignotos. Es una popular bebida hecha de
maíz. Habría que investigar en profundidad
cómo se produjo ese traslado del nombre de la
bebida serrana por excelencia a la música
tropical-andina, esa mezcla de cumbia con huayno
que alguien bautizó quizá con intención
peyorativa y sin imaginar la fortuna de la
denominación.
Y es que debe
advertirse que "lo chicha" sugiere
también lo ordinario, corriente, perteneciente
al vulgo, a la gente "maleada",
"achorada". Cuando ya el vocablo
pertenecía a la música se le calificó como
"fenómeno cultural" convirtiéndose en
objeto de estudio atento por científicos
sociales, y en particular por los observadores de
las mentalidades (conductas y pensamientos
comunes de una comunidad, en definición
mínima).
Poco a poco, lo
que fue vocablo despectivo ha llegado a ser
timbre de orgullo, por lo menos en lo que a
música se refiere. La prensa amarilla ha tardado
en reconocerse como oriunda de esa zona y más
todavía la radio y la televisión.
Historia
mínima de la prensa
El interés
popular por noticias relativa a hechos violentos
es tan antiguo como el periodismo mismo, tanto
manuscrito como impreso, como ha sido demostrado
por muchos historiadores. Viejas
"Relaciones" españolas, "News
Relations" inglesas y versiones parecidas en
otros países, contaron en detalle sucesos de
masacres en batallas, descripciones de
ejecuciones, relatos minuciosos de crímenes,
etc. comprobándose así que el interés por la
noticia "sensacional", la nueva que
estremece y emociona, es incluso más viejo que
el periodismo ya convertido en práctica
sistemática.
En su desarrollo
histórico, el periodismo encontró rutas que lo
condujeron finamente a la utilidad, al beneficio
social de la información pero también aprendió
a proporcionar una mejor cobertura de aquella
zona que nunca abandonó, esto es, las temáticas
de crímenes, historias teñidas de sexo, relatos
de violencia, la trilogía clásica y clave para
comprender a parte del periodismo de hoy.
El origen
moderno del periodismo sensacionalista suele ser
reconocido en el desarrollo de la prensa de bajo
precio que tuvo sus primeras expresiones en los
Estados Unidos (la célebre "penny
press") y en Inglaterra y Francia. Fue en
estos países, en sus grandes ciudades que
surgieron las condiciones económicas,
demográficas y técnicas que hicieron posible un
diarismo de nuevo tipo que evolucionaba de lo
Doctrinal a lo Partidario hacia lo Comercial.
Este nuevo
periodismo masivo enfrentado a la necesidad de
captar más compradores propuso formas novedosas
de trabajar, como por ejemplo, enfocar el
interés en asuntos que hasta entonces habían
sido considerados irrelevantes tales como la vida
cotidiana en las crecientes urbes
industrializadas cuyo crecimiento traía
bienestar y violencia. Las noticias adquirieron
así nuevas dimensiones y costos pues lo que
llamaban "un buen crimen" era una
novedad que podría hacer vender más
periódicos.
Esta cínica
visión del oficio abrió una brecha que ya no ha
sido posible cerrar. Una división que se
dramatizaría más tarde cuando los magnates de
la prensa neoyorkina Joseph Pulitzetr y William
Randolph Hearst protagonizaron la primera de las
grandes guerras de diarios estadounidenses, a
fines del siglo pasado. Allí, en la dinámica
gigante Nueva York nació la Prensa Amarilla
("Yellow press") aquella que aprendió
a quebrar la convención que indica que el
periodismo no debe mentir.
A partir de
entonces la prensa tiene ya configurados dos
modelos básicos de diarios: el llamado Serio,
formal, que suele tener gran formato
("standard") que busca informar sobre
lo relevante y aspira a influir en la formación
de opinión pública y el otro, Sensacionalista,
que aprovecha las ventajas del liberalismo
comercial para explotar la zona de interés por
crímenes, sexo y violencia.
La evolución de
la prensa peruana es obviamente distinta pues
cuando las masas transformaban Nueva York,
París, Londres, los caudillos militares peruanos
se disputaban el poder apoyados por un pequeña
prensa casi carente de noticias, banal y con
frecuencia soez, que no merecería siquiera ser
calificada de "amarilla" por su
irrelevancia. Recién pasado el medio siglo XIX
se perfilan los futuros grandes diarios cuando,
por ejemplo, se convoca opinión pública en Lima
para afrontar el ataque español de 1866 o cuando
la Guerra del Pacìfico en 1879 sorprende a los
periódicos y deben improvisar corresponsales de
guerra. Serán las primeras grandes noticias.
La cronología
del periodismo tabloide, que nos parece relevante
en términos de propuesta y desarrollo
histórico, será así en el Perú:
1912 - "La
Crónica" de Manuel Moral;
1930 -
"Libertad", de Francisco Loayza;
1950 -
"Ultima Hora", de Pedro Beltrán;
1968 -
"Ojo", de Lus Banchero Rossi
1984 - "El
Popular", de Guillermo Thorndike
El modelo
"tabloide" (formato pequeño, titulares
grandes con frecuencia exagerados) nació con
"La Crónica" en 1912 en imitación,
con evidentes limitaciones criollas, de los
famosos diarios de los países el Norte. Tuvo en
su favor que a los pocos días de fundado se
produjo del hundimiento del "Titanic",
lo que le dio oportunidad para desplegar los más
grandes titulares que les permitía tecnología
de entonces. Pero faltaba algo sustantivo para
parecerse a sus homologos neoyorkinos: los
grandes públicos.
Los diarios
limeños se asoman a las masas recién en 1930
cuando luego de la caída del dictador civil
Augusto B. Leguía se cancela un tipo de
periodismo y se abren espacios para periódicos
de gran violencia polìtica, como
"Libertad" de Francisco Loayza, que
llegó a los cien mil ejemplares en sus mejores
días de denuncia de los excesos del régimen
derrocado.
Los antecedentes
reales del tabloidismo peruano están recién en
"Ultima Hora", diario vespertino
fundado por Pedro Beltrán con modelo
periodístico diseñado por Raúl Villarán, con
enorme éxito., Circuló desde enero de 1950 pero
fue a fines de ese año cuando logró el despegue
hacia las más altas ventas del periodismo
peruano con el célebre titular "Chinos como
cancha en el paralelo 38".
"Ultima
Hora" había encontrado por fin las
condiciones ideales para su nacimiento como
diario de gran venta debido a que una incesante
migración andina había convertido a Lima en un
ciudad en crecimiento en la que la vieja
"cultura criolla" era arrinconada por
una pujante, dinámica, presencia provinciana que
sentó las bases de una nueva mentalidad limeña
popular.
Uno de estos
ingredientes fue el lenguaje, el uso de la jerga
o replana al que nos referiremos con algún
detalle más adelante.
El mismo Raul
Villarán diseñó "Correo" primero y
"Ojo" después, buscando fórmulas de
éxito que logró con el último, un tabloide en
el amplio sentido del término. Proponía la
concisión casi telegráfica, el "interés
humano" muy exacerbado, amplios espacios
para el fútbol.
El desarrollo de
los medios informativos fue interrumpido por las
propuestas de la "Revolución de las
FF.AA." episodio político peruano que
abarcó doce años. Recién después de 1980 se
reanudaron las nuevas propuestas, como el
"Diario Marka" en 1980 y "La
República" en 1981. Fue esta empresa la que
editó "El Popular", tabloide, el
primero en usar mucho color, noticias poco
relevantes, y que avanzó muy rápido hacia las
formas que conocemos hoy. Su propuesta fue
recogida cuando se acentuó la crisis de la
prensa frente al avance incontenible de la
televisión, la que también obligó al cambio
drástico de los formatos de la radiodifusión.
Desde mediados
de la década pasada el rostro de los medios
masivos peruanos cambió así drásticamente
acompañando a fenómenos sociales tan
importantes como la llamada "Cultura
chicha".
El
lenguaje en el periodismo criollo
Hasta aquel día
de 1950 el lenguaje aceptado en las redacciones
era el que se expresa en lo que la Academia de la
Lengua llama Norma Culta. Es el apego estricto a
las normas y convenciones del idioma que hace
posible, mediante la homogeneización, la
búsqueda de comprensión por todos de los textos
noticiosos. Pero se comprobaría después que
esto no era lo adecuado para importantes sectores
de peruanos que fueron ganados a la lectura con
el uso de la jerga o replana.
Aquel título
sobre la presencia del ejército de China Roja en
Corea, "chinos como cancha", provocó
gran impresión en un sector de limeños pero
grandes sectores, quizá la mayoría, los que
utilizaban ya aquella jerga en la coloquialidad
se sintió comprendida, acompañada, unida
finalmente a la vida citadina pues había un
diario que recogía lo que pasaba más acá de la
agobiante discusión política, de las sombras
proyectivas de los expertos en economía, de las
desgracias internacionales, etc.
Porque debe
añadirse que el vespertino añadía a su
liberalismo lingüístico un ejercicio de
valoración noticiosa que tenía que ver más con
percepciones totalmente populares (mùsica,
artistas, romances, deportes, milagros,
prodigios, dramas de la vida real, etc.) que con
noticias consideradas relevantes por los otros.
La otra prensa.
"Ultima
Hora" tenía redactores muy jóvenes que
habían recogido el lenguaje coloquial de la
calle, de los colegiales, los ambulantes que
comenzaban a instalarse, de los recién llegados
a La Parada -zona obligada de tránsito para
asentarse en la urbe. En ese tiempo un joven
estudiante de Derecho, José Bonilla Amado,
estuvo recluido por razones políticas en la
antigua Cárcel de la avenida Wilson. Allí, con
la ayuda de conocidos delincuentes (como el
famoso José D´Unián, alias "Tatán")
redactó sus primeros textos sobre el lenguaje de
los delincuentes, la "jerga del hampa",
que luego convirtió en su tesis para graduarse
de abogado.
El texto de
Bonilla se sumaba por supuesto a trabajos
reconocidos de José Benvenutto, Pedro Paz
Soldán, y una multitud más y en especial
españoles. Trabajos posteriores entre los que
destacan los de Martha Hildebrandt, Alberto Tauro
del Pino, Miguel Angel Ugarte Chamorro abrieron
el panorama sobre los peruanismos en el idioma.
Pero más sugerente para nuestra visión resultó
la útil recopilación de Bendezú sobre lo que
llamó "jerga criolla" debido a que
también acudió a los delincuentes para conocer
de cerca ese vocabulario que busca encriptar
significados y cambia y se renueva
incesantemente.
En suma, los
nuevos periodistas hacían lo que querían con el
lenguaje, echando mano de todo aquello que
pudiera servirles para mejorar su descripción o
efecto deseado. Y si el titular podía contener
humor, mejor todavía.
En ese mezcla de
castellano mal hablado, jerga, nuevas voces,
humor, préstamos de jergas de otros
países,"Ultima Hora" se ganó su
espacio propio en la historia del periodismo.
Citemos por ejemplo "Con
Piscolabis/pisqueños darán /serena a
pueblo", "Depuración de
firmas/acabará ipso pucho",
"Canasteras tromes/vienen a mover/la
redonda: noviembre", "Enjaulan
muchacho/que es trome en chantajes",
"Vela verde dijo mosco/ Del Prado a
Ledesma", "Se dijeron zamba canuta/en
congreso indio". Y en términos de humor
pícaro podríamos citar el referido a una
conocida vedette casada con un baterista:
"Llegó Tongolole/con el que le toca el
bongó"
Y así entre
tropos, barbarismos, neologismos y todas aquellas
formas idiomáticas que manejan los linguistas,
el tabloidismo criollo terminó proporcionando su
forma absolutamente peruana de ofrecer noticias
sentando bases seguras para el periodismo chicha
de hoy.
Pocos son los
peruanos que no manejan esta especie de clave y
para comprobarle proponemos la frase siguiente,
recogida en una cantina limeña por el periodista
David Hidalgo: "¡Mozarela: un par de
cerbatanas bien helenas pero antes un trapecio
andino para limpiar la mesopotamia!".
Los diarios
Chicha deben estar al tanto de las nuevas
expresiones so pena de retrasarse y perder el
paso de sintonía con las nuevas generaciones de
compradores. Poco ha cambiado desde aquellos
años 50, salvo las voces ligadas a las recientes
tecnologías y al mayor conocimiento del inglés
("se me borró el caset" por perder el
concimiento); la televisión también influye sin
duda en la ampliación del vocabulario chicha.
El distinguido
lingüista Enrique Carrión, fue enfático cuando
se le preguntó si esta jerga alteraba el
lenguaje: "Mi opinión es que la jerga
enriquece nuestro lenguaje, porque multiplica las
dimensiones de la creatividad, vulnerando los
patrones establecidos. Es un signo del ingenio de
la gente y eso es bueno porque el ser humano
demuestra que no es un simple cumplidor de un
ritual ya trazado".
La
televisión chicha
Los
norteamericanos la llamaron "televisión
tabloide" desde que los programas "talk
shows" del precursor Phil Donahue y luego el
escandaloso Jerry Springer causaron sensación y
acaparon sintonías en los Estados Unidos.
También TV Basura ("trashy reality
television") y otros términos que
evidencian la actitud severamente crítica de
sectores de ese país.
La analogía con
los "tabloides" se debe a la temática
de los progranas, al estilo aquel de romper la
barrera de lo informativo para trasladarse al
puro terreno del entretenimiento introduciendo a
las celebridades en una zona que describiremos
sencillamente como "tabloide".
"Estamos en la Década Tabloide"
editorializó la revista Vanity Fair, recordando
los casos de O.J. Simpson, Pamela Anderson, John
Wayne Bobbit, Tonya Harding, Huh Grant y, por
supuesto, Clinton y Monica Lewinsky.
¿Cuándo nació
esta variante de la televisión? Recogemos un
"Manifiesto contra la telebasura", que
incluye definiciones útiles: " El término
viene dando nombre, desde la década pasada,a una
forma de hacer televisión caracterizada por
explotar el morbo, el sensacionalismo y el
escándalo como palancas de atracción de la
audiencia".
"La
telebasura se define por los asuntos que aborda,
por los personajes que exhibe y coloca en primer
plano, y, sobre todo, por el enfoque
distorsionado al que recurre para tratar dichos
asuntos y personajes".
Buscando
sintonía, lugar en los ratings o medidas de
teleaudiencia, no se dudó en Lima en abrir
espacios para la televisión "basura"
que pronto pasó a parecerse mucho a la prensa
chicha incluso interactuando, retroalimentándose
con ella pues los personajes centrales de ambos
suelen ser los mismos.
Esta TV-.Chicha
peruana ofrece tres variantes: la primera es la
de programas de chismes, historias de famosos,
personajes de mundo rosa, donde destaca
actualmente la periodista Magaly Medina. La
segunda, los conocidos De Conversación o en su
título original de "talk shows" que es
lo que se usa comúmente y tiene su mejor
exponente en la abogada Laura Bozzo, reuniendo
entre ambas los más altos niveles de sintonía.
La tercera es la que ofrecen noticieros que se
inclinan a la crónica policial en
sensacionalismo franco; es el caso de "90
Segundos" que dedica largos minutos y
escenas a hechos violentos y escandalosos.
(No debe
ignorarse la presencia en Internet de periodismo
amarillo de escándalo. El más conocido es Matt
Drudge quien difundió el caso
Clinton-.Lewinsky).
La información
policial exagerada comenzó a cultivarse de
manera sistemática en el Canal 2 y desde hace
una veintena de años, debido, en parte, a la
influencia de un periodista que impuso un
tratamiento de corte sensacionalista al segmento
noticioso. Fue el tiempo en que comenzaron a
mostrarse cadáveres en la pantalla y a una
agitada reportera que perseguía a sus
entrevistados con tenacidad pocas veces vista.
La historia de
los talk shows ha sido relatada por José Luis
Vargas en un magnifico trabajo de Tesis sobre el
tema. Allí vemos que no han pasado más de diez
años desde que Jaime Baily inauguró
"1900" en Canal 4, en 1989 -aunque hubo
un antecedente en el programa de Jorge Henderson
"Tal Cual" en 1993 que fue abandonado.
Vargas elaboró
una lista de temas de talk-shows de la que
ofrecemos sólo una muestra y que nos releva, nos
parece, de mayores comentarios sobre su calidad:
"Abandoné a mi hijo", "No creo en
los hombres", "Me inicié en un
prostíbulo", "Mi padre me
violó", "Me acosan sexualmente",
"Maridos borrachos", "Mi marido me
hizo abortar", "Madres
prostitutas", "Soy la tetona del
barrio", ""El mundo de los
enanos", "Le pego a mi marido",
"Arruiné mi vida por él",
"Adictos al sexo", "No te metas
con mi hermana", "Me averguenzo de mi
madre", etc.
Pero hay una
visión favorable de estos programas. Una
encuesta reveló que quienes aceptaban ser
espectadores regulares de los talks shows tenían
argumentos de peso para su elección. Las
variables ofrecidas por los encuestadores fueron
:
-Presentan casos
de la vida real;
-Dan soluciones
a determinados problemas personales;
-Los temas/casos
que presentan son interesantes;
-Te enteras de
los casos que les suceden a las personas;
-Son programas
divertidos.
Las cifras
fueron favorables a las dos primeras en todos los
niveles socioeconómicos, sexos y edades
trabajadas.
En los Estados
Unidos también los defienden: "Decir que
los talk shows degradan a Estados Unidos y van a
convertirlos en Sodoma y Gomorra es otra falsedad
(
) Ningún país se corrompe por una cosa
semejante. Al fin y al cabo sólo son emisiones
de televisión" dijo Joe Franklin, uno de
los fundadores del estilo. Y agregó "los
norteamericanos no son así, no hay que
angustiarse".
La
ignorada banda de AM
La radio, como
sabemos, nació en el Perú en 1925 en la única
banda que existía, la de "Amplitud
Modulada" o AM, que va de los 550 a los 1600
kilociclos. Allí, en ese espacio se desarrolló
la radiodifusión nacional primero como un
monopolio de la empresa inglesa Marconi Wireless
y después como un conjunto de empresas
comerciales comunes cuyo número aumentó hasta
saturar el dial con más de treinta emisoras.
La programación
se hizo buscando públicos citadinos,
consumidores criollos, ignorando a los auditorios
andinos que fueron, por así decirlo,
descubiertos recién en 1950 por el diario
"Ultima Hora". Poco después, Radio
"El Sol" inauguró la era de los
programas folklóricos con "El Sol en los
Andes" dirigido por Luis Pizarro Cerrón. A
la vez se abrió así un espacio distinto,
"popular", que evolucionaría de
acuerdo a condiciones históricas particulares .
Pero por años, lo andino folklórico estuvo
desterrado a los horarios de la madrugada, entre
las tres y las siete de la mañana.
La banda de FM
fue inaugurada en 1960 por la emisora
"Stereo Lima 100" y tardó varios años
en desarrollarse debido a la necesidad de cambiar
los receptores, un proceso que fue lento y que
tuvo como característica la distinción de la AM
en formato de programación. Mientras que las
emisoras de AM debieron casi desesperadamente
buscar formatos nuevos para defenderse de la
crisis ocasionada por la presencia de la
televisión, la FM, en cambio, planteó desde su
nacimiento el esquema de "radio-disco",
con mucha música y pocos avisos comerciales. En
la década de los años 70 la diferencia era
enorme.
En los años 80,
ya afirmadas las distancias, varias emisoras de
AM dedicaban su programación completa a la
música andina (la empresa pionera fue Radio
Inca, 1470 Kc, fundada en 1951, como emisora
campesina. En su desarrollo de corte popular era
inevitable que se encontraran con la música
chicha y fue así como luego de su mudanza a los
540 Kc decidió que la programación completa, 24
horas, fuera "chicha". En 1985 estaban
allí todos: Los Shapis, Viko y su Grupo Karicia,
Los Solitarios, Pintura Roja, Los Eclipses,
Guinda, Maravilla, etc.
Al cambio
también llegó Radio Moderna, "Radio
Papá", fundada en 1977 en los 930 Kc, que
propuso un noticiero radioteatralizado llamado
"Lo bueno, lo malo y lo feo de la
noticia" que alcanzó enorme popularidad.
Años más tarde, Radio Excelsior alcanzaría
gran sintonía en su programa "Los
magníficos de la noticia". Radio Mar, que
nació en 1969, logró con las conversaciones
entre oyentes y "El Ronco" Gámez altos
niveles de sintonía en los años 80. Ricardo
Belmont Cassinelli, desde su "RBC",
afirmó su popularidad dialogando con el público
al punto de lograr ser elegido Alcalde de Lima.
De esta manera y
con lentitud, fue fijándose un modelo que se
conoce como "Radio-hablada" que tuvo, y
tiene, como exponente máximo a Radioprogramas,
"RPP", que sólo transmite información
y programas de conversación, tanto en AM como en
FM. El modelo ha sido adoptado parcialmente en
prácticamente toda la banda de AM y hoy podemos
allí escuchar comentarios de todo tipo,
opiniones, recetas médicas y psicológicas,
horóscopos, recomendaciones de chamanes,
transmisiones "en vivo" de reuniones de
sectas religiosas, etc. Es , en suma, la Banda
Chicha de la radiodifusión peruana.
Conclusiones
Mario Vargas
Llosa obtuvo un importante premio internacional
con un texto sobre el periodismo sensacionalista,
que, llámese como se llame, Chicha o Amarillo,
se ha difundido al amparo de la libertad de
expresión. Allí decía nuestro escritor:
"El periodismo escandaloso, amarillo, es un
perverso hijastro de la cultura de la libertad.
No se lo puede suprimir sin infligir a ésta una
herida acaso mortal".
Nos relevó
también de distinguir entre la información y el
entretenimiento aun cuando los soportes físicos
(papel, tinta, ondas, etc.) fueran los mismos y
pareciera que se trata de periodismo igual a los
otros, los que informan de verdad. Lectores,
oyentes y televidentes deberán ser instruidos en
distinguir la zona amarilla de los medios masivos
y eludir así su utilización innoble en la
política, como viene sucediendo por esta época
en el país.
Los profesores
de periodismo son abordados de manera constante
por estudiantes que interrogan sobre este
periodismo pues temen que sea el que les espera.
No es así. Forma parte de un proceso que no
tardará en agotarse aunque no podemos saber
ciertamente qué nuevas formas adoptará el viejo
morbo por las noticias sensacionales.
Lima, junio de
1999
* Juan
Gargurevich Regal
es uno de los más reconocidos
periodistas peruanos y el principal historiador
de los medios de su país. Actualmente es
profesor asociado de la Facultad de Ciencias y
Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad
Católica del Perú. Tiene
una maestría en Comunicaciones (Universidad
Católica, 1997) y actualmente estudia el
doctorado en Historia en la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos. Esta
ponencia fue presentada en el Seminario
"Tendencias y retos de la investigación en
comunicación en América Latina" (
Federación Latinoamericana de Facultades de
Comunicación Social, Lima, 20-22 de julio de
1999), y representa su primera colaboración para
Sala
de Prensa.
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